Yo no soy rubia, ni una genio, ni multimillonaria, de manera que no… no soy JK Rowling, por lo que solo los personajes que no conocen y la delirante trama me pertenecen.

¡Aquí estoy con un nuevo capitulo de "La Desiluminadora"! Solo puedo decirles que algo mas inesperado que el castigo les espera a Rose y Scorpius….

¡Descúbranlo a continuación!

El invierno había llegado a Hogwarts. Los extensos terrenos de la escuela, el campo de Quidditch, las altas torres y torreones, absolutamente toda la escuela Hogwarts de Magia y Hechicería se hallaba cubierta por un manto blanco celestial, que le daba un aspecto aun más mágico si se podía.

A Scorpius el inverno le fascinaba, amaba la nieve, y además, las bajas temperaturas le daban la oportunidad de quedarse dentro del castillo sin parecer mas extraño que de costumbre, puesto que pocos eran los valientes que se aventuraban a abandonar la calidez de las chimeneas para participar de una guerra de nieve. Por otro lado, Slughorn siempre se quejaba del frio que hacia en sus mazmorras durante esas épocas del año, y luego de algún tiempo Pomona Sprout también se sumó a esas quejas. De forma que McGonagall había decidido que tanto Pociones como Herbologia pasaran a dictarse en salones libres, al menos durante el invierno. Para Scorpius esto era sinónimo de trabajar solo, y lejos de cualquier sustancia asquerosa que, por acción de sus compañeros, podría acabar en su cuerpo.

Sin embargo, este año, algo había arruinado su preciado y tranquilo invierno. Y ese algo tenía nombre y apellido, Rose Weasley.

El castigo que le habían impuesto por culpa de aquella pedante castaña, ya de por si le había molestado. Ahora tenía prohibido regresar a su casa por las Navidades, y la sola idea de abandonar a su familia, le causaba repulsión. Él amaba a su familia, y anhelaba pasar las festividades con ellos. Además el solo pensar en su padre, su madre y su abuela cenando en absoluta soledad, le hacia sentir que estaba faltando a su deber de hijo y nieto. Comparado con aquello, la otra parte del castigo –ayudar en las cocinas- le resultaba casi cómica.

Pero toda aquello era soportable si se lo comparaba con lo que estaba a punto de suceder…

-¡Agua en los cuartos! ¡Agua en los cuartos!- una niña de segundo año irrumpió en el centro de la sala común desde el pasillo que llevaba a las habitaciones femeninas, con expresión aterrorizada en el rostro.

-¿En que cuarto exactamente?- oyó Scorpius que Rose Weasley le preguntaba a la niña con toda tranquilidad. Cumpliendo con esmero y delicadeza su papel de perfecta prefecta.

-En…en el… ¡En el de las niñas de quinto!- la pequeña sonrió, claramente complacida por haber sido de ayuda. Pero Rose Weasley ni siquiera se detuvo a agradecerle. Scorpius no pudo evitar reír por lo bajo, aquel era el cuarto de la enana altanera. Y fracasado o no, él era un Slytherin, y ver a sus enemigos desdichados le resultaba extremadamente placentero.

Probablemente el grito de Rose se halla oído desde la torre de Astronomía, porque al menos a Scorpius, lo dejo momentáneamente aturdido. A continuación se escucharon una serie de maldiciones, y el golpe seco de una cabeza colisionando contra el suelo. La chica había colapsado. Instintivamente Scorpius volteo la cabeza hacia el origen del ruido. Solo para ver como rápidamente se propagaba un charco de agua desde el corredor. La imagen del pequeño cuerpo de Rose Weasley, tendido en el suelo, completamente empapado, le resulto tan placentera. Verla tan humillada, era sencillamente magnifico.

Scorpius rio con sorna, y abandono su sala común, esperando recuperar la paz que hasta ahora tenia allí. La biblioteca seria una buena opción para esperar la media hora que faltaba para la cena. En el camino que llevaba hasta la misma, el rubio muchacho no se cruzo con nadie. Y es que casi un ochenta porciento de Hogwarts había abandonado el establecimiento para regresar a sus casas, incluidos los nuevos amigos de Scorpius y la pandilla de Weasley al completo. Lo cual explica porque la chica se refugiaba en su sala común en lugar de andar por ahí pavoneándose.

