El rescate
- ¡Hime Sentai! – Midori gritó poniéndose en marcha.
- ¿Pero no habíamos quedado en que eso de las princesas no era muy intimidatorio? – Dijo Nao, suspirando. Por supuesto, Midori no le hizo caso. Todas se dispusieron a seguirla sin comentar nada más.
Cuando llevaban un rato a caballo, sin hablar mucho, a Natsuki se le ocurrió una idea.
- ¡Eh! ¿Queréis que os cante alguna de las baladas que compuse en el Bosque de los Desesperados?
- No, no... mejor no... – se apresuró a decir Nao. – No queremos que pierdas las fuerzas antes de llegar al Castillo Secreto...
- Eso, eso... mejor nos concentramos...
- No os preocupéis... cantar no me supone tanto esfuerzo...
- Pero así nuestros enemigos sabrán que vamos en su dirección. Mejor seamos discretas. – Con lo cual Midori la convenció.
- Bueno, pero cuando volvamos, sí os las canto, ¿vale? – Dijo Natsuki esperanzada.
- Claro, claro... – se apresuraron a decir Midori y Nao, las cuales ya planeaban cómo librarse del suplicio.
El viaje fue bastante tranquilo. Por una parte, el ir con un dragón disuadía a los asaltantes de aventurarse a atacarlas. Por otro lado, Tomoe estaba muy entretenida con su sonajero, y no se preocupaba mucho de mirar su bola de cristal, la cual ya sí que tenía cobertura. Así pues, las caballeros se encontraron ante la puerta principal, donde se encontraban dos pequeñas puertas, con sendos enanos vigilándolas. En la puerta decía: "$%!"
- ¿Y eso qué significa? – Dijo Natsuki toda confundida.
- Eso es: "Uno de estos enanos siempre dicen la verdad, y el otro siempre miente. Una puerta lleva a la muerte, y la otra a la entrada al castillo. Sólo podéis hacer una pregunta a uno de los guardianes. ¿Qué preguntaréis para entrar al castillo?" – Respondió Midori, a la que se le daban muy bien las lenguas.
- Pues sí que acortan las palabras en ese idioma. – Dijo Nao limándose las uñas.
- Entonces, ¿qué les preguntamos? – Dijo Natsuki toda confundida.
- Yo opino que Mikoto escupa fuego y derribe las dos puertas. – Dijo Midori con total convicción.
- ¡Eso! ¡Los acertijos son una tontería! – Dijo Haruka. - ¡Lo que hay que tener es agallas!
Y así Mikoto terminó con el acertijo. Quemó a ambos enanos y derribó ambas puertas. Una puerta daba a un pozo sin fondo, y la otra claramente era la entrada al castillo.
Después de la entrada tan poco silenciosa que hicieron, todos los guardias se pusieron en alerta.
- Su Graciosa Malignidad, unos intrusos han entrado al castillo. – Dijo uno de los secuaces a la bruja Tomoe a través de la puerta de la habitación en la que la bruja jugaba con Shizuru.
Tomoe, aunque disgustada por la interrupción, decidió ir a ver quiénes la importunaban en sus juegos. Una mirada rápida a su bola de cristal le dijo que eran los caballeros que habían ido a Avalon.
- ¡Matadlos a todos! – Dijo sin muchas contemplaciones.
- Pero su Divina Maldad Maléfica, llevan consigo un dragón. – Respondió temblando el esbirro.
- ¡Pues sacad al Galimatazo! – Dijo Tomoe desesperada.
- ¡El Galimatazo! ¡Pero Su Serena Emperatriz Malvada, el Galimatazo podría destruir el castillo!
- ¡No os preocupéis! ¡Yo lo controlo! ¡Sacad al Galimatazo! – Dijo Tomoe ya fuera de sus casillas.
- Como vos mandéis, Su Alteza Oscura.
Con eso, el esbirro se retiró, y dio las órdenes pertinentes.
- Si me permitís, Lady Shizuru, ahora tengo que atender unos asuntos. Enseguida estaré con vos para seguir nuestros juegos. – Se disculpó Tomoe, la cual tenía que supervisar por sí misma la salida del Galimatazo.
- ¡Que salga el Galimatazo! – Gritó Tomoe. - ¡Tapaos los oídos!
Entonces, de entre las sombras, apareció un ser extraño con garras y dientes largos. Tenía una cola enorme y alas de águila. Las caballeros se pusieron enseguida en guardia. Mikoto estaba lista para atacar. Entonces el Galimatazo abrió su pico, y comenzó a recitar un poema:
"Brillaba, brumeando negro, el sol;
agiliscosos giroscaban los limazones
banerrando por las váparas lejanas;
mimosos se fruncían los borogobios
mientras el momio rantas murgiflaba."
- ¡Oh, no! ¡Mis oídos! – Dijo Mikoto como volviéndose loca.
La reacción de las demás caballeros, menos Natsuki, era la misma.
- ¡Por los dioses! ¡Haced que pare! – Dijo Midori retorciéndose de dolor.
