¡Buenas a todo el mundo!

Aquí la abandonada de Chibi Rukia reportando para las lectoras compartidas con Halane. Sí, como véis, me toca a mí hacer las N/A, como también me tocará responder reviews. Mi estilo es un poco diferente del de mi amiga, así que no penséis que es que se nos ha vuelto sosa xD es cosa mía.

Ante todo disculparme por la tardanza. Halane estuvo muy ocupada este finde (amigos, estudios, novio xD) y se le olvidó comentarme que me dejaba a mí el capi para subir; así que hasta hoy no se ha dado.

¡Yo realmente tampoco tengo mucho que decir. ¡Me tiene tan oxidada y abandonada que casi ni recuerdo lo que era hacer unas notas del autor decente! XDDD De modo que me dedicaré a responder las reviews anónimas, que en este caso... - va a mirar - ¡sólo es una! =3

Sakipedsa: Es una alegría que te guste el que sean tan largos xD La forma en la que llevamos a cabo el fic es lo que propició su extensión, vamos, no es por otra cosa xD Road es una intrigadora, en la época en la que la dibuja Hoshino se debía de pasar de fiesta en fiesta montando líos y haciendo que la gente discutiese y se pelease xD Es una alegría ver que te gustan tanto el AllenxLenalee como el LavixIrene :3 La verdad es que Irene comenzó siendo un proyecto-de y al final le cogimos las dos mucho cariño xD ¡Y tranquila que seguiremos! ¡Cualquiera hace que mi jefa deje de publicar el fic! XD

Y nada, poco más =) Yo también me he retrasado más de la cuenta porque había olvidado la contraseña 8D cofcofdespistadacofcof. Así que sin más preámbulos y sin más coñazos y tostones... ¡aquí tenéis el capi de la semana! =D

PD: Pido perdón por las escenas monas o cucas de Allen. Sí, son culpa mía, como también lo es el AllenxLenalee. Si queréis mandarme tomates, bombas o cosas varias, dadle al botoncito de review xD


~Capítulo 12~

Al otro lado, en la barra, Akimi fregaba los vasos y suspiraba, algo decepcionada, junto a Allen y Lenalee, que les hacía compañía sentada en un taburete.

-Así que un ligón, ¿eh? Vaya por Dios... Con lo bueno que está... Qué desperdicio... Si vuestro otro amigo llega a venir antes, me fijo en él.

-Habría sido caso perdido, Akimi.

-¿Por qué? ¿Es gay?

-¡NO!- contestó Allen, muy alarmado- No le digas eso ni en coña. No lo es, sólo que es un poco... antisocial... Eso es todo...

-Ah- dijo-. Vaya por Dios, parece que Lenalee es la única amiga normal que tienes.

-Eso pienso yo a veces también.

-¡Allen-kun! No digas esas cosas, por favor. Kanda y Lavi son amigos míos de hace ya más tiempo.

-Y no sé cómo no te has vuelto loca.

Los tres se rieron a la par.

-¿De qué os reís? Que a mí también me hace buena falta- Kentarou salió del almacén, con una caja de botes de Paladín a la taza.

-¡Hermano! Nada, hablábamos de los amigos de Allen. Esta es Lenalee, por cierto.

-Encantada.

-El gusto es mío- le tendió la mano y la chica se la estrechó suavemente-. Bueno, espero que también estéis trabajando.

-Sí, hermano, no te preocupes por esto. Anda, vete a servir a tus fans...

-Calla, no me lo menciones- bufó-. Qué cansancio, madre mía. ¿Tú cómo vas, Allen?

-Tirando...- alzó los hombros- No es por ofender, pero tengo muchas ganas de acabar hoy.

-Normal. En fin, allá voy- cogió una bandeja repleta de vasos-. Lo único bueno es que hoy ganaremos más que en toda la semana- se dirigió hacia las mesas pendientes.

-¿Esto siempre ha sido así?- preguntó Lenalee.

-Qué va. Cuando Kentarou tenía mi edad no era tan guapo y las chicas no venían a tropel. Pero ahora que tiene diecinueve tacos y está así... Y encima el año pasado vino Allen y este año está tremendamente mono, así que...

-¡Akimi!- replicó, muy sonrojado.

-¿Qué? ¡Es la verdad! Eres una monada, Allen. Son cosas que tienes que asumir... Vaya, se ha acabado el Fairy. Ahora vengo.

Se secó las manos con el trapo y lo dejó en el fregadero, dirigiéndose al almacén. Allen suspiró y se dedicó a colocar las cosas en sus estanterías.

-No te pongas así, Allen- dijo Lenalee, divertida.

-Es que me da mucho corte que diga esas cosas...

-Es que es verdad- murmuró-: eres muy mono, Allen-kun...

Al chico se le resbaló un vaso de las manos, pero logró atraparlo antes de que se cayese al suelo.

-¿L-Lenalee?

-Bueno, tú me dijiste que estaba bien, ¿no? ¿Yo no puedo decirte que eres mono?- le sacó la lengua, aunque no pudo ocultar demasiado su sonrojo.

-S-supongo...- se notaba el corazón latiendo con fuerza en la garganta. "Venga, Allen" pensó "Cáaalmate..."

Lenalee se acercó a él con otros dos vasos secos y los colocó en la estantería, pegándose a Allen un poquito más de lo necesario.

-Ya está. No quedan más vasos- anunció en un susurro tímido.

