Silent Scream 2 : Diez años.
Diez años han pasado, diez años en los que no solo el tiempo ha cambiado de sitio.
Tetsu-chan ya es un hombrecito de doce años, y Kuroko vive en familia con Makoto y sus dos hijos.
Aunque no hay día que no se pregunte si tomó la decisión correcta al volver a los brazos de su esposo.
Kagami sin embargo lleva diez años, sin pensar en él, sin querer saber, odiando a todos y a todo, castigándose por algo que el tiempo y la desidia, ha borrado de su mente hasta dejarlo en una simple y lejana amalgama borrosa de recuerdos.
Aunque aún puede asegurar algo; En algún lugar en mitad de todo ese resentimiento, queda la idea de que una vez, no sabe cuando, llegó a amar a alguien con todo su ser; y eso le hace odiarse mas.
Sabe que si vuelve a verle, su fachada de piedra se vendrá abajo...
Y entonces, el destino lanza la bola... hagan sus apuestas...
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Silent Scream 2 : Diez años.
Capítulo doce: En boca cerrada...
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– Papá… ¿Me haces un piercing? –Rodea la mesa de la consulta, le aparta de ella, se sienta en sus muslos como cuando apenas era una mocosa de medio metro. Incluso pone un puchero en sus labios de lo mas teatral.
– Claro. –Midorima no discute, no se impone de ningún modo… eso es malo.
Musa mira a su padre intranquila. De hecho ni siquiera pestañea mientras le ve abrir la vitrina con el instrumental y elegir la aguja adecuada para lo que su hija le pide… una aguja muy grande, gorda, amenazante y obviamente muy, pero que muy dolorosa.
– P-papá… b-bueno, verás… – Intenta dejar ver que ha cambiado de idea según el tamaño de las agujas empieza a ser mas atrezzo de una peli de terror que medios propios para curar cualquier dolencia. Incluso podría pensar que esas cosas ni siquiera son para seres humanos, y mucho menos legales en una consulta como la de su padre. –Creo que mejor lo dejamos para otro día… ya sabes… hoy vas a estar muy ocupado y eso…
– Vaya, que pena. –Un pequeño brillo de triunfo en sus verdes ojos. –Me apetecía muchísimo hacerte un pendiente nuevo…
– No es justo. – Morritos. Ha tardado pero se ha dado cuenta de que su padre le está tomando el pelo y que no pensaba agujerearle en ningún sitio, por mucha carita mona y de pena que le pusiera. – Vosotros tenéis tatuajes….
– Nosotros tenemos mas de treinta años… – Detiene la conversación con su hija en cuanto aparecen los resultados de los análisis de Kuroko en su pantalla.
Una pequeña arruga se instala en el puente de su nariz. Serio, concentrado, anota unos datos que le parecen relevantes en el borde del propio informe que aún sigue sobre su mesa y pulsa la opción de imprimir con la intención de pasarle esos mismos datos a Aomine.
– ¿Le pasa algo malo a Kuroko sensei? – Musa apoya la barbilla en el hombro de su padre, de puntillas a su espalda.
– No, todo está bien. – Gira el rostro lo justo para darle un beso en la mejilla. – pero no deberías estar mirando esto… son datos confidenciales.
No querrás meter a papá en un lío, ¿Verdad?. Promete que no se lo dirás a nadie.
– Papá… no tengo ni idea de lo que estoy viendo. – Suelta unas risitas de lo mas hermosas. – Pero no diré ni mú, prometido.
– Presiento que tu silencio no será gratis…
–En realidad, esta vez te voy a hacer un favor. – Se sienta en la mesa, frente a él y le pinza la nariz con cierta fuerza. – Me quedo a dormir en casa de Muraki.
– ¿Ese es un favor para mi? –Midorima cuestiona el trato con su hija.
– Vamos gafitas. – Mueve los dedos con los que aprieta su nariz haciéndole negar para seguirla. – Mamá vuelve esta noche… Apuesto a que te vendrá genial un tiempo a solas con él… –El médico solo la mira, decidiendo la respuesta. – ¿De verdad me quieres en casa cuando mamá vuelva? Sabes como se pone cuando estoy cerca. – Rueda los ojos, Takao se pone en modo madre desesperada en cuando mira a su hija y puede pasar horas enteras dándole mimitos sin que nada, absolutamente nada a su alrededor le importe ni un poco…
– Voy a llamar a Akashi. – Toma el teléfono y lo sujeta en su hombro ladeando la cabeza mientras marca el número.
