Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.

Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)

HUNTED

Capítulo XII:

Botones

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Él estaba bastante seguro de que iba a matarla. Ella seguía allí, apoyada contra la pared y respirando agitada, su pecho se elevaba y bajaba. Además de su jadeo en pánico, no había hecho ni un sonido; ni siquiera lo había mirado, y lo estaba enfureciendo porque todo lo que él podía hacer era mirarla. Su propia respiración se había calmado y todas sus nociones lujuriosas se estaban disipando para hacer lugar a su impaciencia. Sí, si ella no hablaba, ni se movía o hacía algo, la iba a matar. Metafóricamente, por supuesto.

Finalmente bajó la cabeza y sus miradas se encontraron. Ella estaba entre paralizada y avergonzada y él sabía que estaba decepcionado por su reacción. Hubiera recibido bien la pasión y tal vez incluso esperaba enojo, pero nunca hubiera pensado que ella estaría mortificada. Él no tenía idea de qué hacer sobre la situación y lo estaba frustrando hasta un punto peligroso.

—Lo siento —él la escuchó murmurar rápidamente, y él frunció el ceño cuando quiso moverse. —Me debería ir.

—No te atrevas —Draco gruñó, dando un paso hacia adelante para bloquear su escape. Estaría condenado si dejaba que saliera caminando como si nada hubiera sucedido. —No seas tan jodidamente cobarde…

—¿Qué quieres que diga, Malfoy? —las palabras de Hermione fueron en voz baja y controlada. Se negaba a mirarlo otra vez y él se preguntó si solo hubiera sido más fácil dejarla ir.

—No sé —él se quejó toscamente, tan agitado por su comportamiento. —Pero me niego a tenerte actuando toda malditamente asustada en el trabajo, así que vamos a hablar de esto ahora.

—Los dos hemos estado bebiendo —ella murmuró rápidamente, ignorando cómo él gruñía. —Solo estamos…

—No seas tonta —él la detuvo, dando otro paso hacia ella. —Ni siquiera estamos un poco ebrios…

—Me dejé llevar —suspiró ella, tan desesperada para alejarse ahora que diría cualquier cosa. Él estaba cerca otra vez y ella solo tenía que irse, tenía que poner un poco de espacio entre ellos, así podía pensar sobre esto. —Fue un accidente.

—Un accidente —él repitió, apretando los puños y dando un paso desafiante lejos de ella. —Quieres decir un error.

Entonces ella lo miro, dándose cuenta que se sentía ofendida por sus palabras. Sabía que lo que habían hecho era tonto pero no le gustaba esa palabra. ¿En verdad él lo veía como un error? Ella sintió una pequeña pero definitiva punzada en su pecho, odiando la manera en la que sus ojos eran fríos y distantes. Su frustración le estaba sacando algunas lágrimas inapropiadas y ella lo empujó a un lado, furiosa con él, y con ella misma, por permitir que sucediera esta situación.

—¿Adónde mierda vas? —Draco le preguntó mientras ella pasaba junto a él, haciendo caso omiso a su pregunta. —¡Granger!

—A casa —ella espetó por sobre su hombro.

—De ninguna manera —él dijo gruñendo, siguiéndola por el pasillo. —No hemos terminado…

—Sí lo hicimos —la voz de la bruja era ahora implacable, y sus pasos eran largos y rápidos para mantener la distancia. Estaba buscando frenéticamente una chimenea o al menos algo que reconociera así podría orientarse.

—Maldita sea, Granger —él maldijo, casi alcanzándola. —¿Puedes sólo escucharme?

—Me voy a casa —la voz de Hermione era ahora un poco temblorosa, y suspiró aliviada cuando reconoció la sala en la que habían llegado más temprano.

Draco la tomó del brazo justo cuando ella iba a entrar a la sala y ella se dio la vuelta para mirarlo alterada, esperando lucir lo suficientemente enojada para que él la dejara sola. No tuvo tal suerte.

