Capitulo 10

Un regalo para Harry... ¡Un regalo para Harry! Es lo que a Hermione no le deja de pasar por la cabeza. Le queda poco tiempo, ¡demasiado!

Ahora mismo se encuentra en el Ministerio, clasificando varios papeles pero bastante distraída. ¿Qué le podría regalar? Tiene el dinero necesario para hacerle un lindo regalo pero no tiene ideas. ¿Ropa? Lo descarta, Harry tiene un armario lleno de trajes y de buen gusto, así que no es necesario. ¿Un perfume? No, el que usa ya es delicioso, no le gustaría que lo cambie. ¿Alguna colección de Quidditch? Hermione siente que le va a explotar la cabeza de tanto pensar. Navidad es esta noche, ¡Y todavía no tiene nada!

Harry asoma su cabeza por la puerta y le da una sonrisa.

-Espero mi regalo con ansias.

Eso no hace otra cosa que hacerla sentir más culpable. Por suerte, Kingsley le había dado permiso para salir después del almuerzo. Tiene que conseguir un regalo y cocinar. Lo segundo se solucionaría fácil, pero lo primero... ¡Agh!

-¿Ya te vas? -le pregunta Harry al observarla dejar los papeles sobre su escritorio. Hermione asiente.

-¿Te espero en tu casa entonces? Intentaré tener la cena lista para cuando salgas del trabajo -dice nerviosa.

-¿En mi casa? Creo que esta vez será en la tuya.

La castaña abre los ojos como platos. ¡Por Merlín no se esperaba aquello!

-¿Q-Qué? ¿Por qué en mi casa? Harry la tuya es mucho más grande y...

-Quiero conocerla. Nunca he estado ahí antes -responde encogiéndose de hombros.

-Pero...

-Tocaré la puerta a las ocho. Y espero que tengas mi regalo.

La bruja sale del Ministerio maldiciendo en voz baja. ¡Su departamento está hecho un desastre! ¡Si lo hubiera sabido antes...! Ahora tendrá que reducir los tiempos si quiere estar lista para las ocho. Y eso no es todo, parece que Harry está bastante entusiasmado con recibir un regalo que le fascine. ¿En qué lío se había metido?

-Maldita sea, maldita sea... -murmura caminando con rapidez por el centro comercial muggle. Hay tanta gente que se siente sofocada y más nerviosa que antes. ¿Cómo iba a conseguir un regalo así? Mira las vidrieras de las tiendas, recibiendo unos cuantos empujones pero no encuentra nada. Todo es demasiado... ordinario.

Recorre durante una hora y media el centro comercial de pies a cabeza. Termina sentándose en uno de los bancos y suspirando. Hace mucho que no le dolían tanto los zapatos, siente los pies palpitando. Se saca el calzado para aliviar el dolor y cuando levanta la mirada se encuentra con una tienda que no había visto antes.

Sus mejillas se encienden al imaginarse vestida con esas cosas. Se haya frente a una gran tienda de lencería. ¿Algo así se consideraría un regalo? Hermione se pasa una mano por el cabello, nerviosa. Pero si fuera así... ¿Se animaría a usarlo?

No sabe cuánto tiempo se quedó mirando la tienda antes de tomar el valor, pero termina entrando. Las empleadas enseguida se acercan con una sonrisa.

-Señorita, ¿podemos ayudarla?

-¡N-No! Solo estoy viendo. Gracias -contesta rápidamente y comienza a revisar los estantes con esos disfraces tan... reveladores. No puede creer que esté en un lugar así. ¿Y si alguien conocido la ve allí? ¡No quiere ni imaginarlo!

Mientras continúa revolviendo todo sigue con sus dudas. Porque... ¿A Harry le gustan estas cosas? No está segura. Sabe que es un obsesionado con el sexo, con la sala de juegos y el poder, pero esto... es algo diferente.

Nunca le había gustado disfrazarse, ni siquiera para Halloween por eso algo así, tan atrevido le parece una locura.