Musa baja de la mesa dando un gracioso saltito y rebusca en sus bolsillos hasta que da con un par de monedas. Señala al pasillo, diciéndole a su padre sin palabras que va a comprar algo a las máquinas de la sala de espera mientras él habla con Akashi.
– Acabo de terminar el turno, pasaré por la pastelería a recoger a Muraki y yo mismo llevaré a los chicos a tu casa, así te evitas tener que salir. Sé lo que es preparar un bebé para un corto trayecto. – Escucha al abogado con una sonrisa. – No hay problema, ¿Necesitas algo para la cena? No me importa parar en el súper un momento. –Deja la bata sobre la silla y se asegura de que el ordenador y todos los aparatos electrónicos están apagados y recogidos. –Estupendo, nos vemos en un rato.
Mientras espera a su pequeña se da cuenta de está un poco nervioso y con ganas de verle.
Su vida juntos es así desde que Takao decidió volver a la música. Su trabajo era absorbente y meticuloso. Cada canción necesitaba de un trabajo previo y posterior que mantenía a Takao lejos de ellos hasta que por fin terminaban el álbum. Luego venía la promoción, firmas, artículos, fotos, portadas…. La gira.
Por su parte los bebés consumían toda su existencia. Aunque trataba de usar su tiempo libre en hacer cosas con su hija, era raro el día que no ocurría algo que hacía de su vida un ir y venir constante.
Pero sus pequeños pacientes no tenían por costumbre pedir hora… y eso se traducía en la imposibilidad para hacer planes a largo plazo de ningún tipo.
Musa se detiene frente al pequeño monitor de la sala de espera.
Sonríe.
En las noticias anuncian el regreso de la banda mostrando una enorme cantidad de fans apostadas en los alrededores del aeropuerto, pancartas y parafernalia de fans incluida.
–Vamos papá. – Estira su mano para que su padre la tome; tira de él hasta la salida. –Tienes mucho trabajo que hacer… y tienes que hacerlo ya.
Midorima imita su sonrisa, acelera el paso hasta acabar tirando de su hija entre risas.
De verdad que se muere de ganas por abrazar a Kazunari.
…
Teppei dibuja una sonrisa al mirar la clase llena de compañeros, aunque Kagami no parece muy contento con el cambio.
Su pequeña hazaña de salvamento había despertado la curiosidad y la mayoría de los que en principio habían salido por patas, ahora se arremolinaban en el fondo de la clase con la intención de aprender algo.
Kagami los mira, casi uno a uno, sentado en la parte frontal de la mesa destinada a ser el pupitre central.
La verdad es que tanta gente le cabrea. Prefería que se fueran todos como el primer día y que solo se quedasen los que realmente estaban interesados en seguir sus pasos, dando vueltas por el mundo y jugándose la vida en cada salida…
Ni siquiera puede abrir la boca para decir nada cuando le avasallan a preguntas.
Los que estaban presentes aún alucinaban con su forma de actuar durante el incendio, y los que no habían ido, querían saber su versión de primera mano.
Pero Kagami no tenía ganas de relatar sus pasos a nadie. Había aprendido a que lo pasado debía quedar atrás y lo importante era aprender para seguir adelante sin cagarla.
Su mochila seguía sobre la mesa, abierta y con su contenido a la vista, a la espera de ser esparcido y expuesto a todo el mundo una y otra vez.
Esperaba que ese montón de nenazas pillara al menos una o dos ideas. Aunque le encantaría que se dedicaran a lo mismo que él, estaba mas que seguro que ninguno de los hombres de ese cuartel saldría de la unidad… y casi era lo mejor.
Teppei tiene que salir, sintiéndolo muchísimo pero su turno empieza en ese instante. Por suerte para él ha estado atento a las clases anteriores y sabe que puede preguntarle lo que quiera en otro momento.
Aunque el jefe directo sale de clase ninguno de los hombres hace gesto alguno para seguirle, razón por la cual las enseñanzas de Kagami se suceden en silencio y con todo el interés puesto en cada una de sus palabras.
Son conscientes de que ese hombre frente a ellos merece un respeto que va mas allá de las formas; reconocen su error de valoración inicial y eso es bueno.
Una hora después la cantidad de datos y recomendaciones es increíble, se mire como se mire. Las preguntas se amontonan en sus cabezas, tienen muchas dudas. Al fin y al cabo siguen siendo bomberos de ciudad y eso no puede compararse al trabajo del pelirrojo.
La sirena resuena por todo el edificio y aunque deberían salir corriendo para comprobar la naturaleza de la llamada ninguno de ellos se mueve del sitio.