—Deja de ser tan infantil —él la retó con una voz oscura.

—No puedo hacer esto ahora —ella le negó con la cabeza,alejando el brazo de su puño. —No podemos solo olvidar…

—No…

—Por favor —ella le rogó, y el entrecejo de él se suavizó por un breve segundo. —¿Solo actuar como si nunca hubiera pasado?

Ella ahora estaba a punto de llorar, y él pudo sentir cómo su determinación vacilaba. Él quería hablar de esto, soltarlo todo ahora mientras tuvieran la oportunidad, pero según parece, ella se mantuvo firme en evitar eso por esta noche. Una parte de él sabía que era mejor si se iba ahora. Estaba tan enojado y sabía que tenía una tendencia de hablar sin pensar cuando estaba así.

—Bien —él siseó entre dientes. —Ve a casa y escóndete como una niña patética, pero vamos hablar de esto, te guste o no.

Ella lo miró fijo por unos segundos, sus ojos abiertos y derrotados. Por un momento, pensó que podría inclinarse hacia adelante y lo volvería a besar, así que alcanzó desesperada un poco de polvos flu, y desapareció con el resplandor de las llamas esmeraldas.

Él quedó mirando la chimenea vacía con ojos furiosos, de un color gris tempestuoso mientras intentaba controlar su irritación. La forma en la que ella había actuado había sido exasperante, pero él también estaba enojado en la manera que había manejado las cosas. Él había sido irracional, completamente superado por el enojo. Le había gritado sin control, como un malcriado adolescente que no se había salido con la suya.

Había casi decidido ir tras ella pero sabía que eso solo lo llevaría a más gritos y lo último que quería hacer era decir algo más de lo que se arrepentiría. Sí, él estaba molesto con ella, pero sabía que su reacción solo había empeorado las cosas y en verdad no quería ofenderla.

Todavía podía saborearla en su boca, y los labios le latían ligeramente como consecuencia de sus pequeños besos y mordiscos. Hubiera sonreído si no estuviera tan furioso por sus acciones.

«Valentía Gryffindor, mi culo.»

Salió de la sala con toda la intención de tomarse una ducha fría y ahogar el resto de los besos. Preguntas y pensamientos estaban rondando su mente mientras marchaba por los pasillos, despertando un dolor de cabeza palpitante. Tenía intenciones de quedarse en la Mansión esa noche pero en verdad no le gustaba la idea de encontrarse con alguien más que su madre hubiera invitado a quedarse. Tenía que agarrar sus cosas y luego se podría ir sin ninguna interrupción.

—Draco —escuchó la voz de su madre y gruñó. —¿Te marchas?

—Sí —le respondió sin rodeos mientras ella se acercaba a él en el pasillo.

—¿Estás bien? —la voz de Narcissa ahora era cautelosa, reconociendo el temperamento de su hijo. —Pensé que ibas a pasar la noche aquí.

—Cambio de planes —él murmuró, cruzando los brazos sobre su pecho mientras su madre lo miraba. Él podía darse cuenta de que ella estaba curiosa por su comportamiento, y al menos de que él inventara una mentira convincente, no lo dejaría solo.

—¿Qué sucedió? —preguntó Narcissa, alzando una ceja cuando su hijo tensó la mandíbula. —¿Por qué estás tan enojado…?

—No estoy enojado —Draco mintió, despreciando la manera en la que su madre podía leerlo tan bien. —Solo estoy…

—¿Y dónde está Hermione? —la Malfoy mayor frunció el ceño, no dándose cuenta de la mirada oscura que brilló en los ojos de su hijo. —Creí haberlos visto a los dos dejando el salón de baile.

—Ella se fue a su casa —hizo todo lo posible para que su encogimiento de hombros pareciera despreocupado.

—Oh, ya veo —la bruja rodó los ojos, y por un segundo él entró en pánico de que ella lo hubiera descubierto. —Discutiste con ella, ¿no es así?

—Sí —él asintió después de una pausa. Su teoría era ciertamente más fácil de lidiar que la verdad.

