Detrás del espejo
Capítulo 11
La fiesta estaba repleta de gente, importante. Donde Hermione viera, había miembros de la primera orden de Merlin, honorarios del ministerio y del Wizengamot. Por donde viera, Hermione estaba rodeada de Mortífagos. Actuales o futuros, muchos de los presentes, por no decir todos, estaban o estarían en algún momento, involucrados en la guerra de poder mágico. Pero del lado equivocado.
En un momento, Hermione divisó a Lucius platicando con su padre y otro hombre que ella no conocía.
Suspiró paciente y se acercó hasta la pared más próxima. Se sentía fuera de lugar, nunca podría pertenecer a este ámbito donde lo más importante era el aparentar ser mejor que el otro. Este no era su mundo, muy a pesar de todo. Cuando ella era realmente Hermione Granger sus padres solían organizar fiestas en la casa y asistir a eventos de caridad. No eran personas de mucho dinero, pero vivían bien.
Los Potter, por otro lado, tenían mucho dinero, tanto como los Malfoy o los Black pero no ostentaban sus riquezas, y eso los hacía mejores. O eso pensaba ella al menos.
–No puedo creer que hayas venido. – no importaba cuanto tiempo había pasado sin escuchar esa voz, o que era la de un joven en lugar de la de un adulto, Hermione reconocería la voz de Sirius Black donde fuera.
–Bueno, fui invitada. Además, soy una Slytherin, ¿recuerdas?
–Créeme, eso se me hace muy difícil de olvidar.
No estaba bien visto que ella estuviera hablando con Sirius, pero en este momento necesitaba la cara conocida. Claro que él no supiera que tan conocida le era su cara a Hermione… Jane.
– ¿Y tú? No creí que fuera a venir
–No puedes mentirme a mí, Jane Potter. Soy el rey de las mentiras. –Hermnio volteó el rostro para observarlo detenidamente por primera vez en toda la noche.
Llevaba su túnica azul marino perfectamente arreglada, su cabello oscuro peinado hacia un lado y sus ojos celestes grisáceos brillaban con una intensidad mayor a la normal. Solo lo había visto así un par de veces en este tiempo y menos aún en el futuro. Cuando hablaba de las cosas que había hecho con los Merodeadores, con Remus y James.
Oh, Sirius se estaba divirtiendo, pero a costa suya.
– ¿Qué quieres decir, Black?
–Vamos, sé que esperabas verme aquí. –Hermione desvió la mirada solo un segundo, pero bastó para escuchar la carcajada triunfante de Sirius. –Punto para mí.
–No es verdad…
–Claro que sí. No te resistes a divertirte de verdad. No puedes llamar fiesta a esto. –Sirius se acercó despacio hasta que estuvo lo suficientemente cerca para murmurarle en el oído. –Parece la reunión de un grupo de muggles que se dedican a matar. ¿Cómo se llaman?
– ¿Mafiosos?
– ¡Eso! –y acto seguido volvió a reír.
Hermione no pudo hacer más que reír con él. Sirius tenía toda la razón, además, su risa siempre fue contagiosa.
–Tú eres una bruja inteligente Jane, ¿Qué haces aquí?
–Ya respondí a esa pregunta, Sirius. Fui invitada.
–sí, también yo. Pero eso no quiere decir que tenga que querer estar aquí. Mis padres aún tienen derechos sobre mí, o eso dicen. –levantó los hombros en forma de rendición. –Pero lo cierto es que, este lugar ha sido y siempre será aburrido. Sin mencionar tenebroso.
–No vas a decirme que el Gran Sirius Orión Black le teme a una simple casa.
Pero Hermione no obtuvo respuesta. Cuando se volvió a ver a su interlocutor, lo encontró observándola detenidamente.
–Eh, ¿Sirius?
– ¿Cómo sabías que Orión es mi segundo nombre?
–Yo… James me lo dijo? –había intentado sonar como una afirmación pero terminó como una pregunta tímida, temerosa a la respuesta.
–James no sabe cuál es mi segundo nombre. –Murmuró Sirius.
–De verdad, yo no sé…
En ese momento, Lucius se acercó a ellos con la obvia intención de alejar a Hermione de Sirius, y por primera vez, se vio agradecida por el gesto.
–Jane, quiero que conozcas a mi madre. –dijo en un tono tan monótono que parecía aburrido. Pero ella sabía mejor. Lucius estaba haciendo un gran esfuerzo para evitar cuestionar a Sirius por la razón que fuera.
–Oh, sí. Vamos. –Hermione tomó el brazo de Lucius, pero mientras se alejaban volteó a ver a un meditabundo Sirius.
