FELIZ NAVIDAD A TODOOOOOOOOOOOOSS. PERDÓN, PERDÓN, perdón, perdón por la tardanza, pero como varios quizás sabrán, estamos a final del año, lo cual incluye el preocuparse el DOBLE por la U, y a mí me dieron un susto de muerte con una materia que tenía peligrando así que. . .bueno, ya se imaginarán el resto.

Pero pasando a algo más alegre, ¡felicidades a todos los que pasaron bien el año!, y a los que tienen dificultades, bueno, habrán momentos mejores. Y una noticia también; ¡ya tenemos opening!, lo he dejado en mi perfil, así que si quieren darse una vuelta, son más que bienvenidos. Además de esto, he tenido que tomar serias decisiones, otro motivo más para la demora, estoy pensando en si pasar este fanfic al inglés o no. Además, volveré a preguntar, ¿quieren yaoi?, algunas personas me dijeron que no, pero quiero saber con sinceridad, ¿les gustaría 13 13?, díganme sin problemas ^^.

En este capítulo empieza otra aventura, aunque créanme que será corta en comparación a la anterior. Sin más que decir, ¡vamos con el capiiiiiii!

Disclaimers: KHR no me pertenece, sólo La Alquimista de los Vongola es mía XD


- ¡Waaaaaaaahhhhh, llego tarde! – gritaba un horrorizado Tsuna mientras se ponía a la rápida los pantalones y la chaqueta escolar a la vez que comía su desayuno. Se había quedado dormido de nuevo ya que para su sorpresa, a Reborn parecía ya darle igual si se quedaba holgazaneando en la cama más de lo debido, ¡si ni siquiera lo había regañado o golpeado como siempre hacía!, aunque hasta cierto punto lo agradecía.

Notó que el bebé, sentado sobre su escritorio, veía su reloj de muñeca casi con impaciencia, sin siquiera dignarse a mirarlo. Por algún motivo esto le extraño, no era normal ver a Reborn preocupado de la hora, y por si fuera poco aunque había gritado ni lo había mirado, es más, actuaba como si no existiera.

- ¿Reborn?, ¿qué ocurre? – preguntó sacándose la tostada mordida de la boca.

El bebé miró en su dirección por primera vez en un buen tiempo, y sonrió como si nada.

- Espero una entrega – dijo arreglando la manga de su chaqueta negra.

- ¿Una entrega?, ¿de qué?

- Eso no te interesa – respondió con frialdad.

Tsuna no pudo más que fruncir ligeramente el ceño, entre curioso y preocupado, ¿en qué andaba metido su tutor? De pronto Reborn se bajó del escritorio, casi con impaciencia y caminó hacia la puerta.

- Tú vete a la escuela, dame-Tsuna, no vaya a ser llegues tarde y Hibari termine realmente mordiéndote hasta la muerte.

- ¡Ah, cierto, casi lo olvido! – tomó su bolso y corrió hacia la puerta, pasando a Reborn.

Sin embargo, a mitad del pasillo se regresó, y aún viendo al bebé en su cuarto, se decidió en si preguntarle o no.

- ¿Vas a salir Reborn?

- Sí, estaré fuera en lo que queda de mañana, así que no te preocupes si no aparezco, estaré ocupado – y con esto caminó hacia la puerta principal, pasando de Tsuna sin mirarlo siquiera y con una misteriosa sonrisa en la cara.

Tsunayoshi tenía muchas preguntas en la cabeza, pero estaba casi seguro de que Reborn no se las respondería sin importar cuanto insistiera. Por su parte, Reborn estaba demasiado impaciente como para sentarse a esperar, no confiaba en los envíos por correo comunes, y lo que estaba por recibir debía llegar antes de que acabase el día. Así que como decía el dicho, si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo.

Se le estaba acabando el dinero. Ese era el único pensamiento que tenía en la cabeza en esos momentos. Se encontraba en clases, apenas empezando el día, y lo que le recordó su "pequeño" problema monetario era el hecho de que su estómago comenzó a gruñir del hambre. Esa mañana no había desayunado, había salido corriendo de su casa para que su madre no la golpeara, cuando había llegado ayer en la tarde la había agarrado y había comenzado a golpearla una y otra vez preguntando en donde había estado usando un florero, que finalmente terminó rompiéndose luego de varios golpes, lo que le dio la oportunidad de escapar. Unas heridas se habían abierto, pero comparado con veces anteriores no había sido nada serio.