Él se giró para mirarla y sonrió algo confundido al encontrarse con sus narices separadas por unos dos centímetros. Se perdió en los dulces ojos avergonzados de su amiga sin pensárselo demasiado, y no fue consciente de lo mucho que brillaban los suyos, aunque Lenalee dio buena cuenta de ellos.

-¡Lenalee!- gritó Akimi desde el almacén, sobresaltándolos-, ¿Puedes venir un momento?

No hizo ademán de alejarse, sino que se inclinó un poco y le dio un beso muy rápido y muy pequeño en los labios.

-¡Ya voy!

Se alejó corriendo, completamente avergonzada, dejando a Allen con los ojos muy abiertos y los dedos en los labios. Kentarou se acercó a él y le dio un codazo.

-Eh, bello durmiente, despierta- le dijo con un guiño. Se fijó en cómo se tocaba los labios y escuchó la voz de Lenalee en el almacén, seguida de un gritito emocionado de su hermana-. ¿Te ha besado?- preguntó con expectación.

-Ah... Creo que sí...

Sonrió orgulloso.

-Así se hace, Allen. Ya era hora- le dio una palmadita en la espalda y dejó la bandeja que llevaba en la barra-. Por cierto, deberías acercarte a ver a tus amigos, en serio que es un espectáculo.

-¿Eh? ¿Por qué?

-Ah, ¿no te lo ha dicho Lenalee?

-No...

-Normal, supongo- suspiró-. Tú... sólo ve y mira, ya verás- se alejó riéndose.

Las chicas pronto lo engulleron intentando captar su atención, y a Allen no le quedó más remedio que pillar una libreta y aventurarse en el local tras él para satisfacer su curiosidad aguijoneada.

En el almacén, Lenalee y Akimi aun hablaban de lo que había sucedido escasos minutos antes.

-Estoy loca.

-Es la sexta vez que lo dices y ya te he dicho que NO, definitivamente, no lo estás.

-Pero... He... Dios.

-Allen es un chico adorable, y te quiere. No has hecho nada malo.

-No sé qué pensará de mí...

-Déjame recordar... Que estás muy bien, que eres encantadora, que eres amable, que eres muy dulce. Creo que sí... Podría ser... ¿Es posible que le gustes? ¿Que te quiera? ¡Ah, sí, era eso!

-No seas irónica- bufó cruzándose de brazos.

-Vale, ahora que ya lo has superado... ¿Qué tal?

-¿Eh?

-Sí, sí... ¿Cómo besa?

-¡Akimi! No fue un beso, sólo fue... eso...

-¡Ah! Bueno, ¿y qué tal? ¿Son suaves?

-Como la seda- se llevó las manos a la boca-. ¡Mira lo que me haces decir!

Akimi reía escandalosamente moviendo cajas de un lado a otro.

-Sí, bueno, he oído críticas mejores... Ya me darás una más completa cuando salgas y lo beses.

-¿AHORA?

-No, no, cuando haya menos chicas. No quiero que te maten.

-Hablando de homicidios...

-¿Te preguntas si Lavi sigue vivo?- rió Akimi.

-Más o menos.

-No sé si quiero ir a ver- bajó la cabeza y Lenalee la abrazó.

-¿Te gustaba?

-A ver... No es que pensara en algo serio, pero... No sé...

-Si quieres... - dudó- Tú me entiendes, Lavi estará dispuesto. Le gustas.

-Ya sé que le gusto, pero no más que otras.

-No. Casi ninguna chica le gusta más que otra- la apretó un poco más-. En realidad, Lavi es bastante frío en muchas cosas.

-Ya. Quién lo diría, ¿eh?

-Sí, tardas en darte cuenta, porque realmente es muy amable y simpático. No es que sea malo, pero... Tiende a clasificar las cosas.

-Te comprendo- se liberó rápidamente, sonriendo-. En fin, cosas que pasan. Que no pasan, más bien- corrigió-. Ya he acabado aquí... ¿Subimos? Podría hacer algo en la barra, o podemos mezclarnos entre la multitud y espiar un rato. Seguro que Allen y Kentarou están en ello.

Lenalee se rió y la siguió fuera del almacén.

Otra carcajada más de Lavi le resonó en los tímpanos, haciendo que su cabeza vibrase casi imperceptiblemente. Normalmente no le importaba que se riese todo lo que le diese la gana, pero en ese momento de "tensión" para él, tener que aguantar las risillas de su amigo se le estaba haciendo de lo más insoportable. Encima, por el otro lado, Mei se le acercaba cada vez más y más y lo acosaba con interminables preguntas.

"¿Cuántas preguntas puede hacer una mujer en menos de quince minutos?" pensó, casi desesperado.

-¿Y de dónde eres? Kanda no parece un nombre europeo.

-No lo es- respondió tajantemente-. Es japonés.

-¡Oh! ¿Has oído, Nadia? ¡Es asiático!

Su amiga la miró de reojo y asintió con la cabeza, más pendiente de la boca del pelirrojo que de la de Mei. Sin que ninguna de las dos se diese cuenta, Kanda se deslizó por el asiento un poco más, alejándose de su acosadora y acercándose cada vez más a Lavi. Así con la siguiente pregunta, y la siguiente, y la de después, hasta que acabó quedando pegado a Lavi, que se sobresaltó al notarlo junto a él.

-¡Hombre, Yu! ¿Qué haces?- al ver todo el espacio que había ido dejando en pos de alejarse de la chica, pareció comprender, y su ojo verde brilló con algo de malicia- Yu, ya sabes que yo también te quiero, tío, pero estas cosas no me van... Además, ¿no ves que estoy ocupado con la señorita?