Había metido la pata, hasta la rodilla. Pero ya era tarde. No podría haberle dicho que su segundo nombre lo supo cuando estaban en la mansión Black, recorriendo el árbol genealógico de la familia, donde él mismo aparecía con su nombre completo, pero en lugar de su rostro había una gran mancha negra de quemado.
–¿Qué quería Sirius Black?
–Solo platicábamos.
–¿acerca de qué?
–Lucius. –Hermione se detuvo y lo observo seriamente. –Sirius es el mejor amigo de mi hermano, y lo creas o no, lo aceptes o no, Sirius es un amigo mío también.
–No confío en él.
–¿Por qué no? No te ha hecho… –se detuvo en mitad de la oración. Seguramente Sirius había hecho varias de sus bromas a Lucius y sus amigos. –No voy a terminar esa frase.
–Eso creí. –dijo él.
Hermione lo observó detenidamente por momento. Lucius había hecho una especie de broma, ¿verdad? Y aunque no estuviera sonriendo con todo su rostro, la sonrisa estaba explícita en su mirada, sus ojos grises que se reían para ella.
–¿tu madre? –Recordó Hermione mientras una vez más se ponían en marcha.
Lucius la condujo por entre los invitados hasta llegar a una pequeña salita donde se encontraban algunas señoras, sentadas elegantemente en divanes o sillones. Sus vestidos de altísima costura descansaban sobre sus piernas haciendo pliegues perfectos. Copas en sus manos, con un líquido color sangre, lo que Hermione adivinó, sería vino tinto. Platicaban en voces bajas, como si levantar el tono un poco más fuera propio de la plebe. Hermione se sintió por primera vez realmente fuera de lugar, y con unas inmensas ganas de salir huyendo con Sirius.
Lucius le apretó la mano y la hizo avanzar hasta el sillón donde se encontraba una mujer de unos cuarenta, cabello rubio cobrizo y unos penetrantes ojos verdes. Era esbelta, de facciones finas y delicadas pero se podía ver un temperamento fuerte detrás de esos ojos verde agua.
Lucius la presentó con elegantes maneras y espero a que su madre dijera algo.
–Lucius, querido. – Hermione esperó a que la mujer le dijera algo, pero nada llego.
El muchacho le puso su amplia y cálida mano en la parte baja de la espalda de Hermione y la guió hasta uno de los sillones vacios, de bajo respaldo. Hermione se sentó rígida, pero rápidamente sintió el calor de Lucius por detrás del sillón. Se había parado justo ahí, para darle confianza a Hermione.
Al instante siguiente una mujer de cabello oscuro y ojos grises entró en la habitación como si fuera ella la dueña de la mansión.
–Estimada amiga. –dijo la mujer caminando hacia la dueña y besando ambas mejillas antes de sentarse junto a ella.
Hermione volvió a ponerse más incómoda aún. Esa mujer, sabía perfectamente quien era.
– ¿Cómo estás querida amiga? – dijo la madre de Lucius con un cierto aire de indiferencia. Tal vez la mujer era así por naturaleza.
–Muy bien, muy bien. He venido con mis hijas, Cissa y Bella.
–hm, nunca me ha gustado ese apodo, Cissa.
La señora Black se movió incómoda pero no dijo nada. Hubo un pequeño silencio hasta que la recién llegada notó a Hermione y a Lucius.
–Lucius, querido. –miro a Hermione detenidamente, aún meditando si preguntaba o no quien era ella.
–Druella, ella es Jane Potter. Seguramente oíste hablar de ella. Es la nueva alumna de Hogwarts y, compañera de tu hija Bellatrix.
–Oh, sí. La trai….
–Druella, en esta casa no se habla así de los invitados, y Jane es invitada de Lucius. –La madre de Lucius la estaba defendiendo. Aún cuando ni siquiera había dicho que era un gusto conocerla.
–No es correcto ponerle títulos a la gente, menos antes de conocerla. –dijo Hermione lo más educada posible.
–Pero mi Bella me ha hablado de ti. Sé la clase de bruja eres.
– ¿A qué se refiere, Lucius? –Preguntó su madre.
Lucius no tuvo tiempo para responder, Hermione se acomodó en su asiento y sin apartar la mirada de Duella Black, le respondió a la dueña de la casa.
–Bellatrix Black tiene un problema con mi herencia familiar. El que yo sea una Slytherin no significará, nunca, que vaya a atacar o a tratar mal a otras personas simplemente porque no lo son. Mi hermano menor es un Gryffindor, y aunque sé perfectamente que las dos casas se detestan no voy a permitir que él o sus amigos sean mal tratados por los miembros de mi casa.