Ahora bien, recordando lo del dinero, no podía gastar en comida de la escuela, y ni se diga en hacer su comida en casa. Ése dinero era lo que su padre les había dejado a su madre y a ella para sobrevivir antes de que se fuera a quien sabía dónde, con la esperanza de que ni una ni la otra tratara de ubicarlo en el futuro, era como el pago de su deuda con ellas. Y por desgracia, se les estaba acabando, habían tenido ese dinero desde hacía muchos años, pero como era obvio no iba a durar para siempre. Su madre no estaba en condiciones de trabajar, y ella había intentado conseguir trabajo en diferentes lugares, pero por un motivo u otro (quizás su aspecto debilucho y lleno de vendas) nunca la aceptaban, y ahora necesitaba dinero más que nunca. ¿Pero qué debía hacer? ¿pedir un préstamo?, ni loca.

Suspiró cansada, el dolor había cesado, aún y cuando su madre la había apalizado, ya se había acostumbrado a él de cierta forma. El profesor estaba hablando de algo a lo cual ni siquiera le ponía atención, así que dedicó su tiempo a mirar por la ventana y a vagar sus pensamientos. De un momento al otro, frente a ella apareció Kaori con una sonrisa en el rostro. Nadie más la veía, así que no debía ser ningún problema en verdad, pero le parecía curioso que ella se mostrara por esos lados, en el poco tiempo que la conocía, a pesar de haberse mostrado por el pasillo (sólo una vez) jamás la había visto dentro de su salón. Miró alrededor, asegurándose de que todos estaban pendientes de la lección, inclusive Tsunayoshi y sus amigos prestaban atención al profesor. . .no, espera, él estaba durmiendo, se notaba por la burbuja de mocos que salía de su nariz.

- ¿Qué haces aquí? – le preguntó en un susurro.

La muchacha fantasma amplió su sonrisa y, tomando su mano que sostenía el lápiz, comenzó a escribir en el cuaderno.

"Me aburría en el techo, así que quise venir a ver que hacías"

Karako rió por lo bajo.

- Como puedes ver, en clase.

"¿No escribes?"

- Ya me sé la materia, esto me lo enseñaron en primaria.

Kaori la miró con sorpresa, de seguro notando que eso no era algo muy común. Y de pronto la chica notó las nuevas vendas de su amiga en su cabeza.

"¿Estás bien?"

El rostro de Karako demostraba que en un principio no entendía el por qué se lo preguntaba.

- Ah, esto, - dijo llevándose una mano a la cabeza – no es nada, he sufrido peores.

Kaori iba a tomar de nueva cuenta el lápiz, pero de un momento al otro tanto ella como Karako se paralizaron. Una inquietante presencia había invadido el aire, y nadie parecía darse cuenta de ello. Ninguna se movió, solo se miraron con los ojos y se entendieron perfectamente, ambas habían notado que algo no estaba bien. Karako le hizo una señal a Kaori con los ojos, y ésta asintió desvaneciéndose en el aire y yendo a la azotea, su lugar seguro. Si Karako iba a enfrentarse a algo, era mejor no arriesgar a Kaori. Comenzó a girar lentamente la cabeza, para finalmente voltear con rapidez hacia la puerta, viendo una figura de mujer, pestañeó, y ésta simplemente se desvaneció junto con la incómoda presencia, tan rápidamente como se había aparecido.

Por unos segundos Karako creyó que lo había imaginado, y parpadeó varias veces pensando que quizás así esa imagen se aparecería de nuevo, pero nada, ya no había nada allí. Sin embargo, con su experiencia personal, el peor error que podías cometer era bajar la guardia.

La mañana pasó sin problemas. Hibari causó de nuevo un desastre en el salón del comité luego de que llevara a unos alumnos rebeldes para darles una paliza por desobedecer las reglas, y por esto mismo discutieron, lo de siempre, con Kusakabe tratando de calmar ambas partes porque parecían a punto de agarrarse a golpes de un momento al otro. Ya era la mitad del día y se encontraban en el receso final, antes del almuerzo, y aún Karako se preguntaba cómo mierda iba a tener la suficiente paciencia para aguantar a ese hombre el resto del año, ¿cuál era su problema?, sabía que la odiaba, pero no podía ser tan inmaduro como para ensuciar a propósito. Pero ahora que lo pensaba, se había dado cuenta que el café que preparaba en las mañanas ya no estaba en la taza del joven, cosa curiosa, realmente no pensaba que Hibari tomaría algo que ella preparase. "Bueno, supongo que algo hecho por alguien más es mejor, así no tiene que prepararlo él" se le pasó por la cabeza, había preparado esos cafés simplemente por tener buena voluntad, nada en especial, pero en verdad fue una sorpresa cuando luego de volver a la vida normal tanto Kusakabe como Hibari bebían lo que preparaba, aunque a Hibari nunca lo veía hacerlo. Sin embargo, hoy día había logrado echarle un vistazo al escritorio y vio encima de éste la taza de café. Vaya cosas de la vida.

