Hola! Tengo el placer de presentaros una adaptación al sasusaku del libro "Un hombre que promete", de Adele Ashworth. Espero que lo disfruten.
Los personajes de Naruto no son míos, pertenecen a Masashi Kishimoto.
Este capítulo está calentito! (Y no es precisamente porque acabe de salir del horno).
Capítulo 12
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Sasuke estuvo fuera la mayor parte del día, aunque no a propósito. También él había ido a bañarse a la posada después de que Sakura se marchara a conocer a Rothebury, en parte porque se había acostumbrado a darse un baño diario y se negaba a pasar más de dos días sin bañarse mientras estuviera en Winter Garden, pero sobre todo porque estaba preocupado por Sakura y sabía que la vigilaría desde el bosque si tenía la posibilidad. Ella no lo necesitaba. Era muy competente y estaba claro que el barón no era peligroso; o al menos, no lo sería la primera vez que se vieran.
A última hora de la mañana, visitó a Sarah Rodney con la esperanza de sacarle toda la información posible a la historiadora del pueblo sobre la propiedad de Rothebury, pero descubrió que ella llevaba unos días en Haslemere cuidando de su hija, que acababa de dar a luz después de un largo y difícil confinamiento. Lo más probable era que se quedara allí hasta después de Navidad, según su mayordomo. Por desgracia, no parecía haber otra forma de conseguir información sobre la mansión que preguntarle directamente a Rothebury o viajar a Londres para investigar un poco. En Winter Garden no había un lugar específico donde se almacenaran los registros legales referentes a la época en la que la familia del barón aún no había comprado la propiedad. Podría empezar por escribir al Ministerio del Interior para comenzar las comprobaciones, pero no quería hacerlo. Por el momento, esperaría.
Su siguiente parada había sido el hogar de Penélope Bennington-Jones. Desdémona, que vivía con su madre viuda mientras su marido estaba lejos sirviendo en el ejército, estaba un poco indispuesta, o eso le habían dicho. Penélope, sin embargo, pareció bastante contenta de recibirlo. Extremadamente contenta.
Desde que Sasuke llegara al pueblo el verano anterior, solo la había visitado en dos ocasiones. Durante esos encuentros la dama se había mostrado cordial aunque reservada, y lo había tratado de manera respetuosa en su calidad de invitado, tanto en su casa como en su comunidad, tal y como era su deber. Esa vez, no obstante, se había mostrado inusualmente sociable, y eso le dio muy mala espina. Le había hecho preguntas directas y personales: su pasado, su servicio durante la guerra y su educación, sus razones para traer a Sakura a Winter Garden… Por supuesto, Sakura y él conocían sus papeles y cómo responder a las preguntas después de hablarlo muchas veces, pero lo desconcertaba el súbito cambio de la señora Bennington-Jones. La mujer había hablado con otras personas del pueblo sobre ellos, y también con Rothebury, a buen seguro. En esos momentos trataba de realizar una investigación por su cuenta. A Sasuke no le cabía ninguna duda sobre ello.
A media tarde se encontraba en el incómodo saloncito color frambuesa de lady Claire, tomando un té con emparedados de salmón y escuchando su interminable cháchara acerca de los primeros días de su matrimonio y los años de juventud, en los que había sido cortejada por caballeros de todas partes del país a causa tanto de su hermosura como de sus riquezas. Sasuke la creía. Era probable que la dama hubiese sido toda una belleza en aquella época de su vida, aunque en esos momentos se estuviera echando a perder debido a la amargura de la soledad y al hecho de verse privada de sus seres queridos. Lo sentía por ella, pero no la compadecía. La dama ya sentía bastante lástima por sí misma. Si había una cosa que Sasuke conocía muy bien era la autocompasión, y no pensaba tolerarla.
Con todo, y a pesar de que habían pasado toda una larga tarde juntos, no había descubierto nada relevante con respecto a la investigación sobre el opio. Su intención inicial había sido hablar sobre Rothebury y sobre los libros, pero la conversación se había alejado una y otra vez del tema, sin importar lo mucho que tratara de mantenerla en ese camino. Al final, llegó a la conclusión de que lady Claire no sabía mucho aparte de que el barón quería su colección de libros, la cual tenía un tamaño considerable, y de que le pagaba una buena suma por algunos libros de vez en cuando. A Sasuke le parecía que todo ese asunto era bastante cuestionable, pero se había marchado de allí con la certeza de que no podría sonsacarle nada más a lady Claire.