Se rió una vez más al ver los rostros alterados de Mei y Nadia, pero la risa se le cortó cuando, al mirar a Kanda a los ojos, vio su muerte reflejada en ellos.

-Va, que no, mujeres, que es broma... ¡Si Yu es muy macho! No conozco una sola chica que se haya quedado insatisfecha con él- esa afirmación hizo que la mueca en el rostro de Mei se tornase a una bastante complacida, y Kanda tuvo que hacer un tremendo esfuerzo por no echarse sobre Lavi y matarlo allí mismo por retenerlo ahí-. Lo que pasa es que es muy tímido el pobre. No había estado con ninguna chica hasta que yo aparecí en su vida y lo saqué a la calle a ligar, y no veáis cómo liga el condenado, con esa carita de serio y todo.

-¡Oh! Bueno, no hay problema, se le ayuda a quitarle la timidez- comentó la chica con un tono que hizo que al japonés se le pusiesen los vellos de punta.

"Definitivamente mataré Lavi cuando acabe todo esto" pensó, furioso.

-¡Pero bueno, jovencita! ¡Que es mayor que tú!- rió Lavi.

-Podrías aplicarte lo mismo a ti, ¿eh?- dijo Nadia, tomándolo del cuello muy coqueta.

-Uh, peligroso... Me gusta...- se echó sobre ella y comenzó a besarla lentamente, ante los ojos atónitos de sus compañeras, que se mordían las uñas de envidia.

Kanda carraspeó, incómodo, sin saber muy bien qué hacer. Mei lo miraba insistente y sentía que acabaría saltando la mesa y saliendo corriendo de allí. Entonces, en ese momento, vislumbró la cara de Allen entre la gente, que intentaba acercarse a ellos, y se juró y perjuró que nunca se había alegrado tanto de ver la cara de alelado de ese idiota moyashi.

-Esto...- carraspeó un par de veces, haciendo que la pareja se separase- Lavi, te agradecería que si quieres... bueno... eso... fueses a otro sitio...

-¿Cómo? Ah, bueno, sí, cierto. Aquí armamos revuelo, ¿verdad?

-Un poco sí- reconoció.

-No problemo- le pasó un billete-. Toma, cóbrate de aquí lo de la señorita y lo mío y quedaos con la vuelta- la cogió de la mano y se levantaron del sitio-. Hasta luego, Yu- le guiñó un ojo y se marchó del local acompañado de su nueva "amiga"

En ese momento, una de las chicas de la mesa de las muchachas apareció con el móvil para Mei, en el que había un mensaje recibido. Al leerlo puso cara de fastidio y bufó.

-Lo siento, Kanda, pero tengo que irme. Ya nos veremos, ¿vale?

El muchacho tuvo que contener lo que le había nacido para responderle, y sólo asintió con la cabeza, por pura cortesía, más que nada, y la observó marcharse lentamente, lanzándole algunas miradas de soslayo. Cuando despareció tras la puerta, se dio el lujo de dar un enorme y prolongado suspiro de alivio.

-¿Estás bien, Kanda? Estás algo rojo...

-Sí.

-Bueno, pues vuelvo a lo mío.

-Moyashi...

-¿Sí?

-Gracias.

Fue un susurro, pero Allen consiguió escucharlo y muy sorprendido le dirigió un leve "de nada".

Lenalee apareció riéndose.

-Pensé que te morías- confesó mirando a Kanda.

-Yo también- admitió el japonés-. No, espera... Pensé que lo mataría.

-Era la otra opción, pero pensé que lo de manchar el local con un baño de sangre te parecería de mala educación.

-Tsk- se apoyó en la mesa y se pasó la mano por la cara, convencido de que debía tener la expresión más cercana al acojone con sentimientos asesinos que pudiera esbozar.

-¿Té de jazmín?- preguntó Lenalee sonriendo.

-No. En casa- se levantó y le dio un billete-. Paga tú- se colgó la mochila al hombro y salió casi corriendo.

-Estaba aterrorizado- comentó Allen apareciendo junto a ella.

-Traumatizado, diría yo. No creo que vuelva a vivir una experiencia tan horrible.

-Sí, ha debido ser terrible para él mantener una conversación normal.

-No ya, creo que soy la única chica con la que había hablado en su vida.

-No fastidies...

-Vale, supongo que habrá tenido que hacerlo alguna vez, pero sería con damitas de la buena sociedad y en público, con lo cual tampoco habrá tenido mucho que decir, con estar callado y sonreír de vez en cuando...

-Lo cual también le cuesta bastante...

-Ya, pero menos.

-¡Allen! Puedes irte, si quieres- interrumpió Akimi-. Vamos a cerrar, Kentarou ya no aguanta más, y la verdad es que yo tampoco.

-¿En serio?

-Sí. Además...- guiñó un ojo, pillándolos a los dos por los hombros- Es un día muy bonito para estar aquí hablando tonterías. Venga, fuera, ya recogemos nosotros. Tenemos que mimar a nuestro camarero favorito.

Allen se rió nervioso, fue a coger sus cosas y salió con Lenalee detrás, esquivando las miradas furibundas y envidiosas de las chicas.

La chica suspiró ni bien estuvieron fuera.

-Pensé que no salía- comentó-. Querían matarme sólo por haber llegado con vosotros tres... A ver si os volvéis más feos, esto es un peligro.

-Créeme, yo lo paso peor que tú.

