Cuando Darien regresó a la sala, se encontró con un panorama diferente, sin el desastre que dejara minutos antes. Y, después de una ducha rápida, también su perspectiva de las cosas era otra, un poco más optimista.

Saludó a su visitante con propiedad, disculpándose otra vez.
Ella insistió en que no tenía por qué hacerlo, y le sonrió.

Se esforzó por corresponderle la sonrisa.

El desayuno dispuesto sobre la mesa llamó poderosamente su atención, devolviéndole el apetito de pronto.
Ami se había preocupado por él. Su gentileza lo reconfortó un poco.

—Por favor, siéntate . Ya que veo sólo un plato, acompáñame al menos con un café.
—No te molestes, ya comí en el restaurante. Buen provecho.
—Gracias.

Como si tácitamente hubiesen acordado postergar la conversación hasta terminar, en silencio, él dio algunos bocados, encontrando acertada la elección de club sándwich y ensalada.

Mientras tanto, ella revisó los mensajes en su celular, y después de abrir y cerrar varios, anotó en una de las hojas que recogiera del suelo información que consideró importante.

Permanecieron callados y ocupados un rato, y aún así, se hallaban cómodos en la compañía del otro.
Finalmente, él se refirió al tema que más le interesaba, sin rodeos.

—¿Sabes algo de Serena, Ami?
—Sí. Como podrás imaginarte, por eso he venido. Ella está bien, dentro de lo que cabe. Es más fuerte de lo que podrías pensar, te lo aseguro.
—Se marchó con su familia, ¿a dónde?
—Me temo que no puedo decírtelo. Pero, mi intención es ayudarte sin faltar a la promesa que le hice.
—¿No te meterás en problemas con las demás chicas?
—Es un riesgo que estoy dispuesta a correr.

Darien se levantó para sentarse junto a ella, realmente interesado por lo que ella le diría.

—¿Por qué haces esto?
Su rostro se tornó más serio de lo habitual, lo cual no pasó desapercibido para él.

—Por Serena, por su felicidad y el amor.
Aquello sí que lo tomó por sorpresa. Y la expresión en su rostro lo delataba.

—Apuesto que no es lo que esperabas escuchar.
—Sinceramente, no. Un argumento difícil de rebatir sobre "el futuro Tokio de Cristal", quizá.
Ella no se inmutó, como si estuviera acostumbrada a que le calzaran el estereotipo.
Comprendía bien eso.
Era menos complicado dejar hablar a la gente que evidenciar el error.

—Dejando de lado todo lo que está en juego si se separan, es claro que ambos se aman y están sufriendo. Desconozco qué fue lo que sucedió, Serena no nos dio detalles. Estoy aquí para escuchar tu versión, porque, probablemente, nadie más va a pedírtela. Tal vez te juzguen, te condenen y después te exijan una solución, pero, encuentro inadmisible el pasar por alto los sentimientos de ambos por "el bien común". Luchamos por el amor y la justicia. Lo justo por ése amor que los une, es darte una oportunidad para enmendar tu falta. Soy consciente de que me excedo en las facultades que me da su amistad. Simplemente, no puedo sentarme a ver cómo todo se desmorona.

El espontáneo abrazo que le siguió a aquella declaración ninguno pudo preverlo.
Tal vez era inapropiado; ya se disculparía luego. Justo en ése instante, no hubo palabras ni mejor manera para agradecerle la confianza que depositaba en él.
Tras unos segundos, se levantó apresurado con la excusa de traer agua.
Ami supo que necesitaba alejarse para recuperar la compostura, pues la emoción del momento lo estaba superando.
No eran adeptos a ése tipo de demostraciones. La cual, por fortuna, fue breve y no tuvo que hacer comentario alguno al respecto.
Darien debía hallarse al límite para actuar así.

Cuando regresó, se desplomó sobre el sillón frente a ella.

Tras un profundo suspiro, reflexivo y cabizbajo, comenzó su relato: "La amo, la amaré siempre. No soy perfecto. Me gustaría serlo, así no la lastimaría nunca más..."

Lo escuchó con detenimiento, sin interrupciones y en silencio.
Alerta a sus gestos y las inflexiones en su voz.

