¡Este fanfic está protegido legalmente por Safecreative! No apoyes el plagio.

Los personajes le pertenecen a S.M. La historia es mía.

Capitulo once; ¿Mugir cómo vaca?

—¡Oh por dios niños! ¡Mi cocina!

Ambos se quedaron estupefactos, no habían escuchado a Renée llegar, mucho menos acompañada.

Los jóvenes se separaron rápidamente, subiendo sus pantalones y Bella bajó su sweaters para cubrir sus pechos desnudos.

Bella miró a los presentes, pero sus ojos solo estaban fijos en Tanya, quien se encontraba mordiéndose el labio inferior, mirando a Edward como la perra que era.

"Mierda, mierda, mierda" Exclamaba desesperado Edward en sus pensamientos, tratando de subir el cierre de su pantalón que por alguna razón se había trabado.

—¡Bella! Te dejo sola un momento y mira…,

Renée estaba furiosa como nunca. Isabella mordió su labio inferior quitándole importancia al asunto ¿No era tan grave o sí? Renée había estado en situaciones peores, mucho peores y la joven jamás dijo una sola palabra al respecto. Bella sintió que no era justo que su madre le reclamara por cosas que ella misma había hecho con anterioridad.

—Renée no seas dramática. Siento haber ocupado tu cocina, supongo que debimos ocupar de nuevo mi cama. Aunque claro, me quedaría sin sabanas para cambiar, ya las cambie una vez y ahora las tengo que volver a poner otras limpias. -d ijo Isabella desinteresada como si estuviese hablando del clima. Miró sus uñas y le guiñó el ojo a un Edward completamente avergonzado. La mujer mayor dejo salir todo el aire de sus pulmones y se volteó a ver a Marc.

—Bueno, ¿Quién quiere lasaña?

Edward arrugó la nariz. Se había quedado en silencio mirando a Tanya quien no le quitaba los ojos de encima. Se sintió incomodo, más aun con un evidente problema entre las piernas.

—Espero que no cocines de este lado Renée. Edward es muy, muy salvaje y suele dejar todo manchado.

Marc, Renée y Tanya abrieron sus ojos al escuchar a Bella. Tanya seguía mirando a Edward fijamente. La rubia se mordió el labio al bajar la mirada a las caderas de Edward, sabiendo que bajo de aquel pantalón se encontraba un arma mortal.

—Ya sabes, aun le estoy enseñando.

Bella le guiño nuevamente un ojo a Edward. Él la miró con la boca abierta, sintió la sangre subir por su rostro, estaba completamente avergonzado

"¿Cómo puede decir aquellas estupideces? ¿No tiene vergüenza? Diablos, Bella es un maldito caso perdido" pensaba Edward mientras buscaba alguna manera de que su miembro se durmiera nuevamente.

—Vamos, ven Edward.

—Bella no seas mal educada. Tanya vino a visitarnos. — señaló Renée mirando como su hija salía hacia su habitación

—Oh, no, no. Ella vino a visitarte a ti, a mí no me interesa su compañía.

Marc miró a Isabella y suspiro, sabía perfectamente que su hija con ella no se llevaban bien, pero jamás pensó que Bella fuera tan directa para decir las cosas. Sintió que era una mala influencia para su pequeña Tanya y agradeció por primera vez que se llevaran mal.

—Bella…,

Edward llamó su atención, sintiéndose incomodo al notar que Tanya bajó la mirada sintiéndose algo intimidada por la joven castaña. Bella dejó escapar todo el aire de sus pulmones y negó con la cabeza rápidamente antes de que alguien más hiciera el papel de ángel guardián con la estúpida de Tanya.

—Edward si quieres hazle compañía, a mi no me interesa. — comentó sin darle importancia. Poco y nada le importara que Edward se quedara junto a Tanya.

—Solo quiero ir a dormir.

Y sin más subió la escalera y Edward no pudo evitar mirar su generoso y gran trasero redondo, hasta que sintió que alguien se aclaraba la garganta a su lado.

Edward desvió la mirada completamente avergonzado, y fue testigo de la mirada inquisidora que Tanya le regalaba.

—No sabía que te acostaras con ella.