–Tú atacaste a mi hija en plena calle. –se quejó la señora Black, se estaba poniendo roja pero aún así, si tono intentaba mantenerse estable.
–Solo porque ella fue lo suficientemente valiente y audaz como para atacarme por la espalda. Simplemente me defendí.
Druella estuvo a punto de responder algo, pero se contuvo. Hermione agradeció a Merlin, pero sabía que se había ganado otro enemigo. Aún no entendía como Andromeda había salido tan bien tras tener una madre como esta. ¿Habría sido ya borrada del árbol genealógico de la familia Black o aún estaba allí, en esa pared verde musgo?
Levantó la mirada de pronto, hacia la puerta de la salita y vio a Sirius, en el fondo del otro salón, observándola con un gesto de melancolía. Por un momento, Hermione no vio al joven Sirius, sino al adulto, al injustamente culpado por la muerte de sus mejores amigos. Al hombre que había escapado para acabar con el verdadero asesino y salvar a su ahijado. Los ojos grises tenían un deje de soledad que no llegaba a compararse con los de ese hombre solitario y abatido de un futuro aún lejano, pero que aún así, mostraban el alma de Sirius Black.
– ¿Qué tal las clases? –Hermione volteó a ver a una anciana sentada en un sillón de alto respaldo, cerca de la chimenea ardiente de la sala. No la había notado antes, pero ahora que lo hacía se parecía a alguien que ella había conocido hacía mucho tiempo.
–Las clases van muy bien abuela, gracias. –respondió Lucius con un respeto que la sorprendió sobremanera. No era ese típico respeto por un adulto, era un respeto acompañado de cariño. Lucius Malfoy quería a su abuela, de eso no había dudas.
– ¿Y tu querida?
–Eh, bien. Yo…
–Tengo entendido que vienes de Bauxbauton. Esa escuela es muy exigente en encantamientos y transfiguración. Pero también es sabido que pociones no es su fuerte.
–Es verdad, la vida en Hogwarts se me ha hecho un poco difícil en cuanto al estudio, las clases de pociones y defensa son más fuertes que en mi otra escuela, pero intento seguirle el ritmo.
–Jane es una de las mejores de la clase. –Agregó Lucius, directamente a su abuela. –es muy inteligente y casi pareciera como si hubiera cursado toda su vida en Hogwarts.
–Encantador. –dijo la anciana. – y dime, Jane. ¿Cuáles son tus planes, luego de terminar la escuela?
–Yo, no lo había pensado… en realidad…
– ¿No tienes decidido tu futuro aún?
Hermione no podía decirles que quería formar parte de la Orden, o que su intención era detener cuantos ataques de Mortífagos pudiera, o que intentaría acabar con Voldemort antes de que se genere la profecía de Harry. No, todo eso era imposible de decir en la mansión de los Malfoy, rodeada de mortifagos y futuros mortifagos.
–En realidad, tengo una propuesta para dar clases de encantamientos en Bauxbauton. Mi madre desea que estudie para medimaga y mi padre para inefable. Aún estoy indecisa.
–Son interesantes opciones.
–Sí, lo sé. Y entre nosotros, creo que preferiría la idea de mi padre, seguir sus pasos sería un honor tanto para mí como para él.
–Estoy segura de ello. Los hijos que siguen los pasos de sus padres son merecedores de glorias y honores. El orgullo de un padre no puede explicarse cuando se ve a un hijo triunfar y mejorar a su padre.
Hermione se sintió incómoda, sabía que ese mensaje tenía un distinto destinatario.
–¿Cómo están tus hijos, Walburga? –preguntó otra de las señoras allí presentes.
Ese nombre a Hermione le sonaba de algún lado. Pero no podía recordar exactamente de dónde.
¿Por qué sintió un escalofrío en el exacto momento que escuchó ese nombre? Pero en cuanto la dueña del mismo habló Hermione tuvo la primera necesidad de irse de allí.
La voz pertenecía a una mujer alta, de postura recta, mirada seria. Era muy bella, con su cabello negro recogido en un moño flojo en la base de su cuello, dejando que algunos cabellos escaparan al amarre. Sus ojos grises tenían una mirada audaz, profunda y con un deje de maldad. Fue esa maldad en la mirada que ayudó a Hermione a reconocer a la mujer, junto con la voz grave y profunda. Si no hubiera sabido que esa era Walburga Black, tal vez Hermione no hubiera sentido tanto rechazo, pero esa mujer la hizo sentir lo más bajo, estando muerta y en un retrato en la entrada.
