El sonido del despertador hizo que Akari se levantara rápidamente. La chica pelirroja estaba muy feliz ese día. Muy animada bajó las escaleras y saludó a su hermana.

-Buenos días, onee-chan.

-Buenos días, Akari. – Respondió Akane con la misma alegría.

-Je je, esto… Onee-chan, ¿sabes qué día es hoy?

Akane sonrió.

-¿Acaso crees que soy capaz de olvidarme? – Dijo abrazando a su hermana. – Felicidades, Akari.

-¡Wai! ¡Gracias, onee-chan! – Respondió Akari feliz abrazando también a su hermana.

-14 años ya… Es increíble cómo pasa el tiempo. Parece que era ayer cuando eras tan pequeña que tenía que agacharme para estar a tu altura. Has crecido mucho, Akari. Pronto vas a ser más alta que yo.

-Je, je… ¿Quieres decir, onee-chan?

-Aunque la verdad es que me gustaría que te quedaras así para siempre.

-¿Eh? ¿Por qué? – Dijo Akari haciendo un puchero. – Yo quiero seguir creciendo, quiero hacerme más madura.

Akane soltó unas risitas.

-Lo sé. Es solo que así te ves tan adorable… Pensar que seguirás creciendo y vas a seguir cambiado… A mí me gustas cómo eres, Akari. No quiero que dejes de ser mi hermanita…

-Onee-chan, ¿por qué dices eso? Aunque cambie físicamente siempre seguiré siendo tu hermana pequeña.

-Akari, eres un encanto.

Akane la volvió a abrazar y le dio un beso en la frente, lo que provocó un leve sonrojo a la pequeña.

-Oh, cierto. Casi lo olvidaba, tu regalo.

Akane sacó del bolsillo un par de entradas de cine. Akari al verlas se quedó impactada.

-¿¡Qué!? ¿¡Son de la nueva película de Nanamori!?

-Así es.

-¿¡Pero cómo las has conseguido!? ¡Había escuchado que se habían agotado todas!

-He tenido que mover unos cuantos hilos, pero sabía que tenías muchas ganas de ir a verla, así que hice todo lo que pude para conseguirlas.

-¡Pero te deben haber costado mucho!

-Eso no importa, Akari. Si con eso consigo hacerte feliz no me importaría gastarme todo el dinero que tengo.

Akari se lanzó a los brazos de su hermana y la abrazó con todas sus fuerzas.

-Te quiero muchísimo, onee-chan. Estoy encantada de que seas mi hermana.

Akane disfrutó durante unos segundos de ese abrazo de su hermana antes de recordar algo.

-Oh, cierto, no soy la única que quiere felicitarte. Hay otras personas que también quieren hacerlo. Ven. – Dijo dirigiéndose a la sala de estar.

Akari la siguió sin saber a qué se refería, y Akane desplegó el portátil que había encima la mesa, sorprendiendo a Akari al ver a dos personas en la pantalla.

-¡Felicidades, Akari!

-¡Mamá! ¡Papá!

-Muchas felicidades, hija. – Empezó la madre. – Sentimos mucho no poder estar aquí hoy. Debíamos haber vuelto hace un par de días, pero por culpa del tifón que hubo hace casi dos meses, casi todo Hokkaido se quedó sin electricidad, con lo que no pudimos hacer el trabajo por el que habíamos venido durante toda una semana y nos tendremos que quedar una semana más para hacerlo. Créeme que no hubiéramos ido si hubiéramos sabido que no estaríamos aquí por tu cumpleaños. Fuimos porque íbamos a poder estar aquí hoy. Siento que al final no hay podido ser.

-No te preocupes, mamá. No pasa nada.

-De todas formas no queríamos perder la oportunidad de felicitarte en persona. – Siguió el padre. – Por eso le pedimos a Akane que instalara Skype en su ordenador para poder felicitarte hoy.

-Je je, muchas gracias.

-Te hemos comprado unos recuerdos de Hokkaido. – Dijo su madre. – Cuando volvamos la semana que viene te los daremos, ¿vale?

-Sí. – Respondió Akari asintiendo.

-En fin, Akari, espero que pases un día genial. Disfruta de tu decimocuarto cumpleaños. 14 años ya… Es increíble cómo pasa el tiempo. Parece que era ayer que eras tan pequeña que cabías dentro del cesto de la ropa. A veces te escondías allí para jugar.

-¿Tú también, mamá?

-¿Eh?

