LA COMPLETA IMAGEN DE LA BESTIA

Bella se dirigía portando el carrito con el desayuno al comedor de Leonardo Rey más nerviosa de lo que había estado el primer día. Cuando, por la noche, había cerrado la puerta de su cuarto tras de sí, lo primero que hizo fue dejarse apoyar sobre la puerta e intentar calmar sus aceleradas pulsaciones. Y ahora se dirigía a ver al causante. Y la había vuelto a besar en dos días, ¿se lo tomaría ahora por costumbre después de que incluso ella le hubiera dado vía libre diciéndole que podía soportarlo? ¿Cómo había podido decir una cosa así? ¡A su jefe! Y sin tener claro ni lo que quería ella misma ni lo que quería él. Estaba llegando ya a Pierre, se le agotaba el tiempo, el momento de verlo de nuevo a solas estaba allí.

-Buenos días, Pierre.

-Buenos días, señorita Bella.

Le abrió la puerta y ella entró.

Leonardo la oyó al entrar al comedor y olió su fragancia. Cuando se había retirado a su habitación, lo hizo sumamente alterado, temeroso por lo cerca que había estado de ceder a su habitual brutalidad con la que se había acostumbrado a conducir sus bajos instintos. Pero había sabido detenerse. Y luego, su satisfacción se solidificó cuando se dio cuenta de algo más. Olía el miedo en las personas, había sido una molestia hasta ahora, por ser un recordatorio constante de que eso era lo que inspiraba, pero ahora le era de utilidad, pues le permitía saber cuándo Bella estaría receptiva. Las ansias que tenía por poder volver a besarla, e incluso de ir avanzando a cosas mayores ahora que conocía las señales que le indicaban cuando se equivocaba, le hicieron embargar de ilusión por la llegada de sus encuentros con la chica.

Bella sirvió la mesa con mayor cuidado que de costumbre, pues sabía la torpeza que le provocaban los nervios. Sólo esperaba que él llegara cuando estuviera todo puesto. Alguien había oído y cumplido sus deseos, ya que oyó la puerta cuando posó el último cubierto sobre la gruesa servilleta.

-Buenos días.

Le deseó la grave voz.

-Hola.

Que actuara como cualquier otro día, volvió a rogar para sus adentros. Pareció de nuevo haber sido escuchada, pues el hombre se sentó en su butaca, sin más.

-¡Vaya! El chef Albert ha hecho Arepas. ¡Cuánto tiempo! Mira que sabe que me encantan, y ya no me preparaba nunca.

-A lo mejor es para agradecerte que le dieras el día libre.

Advirtió con una sonrisa tomando asiento. Él arqueo una de las comisuras de su boca queriendo evocar cierta malicia

-También lo hubiera conseguido si se lo hubiese mandado.

Ella se sirvió una de las arepas imperturbable hacia su buscada pose gallita, y alegó sin perder la sonrisa.

-Pero seguro que no las hubiera hecho tan sabrosas.

Leonardo sonrió sin darle ninguna réplica. Decidió seguir hablando antes de que se le fuera el santo al cielo mirándola.

-No viene mal empezar el día así, teniendo en cuenta cómo va a seguir. Luego tengo una reunión a la que no me apetece nada asistir.

-¿Para el aniversario?

-Sí. Managers, empresarios deportivos... Gente que me interesa que asistan para que les seduzca el hotel y lo elijan como hospedaje cuando pasen por aquí en sus giras las estrellas que representan unos y los equipos de los otros, cuando tengan que competir cerca.

-¿Por qué hace falta una reunión para invitarles? ¿No bastaría con una tarjeta?

Le hacía gracia a ella aquello.

-Aunque sea una invitación, son quisquillosos y tengo que convencerles. Tienen que estar de acuerdo con lo que les vamos a ofrecer. Es tedioso cuando surgen discrepancias, es muy difícil tener contentos a todos. Siempre resultan ser tan largas...

Lamentó al final, poniendo los ojos en blanco con hastío. Bella se dio cuenta entonces y preguntó.

-¿A qué hora la tienes?

-A las diez.

-¿Y el almuerzo?

A Leonardo le bulló el estómago al percibir el tono preocupado de su acompañante.

-Tú ven a las once, como siempre. Eso no me lo voy a perder.

Y allí estaba otra vez, las pequeñas perturbaciones en el rostro de la morena que aparecían con su timidez.

...