Un claro ejemplo de la gran ausencia de estudiantes era el hecho de que Slughorn prefiriera posponer la gran fiesta anual que su Club de Las Eminencias celebraba, hasta después de que las vacaciones acabaran. Pero a pesar de ello, aquella mañana una tímida niña de primero de Ravenclaw se había acercado hasta Scorpius durante el desayuno para alcanzarle una nota del profesor, la misma lo invitaba a concurrir a una "pequeña reunión para conmemorar tan bella época del año" el día veinticinco al mediodía. Para aquello faltaban cinco días, pero Scorpius no tenia planes de ir. Sobretodo por la pequeña e insignificante regla de llevar pareja.

Sabia muy bien que estaba faltando a su castigo, pero los elfos le prometieron no delatarlo. Aquel día no se sentía con ganas de hacer nada en particular, y mucho menos de tener que pasar una hora encerrado con más de cien elfos domésticos y Weasley. Que a juzgar por su voz chillona y mandona, parecía un elfo más.

Aquello lo llevaba bastante bien. Solo terminó cubierto de harina una vez, luego de que se mofara de su compañera de castigo debido a su baja estatura. Y desde aquello, parecían haber firmado un contrato implícito para no dirigirse la palabra a menos que fuera estrictamente necesario.

En síntesis, todo parecía salir mejor que lo que había esperado. Aun mejor si se toman en cuenta las pesadillas recurrentes que lo asecharon durante los tres días posteriores a la charla con McGonagall, pesadillas en las cuales Rose se transformaba en una horrible mutante mitad serpiente mitad bruja de cuento muggle, -conservando solo la vocecita irritante y la cabellera de león- y procedía a zambullirlo en una olla de agua hirviendo.

La hora de la cena llegó finalmente, y él se encamino hacia el Gran Comedor, sin siquiera preocuparse por esconderse. Pues sabia muy bien que McGonagall estaría ocupada solucionando el asunto de la inundación. No pudo evitar reprimir una risa, al recordar los gritos de Weasley.

No le sorprendió la ausencia de la castaña en la despoblada mesa de Slytherin, era lógico que solo pudiera estar en dos lugares, y ninguno de ellos era El Gran Comedor. La enfermería o el despacho de la directora eran aquellos dos lugares.

Por un instante pensó que Rose se paseaba demasiado a menudo por su mente, pero asoció aquello al gran odio y rechazo que sentía hacia ella. ¡Si ni siquiera era bonita! ¡No existía motivo alguno para que ella vagara en sus pensamientos en otro sentido! De hecho, él nunca le había prestado atención hasta antes que la muchacha se obsesionara repentinamente con su persona. Le perecía una chiquilla mal criada y caprichosa, común en todos los aspectos y desesperada por resaltar.

El bullicio habitual parecía haber desaparecido del Gran Comedor, siendo suplantado por una calma tan grande que resultaba espeluznante, hacia donde quiera que Scorpius mirara, encontraba grandes huecos entre el alumnado. Demostrando la poca gente que decidió quedarse en el castillo. Aburrido, Scorpius comenzó a contarlos distraídamente.

No quería decirlo, pero lo hacia con la única intención de que Rose Weasley desapareciera de su mente.

Llevaba cincuenta y tres cuando su plato quedo vacío. Y siéndose muy satisfecho, no solo por la comida tan deliciosa que no había tenido que ayudar a preparar, sino porque su objetivo de dejar de pensar en Weasley estaba cumplido, lanzó un sonoro bostezo y se puso de pie. Dispuesto a dirigirse hacia la acolchada cama de su habitación desocupada.

La sala común estaba desierta, salvo por el profesor Flitwick, la directora McGonagall y aquel gnomo insufrible que recibía el nombre de Rose. Era obvio que intentaban solucionar la inundación. Scorpius pasó sin prestarles ninguna atención, demasiado concentrado en la imagen de su cama mullida, tan cálida con aquel edredón verde intenso.

Apenas había tocado su lecho cuando los brazos de Morfeo los arrastraron hasta la impenetrable tierra de los sueños.

Aquel era un buen sueño. Lo sabia porque los colores eran nítidos y brillantes, y él se sentía en una nube, lo cual le indicaba que estaba relajado. Se trataba de un partido de Quidditch, Slytherin contra Gryffindor. Un clásico, y él era el capitán. Iban ganando y todos gritaban su nombre.

A continuación se encontró en los vestidores, eran de color verde jade en su totalidad. Y supo que se los estaba inventando pues nunca había estado allí. De repente, dejo de sentir el agua de la ducha en su piel y el escenario volvió a cambiar.

Estaba en la fiesta de Navidad de Slughorn y una chica iba a su lado. Era hermosa, lo sabía ya que todos se volteaban a contemplarla. Él no podía ver su rostro. Pero su pecho estaba hinchado de orgullo, sintiéndose importante por haber logrado tanto en un solo día.