¿Pero sino que le regalaría a Harry? El tiempo se le acaba y esta parece ser la única opción. Hermione busca y busca, viendo los trajes demasiado extravagantes o muggles. No puede verse disfrazada de enfermera o de policía. ¡Por Merlín no!

-Señorita disculpe -dice una de las encargadas -. Pero en cinco minutos vamos a cerrar por horario Navideño.

-Bien. ¡Me probaré algo rápido y me voy! -exclama claramente nerviosa y toma una prenda al azar sin siquiera mirarla para luego entrar a los vestidores.

Allí se mira en el espejo y suelta un suspiro.

-En donde me he metido por dios -susurra.

Mira la prenda que escogió: Un santa sexy.

Cierra los ojos y se muerde los labios. Tanta mala suerte no podía tener...

Se saca la ropa y se coloca esa cosa que consiste en: un short demasiado corto, un sostén rojo con un borde blanco y un gorrito navideño con un pompón en la punta. Al momento de mirarse al espejo se ruboriza imaginándose lo que diría Harry al verla así.

Se saca todo y se vuelve a poner la ropa. Sale rápidamente del vestidor y lo compra intentando no pensar mucho en eso. Cuando llega al departamento, guarda la bolsa en su armario y pone el pavo en el horno. Mientras se cocina, se dedica a hechizar la escoba y los elementos de limpieza para que la ayuden con la casa.

Se da cuenta de que tendría que haber sido más dura y pedirle a Harry que pasen la noche en su casa. Ahora siente que no llegará a tiempo. La casa es un completo desorden y hay pelos de Crookshanks por todas partes.

-¡Por qué diablos hechas tanto pelo! -regaña al gato que está recostado cómodamente en el sofá, pero solo obtiene un maullido como respuesta.

Saca el pavo del horno, le coloca los aderezos y termina de preparar las ensaladas. Recuerda de repente que su arbolito de Navidad es una verdadera miseria, así que se acerca y le lanza unos cuantos hechizos para agrandarlo y mejorar los adornos.

Suelta un suspiro, exhausta. Está sudorosa, tiene el cabello despeinado y se siente bastante sucia. Necesita una ducha ya. Pero antes de que pueda dirigirse hacia el baño se escucha la puerta.

«¡¿Ya son las ocho?!» Cuando Hermione confirma que sí se quiere morir.

-Hermione hace frío aquí afuera ábreme -le ordena Harry desde el otro lado, impaciente.

-Pero... pero no me he bañado todavía -se lamenta apoyando la cabeza contra la puerta. Escucha su risa.

-Como si no te hubiera visto sucia ya.

La castaña abre la puerta de a poco y Harry termina entrando. Está lleno de copitos de nieve y Hermione comienza a sentirse culpable por no abrirle inmediatamente.

Sus manos van directo a sus mejillas y ella entrecierra los ojos con el contacto. Esos ojos verdes la miran con esa cosa que aprieta su sexo.

-¿Quieres que te ayude a bañarte? -le pregunta con voz ronca haciéndola estremecer -Aunque te ves salvaje así... me gusta.

Él es el que se ve guapo con ese abrigo gris y con el cabello mojado por la nieve. Hermione gime cuando deposita un suave beso en su mejilla.

-Estoy sucia... déjame bañarme y luego cenamos, ¿de acuerdo? -le ruega porque Harry ha comenzado a bajar sus besos por su cuello. Lo escucha suspirar.

-Te he extrañado.

Es la primera vez que le dice algo así. A Hermione se le escapa una sonrisa. Harry se aleja y camina hasta el sofá, donde se sienta cómodamente.

-Ve a bañarte y déjame solo y aburrido.

-No estarás solo -dice intentando recuperar el aire que él siempre le roba- Mira quien está a tu lado.

Harry mira hacia su izquierda y sonríe.

-Crookshanks. Cuanto tiempo amigo -le rasca entre las orejas y el gato anaranjado ronronea gustoso. Hermione se ríe y se dirige al baño.

Se ducha, se pone shampoo, se restriega el jabón por la piel mientras piensa en Harry, no puede evitar preguntarse como terminaran esta noche. Solo han pasado tres días desde la última vez que tuvieron sexo y ya lo necesita como si no hubiera tenido relaciones por años. Apenas había podido alejarlo cuando comenzó a besarla en el cuello. ¿Cómo es que podía provocarle algo así?

