Contenido: Universos alternos: Osomatsu rubio y cambio de edades. Angst, tragedia, probable mención de violencia, family, drama, posible OC (no intencional).
Pareja: Este fanfic se queda como un drama familiar. Así que no hay pareja y por ello no tiene publicación en mi perfil de Amor-yaoi.
Disclaimer:
Hikari: ¡Hola! ¿Qué tal? Esta semana es la primera de clases y simplemente, estoy que me muero (siento que dije algo similar en uno de los primeros capítulos…). En fin, lo mismo y obvio de siempre: Osomatsu-san no me pertenece, la obra original fue gracias a Akatsuka Fujio, yo solamente escribo esto por ocio y sin fines de lucro. Notas al final.
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-.-.-Karamatsu-.-. -
-Hoy fue la cuarta vez- me dije a mi mismo mientras recorría las calles nocturnas de regreso a casa.
Hace cuatro días que comencé a realizar esta extraña y poco común caminata nocturna. Pasando la media noche, me levantaba del futón, asegurándome de que todos mis hermanitos se encontraran profundamente dormidos, y me dirigía a un conbini que se encontraba a varias calles de nuestro hogar.
Pero el conbini no era mi lugar de destino. Siempre me detenía poco antes de llegar, sí en ese angosto y oscuro callejón que estaba enrejado en el fondo. Ese lugar donde siempre se encontraba una persona, de la que aun desconocía su rostro y solo reconocía por su voz, alguien con el que podía platicar abiertamente y escuchar con atención. De cosas triviales, de secretos con los que había estado cargando durante trece eternos años.
Había algo en aquella persona, algo difícil de explicar, que me animaba a querer contarle todo aquello que mantenía guardado. El telón se bajaba momentáneamente mientras estaba con él, los reflectores dejaban de cegarme, la multitud se desvanecía en silencio.
Era impresionante como, sin conocerlo, podía abrirle las puertas para que él me conociera.
Con esta extraña felicidad regresé a casa, deslicé con el mayor cuidado la puerta y me colé silenciosamente dentro del futón. Cerré los ojos y dormí inmediatamente.
Las mañanas eran rutinarias, sin nada que destacar, a pesar de que aún no me atrevía a ver directamente a los ojos de los gemelos menores. Siempre que nos encontrábamos cerca, el descubrimiento de esa foto a blanco y negro regresaba a mi mente. Supongo que era bueno que la mayor parte del tiempo me ignoraran, creo que no se han percatado de mi incomodidad.
Aunque…hoy Ichimatsu parecía bastante pensativo.
Antes del mediodía, las tareas del hogar ya estaban hechas, estando en la casa donde vivíamos me senté cómodamente sobre el tatami, intentando olvidar todos los problemas que habían surgido en los últimos días, intenté recordar las pláticas que tenía durante las madrugadas fugitivas.
Solo habían sido tres noches, pero a pesar de ello, sentía que estos encuentros comenzaron desde mucho más tiempo del que en verdad era.
-El otro día intenté verle el rostro- miraba al techo, intentando recordar uno de los momentos de las noches anteriores- Pero él me detuvo antes de siquiera intentarlo.
Siempre eran de la misma forma, cuando yo llegaba, saludaba cordialmente y él, me contestaba oculto desde el otro lado de la máquina expendedora. Regularmente se encontraba fumando, lo sé por el olor que alcanzaba a colarse hasta mis fosas nasales.
-Mi hermano mayor murió hace trece años- le conté la siguiente noche después del día en que nos conocimos- Bueno…eso creo, en realidad nunca estuvimos seguros de que él esté muerto.
- ¿Y entonces, por qué lo toman como muerto? - fue su pregunta.
-Nos dijeron que era lo mejor para todos- bajé mi mirada, intentando que la tristeza no se reflejara en mi tono de voz- Si nos convencíamos de que estaba muerto, mamá podría superar su depresión más rápido- él me contestó solamente con un vago "hmmm". Sin más, le conté aquella historia.