-Ya...Debe ser horrible tener que aguantar estas cosas todos los días. A Lavi le encantaría.

-Supongo- Allen se estiró, permitiéndose relajar los hombros tras el trabajo.

-¿Quieres venir a mi casa?

-¿Eh?

-Es que... se te ve cansado... Y como dices que en tu casa... Bueno... Si quieres... Sólo estamos mi hermano y yo.

-Gracias- bostezó-. La verdad es que no me vendría mal una siesta, ¿de verdad no molesto?

-Claro que no, ¿cómo vas a molestar? Normalmente te habría dicho que fuéramos a casa de Kanda, pero no creo que hoy sea el mejor día... Va a ser más seguro dejarlo que se relaje solo o espere a Lavi para matarlo o algo así.

-Ja, ja, ja. Sí, tienes razón, casi va a ser lo más saludable.

Ella le sonrió, lo agarró de la mano suavemente y lo guió hacia su casa a su ritmo, casi trotando en un principio, luego más relajados, pero sin soltarse el uno del otro. Y no parecía importarles en lo más mínimo. Charlaban de nuevo un poco de su pasado antes de conocerse, de lo que recordaban de sus padres, de sus amigos...

Cuando llevaban un rato andando, se hizo el silencio entre ambos. Allen miraba distraídamente a la gente que pasaba a su alrededor, con una media sonrisa en los labios, acariciando suavemente la mano de Lenalee con los dedos. La chica no hacía sino ponerse cada vez más y más nerviosa, y notar cómo su estómago giraba dentro de sí al notar las suaves caricias de Allen, y no dejaba de pensar en el pequeño beso que se habían dado en la cafetería, en lo tremendamente suaves que eran sus labios y en las palabras de Akimi.

"¿Cómo besa?"

Se mordió el labio inferior. La verdad era que estaba deseando averiguarlo. De sólo pensar en ello mil mariposas revoloteaban por su estómago hacia el esófago, y casi tenía la impresión de que si saltaba podría salir volando entre los edificios... De pronto, Allen se detuvo y tiró de ella suavemente de la mano, obligándola a detenerse.

-Lenalee, ¿adónde vas?

-¿Cómo?

-¿Tu casa no es aquí?- preguntó señalando el portal, algo temeroso de haberse equivocado.

La chica observó el bloque. En efecto habían llegado, y había estado tan enfrascada en sus pensamientos que no se había percatado lo más mínimo. Asintió levemente con la cabeza y dejó la mano de Allen, antojándosele frío el aire que la cubrió cuando abandonó su calor, que se le mezcló con un extraño cosquilleo.

Introdujo la llave en el portón y le indicó que la siguiese escaleras arriba. Vivían en un tercero, pero el ascensor se había estropeado y todavía no habían conseguido repararlo; y no sabía por qué, pero intuía que había sido cosa de su hermano.

Cuando llegaron a la puerta de su casa, de madera maciza de color chocolate, se encontró con una nota pegada a la misma.

"¡Si no eres Lenalee, detente! ¡Esto no es para ti!"

"Hermano..." pensó, muy avergonzada. Continuó leyendo.

"Querida Lenalee, he salido con Natalie y estaremos fuera hasta tarde. Hay algo de comida en la nevera, sólo tienes que calentártela. Suceda lo que suceda, ¡llámame! Te adoro sobre casi todas las cosas- lo siento, Lenalee, Natalie también existe... ¡Pero tu querido hermanito siempre tendrá un rincón de su corazón para ti! Besos. Komui. PD: Lena, soy Natalie. Estaremos en mi casa por si necesitas algo. Si no, no te preocupes en contactar con nosotros, yo lo mantendré ocupado. Besos."

Suspiró pesadamente, y ante la curiosidad de Allen, le pasó la nota, que la leyó rápidamente, quedándose perplejo.

-Sé que no tiene mucho sentido, pero no te asustes. Seguramente habrá varias como esta por toda la casa...

Entraron lentamente en el piso y encendieron todas las luces que iban encontrando por el camino. Allen se sorprendió por lo moderno, limpio y arreglado que estaba todo. Tal y como le había hablado de su hermano, esperaba encontrarse todo lo contrario. Pero luego recapacitó: viviendo Lenalee en aquel lugar, no iba a estar desorganizado ni mucho menos.

Anduvo por el pasillo cada vez más ido, ya que acababa de darse cuenta de lo tremendamente cansando que estaba. El suave aroma a incienso que flotaba en el ambiente y el calor que guardaban las paredes le hacían adormecerse cada vez más y más. Lenalee tuvo que sujetarlo en más de una ocasión para que no acabase contra el suelo.

-Ven conmigo- alcanzó a oír.

Notó como la mano de Lenalee se aferraba a la suya y lo guiaba hasta el salón. Lo siguiente que recordó fue tumbarse en un mullido sofá que nada tenía que ver con el de su casa, y cómo unas manos, pequeñas y suaves, lo arropaban cálidamente y le quitaban el pelo del flequillo.

-Buenas noches...

Lenalee sonrió.

-Buenas noches, Allen-kun.

Se sentó junto a él en la orilla del sofá y lo observó dormir durante unos minutos. Su pecho subía y bajaba rítmicamente, y su respiración producía un agradable sonido que casi le hizo perder la noción del tiempo.

Cuando se quiso dar cuenta, sus ojos estaban fijos en la boca entreabierta del muchacho, en sus labios, tan suaves.

Respiró agitadamente y apretó los labios, en un impulso por frenarse.