Iba a bajar las escaleras, pero estaba tan distraída que pisó mal y se fue para adelante. "Mierda" se estaba yendo de boca, y estaba en muy mala forma física para caer bien, así que cerró los ojos, esperando el golpe. . .

Pero nunca llegó.

En lugar de eso sintió un fuerte tirón en el brazo que la hizo caer hacia atrás, aterrizando en algo firme pero suave.

- ¿Qué se supone que estás haciendo?

Oh no, no, nonononono, eso debía ser una mala broma. Era precisamente la persona con la cual menos quería encontrarse. Abrió los ojos, y al voltear hacia arriba, vio a Hibari observándola con su típica expresión estoica, agarrándola firmemente del brazo.

- Hola Hibari – dijo entre dientes.

- Te pregunté que qué estás haciendo – repitió con rapidez el pelinegro.

- Sólo andaba distraída, gracias por agarrarme, - notó una fuerte presión en su brazo - ¿podrías por favor, ehm. . .soltarme?

Casi como un resorte Hibari le soltó el brazo, dejándola parada en medio del pasillo. Los estudiantes que allí habían miraban con disimulo la escena, en su mayoría mujeres, de las cuales varias de ellas, para sorpresa de Karako, no tenían una energía muy feliz a su alrededor. Por su parte Hibari estaba que no se lo creía, ni siquiera estaba pensando cuando la alcanzó, sólo la vio caminado distraída por el pasillo cuando él iba haciendo las últimas rondas del día, y cuando se fijo en que se tropezaba su cuerpo actuó por cuenta propia, corrió hacia ella y la alcanzó justo. ¿Por qué lo hizo?, ni él sabía, y algo le decía que era mejor no saberlo.

- Comienza a agradecérmelo, te salvé el maldito trasero – soltó de pronto él cruzándose de brazos.

Karako sintió la venita del enojo saltar al instante en su nuca, y se olvidó por completo del resto de alumnos que los observaban.

- ¿Disculpa?, ¿quién te pidió que me ayudaras? – dijo ella con rencor – además, ¿qué se supone que haces aquí?, regrésate a tu cueva cavernícola sociopata.

Ahora era el turno de Hibari de molestarse. La campana estaba sonando para entrar a clases, pero a ninguno de los dos pareció importarle.

- Mocosa desvergonzada – le devolvió la mano el joven.

- Perro rabioso.

- Momia mal envuelta.

- Bestia sin corazón.

- Plana.

- Muy bien, ¡te voy a. . .!

No alcanzó ni a terminar la frase. Iba a lanzársele encima dispuesta a destrozarle la cara de niño bonito, pero en ese preciso instante algo pasó volando entre los dos, sintieron que algo los agarraba de las muñecas y, como en cámara lenta, los jalaba hacia las escaleras. Estuvieron a punto de caer, pero Hibari alcanzó a agarrarse de la baranda y Karako se vio detenida por un nuevo jalón en la muñeca, impidiéndole nuevamente el caer. Cuando ambos miraron para ver al otro buscando una explicación, se quedaron tan blancos como una hoja de papel.

- ¿Pero qué. . .?

- ¿Qué es esto?

Unas extrañas y gruesas esposas los estaban amarrando de las muñecas, ambos extremos unidos por lo que parecía una goma sólida, y lo que parecían unas muñequeras, a pesar de no apretarles, estaba pegadas a sus pieles, como si se hubiesen adaptado al contorno.

- Ciaossu – saludó la aguda vocecilla del bebé.

- Reborn-san

El infante estaba sentado al borde de la ventana, sonriéndoles con lo que pudieron identificar como malicia.

- Bebé, ¿qué significa esto? – preguntó con enojo Hibari, era claro que ese infante, como siempre, había hecho de las suyas.

La sonrisa del niño pareció extenderse al ver la frustración en sus rostro.

- Acabo de recibir éstas desde Italia, se llaman "Esposas goma roja", y sin importar qué son absoluta y completamente indestructibles, podría caerles una bomba atómica encima y quedarían sin un rasguño – explicó con satisfacción.