Teppei abre la puerta de un tirón y mira dentro, serio.
– Tenemos un suicida, en el distrito norte. ¿Algún voluntario?
De repente todos los ojos están puestos en el hombre frente a ellos.
– Que vaya el chico nuevo, que se le da de lujo. – Las risitas generales parecen llenarlo todo excepto la cara del "maestro", que claramente preferiría estar en otro lugar.
– Kagami, tenemos trabajo. – Señala alrededor antes de decir nada mas. – El resto ya sabéis que hacer.¡Andando!
Ni siquiera se plantea la opción de protestar o de negarse. Tanta complacencia de repente es hasta irritante para Kagami.
Sentado en el camión junto a Teppei de camino al aviso se relaja. A pesar del bullicio típico de un trabajo así, las radios de todos ellos sonando a frecuencias y tonos distintos, la sirena, los gritos de comprobaciones de última hora sobre el equipo a bordo y lo que va a ser o no necesario, le mantienen en un estado de calma absoluta.
Teppei le muestra el mapa del edificio. Por suerte es de los antiguos, de los que tiene escaleras exteriores casi cada metro de fachada. Lo único que le molesta es que están en mitad de un barrio poblado.
Posa su dedo en un punto en concreto y desvía la mirada a la luna frontal, solo para comprobar si han llegado.
La radio le comunica que no hagan nada hasta que llegue la policía. Preparan una ambulancia, un espacio en el hospital, en la morgue…
Kagami sonríe, de un modo tan tétrico que ninguno se atreve a decir nada cuando al parar definitivamente, baja de un salto y sale disparado a un lateral del edificio.
Su equipo queda en el camión, no lleva nada salvo la pequeña radio posada en su hombro.
No espera ninguna orden y obviamente pasa como de comer mierda de la policía y de los mirones que se arremolinan frente a ellos con curiosidad real.
Apenas son cuatro pisos y no tiene que buscar mucho hasta que da con el tipo.
Un patético hombrecillo de medio siglo de edad, sudoroso, penoso y perdido.
– ¡Si te acercas mas saltaré! – Amenaza apenas le ve aparecer, aunque algo le dice que no debería continuar hablando.
– Tu mismo. – Señala el borde tras él, camina con paso firme hasta ponerse a su lado. – No he venido a detenerte, solo a ver el paisaje.
–Eres un bombero, veo tu ropa. – Le amenaza pasando una de sus piernas por el murito exterior, se inclina hacia fuera.
– Lo mio es apagar fuegos, las prácticas de vuelo o las demostraciones estúpidas no. – Ignorándole por completo pasa su pierna del mismo modo que él y acaba sentado en el borde, como si nada.
– ¡A mi no me engañas! – Grita esperando una reacción de ese hombre, pero solo obtiene una total y aparente indiferencia que le desconcierta. – Lo digo en serio, voy a saltar . ¡VOY A SALTAR! –Grita a los de abajo.
– Escucha colega. – Kagami suelta el aire por la nariz, molesto. – ¿Quieres saltar? Cojonudo. Hazlo de una puta vez. Nos ahorrarás un montón de tiempo y dinero a todos. – Señala a los que están abajo. – A esa gente no le importas una mierda, solo están ahí para ver como te lanzas, y punto. – Kagami chasquea la lengua cuando el hombre se sienta a su lado, un metro de separación entre ellos, comprobando lo que el pelirrojo le cuenta desde ahí. –Esa gente solo quieren volver a casa con la historia de un imbécil que se ha hecho puré contra el suelo como una anécdota mas que contar en la cena… mañana ni se acordarán de ti. –Asiente a sus propias palabras. – Aunque en tu lugar habría elegido aquel de allí… –Señala un edificio de mas de diez plantas frente a ellos. – Vas a decepcionar a toda esa gente...
–¡A toda a esa gente le importo! –Grita, tratando de darle una lógica a la situación mas conveniente para él. – Están ahí, para ayudarme, para que no haga una tontería.
Kagami le mira, un segundo y luego dirige sus ojos al frente, mas allá del bullicio de gente a sus pies.
– Míralos, venga. – El bombero señala abajo aunque no se molesta en acompañar dicho gesto con sus ojos. – ¿Te parece que quieren hacer algo por tí? No me jodas…
– ¿Y que pasa contigo?, estás aquí, claramente quieres que no muera. – Su tono tajante va cambiando a uno de desesperación al darse mas o menos cuenta de que ese hombre tiene razón.