-Akane también me ha dicho lo mismo, aunque poniendo otro ejemplo.

-Es que has crecido mucho, Akari, y me he acordado de cuando eras pequeña. Me gustaría que te pudieras quedar así para siempre.

¿¡Tú también!?

-¿Akane también te lo ha dicho?

-¡Que manía tenéis todos con que me quede pequeña! ¡Yo quiero crecer!

Akane intentó evitar reír, sin mucho éxito.

-Tienes que comprendernos, Akari. – Dijo su madre. – Cuando has vivido cientos de momentos felices con alguien a quién amas, quieres seguir viviendo esos momentos. Por eso decimos que queremos que te quedes igual.

-Lo entiendo… – Dijo la chica. – De todas formas, podremos seguir viviendo momentos felices aunque crezca. – Siguió con una enorme sonrisa.

-Uuuh… Akari, eres tan adorable… – Dijo su hermana, abrazándola de nuevo.

-En fin, Akari, que acabes de pasar un feliz día. – Dijo su madre.

-Y cuando tu madre y yo volvamos, no dudes que seguiremos creando más momentos felices todos cuatro.

Akari asintió con una gran sonrisa. Después de despedirse, Akari desayunó, se vistió y se dispuso a ir a la escuela muy alegre. Desde que reapareció hace un mes, sus amigas le habían prestado mucha más atención. Siempre que estaba allí la notaban, no la excluían en sus conversaciones, cada vez que hablaba la escuchaban… En ningún momento la pasaron por alto, y en ningún momento le volvieron a hacer ninguna broma sobre su falta de presencia. Es más, Akari pasó varias noches fuera de casa, ya que todas querían dormir con ella, incluso Ayano y Chitose, que como no tienen tanta cercanía con ella, propusieron que el Consejo Estudiantil y el Club del Entretenimiento durmieran juntas en la casa del Club del Té, aunque con la clara intención de estar con Akari.

Akari salió de casa y Kyoko, Yui y Chinatsu la recibieron a la salida.

-Buenos días, Akari.

-Buenos días, chicas. – Respondió Akari feliz.

-Vamos un poco justas de tiempo, será mejor que nos demos un poco de prisa al ir a la escuela. – Dijo Yui.

-Sí. – Contestó Chinatsu.

-Ah, de acuerdo. – Dijo Akari, algo sorprendida.

Al principio le sorprendió un poco que no la felicitaran, pero luego pensó que era mejor llegar puntual a la escuela. Ya la felicitarían por el camino o cuando llegaran allí. Pero durante todo el camino, ninguna dijo nada. Y al llegar allí, lo único que hicieron fue despedirse.

-Nos vemos después, chicas. – Se despidió Yui.

-Estaré todo el rato pensando en ti, Chinachuuuuu… – Dijo Kyoko alargando los labios fingiendo besarla.

-Sería mejor que estuvieras atenta. ¿Vamos, Akari-chan?

-¿Ah? ¡Sí!

-¿Eeeh? Eres muy borde, Chinatsu-chan… – Dijo Kyoko mientras las dos chicas de primer año se dirigían ya a su clase.

Akari estaba algo descolocada, pero pensó que tal vez estaban demasiado pendientes del tiempo como para felicitarla, ya que fue llegar, y dos segundos después entró la profesora y empezó la clase. Si la hubieran felicitado habrían llegado tarde, así que decidió esperar a la hora del descanso. Como de costumbre, Sakurako, Himawari, Chinatsu y Akari juntaron sus mesas para comer y hablar entre ellas. Pasó un largo rato, pero ninguna de ellas le comentó nada acerca del cumpleaños. Solo hablaban sobre tonterías sin sentido, lo cual puso algo nerviosa a Akari, hasta que Sakurako empezó a hablar sobre sus hermanas.

-Vamos, no será para tanto. – Dijo Himawari.

-Deberías haber estado allí. – Dijo Sakurako enfadada. – Estoy segura de que me odian.

-No digas eso, Sakurako-chan. – Dijo rápidamente Akari. – Tus hermanas no te odian, estoy segura de que te quieren mucho.

-Para nada. Preferiría tenerte a ti como hermana antes que a ellas. Te lo digo muy en serio.

Chinatsu y Himawari iban a decir algo, pero Akari aprovechó esa oportunidad.

-¿Esto es todo lo que me quieres decir?

Las tres chicas se extrañaron ante ese comentario.

-¿Eh? ¿Qué quieres decir?

-Dices que preferirías que yo fuera tu hermana. ¿No hay nada más que me quieras decir? ¿Esto es todo?