Sobre mi hermano mayor, su secuestro, sobre los trece años que pasamos convenciéndonos que jamás regresaría, sobre las pesadillas de Choromatsu, de mi patética actuación de hermano mayor, de la foto que encontré entre las cosas de los gemelos, sobre la ignorancia de Todomatsu excusada por inocencia, sobre sobre mis inseguridades y miedos.
Y él, jamás me juzgó, jamás opinó sobre si estaba bien o mal lo que habíamos hecho, ni tampoco me animó ni motivó. Su aportación se limitaba solamente a escucharme.
A pesar de ser el que regularmente hablaba, logré que él también se expresara de vez en cuando. Escuché sobre su familia, de su padre que a veces lo golpeaba pero que era quien le había enseñado todo lo que él sabía, de su hermana menor que era una molestia, especialmente cuando intentaba meterle a la cabeza "ideas estúpidas" (jamás me dijo cuáles eran); de su hermanito menor que lo había desobedecido y ahora, las pocas veces que lo veía, reconocía el miedo en sus ojos infantiles.
-Pero, a pesar de todo…ellos lo son todo para mí- concluyó.
De alguna forma lo entendí. Aquel gran aprecio que le tenía a su propia familia…me dio la impresión de que era algo similar a lo que yo sentía por la mía.
La mañana siguió avanzando, y con naturalidad, las agujas del reloj marcaron más allá del mediodía. Me alisté, intentando escoger ropas poco extravagantes, pero igual de fashion de mi armario y me encaminé hacia la escuela de mi pequeño hermano Todomatsu.
Después de asombrar a las jóvenes sensei que ahí trabajaban y de ver como mi hermanito se despedía de sus Totty girls, ambos regresábamos lentamente a nuestra casa. Pero, a pesar de intentar aparentarlo, logré notar un poco de tristeza en my Little brother, especialmente cuando soltaba aquellos lánguidos y cansados suspiros.
- ¿Todo bien, Totty? - pregunté casualmente.
-Si…supongo que si- inusualmente, Todomatsu no levantó su vista al contestarme.
- ¿Estás seguro? - volví a preguntar insistentemente, él asintió en silencio- ¿Y… cómo está tu amigo Atsushi? - al mencionar al otro niño, Todomatsu infló sus cachetes en un infantil puchero.
Bingo. Así que se trataba de aquel niño.
-No lo sé- sus cejas también se habían fruncido, como si el haber mencionado a su amigo fuese una gran molestia- Él no ha ido ni a la escuela ni al parque desde que lo invité a casa, y eso que prometió ser mi amigo.
-Oh…y-ya veo- los problemas de los niños eran tan importantes para ellos como cualquier problema de adultos.
-Tal vez alguno de ustedes hizo algo que no le gustara y por eso no lo he vuelto a ver- Todomatsu alzó su vista y me miró con reproche- Tal vez fue tu delantal de porquería, o tal vez cuando Choromatsu se puso a presumir sus calificaciones de ñoño y diplomas, o tal vez cuando Jyushimatsu empezó a gritar sobre beisbol, no, ¡ya se! Cualquiera se hubiera asustado al ver a Ichimatsu-niisan cagando sobre la mesa cuando la plática se centró en él.
Una gotita de sudor rodó por mi cabeza al escuchar todo aquello de la inocente boca de mi hermano. Definitivamente dolía tener que escuchar todos nuestros defectos desde su perspectiva infantil. ¡Solamente tenía cinco años! Pero, lastimosamente, todo lo que había dicho era verdad.
Totty tenía cuatro horribles hermanos mayores.
Sin poder defenderme de todo aquello, ambos regresamos en un silencio incómodo. Cuando llegamos, afortunadamente, él subió a nuestra habitación para distraerse. Seguramente en un rato más regresaría a los juegos del pequeño parque a esperar a su amigo Atsushi a quien no veía desde hace varios días. O al menos eso es lo que me había contado.
Revisando los ingredientes de las estanterías y el refrigerador, comencé a pensar sobre la cena de aquel día.