—Ella te saca de quicio —su madre comentó, y él resistió el impulso de gruñir. —Lo puedo ver.

«No tienes idea»

—Me voy a casa —Draco dijo finalmente, y esta vez ella no intentó detenerlo.

Cuando llegó a su casa, fue directo a darse una ducha tan fría que se sentía caliente. Estaba agradecido de que su cuerpo se relajó, el agua que calmaba sus reacciones a Granger. Su mente, sin embargo, seguía siendo una tempestad de preguntas constantes e imágenes que lo atormentaban. Fue a la cama con el comienzo de una obstinada migraña.

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Cuando ella no le mandó una lechuza el domingo él había estado molesto, pero no necesariamente sorprendido. Era obvio que ella había estado bastante sorprendida de la manera en que la noche anterior había terminado y él imaginó que estaba analizándolo hasta la muerte. Él se dio cuenta que también lo estaba haciendo. Había hecho de todo para distraerse pero sus pensamientos siempre regresaban a los labios magullados de ella y su pecho agitado.

Pero cuando ella no había aparecido en el trabajo en la mañana, se había indignado. Esperó una hora, y fue jodidamente larga, antes de que saliera de su oficina dando fuertes pisotones en busca de ella. Estaba magníficamente molesto con ella por su cobardía e iba a confrontarla por eso, le gustara o no.

Porque eso es lo que él era.

Se dirigió directamente a la Oficina de Aurores, y después de revisar algunas habitaciones sin éxito, se encontró a sí mismo ante una puerta con una nota escrita con una letra conocida.

Ocupado. No entrar

Patrañas.

Abrió la puerta con un firme empujón y recorrió la sala con una mirada confundida. Él había esperado que fuera la oficina de ella pero en su lugar se encontró en una sala grande y sencilla sin muebles y paredes de piedra. Sus ojos se posaron sobre cuatro figuras en el centro del espacio, reconociendo de inmediato la figura conocida de Hermione en alguna clase de duelo en equipo.

Una de las otras personas le disparó una maldición y ella se giró para esquivarla, en el proceso se dio cuenta que Draco estaba en la sala. Sus ojos se agrandaron mientras asimilaba su presencia con un pánico evidente, dándose vuelta con rapidez para contrarrestar la otra maldición.

—¡Alto! —gritó Hermione, y los otros tres detuvieron sus acciones de inmediato, finalmente reconociendo la presencia de Malfoy cuando ella comenzó a acercarse a él.

Por un breve momento él se dio cuenta que Longbottom era uno de los magos en la sala pero no tuvo tiempo para reflexionar en ello ya que Hermione caminaba enfurecida hacia él, la rabia brillando en sus ojos. El sudor brillaba en una fina capa sobre su piel y él apretó los dientes. Ella lucía afirmativamente furiosa mientras se acercaba a él y la hacía lucir condenadamente radiante, aunque estuviera vistiendo ropa de entrenamiento desaliñada.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí, Malfoy? —la voz de Hermione resonó en las paredes desnudas y él casi se estremeció. —¿No puedes jodidamente leer?

—Llegaste tarde —él espetó, sus fosas nasales echando fuego. —Vine a…

—Pudiste haber sido jodidamente herido —continuó ella, dándose cuenta que nunca había maldecido tanto en tan corto periodo de tiempo. —¿Te das cuenta de eso? ¿O estabas demasiado ocupado pensando en ti mismo para que te importe una mierda?

—Me estás evitando—él declaró, su voz tranquila y acusatoria. —No voy a ser ignorado, Granger.

—Te dije que iba a estar entrenando esta mañana…

—¿Qué?—Draco le resopló, cruzándose de brazos y mirándola fijo. —¿Cuándo?