En esos instantes, muy cerca de las cinco, caminaba por el pueblo en dirección a su casa sin preocuparse por la caída de la noche y por las gotas de lluvia helada que le golpeaban en el cuello y en la cabeza. Después de todas esas visitas sociales, sabía poco más que esa mañana, salvo que Sakura y él se habían convertido en el blanco de los chismorreos durante las dos últimas semanas. Puede que aún fueran un blanco intacto, pero eran un blanco al fin y al cabo. La gente se hacía preguntas. Los lugareños de buena cuna estaban soliviantados y el acosado barón parecía percibir los barrotes de su jaula. Todo iba saliendo justo como deseaba, salvo por el tiempo transcurrido.
Y por Sakura. Sakura, esa mujer encantadora y llena de pasión que siempre ocupaba el núcleo de sus pensamientos, que representaba el mayor problema de todos. ¿Tenía alguna influencia sobre ella? ¿Lo necesitaba todavía para algo? No lo sabía.
A decir verdad, el trabajo que se traían entre manos lo tenía demasiado inquieto. Ella no lo había considerado todavía, pero Sasuke sabía que la investigación no habría debido llevarles tanto tiempo, y al final también ella se daría cuenta. Se preguntaría qué hacía él cada día para avanzar, por qué se habían implicado tan íntimamente en un caso para cuya resolución no eran necesarias dos personas. Rothebury debería haber sido arrestado hacía semanas con pruebas sólidas que podrían haberse recopilado mucho más rápido por otros medios, pero el deseo de tener a Sakura a su lado primaba sobre todo lo demás, sobre cualquier deseo que hubiera tenido jamás. La idea de traerla a Winter Garden había sido suya, y sir Akasuna no tenía potestad para oponerse a sus decisiones. Sasuke ocupaba un rango superior y sir Akasuna no era más que el subordinado; había sido él quien decidiera el camino que los llevaría hasta el opio o, al menos, hasta el contrabandista que lo robaba.
Al igual que él, Sakura había deducido que Rothebury era el principal sospechoso casi desde el día de su llegada. Sin embargo, Sasuke necesitaba pasar algo más de tiempo con ella. Había tratado de convencerse a sí mismo de que su prolongada estancia en el pueblo no tenía nada que ver con lo que sentía por esa mujer, pero, por supuesto, no era cierto. De manera egoísta, había elegido esa investigación para conocerla, para cortejarla, para intentar lo imposible, y eso llevaba su tiempo. Tenía una única oportunidad, y era ésa. Se tomaría todo el tiempo que necesitara.
Sonrió para sus adentros en la oscuridad. Resultaba de lo más alentador ver lo mucho que ella lo deseaba. El episodio de la noche pasada había sido indescriptible, de lo más inesperado, y le hervía la sangre con el mero hecho de recordarlo. Cuando había admitido su falta de control esa mañana, ella no se había reído ni había intentado restarle importancia. No la había sorprendido su preocupación, y lo había conmovido con ese tierno deseo de aceptarlo tal y como era para evitar que se sintiera avergonzado. Jamás habría admitido ante nadie semejante incompetencia sexual ni la reciente carencia de relaciones, pero Sakura contaba con su confianza y tenía su felicidad en las manos. Era la dueña de su corazón.
Contaba con la posibilidad de que se sintiera atraída por él cuando por fin llegó a Winter Garden, pero jamás se habría atrevido a esperar que fuera tan generosa, que la pasión que sentía por él se desataría de una manera tan rápida y evidente. Conociéndola como la conocía, sabía que la confusión que sentía no tardaría en convertirse en un creciente anhelo interior muy distinto a todo lo que había sentido antes. Ella tenía el poder, pero la elección era suya. Y eso era lo que más lo asustaba.