–Qué puedo decirte sino maravillas de mi querido Regulus. Sé que es mi hijo, pero es tan inteligente. Tiene calificaciones sobresalientes, está en el equipo de quidditch como golpeador. –La mujer tenía una voz tan risueña, que a Hermione la asustó más que cuando gritaba desde el portarretrato.
–¿Y tu otro hijo?
–¿Sirius? –Hermione prestó atención. –El muchacho salió sorteado en Gryffindor, una desgracia realmente. Pero tengo entendido que es un buen jugador de Quidditch y sus notas son lo suficientemente buenas como para aprobar todos los exámenes de Timos.
Hermione se sorprendió al escuchar a esa mujer habla de su hijo mayor. Si bien había decepción en su voz, también había algo allí, que le decía que esa mujer seguía siendo la madre de Sirius. Un extraño sentimiento maternal, pero ahí estaba.
De repente, la escena cambió. Hermione ya no se encontraba en la salita de la mansión Malfoy, sino en la biblioteca de la Mansión Black. Eran de madrugada y no podía dormir. Era algo que solía pasarle seguido desde hacía algún tiempo.
La casa estaba sumida en un completo, interrumpido apenas por el débil crepitar del fuego de la chimenea que iluminaba lo suficiente para que ella pudiera leer el libro. De pronto la puerta se abrió dando un quejido y Hermione levantó la cabeza. Allí estaba Sirius, mirándola con la misma cara de melancolía que había visto a su joven versión.
–¿Sirius?
–¿Qué vas a hacer? –dijo con la voz triste.
–No entiendo de qué hablas.
Sirius dio un paso hacia ella y volvió a hacer la misma pregunta. Esta vez Hermione se puso de pie. Por alguna razón, ya no tenía catorce. Llevaba puesto su vestido de gala, y su peinado elegante.
–Sirius, ¿Qué está sucediendo?
–Debes decidirte, ¿Qué piensas hacer? –sin darse cuenta ella dio un paso hacia él, Sirius acortó la distancia, ahora estaban a escasos centímetros uno del otro. –Decide, no puedes seguir así.
–Así. Así dices… ¿fragmentada?
Los ojos grises azulados de Sirius brillaron con aceptación.
–Es eso. Estas aquí para decirme qué. ¿Algo sobre la fragmentación? Sabes donde está mi otra parte ¿Verdad?
–Si continúas así, desaparecerás. No puedes ser ambas cosas. Antes de que sea demasiado tarde, debes tomar una decisión.
Sirius se acercó un poco más, hasta que sus labios rozaron el oído de Hermione. Recién entonces Sirius murmuró.
–Debes salvar a Harry. Pero no podrás hacerlo si no decides antes. Porque quedarás atrapada en algo que no es nada, y todo tu esfuerzo hasta ahora habrá sido en vano.
Cuando terminó de decir esas palabras, la visión de Hermione se nubló, sus piernas se aflojaron y sintió desfallecer. Al momento de recuperar el conocimiento, estaba una vez más sentada en ese pequeño sillón en la salita de los Malfoy. Pero su color era totalmente pálido y sabía que sus piernas no le responderían aún si su vida se le fuera en ello.
–¿Jane? –escuchó que le decía Lucius cerca de su oído.
Suspiró dejando escapar el aire lentamente de sus pulmones. Debía encontrar un punto fijo que le permitiera relajarse y concentrarse en reanudar sus fuerzas físicas.
–¿si? –respondió intentando parecer lo más normal
–¿Te sientes bien? Estas un poco pálida.
–Perfectamente. –obviamente, Lucius no le había creído. –pero si gustas acompañarme a buscar algo de beber, tal vez me haga aún mejor.
Lucius dio la vuelta al pequeño sillón y estiró la mano para que Hermione la tomara, dando la invitación para que la utilizara de apoyo.
Hermione intentó disimular su estado aún de mareo y apretó la mano de Lucius. El muchacho la atrajo hacia él hasta estar lo suficientemente cerca para susurrarle al oído.
–Esta no es la primera vez que te sucede, lo que sea que te ha sucedido.
–¿Tengo alguna posibilidad de decirte que sí?
–En absoluto. –Dijo mientras ayudaba a Hermione a salir de allí lo más sutilmente posible.
Ella no lo notó pero Lucius supo que Druella Black no despegaba su mirada penetrante de la espalda de Hermione. Supo también que, no faltaría oportunidad de que se quejara con su madre sobre la posible promesa rota de él hacia Narcissa. Tendría que buscar entonces el momento de hablar con su madre antes de que lo hiciera Druella Black.