- ¿Y se puede saber por qué las tenemos puestas? – preguntó la pelinegra levantando la muñeca izquierda amarrada.

- Como es un prototipo me pidieron probarlas, y yo acepté gustoso, pero Tsuna y los suyos están ocupados, así que opté por ustedes dos – dijo como si fuese lo más obvio del mundo.

- Ya, ¿y creíste que estaríamos gustosos de ser tus conejillos de indias? – Hibari estaba claramente molesto, y lo demostró con el violento tirón de su muñeca derecha, jalando a Karako de paso.

- ¡Oye, cuidado!

- Suéltanos ahora – exigió Hibari ignorando a la chica.

- Ya, calma, tranquilos, por aquí debe estar la llave – dijo Reborn suspirando hondo.

Sacó de la nada una caja pequeña, donde comenzó a rebuscar y a sacar plástico y cosas que de seguro habían estado envolviendo al producto durante el viaje. Pero en segundos, su sonrisa de malicia desapareció, y a pesar de no mostrar muchos sentimientos, tanto Hibari como Karako estaban casi seguros de que habían dejos de preocupación en su rostro.

- ¿Qué ocurre? – se atrevió a preguntar la chica.

- No está la llave.

- ¿¡Qué! – sin quererlo siquiera tanto ella como Hibari gritaron al mismo tiempo.

- Tranquilos, puedo pedir una copia a Italia, pero se tardará unas 24 horas en llegar

- ¿¡24 horas!, - Karako palideció tanto como un cadáver – Reborn-san, por si no lo ha notado ¡yo tengo clases!

- ¿Crees que tenemos el tiempo suficiente como para esperar a que llegue un repuesto? – Hibari estaba aguantándose el enojo.

- Pues algo tendrán que hacer, o se quedan esperando con paciencia o se exponen ante toda la escuela.

Eso ya era malo, ninguno de los dos estaba dispuesto a mostrarse ante los demás en esas condiciones, ¿por qué?, la respuesta era simple; por orgullo. Sería una vergüenza para ambos el que el resto descubriera las condiciones en las que estaban, imagínense eso, Karako apareciendo en clase siendo seguida por el lobo rabioso del comité de disciplina, y el líder del comité pegado a una mocosa con tendencias de momia, sí, que gran imagen.

El aire estaba caliente, muy caliente, las cortinas se encontraban cerradas, y extraños ruidos se escuchaban de adentro del salón de recepción, cualquiera que pasase por afuera podía estar seguro de que algo extraño ocurría ahí dentro. Gemidos, quejidos, respiraciones pesadas, muebles moviéndose, venga, era casi claro.

- Hibari. . .espera, no puedo. . . – gimió Karako en voz baja.

- Espera, sólo un poco más – dijo el muchacho con voz ronca.

- Ah. . .me duele, idiota.

- Relájate, ya falta poco.

- Sé más delicado.

- No puedo si se trata de ti.

- Echa más vaselina.

- Está muy duro.

- . . .tanto.

- ¿Qué?

- ¡Qué no tires tanto, imbécil! – gritó agarrándose de la muñeca.

El aire estaba pasado a vaselina, se la habían conseguido tratando de aflojar un poco el agarre de las esposas, pero a pesar de los intentos no daba resultado. Hibari tiró de la muñeca una vez más, moviendo de nuevo el sofá y tirando de paso a Karako, quien hizo una clara mueca de dolor, ya cansada de tanto forcejeo.

- ¡Te dije que no tiraras tanto, me duele!

- ¡No digas tonterías, no puedo ser delicado si se trata de una mocosa como tú!

- ¡Estás tratando con una mujer, ten algo de caballerosidad, estúpido!

- ¡Ya relájate y cierra la bocota! – trató de resbalar su muñeca del agarre, pero no se movió ni un centímetro aún y cuando goteaba vaselina – es inútil, parece estar pegado a la piel.

Habían estado intentándolo desde hace más de una hora. Pronto sería la hora del almuerzo y no había aflojado ni un poco, ¿de qué mierda estaba hecha esa cosa?, ya habían intentado de todo; martillos, tijeras, sierras, tijeras para césped, rocas, con la propia puerta, pero nada, parecía que las palabras de Reborn eran totalmente ciertas, esa cosa era indestructible. Por si fuese poco, su estómago seguía reclamando comida al recordar que pronto sería la hora de la comida.