Sasuke observó la casita que se encontraba al final del camino y deseó poder correr hasta ella. Tenía el cuerpo entumecido a causa de la lluvia que lo empapaba y Sakura lo aguardaba en el interior de la casa.
Minutos más tarde, abrió la puerta principal y percibió el maravilloso aroma de la comida. Con los dedos congelados, se desabrochó el abrigo y lo colgó en el gancho.
Sakura debió de oírlo, ya que salió a recibirlo al instante, ataviada con el sencillo vestido de viaje desabrochado hasta el cuello, un almidonado delantal blanco y el cabello recogido con una simple cinta a la altura de la nuca.
Sasuke la contempló con el corazón en un puño. Nunca antes la había visto tan relajada y hermosa. Siempre parecía tan acicalada y… elegante. Tan compuesta. Serena y majestuosa, como una reina en su trono. Sin embargo, en esos momentos, mientras permanecía de pie en el vestíbulo de esa diminuta casa de pueblo, tenía un aspecto encantador, sonrojada y adorable, con una cuchara de madera en una mano, una mancha de harina en la barbilla y un brillo tímido y alegre en los ojos. Sasuke sabía que esa imagen quedaría grabada a fuego en su mente para siempre.
—He preparado una cena temprana —dijo ella con dulzura, rompiendo el hechizo—. Pan recién hecho, cerdo asado con salsa y zanahorias y manzanas asadas. No soy muy buena cocinera, en especial con los platos ingleses, así que no hay ninguna garantía de que sea comestible.
Con una sonrisa, Sasuke se deshizo de sus pensamientos y dio un paso hacia delante.
—Estoy hambriento, así que no me importa cómo sepa.
Ella lo evaluó rápidamente de la cabeza a los pies.
—Estás empapado. ¿Quieres cambiarte de ropa?
Él meneó la cabeza.
—Quiero comer —Y no apartarme de tu lado, añadió para sus adentros. Echó un vistazo a la estancia del fondo y preguntó—. ¿Por qué estás cocinando? ¿Beth no ha venido hoy?
Sakura se tensó lo bastante para que él lo percibiera y Sasuke volvió a mirarla a la cara. Estaba sonrojada y evitaba sus ojos.
—La envié a su casa hace unas cuantas horas, Sasuke —replicó con los hombros erguidos. Tras sacudirse un poco el pelo, se volvió hacia la cocina una vez más—. Es demasiado joven y demasiado adorable para revolotear por esta casa. Estoy segura de que tendrá cosas más interesantes que hacer por las tardes.
¿Qué significaba eso? Debía de haberse equivocado al utilizar la palabra «revolotear».
—¿Revolotear?
Ella no respondió. Sasuke escuchó el traqueteo de las cacerolas detrás de la puerta, así que siguió el ruido. El ambiente de la cocina era acogedoramente cálido y olía a gloria.
—¿Revolotear? —repitió.
Sakura se detuvo cerca del horno y se frotó la mejilla con el dorso de la mano sin dignarse a mirarlo.
—Estoy celosa, Sasuke.
Estuvo a punto de caerse redondo al suelo al escucharla. A punto. Tuvo que agarrarse al respaldo de la silla que tenía a la derecha para mantener el equilibrio y se obligó a mantener la lengua en el interior de la boca el tiempo suficiente para pensar algo que decir.
¿Sakura estaba celosa de la hija del reverendo? ¿Era una broma? Desde luego que sí. ¿O no?
No. Había sido sincera al expresar sus sentimientos, como siempre, y el hecho de darse cuenta de eso lo volvió loco de alegría y satisfacción. Pero… ¿celosa?
—¿Por qué? —consiguió murmurar en respuesta, aunque pareció un graznido gutural.
De espaldas a él, Sakura encogió un poco el hombro izquierdo mientras removía algo en el fuego que absorbía su atención.
—Es joven e inocente, y está demasiado encariñada contigo. Comprendo que quieras casarte de nuevo, pero creo que es demasiado ingenua para un hombre con tu experiencia. Deberías buscar a otra. Y no la he despedido. Lo que pasa es que no quería tenerla aquí esta noche.
