Capítulo 9

Los días siguientes decidió entrenar duramente en la ruta que estaba al lado de Ciudad Vermilion. Los entrenadores que allí había le ayudaron bastante, pero Sam aún estaba temerosa. No quería repetir la experiencia del gimnasio con el Teniente Surge.

Para ello, mantuvo su entrenamiento dentro de la Cueva Diglett, no tanto para luchar contra los Diglett o Dugtrio, sino también para fortalecer a su equipo con la geografía del lugar. Al haber tantas rocas, Sam trotaba cada mañana y cada tarde con sus Pokemon, esquivando cada obstáculo para aumentar la agilidad y velocidad de cada uno. Y las paredes de la caverna le eran útiles para fortalecer el nivel de ataque de su equipo.

Pero una tarde, las cosas iban a empeorar.

Terminando de comer y darles pociones a sus Pokemon a las afueras de la Ciudad Vermilion, Sam estaba pensando en crear una mejor estrategia al momento de luchar contra el Teniente. Cuando de repente, se escucharon gritos que provenían de la ciudad.

Al voltearse, Sam notó a varios marines que corrían tras un sujeto vestido de la forma más ridícula que ella había visto en su corta vida; el sujeto llevaba puesto un traje selvático adornado con rayas de Arcanine, y como cinturón llevaba varios Pokedoll, entre los cuales se podía apreciar un Mudkip, und Clefairy y un Igglybuff. Y no sólo eso, sino que también llevaba el cabello negro, largo y despeinado, y un bigote mal arreglado.

El sujeto le pasó por al lado a toda velocidad, sin darle tiempo a Sam de reaccionar. Tras él, los marines trataban de alcanzarlos. Sam los reconoció como los entrenadores de práctica del gimnasio del Teniente Surge.

- ¡Atrapen a ese ladrón!
- ¡Que no se escape!

Los marines pasaron por al lado de Sam y otros entrenadores, pero uno de ellos quedó atrás al haber tropezado con el suelo y caer de lleno. Sam y algunos entrenadores que se encontraban en la ruta fueron a ayudarlo. El pobre marín se sentó en el suelo, limpiándose la cara de tierra.

- ¿Qué ha ocurrido? – preguntó uno de los entrenadores.
- Ese sujeto vino al gimnasio, diciendo que quería enfrentar al Teniente. Y en efecto, estaban luchando. Pero algo pasó, y el sujeto se robó las medallas y condecoraciones de los marines de Vermilion.
- Conozco a ese sujeto – comentó un señor mayor con un Growlithe a su lado, el mismo que Sam había conocido en la fiesta del S. S. ANNE de hacía unos días -. Le llaman Raspus. Es un apostador y jugador compulsivo. Es un tramposo y también un ladrón.
- Tenemos que atraparlo. Las condecoraciones de los marines son importantes para la ciudad – dijo exasperado el marín.

No había que pedirlo dos veces. Todos los entrenadores fueron en busca del ladrón, incluyendo Sam, por supuesto.

Unos minutos más tarde, los entrenadores lograron alcanzar a los marines, quienes estaban rodeando al ladrón Raspus con sus Pokemon. Éste, a su vez, tenía a un Vulpix que le protegía. Al llegar los entrenadores, los ojos del ladrón se abrieron por la sorpresa.

- ¡Más entrenadores! Pero que tierno – se burló Raspus -. Quizás tengan algo interesante como el Teniente. ¿Qué crees tú, Sixy? – le preguntó a su Vulpix, quien le contestó con un suave mugido.
- ¡Devuelve las condecoraciones, ladrón!
- Qué irrespeto tan grande… - negó burlonamente Raspus -. Y eso que son marines.

Una sonrisa malvada se reflejó en su rostro, y momentos después, entrenadores y marines estaban saltando espantados. Había algo que les estaba rozando por todo el cuerpo, y lo único que lograban ver era una figura moverse muy rápido entre ellos.