– El paisaje. – Señala con el índice frente a ellos y espera hasta que el hombre hace lo mismo. – No eres tan importante…
– ...pero… – La idea de saltar parece ir diluyéndose al paso de los segundos y se limita a imitar al otro hombre y mirar a la ciudad un poco mas tranquilo.
– ¿Tienes hijos? –La pregunta le pilla tan desprevenido que simplemente asiente sin buscar una palabra con la que hacerlo. –Yo tengo uno de diez años. Lo he visto por primera vez hace un par de días… –Saca su móvil del bolsillo delantero del pantalón del uniforme de bombero y se lo pasa, con una foto de Tai-kun en la pantalla. – No es que sea muy listo pero es el resultado del jugo de mis pelotas… solo por eso tengo que quererlo…. Nah, no es cierto. – Chasquea la lengua al tiempo que recupera su teléfono. –El chaval es alucinante… su madre es un cabrón insensible… es muy largo de contar y no tengo ni putas ganas de hablar de ello…
– Dos… –El hombrecillo murmura en voz baja. –Tengo dos hijos… y…
– ¿Y que crees que van a pensar cuando te vean por la tele? – Kagami señala abajo, donde una reportera relata con demasiado entusiasmo para su gusto, la posibilidad de ver el salto mientras dure su conexión en directo. –Te lo he dicho, no les importa nada salvo ellos mismos.
–Todo esto apesta. –Se encoge sobre si mismo, haciéndose mas pequeño a cada minuto. –¿p-puedes sacarme de aquí?
–Claro. – Kagami se inclina un poco hacia un lado, pinza la radio con dos dedos y murmura una pregunta que el otro hombre no comprende. –¿Alguna idea, jefe?
Teppei levanta el pulgar desde su posición y niega con una enorme sonrisa.
Por supuesto el hombre se va detenido y la factura de la intervención se cargará en su cuenta, pero lo cierto es que todos parecen aliviados y felices en cierto modo.
Como siempre los bomberos son lo últimos en abandonar la escena lo que le da a Teppei unos preciados minutos para conversar con él con mas calma.
– Al final si que te importa el chico… –Se apoya en la puerta del camión impidiendo que Kagami suba. – Aunque no creo que le haga mucha gracia saber que salió de tus pelotas… es demasiado cruel incluso viniendo de ti.
– Tenía que hablarle de algo y es lo que se me ha ocurrido. – Sacude la mano frente a su cara e intenta abrir, sin éxito, la puerta del vehículo. –Era eso o tirarle yo mismo… he ahorrado papeleo con un poco de cháchara… y ahora quita del medio o te quito yo.
– Vas a tener que fingir un poco mejor o van a empezar a pensar que no eres tan cabrón como aparentas. – Teppei señala tras él, donde el resto del contingente les mira con una sonrisa en la cara. –Solo por hoy a las cervezas invito yo.
–Lo que ese grupo de capullos piense me la suda. –Por fin consigue desplazarle lo suficiente como para entrar dentro sin usar la fuerza, aunque ganas no le han faltado. – Pero a lo de las cervezas me apunto.
Teppei sonríe, ampliamente. Poco a poco, muy lentamente, pero el antiguo Kagami va surgiendo ante sus ojos… y eso le agrada.
…..
Seguía dándole vueltas y mas vueltas a los datos bancarios. Las preguntas se agolpaban en su mente y resurgían cada vez que la pequeña Noa le dejaba un minuto de paz.
No pensaba rendirse ni aunque Aomine se lo pidiera. El consejo del policía era que lo dejara pasar; Kagami no era de su incumbencia y punto.
Pero Akashi era curioso, mucho, aunque no lo admitiría jamás. Y lo cierto es que siempre había sentido que algo se le escapaba con todo el tema de Kuroko y su esposo muerto, que luego no estaba tan muerto.
Sentía que Kuroko se había resignado demasiado pronto, que todo había sido demasiado fácil para Makoto… y luego estaba el bombero.
Después de todo lo que habían pasado juntos, se había desvanecido sin mas, sin presentar batalla ni nada.
Les había visto juntos las suficientes veces como para que la historia de que Kagami se acostaba con esa mujer no le cuadrara del todo… aunque convino el no indagar mas de la cuenta al ver que Kuroko no hacía nada por volver a su vida junto al pelirrojo.
Pero eso eran viejos tiempos, y estos eran nuevos… y su curiosidad seguía intacta como el primer día.