Fue una explicación rápida e incoherente, lo que significaba que se sentía un poco avergonzada por sus consideraciones. Sasuke se dejó caer en la silla de madera y contempló las suaves curvas de su espalda y sus caderas, maravillado ante lo que veía. Aquel sueño se volvía más y más extraordinario. Sasuke estaba celosa de una chica de pueblo. De una chica que no significaba nada para él. Beth tendría… ¿diecisiete años? ¿Dieciocho? Él tenía casi cuarenta. La edad no importaba mucho para un hombre de su posición, pero ¿por qué iba a desear a una chica inocente cuando podía disfrutar, mantener una conversación interesante y… jugar al ajedrez con una mujer como Sakura?
Sacudió la cabeza con perplejidad. Sakura estaba celosa. Increíble.
Se aclaró la garganta y se pasó los dedos por el pelo, todavía húmedo.
—Saku, eres la única mujer que me interesa.
Ella se dio la vuelta muy despacio y esbozó una sonrisa avergonzada mientras el caldo se derramaba de la cuchara que sostenía en la mano.
—Trabajamos juntos, Sasuke, pero no soy una joven inocente, y está claro que no soy de las que se casan.
Él dio una honda bocanada de aire.
—¿Y qué es lo que te hace pensar que es eso lo que quiero?
Ella abrió los ojos de par en par.
—¿No es eso lo que quieren todos los caballeros? Si lo que deseas es casarte de nuevo, tendrás que encontrar a alguien como Beth, aunque a mi parecer debería ser una mujer un poco mayor.
—Tú lo eres —replicó él sin perder la calma.
Ella hizo caso omiso de la respuesta.
—Lo que hagas una vez que yo me marche es asunto tuyo, pero no quiero verte coquetear con ella mientras viva aquí contigo. Por razones que no tengo muy claras, eso me molesta.
¿Coquetear? ¿Él? Ella era sincera, pero irracional, aunque Sasuke lo pasó por alto mientras intentaba no sonreír como un idiota.
—Ella se muestra agradable conmigo, no cariñosa —señaló al instante sin apartar la vista de sus ojos—. Y yo jamás la cortejaría, porque no me interesa —Se inclinó hacia delante y bajó la voz hasta convertirla en un susurro para revelar el anhelo de su corazón—. Solo te deseo a ti, Saku. Solo a ti.
Notó de inmediato su reacción. Se quedó pálida y la sonrisa desapareció tras una expresión incrédula, o confusa… o tal vez ambas a un tiempo.
En ese momento, algo cambió en ella. Se enderezó muy despacio y sus rasgos adquirieron una expresión despreocupada, aunque decidida. Desvió la mirada y volvió a dejar la cuchara en la cacerola antes de llevarse las manos a la espalda para desatar el lazo del delantal.
Sasuke percibió el rápido incremento de la tensión del ambiente, tan denso como inesperado, y el calor de la cocina que los envolvía. Cuando Sakura lo miró de nuevo, lo dejó sin aliento.
Aquellos ojos, verdes y transparentes como el cristal, acariciaron los suyos y los llenaron de alegría, de placer y de un deseo inconmensurable. Podía sentir que ese deseo emanaba de ella. No se movió, no dijo una palabra por miedo a romper el hechizo.
En silencio, Sakura caminó hacia él y dejó caer el delantal al suelo mientras alzaba la mano para deshacerse de la cinta que le recogía el cabello. Una vez hez hecho, se inclinó hacia él, todavía sentado en la silla, y se sujetó a la mesa que había detrás para encerrarlo entre sus brazos.
Lo estudió durante lo que pareció una eternidad, examinando cada centímetro de su rostro.
Sasuke sintió su aliento sobre la piel y se le vinieron a la mente una miríada de pensamientos eróticos que endurecieron su cuerpo, le aceleraron el pulso y le formaron un nudo en la garganta.
Sakura bajó los párpados y se inclinó aún más. Él cerró los ojos con la esperanza de que se apoderara de sus labios en un beso abrasador, y deseando en cuerpo y alma que lo hiciera. Pero no ocurrió. En cambio, le lamió uno de los lados de la cara y trazó un lento sendero con la lengua que seguía la cicatriz de la boca.