- Esto ya me parece aburrido – bostezó descaradamente el ladrón -. Supongo que los dejaré tranquilos.

Y con un ataque de Pared de Humo del Vulpix, el ladrón desapareció. Pero los presentes sólo se dieron cuenta de ello cuando el humo se disipó y todos lograron recuperar la respiración en medio de toses.

- ¿Están todos bien?

Los marines, como buenos soldados, revisaron que nadie estuviera lastimado. Raspus no sólo se había escapado, sino que también se había llevado el dinero de todos los presentes y, por supuesto, las condecoraciones y medallas de Ciudad Vermilion.

Muchos se habían resignado, y decidieron informar a la policía Pokemon para que estuviera pendiente de atrapar al criminal. Se fueron retirando de a poco a Ciudad Vermilion. Todos, menos Sam, quien revisaba que no le faltara nada, además de su dinero.

Raichu se le había acercado al notar su cara de preocupación. Sam le dirigió una mirada seria.

- Se llevó la Masterball…

* * *

Sam sabía que tenía que recuperar la Masterball. Era su asignación especial devolvérsela al creador. Además de que era una Pokeball muy peligrosa, sobre todo en manos equivocadas… como las de un ladrón, por ejemplo.

Con ayuda de Raichu y Pidgeotto, Sam estaba en busca de Raspus. Llevaban al menos dos horas en el camino, y no había rastros del sujeto. Pero Sam no iba a darse por vencida. No podía.

Fue cuado se sintió una ligera explosión entre las colinas. Sam salió disparada, siguiendo la sombra de Pidgeotto que la guiaba. Luego de unos minutos, Sam notó que varios Pokemon se ocultaban entre los matorrales del bosque.

- ¡Rai, rai!

Sam se dirigió a Raichu, quien la estaba llamando, y le señalaba algo entre los árboles. Sam alzó la vista, y se encontró con una figura envuelta en seda de gusano, y quemada con electricidad. Era obvio que se trataba de una persona que fue atacada por los Pokemon del bosque.

De la anda, salió una figura muy veloz que comenzó a atacar a Sam, pero fue interceptada por Raichu. Gritando con desesperación, Raichu rodaba por todo el suelo del bosque luchando contra la extraña figura. Luego de unos segundos, Raichu usó su electricidad, logrando que la figura quedara paralizada en el suelo. Con sorpresa, Sam notó que se trataba de un Farfetch'd.

- ¡Raichu, rai! – exclamó enojado su Pokemon, acercándose al ave mientras expulsaba chispas por sus mejillas -. ¡Raiii!
- ¡Espera! – le detuvo Sam. Se le había ocurrido una idea.

Le pidió a Pidgeotto que rompiera el capullo de seda con su pico. Al lograrlo, la figura cayó pesadamente la suelo, dándose un golpe brusco. Liberándose de las ataduras, el hombre conocido como Raspus se encontró frente a frente con una joven entrenadora. Sonriendo con malicia, Raspus llevó su mano a su cinto, pero no encontró nada allí. Con espanto, miró nuevamente a la entrenadora.

Un Raichu tenía amarrado con su cola a un paralizado Farfetch'd, mientras que un Charmeleon tenía atrapado entre sus garras a su Vulpix.

- ¡Sixy! ¡Falcon! – exclamó preocupado, a lo que sus Pokemon le respondieron con un gemido suave. Raspus trató de calmarse -. ¿Acaso nadie te dijo que no debes tratar así a los Pokemon? – preguntó más tranquilo, recibiendo una mirada seria de la joven.
- ¿Y acaso nadie te dijo a ti que robar está mal?

El sujeto movió sus hombros en señal de que le daba poca importancia al tema.

- Tengo necesidades, pequeña. Y a veces, necesito ciertas cosas para cubrirlas.
- ¿Y por qué no trabajas? En un circo te iría bien – respondió ácidamente Sam, recibiendo una mirada de odio del ladrón.
- Qué lengua tienes, jovencita. Algún día te meterá en problemas.