La documentación del caso que estaba llevando dejó de interesarle hace un rato, y aunque la idea de llamar a Sakurai de nuevo para una nueva incursión en los datos bancarios de Kagami le parece estupenda, comprende que el médico no tiene por que hacerle mas favores de los que ya le hace. Tampoco quiere excederse en su confianza… no está bien.
Comprueba de nuevo las citas que tiene para el resto del día. Su hija sigue de lo mas entretenida con la pequeña batería y su hijo mira la tele con cierto interés medio tirado en el sofá.
Podría escabullirse un momento a la comisaría con cualquier excusa y echar un pequeño, pequeñísimo vistazo a los archivos del caso de Kuroko…
Tenía la impresión de que todo tenía que ver con él, y con la intriga no pensaba quedarse.
….
Golpeando el pequeño marco de la ventana del avión va siguiendo el ritmo de la canción que se reproduce prácticamente en su cerebro debido al elevado volumen de los auriculares.
El resto del grupo duerme plácidamente en los amplios espacios del transporte, aunque Kazunari no se plantea ni cerrar los ojos un minuto.
Se muere por que el maldito trasto aterrice de una vez y poder achuchar a su pequeña con ganas… y por supuesto,un beso de su médico estaría bien para empezar.
La canción termina y casi puede sentir el cambio de presión en el avión al descender. No es necesario que le anuncien que van a aterrizar, ya lo sabe.
Su manager decide que es el mejor momento para ponerles al día de su agenda en cuanto pongan un pie en suelo firme.
– Tenemos público en el aeropuerto. –Mira al rubio, que sabe que es el que siempre se para mas de la cuenta con ellos. Miyaji sonríe ladino. –Os recuerdo que hay una entrevista para la prensa en cuanto bajemos. Solo música, nada de temas personales. –Estrecha la mirada y los recorre a todos ellos uno a uno. –Después tenéis tiempo libre… –Repasa sus papeles para enseñarles el planning. – He reservado una planta entera del hotel para evitar intrusiones; y salidas furtivas por parte de ninguno de vosotros hasta que acabe la promoción. Podéis comer y relajaros un poco… vendrán con la ropa y ..
– Quiero ver a mi hija. – Takao corta la frase de golpe. Mueve sus gafas de solo lo justo para mirarle directamente por encima de ellas. – … Y a mi marido.
– Lo sé, pero esta vez no puede ser. – Se niega en rotundo. – Hay demasiada atención puesta en vosotros y preferiría no exponer a tu familia… ni a las vuestras.
Takao chista fastidiado. Estaba muy feliz cuando no tenía que hacer nada de esto con el grupo y en algunas ocasiones, lo de tener fans no le resultaba tan divertido.
Solo cuando el manager vuelve a su sitio su enfado desaparece del todo.
– Tu solo corre cuando te lo diga… – Miyaji le susurra muy bajito. – Te cubriremos. –Señala al resto con un gesto de la cabeza y se da cuenta de que todos están pensando algo para que pueda ver a su familia lejos de ese tirano. – No creo que pueda despedirnos…
– Gracias. – Lo dice lo suficientemente alto como para que todos le escuchen.
Ahora si, la felicidad está apenas a la vuelta de la esquina.
Sin saber muy bien como acaba mezclado entre el personal de montaje, con una sudadera cubriendo su cabeza y bajando sus propios instrumentos de la bodega del avión.
Todo el equipo se vuelca en ayudarle a escapar, aunque sea por un par de horas, de su obligación para con el grupo.
Consiguen meterle en un taxi, a escondidas y entre risas tras comprobar sus documentos y darles un montón de explicaciones a los policías del aeropuerto y por fin, después de mucho batallar, se pone en camino hacia su hogar.
Se estaba metiendo en un gran lío… pero se preocuparía por ello mas tarde…
….
Toda la casa tenía una atmósfera de quietud que le relajaba. Midorima sentía que todo a su alrededor esperaba por Takao.
De algún modo extraño se había acostumbrado al silencio previo que rodeaba su existencia en cada una de sus ausencias.
Había algo místico en la espera, como si el tiempo se detuviera para ellos hasta que volvieran a encontrarse.
Esperaba, mientras la suave música le llegaba como un tenue recordatorio de que tendría a esa voz en su presencia en breves momentos, cómodamente.
Casi extrañaba la escandalera que formaba su hija con cada una de las cosas que hacía durante esos silencios; pero de verdad, le gustaba disfrutar de eso en soledad.