Leonardo no podía eludir mostrarse en persona en esa reunión anual. Todo cuanto podía hacer, era ponerse un buen traje, engominar y peinar su salvaje melena, llevar gafas de sol con la excusa de una dolencia fotosensible para ocultar sus pupilas, y hablar lo menos posible, cosa a la que le ayudaba las presentaciones con audios grabados por la voz de Pierre, y cuando lo hacía, ocultaba la boca tras una mano que colocaba de forma casual. Con Armand protectora y fielmente a su lado, Iba saludando a quienes iban llegando, estrechándoles una mano enguantada. Todos se sorprendían al verlo, de todos modos, pues aún era apreciable una diferencia con su imagen anterior, pero disimulaba notablemente la que ahora tenía. No pudo, sin embargo, retener un gruñido cuando vio entrar a uno de los hombres que conocía cuya presencia le irritaba sobremanera. Carles Fabrichi. Uno de esos elitistas presuntuosos que criticaba el que admitiera a su hotel a todo el que no formara parte de la clase social alta. Aún así, como debía hacerlo, le estrechó la mano y le dio la bienvenida como a todos, dispuesto a librar con él una batalla más para conseguir que, a pesar de su disconformidad ante ese tema, siguiera siendo cliente. No esperaba que le perturbara ningún invitado más, hasta que vio a entrar al más joven de la reunión.

-Max...

Dijo casi sin voz y sin pensar.

-Buenos días, señor Rey.

Le saludó fríamente, extendiendo su mano hacia él con formalidad. Leonardo, ante esto, y que olfateaba en él un enfado subyacente, el cual, por otro lado, conocía y comprendía, recuperó la compostura y se la estrecho con el mismo trato.

-Esperaba a tu padre.

-Me estoy encargando gradualmente de más cosas en el negocio para cuando se jubile, así que aquí estoy.

-Me alegro de que seas tú quien herede las riendas de la empresa.

No había podido mantenerse indiferente, hacía años que no veía al que había sido su amigo, aunque ahora este reapareciera como si aquello nunca hubiera sucedido, y de verdad pensaba lo que le había dicho. Sólo lo hizo por eso, pero se llevó un premio inesperado cuando vio que le había afectado. Este le miró sorprendido.

-Gracias. -Guardaron unos segundos de silencio.- Ha pasado mucho tiempo.

-Sí. Me alegro de verte.

Que siguiera hablando así, llamó la atención del propio Leonardo. Hacía un par de semanas no creía haber reaccionado de esa forma. Seguro que se hubiera ofendido ante aquél insensible saludo tomándoselo como un insulto y un desafío, y le hubiera respondido a ello como tal. De haber dispuesto de más tiempo, hubiera indagado en su interior a lo que se debía.

-¿Sabes? Te veo algo distinto.

Lamentó la apreciación de Max, recordándole el aspecto que ahora tenía, y tras mirar a los demás asistentes a la reunión que ya ocupaban sus puestos en la mesa, le propuso.

-Deberíamos hablar más tranquilamente a solas y con tiempo en otro momento.

-Sí... Podría ser.

No quiso ilusionarse demasiado, pero sí que sintió esperanza ante aquellas palabras. Asintió con la cabeza y acudió a su sitio.

...

Pierre advirtió a Bella, cuando llegó con el almuerzo, de que el señor Rey aún no había terminado su reunión, pero que él mismo había indicado antes de acudir a esta que, si eso sucedía, la joven le esperara en el comedor, e insistió a su asistente que añadiera que, en cuanto fueran las once, acortaría la reunión para no tardar. Bella sintió un poco de vergüenza por lo que pudiera pensar el protocolario hombre a su servicio, y anotó mentalmente pedirle a su jefe que ese tipo de comentarios se los enviara por mensaje al móvil aunque fuera, si necesidad de intermediarios.

La silenciosa alarma que Leonardo había programado en su móvil hizo que este vibrara en el bolsillo interior de su chaqueta que lo apretaba contra su pecho. Metió la mano en él para darle al botón que lo apagaba.

-Señores, lamento no disponer de más tiempo para vosotros, pero debemos ir dando por finalizada la reunión. Creo que ya está todo hablado y acordado.

-Señor Rey, sabe perfectamente que yo no estoy en absoluto de acuerdo con que esto haya quedado cerca de estar acordado.

¡Cómo no! Fabrichi era el que tenía que discrepar.

-Es usted el único que ha puesto pegas al itinerario de la fiesta.