—La semana pasada —le dijo ella con una mirada determinada. —Cuando almorzamos en el Callejón Diagon…

—Patrañas—él gruñó. —Dijiste que ibas a entrenar el viernes, no hoy…

—Mierda —ella murmuró cuando de repente cayó en la cuenta. Se había olvidado que el día había cambiado, y ahora se sentía como una idiota. —Quise decírtelo, cambiaron los horarios…

—Pero no lo hiciste —él frunció el ceño, disfrutando de la pequeña victoria. —Es por eso que estoy aquí…

—No deberías haber entrado —dijo ella en voz baja, apartando la mirada cuando él dio un paso hacia ella.

—Tenemos trabajo que hacer —él exhaló sobre su rostro y ella casi suspiró, notando su mirada penetrante con ansiedad. —Y cosas de las que hablar.

Ella sabía a lo que se estaba refiriendo y la hizo sentir avergonzada otra vez. Se puso un mechón de pelo detrás de su oreja, esperando que él no advirtiera el pequeño temblor de sus dedos. Él estaba parado delante de ella, esperaba algún tipo de respuesta, pero todo lo que ella hizo fue mirar fijo a su pecho, odiando lo pequeña que él la hacía sentir.

—Está bien —suspiró, dando un pequeño paso lejos de él. —Tengo que terminar aquí y voy a ir a mi casa a cambiarme. Vendré después del almuerzo.

—Asegúrate de hacerlo —la miró con enojo, su voz un poco más fría de lo que había pretendido. —Te veo en un par de horas, Granger.

Ella lo vio marcharse, conteniendo la respiración hasta que él dio un portazo. Se mordió el labio, haciendo una mueca cuando se dio cuenta que todavía seguía un poco hinchado y delicado por el beso. Suspirando hondo, se volvió hacia sus compañeros.

—¿Estás bien? —Neville preguntó, pareciendo genuinamente preocupado.

—Estoy bien —le dijo ella con una sonrisa de confianza, mirando a Castor y Jason. —Continuemos.

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Draco no pensó que podía recordar un día cuando el tiempo había pasado tan lento. No se molestó en almorzar y simplemente se obsesionó con su trabajo. Sin ni siquiera darse cuenta, había comenzado a hacer una lista de las personas quienes pensaban que eran más propensos en ser el asesino.

Graham Montague: En realidad era una opción evidente. La aparición repentina del tipo de nuevo en la sociedad era suficiente para levantar sospechas, y Montague siempre había envidiado el temor y la notoriedad que venía asociada con los Mortífagos. Si no hubiera estado al borde de la locura, Draco tenía la sensación de que él hubiera manejado la presión bastante bien y hubiera llevado a cabo la tarea de Voldemort con calma.

«No como yo»

Él frunció el ceño cuando recordó su crisis en los baños. En ese momento había tenido tanta vergüenza por ser débil, pero al menos ahora podía deleitarse en el conocimiento de que él no había sido hecho para ese estilo de vida. Él era muchas cosas; frio, cínico y probablemente siempre un poco manipulador, pero era bueno saber que no era malvado. Era reconfortante. De todas maneras, tenía que regresar a su lista.

Marcus Flint: el hombre siempre había sido siniestro y era raro que pensara dos veces antes de actuar. Si Draco recordaba correctamente, y una rápida revisión en el registro de Flint lo había confirmado, escapó por poco de Azkaban por difundir propaganda en contra de los Hijos de Muggles alrededor de algunas comunidades mágicas. El odio estaba allí e incluso la inteligencia también, pero Draco no pensaba que el hombre fuera realmente capaz de asesinar.

Lucian Boley Peregrine Derrick: Sí, estos dos tendrán que ser tratados como un par. Habían sido incapaces de pensar individualmente, al igual que Crabbe y Goyle, y harían cosas estúpidas para impresionar. Sus Rastreadores le dijeron a Draco incluso que vivían en el mismo edificio. Les faltaba inteligencia pero eran ignorantes a los límites, y siempre habían sido muy agresivos en Hogwarts.