Se seca con la toalla rápidamente. En su cuarto se pone un simple vestido rosado y cepilla el cabello con prisa.

Cuando vuelve al living se encuentra con Harry junto al estante de fotografías familiares. Es tan irreal verlo allí, en su departamento tan pequeño. Es como si fuera demasiado guapo como para encajar con el ambiente.

Él voltea y le regala una de esas bonitas sonrisas.

-¿Puedo quedarme con esta foto? -le pregunta tomando una y mostrándosela. Es una de ella en su sexto año de Hogwarts antes de tomar el tren -. Te ves demasiado guapa.

Hermione se acerca con una sonrisa.

-Oye, ¿quieres fantasear con mi yo adolescente? -bromea y él se ríe.

-Tal vez.

-En mi cuarto tengo la cámara de fotos de mis padres, podemos sacarnos una foto luego -le ofrece ella y a Harry le parece gustar la idea porque levanta una ceja.

-Está bien. Una de ti desnuda, para ponerla en mi mesita de noche.

Hermione se queda con la boca abierta pero Harry la ignora y se saca el abrigo.

-¿Ya tienes la cena lista? Huele muy bien...

-S-Si, vamos a sentarnos en la mesa.

La bruja lo guía hasta el pequeño comedor y le señala una de las sillas, todavía pensando en eso de la foto. Harry nunca hablaba por hablar. Lo hará y eso la hace poner bastante nerviosa y aún más al recordar el regalo. Esos intensos ojos verdes la siguen mientras mueve la varita y los utensilios y el pavo aparecen sobre la mesa.

Ella también se sienta. Sabe que Harry es consciente de su repentino nerviosismo y eso la vuelve más loca de lo que ya está.

El elegido toma el vino y sirve en ambas copas.

-Esta mesa... ¿dónde la compraste? -le pregunta, sorprendiéndola.

-El mejor amigo de mi padre es carpintero, se la hizo de regalo pero luego me la dio a mí -respondió tomando su copa y dando un sorbo. ¿Por qué le está preguntado algo así?

-Se ve resistente.

Oh por Merlín y todos los malditos magos. Hermione cruza las piernas debajo de la mesa, captando claramente el mensaje del hombre que tiene al frente. Harry se encarga tranquilamente de servirle pavo y ensalada mientras la castaña siente los pezones endurecerse debajo del vestido. Se coloca disimuladamente el cabello hacia delante y lo escucha reír suavemente.

La ha descubierto. Ahora se le ha ido el apetito y se ha iniciado otro tipo de hambre. Anhela los tiempos en que Harry no tenía control en su cuerpo. Ahora solo una palabra o una simple sonrisa son suficientes para desatar ese látigo en su vientre.

Esta noche el elegido ha pisoteado su orgullo en pocos minutos.

-Es increíble, todo ha cambiado pero Crookshanks sigue exactamente igual -comenta rompiendo esa caliente tensión. El gato se encuentra recostado en sus pies. Hermione se ríe.

-Sí, sabes... solo contigo es así, nunca ha tenido cariño por otra persona más que nosotros dos.

Harry sonríe y continúa comiendo.

-Está delicioso Mione. Veo que en la cocina también eres buena -la halaga.

-¿Y tú? ¿Has intentado cocinar alguna vez? -le pregunta, curiosa. Otra sonrisa más de él, que hace acelerar su corazón como si fuera una adolescente.

-Nunca quise contratar a una casera. Me gustaba estar solo en casa, así que aprendí.

-Bueno, entonces la próxima cocinas tú.

Se ríe.

-Hermione, ¿por qué no estás comiendo? Estoy empezando a sospechar que has envenenado la comida...

-¿Qué? ¡Claro que no! -Rápidamente se lleva un bocado a la boca, pero la verdad es que le cuesta bastante masticar sintiendo la mirada de él. Nunca ha logrado comer en su presencia. Harry la pone demasiado nerviosa.