-Con absoluto respeto a todos los presentes, pues no es a ellos a los que me refiero, pero debo recordarle, como siempre, que es más importante la calidad que la cantidad. Algunos de los que figuran en su lista de invitados, así como los...artistas de público alternativo y minoritario que piensa contratar...

-¿Y se considera usted el indicado para calibrar la calidad de las personas?

Leonardo se estaba esforzando por tomarse aquello con humor.

-Creo que es algo que brilla por sí mismo, no es que yo necesite de un don especial.

-En eso tiene razón, es altamente notable la alta o baja calidad de muchos individuos.

Aunque llevara gafas de sol, a los presentes les sobraba verle la mirada para saber perfectamente lo que le había querido decir. Incluido el propio Carles, quien se hizo el despistado, aunque su voz y rostro se endurecieron.

-Es absurdo su política de puertas abiertas. Todo lugar que se precie para actos de gente de nivel debe tener un listón.

-Fabrichi, ya discutía esto con mis padres desde que inició su relación con ellos, y yo mantengo su postura. En mi hotel hay habitaciones de todo tipo. Se les ofrece a todos, hasta el que paga la más humilde, una cálida estancia. El que desee algo más, no queda insatisfecho, puede disponer de cualquier lujo que se pueda permitir. Esto es lo que define al hotel Rey.

-¿Y por qué tengo que cruzarme por uno de sus pasillos con algún pobre desgraciado vulgar, como si pudiera existir un lugar que fuera sitio para ambos?

Leonardo hinchó su pecho con aire y lo expulsó con tanta fuerza que los papeles repartidos por la mesa se agitaron.

-Mira, Fabrichi, me tienes harto. Si tanto te desagrada mi hotel, tienes más opciones. Y se acabó la reunión, no pienso alargarla con más estupideces.

Se puso en pie con intención de ignorarle si le seguía discutiendo, no quería enfadarse de verdad, mucho menos ahora con Max presente y apunto de encontrarse con Bella, a parte de la prisa que tenía por esto.

-No se podía esperar algo de usted que no fuera simpatía hacia los ineptos y simples. Nunca tuvo la clase de los nuestros. Ni usted ni sus padres, unos nuevos ricos...

Carles tuvo la mala fortuna de estar cerca de la puerta y que Leonardo tuviera que pasar tan cerca de él para salir de la sala, quizás, de haber estado un poco más lejos, lo hubiera visto venir. Pero como no fue así, su habla fue cortada cuando Rey le cogió de las solapas de la chaqueta del traje y lo levantó de la silla a pulso.

-¿Sabes lo que le pasó al último que habló mal de mis padres?

Todos se quedaron atónitos, menos Armand, que acudió raudo. Muchas veces pensaba que estaba allí más para la seguridad de los demás que para la de su jefe.

-Señor, contrólese.

Hizo un llamado a su calma, posando la mano sobre su hombro. Leonardo gruñó y soltó al hombre, dejándole de nuevo sentado. Pero volvió a levantarse enseguida, salió por la puerta y al estar a una estancia prudencial, le amenazó.

-¡Tendrás noticias de mi abogado!

Rey apartó la mirada de él asqueado, y entonces se percató de las expresiones de todos los presentes. Estos, repentinamente, cogieron sus cosas y salieron de la sala despidiéndose de él con premura. Genial, los había espantado. Todo había ido bien y al final había tenido que causar la misma impresión de siempre. Pero lo peor fue cuando Max, el último, llegó hasta donde él, con rostro claramente decepcionado.

-Leonardo, creí haberte visto algo distinto, pero parece que no es así.

Y salió de allí, cerrando la puerta.

-No lo entiendo, creí que se refería a mi aspecto cuando lo dijo, ¿Qué iba a ser si no?

Compartió sus pensamientos con su escolta.

-A su actitud. Tal vez usted no lo note, pero ha cambiado desde que está Bella aquí.

-Pues, por lo visto, no lo suficiente. ¿Has visto sus caras?

-En su defensa, ha tenido bastante razón en ponerse así.

-Vamos, Armand, sabes que debería haberme controlado.

Se giró, se llevó las manos a la cabeza y dio algunos pasos. No podía olvidar las expresiones de sus invitados, sobre todo de la de quien había sido su amigo.

-Señor, olvídelo, no ha sido tan horrible como cree. Vaya a almorzar con Bella, seguro que le está esperando.

-Sí, es genial, ahora tengo que estar con Bella así como ahora estoy.

Malhumorado, salió de allí.