El día de hoy mamá tenía sesión, por lo que probablemente regresaría hasta después de la cena y papá…bueno, ya eran raro los días que llegara temprano así que jamás lo tomábamos en cuenta para la hora de cenar.
-Solo mis brothers y yo- dije después de un rato. Aún era temprano, por lo que podría lavar los trastos sucios antes de comenzar a cocinar.
-Ya llegué- gritó alguien desde la puerta. Medio minuto después el recién llegado entró a la cocina- Hola.
-Bienvenido, llegas temprano hoy, brother- me giré para sonreírle a modo de bienvenida
-Si, los profesores nos están dejando las horas de clase para estudiar por nuestra cuenta así que tampoco tengo mucho que hacer allá- Choromatsu tomó una manzana de la mesita para llevársela a la boca- Y la academia nos ha dado varios días libres, no quieren que nos estresemos antes del repaso intensivo de la siguiente semana.
-Entonces hoy cenaremos los cinco, espero que Jyushimatsu e Ichimatsu tampoco tarden mucho en llegar.
-Ahora que lo mencionas- dijo con la boca medio llena- Ese par ha estado regresando más tarde de lo habitual, ¿no?
-Creo que se la pasan jugando beisbol o algo así- Ambos nos quedamos en silencio intercambiando miradas. Ciertamente…eso se escuchaba por mucho extraño. Bueno, sería normal si fuera solo Jyushimatsu, pero Ichimatsu no tenía la condición física para seguir el ritmo de la inagotable fuente de energía que tenía en su interior el menor de los gemelos.
-Aún es temprano- decidí cambiar radicalmente de tema- ¿Por que no vas a descansar un rato?
- ¿Eh? ¿Pero qué dices? El examen es pronto, no puedo desperdiciar el tiempo. Estaré en la otra habitación un rato repasando.
-No te sobre esfuerces- le advertí antes de ver como salía de la cocina.
Cuando veía a Choromatsu estudiando tan arduamente, siempre me invadía la felicidad, pero, justo por debajo de ella sabía que, en el fondo, había otro extraño sentimiento. Algo bástate opuesto a lo que debía sentir.
Probablemente, algo parecido a la envidia.
Agitando fuertemente mi cabeza, decidí deshacerme de esos extraños pensamientos y regresar a mis tareas. Poco después, alcancé a escuchar los pequeños pasos de Todomatsu bajando rápidamente por las escaleras, gritando que saldría a jugar un rato. Se fue de la casa no sin antes escuchar mis recomendaciones y prometer que regresaría antes de la cena.
Comencé a ordenar los ingredientes. Especias, verduras y el arroz. Dedicándome con esmero a cada paso, siguiendo las recetas que con el tiempo aprendí de memoria, alcancé a escuchar cómo la puerta principal se deslizaba.
-Oh, vaya…regresaste temprano- fue la voz de Choromatsu- ¿E Ichimatsu?
¿Jyushimatsu? Que extraño que no entrara gritando. Dejé a un lado el cuchillo, me limpié las manos con parte de mi delantal y salí al pasillo principal para darle también la bienvenida a mi hermanito.
-Bienvenido…-mi voz fue decayendo al ver el extraño estado en que había llegado Jyushimatsu. Jadeante y con el rostro decaído el niño intentaba recuperar el aire perdido probablemente por venir corriendo.
Intercambié miradas confundidas con Choromatsu antes de volver a mirar a Jyushimatsu. Eso que se deslizaba en las mejillas del niño no era sudor…eran lágrimas. El siempre alegre Jyushimatsu estaba llorando.
- ¿Jyushimatsu? - Choromatsu se acercó al pequeño sin dudarlo, poniéndose en cuclillas intentó ver su rostro desde abajo, pero antes de poder lograrlo, él se colgó de su cuello, utilizando su hombro para soltar fuertes sollozos.
- ¿Que ocurre, Jyushimatsu? - me acerqué, tocándole el hombro intentando que levantara su rostro para verle los ojos. El niño se aferró aún más a Choromatsu, dejando caer más lagrimas como si su vida dependiera de ello.
