Nota: como sabemos, todos los personajes vienen del imaginario de doña SM. La historia es mía.

Todos los nombres de los capítulos de Por Carretera son títulos de películas modificados según la necesidad. El crédito no es mío (lástima que no lo pensé primero).

Summary: –Entiendo que pueda no interesarte –dijo Edward de repente– pero yo me dirijo a Forks. Cerca de Seattle. Viajo por carretera –lo escuchaba mas no entendía sus palabras. Él sólo sonrió torcido y agregó–: puedes venir conmigo si quieres. ByE en un Road Fic.


Se que dije lunes en la mañana pero... jueves en la noche no es tanto más, ¿no? ^^

¡Doceavo capítulo arriba!

¡Enjoy girls!

(:


12. La sombra de una duda*

.

Desperté aquella mañana y de inmediato reconocí la habitación de la posada donde alojábamos. Miré hacia la ventana: la luz entraba suave a través de las desgastadas y viejas cortinas; aún era temprano. Giré mi cabeza y lo vi: a Edward, quien seguía acostado a mi lado a diferencia de los dos días anteriores. Y aún dormía. Me volteé con cuidado hacia su lado, muy despacio para no despertarlo, y lo observé en silencio. No se qué me llevó a hacerlo pero era apacible mirarlo. Su pecho subía y bajaba despacio, una y otra vez, de una forma hipnotizante. Cautivadora…

Recordaba la conversación que habíamos tenido la noche anterior. Sus palabras habían sido tan… intensas, y él mismo se había comportado tan cálido. Realmente no había querido que acabara. Bueno, esto tampoco. Era como si no me importara pasarme las dos horas siguientes viéndolo dormir.

–Sabes que puedo sentir tu mirada sobre mí, ¿no? –dijo de repente la suave voz de Edward. Tenía los ojos cerrados y sus labios se curvaban en una incipiente sonrisa.

Abrí los míos como platos y me sonrojé de inmediato al darme cuenta de lo que estaba haciendo y de cómo Edward me había visto hacerlo. Tiré del cobertor intentando cubrirme el rostro y con este movimiento, de paso, apaciguar mi bochorno. No sabía que Edward estaba despierto. ¡No parecía que Edward estaba despierto! Vergüenza, vergüenza, sentía toda la vergüenza sobre mí.

Su risa, al igual que su voz, también se escuchó suave. Poco a poco fui bajando las mantas y me encontré con su rostro atravesado por una tierna sonrisa torcida y con sus verdes ojos viéndome.

–Buenos días –dijo de forma tierna, girándose hacia mí, desperezándose de paso con el gesto.

–Buenos días –respondí aún avergonzada.

–¿Cómo dormiste? ¿Muy incómoda?

–Para nada –dije sonriendo como boba–. No tienes mal dormir.

–No tuve que despertarte hoy –comentó Edward acomodándose más.

–No, no tuviste que hacerlo –respondí como idiota embobada por el momento. La manera en que Edward me miraba; sonreía con sus ojos… Ninguno dijo nada por un instante en donde, otra vez, sólo pudieron oírse nuestras respiraciones. Una idea fugaz atravesó mi cabeza: no me hubiese importado en absoluto que nos quedáramos así mismo algunos minutos. Varios minutos.

Unos cuantos…

¿Qué estaba pensando? Me senté de golpe en la cama cuando la realidad me alcanzó. No era lo que estuviese pensando (por lo menos Edward no tenía acceso a eso), era lo que estaba haciendo. Me era necesario escapar del campo magnético que suponía la mirada de Edward o si no quién sabe que terribles cosas podrían ocurrir.

–Yo- creo… será mejor que me levante –dije algo acelerada saliendo de la cama. La rodeé y avancé en dirección al baño–. Iré- iré a bañarme –avisé. Mi caminar era algo torpe. ¿Cómo no? Si Edward no hacía más que seguirme en cada movimiento con sus intensos ojos verdes. Alcancé la puerta (que sentí diez metros más lejos de donde realmente estaba), la abrí, entré y cerré de golpe. Me apoyé de espaldas a ésta y solté un fuerte suspiro sintiéndome al fin libre y segura de Edward.