El sujeto comenzó a acercarse a ella con los puños apretados, pero un Pidgeotto le detuvo el paso, lanzándolo contra un tronco de árbol.

- No me interesa que te hayas llevado el dinero de los entrenadores. Quizás tampoco las condecoraciones de los marines.
- ¿Quizás sea eso porque el otro día perdiste contra el Teniente Surge? – comentó burlonamente el ladrón, y su risa aumentó al notar las facciones de dolor de la joven -. Ese sujeto no es tan fuerte. Yo logré derrotarlo con facilidad, como podrás ver. Lo que pasa es que entrenadores débiles como tú creen que se van a comer el mundo por solo tener una Pokeball en su cinto.

Sam alzó la mano enojada, recibiendo una mirada interrogative del sujeto. La respuesta no se hizo esperar, al sentir cómo otra ráfaga de viento lo tiraba de vuelta contra el tronco del árbol.

La entrenadora se acercó al ladrón con paso lento, y se agachó al nivel de su rostro, mirándolo fijamente.

- El dinero y las condecoraciones las recuperará la policía cuando te lleve de regreso a Ciudad Vermilion – comenzó a decir la joven, con voz calmada -. Lo que quiero que me des es una Pokeball en específico que tu lindo… ¿Falcon, dijiste? Me quitó hace unas horas.
- ¿Qué Pokeball? No sé de qué me hablas. Si quisiera atrapar algún Pokemon, simplemente se lo robaría a entrenadores novatos como tú.
- No tientes tu suerte, Raspus…

Pero no pudo terminar, porque otra explosión como la anterior se volvió a sentir en el bosque. Raspus logró ponerse de pie, y junto a él, lograron unírseles su Vulpix y Farfetch'd, quienes aprovecharon la tembladera del suelo para librarse de sus capturadores. Y pudieron hacerlo, pues Pokemon cmo Raichu y Charmeleon eran susceptibles a los movimientos sísmicos. Un aspecto importante que su entrenadora no les había enseñado a manejar.

Con la explosión, muchos Pokemon salieron disparados por todos lados, asustados. Raspus trató de aprovechar la distracción para escapar, pero se vio molestado nuevamente por el Pidgeotto de la joven.

- ¡Quítale la Masterball, Pidgeotto!
- ¡Pidgeooo!

Raspus intentó librarse del ave al darle un manotazo. Pero no se vio librado cuando varios Pokemon comenzaron a atacarle. Al parecer, se veían molestos con aquel sujeto. Sam pensó que quizás sabían que Raspus era un ladrón.

Muchos Weedle, Pidgey y Caterpie le estaban estorbando. Varios Aipom se les unieron también. La rabia le consumía. Buscó entre su cinturón un objeto, el cual resplandeció en su mano. Sam la reconoció como la Masterball.

- ¿Quieres esto, niña? ¡Pues no la tendrás!

Para espanto de Sam y sus Pokemon, Raspus había lanzado la Masterball en cualquier dirección. Sam se olvidó del ladrón, y fue tras la Masterball, pero no lograba conseguirla.

- ¡Desháganse de esta peste! – exclamó Raspus a sus Pokemon, quienes comenzaron a atacar a los Pokemon salvajes.
- ¡No tan rápido, Raspus!

Varios marines y entrenadores se encontraban rodeando al ladrón con sus Pokemon. Entre ellos, estaba el temible Teniente Surge. Raspus comenzó a temblar de terror certero ante la figura de marín. Surge se le acercó lentamente. En segundos, Raspus, Sixy y Falcon se retorcieron ante el ataque eléctrico del Raichu del Teniente.

- La próxima vez que robes, piensa que personas como estos entrenadores siempre te perseguirán para atraparte y llevarte ante la justicia.
- ¿Entrenadores como ustedes? Por favor, Surge – se burlaba el ladrón -. Si ni tus marines lograron atraparme.
- No, pero ella sí – dijo el Teniente, señalando a Sam -. Y qué buen trabajo que hizo – agregó.