"Pero es que no quieres" reconoció una voz juguetona en su cabeza. "No quieres frenarte. Quieres besarlo, y que él lo note, se despierte y te bese"

Se ruborizó antes sus propios pensamientos, pero no fue capaz de negarlos, llevaba mucho tiempo haciéndolo y ya no quería. Abrió la boca lentamente y se colocó el pelo bien tras las orejas. Entonces comenzó a descender poco a poco. Notaba cómo el corazón le latía con más fuerza en la garganta, en el pecho y en las sienes conforme se iba acercando al rostro de Allen, se humedecía los labios inconscientemente y cerraba los ojos cada vez un poquito más, como si no quisiese dejar de mirar esa expresión tan dulce que tenía mientras dormía.

Cuando estuvo ni a un dedo de distancia de sus labios, se sintió como una ladrona, extraña, pero a la vez tremendamente emocionada, nerviosa y ansiosa. Inspiró una vez más antes de armarse de valor y posar su boca contra la de él. Tuvo la impresión de que toda la sangre de su cuerpo se le agolpaba en las mejillas, y el corazón le latía tan fuerte que pensaba que se le iba a salir. No pudo evitar mover un poco los labios y adaptarlos a los de él durante unos segundos, atrapando suavemente el inferior y soltándolo con dulzura, casi con celo.

Después se separó unos centímetros y abrió los ojos. Allen sonreía, extrañamente feliz y algo ruborizado también, y por un momento temió que hubiese estado despierto. Pero no era así, dormía profundamente. Se removió un poco bajo la manta y se giró, quedando de lado.

Lenalee lo miró. Parecía pensar algo. Finalmente suspiró.

"Qué demonios" pensó.

Se quitó los zapatos y los dejó junto al sofá, y con un movimiento ligero, se introdujo bajo la manta y se colocó junto a Allen, quedando rostro frente a rostro. Estaba casi tan nerviosa como antes de besarle, pero consiguió controlarse más o menos, porque justo cuando pensaba que había controlado el ímpetu de los latidos de su corazón, notó el brazo de Allen rodeando su cintura y su cuerpo acercarse, enterrando el rostro en el ángulo que formaban el cuello y su hombro, buscando su calor inconscientemente.

Al calmarse- tardó algunos minutos- deslizó su brazo por detrás de la cabeza de Allen y se entretuvo acariciándole el pelo hasta que, no supo muy bien cuando, y quizás contagiada por el estado de Allen, fue vencida por el sueño y se durmió.

Kanda entró en su casa furiosísimo, lanzando su mochila contra la pared con un gesto airado mientras mascullaba cosas ininteligibles. Subió las escaleras haciendo mucho más ruido del necesario y cogió su katana (la de verdad), con la que empezó a dar estocadas al aire en mitad de su más que amplio cuarto, esquivando los objetos por milímetros. Se detuvo en seco, jadeando, cuando veinte minutos después se abrió la puerta dejando paso al rostro dulce de Nanny.

-¿Señorito?

-¿Qué?

La anciana se metió en la habitación y permaneció de pie.

-Me ha parecido notarlo... Un poco alterado.

Se abstuvo de decir que era evidente y Kanda lo agradeció.

-Tsk. Algo.

-Déjeme adivinar- sonrió-. Tiene que ver con el señorito Lavi.

-Ni que hubiera otra fuente de problemas- masculló airado.

-Venga, venga, no habrá sido tan terrible.

Kanda se sentó en la cama.

-Me ha obligado a... a... flirtear con un par de tías idiotas incapaces de articular dos palabras seguidas sin reírse sólo porque quería pasar el rato con una de ellas. Es un completo imbécil gilipollas y subnormal. Todo el mundo sabe que podría haberse ligado a los dos él solito y sin ayuda de nadie, ese gigoló de los bajos fondos, bastardo asqueroso...

-A eso, en mis tiempos, se llamaba hacerle la pata a un compañero.

El chico bufó. Quien sea que hubiera inventado eso tenía su odio eterno.

-No estoy de humor para historias- se dejó caer atrás en la cama-. Quiero un té de jazmín- pidió con el ceño fruncido y los cachetes algo hinchados. Nanny se levantó sonriendo.

-Creo que no ha cambiado nada desde los 5 años, señorito.

Salió dejando a Kanda allí, bastante más tranquilo después de haberse desahogado a gusto.

-Tsk. Esa vieja. Qué descaro venir a preguntarme por mi vida- murmuró rodando sobre las mullidas mantas mientras esperaba a que volviera. Si le traía el té, estaba dispuesto a dejarse mimar un rato.

Sólo un rato.

La noche del miércoles más movidito del año pasó rápido, y la mañana del jueves se echó encima para todos.

Tyki abrió la puerta de su casa bostezando y mesándose los desordenados rizos dispuesto a desayunar en calma antes de darse una ducha, pillar sus cosas y largarse al curro, no sin antes fumarse un cigarro. Pero vio que sus intenciones estarían frustradas ni bien escuchó una histérica risa en la cocina.

"Mierda... Ya se han levantado..."

Entró en la cocina intentando pasar desapercibido, pero por supuesto no le sirvió de nada. Road se abalanzó sobre él nada más entró en la cocina, dándole un abrazo que hizo que ambos dieran tres vueltas como una peonza loca antes de detenerse.

-¡Hola, Ty-ki! ¿Qué tal tu cita de ayeeer?- preguntó, sabiendo que el hecho de que volviera a esas horas no era garantía. Él suspiró.