¿Qué había ocurrido? ¿Dónde estaba Ichimatsu? ¿Por qué estaba tan devastado? Una enorme preocupación crecía en la boca de mi estómago con cada grito de agonía de Jyushimatsu. ¿Qué sería tan malo como para que, el niño más alegre que conocía llorara con tal intensidad?
-Lo siento- murmuró con una voz quebrada, aun sin levantar su rostro de Choromatsu- lo siento.
- ¿Por qué te estas disculpando? - Choromatsu logró por fin separarlo lo suficiente para verlo directamente al rostro. Sus ojos comenzaban a hincharse debido a las fuertes lágrimas.
-Ichimatsu-niisan dice que no debe volver, pero…pero…- utilizaba sus mangas largas para intentar detener sus lágrimas, pero por más que se limpiara sus parpados estos no dejaban de producir más de ellas- ¡Yo quiero que Osomatsu-niisan regrese! - gritó finalmente antes de volverse a lanzar hacia Choromatsu.
Gritaba y lloraba, las gruesas lagrimas terminaban estampándose y humedeciendo la ropa de Choromatsu.
¿Qué quería decir con eso? Inmediatamente volteé a ver a Choromatsu, pero esté había adquirido una expresión de pánico, sin ser consciente de que lo estaba observando.
Sin querer, recordé lo que hace varios días me había dicho.
Él dijo que…había visto a alguien que se parecía a Osomatsu.
¡Pero aquello era imposible! ¡Él estaba muerto! ¡Él ya no podía regresar aquí! ¿¡Acaso le había mencionado algo a Jyushimatsu?! ¡¿Acaso todos estaban tan desesperados en encontrar a alguien que encajara mejor en el puesto de hermano mayor?!
No, no, no. Cálmate Karamatsu. Eso, por más que a mí me sonara lógico, en realidad era bastante improbable. Pero entonces, ¿por que Jyushimatsu había mencionado el nombre de un hermano que jamás alcanzó a conocer?
- ¡Lo siento, lo siento! - gritó una vez más Jyushimatsu. - ¡Osomatsu-niisan!
No, que no repitiera ese nombre junto aquel honorifico.
Choromatsu y yo esperamos en silencio, escuchando los desgarradores lamentos de Jyushimatsu resonar en toda la casa, sin saber qué hacer exactamente. Pasaron segundos, minutos, más de una hora. Los tres nos habíamos movido a la salita donde antes Choromatsu había estado estudiando.
Jyushimatsu por fin se había separado del mayor, pero aún seguía limpiándose con sus largas mangas el rostro de restos de lágrimas que se negaban a dejar de salir.
-Hace más de una semana, Ichimatsu-niisan y yo lo encontramos- la voz de Jyushimatsu se oía cortada y ronca. Muy diferente a la animada que acostumbraba tener- …A Osomatsu-niisan…
Ambos lo escuchábamos atentamente. Desde su travesura de hace un par de años al sacar aquella foto que yo ya había encontrado, hasta las tardes que habían compartido con el supuesto "Osomatsu-niisan".
Pero… ¿esa persona era en realidad Osomatsu-niisan?
Con cada palabra que decía el menor, el rostro de Choromatsu palidecía más, especialmente cuando escuchó la descripción de la persona con la que habían estado jugando.
Cabello rubio artificial, un par de lentes de armazón delgado, siempre ocultándose debajo de una sudadera con capucha, con un peculiar olor a cigarro y con marcas de golpes y magulladuras en diferentes partes del cuerpo.
¡Eso no significaba nada! Esa persona no era necesariamente Osomatsu, especialmente cuando, a pesar de haber pasado varias tardes junto a los gemelos, nunca les dijo su nombre. Era ridículo.
- ¿Dónde está Ichimatsu? - a pesar de que intenté no sonar cortante, Jyushimatsu saltó en su lugar al oírme.