¿Qué había ocurrido hacía dos minutos? ¿Qué me había ocurrido? Intentaba dilucidar eso cuando…

¡Demonios! No había sacado mi toalla del bolso. Solté un mudo insulto al cielo.

Volví a suspirar, ahora armándome de valor. Abrí la puerta despacio y entré, otra vez, a la habitación que recién había abandonado. Me acerqué a mi bolso con cautela.

–La toalla –le dije a Edward avergonzada (empequeñeciéndome a más no poder) mostrándole el escurridizo objeto. Él soltó una risita al verme. Volví rápidamente al baño y cerré la puerta, ahora sin ningún inconveniente de por medio.

Me duché, volví a vestir mi pijama y salí. Edward estaba sacando su propia toalla cuando entré a la habitación. Me sonrió y se dirigió al cuarto de baño; era su turno de ducharse.

Estaba vistiéndome cuando de repente el celular de Edward, que descansaba sobre la mesa de noche, comenzó a sonar: era la melodía de Pulp Fiction(1). Me sentí tentada de mirar quien llamaba pero me contuve de inmediato; no era asunto mío. Además, yo no era de esas personas.

Pero volvió a sonar. Y otra vez y, junto a éste último toque, un grito desde el interior del baño resonó:

¡Bella! –dijo la voz de Edward disminuida por el ruido que generaba el golpeteo del agua sobre la cerámica– ¡Bella! Puedes ver quién está llamándome –pidió desde el otro lado.

Edward estaba autorizándome a mirar su celular así que… bien, si así lo quería, no tenía inconvenientes en hacerlo. Fui hasta el velador, lo tomé y revisé: "Rose llamando", decía. Sentí un repentino vacío en mi estómago. Me acerqué a la puerta y grité pegada a ésta:

–¡Rose llama! –tuve que maquillar el tono de irritación en mi voz.

¡Demonios! –escuché a Edward maldecir aún cuando, supongo, quería que no lo oyera. El grifo se cerró de inmediato y el ruido de la toalla siendo tirada de su gancho se oyó–. Puedes acercármelo, por favor –volvió a pedir Edward: su voz sonaba algo urgente.

¿¡Qué!? ¿Había oído bien lo que Edward me pedía? ¿Quería que entrara al baño donde estaba él cubierto sólo (¡sólo!) por una toalla? Sí. Tenía que entrar al baño donde estaba Edward cubierto sólo por una toalla.

–Eh… –dudé–. Bien –por supuesto, aún sin Edward viéndome, ya me encontraba abochornada: cien por ciento sonrojada. Respiré profundo, tragué pesado, giré la perilla y entré anunciando mi presencia con un asustadizo "permiso" (todo con la mayor lentitud posible esperando que en esos escasos segundos a mi favor, mi vergüenza lograse disminuir algo. Sólo algo).

El baño estaba cubierto por algo de vapor y los vidrios de la pequeña ventana y espejo estaban empañados. Aquello era algo obvio según las lecciones de ciencias naturales que te dictaban en el colegio pero igualmente pude corroborarlo pues no me atrevía a mirar nada más en el lugar. A alguien en específico.

–Ten –dije extendiendo el celular y, ¡oh-Dios-mío!, tuve que hacerlo.

La imagen que vi fue algo… ¡Wow! Me quedé sin palabras de un momento a otro. Era algo… tan… ¡Dios, yo antes era capaz de hilar una simple frase!

La cortina del pequeño receptáculo que era la bañera estaba corrida hacia un lado y Edward aún se encontraba dentro de ésta. Llevaba sólo una toalla blanca (bendita toalla que existes) atada a su cintura, lo que significaba que de la cintura hacia arriba… sí, estaba descubierto; totalmente desnudo. Ni siquiera llevaba aquella camiseta blanca con la que dormía y que por lo menos permitía mantener mi mente en calificación Todo Espectador cuando cada noche y mañana Edward hacía el recorrido de la pieza al baño y viceversa. En este momento llevaba nada. Nada. Sólo atrevidas gotitas de agua corrían por sus (debo decir) perfectos brazos y pecho y abdomen, y que luego de cruzar aquel (respira Bella) triangulito de ensueño a la altura de su cadera se perdían absorbidas por la (repito) bendita toalla bien ubicada atada algo más debajo de su cintura.