Su cuerpo era como una maraña de sentimientos que no podía controlar. Ansia, calma, terror, anhelo, todo mezclado en una perfecta armonía de caos mientras esperaba que Takao cruzara la puerta y le dedicara una de sus dulces y llenas sonrisas junto a esa mirada azul claro que solamente él poseía.
En algún momento el minutero del reloj cambió de número sin que pudiera hacer hacer nada por evitarlo. Casi se sentía estúpido mientras miraba con rencor esos pequeños y cambiantes números que se sucedían sin descanso.
Y esperaba, un poco cada vez, un suspiro contenido en cada número, todos sus sentidos puestos en la puerta de entrada, en cada coche que parecía acercarse aunque fuera para pasar de largo.
Un taxi, hace el giro y reduce la velocidad hasta detenerse.
No necesita quedarse mucho tiempo mirando la calle para saber que es él, lo siente casi en el alma.
Aún así se sorprende de su aspecto. Le parece tan irreal verle con la ropa de trabajo de su equipo, una gorra tapando su pelo hasta el borde de la nariz, encajado en su cráneo hasta el borde permitido, que necesita unos segundos para procesar su identidad.
Sonríe al ver como Takao se apura, rebusca nervioso entre los bolsillos dinero con el que pagar al taxista, ignorando por completo la presencia del médico.
Al darse cuenta de su reencuentro inminente la sonrisa que adornaba sus labios desaparece lentamente. Su aspecto le parece de lo mas vulgar. No se había planteado ni por un momento que su ropa sería inadecuada para estar frente al cantante. Solo cuando sus ojos, por fin, se encuentran en algún lugar entre ellos, esa preocupación pasa a un segundo o tercer plano.
Kazunari corre a su encuentro a grandes zancadas. La sonrisa se extiende por sus labios sin contención. Salta y se aferra a sus caderas con las piernas, obligando a Midorima a sostener su trasero con las manos para no caer los dos al suelo.
Hay un instante, un momento de silencio en el que solo se miran, se reconocen mutuamente, alivian la culpabilidad de echarse de menos con esos pocos segundos mirándose.
– ¿No estarás metido en un lío? –El médico sabe que tenerle así, en sus brazos y con esas pintas es fruto de alguna trastada.
– En uno muy, pero que muy gordo. – Se lo come a besos, literalmente, entre cada una de las sílabas que pronuncia. –No tengo mucho tiempo… –Suspira y regresa al suelo, a su lado. Un precioso puchero adorna sus labios, a sabiendas de que diga lo que diga el médico no puede mas que estar contento con su presencia. –Un par de horas como mucho…
– Te he echado mucho de menos. – Le dirige al interior de la casa, con calma. – tanto que no creo que un par de horas sean suficientes…
Takao le mira, amor en sus ojos. También le ha extrañado, muchísimo; tanto o mas que a su hija. Su familia es lo primero aunque disfrute como un loco de su vida con el grupo.
Desde hace un tiempo no sabe si fue buena idea regresar a la música, y mucho menos, de ese modo tan intenso como lo estaba haciendo él.
Enterró esa duda en lo mas profundo de su mente. Ahora mismo lo único que le movía era el hecho de que se moría de ganas de estar con él y su pequeña…
…
Observaba en silencio a Sakurai trabajar, memorizando todos y cada uno de sus movimientos con total diligencia. A estas alturas casi podía predecir sus órdenes mucho antes de que el forense las pensara.
El instrumental pasaba de la bandeja a su mano con movimientos suaves, calculados sin pretenderlo. Entonces Imayoshi ponía toda su atención en los pasos que seguía sobre el cadáver, sus palabras describiendo lo que veía, el modo en el que tomaba muestras, etiquetaba cada cosa y las ordenaba en la mesa supletoria para ser enviado al lugar necesario para su análisis.
Se había acostumbrado a casi todo. El olor de los cuerpos, de los productos utilizados. Los sonidos que durante el proceso llenaban la estancia. El zumbido casi sordo de las bombillas, las notas de la música, siempre presente, que les llegaba desde la estancia anterior. Los pasos, voces, el bullicio de la vida a su alrededor, sobre todo en la comisaría sobre ellos, siempre en movimiento.
Algunas veces podía casi jurar que era capaz de escuchar el pulso del doctor desde su posición aunque eso sonora del todo improbable.
Cada uno de los casos terminaba con una considerable cantidad de bolsas de papel, plástico, sobres, botes y una docena de carpetas llenas de anotaciones que Imayoshi debía llevar con rapidez al lugar correspondiente.
La primera vez que subió a la comisaría para entregar uno de los informes sintió las miradas de los agentes puestas en él. La mayoría había participado en su caso, ya sea en la recopilación de datos o en la detención en sí, por lo que era un rostro conocido para ellos.