Las tres chicas ponían cara de confusión.

-No te entiendo, Akari-chan.

Akari decidió ir más allá.

-¿Sabes qué día es hoy?

Sakurako se extrañó ante la pregunta.

-Por supuesto, es martes.

-No… No me refería a eso.

-¿Querías saber el número? 24.

-Tampoco me refería a eso…

-¿Entonces a qué te referías? – Preguntó Sakurako confundida.

-Sí, yo tampoco entiendo nada, Akari-chan.

Akari decidió no continuar.

-Da igual, no tiene importancia.

Akari bajó la cabeza claramente triste, pero entonces pensó en algo.

-Un momento… ¿Y si solo están fingiendo no saber que hoy es mi cumpleaños para después darme una fiesta sorpresa? ¡Sí! ¡Debe ser eso! Es imposible que no se acuerden que hoy es mi cumpleaños. ¡Seguro que solo lo están fingiendo para después darme una sorpresa! Seguro que cuando vayamos al club vendrán todas a felicitarme.

Solo pensar en eso, Akari se tranquilizó de inmediato y una gran sonrisa se esbozó en su rostro, cosa que las otras chicas notaron al instante.

-Akari-chan, ¿qué te pasa?

-Oh, nada, es que estoy emocionada pensando en cómo será la nueva película de Nanamori. Ya tengo ganas de verla.

-¡Cierto, la última fue muy buena! – Exclamó Sakurako. – ¡Me muero de ganas de saber cómo sigue!

-He oído rumores de que Sayaka muere en esta entrega. – Dijo Chinatsu.

-¿¡Qué!? ¡No! ¡Tiene que ser una broma! ¡Sayaka no puede morir!

-Eso es lo que he oído.

-¡Pero ella es la protagonista! ¿¡Si muere, cómo continuarán la historia!?

Sakurako y Chinatsu empezaron a debatir teorías sobre la película, y poco después también se añadió Himawari. Akari siguió comiendo feliz. Ella sabía que sus amigas se acordaban de su cumpleaños, pero no había demostrado saber nada acerca de la fiesta sorpresa, por lo que no les arruinó los planes.

El resto de clases pasaron, y llegó la hora de ir al club. Akari y Chinatsu fueron juntas. Akari se esperaba que al llegar estuvieran todas esperándola, pero al entrar al club solo estaban Yui y Kyoko, leyendo. Kyoko un manga y Yui un libro. Al principio le sorprendió un poco eso, pero pensó que tal vez las demás llegarían más tarde, así que ella y Chinatsu se pusieron a hacer los deberes.

Pasó casi una hora y nada. Akari ya se empezaba a impacientar. Empezaba a pensar en la posibilidad de que sus amigas realmente se hubieran olvidado de su cumpleaños, pero inmediatamente rechazó esa idea.

-¡No! ¡Eso es lo que quieren que piense! Quieren que piense que realmente se han olvidado de mi cumpleaños y entonces darme la sorpresa. ¡Casi caigo! Je je… ¡Pero no! ¡No voy a caer! Sé que es imposible que se hayan olvidado de mí. Puede que esperen incluso una hora más para darme la sorpresa para que me crea que realmente se han olvidado. Pero no voy a caer. Sé que les importo, sé que no se han olvidado de mí.

Las chicas siguieron leyendo y estudiando. De vez en cuando Kyoko sacaba algún tema de conversación sin sentido, pero nada que indicara que se acordaban del cumpleaños de Akari. Pasó más de una hora y media y nada. Akari ya empezaba a preocuparse seriamente. Si realmente le estaban preparando una fiesta sorpresa estaban tardando mucho. Se estaba haciendo tarde, y si esperaban mucho más la escuela cerraría. Akari intentó pensar que tal vez Nana hiciera guardia esa noche y que les dejaría dormir esa noche en el club. Eso tendría sentido. Harían la fiesta por la noche, y después se quedarían a dormir allí. Eso explicaría por qué tardaban tanto. Akari creería que se han olvidado de ella pero entonces le darían la sorpresa y como se podrían quedar por la noche no tendrían que sufrir por los horarios.

Akari intentaba pensar en que ese era el motivo por el que tardaban tanto en darle la sorpresa, pero si bien antes estaba del todo convencida, ahora ya no lo estaba tanto. Quería seguir creyendo en ello, pero ya no estaba completamente segura, y empezaba a dudar. Pero Akari seguía creyendo en sus amigas.