Sasuke aspiró con fuerza a través de los dientes. Se trataba de un ataque sorpresa que lo llenaba de una extraña sensación de lujuria y de triunfo. Si era un sueño, era el más extraordinario de todos cuantos había tenido. Si estaba muriendo, era una muerte maravillosa.
—Sasuke… —susurró ella.
No pudo soportarlo más. Alzó las manos para sujetarle la cabeza e introdujo por fin los dedos en su abundante cabello, en los gloriosos mechones que había anhelado tocar durante años. Las sedosas hebras se deslizaron entre sus dedos y le acariciaron las mejillas y el cuello.
Atrapó su boca al tiempo que la apretaba contra sí y la besó con fervor. Sakura gimió suavemente cuando sus lenguas se rozaron y sus alientos se entremezclaron. Sabía a manzanas y a vino… un sabor embriagador que lo volvió loco de deseo.
La necesitaba ya.
Levantó una mano para tocarle el pecho, pero ella se la atrapó y se la colocó a un lado. Estaba desesperado por acariciarla, pero ella no iba a permitírselo. Trazó el contorno de los labios femeninos muy despacio con la lengua y acto seguido, ella se separó para mirarlo una vez más. Su piel y sus ojos resplandecían y, sin apartar la mirada de él, cubrió con la mano la protuberancia que se abultaba en sus pantalones.
—Sakura…
—Chist.
Le desabrochó los botones con asombrosa velocidad sin dejar de mirarlo a los ojos. Sasuke dio un pequeño respingo cuando lo rozó por encima del fino tejido de los calzones, pero ella no apartó la mano; en vez de eso, bajó la vista hasta el centro de su deseo y, sin avergonzarse lo más mínimo, tiró de su ropa interior hacia abajo para poder contemplarlo sin tapujos.
Sasuke estalló en llamas. Tenía una erección en toda regla y estaba bien dotado, pero esa mujer había estado con muchos hombres. Por más placer que ese sensual encuentro pudiera reportarle, le aterrorizaba parecerle inadecuado.
Ella lo estudió de arriba abajo y de un lado al otro durante lo que parecieron horas. Con todo, se sintió incapaz de reaccionar y no logró mediar palabra, aunque eso carecía de importancia, ya que de cualquier forma no tenía ni la menor idea de qué decir. A la postre, Sakura alzó la mirada y esbozó una sonrisa seductora.
—Es del tamaño perfecto para mí, Sasuke.
Tragó saliva con fuerza en un intento por contener lo que sentía en su interior. Era una mujer con un cuerpo y un rostro hechizantes, y ese tono seductor hacía que se sintiera deseado, tanto si ella hablaba en serio como si no. Sasuke apretó la mandíbula; sentía un nudo en el estómago y en la garganta. Acto seguido, cuando ella colocó la cálida mano sobre su miembro, tuvo la certeza de que moriría.
En un principio Sakura lo acunó sobre la palma y acarició la delicada piel de arriba abajo con la yema de los dedos. Rodeó el extremo con el pulgar y jugueteó con las uñas entre los crespos y oscuros rizos de la base antes de rozar con caricias suaves como una pluma el saco que tenía entre los muslos. Luego se arrodilló a su lado e inclinó la cabeza para besarlo donde más lo necesitaba.
Sasuke no podía creer que aquello le estuviera ocurriendo a él. Estaba sentado en una silla de madera en la caldeada cocina, con las luces encendidas, la comida al fuego y el fuerte golpeteo de la lluvia contra las ventanas, mientras la mujer de su vida lo complacía de la manera más íntima y desinteresada.
Depositó tiernos besos de un extremo al otro del miembro y se detuvo un momento para deslizar la lengua alrededor de la punta. Sasuke aferró con más fuerza su cabello, cerró los ojos para sentir más y susurró su nombre.
Sakura dejó escapar un suspiro cuando comenzó a llevarlo hacia ese punto sin retorno, y Sasuke sabía que faltaban escasos segundos para perder el control. Trató de alzarle la cabeza con ternura, pero ella se resistió.
—Déjame hacerlo, Sasuke —murmuró con voz ronca.