La teoría de la segunda oportunidad, de que una vez cumplida la pena dispuesta por el juez te transformas en alguien útil para la sociedad no parecía estar muy extendida entre todos los policías de esa comisaría.
Era comprensible.
Y mucho mas al conocer que Aomine, el mismo agente al que él mismo había ordenado matar, trabajaba ahí… y era muy querido por todos.
Se tomo ese hecho como una parte mas de su pena; los errores del pasado vivirían con él para siempre, hiciera lo que hiciera.
Decidió pues, que lo mejor que podía hacer era simplemente hacer su trabajo, y hacerlo bien. Debía corresponder a la confianza que Sakurai había puesto en él y no pensaba decepcionarle de ningún modo.
Supuso que su vida se sucedería en un silencio impuesto, solo roto por sus pequeñas y productivas charlas con el doctor, mientras durase su jornada laboral.
Soportar las insistentes súplicas de su madre para que volviera a la propiedad familiar también era una constante en su día a día.
Le recibirían con los brazos abiertos. Tendría su espacio, sus trajes, una ocupación con la que llenar el tiempo y todo lo que el dinero pudiera comprar sin tener que pedirlo.
Y sin embargo prefería vivir así, en esa morgue que era su hogar, su feliz y lleno hogar.
La visión de Sakurai uniendo las porciones del piel para dar por terminada la autopsia era del todo hipnótica. Sus pensamientos quedaban en un extraño limbo mientras le observaba hundir la aguja y tirar hacia arriba, tensando el hilo hasta el siguiente punto.
Había algo en sus manos que le agradaba mirar. Y en el tono que tomaban sus ojos tras las enormes gafas protectoras. La visión de su figura en calma, trabajando en una paz que a cualquier otro le daría escalofríos.
– Hemos terminado. – Imayoshi asiente, cubre el cuerpo y comprueba la etiqueta en su dedo para asegurarse de que el nombre es el mismo que el de los papeles que descansan sobre las bolsas de pruebas. –Ocúpate de recoger aquí, yo subiré las pruebas.
Finge que no se ha dado cuenta de que el agente al frente de esa investigación es Aomine, y de que todas esas pruebas deben entregarse en mano.
Sakurai se preocupa de evitar el encuentro, al menos de momento.
Sabe que su amigo no montará una escena en contra de su ayudante, pero también sabe que Aomine tiene una mala leche digna de un estudio a parte.
Mejor evitar males mayores, de momento.
…..
Kuroko despertó, lentamente.
Tardó un rato en decidirse por hacer un movimiento. Sentía en su cadera el brazo de Makoto, dormido y ajeno a su despertar, que desplazó con cuidado para no despertarle.
Salió de la cama con movimientos lentos y fue directamente a la terraza.
Aún era de noche, pero no se molestó en mirar la hora, no le importaba.
El frío de la noche recorrió su piel con suavidad, erizándole hasta el último de los poros.
A su mente acudió un recuerdo, de si mismo, envuelto en una manta, en ese estado de duermevela entre el sueño profundo y despertar inmediato en el que no se sabe muy bien que ocurre pero que despierta por completo la curiosidad.
El cuerpo de Kagami a su espalda, acunando su persona envuelta con dulzura. La azotea de su apartamento y ellos dos ahí, sentados en una de las tumbonas, esperando a que el sol surgiera por el horizonte para darles los buenos días.
El suspiro que llena sus pulmones sale de su cuerpo con un gran lamento. En aquella época todo era tan sencillo, tan fácil… y al mismo tiempo tan complicado para él.
Gira el rostro, Makoto sigue dormido, invadiendo su espacio en la cama, y redirige su mirada al cielo frente a él.
Florencia le muestra un nuevo rostro que se le hace desconocido. La romántica ciudad se presenta dormida, salpicada apenas por unas pocas luces, signos inequívocos de vida en alguna que otra vivienda. Los edificios iluminados le parecen un poco tétricos, pero al mismo tiempo de una belleza adictiva.
Florencia le habla, aunque Kuroko no comprende aún la dimensión de su belleza.
Por fin el sol parece tener prisa por salir. La tonada frente a él se transforma demasiado rápido. No sabe donde mirar ni que es lo que está viendo, pero es hermoso, siniestramente hermoso.