Bella hacía zaping en la tele cuando Leonardo llegó. Sonrió instintivamente, pero se percató enseguida de lo extraño que estaba su jefe.

-Leo, ¿Qué pasa?

Él siguió dando unos pasos sin rumbo por la sala, hasta que suspiró y le dijo.

-Espera un momento.

Leonardo le dio la espalda y fue directo a la habitación, no a aquella en la que dormía, por la que aparecía siempre, sino por la otra, de la que le había visto salir sólo una vez, el día que le enseñó en el portátil que había colgado el video editado por ella en la página del hotel. Cerró la puerta tras él, sin darle tiempo a que advirtiera nada de lo que aguardaba en su interior. Se quedó quieta, esperando que no tardara en volver, pero oyó un golpe. Sin pensarlo, fue hasta allí y abrió la puerta. Se encontró a su jefe sosteniendo lo que le pareció una tabla de snowboard, ahora partida en dos, con cada trozo en una de sus manos. La estancia tenía varios objetos diversos. El más llamativo, era un elegante piano de cola.

-¡¿Qué haces aquí?!

Le reclamó al verla, furioso.

-He oído el ruido y quería saber si estabas bien.

Él siguió con el rostro contraído por la ira, lo apartó para mirar la tabla rota y la tiró a un lado.

-¿Por qué haces eso?

-¡Porque ya no la necesito! ¡No la voy a poder volver a utilizar! Todas estas cosas... No sé ni por qué las sigo teniendo. ¡Como si la nostalgia fuera algo bueno! Sólo me recuerda lo que tuve y ya no puedo disfrutar. ¡Soy una Bestia! Ni siquiera puedo volver a tocar ese piano. -Se quedó mirándolo, añorando cuando no tenía aquellas enormes manos y podía hacer bailar sus finos dedos sobre las teclas. Bella, aún perpleja por verle en el mayor ataque de furia que le había presenciado, advirtió el dolor en sus ojos. Hasta que la volvió a mirar y siguió dado rienda suelta a su enfado.- Igual que no voy a volver a ir a la nieve con amigos, porque no soy capaz de tenerlos. Los tuve una vez, y los perdí. Porque no me los merecía. Se hartaron de mis arrebatos, de que les tratara sin importarme sus sentimientos, de que ellos, en cambio, tuvieran que medir sus palabras. ¡Soy un animal! Eso seré siempre, así que, ¿para qué quiero esto?

Agarró un bate de baseball y miró el piano. Bella supo su intención, y cuando él comenzó a ir hacia el instrumento, ella corrió para ponerse delante de él, a tiempo de que Leonardo no descargara el bate que ya tenía en alto. Se detuvo en seco y la miró con los ojos desorbitados.

-Para ya de romper cosas que quieres.

-¿Estás loca? ¿Cómo puedes ponerte a mi alcance?

No se refería sólo a aquél momento, y ella tampoco al contestar.

-Porque, por raro que parezca, sé que no corro ningún peligro.

Pero sintió encogérsele el estómago cuando a Leonardo le brotó una ligera y cínica risa. Soltó el bate.

-Bella... El que corren mis muebles no. Pero... -En un parpadeo, la chica vio a Leonardo a escasos centímetros frente a ella, y sus brazos cortándole el espacio apoyados sobre el piano tras ella.- Corres otro tipo de peligro. -Le sostuvo la felina mirada, a pesar del estremecimiento que le recorrió la piel, y del calor que llegaba a ella desde el cuerpo que la cercaba sin necesidad de llegar a tocarla.- No soy sólo una bestia en eso, sino en mi trato con las mujeres que poseo. Tenía las que sólo reclamaban de mí la entrega física que ellas mismas me daban y que nos facilitaba una desapegada relación de frutos inmediatos. No nos podíamos hacer daño por mucha brusquedad con la que nos tratáramos. Por eso ahora no puedo ponerte la mano encima para apartarte, porque a ti sí te lo haría. Y eso es lo único que me hace desear volver a ser humano. -Ella frunció el ceño, sin entenderle, y de repente, con un ágil movimiento, él apartó el soporte de la tapa del piano. Estaba tumbada antes de darse cuenta de lo que había pasado, con Leonardo sobre ella manteniendo la escasa distancia, haciéndola sentir más vulnerable todavía. La recorrió entera con la mirada. Hasta ese momento, no había notado cuanto el hombre la deseaba. Y sintió miedo. Él le volvió a hablar casi en susurros.- La plenitud que sólo me podrías proporcionar como humano, jamás me lo podrá dar el alivio al descargar la rabia que siento como bestia. -Bella vio su rostro afectado y cómo descendió los ojos a su garganta, y luego sólo pude ver su coronilla cuando Leonardo se acercó tanto a su cuello que apenas dejó espacio para pasar el aire que aspiró para recoger el aroma de la morena.- ¡Necesito tanto que me veas como a un humano...! -Le hizo cosquillas al llegarle la voz a su piel, y notó su contacto por primera vez cuando él posó la nariz sobre su garganta, la deslizó hasta detrás de su oreja y allí la apartó para decirle al oído.- Sé que justo ahora es cuando menos lo merezco, pero por eso es cuando más lo necesito. Me muero por poder tocarte, por poder tenerte...- Ella no pudo evitar jadear nerviosa, y empezó a temblar sintiéndose aprisionada entre la madera y el cuerpo de él. Para colmo, Leonardo volvió a alzar el rostro para mirarla directamente a los ojos.- Bella, contémplame como a un humano, por favor... ve en mí a un hombre y no a una bestia.