Cuando terminan de comer-aunque Hermione solo ha podido pasar tres bocados-, Hermione deja los platos en el fregadero. Harry aparece de atrás y le coloca con delicadeza una cadenita plateada en el cuello. Un siervo plateado cuelga en el centro.

Roza con su nariz su cabello hasta llegar a su oreja.

-Si también te lo preguntas -murmura mientras una sorprendida Hermione roza el siervo con sus dedos -, nunca le he dado un regalo así a nadie.

La castaña se muerde los labios cuando siente el tibio aliento de Harry contra su cuello.

-Feliz Navidad Hermione... -musita y luego deposita unos suaves y eróticos besos allí, haciéndola aferrarse al fregadero.

Las manos de él se colocan en sus caderas y suben suavemente sobre la fina tela de su vestido, en una caricia que le eriza cada parte del cuerpo.

-Harry...

-¿Qué? -susurra él, sus manos ya se han aventurado por debajo del vestido y le están bajando las braguitas.

-¿Debería... debería darte tu regalo también? -jadea sintiendo una de sus manos acariciando su trasero.

-Te he visto nerviosa durante toda la cena... ¿es por eso bebé?

Y sus caricias siguen, Hermione intenta pensar con claridad mientras su cuerpo reacciona a su toque. Es tan difícil pensar en algo coherente cuando Harry está detrás suyo y de esa forma...

-I-Iré a b-buscarlo a mi habitación -gime y él se aleja para dejarla ir.

Hermione se encierra en su recamara y busca la bolsa con las cosas. ¿Realmente lo va a hacer? Se sienta en la cama y suspira. Tiene que hacerlo. Harry le ha dado su regalo, seguramente le costó tanto como a ella escoger siendo él tan frío en esas cuestiones...

Toca al siervo con dulzura. Imaginarse a Harry eligiendo entre las cadenitas le hace acelerar el corazón. Lo más tierno de todo era que le había asegurado que nunca le había hecho un regalo así a ninguna otra chica. Sonríe tontamente al pensarlo. Nunca creyó que le sacaría esas palabras a Harry.

Saca las cosas de la bolsa y se las pone. Se para frente al espejo de su habitación y se observa. No se ve tan mal... es su talla justa. Decide aplicarse un labial rojo. Y listo. Está preparada, aunque todavía no tiene el valor de abrir la puerta.

-¡No puedo ser tan cobarde! -se regaña así misma caminando por la habitación. Se acerca a la puerta finalmente y la abre, pero solo unos pocos centímetros. Harry está allí, de espaldas, sentado en el sofá esperándola. Dios, está pensando seriamente que ese hombre puede leer sus pensamientos porque justo en ese momento, voltea.

Hermione cierra al instante la puerta pero no pasa mucho tiempo hasta que Harry llega a ella.

-¿Qué estás escondiéndome? -le pregunta él forcejeando con la puerta al igual que ella. No hay respuesta de parte de la bruja -. ¡Hermione! ¡Dime!

La puerta se mueve de un lado hacia otro, ambos haciendo fuerza de cada lado. Hermione se muerde los labios, sabe que no aguantará más, que Harry es mucho más fuerte que ella. ¡La verá así!

Y finalmente sucede. La puerta termina abriéndose, dejándola totalmente expuesta. Harry la mira sorprendido, sus ojos verdes la recorren de pies a cabeza como si no lo pudiera creer. Traga saliva, la vuelve a mirar una y otra vez con ese ardor reflejado en sus ojos mientras Hermione se queda inmóvil, rojita, mirando hacia otro lado.

La bruja abre la boca con esfuerzo y dice cómo puede:

-F-Feliz N-Navidad Harry.

Eso parece ser suficiente para Harry, que sin esperar más, la toma de la cintura y la sube a horcajadas a él para tomar su boca con una desesperada pasión. Hermione gime y se deja besar por esa bestia hambrienta.

«Le ha gustado, le ha gustado...» piensa emocionada mientras sus manos comienzan a recorrerla entre gruñidos.