Era como mirar una barra de chocolate. Cada uno de sus músculos abdominales estaba visiblemente marcado como los cuadritos del chocolate, sólo que de un chocolate blanco, porque la piel de Edward era totalmente blanca. Tan blanca que daba la sensación que brillaba. Era algo así como (sin exagerar) celestial, más ahora con las gotitas de agua que seguían moviéndose osadas por su cuerpo y que me traían hipnotizada. Ya quería ser yo una de esas gotitas… aquella que corría por su pecho o aquella que se deslizaba por su pierna...

–Gracias –escuché la voz de Edward a lo lejos. Pude ver que me miraba de forma divertida mientras intentaba dar con mí, completamente, ida mirada (que en ese momento estaba del todo perdida en sus piernas). Reaccioné cuando sus ojos me vieron profundo: seguía dentro del baño, ¡y seguía mirando a Edward como una pervertida!

–Lo siento –escuché que Edward reía al interior del baño del que escapé en una fracción de segundo. Luego pude oír que iniciaba su correspondiente conversación con Rose al teléfono. Fue ahí cuando me acerqué a terminar de arreglar mis cosas.

Agradecí que Edward no dijera ni una sola palabra al respecto de mi vergonzosa incursión dentro del baño luego de su ducha. De vez en cuando me veía sonriente pero logré alcanzar un punto más allá del sonrojo inmediato donde podía responderle, también, con una sonrisa (seguro que nunca tan encantadora como la suya) y continuar como si nada.

Desayunamos en el bar de al lado de la residencial (compartimos una paila de huevos y tocino con un intenso café en grano) y emprendimos nuestro último día de viaje, conmigo al volante pues pude responder al nombre de su mejor amigo.

Intentábamos no detenernos por mucho tiempo en cada lugar para así poder avanzar el máximo de distancia durante el día. Aún nos faltaba un poco menos de mil kilómetros para llegar a Forks lo que significaba, en promedio, diez horas de viaje. De modo que pasamos la mayor parte del tiempo dentro del auto lo que dio espacio para más y mejor conversación.

Edward me preguntó de mi relación con mis padres y le conté de su joven matrimonio y casi inmediato divorcio. Me preguntó de porqué primero sólo me pasaba los veranos en Forks y luego me había mudado el último semestre. Entre sus muchas dudas y las mías (me contó más de su abuelo, de los bien que se llevaba con sus padres y me advirtió de sus hermanos, de que me fuera con cuidado si no quería morir joven; me lo decía sobre todo por Alice quien parecía frágil y pequeña pero era todo lo contrario) el viaje siguió avanzando hasta que llegó la hora de almuerzo y decidimos detenernos a comer: puré de patatas con salchichas y Pepsi para beber fue el menú del día.

Después del almuerzo hablé por teléfono con Mike; él volvió a llamar. Las veces que habíamos hablado durante el viaje, desde la vez que le conté en aquel desayuno, había sido él quien lo había hecho. Sólo una vez le envié un mensaje diciéndole que pronto llegaríamos pero más allá de eso mi contacto estaba siendo nulo. La verdad, no soy asidua al uso del celular; simplemente no soy del tipo de gente que necesita reportarse a cada momento.

Con eso, seguimos la travesía de nuestro último día de viaje.

Ahora que lo pensaba…

¡Wow! Era increíble como habían avanzado los días. Ya habían pasado tres y sólo faltaba uno para llegar a Forks. ¿Quién iba a pensar que después de tres días de viajar junto a Edward aún seguiríamos vivos?

Tres días en donde había pasado de todo. Realmente de todo. Había logrado conocer un poquito más de Edward y, lo admito, me gustaba mucho lo que había descubierto. Días en que habíamos compartido desayuno, almuerzo y cena (y hasta unas cuantas cervezas), donde habíamos hecho acuerdos (y tenido otros tantos desacuerdos), habíamos compartido habitación (y hasta la mismísima cama) y hasta habíamos disfrutado de un intenso karaoke. Incluso nos besamos (bueno, me besó). Sonreí sin proponérmelo.