No estuvo seguro si la había escuchado bien, pero sus ojos leyeron sus labios. Edward sintiéndose incomodo buscó a Renée con la mirada, pero la mujer mayor limpiaba donde hace diez minutos él disfrutaba de exquisito sexo. Suspiró sin saber que decir realmente.

—Bueno, las cosas cambian— rascó su cabello, ahora largo, rebelde y muy, muy sexy.

—Tú estás cambiado. No eres el mismo que conocí hace semanas, estás mas…, no sé.

Edward trató de alzar su ceja justo como lo hacía Bella, pero fue imposible haberlo hecho sin parecer un verdadero idiota. Sus ojos se enfocaron en el gran escote de la rubia, que dejaba ver la piel de sus senos. Edward se aclaró la garganta nervioso, sintiendo un exquisito calor que se extendía por su cuerpo.

—Bueno, voy a ver a Isabella para irme a casa.

Tanya asintió y su vista no dejó a Edward hasta que este desapareció por el pasillo del segundo piso.

—¿Estás molesta?

Preguntó al ver a su mejor amiga cambiando las sabanas nuevamente, acomodó los cojines en la parte superior y se tiró a la cama, estaba sudando.

—No. Solo me siento pésimo de nuevo. Creo que mi sistema inmunológico se defendió de los parásitos al ver a Tanya.

Edward rió y caminó para sentarse a su lado.

—¿Cuándo aprendiste biología?

—Edward… —Bella lo miró por unos segundos y luego negó con la cabeza —. Olvídalo.

—¿Por qué la odias?

—No la odio, ella es extraña muy extraña. No sé, no me inspira confianza.

—Es buena persona.

—Sí, tiene tetas enormes.

—No estoy hablando de sus pechos.

Bella mordió su labio al escucharlo ¿Por qué es tan correcto? Se preguntó.

—¿Puedes decir la palabra tetas, vagina, pene, polla, sin avergonzarte?

Edward se sonrojó levemente.

—¿Puedes hablar seriamente una vez en tu vida?

—Creo que no.

Bella se cubrió con las mantas hasta la cabeza. Edward sonrió torcidamente al verla comportándose como una niña.

—Estas algo…, colorada.

Bella sonrió debajo de las mantas.

—Creo que deberías irte a tu casa. Esme debe estar preocupadísima Nene.

Edward quitó un poco las mantas del rostro de Bella. Ella le sacó la lengua.

—Me iré. No olvidaré que me debes algo.

—Yo no te debo nada Edward. Tú me debes un orgasmo y es mejor que lo hagas bien.

—¿Lo hago mal ahora? ¿No te gusta?

Edward se sintió algo inseguro, sabía perfectamente que no era bueno en la cama ¿Quién lo era a la segunda vez que tenia sexo? Aquello era un sueño imposible. Bella alzó su ceja derecha y se mordió el labio.

—No lo haces mal, pero si tú gritas como una vaca yo también quiero gritar como una…, me tienes que hacer gritar como una.

Edward bajó la mirada con una sonrisa en los labios.

—Creo que encontraré la forma de hacerte gemir como una vaca.

—Muy bien. Estudia e infórmate. No sé cómo.

—Lo averiguare.

Edward se marchó luego de unos minutos. Condujo hacia su casa con una enorme sonrisa en los labios, se sentía extraño; quería tener sexo…, sexo todo el día si fuese posible, lástima que Bella estuviese enferma, aunque claro, eso no le había impedido aprovecharse de su cuerpo.

"Soy un adicto al sexo" Si, pensaba eso. Ya que su pobre y jubilada mano estaba completamente cansada de acariciarse. Se sentía como un niño de trece años y aquello lo fastidiaba.

Llegó a casa cuando ya era de noche, su madre sobreprotectora lo estaba esperando en la puerta de entrada con una enorme y horrible bata que le llegaba hasta los pies, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y sus ojos ¿estaban hinchados?

—¡Cielo santo Nene! ¿Dónde te has metido? ¡Me has tenido tan preocupada bebe!

Edward subió la pequeña escala, hasta que llegó a su lado.