Caen en la cama, Harry se separa de su boca y la observa, roza las copas del sostén y baja hasta tocar ese diminuto short. Sus ojos vuelven a ella, la mira de la misma forma que en la sala de juegos, fuera de control, con esa mirada oscura y penetrante.

-¿Cómo se supone... que te sacaré esto si te queda tan lindo? -gruñe queriendo una respuesta.

-Y-Yo no lo... no lo sé.

Su mano pasa por debajo del short y con su dedo mayor toca, toca, provocando esos dulces gemidos de parte de ella. Hermione se arquea, gustosa por aquello siendo observada por él. Harry se detiene para sacarse el saco, ella coloca sus manos en los botones de su camisa y los comienza a desabrochar con prisa, dejando ver en pocos segundos su formado pecho. Aprovecha y pasa sus manos por allí, sintiendo esos duros abdominales, deleitándose con esa vista.

-¿No... no vas a continuar? -jadea ella casi sin aire, se muere por ser tocada otra vez y la idea de que sea en su propia cama donde duerme todas las noches la excita bastante, quiere que la tome allí, que marque la cama como suya, que cada vez que camine por la habitación y vea ese colchón se le venga a la mente este día.

-Te ves tan... deliciosa, no sé por dónde empezar Hermione... -suelta mientras ella se encarga de desabrocharle el cinturón. Sus pantalones caen, dejándolo solo en bóxer -. ¿Qué voy a hacer contigo muñeca?

Le saca el short rápidamente, dejando su sexo a la vista. Harry pasa su mano por allí, en una caricia. La castaña lo mira pegada al colchón, con la respiración agitada y los cabellos desordenados. No sabe que responder a aquella pregunta... Quiere que le haga tantas cosas...

Harry saca su miembro y la obliga a abrir más las piernas.

-Creo que optaré por lo tradicional -jadea y se sumerge por completo en ella, arrancando un grito de sus labios. Comienza a moverse a ese ritmo duro y frenético. La cama comienza a crujir con cada embestida y Harry se sostiene, se aferra a los postes de esta, dándole una imagen demasiado sexy a la castaña que tiene debajo. Sus fuertes brazos se tensan con cada movimiento, y sus ojos en ningún momento se apartan de ella. La ha dejado con el sostén y el gorro navideño puesto, parece deleitarse con aquello, ¿Tanto le ha gustado que se vistiera así? Hermione se muerde los labios, si lo hubiera sabido antes por Merlín... Siente la necesidad de cerrar los ojos, pero lo soporta, no quiere perderse ni un momento de la expresión de Harry. Ha sido demasiado atrevido morderse los labios, ahora realmente su amigo parece fuera de sí.

-Voltéate -le ordena con un gruñido y él la tiene que ayudar porque Hermione se siente más perdida que nunca. Cuando su estómago está pegado al colchón, otra vez se hunde en ella, en su cavidad pequeña y mojada. La bruja se aferra a la sabana entre gemidos, anonadada por esa sensación, puede sentir la ruda fricción de sus sexos, le recuerda a aquella noche en el granero de los Weasley, solo que esta vez, sabe que Harry quiere hacerla llegar.

Sus manos masculinas viajan por debajo de su sostén rojo y aprisionan a sus pechos sin detener ese compas desesperado. Lo escucha jadear contra su oído, y Hermione comienza a sentir esa montaña rusa en su vientre, cada vez más y más... hasta que llega al límite y cae en picada, haciéndola chillar y levantar el trasero hacia él, para sentirlo más en ese momento clave.

-Por dios Hermione -gruñe Harry tomándola de las caderas y moviéndose sin parar, buscando esa tan deseada liberación. Y cuando lo logra, cae junto a ella en la cama. Hermione espera lo mismo que siempre, que se levante y se largue, pero esta vez, sucede todo lo contrario. Harry la atrae hacia él en un abrazo y le da un dulce beso en la frente, haciendo que su corazón lata peligrosamente fuerte.

Los ojos verdes de él, se encuentran con los café de ella.

-Si me hubieras dicho que Navidad sería así, hubiera aceptado mucho más rápido -bromea, haciéndola reír.

-Yo tampoco creí que sería así...