El teléfono de la habitación suena. La recepcionista le recuerda a Makoto que pidió el servicio de despertador y el hombre sale del lecho de un salto sin percatarse de la presencia de su esposo en la terraza, mirándole en silencio mientras saca su neceser de la maleta y enciende luces en la habitación antes de meterse en el baño y abrir la ducha.
Kuroko se gira, de nuevo ante la ciudad.
El ir y venir de gente le resulta un entretenimiento mas interesante que entrar en el baño y recordarle a su marido que está ahí, con él…
No se da cuenta de la figura a su espalda hasta que decide que es un buen momento para atender sus necesidades biológicas propias.
Sasaki le observa, en silencio. Su traje negro e impoluta presencia le dice al maestro que ese hombre lleva en pie mucho antes de que él lo hiciera. No le sorprende que esté en su habitación, supone que tiene acceso a Makoto siempre que lo precise.
– No quiero parecerle grosero – La mirada que le dedica es fría, despectiva. – pero el señor está aquí por trabajo. Me gustaría pedirle, que si tiene un ápice de decencia, recoja sus miserias y vuelva de inmediato a casa. El señor no tiene tiempo para perderlo haciendo turismo con usted…
Tetsuya mira al suelo, se guarda lo que está pensando para si mismo.
– ¿Siempre te diriges a mi esposo de esa manera? –La voz de Makoto hace a Kuroko dar un respingo, como si le hubiera descubierto haciendo algo inapropiado cuando no es así.
– Me limito a ser sincero. –Sasaki se inclina, una leve reverencia a su señor, dispuesto a relatar cada uno de los puntos del día anotados en su teléfono.
–Puedes ser sincero sin ser irrespetuoso. No es necesario que le menosprecies de ese modo. No recuerdo que Tetsuya se haya dirigido a ti de un modo parecido, ni a ti ni a nadie… y no voy a consentir que esto se repita.
– No pasa nada, tiene razón. – Kuroko trata de diluir la atmósfera que se ha formado en la habitación.
– Señor, le recuerdo que tenemos una reunión a … – Sasaki ignora por completo a Kuroko y sus palabras. Se limita a seguir con sus funciones sin tenerle en cuenta.
– No necesito tus servicios para hacer mi trabajo. – El modo en el que habla es terrorífico. – Recoge tus cosas y vuelve de inmediato. Me ocuparé de mis citas personalmente.
Sasaki le mantiene la mirada, unos pocos segundos, tratando de decidir su siguiente palabra. Desvía sus ojos a Tetsuya sin mover la cabeza, un par de segundos que mutan su expresión a una de puro desdén.
– Me disculparé con su esposo si es preciso. – Aprieta la mandíbula, se inclina un poco, tan poco que no parece una reverencia en sí. – Si sigue perdiendo el tiempo llegaremos tarde y la cita no …
– Quiero que te marches, ahora. – Makoto está decidido. En sus dedos el móvil reposa, ahora en silencio. El mensaje de su hermano le ha dejado de piedra.
Ha tenido que verlo con sus propios ojos para darle crédito. Descubrir como las personas a su servicio tratan a Kuroko de un modo tan horrible, y saber que él ha estado ignorando dicho comportamiento durante todos esos años…
– Lo diré de otro modo; estás despedido. – Suena tan calmado que necesita un par de segundos para procesar las palabras.
– No puede despedirme, no trabajo para usted. – Contrariado, se defiende.
– Bien, hablaré con mi madre a mi regreso. –Señala la puerta. – Fuera de aquí o llamaré a seguridad.
El hombre decide dar por terminada la confrontación en ese instante. Sale del cuarto sin decir nada mas. Solo cuando se asegura de que están solos de nuevo, Kuroko encuentra su voz de nuevo.
– ¿Qué has hecho? – Se siente culpable, abrumado.
– Lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo; preocuparme de tu felicidad.
Le abraza, con la suficiente fuerza como para que no escape del gesto.
Un pequeño beso en su frente, otro en sus labios.
– Necesito que te vistas y que lo hagas rápido… tengo trabajo, ¿recuerdas?
– ¿Quieres que vaya contigo? – Tetsuya es una maraña de pensamientos sin orden ni sentido bullendo al mismo tiempo.
– Por supuesto. Quiero que estés a mi lado en todo momento. – Le palmea el trasero en dirección a su maleta. – Busca algo cómodo y vamos.
– S-si…
Kuroko hace lo que le pide, aún sin comprender del todo lo que está ocurriendo…
Eso si, sea lo que sea, es bueno.
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Gracias por leer, de verdad, os lovio preciosas mías.
Nos leemos en el siguiente
Besitos y mordiskitos
Shiga san