—Mamá, te dije que iría a ver a Bella, ¿Has estado llorando?

Preguntó confundido. La mujer bajó la mirada algo avergonzada.

—¡Claro! No sabía dónde estabas, si estabas bien o si te había sucedido algo nene ¿Has estado todo este tiempo con ella?

Esme entrecerró los ojos, sospechando de su hijo, ya que la última semana estaba muy, muy extraño.

—Claro ¿Con quién más? ¿Podemos entrar? Hace frío.

Esme abrió la puerta entro a la casa, fue hacia la cocina y llamó a su hijo que no tardo en llegar a su lado.

—Te tengo la cena lista bebe.

Edward suspiró. Pensó que su madre había dejado los horribles apodos que lo habían acompañado toda su vida.

—Gracias Mami.

La mujer se acercó a su hijo y maternalmente pasó sus manos por su rebelde cabello.

—Edward enserio, pareces un león. Mañana iremos a la peluquería.

—No. Olvídalo.

—Por dios nene, no te he criado para que parezcas un vagabundo.

Edward puso los ojos en blanco.

"Me criaste para ser virgen toda la vida" pensó.

—Puedo usarlo largo al menos hasta que entre al instituto.

—¡No! Nene, los niños suelen tener…, ya sabes piojos.

—No soy un niño.

—Eres un niño bebe, el niño más lindo de todo Forks y del estado.

Edward mirÓ a su madre y se lleno de la horrible ternura. La amaba a pesar de que ella aun no aceptara que era un hombre, si un hombre con ganas de follar.

—Mañana iremos a cortarte el cabello ¿Si bebe?

—Está bien mamá.

Edward cenÓ rápidamente y se fue a la cama en silencio. Aunque sus pensamientos eran una completa tormenta, necesitaba, rogaba e imploraba que Bella se recuperara lo antes posible.

—Mierda.

SusurrÓ recordando que tenía que hacerla gemir. Y diablos, él quería lograrlo ¿Pero cómo? Su mente maquineaba varias formas, situaciones pero no era experto en ninguna de ellas

"¿Y si me acuesto con otra mujer para intentarlo?"

Con Isabella no había exclusividad y aquello lo tenía contento, pero…,

"¿Y si mejor veo videos? ¿O un blog?"

Si, aquello era mejor, no se sentía lo suficientemente experto para andar tocando senos ni traseros de mujeres que no conocía, al menos no todavía.

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"!No! ¡No! mierda me veo asquerosamente pendejo"

Edward miró el suelo donde descansaba su cabello broncíneo que hace quince minutos estaba felizmente en su cabeza.

—¡Aw, te ves adorable nene!

El peluquero algo afeminado le guiñó un ojo y Edward abrió sus ojos desviando su vista al espejo tratando de calmar sus pies que querían con prisa salir de ese lugar.

—Tiene un hijo muy guapo señora Esme.

—Lo sé, lo sé. Debería ser un modelo de ropa interior adolescente.

Edward giró su rostro para ver a su madre mirándolo con absoluta adoración. El joven puso los ojos en blanco y el peluquero comenzó acariciar su cabello nuevamente ¿Era normal que el peluquero te acariciara tanto? Edward lo dudaba.

—Sí. O tal vez de alguna marca de shampoo, tiene el cabello más varonil y sexy que he visto en muchos años.

Comentó el hombre moreno. Edward lo miró y arrugó la nariz. No tenía nada con las personas homosexuales pero no podía evitar ponerse incomodo cuando uno comenzaba acariciar su cabello, su cuello y le guiñaba el ojo mientras sus miradas se encontraban en el espejo.

"Mierda, estoy cagado" Pensó.

—Bien Jacob. Haz hecho un trabajo espectacular.

Jacob caminó hacia el lavado y mojó sus manos, para posteriormente aplicar lo que Edward supuso que sería un poco de crema humectante. El joven moreno sacudió su asquerosa y grasienta cabellera negra, sacudiendo su mano derecha.

—Me encanta trabajar en cabellos tan hermosos, y con chicos tan guapos.

Se mordió el labio inferior y Edward quiso que su madre lo protegiera. Sentía que sería violado en cualquier momento por ese hombre.