Cerré los ojos dándome cuenta de lo grave de la situación: no podía permitirme sonreír ante ese recuerdo. ¿Por qué tenía que pasarme esto a mí? Solté un pesado suspiro. No quería pensar, en serio no quería pensar. No era bueno que lo hiciera. Ahora mismo era partidaria de que una de las peores acciones que podía hacer el ser humano era, justamente, pensar. No quería darle vueltas al hecho de que recordar ese beso me alegrara, no era un buen augurio de nada. No podía permitirme recordar que en la mañana hubiese sido casi una droga personal el ver dormir a Edward, o pensar en como me había afectado mirarlo luego de su ducha.

¿Qué me estaba pasando? Le di un poco más de volumen a la radio con la idea de lograr que sólo la letra de I Feel Fine en la voz de John Lennon llenara mi cabeza (había tocado día de tributo a The Beatles, de la selección personal de Edward). Lo necesitaba. De forma urgente.

Pero atender a la canción sólo me jugó en contra. Ésta repetía una y otra vez, al final de cada estrofa, aquella maldita frase… she's is in love with me and i feel fine(2).Solté una risita al notar como, aunque quisiera abstenerme de todo, me era imposible.

–¿Por qué te ríes? –preguntó Edward curioso–. ¿Puedo saber?

¿De qué me reía? Si supiera… Lo miré divertida –Mmm… puedo decirte pero tendrías que sacrificar una de tus preguntas –dije volviendo la vista al frente cosa que intrigó aún más a Edward.

–Llevo… siete, ¿no? Contando la primera.

Saqué cuentas mentales y, sí, siete; sin contar la primera que había vetado eran seis. Yo, en cambio, ya llevaba siete preguntas formuladas, ocho con la vetada.

–Si, siete con la vetada –repetí.

–Entonces cuéntame, ¿qué estabas pensando que te causó gracia?

Solté un suspiro. Bien. Estaba pensando muchas cosas en ese momento, no era trampa que no contara todo; digo, para que mencionar, por ejemplo, que estaba recordando su escultural cuerpo cubierto sólo por una pequeña toalla blanca. No, mejor eso me lo reservaba.

–Estaba recordando el beso que me diste –dije admitiendo la otra parte de mis pensamientos.

Edward puso cara de dolor al escucharme.

–¡Wow! Eso dolió –admitió sorprendido (y algo desfigurado).

Me volteé a verlo extrañada –¿Qué…? –¡oh! Ahora entendía, había sonado como si me hubiese estado riendo de su beso–. ¡No! –volví a reír por la confusión, y la mueca de Edward se acrecentó (lo que ciertamente me hizo más gracia aún)–, no quise decir eso. No es que me hubiese estado riendo de tu beso, no… para nada –aclaré más calmada ya de mi ataque de risa.

Edward me miró con suspicacia.

Volví a soltar una risita; era tan mono verlo así, todo amurrado porque pensaba que su beso me causaba risa –En serio –volví a decir respirando profundo.

–Entonces… –me instó Edward a continuar– si no era por el beso, ¿de qué te reías? –aún sonaba desconfiado esperando una respuesta que lo convenciera de que no me estaba burlando de su forma de besar.

–Yo –como decirlo– me acordé del beso y… bueno, me causó gracia el hecho que tú y yo termináramos en esa situación. No me reía del beso en sí, en serio –volví a aclarar para no herir el ego del pobrecito–, sino de cómo pudimos terminar besándonos. Bueno, como terminaste besándome –corregí y pude sacarle una sonrisa a Edward; una pequeñita pero igualmente encantadora–. Es divertido visto desde el punto de que tú y yo antes no nos dirigíamos la palabra. Cero. Nada.

–Tienes razón en eso –admitió Edward más calmado–. Me asustaste. Pensé que mis besos sólo daban… risa –dijo fingiendo temor. Ambos reímos un rato.

Bueno, en eso Edward estaba totalmente errado. Sus besos lo que menos hacían era causar risa. No podían estar más alejados de eso pues el beso que me había dado, a pesar de mi ausente reacción, había sido… único. Me había hecho flotar y… era increíble como ahora, de sólo recordar sus suaves (pero intensas) caricias, podía sentirme en las nubes. Como aquella vez. Otra vez. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal.

–Ahora que lo mencionas… –la voz de Edward me trajo de vuelta a tierra firme–. ¿Puedo preguntar algo con respecto al beso? Si no quieres, podemos pasar de esta conversación –fue diciendo lentamente como si esperase que yo lo frenase en cualquier momento. Al contrario de su pronóstico, asentí–: ¿tú… sentiste algo con el beso que te dí? –preguntó de forma tierna.