Adrian Pucey: Posiblemente el nombre más difícil para que Draco lo escribiera, pero no obstante necesario. Él había sido diferente a los otros Slytherins, menos descarado y violento, pero seguía siendo prejuicioso. Draco había estado más que un poco sorprendido cuando él estuvo relacionado con un ataque Muggle en Ispswich. Aunque Adrian mismo había permanecido inactivo durante la guerra, su padre había muerto durante la batalla, y Draco se preguntaba si su viejo compañero de clases era de los que se vengaban.

Hestia and Flora Carrow: Al igual que Bole y Derrick, las hermanas raramente harían algo por sí solas. Ellas sin dudas tenían un motivo teniendo en cuenta a su tía y tío, Alecto y Amycus, no habían muerto hace mucho en Azkaban. Siempre habían sido un par misterioso, incluso para Slytherins, rozando la locura. Una vez dicho eso, él no pudo recordar que ellas hubieran lastimado a alguien y los registros estaban bastantes limpios. Solo eran… extrañas, y le resultaba difícil descartar algo viniendo de ellas, incluso asesinato.

Graham Pritchard: Era poco probable, pero el muchacho solo tenía quince años cuando la guerra había comenzado y él había estado tan desesperado por unirse a los Mortífagos. Pequeño idiota impresionable. También había sido un pequeño malvado bastardo y solo había evitado ser arrestado por su edad. Draco había escuchado un rumor que había intentado realizar reuniones para los que odiaban a Muggles hace dos años atrás, pero no habían encontrado nada, y él no tenía ni una mancha en su Rastreador. Tal vez Draco simplemente no era demasiado aficionado a Graham por el momento.

Fue solo después de que había terminado sus notas sobre Pritchard que Granger entró a la oficina, intentando con dificultad lucir compuesta. Si no hubiera sido por el ligero temblor en su paso y el que se haya negado mirarlo a los ojos, él hubiera creído que ella estaba segura de sí misma.

Fue solo cuando ella se acomodó en su silla que lo miró y él sintió que su ceja hizo un rápido movimiento. La mirada en sus ojos era una combinación de nervios y una actitud desafiante, y se adaptaba a su rostro muy bien. Él había hecho una nota mental para agregar su naturaleza testaruda a la lista de cosas que encontraba atractiva de ella. Genial. También estaba vistiendo ese maldito vestido, el gris con botones en el frente. Con un solo movimiento de su varita y todos esos botones saldrían disparando…

—McGonagall se comunicó conmigo ayer —ella comenzó, carraspeando cuando sonaba ronca. —Ha habido…

—¿En verdad vas a hacer eso? —Draco la detuvo, su tono duro con cinismo. Ella cerró los ojos mientras él hablaba, un pequeño gemido se quedó atrapado en su respiración, pero se recuperó y le lanzó una mirada cautelosa.

—¿Hacer qué, Malfoy?

—Ignorar lo que sucedió—su respuesta fue rápida y aguda. Ella se estremeció visiblemente ante sus palabras pero a él no le importó, estaba demasiado irritado con ella en ese momento. —Solo pretender que no nos besamos…

—Acordamos en que lo íbamos a olvidar—dijo ella rápidamente, su voz más fuerte de lo que él había pensado.

—Yo no estuve de acuerdo con nada —él le recordó, inclinándose sobre su escritorio. —Esa fue tu idea de mierda…

—¿Entonces qué sugieres? —la voz de Hermione ahora era acalorada. Él la prefería así; enérgica y un poco incisiva.

—Que lo hablemos como adultos —él gruñó, sabiendo que ella odiaba su sarcasmo. —¿O es mucho pedir, Granger?

—Bien—dijo gruñéndole, y él se dio cuenta que probablemente la había presionado demasiado.

Él en verdad no había tenido la intención de hacerla enojar, solo irritarla un poco y ciertamente superar la estúpida etapa de vergüenza. Ahora ella solo estaba enojada como el demonio, y todos esos pensamientos latentes que había suprimido sobre follarla en el escritorio dejaron la esfera de las posibilidades. Qué lástima.