—Oh Jacob, incomodas a mi nene. Bebe espérame en el automóvil, mami no tarda en llegar.

Edward miró a su madre y se despidió rápidamente de Jacob, este le dedico su mejor sonrisa.

Edward subió a su volvo y miró su corto cabello. Quiso llorar por meses, tanto que le había costado dejárselo crecer y ahora verlo cortito le daba depresión.

—Bien, vamos a casa bebe— dijo Esme apenas subió al volvo.

Llegaron a casa y su madre como nunca, pidió pizza para almorzar. No tenía ánimos de cocinar y además tenía que hacer un par de cosas en la casa.

—¿Te vas a tu cuarto? — le preguntó a su hijo cuando lo vio caminar por el pasillo del segundo piso. Edward asintió.

—Ayúdame a correr la cama.

—¿Tu cama?

—No nene. La cama de la habitación de invitados.

Edward frunció el ceño sin entender absolutamente nada.

—¿Quién viene?

Esme limpio el sudor de su frente y observó a su hijo entrecerrando sus ojos.

—Helen nene, Helen. La hija de Carmen.

Edward asintió no muy convencido. Ayudó a Esme a preparar la habitación para su llegada y apenas faltaban más o menos dos semanas para eso, pero si se trataba de Esme todo era exagerado. Todo.

Comieron pizza con coca-cola y luego Edward fue a su habitación a conectarse a internet. Prendió su notebook con impaciencia.

Facebook; Edward Cullen.

Vive en; Forks.

Nació en; Forks.

Estado civil; Buscando alguna vagina que me ame.

Okey, lo último solo dice soltero. Aunque claro Edward estaba tentado a cambiarlo, quizás, solo quizás podría recibir muchas solicitudes de amistad, pero entonces recordó el corte de cabello y sus ilusiones se fueron a la mierda.

Pasaron cuatro días sin saber nada de nadie, estaba totalmente concentrado en su ordenador, averiguando sobre como poder ser el mejor hombre del sexo que haya pisado la tierra.

—¿Estás enfermo bebe?

Esme entró a su habitación con una pila de ropa limpia entre las manos. Edward rápidamente cerró la tapa de su notebook y se acodó en la cama nervioso.

Nop ¿Por qué?

—Has estado metido aquí durante días. Hace un rato llamo Bella, creí que estabas dormido, lo siento.

—¿Bella llamó?

Esme se giró para mirarlo.

—Sí, llamo. Dijo que vendría a verte.

Edward por alguna estúpida razón se puso nervioso, su investigación no había dado frutos, además de estar como un idiota pegado a la pantalla leyendo artículos o mirando tonterías, que sinceramente no le habían ayudado en nada.

Justo como una horrible maldición la puerta se escuchó. Esme alzó la mirada.

—Ve abrir bebe.

Edward dejó su notebook en su cama y bajó rápidamente hacia la puerta de su casa.

—Ho…, !¿Qué mierda te hiciste en el cabello?!

Bella frunció el ceño completamente asqueada. Ver a Edward así no la excitaba para nada.

"¿Qué mierda? Maldito cabello" Pensó Edward, pero rápidamente se fijó en su mejor amiga.

—¿Desde cuándo te pareces a Renée?

Bella alzó su mirada y apuntó hacia un coche descapotable de color rojo que estaba estacionado en el garaje de Edward.

—Desde hoy. Bueno…, ¿Me invitarás a pasar?

Edward se hizo a un lado y Bella caminó hasta sentarse en los cómodos sillones.

—¡Que feo te ves Edward!, pero bueno hoy tenemos planes. — dijo Bella acomodando su larga falda de colores. Edward la miró curioso y suspiró profundamente.

—Sé que parezco un idiota, Esme me llevó a la peluquería hace unos días y déjame decirte que el tipo me acariciaba mucho el cabello y me guiñaba el ojo.

—¿Qué? ¿Querías que te acariciara otra cosa?

—Para eso tengo mi mano — Bella rió—. Pero me incomode, creo que jamás volveré a cortarme el cabello con él.

—Yo podría ser tu peluquera.

—¿Enserio? — Edward entrecerró sus ojos vedes sintiéndose algo inseguro.