–Tú octava pregunta –le recordé con una sonrisa, por si acaso. Extrañamente no me molestaba hablar del beso; es más, admito que me gustaba el poder tener que recordarlo. Ciertamente no me había dado esa libertad y sí que se sentía bien hacerlo. Lo cierto es que no le iba a decir a Edward que su beso había provocado mil y una sensaciones en mí. No podía. Decirlo era admitirlo más allá de lo que me podía permitir. Pero tampoco iba a mentir. Lo bueno de pasar tres días con Edward arriba de un auto intentando sacarle información me habían enseñado algo–. Sentí… –Edward me escuchaba y miraba atento; hasta apostaría que había dejado de pestañear–, bueno, sentí tus labios sobre los míos, sentí que los tocabas y los acariciabas –admití a medias.

Edward soltó un bufido, se acomodó en el asiento y me miró con cara de no poder creerlo.

–Pensé que era yo quien evitaba las preguntas –agregó divertido al no conseguir, supongo, lo que realmente quería escuchar.

–¿Qué? –dije haciéndome la interesante–. ¿Acaso querías que sintiera algo? –contraataqué con una pizca, lo admito, de flirteo en mi voz. No se de dónde había salido aquello, tampoco sabía de dónde había llegado el valor para hacerlo pero lo hice. Simplemente lo hice.

–También es tu octava pregunta si no contamos la que veté –aclaró antes de responder–. Y ya sabes, siempre es agradable saber que tus besos provocan algo –respondió con indiferencia acompañado de un tono muy encantador. Muy encantador.

–Oh comprendo, sólo es una cosa de ego –dije con mi tan acostumbrado sarcasmo.

Edward rió ante mi actitud –Puede ser –admitió bromeando–. O puede que no –agregó luego con tono misterioso.

¿Qué demonios se supone tenía que entender con aquello?

Otra vez. Edward hacía eso una y otra y otra vez. ¡Dios! Le encantaba dejar las cosas a medias. El hombre tenía un manejo increíble de la intriga. ¿Que Hitchcock era el maestro del suspense(3)? ¡Mentira! Edward le daba mil patadas.

–¿Qué? –preguntó al notar mi resoplido reprobador (que por supuesto, quería hacer notar).

–Haces eso más y más –le reproché.

Edward me miró divertido (de seguro le hacía gracia mi cambio de actitud) –¿Qué hago qué? –volvió a preguntar realmente confundido, aunque la sonrisa de la cara no se la quitaba nadie.

–Dejas las cosas a medias –le aclaré arqueando mis cejas–. Dejas las cosas a medias como si fuera divertido pero no –repetí con rotundidad–, no es divertido. Al contrario, provocas dudas en mí y haces un lío en mi cabeza ¡terrible! –me quejé como si en realidad hubiese estado hablando sola.

Edward soltó una fuerte carcajada y se permitió reír un buen rato más. Yo apreté mis labios en gesto de disgusto y seguí conduciendo mientras esperaba que se le pasara el ataque de risa (que además, no era tan chistoso).

–¿Dudas? ¿Líos? –preguntó recuperando la calma y de paso llenándose de interés. Me observó con gracia. Ignoré su mirada; seguía ofendida. No era enojo, aclaro, pero si pretendía demostrarle cual era mi punto–. ¿Qué tipo de líos? –me hice la indiferente y pude escuchar que soltaba una risita– Vamos Bella, quiero saber –insistió haciéndose el lindo.

Lo observé con indiferencia (se que mi actitud, vista desde fuera, era totalmente infantil pero… bueno, soy infantil a veces y qué) y dije:

–Como si fuera a decírtelo –volví la vista al frente, otra vez, y seguí manejando.

Pude ver que Edward hacía un gesto de negar con la cabeza mientra ponía su atención en la vista que le proporcionaba su ventana. Sonreía (lo vi por la comisura de mis ojos). Y como si no le estuviese hablando a nadie en particular, agregó con tono de ironía:

–Si hablamos de dejar las cosas a medias…

No hice caso a su comentario; sólo buscaba provocarme. Bueno, logré mantenerme firme: lo que dijera en ese momento me resbalaba.