Hermione después de un momento, se atreve y lo abraza también. Tener apoyada su mejilla en el pecho de Harry y sentir sus labios dándole besitos en el cabello la hacen sentir más tranquila y feliz que nunca.

«¿Me quiere? ¿Me ama de verdad?» Piensa emocionada, pero no se atreve a preguntar, no quiere asustar a Harry y perder la magia del momento. Por ahora se conforma con eso, estando abrazada y calentita con él.

-¿Crees que ya sean las doce? -suspira ella permitiéndose cerrar los ojos por un ratito.

-No lo sé. ¿Tienes champagne para brindar? -le pregunta jugando con su cabello tiernamente. Hermione sonríe.

-Sí. Lo tengo en el refrigerador, ¿quieres que lo vaya a buscar o tienes la varita cerca?

Harry toma su saco del suelo y toma la varita, solo basta con un hechizo convocador para que aparezcan las copas y la botella en la cama.

-Adoro la magia -suspira él mientras sirve en las dos copas. Hermione sonríe y toma la suya.

-Hoy me di cuenta de que existen muchos tipos de magia -suelta ella y Harry se queda con la boca abierta. Choca su copa contra la de ella mirándola traviesamente.

-Entonces brindemos por esa magia -dice y da un sorbo. La castaña lo imita.

Nadie podría dudar que Harry Potter puede complacer a una mujer totalmente durante el sexo, Hermione más que nadie lo sabe, pero esta vez se refería a otro tipo de magia. Eso mismo que sintió cuando lo vio parado allí en la puerta, o cuando compartió la cena navideña con él o cuando la atrajo en un abrazo en la cama. Decide guardárselo esta vez y dejar que lo interprete como desee.

Hermione toma la frazada y los tapa a ambos a causa del repentino frío.

-Creo que ha comenzado a nevar otra vez -dice en voz baja y se toma toda la copa para volver a acurrucarse en el pecho de Harry. Él sonríe y acaricia su espalda suavemente.

Hermione lo mira en silencio, se ve tan bien... tan relajado. Además hoy ha sido tan cariñoso con ella... No puede evitar preguntarse sobre los tratamientos. Tiene tanta curiosidad por ello... ¿Le molestaría a Harry que hablara sobre ello?

-Habla -suelta él como si le hubiera leído los pensamientos. Hermione se queda con la boca abierta, todavía le sorprende esa habilidad que tiene para leerla -. Vamos, sé que tienes algo para decir. Te conozco Mione.

La bruja suspira, derrotada. Comienza a trazar círculos con sus dedos sobre el pecho de él.

-¿Cómo te ha ido hoy en los tratamientos? En estos días no me has... no me has contado nada -confiesa preocupada.

Harry se sirve más champagne y la mira.

-¿Qué es lo que quieres saber?

-¿Sientes... dolor?

El elegido bebe un sorbo del champagne, el instante se hace eterno para Hermione que se muere por saber la respuesta. Estos días no ha hecho otra cosa que pensar en eso, después de todo es ella la que lo había convencido de hacérselos.

-A veces -responde mirando la copa -. Pero nunca ha sido la culpa de los que me atienden, esa cosa dentro de mí se resiste. Es algo complicado de explicar...

-Oh. ¿Y crees que están haciendo algún avance? -le pregunta con tristeza, para ella ha habido cambios, pero quiere saber cómo se siente él.

-No lo sé. Creo que es demasiado pronto como para sentir una mejora, ¿no lo crees?

-Sí. Por dios, lo siento. No debería haberte preguntado esto ahora y...

-Es normal tener curiosidad -la interrumpe -. No te preocupes por eso...

¿Siente mucho dolor? Hermione se siente triste de tan solo pensarlo, imaginarlo allí, en una camilla siendo atendido por médicos que no tienen idea de cómo sacarle esa cosa de adentro. Se siente de alguna forma culpable, le ruega a dios que encuentren la cura para él, que sirva de alguna forma esas horas de sufrimiento.

-¿Debería irme, verdad? Ya debe ser bastante tarde... -dice Harry sacándola de sus pensamientos.

-Quédate esta noche -se atreve a pedirle y él la mira sorprendido.

