Glee y sus personajes no me pertenecen, así como tampoco esta historia. Adaptación.
ADVERTENCIA: QUINN GP!
Lamento si leen Motherhood y Amor a segunda vista, pero las sacare. No me gusta dejar historia incompletas, lo cual las terminare con paciencia y luego volveré a subirlas completas. Mi inspiración esta en BLACKLIST. Lo siento.
Muchisimas gracias por los saludos!
12
Veía a Quinn cuando me despertaba. Veía a Quinn mientras comía un bol de cereal. La veía en sexualidad humana, donde parecía estar intentando romper el récord por la mayor cantidad de insinuaciones en una hora. La veía en el trabajo donde asaltaba mi correo electrónico. La veía cada noche en la cena. La veía ir y venir del baño. La veía en nuestra estúpida mediación, la cual era tan inútil como medias con sandalias.
La – Veía – En - TODAS PARTES.
Jamás había pasado esta cantidad de tiempo con alguien con quien no estaba relacionada, nunca. Me escapaba a lo de Megan cada vez que podía, incluso con los olorosos chicos que se encontraban siempre allí. Estábamos demasiado destruidas como para salir, pero a veces dábamos caminatas por el campus, o cerca del apartamento.
—Mi sofá está abierto cuando quieras —dijo cuando le conté sobre la apuesta más nueva—. Estoy segura de que si le dijeras a la residencia sobre eso, harían algo.
—He estado allí, he hecho eso. —Había intentado otra vez con residencia, pero sólo me decían que continuara con mediación. Todavía lidiaban con todos los compañeros de cuarto de los de primer año tocando musicales, así que tal vez para el final de octubre yo sería capaz de hacer algo.
—¿Estás segura de que quieres que se vaya?
—Sí. Cuanto más tiempo paso con ella, más quiero que se vaya. Sólo... no puedo. —Pateé una piña y unos pasos después, la aplasté con mi pie en un satisfactorio sonido.
—Lo sé, lo sé.
Dimos unos pasos más. Megan se detuvo. Sabía que quería decir algo más, pero estaba haciendo esa cosa de la espera que hacía cuando quería fingir que ya había cambiado de tema.
—Sé que has pasado por mucho, y nadie jamás te culparía por rendirte en los hombres, pero ¿alguna vez has pensando que no puedes dejar que una persona arruine a todas las demás?
—Seguro, he pensando en eso. No lo sé, Meg. Pienso en eso y luego recuerdo aquella noche, y todo vuelve a mí. No puedo ver a alguien de esa manera sin acordarme de esa noche. —No hacía frío, pero envolví mis brazos alrededor de mí misma y tiré de las mangas por encima de mis manos.
—¿Terapia no ayudó? —Conocía la respuesta, pero tenía que hacer la cosa de la amiga y preguntar de todas formas.
—Tuve una serie de terapeutas interesantes que no sabían realmente qué hacer conmigo. Lo intentaron, pero creo que simplemente no pude ser ayudada. ¿No lo has oído? Soy una causa perdida.
—Nadie es una causa perdida, ni siquiera tú.
—No lo sé, Meg, estoy bastante jodida.
—¿Has conocido a mi novio? Cree que correr en el medio de la noche fingiendo que es un elfo es algo bueno. Si eso no es jodido, entonces no sé lo que es.
—Lo amas, sin embargo.
Suspiró, una pequeña sonrisa en su rostro. —Sí, lo amo. Sólo que no amo a sus apestosos amigos. No tienes idea de lo mucho que gasto en aerosol para la habitación y refrescantes ambientales. Debería comprar acciones en esas cosas.
—Ahora sé qué regalarte para Navidad.
—Por favor, lo más fuerte que encuentres. No me importa si mi casa huele como si una calabaza hubiera vomitado sobre ella.
—Vómito de Calabaza. Lo tengo. No estoy segura de que sea una esencia oficial de Yankee Candle, pero lo chequearé.
Reímos y seguimos hablando sobre otras cosas. Megan jamás insistía en cosas que yo no quería hablar, la cual era una de las razones por la cual me gustaba tanto. No era agresiva en tu cara. Era dulce y leal y haría cualquier cosa por sus amigos. Incluso los amigos de su novio que les gustaba aprovecharse. Uno de estos días, iban a presionarla demasiado. Había visto a Megan enojada, y no era lindo.