Se acercó aún más al ladrón, y le arrebató las condecoraciones de un golpe, recibiendo gritos de alegría por parte de los entrenadores y marines.

- ¡Llévenselo a la ciudad! La policía se encargará de él.

* * *

En la noche, Sam se hallaba en el Centro Pokemon junto a varios entrenadores, esperando a recibir lo que Raspus les había robado.

Durante toda la tarde, Sam estuvo buscando la Masterball por el bosque con ayuda de su equipo, pero no la consiguió. Y ahora, estaba pensando la mejor manera de decirle al Profesor Oak que la había perdido. Sabía que la perdonaría, pero se sentiría muy descepcionado de ella, y Sam sentía que eso era peor.

- No deberías preocuparte tanto – le dijo una voz atrás de ella. Al voltearse, se encontró con el Teniente Surge.
- Me allegro que haya recuperado su condecoración, señor – comentó apáticamente la joven -.
- Lo hiciste muy bien hoy, joven Kellyth – la felicitó el Teniente -. Veo que has mejorado tu táctica de entrenamiento.
- Utilicé la misma.
- Al parecer ahora sí se ven los resultados. Quizás utilizabas la misma técnica, pero no de la forma adecuada. Es lo que se llama un mal entrenamiento.
- ¿No cree que con lo que ocurrió la semana pasada es suficiente? Le pido que deje de hablarme como si fuera una niña.
- Y es que lo eres.

Sam se levantó para irse, no queriendo escuchar más las palabras de aquel hombre, pero él la tomó por la muñeca, y la obligó a sentarse a su lado.

- Lo lamento. Creo que he sido algo rudo contigo. Pero esa es mi naturaleza. Por algo soy marín.
- No es excusa para tratar así a los entrenadores novatos.
- Lo sé. Y de nuevo, lo siento. Lo que en verdad quería hacer era hacerte reaccionar. Veo potencial en ti, Sam. Pero presiento que no lo estás aprovechando. Ser entrenador no es solo ayudar a los demás y a los Pokemon. Tampoco es ganar medallas y convertirse en campeón.
- ¿Entonces qué?
- Se trata de crear una conexión con tus Pokemon. Y no hablo de solo entablar una amistad con ellos, lo cual también es importante. Sino de lograr que ellos entiendan tus deseos y tú la de ellos sin necesidad de usar palabras.
- ¿Y cómo se logra eso? – preguntó más apática todavía.
- Con el tiempo. Mucho tiempo. Y mucho buen entrenamiento – dijo, acentuando su intención en la palabra "buen" -. Aunque hoy note que lo lograste – comentó, recibiendo una mirada de confusión de la joven -. Con tu Pidgeotto. Con un solo movimiento de tu brazo, lograste transmitirle lo que querías. Eso solo lo logran hacer los entrenadores que llegan a líderes de gimnasio, los miembros de la Elite Four de las Ligas Pokemon, los Campeones, y por supuesto uno que otro entrenador.
- ¿Por eso me felicitó? – preguntó Sam sorprendida.
- Lograste esa conexión. De forma premature, sí, pero verdadera. Aunque debo advertirte que no la lograrás ver hasta dentro de mucho más tiempo, cuando tengas una verdadera experiencia como entrenadora.

El silencio se hizo presente por unos momentos. Varios entrenadores pasaron frente a ellos, saludándolos con alegría por haber logrado capturar al ladrón. Surge escuchó un suspiro profundo por parte de la entrenadora que estaba a su lado. De su bolsillo, extrajo un objeto brillante que le había llamado la atención. No sabía por qué un sujeto como Raspus querría un objeto como tal. Parecía como las demás, y al mismo tiempo muy distinta. Luego de unos momentos, tendió su mano a la joven, entregándole el objeto.