Fue un ruego agresivo, una vigorosa desesperación. Todo en él tenía que ser tan dual, paralelamente opuesto cogido de la mano. Una parte de Leonardo despertaba atracción en ella, pero otra le provocaba una aversión de igual magnitud. Y ambos lados destellaban entre ellos tan deprisa, que a veces parecían el mismo. Ella también quería estar cerca de él, quería poder estarlo, pero después de haberle visto comportarse así de agresivo, y aunque sabía que nunca le haría daño intencionadamente, sí que se fijaba ahora más que nunca en la tensión de sus músculos, en sus manos como zarpas, en sus grandes colmillos... y los veía hirientes por sí solos. Entonces decidió algo, y levantó las manos para posarlas sobre los brazos de Leonardo. Si él no podía tocarla, lo tocaría ella a él. Así que las llevó hasta su espalda, se agarró a ella para auparse y se estrechó contra él. Se quedó paralizado. Y allí estaban, él como un monstruo sobre una frágil presa con sus fuertes brazos aguantando el peso de su enorme cuerpo, y ella envolviéndolo con una entregada ternura, con la cara enterrada en el hueco de su cuello. Leonardo seguía enfadado, pero algo más empezó a invadir su interior. Se sorprendió de que en parte fuera tristeza cuando iba acompañada de aquél reconfortante calor. Fue acrecentándose hasta algo tan intenso, que fue consciente de lo que estaba haciendo. Había acorralado a Bella, la había intimidado. Incluso esa parte de él quería continuar haciéndolo. Pero el resto, decidió combatir a ese lado por primera vez. Quería ser lo bastante fuerte para bloquearla. Se esforzó dentro de él para hacerlo, y se apartó, primero irguiéndose, y luego dando dos pasos hacia atrás, alejándose de Bella, quien se quedó apoyada en el piano. Cuando él se quedó quieto, mirándola, ella también se levantó.

-Ya no tienes más trabajo por hoy.

Ya no había rabia en su voz, sin embargo, fue la primera vez que Bella se sintió molesta y frunció el ceño.

-Tienes que comer.

-Lo haré, yo solo.

Siguió él firme. Ella chasqueó la lengua.

-¿Qué pasa, ahora quieres alejarme también a mí?

-No, precisamente porque no quiero que desaparezcas, necesito que hoy te tomes el resto del día libre.

Bella se quedó en silencio, manteniéndole a él en un vilo que nunca había sentido al esperar la respuesta de otra persona. Entonces llegó, pero sin palabras, la chica simplemente salió de la habitación.


Hola! quería de nuevo agradecer todos los reviews. A Skinkype le digo que me encanta que le encante ;-) A Regina C, gracias por el cumplido! a nozomi1998 que de nada, y que seré lo más rápida que pueda, a Lady in Black 22 ya le contesté por mensaje privado pero por si acaso no funciona bien eso y no le ha llegado, pongo también aquí que vi el videoclip de Celine Dion y me encontó la comparación, a parte de que I'd do anything for love es un temazo que conozco desde que leí Amy Lee la tocaba al piano. Y a Kaho-Kazukique me alegra de satisfacer lo que buscaba jeje, y muchas gracias por repetir en la participación en los reviews. A los demás, como no sé a que nombre referirme a ellos, les contesto en conjunto de nuevo que me alegra de que les guste la historia y que espero que siga siendo así, y por supuesto también gracias.

Un abrazo para todos los que siguen la historia!