En realidad, uno de mis terapeutas había descubierto una manera para que yo lidiara con algunos de mis problemas. Todo lo que necesitaba era un poco de pintura en acuarela, pajitas y papel. Decidí tratarme a mí misma y bajé a la sección de arte de la librería de la escuela y derroché en el verdadero negocio.
Esa tarde tenía el lugar para mí sola. Brittany había salido en una cita con Santana, y Kitty estaba en la biblioteca otra vez. No sabía donde se encontraba Quinn hasta que entró cuando yo me soplaba los sesos con una pajita.
—Así que esto es lo que haces cuando no estoy por aquí.
Soplé el resto de las gotas de pintura hacia la esquina del papel. Trabajaba en una pieza azul calmo, mezclándolo con un poco de verde para que luciera como el océano. Algunas personas en realidad intentaban hacer una pintura, pero a mí sólo me gustaba usar los colores para ver qué podía hacer y luego intentar encontrar imágenes en el desastre. Como nubes.
—Se lo llama pintura soplada —dije, sacándome la pajita de la boca. Ante la palabra "soplada" sus cejas se levantaron rápidamente hacia su frente.
—¿Eso es todo? —Dejó caer su bolso y vino a examinar mi trabajo. Giró la cabeza de lado a lado, como si estuviera intentando descubrir qué era.
—No se supone que sea nada —dije.
—Oh.
—Sólo lo hago a veces. —De repente, quería esconder mi pintura. No era como si fuera nada especial. Picasso, no lo era, pero era algo personal que hacía y no lo compartía con mucha gente.
Quinn volvió a mirarla, luego de frotarse el tatuaje. Uno, dos, tres. Algún día iba a borrarlo.
—¿Tienes otra pajita? —Le entregué una, y se detuvo encima de la pintura—. No te molesta, ¿o sí?
—No, adelante. —Al menos había preguntado.
Metió la pajita en la pintura de azul oscuro, asegurándose de que tenía una cantidad decente antes de dejarla caer en la página e inflar sus mejillas y soplar la gota de pintura tan lejos como fuera. La gota se dividió en varias gotas, y se separaron las unas de las otras con una ráfaga de aire, haciendo que la pintura luciera como si estuviera explotando. Se sacó la pajita de la boca y lo examinó.
—Creo que necesitas un poco más de azul oscuro aquí —dijo, señalando a una esquina a la que no había llegado todavía. Giró su cabeza, y nuestras narices casi se tocan. Rió un poco, su respiración moviendo los pequeños mechones de cabello que se habían escapado de mi cola de caballo.
—Adelante —dije. Pareció sorprendida por un segundo—. La pintura. Adelante. —Mi cerebro parecía ser únicamente capaz de disparar algunas palabras a la vez.
Su boca se abrió sólo un poco, y mis ojos se detuvieron en sus labios. Eran unos labios muy bonitos. Llenos, pero lucían como si los hubiera untado con manteca de cacao Chapstick. Por todo lo que sabía, la mantenía en su bolsillo y sólo la aplicaba cuando estaba sola. Parecía como algo que ella haría.
Lentamente llevó la pajita a sus labios. Divertida, no parecía tener una respuesta rápida, pero una vez más, tampoco la tenía yo. Fue la primera en romper el contacto visual, y sentí como si todo mi aire hubiera sido succionado cuando lo hizo. Agarré mi pajita y la metí en la pintura verde. Hice una esquina y ella hizo la otra, y de alguna manera nuestras pinturas se unieron. Sin dudarlo, puso nuestras cabezas juntas y siguió alocándose en la pintura hasta que no pudo conseguir que fuera más allá. Nuestras cabezas se golpearon, y ambas dejamos caer nuestras pajitas.
—Ow —dije, frotándome el punto.
—Lo siento, Missy. ¿Estás bien? —Jesús, era sólo un pequeño golpe.
—Sí, nada grave —dije, bajando la mirada a nuestra obra maestra.
—¿Segura? —Levantó las manos, como si quisiera chequear y asegurarse, pero no quería tocarme por miedo a que enloqueciera. Me conocía demasiado bien.
—Sí.
—¿Más azul?
—Jamás puedes tener suficiente azul —dije, levantando mi pajita otra vez.
Para cuando Kitty volvió de la biblioteca, habíamos hecho otra pintura, esta en tonos de otoño.
