Si alguien no se ha visto Once Upon A Time in Wonderland probablemente haya partes que no entienda muy bien, peor tampoco son esenciales para la historia, así que no pasa nada jajajaja Aunque merece la pena verlo solo por Anastasia, y son 13 capitulitos nada mas ;P!
Gracias por seguir leyendo y por vuestros comentarios, sois una maravilla, de verdad ^_^!
Los descargos habituales, los personajes de OUAT no me perecen. Espero que os guste y gracias por leer :)!
Regina paseaba por su celda alegrándose de que entre la suya y la de Will estuviese la de Emma, porque si no habría estrangulado al ladrón a través de los barrotes. No debería haberle hecho caso, no debería haberle seguido, en cuanto les habló del Conejo Blanco debieron separar sus caminos. Era un hombre de Robin, después de todo, y si le debía lealtad a alguien era a él. Que estúpida había sido.
Sentada en su celda, Emma la observaba ir y venir, había intentando tranquilizarla varias veces, para que se estuviese quieta sin conseguirlo, y Will gritando desde su celda no ayudaba nada. La rubia temía que en cualquier momento una bola de fuego cruzase su celda hacía Will, ella misma estaba tentada a hacerlo, él las había metido allí y en esas celdas no podían escapar con magia, una de las buenas ideas del reinado de Cora.
- ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Tenemos nuestros derechos. ¡¿Hola?! Prisionero llamando.
Gritaba Will dando golpes a los barrotes. Regina levantó las manos con irritación y los dedos crispados.
- ¿Quieres cerrar la boca de una maldita vez?
Le gritó agarrándose a los barrotes que unían su celda con la de Emma.
- Necesitamos ver a la reina, por eso estamos aquí.
- No, estamos aquí por tu culpa. La reina no va a hacer caso a un vulgar ladrón solo porque él lo pida, otras personas se encargaran de decidir tu castigo.
Respondió Regina, ella era reina, lo sabía bien, de los asuntos menores se encargaban otras personas, la reina solo les haría caso si les sentenciaban a muerte, y eso prefería evitarlo.
- Yo lo conseguiré. – Aseguró Will con convicción. – Si solo pudiese hacer que algún guardia me hiciese caso.
Emma se levantó y se acercó a la celda del ladrón.
- Ven aquí, tengo un plan.
El ladrón se acercó confiado y en un rápido movimiento Emma agarró el cuello de la chaqueta de Will y le golpeó contra los barrotes, girándole después para pasar un brazo por su cuello.
- ¡Emma!
Gritó Regina incapaz de hacer nada desde donde estaba, la morena también estaba enfadada, pero no como para dejar que Emma le matase. Will intentaba librarse, pidiendo auxilio a través de la presa del brazo de la rubia. Dos guardias entraron a toda prisa y abrieron la celda del ladrón, golpeando el brazo de Emma para que le soltase, lo que la rubia hizo sin poner resistencia, sonriendo al ladrón con suficiencia. Había traído a los guardias mucho mas rápido que él, también había sido su pequeña venganza por hacer que las encerrasen, pero eso no iba a decirlo. Will la miró como si estuviese loca, frotándose el dolorido cuello, pero como fuese, había funcionado.
- Necesitamos ver a la reina.
Dijo antes de los guardias salieran otra vez al ver que estaba bien. Uno de ellos se rió.
- Y yo un aumento de sueldo.
Se burló cerrando la puerta con llave. Regina les llamó chistandoles desde su celda.
- ¿Recordáis a la antigua Reina de Corazones? - Los guardias se miraron entre ellos con el recuerdo del miedo en los ojos, claramente se acordaban. – Soy su hija.
Volvieron a reír y Regina frunció el ceño. Uno de los guardias se acercó hasta ella.
- Claro que si preciosa, y yo soy hijo de rey. Haríamos unos bonitos príncipes.
Dijo extendiendo una mano para tocarle la mejilla, Emma frunció el ceño, pero no hacía falta que se enfadase, con un rápido movimiento Regina sacó la mano entre los barrotes y la hundió en el pecho del hombre, sacandole el corazón. El guardia miraba su corazón en manos de la morena sorprendido, su compañero corrió a ayudarle, pero Emma cambió a su aspecto del Oscuro haciéndole parar del susto. Regina devolvió el corazón al guardia, que dio un paso atrás hasta pegarse a su compañero.
- ¿Qué demonios sois?
Preguntó mirándolos a los tres.
- La reina lo sabe.
Dijo Will de mucho mejor humor, si después de eso no les llevaban antes la reina roja, ya no se le ocurría que mas hacer.
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Guiaron a los tres con mucha precaución ante la reina, que no parecía de muy buen humor, la habían hecho ir allí por unos prisioneros que estaba segura no eran mas que vulgares ladrones, no tenía tiempo que perder en esas pequeñeces, ni tampoco ganas. Pero al ver quien era uno de esos tres prisioneros bajó del trono sin pensarlo, dando unos pasos hacía él sin creérselo del todo.
- ¿Will? – El ladrón intentó avanzar hacía ella, pero el guardia se lo impidió. - ¡Will!
Gritó la reina corriendo definitivamente hasta él y echándole los brazos al cuello, Will habría hecho lo mismo si no llevase las manos esposadas a la espalda. Emma y Regina se miraron entre ellas, extrañadas, y luego a la reina colgada del cuello del ladrón con alegría. Los guardias estaban igual de confundidos. La rubia reina liberó a Will mágicamente con un movimiento de la mano, todavía sin darse cuenta de las otras dos prisioneras. Con un ausente gesto de sus dedos, despidió a los guardias, que se marcharon sin entender nada.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado? ¿Cuándo? ¿Qué…?
Un irritado carraspeo interrumpió a la reina roja, que por primera vez se fijó en las dos mujeres, con el ceño fruncido sin entender que hacían allí.
- He llegado aquí con ellas.
- ¿Esta era tu parada?
Preguntó Regina con una molesta ceja levantada.
- Cuando te detuve tenías el dibujo de la Reina de Corazones, ¿verdad?
Dijo también Emma, ya con su aspecto normal, recordando y uniendo los puntos. Anastasia las miraba a las dos sin comprender nada.
- ¿Entonces, son amigas tuyas?
Preguntó mirando solo al ladrón.
- No.
Contestó Regina sin pensar.
- Algo así.
Dijo Emma.
- Si. – Respondió Will. – Bueno…algo parecido. Están conmigo.
Con otro mágico movimiento Anastasia las liberó.
- Gracias.
Dijo la Salvadora frotándose las muñecas, lo mismo que estaba haciendo Regina, que no se molestó en agradecer nada.
- Y ahora ¿dónde está el conejo?
Preguntó la morena que estaba cansada de perder el tiempo.
- Solo le preguntas eso porque es rubia.
Murmuró Emma con una divertida sonrisa ladeada que hizo sonrojar a Regina al ver el doble sentido de su pregunta. Will también rió un poco, era una broma de matrimonio, estaba seguro. La que no entendía absolutamente nada era Anastasia.
- ¿Conejo? ¿El Conejo Blanco? – Will asintió. – No tengo ni idea.
Los otros tres la miraron entre decepcionados y sorprendidos. Emma estaba a punto de dejarse perder el control, todo esto empezaba a no tener sentido.
- Ya que sois amigas de Will estáis invitadas a cenar. Podemos hablar de todo esto entonces.
Decidió Anastasia cogiéndose del brazo de Will y chascando los dedos para que apareciesen dos sirvientes que las guiaran hasta una habitación.
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Aunque al parecer había habido algún tipo de malentendido porque Will dijo que preferirían compartir habitación en vez de estar separadas y acabaron las dos en la misma habitación con una sola cama. Y a Emma le daba igual, lo único que la apetecía era descansar un rato, así que se tumbo en la cama sin pensárselo dos veces.
- Venga Regina, la cama es lo suficientemente grande para dormir las dos sin tener que tocarnos, y también debes de estar cansada.
La verdad era que si que lo estaba, pero lo de tumbarse en la misma cama que Emma Swan no la acababa de convencer.
- Aunque sea el Oscuro no voy a hacerte nada malo. – Bromeó la rubia. – Prometo no aprovecharme de ti.
Finalmente Regina rió y se sentó en la cama al lado de la Salvadora.
- Como si pudieses hacerme algo que yo no quisiera.
Se le escapó a la morena con otra risa, Emma abrió un ojo con una ceja levantada.
- Supongo que ser rubia es una ventaja.
Bromeó girándose en la cama para quedar de espaldas a la morena antes de que esta se volviese para mirarla sin saber que decir. La esquina izquierda de su boca se levantó un poquito antes de tumbarse y cerrar los ojos también de espaldas a Emma.
Pero no durmió. Era perfectamente consciente de la presencia de Emma en la misma cama, y de que estaban en el País de las Maravillas sin forma de salir sin ese Conejo, y de que Emma era aun el Oscuro y no sabía durante cuanto tiempo podría combatirlo la rubia. Y pensaba en Henry, en Storybrooke, ciegamente convencido de que ella iba a salvar a Emma. Pero ella nunca había sido la heroína, siempre había sido la villana, y eso hacía flaquear su confianza.
Cuando volvieron a ver a Will, no parecía el mismo, le habían puesto ropa mas elegante, a juego con la de la reina roja, y nunca le habían visto de tan buen humor, todavía con la reina enganchada al brazo, tal y como lo habían dejado.
Se sentaron los cuatro a la mesa en un incomodo silencio. Regina lanzaba miradas de reojo a esa reina rubia, la nueva Reina de Corazones, preguntándose si habría conocido a su madre y como había llegado al trono, pero no tenía tiempo para eso, su prioridad era salir de allí con Emma y continuar su viaje.
- Will me ha dicho que necesitáis llegar al Bosque Encantado.
Rompió por fin el silencio Anastasia. Emma asintió tocando la comida con su tenedor, tenía muy presente en la memoria el libro de Alicia en el País de las Maravillas, en el que cada vez que la chica comía algo, le pasaban cosas malas, crecía, encogía… Como si Regina la leyese el pensamiento, comió sin miedo, aguantándose la risa cuando vio que Emma hacía lo mismo ya sin recelos.
- Pero tu has dicho que no sabes donde está el conejo.
Dijo Emma disfrutando de la comida, Anastasia la miraba como si nunca hubiese visto a nadie comer de esa manera.
- El Conejo y su familia desparecieron hace meses. Le mandé buscar cuando desapareciste… - Dijo mirando a Will, antes de aclararse la garganta y volver a dirigirse a las otras dos también. – Y no estaba, nadie sabe nada de él.
- Y sin conejo no hay portal.
Gruñó Regina clavando su tenedor en la comida de mal humor.
- ¿No hay otra manera? Tu tienes magia, Ana.
Dijo Will sentado al lado de la reina, que le miró con cariño, su expresión solo se suavizaba cuando miraba al ladrón.
- No la suficiente para abrir portales, Will.
- Ellas dos tienen magia también, son poderosas. Son la Reina Malvada y el Oscuro.
Anastasia se tensó en su silla al momento, mirando a las otras dos mujeres repentinamente alerta.
- No sabes tener la boca cerrada, ¿verdad Will?
Dijo Emma con un resoplido. Regina y Anastasia tenían la misma pose defensiva, dispuestas a lanzar una bola de fuego ante cualquier movimiento extraño.
- No, no, Ana, no pasa nada, son inofensivas.
Intentó tranquilizar, lo que ofendió un poco a las otras dos mujeres, que no tuviesen malas intenciones no las hacía inofensivas exactamente.
- ¿Cuál de vosotras es la Reina Malvada?
Preguntó Anastasia mirando a Regina sospechando que sería ella, la morena entrecerró los ojos, desconfiada.
- Soy yo.
Dijo en su mejor tono de Reina Malvada. Emma y Will miraban a una y otra esperando un enfrentamiento, pero Anastasia soltó una risita, aligerando la tensión.
- Regina, claro... Debería haberlo sabido, te pareces a tu madre.
La reina malvada frunció el ceño.
- Conociste a mi madre.
No era una pregunta, la rubia asintió.
- Fue… - Dudó, sin saber si la ofendería o no. Pero realmente no le importaba. – Al principio pensé que era como una madre para mi, me enseñó magia, me enseñó a ser reina…
- Pero acabó haciéndote daño.
Completó Regina, no le hacía falta escuchar la historia, conocía a su madre muy bien. Anastasia asintió cogiendo la mano de Will.
- Me dijo que la recordaba a ella, que su propia hija la había decepcionado y yo era el tipo de hija que habría elegido. – Dijo Anastasia con una amarga risa. Regina apretó la mandíbula. – Parecía tan amable… Me hizo creer que el amor….
- Es debilidad.
Terminó la morena por ella, conocía muy bien el mantra favorito de su madre. Emma puso una mano en su rodilla a modo de apoyo, pero Regina hizo un gesto indicando que estaba bien, habían sido muchos años bajo el yugo de Cora, prefería recordarla como la última vez que la vio, con el corazón en su sitio, diciéndola que ella habría sido suficiente.
- Creí que había encontrado una amiga, una madre, y estaba tan desesperada por recibir la aprobación de una madre que…
- No hace falta que me lo expliques, querida, conocía bien a mi madre. Se lo que es querer desesperadamente la aprobación de la mujer que te dio a luz, sin conseguirla jamás.
Dijo Regina sin poder evitar la dura amargura de su voz. Era curioso que Cora hubiese abandonado a una hija y maltratado psicológicamente a la otra, y luego hubiese intentando encontrar sustituta en otros reinos. Para hacer exactamente lo mismo que hacía siempre: manipular.
- Supongo que ninguna fuimos las hijas que nuestras madres esperaban.
Concluyó Anastasia con una sonrisa forzada, recuperando la compostura, todavía agarrada a la mano de Will. Emma y Regina sospechaban que había mucha historia tras ellos, pero eso no era asunto suyo.
- El Conejo Blanco no está, pero esto es el País de las Maravillas queridas, siempre hay una solución.
Dijo la reina roja mucho mas dispuesta a ayudarlas, había desaparecido esa tensión entre Regina y ella, en vez de eso habían encontrado algo que las unía. Anastasia se levantó de la mesa sin soltar en ningún momento la mano de Will, para guiar el camino, pero antes de que Regina se levantase, Emma habló.
- ¿Estás bien?
- Perfectamente Emma, hace tiempo superé los traumas de mi madre. – Apretó un poco la mano que aun seguía en su rodilla. – Pero gracias por preocuparte.
La Salvadora sonrió, poniéndose de pie a la vez que Regina.
- Parece que va a ayudarnos. – Dijo Emma señalando con la cabeza la espalda de Anastasia. – Verdaderamente tienes buena mano con las rubias.
La morena le dio un golpe en el hombro, girando los ojos con una risa.
- Para ya.
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La reina roja les guió a través del castillo hasta un ala muy poco transitada, sacó una llave y entraron los cuatro en una habitación llena de trastos. Trastos caros.
- Ana, ¿qué es este sitio?
Preguntó Will toqueteando cosas con curiosidad, la reina rubia se encogió indiferentemente de hombros.
- Son cosas de la antigua reina.
Explicó con sencillez, lanzando una mirada a Regina para comprobar su reacción, pero la morena se limitó a acercarse a una cómoda y coger una pequeña cajita enjoyada, observarla con desinterés y dejarla de nuevo en su sitio.
- ¿Hay algo aquí que pueda ayudarnos?
Preguntó Emma, atenta también al estado de animo de Regina. Anastasia asintió, y de un enérgico tirón, quitó la sabana que cubría un enorme espejo. La morena abrió la boca con sorpresa; lo reconocía, era el mismo espejo a través del que había mandado a su madre allí, al País de las Maravillas.
- ¿Esto nos llevará al Bosque Encantado?
Volvió a preguntar la Salvadora a Anastasia, pero observando a Regina, que daba pequeños pasos hacía el espejo.
- No lo sé, no sé a donde lleva, nunca lo he atravesado. Pensé muchas veces en destruirlo, pero nunca lo hice.
Respondió la reina roja. Regina sabía que había pocas posibilidades de que las llevase al Bosque Encantado, si fuese tan fácil su madre habría salido de allí mucho antes.
- ¿Funciona?
Preguntó la morena a la otra reina, que asintió.
- Podréis atravesarlo, si, Mandé soldados a inspeccionar el otro lado, cruzaron, pero nunca volvieron. – Dijo con un encogimiento de hombros. – Así que no se lo que os espera al otro lado, pero sin el Conejo, es lo mejor que puedo ofreceros.
Emma y Regina se miraron dudosas, atravesar ese espejo era dar un paso a ciegas, podrían acabar en un mundo sin magia, podrían acabar en alguna dimensión infernal como en la que había caído Emma al convertirse en el Oscuro. O podían encontrar la manera de llegar por fin al Bosque Encantado, incluso a Camelot. Si Cora lo tenía allí no podía llevar a ningún lugar infernal ¿verdad? O podía mas probablemente llevarles justo allí, después de todo, las evidencias indicaban que la propia Cora nunca lo había cruzado.
- ¿Qué opinas, Regina? ¿Mas espejos?
Preguntó Emma, dejando que la morena decidiese su siguiente paso, podían arriesgarse o podían quedarse allí atascadas a la espera de una solución. Y eso podía tardar mucho.
- ¿Estás dispuesta a arriesgarte?
Le devolvió la pregunta a Emma, la rubia sonrió sin dudar.
- ¿Contigo? Claro.
A veces a Regina le sorprendía es confianza ciega que Emma tenía en ella, esa forma que tenía la Salvadora de creer en la Reina Malvada, de considerarla lo suficientemente valida como para sacrificar todo por ella.
- Estás pensando mucho en mi.
Susurró Emma divertida, inclinándose hacía Regina para que solo la escuchase ella. La morena se sonrojó un poco, pero no dijo nada, dirigiéndose a Anastasia y asintiendo con la cabeza.
- Nos arriesgaremos.
Anastasia también asintió, mirándolas a las dos. Lo entendía.
- Os deseo suerte.
Regina le dirigió la primera sonrisa desde que la conocía, agradeciendo sus palabras con un gesto de cabeza. Cogió aire para cruzar el espejo hacía lo desconocido, pero la reina roja sujetó su brazo para detenerla.
- Espera, necesito saber… ¿volviste a ver a Cora?
Regina le sostuvo la mirada y vio algo muy conocido, una expresión que había visto reflejada en sus espejo mucho tiempo, la cara de alguien en busca de aprobación, alguien intentando ser valida para otros alguien.
- Si. Murió. – Anastasia se entristeció un poco, Regina puso una mano en su hombro. – Murió con su corazón en el pecho. Murió siendo mi madre, siendo ella de verdad.
La reina roja sonrió un poco y dio un paso atrás, dándolas espacio para marcharse. Regina volvió a coger aire, pero una mano se agarró a la suya, a su lado, Emma Swan la sonreía para darse valor a las dos. Asintieron a la vez, y atravesaron por fin el espejo.
Tras ellas se hizo un silencio.
- Tenias razón Will, se nota que están casadas.
Dijo Anastasia inclinándose para darle un beso en la mejilla al ladrón, enganchándose una vez a su brazo para salir de allí.