-N-no lo sé- admitió deprimido- Cuando le dije que quería traer a Osomatsu-niisan de vuelta, él…- ya no dijo más, sus ojos parecían querer volver a soltar cascadas de lágrimas.
Me hice una suposición de lo que había ocurrido. Pero eso quería decir que…
- ¿Crees que Ichimatsu esté con él ahora? – pregunté.
-T-tal vez- al oír la contestación, mi corazón aumentó su ritmo al latir. ¿¡Me estaba diciendo que mi hermanito estaba con alguien desconocido, un probable estafador justo a su mereced?!
Porque estaba claro, Osomatsu no regresaría de la tumba solo para jugar con los gemelos. Alguien que se había aprovechado de su ingenuidad había esperado este momento para poder salir victorioso.
Le haría algo a Ichimatsu, era peligroso…no, no…no quiero volver a perder a otro hermano más.
Apresurado y sin siquiera decir algo, salí corriendo de casa. Al menos alcancé a tomar mis zapatos que me los iba poniendo en el camino. No me importa quien fuese, estaba con Ichimatsu, tenía que llegar con él. Yo era el hermano mayor, debía proteger a todos los menores, lo había prometido.
¡Si, se lo prometí a aquel niño hace trece años! Una promesa que me lastimaba como fuertes grilletes pero que aún debía mantener firmemente.
"Ichimatsu, Ichimatsu, Ichimatsu".
Corrí con todas mis fuerzas, el cielo ya había oscurecido, era más allá de la hora habitual en que los gemelos habían estado regresando y aún no había pistas de Ichimatsu. Llegué al lugar que describió Jyushimatsu.
"En la parte trasera del parque, bajando una pequeña colina y junto a un riachuelo. Osomatsu-niisan me aventaba las pelotas mientras que Ichimatsu-niisan nos observaba sentado".
Todo estaba como él lo había descrito, pero…Ichimatsu no se veía en ningún lado. Ni tampoco el supuesto "Osomatsu-niisan".
Intentando calmar mis nervios, retomé el camino de regreso a casa, inspeccionando con cautela cada rincón, observando con atención el rostro de cada persona que pasaba cerca mío. Y después de varios minutos, a poca distancia de nuestro hogar, finalmente lo encontré.
Uno de los callejones oscuros en donde solía pasar el tiempo alimentando gatos, entre botes de basura y cajas viejas de cartón, escondido en un oscuro rincón donde ni la luz de la luna podía iluminarlo. Con sus piernas pegadas a su pecho y acariciando a varios felinos. Ahí estaba.
-Ichimatsu- al escuchar su nombre, el niño dio un saltito, asustando a los animalitos que se refugiaron entre los deshechos del lugar.
-Oh, eres tú, Kusomatsu- su voz ronca lo era aún más. A pesar de estar completamente oscuro, alcancé a ver sus ojos hinchados…signo de que había estado llorando igual que su hermano gemelo.
-Ven, regresemos a casa- lo tomé del brazo para levantarlo, pero él puso todo su peso y fuerza para evitar que lo moviera de su sitio.
-No quiero regresar- su cabello cubrió sus ojos y sentí como su cuerpo se tensaba.
-No puedes quedarte aquí- intenté nuevamente levantarlo, pero Ichimatsu se tensó aún más para impedírmelo.
Solté un suspiro cansado. "No quiere ver a Jyushimatsu" pensé a ver su triste semblante. No sabía con exactitud lo que había pasado entre ambos, pero podía hacerme una idea general de la situación. Con el tema de "Osomatsu-niisan" había gran posibilidad de que ambos pelearan o discutieran por sus diferentes puntos de vista. Era claro que iba a pasar tarde o temprano con algún tema…ambos eran tan opuestos el uno del otro que me sorprende el hecho de que no hubiera pasado desde antes.
-Jyushimatsu nos contó todo- me di cuenta de que Ichimatsu había dejado de poner fuerza en su brazo. - Estaba preocupado…de que ese "Osomatsu" te hiciera algo.