—Creo que puedo decir con seguridad, —ella continuó, interrumpiendo sus pensamientos, —de que nuestra relación de trabajo es complicada como mucho…

—Eso es quedarse corto…

—Pero finalmente estoy comenzando a pensar que tenemos algo que funciona —ella le dijo, su enojo se estaba disipando pero solo un poco. —Y que a los dos nos tomó mucho esfuerzo para llegar adonde estamos y olvidar lo que sucedió entre nosotros en Hogwarts…

—Estoy de acuerdo —Malfoy suspiró en un tono aburrido, observando a sus labios que seguían marcados con los ojos entrecerrados. —¿Hay algún punto en tu narración aburrida de nuestras vidas?

—Sí —ella exhaló, lanzándole otra mirada severa e intentando con tanta dificultad ignorar lo bien que se veía hoy. —El punto es que no tengo intenciones de hacer esto más complicado debido a ese incidente…

—Se llama un beso…

—Así que creo que lo mejor sería, —el tono controlado de Hermione vaciló, y ella se preguntó por qué. Su pecho se contrajo pero no le hizo caso. —que nos olvidemos de eso.

Él sabía que no le gustaba lo que ella había dicho, pero odiaba más su lógica. Era exasperante. Él no había olvidado que su pasado fue inestable pero él sin dudas lo había superado. Era claro que ella no, pero luego se dio cuenta de que él había sido el responsable en intimidarla, el que la había hecho llorar.

E incluso si ella había superado todo eso, tenía razón. Su trabajo era difícil en la práctica sin que ellos tuvieran que decidir si arrancarse la ropa o gritar malditamente fuerte. Tenían que atrapar a un asesino, y él tenía que dejar de imaginarla desnuda. Así que él hizo lo que cualquier hombre respetable haría, pegó una sonrisa forzada en sus labios y actuó indiferente.

—Las personas se besan todo el tiempo, Granger —le dijo encogiéndose de hombros. —Sin que signifique nada.

Hermione luchó con fuerza por alejar la decepción en su rostro y hacer caso omiso a la manera en que su pecho decidió tener una punzada. No tenía idea por qué de repente se sintió muy sola y vulnerable pero dejó esas sensaciones de lado. Él tenía razón. Ella había tenido algunos besos que fueron insignificantes, pero ninguno había sido tan apasionado como el que él le había dado. Pero todo eso probaba que él era un buen besador. Nada más. No podía haber nada más.

—Entonces, —ella comenzó— ¿Nos olvidamos de eso?

—Si ese es el juego que quieres jugar, —la voz de Draco fue de repente muy profesional y calmada —me viene bien.

Ella de repente quiso pelearlo, y ¿a qué demonios se refería él con un juego? Quería gritarle por un instante por hacerla sentir tan inútil con algunas palabras bien pensadas. Casi quería volver a besarlo para probarse a sí misma que no había sido una casualidad, y tal vez solo para revivirlo por un segundo. Quería maldecirlo por ser tan indiferente cuando ella estaba secretamente furiosa.

—Bueno —dijo en cambio, jugando con uno de los botones de su vestido, sin darse cuenta que él estaba observando esa acción en particular. —Gracias.

—De nada—dijo él rápidamente, apartando la mirada de los malditos botones.

En algún momento, aunque ninguno de los dos supo cuando, habían silenciosamente acordado que nadie sabría sobre el beso. Al parecer también habían decidido que el tema había sido tratado, y enterrado en el mero fondo de su lista de prioridades, incluso sin que ninguno de ellos estuviera feliz por ello.

—Entonces termina tu historia—Draco le solicitó, rodando los ojos ante su mirada confundida. —¿Sobre McGonagall?

—Oh, sí —ella asintió, todavía un poco nerviosa por el tema anterior. —No le puedes decir esto a nadie, pero Penelope sigue recibiendo cartas amenazadoras, y ha pedido dejar Hogwarts, supongo que esperando que fuera más seguro si ella se marcha.

—Suena razonable —Draco estuvo de acuerdo.