–Y si yo… –insistió entretenido. La situación lo divertía a mil, eso estaba claro– ¿si yo utilizara mi novena pregunta? –cerré mis ojos al darme cuenta de la encerrona que me había auto-provocado–. De hecho, utilizaré mi novena pregunta –él también lo había notado.

Bien. No tenía más remedio: si lo negaba, preguntaría; si le restaba importancia, preguntaría; y si me seguía haciendo la indiferente… preguntaría. Suspiré rendida.

–¿Qué quieres saber? –lo enfrenté resignada.

Edward tardó varios segundos hasta que dijo –¿Qué tipo de dudas te provoco? –preguntó–. Porque dijiste que mis palabras te provocaban dudas, que te generaban líos… –acotó pero su voz a esa altura se perdía.

Abrí la boca para responder pero la cerré de inmediato al no saber que decir.

–Me temo que –solté un largo suspiro– tendré que vetar esa pregunta también –debía hacerlo, aún dado lo que utilizar mi segunda prohibición implicara. Sabía que si Edward me preguntaba cualquier otra cosa tendría que saber responder pero, bueno, no tenía más opción, tendría que vivir con eso (a veces soy un poco dramática, también).

Pero en serio, ¿qué iba a decirle? ¿Iba a decirle que tenía dudas con respecto a lo que me había generado su beso? ¿Iba a decirle que había quedado hipnotizada (era el término más educado) con su cuerpo? ¿Iba a decirle que cada día me gustaba más pasar tiempo junto a él? Aunque hubiese querido responder no habría podido. ¡Ni yo sabía que dudas tenía! Ni yo sabía que demonios hacía pensando y dándole tantas vueltas al tema "Edward". Era… era… era una estupidez. Eso era.

Comencé a perder mi paciencia y sentí poco a poco comenzar a hervir mi sangre. Respiraba profundo buscando mi paz interior que ni idea donde se había ido a esconder justo cuando más la necesitaba.

–Lástima –comentó Edward en voz baja–. Eso si me hubiese gustado saberlo –dijo viendo otra vez por la ventana.

Eso es –exploté con las manos aferradas firmes al volante; mis nudillos se volvieron blancos–. Son esos comentarios los que me provocan dolor de cabeza, ¿entiendes? –revelé sin control como si no hubiese estado hablando con Edward.

Él me miró un momento pero retomó de inmediato su tarea viendo el paisaje por la ventanilla. Nadie dijo nada más. Probablemente era mejor dejar las cosas así.

Y pude relajarme; digo, por lo menos me había sacado algo de encima.

No pensaría. En las próximas horas al volante no pensaría. Nada. Estaba decidido. Totalmente prohibido.

Miré de reojo y pude ver por el reflejo del vidrio del copiloto una prominente sonrisa en los labios de Edward. Volví la vista al frente como caballo de carreras.

No pensaría, dije.


*Copiado de la película "La sombra de una duda" (Shadow os a Doubt, 1943) de Alfred Hitchcock.

(1) Pulp Fiction es una muy buena película del señor Quentin Tarantino (se que mis expresiones con todo suelen ser así pero es que en realidad es muy buena xD). La canción es mega conocida (los Black Eyed Peas la usaron como base en su camción Pump it).

(2) she's is in love with me and i feel fine se traduce en "ella está enamorada de mí y me siento bien". De la canción (muy buena xD) I Feel Fine de The Beatles (otros grandes).

(3) El señor Hitchcock era y es considerado el maestro del suspenso o suspense. La mayoría de sus películas (por no decir todas) pertenecen a éste género del cine. Y el título, ya que hablamos de él, es en su honor.

Arriba lo dije, se que oficialmente esto iba lunes en la mañana, pero tres días después sólo le otorga mejor sabor, ¿no? xD

Ahora, no me lo nieguen, SI que fue un buen capítulo. Buen, buen capítulo. Yo creo que daba igual la historia, daba igual lo que pasara, lo que hablaran. Hasta podía haber hecho que se volcaran en el auto y hubiese dado lo mismo, digo, después de aquella imagen mental de Edward en la ducha. ¡Dios! Bella lo dijo, era para quedarse sin palabras. Espero haberles proporcionado una buena descripción para el disfrute de todas xD Y ahora en serio, ¿les gustó el capítulo? Bella no puede seguir negándoselo en tanto hacerse la desentendida, algo está ocurriéndole.