—Claro. En realidad no te ves feo, pero si extraño…, aunque podría acostumbrarme.

Ambos sonrieron.

—¿De qué planes hablas? — Le pregunto él.

—¿Te parece si aprovechamos el día soleado en la playa?

Edward lo pensó por unos segundos, si bien no hacía calor, tampoco hacia frio.

—Está bien, deja ir a cambiarme ropa.

Bella se levantó de su asiento y caminó rápidamente hacia él, deteniéndolo.

Nop, vamos nos están esperando.

Esme hizo acto de presencia justo en ese momento. Venía con su rostro pálido, casi transparente; respirando agitadamente.

—¡Edward! — gritó totalmente espantada. Edward y Bella la miraron algo asustados.

—Nene…—trató de calmarse, respirando profundamente, una, dos y tres veces antes de hablar—, ¿Me puedes explicar que haces mirando el kamasutra online?

Bella miró a Edward y a Esme tratando de contener la risa.

—Yo… ¿Por qué te metes en mis cosas mama? — bramó furioso caminando desde un lado a otro.

Esme con dificultades para respirar camino hacia el gran sofá del living, agitaba su mano para echarse aire.

—Oh cielo santo, cielo santo — decía entre susurros ahogados.

Edward se quedó en silencio sin saber que decir o hacer. Miró a Bella en busca de ayuda pero como siempre ella era un caso perdido, ya que estaba roja de la risa.

—Hola Esme— saludo luego de un momento. Tiernamente acarició la mano de la mujer.

—Dime Bella, dime que estas cuidando a mi nene y que nadie me lo está pervirtiendo.

Bella miró de soslayo a Edward y mordió su labio inferior.

—Yo lo cuido Esme, sabes que nadie lo va a pervertir, quizás solo esta… ya sabes necesitado.

—¿Necesitado?

Bella suspiró, Esme no era igual que Renée y aquello la enfermaba. Con su madre podría hablar las cosas tal y como eran, en cambio con Esme poco y nada le faltaba para explicar el estúpido asunto de la cigüeña ¿Cómo habían creado a Edward? ¿Por inseminación artificial?

—Quizás necesita alguna mujer, ya sabes necesidades de hombres.

—Bella vámonos— pidió Edward completamente furioso al escuchar como su madre y su amiga hablaban de él como si no se encontrara en la misma habitación.

—¡Oh mi pobre nene! ¡Pero si es hermoso! Dime, Bella…¿No es hermoso? Él podría tener a cualquier mujer que quisiera ¡Cualquiera!

—Quizás no ha encontrado a alguien lo suficientemente buena para él, porque no puede ser cualquier mujer ¿cierto?

—Claro que no, claro que no Bella.

—Bella vámonos. — volvió a repetir Edward completamente cabreado.

—Adiós Esme—besó su mejilla y caminó hacia la salida junto con Edward.

—¡¿Qué fue eso?! ¿Qué pretendes Bella?

Bella soltó una sonora carcajada una vez que estuvo instalada en el nuevo automóvil de Renée.

—Perdóname, pero no era yo la que veía el Kamasutra online, al menos ensaya con alguna almohada.

Dijo sin parar de reír.

—Me dijiste que investigara y deseo hacer una posición.

—Olvídalo no tengo ganas de abrir las piernas.

Edward se desilusiono por unos segundos. Miró a Isabella anudar su pañuelo justo como lo hacía su madre y la curiosidad nuevamente lo golpeo.

—¿Me dirás porque te vistes como tu madre?

Bella suspiró profundamente y echo andar el automóvil, conduciendo hacia la playa Push.

—Bueno, estuve viendo mis ropas antiguas y se me antojo ¿Me veo muy idiota?

Edward negó y sonrió.

—No, en realidad te ves…, linda. Aunque prefiero su pijama de osos y mariposas.

Bella le sacó la lengua.

—Ni siquiera traje toalla o traje de baño— comentó.

—Como diría mi adorada Renée; explora tu cuerpo y conéctalo con la naturaleza.

Edward se echo a reír.