—Ella pidió protección —ella le dijo. —Y pensé que era una buena idea.

—Me parece justo.

—Así que le dije que se podía quedar conmigo por un tiempo —Hermione terminó, sacando algunos pergaminos de su bolso. —Hasta que el asesino sea atrapado.

—Bueno, esa es una maldita y estúpida idea —Draco espetó bruscamente, sus ojos se agrandaron ante su tono. Ella se sintió decepcionada con su objeción, y se preguntó cuando su aprobación comenzó a importarle. —¿Estás loca, Granger?

—¿Qué? —Hermione le frunció el ceño, encogiéndose cuando él se levantó de su asiento y se inclinó sobre ella. —¿Qué tiene de malo? Todo es confidencial, no hay forma en que el asesino sepa dónde ella está

—Quieres poner dos blancos obvios bajo el mismo techo —él le dijo, sonando como a un maestro poco impresionado. Merlín, le gustaba pelear con ella. —Muy inteligente, Granger. ¿Por qué solo no colocas un condenado cartel en tu puerta? "Carnada fácil para psicópata, mata a uno y llévese otro gratis en hijos de Muggles idiotas…"

—Ella necesita ser protegida por un Auror —dijo entre dientes, de manera defensiva. —Tengo las habitaciones suficientes…

—De todas formas, tú estás aquí la mayoría de los días, Granger —él le recordó, volviéndose a sentar. —¿Qué diablos estabas planeando hacer al respecto?

—Eso ya lo he resuelto —explicó ella con una mirada de suficiencia que él casi admiraba. —Ella también estará trabajando en el Ministerio, me las arreglé para conseguirle un puesto en la oficina del Departamento Mágico de Educación. Si estoy ocupada contigo o en otra cosa ella se quedará en lo de Leandra…

—Esto es ridículo —él despotricó, enterrando ese sentimiento protector que ahora parecía acosarlo —Pensé que eras inteligente, Granger. ¿Por qué ella no se puede quedar con ese Auror y punto? Tu falta de sentido común me sorprende…

—No estaba pidiendo tu aprobación, Malfoy —ella le alzó una ceja, sabiendo que era una mentira. —Leandra tiene una familia que tiene que tener en cuenta. La decisión ya está tomada…

—Deberías haber consultado conmigo primero, —él estaba otra vez de pie. —Tu juicio en esto es completamente fuera de…

—Tú no estás aquí para cuestionar mi trabajo como Auror —Hermione también se puso de pie, haciéndole frente a su postura intimidante. —Esto no tiene nada que ver contigo…

—El asesino es mi asunto —él siseó entre dientes. —Y sus objetivos son sin duda mi asunto…

—Este es mi trabajo —ella le recordó en voz baja. —Proteger personas es lo que hago, Draco.

Él inspiro fuertemente cuando ella dijo su nombre, y de repente se dio cuenta lo cerca que estaban. Sus narices estaban solo a centímetros, y esos pensamientos tentadores de hacer un buen uso del escritorio volvieron a robar su mente. La respiración de ella era ligeramente elevada y él pudo sentir los pequeños jadeos sobre sus labios. Entonces ella también lo notó, y sus rasgos determinados se desvanecieron. Sus ojos recorrieron su rostro por unos momentos antes de apartarse rápidamente, y él arrugó la nariz inquieto.

Él sabía que trabajar juntos iba a ser un infierno. Y no esa clase de infierno que habían experimentado cuando recién habían comenzado a compartir su oficina. No, esto era otra forma de tortura.

—Deberías tener más fe en mi capacidad —ella susurró de repente, necesitando su aprobación por cualquier razón.

Él la tuvo en cuenta cuidadosamente, apretando los dientes cuando ella comenzó a jugar con uno de sus botones otra vez. No estaba seguro cuando esos pequeños círculos de plásticos se habían convertido en la pesadilla de su existencia, pero pudo sentir su resolución sobre la cuestión quebrándose. Ella era una Auror entrenada, y una de las brujas lideres que habían luchado en la guerra. No había que negarlo, la mujer podía cuidarse por sí misma. A él no le gustaba la idea para nada, pero ¿qué es lo que podía hacer?