—Creo que esa es un guardián. Debería ir detrás de la puerta. Puedo conseguir un marco si quieres.
—No es tan genial, Quinn.
—¿Qué no es genial? —llamó ella luego de volver de la cocina con una banana, una cuchara y un frasco de mantequilla de maní. Ugh. Odiaba las bananas con la pasión ardiente de mil soles.
—Te hicimos una pintura —dije en una voz de niña fingida—. Aquí estoy yo, y esta eres tú, y esos son Brittany y Santana y Quinn.
—Es hermoso, querida. Este va a ir justo al lado de la A que te sacaste en tu examen de ortografía —dijo, siguiendo el juego.
Quinn me miraba como si me hubiera crecido otra cabeza.
—¿Qué? —dije.
—Eres tan extraña a veces.
—Lo dice la chica que tiene una venganza contra los hombres lobos.
—Oye, no pueden controlarse a sí mismos durante las lunas llenas. Son completamente impredecibles.
—Oye, se ven mucho mejor sin camiseta. Además, todavía tienen corazones latiendo. Tener sexo con un vampiro es como tener sexo con un cadáver. No me gusta eso —dijo Kitty, poniendo un poco de mantequilla de maní en el extremo de la banana. Me vio observándola—. ¿Quieres un poco? Oh, cierto, lo olvidé.
—¿Olvidaste qué?
—Rach odia las bananas.
—Oh, ¿en serio? —Aquí vamos. La chica con la que había hecho una pintura soplada hace un segundo se había ido y la chica que siempre intentaba meterse en mis pantalones estaba de vuelta. No respondí, pero comencé a levantar las cosas de pintura. No me gustaba hacerlo con mucha gente alrededor. Era algo personal. Quinn era la primera persona con la que había hecho uno en realidad, pero ella no lo sabía.
—Lo siento, pero tú fuiste directo a esa —dijo ella.
—No tienes que hacer que todo se convierta en una insinuación, Quinn. No todo es sobre sexo.
—De acuerdo, bueno, voy a ir a comer esto a algún otro lugar. Nos vemos —dijo Kitty, dirigiéndose a su habitación.
Ella debió sentir que estaba cerca de otro estallido. No había tenido uno por al menos una semana. Eso debía ser algún tipo de récord. Recogí los pinceles y el vaso de agua y lo tiré en el fregadero. No quería que ella supiera que me sentía herida, pero era demasiado tarde. Abrí el agua y comencé a limpiar los pinceles vigorosamente. Podía sentir a Quinn inclinándose contra la encimera. Odiaba lo consciente que era de ella. Si estaba en la habitación, era como si yo tuviera un radar que se prendía y seguía cada uno de sus movimientos.
—Rachel, lo siento. Deberías saber a esta altura que soy una imbécil la mayor parte del tiempo.
—No tienes que ser una imbécil todo el tiempo. —No era verdad. Podía ser dulce, y divertida y encantadora, y... Podía ser mucho más que una chica que siempre hablaba sobre follar.
—Tienes razón. Lo intentaré. Por ti, lo intentaré.
Asentí y limpié los pinceles en una toalla de papel y los tiré en el escurridor del fregadero para que se secaran. La encimera estaba cubierta de nuestros platos del desayuno.
—Es mi turno —dijo Quinn, apuntando hacia la tabla de tareas en la heladera. Era mi turno de lavar los platos al día siguiente.
—Varias manos aligeran el trabajo —dije, entregándole una esponja—. Si prometes no hacer un pase hacia mí por el resto del día, te ayudaré con los platos. Si lo haces, tienes que limpiarlos mañana. ¿Trato?
—¿En serio? Dios, Missy, manejas un negocio duro.
—Todo lo que estoy pidiéndote que hagas es no ser una imbécil por... —Miré el reloj—. Menos de ocho horas. Puedes hacerlo. Creo en ti.
Miró a los platos, incluyendo varios que estaban incrustados en harina de avena. —Trato.
Nos estrechamos y comenzamos. El fregadero era pequeño, y la encimera formaba una L, así que estábamos aplastadas cerca. Quinn comenzó a tararear una melodía mientras le entregaba una taza.
—¿Qué estás cantando?
—Bueno, para distraerme a mí misma de ser una imbécil, estoy escribiendo otra canción. Se llama "Haciendo sucios... platos".
—Claro.
Comenzó a mover el pie a un ritmo y me uní.