Edward le preguntó a Bella sobre como se había sentido. Ella a pesar de que aun se sentía algo adolorida estaba feliz porque por fin había vuelto a ser ella, sin ojeras, sin sudar.

—¿Por qué te cortaste el cabello Edward?

El joven se avergonzó considerablemente. ¿Qué podría decir?

—Ya te dije que Esme me llevó a la peluquería obligado.

Bella giró su rostro y pudo notar como Edward rascaba su cabello corto con nostalgia "Pobrecito" pensó.

—Lastima, me gustaba tu cabello largo.

—Y a mi tu antigua ropa.

Edward desvió la mirada hacia las piernas níveas de Bella que estaban descubiertas, porque la falda que llevaba puesta al ser tan larga Bella se la subió hasta los muslos.

—Descuida, hoy estoy en plan de disfrutar la vida. Y además puedo cambiarme de ropa, tú no tienes más remedio que esperar a que crezca.

Llegaron hacia la playa y estaba completa y totalmente vacía, salvo por una cabellera rubia y otra de color negro que prácticamente estaban rodando por la arena.

—Lamento que estén tan pasionales Alice y Jasper. Es realmente estresante.

—Es amor ¿o no?

Bella suspiró sacando sus sandalias y caminando por la arena con un enorme bolso de playa.

—Es solo algo carnal Edward. El día de mañana al tener treinta años jamás recordaremos las cosas que nos pasan a esta edad. Además eso del amor verdadero es una completa mierda.

Edward mordió su labio ayudando a Bella con el pesado bolso, pero ella se resistió alejándose un poco de él.

—Depende de quién te enamores Bella y sé que te tragarás tus palabras.

Bella rió.

—Nop. Lo único que me sirve de los hombres es lo que le cuelga de las piernas nada más.

Edward quiso replicar pero justo en ese momento llegaron al lado de Alice y Jasper.

—Hola chicos, los estábamos esperando.

Alice sin pudor acomodo la parte superior de su bikini. Jasper aclaró su garganta.

—Hola— saludaron Edward y Bella.

Bella llevó una toalla de playa pero era bastante grande, la estiró en la arena, cerca de la orilla justo donde estaba las toallas de Jasper y Alice.

—Ve a bañarte si quieres— le propuso a Edward. Bella se sacó la blusa que traía puesta, dejando ver un bikini floreado y pequeño.

Edward relamió sus labios tratando de desviar la mirada hacia el mar, pero diablos sus hormonas estaban descontroladas.

—Bella traje bronceador. Ven recuéstate para aplicarte— dijo Alice alzando su pequeña botella de aceite.

Edward se quitó la polera y los pantalones, corrió de manera elegante hacia la orilla del mar. Solo mojaba sus pies ya que no sabía nadar.

—Pobre Edward— dijo Alice aplicando bronceador en la espalda de Bella.

—¿Por qué lo dices?

—Porque siento que está muy solo. No sé su madre es bien extraña, no tiene novia, jamás le he conocido una conquista.

—Bueno quizás es gay— Bella soltó una risita traviesa.

—¿Tú crees que sea gay Bella? —Alice se detuvo en su tarea aplicar bronceador a la joven castaña.

—Quizás pronto conocerá a alguien, en este pueblo no hay mucha variedad Alice.

Luego de media hora tomando sol. Bella comenzó aplicarse bronceador en su pecho, estomago y piernas. Se echó para atrás, reposando su cabeza en una almohada improvisada de ropa. Sintió como los rallos de sol quemaban su piel.

—Deberías ir a refrescarte al agua.

Bella frunció el ceño al sentir pequeñas gotas que caían en sus piernas.

—¡Edward córrete! Estas mojándome.

Edward mordió su labio al interpretar un doble sentido en la frase.

"Maldita mente pervertida"

—Edward, por favor, al menos acuéstate si vas a estar con una sonrisa de idiota en los labios.

Edward se acostó al lado de Bella y no pudo evitar que su vista la recorriera mientras el sol los calentaba hasta el punto de sofocarlos.

—¿No quieres abrir las piernas?

Bella rió.

—¿Por qué eres tan sutil?

—Tú lo dijiste así hace un rato, debería hacerte la misma pregunta a ti.