Falta poco y nada para que termine el viaje, y luego entenderán por qué aún no se arregla todo. Pero ya va, nos aproximamos a lo realmente bueno xD Opinen niñas, yo me iré a acostar :D

Mis cariños a las chicas que se unen a Favoritos y Alertas de: A A CuLLeN, CristinaB, Dary-Cullen Night, fallen angel's doll, LifeOnShuffle (que buen nickname xD), Maru M Cullen, dreamingwithcolors, AleCullenn, AAPD1095, lani'sworld, Millaray, shie-san, Alhena A F y Mar Slmnk De Cullen Swansea. Y a Favoritos y Alertas de Autor: isabela91, dreamingwithcolors (otra vez ^^) y vampinessie. ¡Muchas gracias lindas! :D

Y mis comentarios a sus lindos y tiernos reviews, por supuesto: Ally Patticullen (siendo sincera, escribí el capítulo sin recordarme de esa parte, así que fue sólo una simple coincidencia, pero genial si así es xD. Espero que tus dudas con respecto a la enamorada de Eddie se aclaren), lenz C (pronto pronto se resolverán las cosas, eso seguro xD), Catali (no se si se dio cuenta pero pasaron otras cosas igualmente convenientes, ¿no?), Paoliiz B Masen (¡grax linda!), marie antoinette cullen (Bella anda más relajada, de eso no hay duda. Y Edward es lo tierno xD), Little-Gabbe (yo no soy una fan de Emma Thompson pero si adoro esa peli, es tan dulce en todos sus aspectos xD Con respecto a Dawson, ¡lo mejor es la relación Pace-Joey! xD Y las vacaciones ya se fueron *lágrimas*), AleCullen10 (que tierno que te emociones ^^, no sabía que podía provocar aquello xD), PRISGPE (toda la razón, más simple que sumar 1 y 1, ¿no?), lani'sworld (gracias por los deseos, yo tbn espero me vaya bien xD), Maru M Cullen (primero que todo: ¡BIENVENIDA! y segundo, las tareas siempre arruinando todo ¬¬), vampinessie (gracias tbn por los deseos. Mike vs Edward, claro que notará diferencias. Debería), Nekbhet (confesiones por mil. Mucho que decir entre esos dos, faltaba aquella instancia. Vuelvo ya a la U porque sólo fueron vacaciones de invierno (acá es invierno) y son dos semanas *más lágrimas*), Millaray (gracias por los cariños; nuevo capítulo arribando), Vladislav (¡gracias!), LifeOnShuffle (1ro, gracias por pasarte a los reviews :D 2do, grax por lo del buen gusto :$ Y mi carrera, sí, estudio cine :$ es algo.. bastante fuera de lo común, pero es realmente genial. A pesar de que ODIO estudiar (aborresco estudiar) me gusta mucho lo que hago. Mi ideal es convertirme en guionista aunque también me gusta mucho la dirección (¿se imaginan el día de mañana dirigiendo a don Robert Pattinson? Mueranse de la envidia xD) No en serio, yo me muero de un paro cardíaco si me encuentro alguna vez (Dios me escuche) con Rupert Grint (L) Me alargué pero me conocieron un pequeñín más xD), eviita cullen (cierto, se extraña el calor por acá, si que si), Dary-Cullen Night (algo así lo del cartel. Cerca, cerca..), elz r (¡gracias!), hashiko o (me gusta que te encante ^^), dreamingwithcolors (otro nick genial xD ¡Gracias niña! y se agradece el tiempo y el review :D), ania 09 (terrible terrible tierno, lo es), kamashytah (aquello se dirá después, también tengo que hacer como Edward y mantener el suspenso. Ohh envidia al máximo. ¿El 23? ¡Tu U rocks!), Isuldory (¡gracias a ti por tu tiempo querida!). Esto es un testamento, lo se, pero es lo mínimo que puedo hacer para agradecerles :D Además cada una leerá su pedacito, no se como lo hacen. Yo les escribo con mucho cariño ^^

Me marcho ahora.

Les dejo abrazos de osos para los fríos de invierno de las chicas del sur y soles playeros a las nenas del norte (esto que lean de todos lados me emociona xD).

Amores,

(: