Capítulo 12

Aun al final

De acuerdo, era extraño. Él no era ningún mártir y no acabaría como tal, primero porque detestaba a los mártires, y segundo porque él jamás pensó enamorarse. Pero lo hacía sentir bien, así que ya daba igual.

La amaba mucho y no la defraudaría, pero hasta ahí llegaría.

Todo esto lo pensaba mientras la observaba recostada sobre su regazo con los ojos cerrados, porque era más que obvio que dormir, no entraba en la naturaleza de Kanna.

Admitía que si le parecía hermosa, era porque era muy diferente a cualquiera que él hubiera visto. Claro... era tan diferente a toda mujer, que eso la hacía hermosa.

Pero mientras tanto, Naraku al estar solo en el castillo, hilaba muchas cosas que en su momento parecían extrañas ¿Cómo se había enterado Moryomaru de esos hermanos de rayo siameses que absorbió para hacer su armadura más resistente? En su momento sospechó de Hakudoshi, pero luego de armar otras piezas sonaba ilógico a pesar de que él fue el que le dijo de aquella armadura.

Y si no fue Hakudoshi, no pudo ser Kagura, estaba demasiado ocupada tratando sus propios asuntos, por lo que sólo restaba... Oh, eso sí era una sorpresa.

No podía creer que Kanna tuviera la osadía de traicionarlo sabiendo lo que le esperaba; más aún, si Byakuya era tan cercano a Kanna, ya debía saberlo a estas alturas del partido.

-Apostaste al lado equivocado Byakuya- se dijo Naraku sonriendo con esa misma maldad de siempre.

Ese inepto había metido la pata sin quererlo, y Kanna no era todo lo que aparentaba.

Sería interesante.

Cuando lo noche llegó, Byakuya caminaba solo por el oscuro pasillo que guiaba a la habitación de Naraku, quien hace no menos de dos minutos lo mandó llamar.

¿Qué quería Naraku de él a esas horas de la noche? Sus servicios eran buenos, pero no de veinticuatro horas.

-Dime- solicitó entrando a la habitación con expresión seria, pero sin perder su toque personal y despreocupado.

-Byakuya, dime si tu sabías que Kanna fue quien le dijo a Moryomaru de esos siameses del rayo- le preguntó mirando a su extensión con seriedad.

¿Ahora qué? ¿Qué tenía decirle la verdad? ¿Y si la decía que pasaría?

Diablos, Kanna era una boba, por eso él no se arriesgaba de ese modo.

-Lo supuse- respondió con la verdad. Sabía bien que había sido Kanna, pero por deducción propia, no por boca de ella.

-Ya veo. Otra cosa ¿No sabes si a Kanna se le han metido en la cabeza los mismos deseos que a Kagura?

-No sé- respondió snriendo despreocupadamente -. ¿Quién crees que habla cuando estamos juntos? ¿Ella o yo? No pienses que sé todo lo que piensa, porque cuando mira al vacío no sé si lo hace.

Byakua era demasiado listo, y eso Naraku lo sabía. No dudaba de que al igual que él hubiera deducido lo de Moryomura, pero lo último... Había modo de comprobarlo.

-Byakuya, no esperaba que tú te descuidaras de ese modo.

-¿Eh?

-Kanna fue lo suficientemente lista como para fortalecer a un enemigo mío, y no lo resultó ¿No sería más fácil usarte para liberarse de mí? Porque estoy seguro de que de algún modo sabes que quiere ser libre o al menos que yo muera, y en el fondo deseas cumplírselo, y sólo si me equivoco, entonces ella no está viéndote como su boleto de escape.

Esas palabras le llegaron por un momento, por un momento se sintió herido y usado, por un momento entendió a que se refría Naraku con que esos lazos sólo traían dolor, pero todo eso lo sintió por menos de un segundo.

¿Naraku lo creía idiota? Sabía bien que su creador era el mejor torciendo las cosas y manipulando lazos como esos a su conveniencia.

-Como tú digas- dijo manteniendo en todo momento su expresión indolente y poco preocupada -¿Eso era todo?- preguntó abriendo las cortinas para marcharse, pues había logrado convencer a Kanna de dormir con ella.

-Una cosa más Byakuya. Cuando tengas la oportunidad... Mátala.

Eso sí lo dejó frío.

No podía, no lo haría.

-¿Por qué?- le preguntó sintiendo como si apretaran el corazón que no tenía.

-Has como siempre Byakuya. No preguntes, sólo obedece.

-Pero... Eres tú quien tiene su corazón- dijo sin verle mucha lógica al asunto.

-Haz lo que tengas que hacer, lo único que haré yo será destruir su corazón cuando ella quede sin energías para desparecer. Ahora retírate- ordenó observando complacido como Byakuya salía d la habitación con su sonrisa de siempre borrada de su rostro.

Sería interesante ver que haría Byakuya sabiéndose entre la espada y la pared.

Entró a la habitación de Kanna, observándola sentada sobre una cama ya extendida en el suelo, una que ella había puesto para ambos, pues si Byakuya no dormía con ella, no había porque tender nada en el suelo.

¿Era capaz de matarla? ¿Lo era?

Kanna notó que Byakuya venía tenso, y verlo tenso a él, sería como verla sonreír a ella. ¿Qué le había dicho Naraku? Lo sabía porque estaban juntos cuando lo llamó.

Byakuya se sentó al lado de Kanna, mirándolo en espera de saber ¿por qué diablos se involucró con ella? No había sido su mejor jugada.

Se preguntaba... ¿Qué clase de monstruo era Naraku si fu capaz de matar a la persona que amaba? o con la que estaba obsesionado... Ese no era el caso.

-No la haré- susurró en voz tan baja, que Kanna a penas lo escuchó. Aun así lo hizo.

Lo miró esperando saber a qué se refería con eso.

-¿No lo harás?- preguntó Kanna notando un pequeño debate interno en Byakuya.

-No te mataré- dijo sabiendo que Kanna entendería de inmediato; y sí, lo entendió, entendió que Naraku le había dado órdenes a Byakuya de matarla.

-Él no está- dijo Kanna refiriéndose a que Naraku había salido.

Dios, debía estar loco.

-Entonces vámonos- le dijo poniéndola de pie, encontrándole realmente poco sentido a lo que hacía. Naraku tenía sus corazones, huir era estúpido, aun así, quedarse ya no era seguro para ellos.

Cuando estaban a punto de salir del castillo, Kanna opuso algo de fuerza, deteniendo a Byakuya quien la llevaba de la mano.

-¿Es el fin?- le preguntó ella sin emoción alguna.

No sentía miedo, no sentía emoción por estar escapando, en realidad, le daba igual. Lo único que quería era una garantía de que Byakuya no se separaría de ella.

Byakuya suspiró mostrando su expresión seria pero con su siempre toque de poca preocupación.

-Pienso que sí, pero será juntos- le sonrío con su misma despreocupación de siempre.

Estamos en la recta final, porque el fic constará de 14 caps y un epílogo, sayonara.