—Yo soy mal hablada Edward tu no. Y si quiero abrir las piernas te avisare.

Edward asiente no muy convencido ¿El podría comenzar algo justo ahora? A decir verdad le daba vergüenza y mucho, mucho nerviosismo, Bella no dudaría un segundo en rechazarlo. Y además estaban Alice y Jasper que a pesar de estar metidos en el agua igualmente podrían verlos.

—Tengo hambre— Bella se apoyó sobre sus codos, levantando un poco su torso—. ¿Quieres ir a bañarte?

Edward sonrió y juntos se encaminaron hacia el agua, mientras Jasper y Alice salían del agua cogidos de la mano, completamente sonrientes.

Cuando llegaron a la orilla Bella agradeció infinitamente que las olas apenas golpearan la orilla. La joven avanzó sin esperar tiempo.

—Ven nene— le llamó alzando los brazos. Edward estaba metido hasta que el agua golpeaba sus rodillas.

—Bella…, no.

—Ven, vamos recuerda que le hice una promesa a tu mami, nada ocurrirá bebe mientras yo esté aquí.

Edward puso los ojos en blanco y a regañadientes comenzó acercarse con pasos vacilantes. Odiaba no saber nadar.

Bella avanzó un poco hasta que el agua cubrió parte de sus pechos dándole la espalda a su mejor amigo. Edward avanzó y de para jugar un rato alzó su mano para tomar el nudo del bikini de Bella y tiró de el.

—¡AH! — Bella cubrió sus pechos y frunció el ceño.

—Edward por dios, pareces un bebe de trece años.

Bella anudó nuevamente su bikini, dándole doble y triple nudo para que Edward no hiciera más niñerías.

—Bien, ¿Qué quieres? — Bella se voltea y encara a Edward. La joven mordió su labio al ver como Edward la admiraba. Las mejillas de Edward estaban sonrojadas a causa del sol, su cabello se veía aun más broncíneo que de costumbre, sus ojos verdes se veían de un exquisito verde agua, y sus labios…, sus labios estaban rojos y mojados con una fina capa de saliva.

—¿Puedo hacerte mugir como una vaca?

Bella despabiló y caminó hacia él y con su mano derecha tomó del cuello de Edward y tiró de el bruscamente hacia ella para juntar sus labios de manera furiosa, violenta y desesperadamente.

Edward llevó sus manos hacia el trasero de Bella, y esta aprovechó la oportunidad de enrollar sus piernas en la cadera de Edward sintiéndolo completamente.

—Oh…, maldición.

Gimió Edward al empujar su miembro hacia la cálida y a estas alturas húmeda intimidad de Bella.

Edward comenzó a explorar por debajo del bikini de Bella, llevando sus manos hacia la intimidad de Bella, acariciándola de arriba hacia abajo.

—Detente. Están Alice y Jasper.

—Olvídalo.

—No, tengo una mejor idea, vamos al automóvil.

Edward la suelta y se miraron con una sonrisa cómplice. Bella sintió como Alice gritaba y apuntaba hacía tras de ellos, ambos se giraron y fueron testigo como una gran ola estaba ya casi a su lado. Bella por instinto de supervivencia se sumergió olvidando por completo que su mejor amigo no sabía nadar.

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Hola mis hermosas lectoras, espero que estén bien.

¿Qué les pareció el capítulo? Espero que les haya gustado. No me gusta escribir Lemmon todos los capítulos, y dado que la trama de Lecciones es algo caliente…, he tratado de buscar opciones.

¿Quién quiere salvar al nene? Pobre Bella no la odien, he estado en aquella situación donde una ola viene hacia ti y solo te sumerges para que no te golpee en la cabeza, ¡Fue horrible! Creo que desde aquella vez no suelo meterme tan adentro del mar.

Espero que les haya gustado el capítulo, el miércoles comienzo a escribir el próximo para actualizar lo antes posible.

Gracias como siempre a quienes me leen y comentan cada capítulo. A las que me agregan a Favoritos/ Alerta.

Sus comentarios son mi única paga.

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Atte; AniCullen,

Completa e irrevocablemente enamorada del Nene Edward.