Procuró mantenerse ecuánime ante la mención de Michelle y sus artimañas.
Evidentes para ella, entonces invisibles para él.

Era tan sencillo decantarse por odiarla. Pero dejarse llevar por tan intensa y nociva emoción no le era útil a nadie.
En cierto punto se preguntó si ella sería capaz de perdonar en ésas circunstancias.
¿Qué sabía ella del amor?
Ciertamente, muy poco.
Fue su turno para suspirar.

—¿Crees que pueda perdonarme?
He ahí otra pregunta para la que no tenía respuesta.

El amor que Serena albergaba en su corazón parecía infinito. Y entre más se ama, más grande es la herida.

—La única certeza en esto es que hay que intentarlo.

—Entonces, ¿cuál es tu plan? Toda sugerencia es bienvenida.
—Mucho más importante es lo que tú tienes que decirle a ella, desde el corazón.
Con una ligera inclinación de cabeza, le señaló los papeles sobre la mesita.

Primero la observó, un tanto confuso. Conforme la idea fue tomando forma en su mente, sus pupilas se iluminaron con el entendimiento.
Se levantó casi de un salto, impulsado por una vitalidad renovada.

—¡Se las enviaré! Una a una, hasta que vuelva ¡Con una rosa!, hasta que me escuche.
—Es un buen inicio. Ya que no puedo darte la dirección, ¿me permites usar tu computadora? Buscaré una florería que pueda hacer la entrega. Eliges las flores cada día, anexando tu mensaje en una tarjeta. Coordinaré todo por teléfono y correo electrónico, de preferencia para que quede listo hoy. De lo demás, te encargas tú.

Contagiada por su entusiasmo, Ami se puso en pie, palmeó su espalda amigablemente y lo acompañó rumbo a su lugar de estudio. Ahí, él encendió la máquina y le cedió el sitio. Ami maniobraba los aparatos, tomaba notas y le hacía preguntas; todo a la vez, con soltura.

Pasó el tiempo, y para cuando ella se retiró del escritorio, el primer encargo estaba en proceso: Una rosa roja de tallo largo y su "confesión" de la noche anterior en una tarjeta.
No tenía una hora exacta, pero podía monitorear su envío en la página web del negocio. Si ella aceptaba recibirlo o no, le notificarían.

Ojalá fuese él un hombre de fe, para tener algo a lo que aferrarse.
Con gusto se arrodillaría, suplicaría y ofrecería casi cualquier cosa sin titubear, a cambio de una nueva oportunidad junto a su amada.

—Mañana sólo debes llamar, dar tu nombre y te comunicarán con la encargada en turno, le dictas tu mensaje, y así el resto de los días.
—Aprecio mucho tu ayuda en ésta situación desesperada, Ami, gracias.
—Sólo te apoyé para dar el primer paso.
—No defraudaré su amor ni tu voto de confianza. Serena y yo volveremos a ser felices.
—Si es que ella decide que tú eres su felicidad. Recuerda que el desenlace no está en mis manos ni en las tuyas. Al hacer esto, no es mi afán imponerle nada; de eso ya ha tenido bastante.

Con las certeras palabras, él enmudeció.
Sin más, se despidieron.

El celular de Ami sonó justo después de que la puerta se cerró tras ella.
Camino al elevador, tomó la llamada.
Sabía de quien se trataba, pues iba tarde a su encuentro.
Resultaba irónico que alguien que tenía por hábito la impuntualidad se molestase tanto cuando era su turno de esperar.
Pero así era Mina, y tal cual la quería.

—¿Dónde estás? Llevo aquí casi media hora. Mi frappé casi se derrite sobre la mesa.
—Lo siento, llegaré pronto.
—Si no hay una buena excusa para tu retraso, tú invitas el segundo.
—Ya me dirás tú, cuando te cuente.
—Vaya, vaya... Te estás poniendo misteriosa. Okay, te espero.

En cuanto colgó, Ami se preguntó si Aino estaría de acuerdo con su proceder.
Al fin y al cabo, era la Guardiana del Amor.
Cruzó los dedos porque así fuera, pues, creía que con ella correría con la mejor suerte.
Con las demás, aún no deseaba pensar en lo que le aguardaba.

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¡Saludos!
Gracias por leer.