-No lo sé Mione... -dice dudoso -. Yo no suelo...

-¿Por favor? -Hermione le hace puchero y ojitos, aferrándose a él. Sabe perfectamente que Harry no duerme con sus chicas después de tener sexo, pero aun así quiere intentarlo. Su relación desde el principio había sido diferente que con las demás, hasta él lo había admitido. Así que no sería tan extraño.

Además, la idea de acurrucarse y dormir con él se ve tan linda...

Harry sonríe ante la insistencia de la bruja y Hermione sabe al instante que lo ha convencido.

-Tengo muchas pesadillas a la noche, ¿Y si te despierto?

Ella se ríe.

-Dime Harry, estuvimos meses en esa tienda, ¿Crees que todavía no me he acostumbrado a tus pesadillas?

-Bien. Tú ganas -suelta y Hermione lo abraza aún más fuerte -. Pero si por la noche me despierto con ganas de tocarte no podrás quejarte.

-¡¿Qué?!

Harry mueve la varita y la luz de la habitación se apaga. Se pone de costado, de espaldas a Hermione. Ella hace lo mismo bufando. Tres segundos después, el elegido se da vuelta y la abraza desde atrás, sorprendiéndola.

-Buenas noches Mione -le susurra divertido y le da un beso en la mejilla, provocando ese latido y esa sonrisa boba otra vez.

-Buenas noches Harry.

El mago se queda así, abrazándola. Tener a esos brazos fuertes abrazándola, ese delicioso aroma y su respiración rozando su nuca, hace que a Hermione le cueste bastante dormirse.

Se siente demasiado feliz. Demasiado.

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La luz que entra por la ventana la despierta. Hermione abre los ojos entre murmullos, tarda unos segundos en recordar todo lo que sucedió anoche. Los brazos de Harry, continúan rodeándola. Siente su cabello haciéndole cosquillas en la nuca, algo que la hace reír bajito. Parece que todavía continúa dormido, puede escuchar su suave respiración.

Sus ojos encuentran la cámara sobre su mesita de noche. Hermione estira el brazo lentamente, intentando no despertarlo y la alcanza. Sospecha que se verá horrible con el cabello despeinado y la cara adormilada pero la idea de captar ese momento la maravilla. Así que toca en el lugar correcto, esbozando una sonrisa y se escucha el ruido clásico de la foto.

Le gustaría quedarse más tiempo en la cama, pero tiene el cursi deseo de esperarlo con el desayuno listo. Con el propósito de no despertarlo, tarda bastante en salir de la cama y una vez que logra escaparse, se dirige a la cocina y se dedica a preparar café y unos pancitos que solía hacerle su madre por las mañanas.

Cuando ya tiene todo listo, Crookshanks se refriega contra sus piernas cariñosamente, haciéndola reír.

-Parece que tiene hambre -dice la voz de Harry. Hermione voltea sorprendida. Ver a Harry en bóxer en plena mañana y con el cabello desordenado es una imagen bastante impactante. En especial cuando le regala esa sonrisa de lado, podría fácilmente ser uno de esos modelos de Calvin Klein.

-¿Dónde tienes su alimento? -le pregunta y ella le señala un estante. Harry se acerca, toma la bolsa y le sirve a Crookshanks en su tazón -Listo. Creo que ahora estará bastante entretenido con eso y me dejará a la dueña para mí.

-¿Ah sí?

Harry descubre la cámara sobre la mesada y la toma. Le saca una foto así, en ropa interior antes de que pueda decir nada.

-¿Debo ir a revelar el rollo en una tienda muggle, verdad? -le pregunta mirando la cámara con curiosidad. Hermione se acerca rápidamente, decidida a quitarle la cámara, ¡No puede tener una foto tan horrible de ella! Pero le es una tarea imposible, porque Harry la atrapa entre sus brazos, subiéndola a horcajadas a él.

-Te tengo -dice con una sonrisa sexy. Sus manos van directo a su trasero, de una manera sucia. La aprieta con su ya dura erección -. Son las siete de la mañana y ya te deseo Hermione Granger. ¿Cómo es posible eso?