—Hagamos un trato, Granger —exigiendo más que preguntando. — ¿Aceptarías un arreglo?

—No veo por qué debería…

—Porque te lo estoy pidiendo —él explicó lentamente, mirándola con una expresión seria que la hizo querer quejarse.

—¿Cuáles son tus términos?

—Si ella recibe más cartas en tu casa —Draco habló en voz baja y reflexiva. —O cualquier cosa, para el caso, que te haga pensar que ella está siendo vigilada o algo así, entonces le vas a pedir a otro Auror que cuide de ella…

—Malfoy, no hay forma de que él sepa que ella va a estar conmigo…

—Escúchame —él suspiró, buscando por paciencia. —Si el asesino averigua que ella está viviendo contigo, estará en mayor peligro, y tú también estarás en su mira. Sabes que tengo razón.

Hermione suspiró, realmente no gustándole lo racional que su oferta era. Había esperado algún intento horrible y egoísta de trato, pero esto parecía perfectamente razonable. También se dio cuenta con cierta confusión definitiva que estaba casi halagada por su preocupación en cuanto a su seguridad. Sabía que probablemente le estaba dando demasiada importancia y que no significaba nada, pero sin embargo estaba complacida por su preocupación.

—Está bien —ella se encontró murmurando, arrepintiéndose al instante cuando una sonrisa muy elegante robó sus labios. Los labios que ella había besado. —Estoy de acuerdo con eso.

—Bien —él dijo arrastrando la palabra en un tono sedoso, disfrutando del éxito. —Entonces está arreglado.

Así que él se sentía un poco protector sobre ella, estaba seguro que pasaría, tan seguro como sus pensamientos lujuriosos sobre ella desaparecerían. Tendrían que hacerlo. Quizás tendría que comprar un nuevo escritorio y destruir todos los objetos con botones. Quizás solo necesitaba saborearla una vez así su hambrienta curiosidad podría ser saciada, pero dudaba que eso sucediera en corto plazo.

Ella intentó ignorar la manera en que los latidos de su corazón de repente se sentían en sus labios lastimados, y evitó desesperadamente observarlos tanto como fuera posible por el resto del día. Ella robó unas cuantas miradas hacia él durante el día y al instante se arrepintió cuando se enrojeció toda y sintió un cosquilleo inquietante en su estómago.

O bien su cuerpo estaba reaccionando hacia él e intentaba condenarla a reacciones nerviosas cada vez que se atrevía a mirar, o era alérgica a Draco Malfoy. Ella esperaba que fuera lo último.

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N/A: Espero que la introducción de nuevos nombres no sea demasiado confuso y todos los recuerden de los libros.

Sé que puede ser frustrante como el demonio cuando te dan un poco de romance y luego te lo vuelven a quitar pero me niego a apurar su relación. Simplemente no sería real, especialmente cuando consideramos lo testarudos que estos dos son. De todos modos espero que este capítulo le vaya bien.

Bex-chan

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NdT: Se que muchas ansiaban este capítulo pero créanme que fui víctima de la naturaleza, ya que me había quedado sin internet porque hace algunas semanas cayo un rayo cerca de casa y dentro de todas las cosas que quemo en la cuadra, cayo mi modem, así que tuve una larga espera, pero acá estoy de regreso.

En fin ¿qué les pareció el capítulo? Mucho histeriqueo por parte de los dos si me preguntan, pero bueno ya lo aclaro Bex no le gusta las cosas apresuradas, así que por ese lado me parece bien. Mientras tanto el caso sigue avanzando, ¿tendremos nuevo personaje a la vista? Ya lo veremos, mientras me gustaría ver que piensan ustedes.

Muchas gracias por el aguante, les deseo lo mejor. Un beso y un gran abrazo ;-)