La chica comenzó a voltearse, como para decirle algo. Sacudiendo unos rizos bien armados, casi artificiales. Pero cuando estaba a punto de ver su rostro, tres golpes consecutivos en la puerta de su habitación lo despertaron. Arrastrándolo de vuelta al mundo real.

-¿Qué?- gruño. La puerta se abrió, y un tímido rayo de luz debeló el rostro ceniciento de Rose Weasley. La muchacha de sus pesadillas –que parecía aparecérsele hasta en la sopa desde un tiempo a esta parte- vestía un pijama de color celeste claro, sin ningún tipo de estampado. Sobrio.

-¿Qué diablos quie… ¡Ah! ¡Buenas noches profesora McGonagall!- el rostro de la mujer apareció detrás de la estudiante, dirigiéndole una mirada severa. Claramente oyó el insulto.

-La señorita Weasley se quedara en su cuarto hasta que encontremos una solución a la pérdida en su habitación- anunció. El cerebro de Scorpius pareció desconectarse un segundo. Para luego procesar lo que la mujer había dicho. Aquel pequeño monstruo se quedaría en SU cuarto, y debía impedirlo… Le dirigió una mirada suspicaz a la chica, solo para ver como escupía fuego por los ojos. Notoriamente aquello le gustaba tan poco como a él.

-¿Por qué debe quedarse aquí, señora?- inquirió Scorpius, intentando contener el desagrado en su voz.

-Porque no podemos, ni debemos mezclar cursos, señor Malfoy.

-¿Pero si géneros?- no podía permitir que la chica durmiera allí. Era como convivir con el enemigo -¿No estaba eso prohibido también, señora?

-Lo estaba, pero en vista de que la sala común de Slytherin tiene baños separados de las habitaciones, no hemos encontrado problema alguno- delante de McGonagall, Rose palideció.

-Pero, señora ¿No se trataba solo de una filtración en la ventana del cuarto?- este era su ultimo recurso, si aquello fallaba. Scorpius estaba muerto.

-Eso parecía, señor Malfoy. De hecho, consideramos que con un "Reparo" todo se solucionaría, sin embargo, la señorita Weasley despertó con su dormitorio nuevamente inundado. Y al inspeccionar con más detenimiento nos hemos dado cuenta de que alguien ha encantado la grieta. Quizá al profesor Slughorn le lleve un par de días solucionarlo.

-¿Y porque no se encarga el profesor Flitwick? – esta vez Rose fue quien hablo. Con la voz elevada unas octavas por la desesperación.

-Señorita Weasley, ya le he dicho que eso no le corresponde al profesor Flitwick, puesto que no es el jefe de su casa- la mujer hizo una pausa y suspiro, juntando paciencia- En fin, no he venido aquí a discutirlo, saben muy bien que ninguno de los dos se encuentra en situación de protestar, de manera que es una decisión ya tomada- dicho esto, la profesora dejo una caja, donde probablemente se encontraban algunas de las pertenencias de Weasley, sobre la cama más próxima a la puerta, y se retiro. Cerrando la puerta tras de si, y dejando a los dos adolescentes completamente aterrorizados e irritados.

-Te odio- dijo Rose, como echándole la culpa de todos sus males al joven rubio que se hallaba tendido en su cama, sumido en un espiral de desesperación.

-Y yo a ti- respondió este, mirando el techo.

Y él que se había atrevido a pensar que las cosas estaban saliendo mejor de lo esperado ¡Que tonto fue! Se trataba solo de la calma que precede a la tormenta. Pues ahora mismo, Scorpius sabía muy bien que no saldría vivo de aquello.

¡Pobre de ti Scorpius! ¡Ahora es él quien no sabe como va a sobrevivir a Rose!

No se ustedes lectores/as… pero… ¿No seria mejor que se rindan y ya? ¡Pero no! Son tan obstinados los dos…

Entre otras cosas y cambiando de tema…sé que hace mucho que no respondo los reviews, pero les comento que he descubierto que tenia bloqueada la salida y entrada de MP, ahora mismo he desactivado aquello, de forma que en los días siguientes –si todo sale según lo planeado- me pondré a responder los reviews por ese medio.

Por otro lado, ¿Recuerdan el proyecto sobre el cual les conté en el capitulo anterior? Pues bien, tengo previsto publicarlo hoy mismo, de hecho ahora mismo me encuentro dándole los últimos toques. Solo me resta decirles que me hace mucha ilusión, así que espero que les guste tanto como a mí…

¡Esto ha sido todo por hoy! ¡Hasta la próxima actualización!

¡No olviden dejar sus reviews!