- Creo que esto es tuyo.

El rostro de Sam se iluminó por la sorpresa y la alegría al notar que el Teniente le entregaba la Masterball.

- Lo encontré tirado en el bosque, cuando Raspus lo lanzó. Veo que es algo muy importante para ti.
- ¡Lo es, gracias!

La enfermera Joe se les acercó, entregándole sus Pokemon a Sam. La joven recibió un abrazo de su Raichu cuando esta le mostró la Masterball perdida. Al menos, el profesor Oak no la mataría.

El Teniente Surge miró complacido la escena, tomando una decisión.

- ¡Sam Kellyth! - la llamó, no solo recibiendo la atención de la joven, sino también de todos los presentes en el Centro -. Veo que has mejorado como entrenadora. Te reto mañana a una batalla por la Medalla Trueno.

Sin más palabras, dio media vuelta y comenzó a dirigirse a la salida. Sam se quedó paralizada, viéndolo con sorpresa.

- ¿¡Estás loco! ¡Aún no he terminado de entrenar! – le gritó asustada, recibiendo miradas de terror de los presentes ante la forma que ella tenía de tratar al Teniente, con tan poco respeto. Pero Surge solo se rió.
- ¡Pero si ya estás lista!
- ¡No, no lo estoy!
- Si no te presentas mañana, soldado – comenzó seriamente el Teniente – no aceptaré otro reto tuyo, y te faltará una medalla para ir a las semifinales de la Liga.

Y con una sonrisa burlona en su rostro, salió del Centro Pokemon, dejando atrás a una temblorosa Sam.

- Raichu, rai-raichu.
- Ah… - suspiró la joven, acariciando al ratón sobre su hombro -. Al menos recuperé la Masterball – comentó, jugando con la Pokeball mientras la lanzaba hacia arriba.

En un momento dado, la Masterball comenzó a brillar, y lanzó un rayo violeta hacia el suelo. Cuando la luz se disipó, Sam notó que la Masterball volvía a su mano.

- No puede ser…

Frente a ella, se hallaba un Pokemon de lo más extraño. Era un Aipom, pero un Aipom rosa.

- ¿¡Un Aipom rosa!
- ¿Ui? – exclamó confundido el Aipom, mirando a su alrededor. Al fijar su mirada en Sam, se lanzó a sus brazos con alegría -. ¡Uiii!
- ¡Ah! ¿Pero…? ¿¡Cómo! ¡La Masterball!
- ¡Uiii! ¡Uiii!
- Veo que se hicieron muy amigos – comentó felizmente la enfermera Joe.
- ¿Eh?
- Tú y ese Aipom. Es bastante raro conseguir un Aipom en Kanto.
- ¿No los hay?
- No normalmente. Los Aimpon son de la región Johto. Lo que hacen algunos es pasarse a la región Kanto de vez en cuando.
- ¿¡Pero por qué este es de color rosa!
- No te espantes. Se trata de un Aipom shiny – comentó la enfermera, acariciando al Aipom, quien seguía gritando de alegría -. Y una muy simpática al parecer.

Raichu y la Aimpon comenzaron a jugar juntos. Al parecer, un nuevo miembro se había adherido al equipo. Pero Sam estaba preocupada. Durante los sucesos del bosque, varios Pokemon se vieron involucrados. Gracias a la estupidez de Raspus al haber lanzado la Masterball, ésta atrapó al primer Pokemon que sintió. Una Pokeball que puede atrapar a cualquier Pokemon, y que además nunca falla. Y terminó atrapando a aquel extraño Aipom. ¿Y si hubiera atrapado a otro Pokemon, digamos, un Caterpie?

A Sam le dio un escalofrío de solo pensar en eso. Ahora tenía que explicarle al profesor Oak que la Masterball había sido utilizada. Y no sabía qué era peor: que la Masterball se perdiera, o que ya estuviera ocupada.