Y la dejó. El placer arrastró cualquier tipo de pensamiento racional y supo que no podría detenerla. Había pasado demasiado tiempo. Demasiado…
Ella lo tomó en la boca. Por entero. Sintió que su cuerpo se tensaba y gimió; se aferró a ella con la respiración irregular, los ojos fuertemente cerrados y la cabeza apoyada contra la pared.
Lo acarició con esa lengua húmeda y caliente. Había separado los labios lo justo para arrancarle la simiente y llevarlo cada vez más cerca del abismo. Quería tocarla, quería estar dentro de ella, quería que lo amara.
—Saku —imploró en tono áspero—. Te necesito. Saku…
Llegó al orgasmo en medio de una explosión de luz y asombro, jadeando, con los dedos enterrados en su cabello para sujetarla con firmeza mientras ella se introducía su miembro en la boca, dándole lo mismo que él le había dado. Lo acarició, lo estimuló y lo amó con la boca hasta que el resplandor de la satisfacción se aplacó un poco y la rigidez de su cuerpo comenzó a atenuarse.
El tiempo pasó muy despacio. Al final, Sakura levantó la cabeza y apoyó la mejilla en su muslo, y Sasuke supo que lo estaba mirando aunque aún no había abierto los ojos. Apenas podía respirar. No conseguía aminorar el ritmo de su corazón. No quería que ese momento terminase nunca.
Sakura lo observó con detenimiento; estudió cada uno de los matices de su rostro, las líneas escabrosas de la rugosa cicatriz que tenía junto a los labios, el tono bronceado de su piel, la áspera barba de la barbilla y las mejillas, los oscuros mechones de pelo, y sus largas pestañas. Era un hombre muy apuesto; fuerte aunque, a juzgar por el rubor que teñía sus mejillas a causa de la pasión y que lo hacía parecer más joven, también indefenso.
Lo besó en el muslo y lo acarició con la punta de los dedos.
—Tengo que hacerte una confesión, Sasuke.
Él le acarició el pelo, pero no dijo nada.
Ella sonrió satisfecha y admitió en voz queda.
—Solo le he hecho esto a un hombre con anterioridad, a petición suya, y no me gustó. Pero esta noche lo he disfrutado porque lo he hecho contigo… para ti. ¿Lo entiendes?
Sasuke levantó los párpados por fin para mirarla a los ojos.
—Lo entiendo.
Hablaba con voz densa y áspera, pero tenía una sonrisa soñadora.
—No tengo mucha experiencia con esta forma de hacer el amor —continuó ella en un ronco susurro—, así que también yo temía fracasar. Creo que ahora estamos a la par.
Sasuke respiró hondo y enterró los dedos en su cabello una vez más.
—Esto no es una competición, Saku.
—A eso me refiero —replicó ella de inmediato.
Él lo meditó durante un instante mientras estudiaba su expresión.
—Tú jamás podrías fracasar conmigo, de ninguna manera.
A Sakura se le encogió el corazón al escucharlo. Ese hombre sabía muy bien lo que debía decirle para asegurarse de que creyera en él, para hacer que lo deseara. De pronto sintió un acuciante impulso de acurrucarse entre sus brazos.
—Yo siento exactamente lo mismo con respecto a ti.
Con una mirada aún más tierna, Sasuke le rozó la mejilla con el pulgar. Sakura no logró recordar una ocasión en la que un hombre se hubiese mostrado más dulce con ella, más… concentrado en ella.
—¿Admitirás ahora que somos amantes? —le preguntó con mucha cautela.
Él se incorporó un poco, lo que la obligó a levantar la cabeza, y la miró con una sonrisa traviesa.
—Sí, tendré que admitirlo —Hizo una pausa antes de añadir—. Pero no quiero ir demasiado rápido.
Sakura no tenía muy claro qué quería decir con eso, aunque él se lo diría tarde o temprano; probablemente tuviera algo que ver con su aspecto o con sus piernas. No lo discutiría en esos momentos.
Al parecer algo incómodo con su estado de desnudez, Sasuke cambió de posición en la silla y apartó las manos de ella. Sakura solo lo había dejado expuesto desde la cintura hasta los muslos, pero en esos instantes estaba flácido y las lámparas de la cocina iluminaban a la perfección esa parte de él.