- ¿Pero qué pasa? – Dijo Natsuki, que no entendía por qué todas sus compañeras estaban tiradas en el suelo con convulsiones y los ojos desorbitados.
- ¿Pero es que no lo oyes? ¡Es la peor poesía que jamás se haya escrito! – Dijo Nao arañándose la cara.
El Galimatazo seguía con su poesía sin sentido. Las caballeros estaban perdiendo el control, y estaban a punto de ser apresadas por los secuaces de Tomoe.
- ¡Rápido, cachorro! ¡Canta tus baladas! – Se le ocurrió como último recurso a Nao.
- ¿Por qué? Habrá que esperar a que termine su poema, ¿no? – Dijo Natsuki que escuchaba atentamente.
- ¡Horror! ¡Qué metáfora más desafortunada! – Haruka se retorcía en el suelo.
- ¡Qué rima más rebuscada! – Midori no podía seguir oyendo.
- ¡Natuski! ¡Ya! ¡Canta tus baladas! – Mikoto estaba a punto de explotar con sus propios gases.
Entonces, Natsuki vio que sus amigas estaban afectadas por la poesía tan mala (peor que la de Paula Nancy Millstone Jennings de Sussex, Inglaterra), y decidió contraatacar con sus recién compuestas baladas. El Galimatazo comenzó a retroceder, pero Tomoe lo obligó a seguir con la tortura.
"Pero brumeaba ya negro el sol
agiliscosos giroscaban los limazones..."
Natsuki ya había agotado todos sus poemas, así que recurrió a la improvisación.
- Tiernos ojos que me miran,
Cual orbes en el cielo de primavera...
El Galimatazo retrocedía.
- ¡Una hipérbole, lánzale una hipérbole! – Gritó Haruka que casi estaba al límite de sus fuerzas.
- Por tu amor me duele el aire... el corazón y las grebas... – seguía Natsuki.
- "El breve vuelo de un velo verde..." – Comenzó a decir el Galimatazo.
- ¡Oh, no, contraataca con una aliteración! – Dijo Nao toda horrorizada. - ¡Natsuki! ¡Termina el poema! ¡Usa un pleonasmo!
- ¡Y te corto en dos, te machaco, te destrozo y te destruyo con Vorpalina! – Concluyó Natsuki. Entonces, el Galimatazó se retorció y subió a lo alto en los cielos, hasta que desapareció de su vista. Nunca más se volvió a saber de tan horrible trovador.
- ¡Oh, no! ¡Ha vencido al Galimatazo! – Exclamó uno de los esbirros. Ante tamaña muestra de resistencia, los seguidores de Tomoe decidieron emprender la huida.
- ¡No huyáis, malditos! – Tomoe estaba lanzando bolas de fuego a sus hasta ahora seguidores. Sin embargo, temían más a la poesía mala de Natsuki. Así pues, escaparon despavoridos del Castillo Secreto.
- Bueno, no importa. ¡Yo sola me enfrentaré a vosotros! – Dijo Tomoe con gran determinación.
- ¡No tan rápido! – Dijo una mujer bellísima, la cual apareció de repente en medio del campo de batalla.
- ¡La Dama del Lago!- Tomoe comenzó a temblar.
- ¡La Dama del Lago! – Dijeron con asombro las caballeros.
- Sí, bueno... ya me he divertido bastante por el norte... ejem...- entonces se puso seria. - ¡Tomoe, éste es tu fin! ¡Ya has hecho bastante daño!
La Dama del Lago le lanzó un hechizo que la convirtió en una mujer sin poderes. Tomoe intentó lanzar bolas de fuego, pero todo lo que consiguió fue un fuerte dolor de muñeca. Al desaparecer los poderes de la malvada bruja, Mikoto volvió a su forma original.
- ¡Gracias, Dama del Lago! – Decía la caballero con lágrimas en los ojos.
- No hay de qué. Ya me estaba cansando de las fechorías de esta mujer.
Natsuki fue rápidamente a liberar a Lady Shizuru.
- ¡Shizuru!
- ¡Natsuki!
Ambas quedaron atrapadas por sus miradas. Después de lo que pareció una eternidad, se abalanzaron la una contra la otra y se dieron el beso más apasionado de toda la Fanficción.
Epílogo
Las caballeros, con Lady Shizuru y la Dama del Lago, volvieron al castillo del rey Reito, el cual perdonó a Natsuki, y ya no tendría que deambular por el Bosque de los Desesperados nunca más. Los padres de Shizuru concedieron a Natsuki la mano de su hija. Claro que lo hicieron antes de saber que era otra mujer. Después de que se supiera que los mejores caballeros del reino eran mujeres, el rey Reito decidió que, de ahora en adelante, las mujeres también podrían ser caballeros. Así pues, los padres de Shizuru aceptaron a Natsuki como su futura nuera.
Por fin, Natsuki y Shizuru se casaron y fueron felices. Bueno, siempre que Natsuki no cantara ni intentara recitar poesía, claro.
NA: Ha sido divertido escribir este fic. Espero que os haya gustado. Y, bueno, gracias por vuestros comentarios ;)