-Él no nos hizo nada- intentó defenderlo.
-Ni siquiera saben si realmente es él- suspiré, aún me encontraba demasiado confundido respecto al tema. - Ustedes no lo conocieron cuando éramos niños, no saben cómo…
-No lo conocimos- dijo en un murmuro- Exacto…no lo conocíamos.
-No hace falta que lo hagan- volví a tirar de él y, sorpresivamente, Ichimatsu se dejó guiar esta vez. Sin soltarlo de la muñeca, lo encaminé de regreso a casa.
Ichimatsu se encontraba en completo silencio, en algunas ocasiones sentí su mano temblar, probablemente nervioso por lo que pasaría cuando viera a Jyushimatsu. Alcancé a escuchar unos breves gemidos que intentaban ser callados cuando se limpiaba la cara con su ropa.
¿Qué se supone que debía decirle ahora? ¿Qué tipo de hermano mayor soy si no puedo consolar a uno de mis hermanos?
Pero no me importaba demasiado. Necesitaba un respiro, necesitaba una vez más que el telón bajara, dejar de fingir y actuar como una persona que no deseaba ser. Solo deseaba fervientemente que las horas pasaran, que la luna se posicionara cada vez más arriba para que la hora en que mi encuentro con el desconocido cerca del conbini llegara.
El ambiente no mejoró aun después de llegar a casa, la cena la degustamos en completo silencio sin atrever a mirarnos a los ojos, cada uno sumido en sus propios pensamientos sin tener la necesidad de expresarlos. Todos nos fuimos a acostar de la misma manera, sin decir el típico "buenas noches" o las bromas y chistes nocturnos.
Todo quedó en oscuridad absoluta.
Esperé varias horas despierto, viendo de vez en cuando la hora desde la pantalla del celular más cercano. Salté de la cama cuando llegó la hora esperada. Con una desesperación poco usual me coloqué un delgado abrigo y me puse entre tropiezos mis zapatos, verifiqué varias veces que nadie se levantara por mi inusual ruido y salí finalmente de la casa.
Mis pasos me guiaban más rápido de lo acostumbrado, en tiempo récord llegué al típico callejón, por fin dejé resbalar mi espalda sobre la máquina expendedora para tomar asiento sobre el pavimento.
-Hola, buenas noches- saludé, sin embargo, no hubo respuesta. - ¿Estás ahí? La verdad es que quiero tener una laaaarga conversación hoy contigo- solté una risita, pero nuevamente nadie me contestó.
Un vacío comenzó a formarse dentro de mí.
Temeroso, me asomé tan solo un poco para ver el otro lado de la máquina. Efectivamente no había otra persona en ese lugar a parte de mí.
-Vaya…- bueno, era normal. Nunca prometimos vernos cada noche, ni siquiera era alguien que conociera, pudo haber tenido cosas más importantes que hacer que escuchar a un desconocido con complejo de hermano que solo se limitaba a hablar sobre su dramática vida.
Si. Quizás eso era lo que estaba ocurriendo.
Pasé varios minutos en silencio, las anteriores noches simplemente no le había prestado atención al frio que se colaba en aquel lugar, debido a que siempre me encontraba tan cómodo que simplemente ignoraba este hecho.
Apoyé mis piernas dispuesto a levantarme, cuando el sonido de la reja temblando me detuvo. "¿Alguien la está escalando?" si, ese sonido era algo similar, aunque no me atreví a girarme para comprobarlo. Después de un sonido seco comencé a escuchar algunos pasos que se acercaban y finalmente como pateaban ligeramente la máquina.
-Lamento llegar tarde- si, esa era la voz que me había acompañado las anteriores noches- Tuve unos pequeños imprevistos. - él también se dejó caer al suelo utilizando la máquina de apoyo, mientras lo hizo alcancé a escuchar breves quejidos de su parte.
-Don't worry- dije sonriendo de medio lado.
-Y no hables con ese horrible inglés, harás que mis costillas se terminen de romper- rio sonoramente.