-Le di lo que buscaba- respondió crípticamente, deshaciéndose de los delgados brazos de Road con dulzura y firmeza.

-Vaya, vaya, así que Tyki se dedica a la buena vida...- comentó el extraño chico moreno que Allen y Lenalee habían visto en el restaurante, Debit.

-Ja, ja, ja, ¡la buena vida, buena vida!- coreó su hermano.

-Callaos ya- espetó molesto-. Podríais quedaros en vuestra casa, para variar, pesados.

-Ohhh, ¿Tyki-pon no nos quiere?

-¿No quiere a Jasdebi?

-¡Qué desgracia, qué desgracia!- exclamaron a la vez.

-Me piro- entró en una habitación cerca de la puerta y cogió una americana y sus libros para después intentar salir.

Como era de esperar, Road truncó su intento plantándose delante de él mientras lamía una piruleta.

-Hoy tienes que llevarnos al instituto, Tyki-pon, ponpón- canturreó-. Porque ahora Jasdebi vendrá con nosotros toooodos los días. Lo dijo él, ¿recuerdas, Tyki-pon, ponpón?- se agitó a un lado y otro, haciendo ondular su graciosa falda negra.

Tyki volvió a suspirar, agitándose el pelo con desesperación.

-Vale, vale. Moveos- miró el reloj-. Si no, tendré que dejaros para no llegar tarde- su tono sonó esperanzado, y Road se rió cuando los gemelos aparecieron de pronto completamente preparados, dejando sus desayunos intactos.

-¡Jasdebi está listo!- anunció el moreno.

-¡Listo, listo!- coreó Jasdero.

Road se enganchó a la mano de Tyki y le sonrió, tirando de él.

-Pobre Tyki-pon. Condenado a hacer de niñera- le susurró con malicia.

-Cállate- espetó de malas.

Sabía que le esperaba un camino largo hasta el trabajo.

-Apúrate con el desayuno- aconsejó un hombre anciano de peinado extraño, mirando a Lavi desde el sofá.

-Ya va, Panda. No seas pesado... Ni que acostumbrara llegar tarde a clase o algo.

-Lo harías si Kanda no pasara a buscarte. Estoy convencido.

-¡Eso no es cierto!- se defendió engullendo una enorme cucharada de leche con cereales de chocolate- Yu me esperaría fielmente si no bajara- el anciano no respondió, sólo le lanzó una mirada inexpresiva-. Menos escepticismo, que es cierto.

-Kanda bufaría y se largaría sin ti, necio.

-Ya te gustaría, Panda. ¿Has quedado con Baa-chan hoy?

-No- replicó ignorando la burla-. He quedado con una antigua aprendiz.

-¿Eh?

-Hace tiempo tuve una aprendiz muy inteligente, estuvo conmigo un par de años antes de ir por su cuenta, aunque me enteré de que pasó por una época dura... Siempre fue poco dada a centrarse.

- Ya veo- respondió levantándose a poner el bol de leche a lavar, aunque no veía nada. Ya investigaría más tarde.

Cogió la mochila y un libro de la estantería y salió. "Me pregunto si Yuu vendrá a buscarme hoy... ¿El enfado o la rutina? Le va a costar decidirse" soltó una risita traviesa y su tutor lo miró.

-¿Qué le has hecho ya?

-Nada, nada... Digamos que lo obligué a confraternizar con el enemigo. ¡Chau, viejo Panda!

-Chau. ¡Compórtate!

-Claro, claro- replicó agitando la mano antes de desaparecer por la puerta y bajar de dos en dos las escaleras, ignorando el ascensor.

Vio a Kanda apoyado en la pared del portal con cara de mala leche, por lo que sonrió y lo abrió.

-Hola, don Juan, ¿qué tal has dormido?

El japonés pareció a punto de decir algo, pero se lo pensó mejor y lo dejó en una mirada fulminante antes de empezar a andar rápidamente.

Lavi lo siguió, sonriendo. Yu era la persona más divertida que conocía.

Komui abrió la puerta de su piso sin soltar la mano de Natalie, tenían el tiempo justo para desayunar con Lenalee y prepararse para el trabajo. Podrían haberse ido directamente desde casa de Natalie, pero Komui se había negado a trabajar sin haberle dado un beso de buenos días a su Lenalee. Entró con una enorme sonrisa, precipitándose a la habitación de su hermanita para despertarla con un enorme beso, pero se quedó helado en la puerta del salón al verla durmiendo en el sofá abrazada por un chico de su edad.

-¡Lena...!- la otra mano de Natalie le apretó la boca mientras su brazo lo mantenía paralizado.

-Sh- se acercó a su oído-. Ahora quiero que me prometas que vas a estarte tranquilito y te vas a portar bien, Ko.

-Mmfgmsfsm.

-¿Koooooo?- lo dijo con dulzura, pero muy firme, y le apretó más la mano por la que lo retenía.

El chico lloró un poquito y finalmente asintió.

-¡Pero miraaaaa! ¡Están haciendo cosas indecentes en mi casaaaa!- susurró histéricamente, con lágrimas cayéndole por las mejillas.

-Están durmiendo en un sofá, Ko. No es nada indecente.

-¡Pero está abrazando a mi Lenaleeeeee!

-La está cuidando. Anda, ve a tu habitación y cámbiate, ¿sí?

-Pero... Pero... Lenalee... Está ahí con eso y...

-Ko...