—Creo que iré a lavarme un poco —le dijo con tono despreocupado al tiempo que se ponía de pie y lo miraba a los ojos—. Después, cenaremos —Se alisó las faldas y recogió el delantal del suelo para dejarlo sobre el respaldo de otra de las sillas—. He tenido un encuentro de lo más interesante con Rothebury en el bosque. Te lo contaré durante la cena. Ese hombre es una araña, Sasuke.
Él se rió por lo bajo mientras se subía los pantalones empapados por la lluvia.
—¿Una araña? Creí que tal vez lo encontrarías de tu agrado.
Ella arrugó la frente con expresión perpleja.
—Dejando a un lado los asuntos inmorales e ilegales que se trae entre manos, supongo que es el tipo de hombre que habría preferido en Francia, en la ciudad. Pero no aquí.
—¿No aquí?
Ni ahora, quiso decirle; pero no se atrevió. Se sentía confusa de nuevo, ya que no podía comprender las sensaciones que albergaba con respecto a las últimas semanas que había pasado con él. Sasuke la hacía pensar de una forma diferente, reaccionar de manera distinta a como solía hacerlo.
—¿Te importaría remover la salsa? —preguntó para cambiar de tema—. No quiero que se queme.
—Por supuesto que no.
Detectó una pizca de diversión en sus palabras, pero lo dejó pasar. Se recogió el pelo con la cinta que se había quitado momentos antes y se volvió para dirigirse hacia la puerta, donde se detuvo de golpe.
—Creo que ese tipo te ha investigado —comentó tras un instante de vacilación—. Dijo que nadie había oído hablar de ti en Eastleigh.
Puesto que no deseaba parecer desconfiada, no lo había planteado como una pregunta, aunque en realidad sí que esperaba una explicación. Él no dijo nada hasta que ella colocó la palma de la mano sobre el marco de la puerta y se dio la vuelta para mirarlo. Sasuke, que se había inclinado hacia delante en la silla y había apoyado los codos en las rodillas, tenía la mirada clavada en el suelo de madera.
—Las lesiones me han convertido en una especie de ermitaño, Sakura. Conozco a muy poca gente y tengo aún menos amigos. No es de extrañar que haya pocas personas en Eastleigh que me conozcan. Yo vivo en el campo y no en la ciudad propiamente dicha; además, llevo años sin relacionarme con nadie.
Era obvio que le había resultado muy, muy difícil decir aquello. Sakura se dio cuenta y se alegró de poder dejar el tema atrás.
—¿Te preocupa que el barón sospeche de ti?
Sasuke meneó la cabeza muy despacio.
—No. Se está poniendo nervioso, pero no creo que sepa nada; al menos, no lo suficiente para actuar.
Sakura se detuvo de nuevo para escuchar el golpeteo de la lluvia sobre el tejado y para deleitarse con el agradable aroma de las manzanas y el cerdo asados.
—¿Cuándo piensas contarme lo que te sucedió en las piernas, Sasuke?
Él se frotó la cara con la palma de una mano.
—Pronto.
Por algún motivo que no logró averiguar, esa sencilla respuesta la derritió por dentro.
—¿Jugarás al ajedrez conmigo más tarde? —preguntó con voz suave y esperanzada.
Sasuke la miró a los ojos por fin.
—Siempre es mi momento favorito del día, Sakura —replicó en un sedoso murmullo—. Quiero averiguar cuántas partidas más tendremos que jugar antes de que me derrotes.
—Comienzo a sospechar que serán muchas.
Sasuke no respondió, pero su mirada consiguió que sintiera un cosquilleo en el estómago y que le temblaran las manos. Era una mirada cargada de… algo que no podía identificar, algo profundo y maravilloso. La acarició con los ojos, pero sus labios estaban un poco separados, como si rogaran que ella los besara. Ella. Nadie más. Sakura se dio cuenta al instante, y esa comprensión la dejó aturdida, inundada por unos nuevos y maravillosos pensamientos que rellenaban esos huecos de su mente que siempre habían ocupado las dudas.
Y hasta aquí puedo escribir! XD Si les ha gustado me regalan un review?