- ¿Otra vez una pelea? ¿O fue tu padre descargando su furia contra ti? - pregunté, ignorando su tonta broma acerca de sus costillas.
-Supongo que un poco de las dos- su tono sonaba divertido, como si todo fuese una broma.
Me tomó varios minutos de silencio para poder comenzar a hablar.
-El día de hoy…me sucedieron muchas cosas…
-No me digas, otra vez sobre tus hermanos- soltó una breve risita- En serio amigo, tú si que tienes un verdadero complejo.
-No tan grande como el tuyo, al menos- yo también reí. A pesar de que eso pudiera sonar ofensivo, en realidad el extraño sentido del humor de aquel chico siempre lograba animarme.
-Es justo por eso que estoy dispuesto a escucharte, anda- contestó aun divertido.
Simplemente, se lo conté todo. Le narré como mis hermanos habían discutido, a pesar de que ninguno de ellos me lo había dicho directamente, las extrañas expresiones que había puesto Choromatsu al oír la descripción de nuestro supuesto hermano, el incómodo silencio que se propagó desde la cena hasta la hora de dormir.
Todo salió de mi boca.
-Pero…yo aún no puedo creerlo- dije al final de mi relato- Osomatsu…él, desapareció hace muchos años. Es imposible que mis hermanos pudieran pasar sus horas después de la escuela con él...
- ¿O sea, que no les crees?
-N-no es eso- me defendí rápidamente- Tal vez…solo estaban buscando una figura de hermandad mayor mejor que yo, ya sabes…como que yo nunca he podido ser el mayor realmente- reí intentando que mis pesimismos no salieran junto con mi voz- Osomatsu siempre fue un mejor hermano mayor que yo.
Recordé cosas del pasado, Osomatsu siempre era quien nos lideraba, quien realizaba las mejores bromas, a quien Choromatsu le tenía mayor confianza. Yo ni siquiera parecía ocupar el segundo puesto ya que, cuando estábamos con Osomatsu solo importaba ser el primero.
Era reconfortante.
-Opino que deberías creerles- comentó. El sonido del metal tras de mi me indicó que se levantaba de su lugar. - No creo que tus hermanos sean unos mentirosos. - los pasos sobre el asfalto comenzaron a sonar, pero no se estaban alejando, todo lo contrario. - ¿O sí?
Solo tuve que girar un poco para poder verlo por completo. Desde abajo vi unos desgastados converse, unos jeans sucios, una chamarra rojiza que le cubría todo su torso y parte de su cabeza con la capucha puesta. De cabello probablemente rubio y con un par de lentes de armazón delgado.
- ¿Sabes que dicen la verdad, no Karamatsu? - mis ojos no podían abrirse más de lo que ya estaban, no podía procesar la información que recibían mis ojos acerca del aspecto de aquel sujeto. ¿Que acababa de decir? ¿Me estaba llamando por mi nombre?
-Bye, bye- dijo no sin antes pasarme rápidamente su mano sobre mi cabeza, revolviendo un par de cabellos antes de retirarla. El eco de sus pasos alejándose y después el temblor de la reja. A pesar de que todo estaba pasando en cámara lenta yo era incapaz de voltear para verlo nuevamente.
¿Cuántos minutos había pasado yo en silencio? Cuando regresé nuevamente a mí, me giré rápidamente. Aquel chico ya no estaba.
¿En verdad Osomatsu estaba regresando a nuestras vidas?
Continuará…
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Hikari: ¡CHAN CHAN CHAN CHAAAAN! Lo siento, no pude resistirme jajaja. Les recuerdo que pueden dejar sus comentarios o críticas constructivas en la cajita de reviews de acá abajo. Soy tan feliz cuando los leo! Carajo, probablemente no hubiera podido escribir todo esto si no fuera por sus bellas palabras y su apoyo. Muchas gracias.
Poco a poco vamos llegando al climax, quedan pocos capítulos pero espero que les esté gustando el rumbo de esto. Espero leerlos la próxima semana. ¡Bye bye-perowna!