-Vale- aceptó derrotado, caminando de puntillas y gimoteando al pasar junto al sofá, donde echó una mirada suplicante a Natalie, que negó con la cabeza.

La joven se acercó al sofá y sacudió a Lenalee con delicadeza, intentando no despertar al chico.

-Lena...- susurró apartándole el pelo, esquivando a duras penas la cara de Allen.

La chica gimió un poco, resistiéndose a despertarse, y se acurrucó aún más contra Allen, que la recibió abrazándola con algo más de fuerza. Habían cambiado de postura a lo largo de la noche, ya hora era Lenalee la que tenía el rostro enterrado en el pecho del chico. Natalie sonrió con dulzura, y apoyó los brazos sobre el respaldo del sofá, dándose el lujo de contemplarlos a los durante unos segundos.

"Qué monería" pensó. "En fin..."

Dio la vuelta y se colocó en el lado de Lenalee, meneándola suavemente por el hombro para despertarla. La chica acabó abriendo los ojos perezosamente, encontrándose contra el pecho de Allen, y enrojeciendo.

-Lena- murmuró Natalie-. No te des la vuelta, no vayas a despertarlo.

-Natalie... ¿Qué hora es?- no pudo evitar cerrar los ojos de nuevo.

-Pues las siete y cuarto- la escuchó quejarse y soltó una risilla-. Podéis dormir un rato más. Si quieres te traigo el despertador de tu habitación.

-Uhum...- murmuró, respirando relajadamente y recolocándose en los brazos de Allen.

Sonrió y le dio un pequeño beso en el pelo. Segundos después la chica había vuelto a dormirse.

Se dirigió hacia la habitación de la chica a paso lento y entró, buscando el despertador con la vista y cogiéndolo en cuanto lo encontró. Puso la alarma a las ocho menos cuarto conforme se dirigía de nuevo al salón. Lo colocó en la mesa y les acomodó bien la manta. Luego se dirigió a la habitación de Komui, donde se escuchaban extraños murmullos. Al entrar se lo encontró a medio vestir, urdiendo extraños planes sobre un montón de papeles, y soltando risas frenéticas de vez en cuando.

Natalie suspiró. Realmente le iba a resultar muy difícil a la pobre Lenalee tener una relación normal con ese elemento de hermano mayor.

Un rato después, cuando Komui y Natalie se habían marchado- el primero a duras penas, siendo arrastrado por la mujer-, Allen comenzaba a despertarse lentamente en el sofá, aunque se resistía. Se encontraba extrañamente a gusto, mucho más cálido de lo normal, y con un suave aroma envolviéndolo. De pronto, pareció percatarse que algo se movía levemente entre sus brazos, y notó un suave cosquilleo en el cuello y la mandíbula.

Tras mucho esfuerzo mental, consiguió abrir los ojos, sólo para encontrarse con la melena tupida y negra, con reflejos verdosos, y el rostro relajado de Lenalee. Al principio parpadeó un par de veces, pensando que todavía estaba algo dormido y que el verla ahí había sido cosa del sueño; pero cuando al separar su brazo de ella para frotarse la cara notó el cosquilleo de sentir el calor distante, sus ojos se abrieron definitivamente del todo, y alternó las miradas entre el brazo, Lenalee y la habitación, que tardó en reconocer.

Cuando su cerebro consiguió procesarlo todo se sonrojó enormemente y estuvo tentando de saltar en el sofá y separarse de ella. El corazón comenzó a latirle con fuerza y no ayudaba, porque por más que intentaba separarse ligeramente para que ella no lo notase, la chica se revolvía bajo la manta y volvía a acercarse a él.

"Madre mía... Madre mía... Si su hermano nos ha visto, estoy muerto" fue lo primero pensó.

Cuando se calmó, percatándose de que si los hubiese visto YA estaría muerto, los pensamientos se le ordenaron lentamente, aunque los roces de Lenalee contra su cuerpo los desestabilizaban un poco. Lo siguiente que intentó averiguar fue cómo ella había acabado durmiendo con él en el sofá, y mucho más abrazada a él.

"Debió meterse después de que yo me durmiera" pensó. "¿Pero por qué querría dormir conmigo?"

Dejó vagar un poco los ojos por la habitación y vio el despertador. Eran menos veinte, y la alarma estaba puesta para menos cuarto. Decidió despertarla él antes que el molesto aparatito.

"¿Pero cómo lo hago?" pensó, algo apurado.

Al final decidió copiar lo que había visto hacer a Anita un par de veces a su padre para despertarlo con suavidad. Le paseó los dedos suavemente por la frente, las cejas, el contorno de los ojos, la nariz... La chica fue encogiendo el rostro cada vez más veces, y Allen no pudo sino soltar alguna que otra risilla.

"Hasta despertándose es linda" pensó, sonrojándose inmediatamente cuando se percató.

-¿L-Lenalee?- terminó susurrando- Lenalee, despierta...

-Uhm...-la chica abrió los ojos lentamente y se encontró con el rostro sonriente del muchacho- ¿Allen-kun?

-Buenos días- alargó el brazo para parar el despertador al ver que estaba a punto de sonar-. ¿Qué tal?

-Bien- murmuró sonriente-. Muy bien... ¿Y tú?

-Bien también...- suspiró.

"Demasiado bien" pensó.

-¿Qué hora es?

-Las ocho menos cuarto...

-Vaya... Ya hay que levantarse...- se frotó los ojos y bostezó.

-Sí, eso parece- se lamentó.