Ella también lo desea. Desde que se despertó y vio la forma en que la abrazaba con su cuerpo completamente pegado a ella. Sin pensarlo más, acerca su boquita a la de él y lo besa, Harry gruñe, gustoso y le devuelve el beso con más pasión.

Le desabrocha el sostén, dejando sus pechos al aire y le baja las bragas rápidamente hasta que estas caen al suelo. Se deshace de sus bóxer y se acerca a la pared más cercana, donde no espera mucho y la penetra. Hermione se aferra a su cabello, con la espalda y la cabeza pegada a la pared, mientras el elegido se mueve sin parar.

Los gemidos no tardan en salir, inundando la habitación.

-Harry... voy a correrme... -jadea y se muerde los labios, debería hacer que aquello dure más, pero él se está moviendo de una manera tan feroz...

-Bien, pero lo harás en esa mesa -gruñe llevándola hacia allí y recostándola en la mesa de madera. Oh Hermione lo sabía... había sido cuestión de tiempo para que Harry la cogiera allí.

El mago sale de su interior, haciéndola soltar un quejido

-Shh. Déjame disfrutarte un poco antes.

Su boca va directo a unos de sus pezones, y con su mano libre comienza a pellizcar el otro. Hermione prefiere que le dé un par de latigazos antes que eso, es una tortura deliciosa y lenta que la vuelve loca e impaciente. Puede ver en los ojos de Harry que lo está disfrutando bastante.

-Este es mi desayuno Hermione -susurra sobre su pezón haciéndola dar un saltito. Su mano viaja desde su pecho hasta su feminidad, donde acaricia su clítoris -. Estás tan mojada bebe, ¿debería probar tu sabor?

Hermione gime, mareada por ese toque, por esa voz que la hace estremecer y abre lo más que puede las piernas, deseándolo sentir más y más sus deditos... los siente jugar en la entrada.

-Harry... por favor -le suplica temblorosa. Necesita correrse, que le de lo que tanto necesita... Quiere su miembro allí dentro, que la coja como anoche. Pero el solo la mira en silencio y de repente, sus dos dedos se introducen en ella, y su lengua a la par, comienza a jugar otra vez con su pezón. Succiona mientras sus dedos comienzan a moverse con lentitud, adentro, a fuera, en una desesperante agonía. Hermione grita, rueda los ojos, abrumada por esa maldita sensación. Sus caderas se alzan deseando sentir más. Quiere conseguirlo... Por Merlín...

Harry baja hasta llegar allí, saca sus dedos y los reemplaza por la lengua. Hermione grita, le suplica mientras el elegido mueve su boca contra su sexo. Sus labios, su lengua, todo se siente tan tibio y delicioso...

-Solo un minuto más Hermione. Sopórtalo -le ordena él, malicioso y vuelve a mover su lengua dentro de sus labios íntimos, en ese punto justo que la vuelve loca.

Aquel minuto se vuelve eterno para la castaña, pero termina acabando. Como prometió, Harry vuelve a penetrarla. Ambos sueltan un gemido cuando vuelven a sentirse. El azabache la besa en la frente y luego comienza con sus embestidas, solo basta con tres para que Hermione caiga en un orgasmo memorable.

Harry sonríe, con esa oscuridad de siempre y continúa hasta liberarse del mismo sufrimiento.

-Cuando venga mi padre a casa... no tendré la consciencia tranquila -dice Hermione riendo con la respiración agitada.

Harry se ríe con ella y la atrae hacia él.

-Bueno, aun así, todavía hay varias partes de tu departamento que quiero estrenar -bromea y le guiña un ojo.


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N/A: Decidí dejarlo ahí, pronto lo seguiré. Quiero agradecer a todos los que siempre comentan, mil gracias chicos me encanta leer sus opiniones y sus predicciones jajaja.

Y para esas 600 personas que cada vez que actualizo han estado leyendo en silencio los capitulos, los invito a comentar tambien! Porque tardo muchas horas en crear un capitulo y realmente motivaría que también dejaran sus reviews.

Nos leemos pronto!

Afrodita