"Jabón y agua y una chica linda,
Abrimos el agua y la vemos correr,
Estamos... lavando los platos, estamos... lavando los platos.
Oooh, oooh, ooohhh,
Fregar, fregar, fregar, sí
Fregar, fregar, fregar, sí
Fregando, fregando, fregando, fregar, fregar, freeegarrrr."
Terminó la canción con un pequeño movimiento de mano y una reverencia. Aplaudí mis manos mojadas, rociándonos a las dos con agua enjabonada. Era tan tonta a veces. La canción era bastante terrible.
—¿Ves lo que puedes lograr cuando no estás siendo una imbécil?
—Tenía una letra más sugestiva, pero decidí no usarla. Ya sabes, porque no estoy siendo una imbécil.
—Correcto.
—Pero las guardaré y cantaré para ti en algún otro momento cuando se me permita ser imbécil otra vez.
—De acuerdo.
Esa estúpida pequeña canción quedó atascada en mi mente, y Quinn la cantó de nuevo, conmigo haciendo efectos de sonido con ollas y una cuchara de madera.
—¿Qué están haciendo aquí? —dijo Kitty, emergiendo de su habitación con su mirada de "estudio": expresión aturdida, el cabello en un clip y sus viejos y raídos pantalones de chándal de UMaine.
—Quinn ha decidido que no va a ser una imbécil hoy, ¿no es bonito? —dije.
—¿Es eso posible, siquiera? Sin ofender, amiga.
—No hay problema. Soy plenamente consciente de mi imbecilidad.
—Oooh, me gusta eso. Imbecilidad. Voy a usar eso ahora —dijo Kitty, yendo a la heladera por una bebida energética.
—¿Te vas a quedar despierta?
—Tengo un examen de enfermedades auto-inmunes. ¿Quieres ver una foto de dermatitis herpetiforme? — Siempre intentaba hacer que mirara fotos de brutales enfermedades.
—Sí, creo que voy a pasar. No sé como puedes comer y hacer esa cosa —dije. Kitty se encogió de hombros.
Brittany llegó a casa un minuto después, llevando a Santana de la mano.
—Oh mira, es el dúo temible. —Kitty se ponía un poco amarga cada vez que veía parejas felices. Deseaba que sólo llamara a Marley, la perdonara, tuviera un poco de increíble sexo de reconciliación y terminara con esto. Preferiría muchísimo más tener a Marley por aquí y a Kitty feliz que no tenerla y tener que lidiar con una Kitty malhumorada.
—¿Estás lavando los platos? —dijo Santana, boquiabierta hacia Quinn.
—Pues sí, lo estoy. — Santana me miró como si fuera mi culpa.
—Oye, su nombre está en la tabla de tareas —dije.
—¿Tienen una tabla de tareas? —dijo Santana.
—Fue idea de Brittany —señalé.
—Así nadie tiene que hacerlo todo, y estamos responsabilizados — dijo Brittany.
—Oigan, lo que sea que consiga que esta chica lave los platos está bien para mí. Buen trabajo, Britt-Britt —dijo, dándole un beso en la mejilla. Ella sonrió satisfecha.
—¿Qué les pasa a todos ustedes con los apodos? ¿Tienen uno para mí? —dijo Kitty. A veces la llamábamos Nene, porque habíamos escuchado a su madre llamarla así una vez cuando vino de visita, y Marley era la única a la que se le permitía usarlo sin una mirada asesina de Kitty.
—¿Qué tal Kit? —dijo Quinn. Suave—. ¿O Titi? Ese es lindo, también.
Ella pensó en eso por un segundo. —Lo tomaré.
—Entonces, voy a llevar a Brittany a casa conmigo este fin de semana para ver a mamá y papá, así que vamos a ir juntas.
Brittany la miró con una sonrisa vertiginosa y nerviosa. Guau, conocer a la familia era algo grande.
—Guau, conocer a los López. Gran paso, Santana —dijo Quinn.
—Lo sé —dijo Santana, guiñándole el ojo a Brittany—. Lo va a hacer genial.
Yo estaba dolorosamente curiosa acerca de la familia de Quinn, especialmente cómo no había crecido con sus padres. Había dicho que estaban muertos, ¿pero cuándo habían muerto? ¿Cuántos años tenía ella? ¿Los extrañaba? Las preguntas habían estado rondando por mi mente desde la primera vez que me había dicho que estaban muertos.