Pasaron 40 minutos más. Nada. Akari ya se empezaba a poner nerviosa. Si bien aún tenía la esperanza de que hicieran la fiesta por la noche, por primera vez empezaba a pensar en la posibilidad de que realmente sus amigas se hubieran olvidado de ella.

-¿Y si… Realmente no se acuerdan? Ya sé que no debo pensar eso, pero… Están tardando mucho… Puede que se hayan olvidado… ¡No, no, no! ¡No debo pensar en eso! ¡Ellas me aprecian y me quieren! ¡Les importo! ¡Seguro que se han acordado! Porque… Ellas me quieren… ¿Verdad?

Akari empezaba a perder la confianza en sus amigas, y se sentía terriblemente mal por eso. Ella quería pensar que realmente le habrían preparado una fiesta sorpresa, y que después se consideraría a sí misma una tonta por dudar de sus amigas. ¿Cómo pudo dudar de ellas? ¡Estaba claro que eso era solo una estrategia para intentar engañarla! … ¿Verdad?

Akari tenía una batalla moral interna bastante importante. Durante los siguientes 30 minutos no pudo pensar en nada más, y cada minuto que pasaba, su desesperación iba aumentando, aunque ella intentaba impedirlo, sin éxito. Finalmente, Yui miró hacia fuera y vio que el sol se estaba a punto de poner.

-Ya es bastante tarde, ¿nos vamos ya?

-Cierto. – Dijo Chinatsu.

Las tres chicas se levantaron, dejando a Akari completamente atónita, y se dirigieron hacia la salida.

-¡Esperad! – Gritó, sorprendiendo a las tres. – ¿¡Y mi sorpresa!?

-¿Eh? ¿Qué sorpresa? – Dijo Yui confusa.

-No me lo puedo creer… ¿De verdad que no os acordáis?

-¿Acordarnos de qué? – Preguntó Kyoko.

-Es verdad, esta mañana también has dicho algo parecido. – Dijo Chinatsu – ¿Qué querías decir?

-¡Hoy es mi cumpleaños!

Las tres chicas se quedaron completamente chocadas al oír esto. Esa reacción no pasó desapercibida por Akari.

-No puede ser… No os acordabais…

-Akari… – Empezó a decir Kyoko.

-¿Cómo es posible?

-Akari… Lo siento… – Siguió Yui.

-¿Por qué? Me dijisteis que nunca volveríais a olvidarme… Que siempre me tendríais en cuenta…

-Lo siento… – Dijo Kyoko intentando hacer una sonrisa forzada. – Parece que los efectos de la sustancia aún no han desaparecido del todo…

-¡Los efectos de la sustancia desaparecieron completamente el viernes pasado! ¡Nishigaki-sensei me hizo la prueba y me lo confirmó! – A Kyoko se le borró esa sonrisa y se quedó sin saber qué decir. – No me lo puedo creer…

-Akari…

-Lo que más me duele no es que lo hayáis olvidado… – Dijo intentando no llorar. – Sino que la sustancia no ha tenido nada que ver. Lo habéis olvidado por vosotras mismas…

Akari no pudo reprimir su tristeza y empezó a llorar, escondiendo la cabeza entre sus brazos, encima de la mesa.

-Akari…

-¡Dejadme! ¡Quiero estar sola!

-Su voz sonaba claramente dolida, lo cual causó una gran tristeza en las tres chicas, pero las tres coincidieron que en ese momento era mejor dejarla sola, así que con tristeza, abandonaron la sala del club, dejando a Akari llorando.

Akari perdió la noción del tiempo. No supo cuánto rato estuvo llorando, pero teniendo en cuenta que cuando miró a fuera el sol ya se había puesto, calculó que por lo menos un cuarto de hora o 20 minutos.

Akari seguía completamente triste por el olvido de su cumpleaños por parte de sus amigas. Y lo peor es que la sustancia no tuvo nada que ver. Solo recordar eso la hacía poner triste otra vez, así que decidió no pensar en ello. Fue al baño del club y se lavó la cara, pues la tenía roja de llorar. Aunque el agua fuera refrescante y le consiguió aliviar el dolor de los músculos de la cara, el dolor más grave, el sentimental, seguía allí. Y ese no había manera de quitarlo. Después de secarse, Akari se miró al espejo. Claramente estaba muy triste, y no le gustaba estar así. Mucha gente le decía, sobre todo su hermana, que estaba mucho más guapa cuando sonreía, y aunque ella también lo creía, en esos momentos no tenía ningunas ganas de sonreír. Así que con esa cara de tristeza de dirigió a casa.