Lenalee lo observó unos segundos, aún medio dormida. Al final se acercó un poco y le dio un pequeño beso en la mejilla.

-El beso de buenos días- murmuró, mientras se levantaba y se ponía los zapatos, dejando a un Allen muy perplejo.

-Ah... Sí, claro- se levantó, se calzó y luego miró a su alrededor, orientándose-. Voy a preparar algo rápido de desayunar, ¿vale?

-Sí, vale. Yo voy a vestirme y eso...

Desapareció por el pasillo que llevaba al baño y Allen se preguntó si actuaba con tanta normalidad porque él era el raro o porque era lenta despertándose. Cuando la vio volver todavía frotándose los ojos y dejándose caer en la mesa de la cocina, apoyando la cara en la mano a punto de dormirse otra vez, llegó a la conclusión de que era lo segundo.

-Toma- susurró tímidamente, poniéndole delante dos tostadas y un té.

-Gracias.

Empezó a mordisquear las tostadas cada vez más rápido, despertándose de a poco bajo la mirada atenta de Allen, que por primera vez en toda su vida no tenía nada de hambre, y andaba retorciendo sus dedos con nerviosismo.

-Eh... Lenalee...- empezó muy nervioso- ¿Por qué... por qué dormiste conmigo?

La chica alzó los ojos y lo miró.

-¿Qué?

-Que... ¿Por qué dormiste conmigo?

Lenalee frunció el ceño, pensando, y se despertó de repente, sintiendo cómo toda la sangre de su cuerpo hacía un récord de salto vertical para llegar a sus mejillas.

-Yo... La verdad... Es que...- le dio un trago a la taza de té y miró a Allen con una expresión decidida, el ceño ligeramente fruncido en un gesto adorable.

Él sonrió, alentándola a seguir.

-¿Tú...?

-Sólo sentí que era lo tenía que hacer- admitió al fin.

-Ah... Vale, si es así... Supongo que no pasa nada, ¿no?

Lenalee suspiró, preguntándose si era tan lento para todo.

-Supongo.

-Fue... Ya sabes... Una buena noche y eso. Hacía tiempo que no dormía tan bien- comentó con una enorme sonrisa.

-Me alegro mucho- respondió devolviéndole el gesto-. Puedes venir cuando quieras.

-Ah... Gracias.

Se hizo el silencio mientras él iba al baño y Lenalee recogía y lavaba las cosas del desayuno.

-Lenalee...- llamó desde el sofá una vez que hubo vuelto.

-Dime.

-¿Va todo bien?

-¿Qué quieres decir?

-No sé... Es que... Estás callada y pareces... Rara. ¿Va todo bien?- la miró con los ojos muy abiertos- Si te he molestado o he hecho algo que no te haya parecido bien dímelo, por favor. Porque... Somos amigos, ¿no? Me lo dirías.

-Claro que sí, Allen. Te lo diría. Pero es que no pasa nada- replicó acercándose y revolviéndole el pelo de paso-. De verdad. No te preocupes, ¿vale? Es sólo que es temprano y estoy medio dormida todavía.

-Vale- pareció mucho más feliz y miró la hora en el despertador que seguía allí-. ¿Bajamos? Lavi y Kanda deben estar esperándonos abajo ya- de pronto se puso palidísimo, y Lenalee lo mismo. Sus rostros se volvieron asustados-. Oh, no...

-Lavi...

-No puede ser...

-Venga, valor- Lenalee se colgó el bolso al hombro y Allen hizo lo propio con su mochila.

-Sí... Buf, lo que nos espera...

-Tranquilo, siempre podemos...

-¿Matarlo?

-Iba a decir hacer que Kanda lo matase, pero también me sirve.

-Bien, allá vamos- dijo cuando hubieron bajado las escaleras y Lenalee estaba abriendo la puerta.

-¡Holaaaa!- exclamó Lavi alegremente, contrastando con el parco saludo de Kanda. Pero la reacción de los dos coincidió un segundo después cuando vieron a Allen salir tras ella: abrieron los ojos como dos platos.

-Buenos días- saludó Lenalee, intentando parecer tranquila, mientras que Allen se limitó a hacer un gesto con la mano, incapaz de abrir la boca ante la sorpresa de Lavi y el reproche mudo aunque no menos estupefacto de Kanda.

El pelirrojo soltó un silbido.

-¿Noche movidita?- preguntó pícaramente.

-¡Lavi!

-Fue... Fue culpa mía... Lenalee me invitó a descansar un rato y me quedé dormido en el sofá...- explicó omitiendo que ella también había dormido en el sofá.

-Vaya, ¿y Komui no te mató?

-N-no...

-No estaba en casa. Se ve que Natalie y él no se pasaron por aquí antes de ir a trabajar- respondió Lenalee, que había olvidado por completo su corta conversación con la novia de su hermano.

-Qué suerte has tenido, Moyashi- comentó Kanda con una sonrisa inquietante-. Te habría abierto en canal.

-¿Sólo?- Lavi soltó una carcajada- Yu, creo que lo subestimas.

Allen empezó a caminar muy rápido y muy asustado, intentando alejarse lo máximo posible de la casa de Lenalee y con la molesta sensación de tener un furioso hermano anchote como un armario espiándolo desde cada rincón.

-Parad de asustarlo. ¡Mi hermano no es tan malo!

-Bueno, supongo que amordazándolo a una silla sería viable comentarlo amigablemente con él.

Lenalee resopló y Lavi, compadecido de sus amigos, decidió que ya los había vacilado bastante por... Un rato.