De cualquier manera que sacaras el tema, ella no quería hablar sobre ello. Podía respetar eso, viendo cómo yo tenía varias cosas de las que no quería hablar.
—¿Tienes algún consejo para mí, Quinn? —dijo Brittany.
—Sólo habla con John sobre acciones tecnológicas, los crucigramas del The New York Times, bienes raíces, o la Segunda Guerra Mundial y estarás bien.
—Uhh —dijo Brittany, el pánico evidente en sus ojos.
—Estoy bromeando. Aunque podrías hablar con él sobre el mercado inmobiliario. Ama las comedias británicas, los Patriots, la cocina asiática, y los autos clásicos.
—Oh gracias a Dios. Cocina y autos. Lo tengo. Aunque podría haberme manejado con las acciones.
—Lo vas a hacer genial. No te preocupes demasiado —dijo Santana, revolviendo su cabello.
Los ojos de Quinn se posaron en mí antes de bajar su voz. —¿Le has contado sobre Harper? —Como si no pudiera oírlo. Se hallaba parada a medio metro de distancia.
—Por supuesto. Brittany, Santana y Quinn me miraron a mí. Pareciera como si yo fuera la
extraña.
—¿Quién es Harper? —dije, preguntando lo obvio.
—Mi hermana. Tiene parálisis cerebral por una caída que tuvo de bebé. No es la gran cosa, pero nuestra casa está llena de rampas y equipamiento y esas cosas, así que es mejor preparar a la gente antes de tiempo —dijo Santana.
—¿Cuántos años tiene?
—Siete —dijo Santana. Podía sentir a Quinn mirando mi rostro, como si estuviera anticipando mi reacción. ¿Cómo pensaba que iba a reaccionar?
—Así que, de todas formas, allí es donde vamos a estar este fin de semana. ¿Te veo mañana? —dijo Santana.
—De acuerdo —dijo Brittany, dándole un beso. Pude oír a Kitty rodar los ojos.
—Adiós, Britt.
—Adiós, Sany.
Santana asintió hacia el resto de nosotros y se fue. Brittany suspiró y se inclinó en la encimera.
—¿Sany? Guau, creo que eres la primera chica a la que le ha dejado usar su primer nombre en diminutivo. Debes estar haciendo algo bien —dijo ella con un guiño.
—Quinn —dije en un tono de advertencia.
—¿Qué? Eso no fue imbécil. Eso fue juguetón.
La señalé y entrecerré los ojos. —Está en la cuerda floja, señorita.
—¿De qué están hablando? —dijo Brittany.
—Se supone que Quinn no sea una imbécil por el resto del día.
Ella miró boquiabierta a Quinn. —¿En serio? ¿Es eso posible, siquiera?
—¿Soy de verdad una idiota tan grande? —nos preguntó a todas.
—Sí —respondimos al unísono.
—Entonces, ¿puedo ser una imbécil ahora? —dijo a las 10:30.
—Nop. Tienes que terminar la noche. Cuando te despiertes mañana por la mañana, vuelve a tu ser imbécil. Hasta entonces, tienes que ser buena.
Había sido sorprendentemente buena, dejándome ir primera a la lluvia, y había colgado nuestras pinturas sopladas en la parte posterior de la puerta. Incluso me había hecho una taza de té y me la trajo. Era como si estuviera adulándome, pero no podía descubrir por qué.
—Ser buena es aburrido.
—Ser buena es bueno —dije, sin levantar la mirada de mi E-Reader. Quinn estaba ocupado con su guitarra, simplemente tocando cuerdas aleatorias.
—Eso no tiene nada de sentido.
—Entonces, ¿de qué se trata tu reunión con Joe? —Intenté otra vez. Había estado intentando exprimir en eso, esperando atraparla con la guardia baja.
—Buen intento, Missy. Sólo porque se supone que sea buena, no significa que voy a ser una sumisa.
—No es ser una sumisa. Es decir la verdad.
—A veces la gente no quiere la verdad. A veces la verdad es peor que una mentira. —Dejó su guitarra a un lado y se metió debajo de las sábanas. En cualquier momento iba a salir el bóxer.
Tenía que estar de acuerdo con ella en eso. Habíamos estado haciendo este baile alrededor de nuestros secretos separados, acercándonos y luego alejándonos. No sabía cuál de nosotras iba a dejarlo salir primero.