No quería darle más vueltas a aquello, pero no podía pensar en otra cosa. Sus amigas no se habían acordado de su cumpleaños. Eso le provocaba un gran dolor en el corazón, sobre todo porque esperaba que después de su reaparición todas la tuvieran más en cuenta. Pero no fue así. Solo pensar en eso le hacía venir ganas de llorar de nuevo, pero pudo lograr contenerse, aunque con dificultades. Akari se pasó el brazo por los ojos, secándose algunas lágrimas que no pudo retener. Tras un largo rato de caminar, finalmente llegó a su casa.

-Ya estoy en casa… – Dijo con la voz apagada.

Akari se dirigió a la sala de estar. Necesitaba abrazar a su hermana. Al entrar, oyó un fuerte ruido que la asustó e inmediatamente después vio cientos de papeles de colores volando por la habitación.

-¡FELICIDADES!

Akari quedó completamente desconcertada al ver allí a todas sus amigas.

-¿Eh? ¿Qué? ¿Qué es…

-¿Cómo íbamos a olvidarnos de tu cumpleaños, Akari? – Dijo Yui con una tierna sonrisa.

-Sabíamos que te esperarías una fiesta sorpresa, por lo que no sería sorpresa. – Siguió Kyoko.

-Teníamos que hacer que realmente no te la esperaras, por lo que hicimos ver que nos habíamos olvidado de tu cumpleaños para que te pensaras que no habíamos preparado ninguna fiesta y realmente fuera una sorpresa. – Continuó Chinatsu.

-Fue idea de Sakurako. – Dijo Himawari.

Sakurako se infló el pecho orgullosa.

-Sentimos si te hemos puesto triste, Akaza-san, – Dijo Chitose. – pero es la única forma que se nos ha ocurrido para que no sospecharas.

-Akaza-san… Felicidades.

-¡FELICIDADES, AKARI!

-Chicas… – Akari no pudo evitar derramar unas lágrimas, que por primera vez en mucho tiempo, eran de felicidad. – Gracias…

-Akari… – Ésta se giró y vio a Akane sosteniendo un pastel en sus manos, dejándola boquiabierta. – Ya lo he dicho esta mañana, pero felicidades.

-¡Onee-chan! ¿Lo has hecho tú?

Akane negó con la cabeza.

-Yo no he tenido tiempo, he llegado de la universidad hace apenas una hora. Lo han hecho el Consejo Estudiantil.

Akari se sorprendió.

-¿Habéis sido vosotras?

-Así es. ¡Yo fui a buscar los ingredientes! – Gritó Sakurako.

-Luego Sugiura-senpai y yo hicimos la mezcla, e Ikeda-senpai hizo lo decoró. – Dijo Himawari feliz.

-Nos dijeron que te mantuviéramos en el club el tiempo suficiente para que pudieran terminar de hacerlo y preparar la decoración. – Dijo Yui.

Akari miró a su alrededor y vio que la sala de estar estaba llena de guirnaldas y globos.

-¿Esto también lo habéis hecho vosotras? – Preguntó Akari mostrando una gran alegría.

-¡Yo también compré los globos y las guirnaldas! – Volvió a gritar Sakurako.

-Sí, sí… Bien hecho. – Dijo Himawari para que se callara.

-Chicas… Todo esto… – Akari no podía evitar llorar de felicidad. – Muchas gracias…

Akane puso el pastel en medio de la mesa.

-Vamos, Akari, llegó la hora. Pide un deseo y sopla.

Akari se secó las lágrimas, y con una gran sonrisa, apagó las velas, provocando un aplauso justo después por parte de todas las demás chicas.

-¿Y bien, Akari? – Preguntó Kyoko poniéndose a su lado. – ¿Qué has pedido?

-Si lo digo no se va a cumplir.

-¿Eeeh? ¿No me digas que crees en esas chorradas? Vamos, ¿qué has pedido?

-Kyoko, deja en paz a Akari.

-Vamos, Yui, no seas así.

-Toshino Kyoko, Funami-san tiene razón. Akaza-san no tiene por qué decirte su deseo si no quiere.

-¿Eeeh? ¿Tú también, Ayano? Buuu, qué aburridas sois…

Akari miró con una sonrisa como todo seguía igual con sus amigas mientras recordaba su deseo.

-Deseo… Que sigamos siendo amigas para siempre.