- Esto es inaudito, ya he perdido mucha clase en tan sólo un mes, y ahora para colmo me encuentro amarrada a un idiota abusivo – masculló Karako en voz baja para sí.

Si quisiese podía deshacerse de esa cosa que los amarraba, después de todo, para ella cosas como amarras, candados, cadenas y todo eso no eran nada, podía entrar a una casa ajena con tanta facilidad como entraba a la suya, pero el problema yacía en su pérdida de experiencia, sus poderes estaban fuera de uso y apenas y podía crear barreras o invocar cosas pequeñas, pero si su estrés llegaba a aumentar, quizás también lo harían sus habilidades, después de todo, los poderes de un ESPER nacen a partir de la presión mental extrema. Cuando una persona tiene un estrés mental extremo, tanto como para perder el juicio, si no se vuelve loca entonces es probable que se convierta en ESPER, ¿cuántos casos habían en que había sucedido lo primer?, su madre era uno de esos, ella no aguantó el miedo de que su hija fuese un "monstruo" y se entregó a la locura, pero por su parte, ella no era ni uno ni lo otro. . .ella había nacido con esto.

- Oye, te estoy hablando – escuchó que la llamaban.

- Ah, lo siento – dijo sin sentirlo realmente. Se había perdido tanto en sus pensamientos que ni cuenta se dio que Hibari le hablaba.

- Te estoy diciendo que pienses en algo tú también, ambos estamos metidos en esto.

Karako gruñó por lo bajo.

- Aunque me digas eso. . . – dijo levantando la muñeca amarrada. Ya habían intentado de todo, ¿qué otra cosa quedaba?.

- No voy a aguantar un día entero pegado a ti.

- ¿Y tú crees que yo sí?, esto es tan malo para mí como lo es para ti.

Sin siquiera pensarlo, en un ataque de rabia y desesperación, Hibari agitó el brazo con violencia en un vano intento de soltarse, sacudiendo de arriba abajo a Karako. Estaba exasperado, si había algo que odiaba era estar restringido, y aunque apenas había pasado una hora ya se estaba desesperando.

- ¡Quédate quieto, duele!

- . . . – si era necesario iba a romperse la muñeca.

Karako, como leyéndole el pensamiento, se puso blanca y se le tiró encima justo cuando el chico pensaba en zafarse la muñeca.

- ¡Espera, no hagas locuras!

- ¡Suéltame, estorbosa!

- ¿¡Puedes esperar!, ¡sólo será un día, sólo uno! Mañana en la maña Reborn-san llegará con la llave y entonces. . .

Se miraron perplejos, y mientras Karako enrojecía como un tomate, a Hibari se le iba formando una burlesca sonrisa en los labios.

- Jeje

- . . .Joder.

Miró el onigiri que tenía entre las manos con curiosidad. En esos momentos se tragaba todo lo malo que había dicho de Hibari Kyoya; el chico había accedido a compartir su almuerzo porque era demasiado para él solo, y porque a la vez no quería tener que estar cargando con una mocosa que tal vez se desmayase de la fatiga. Lo probó, y creyó que en ese momento se encontraba en el paraíso, ¿hace cuánto que no tenía una comida de verdad?, ¿meses?, ¿años?, ya ni siquiera se acordaba.

- Delicioso – casi lloraba del puro deleite.

- Cualquiera diría que no has comido en décadas – dijo él luego de tragarse un pedazo de su hamburguesa.

- . . . . . . . – Karako ni siquiera volteó a verlo, estaba sumergida en el sabor de su comida y en las memorias que ésta le traía.

Hibari se quedó mirándola, un tanto sorprendido de que ella no hubiese dicho nada al respecto. El rostro de la chica era nostálgico, como si recordase cosas que hace mucho tiempo tenía olvidadas. Sus ojos yacían perdidos en alguna parte de la mesa de centro, sus labios sonrosados estaban entre abiertos, y su cuerpo, delgado y aún con el onigiri en mano, se encontraba quieto y relajado, como quien ha recibido una noticia indeseada, pero esperada. En esos momentos, a Hibari Kyoya le recordaba una muñeca más que nunca.

- . . .¿Cuánto comes en el día? – preguntó él finalmente, analizando el delgado cuerpo de la chica.

- . . .

Karako no supo qué responder a eso, solo lo miró por el rabillo del ojo, incómoda.

- Tomaré tu silencio como algo negativo.

- Haz lo que quieras.

Hubo un extraño silencio en el salón que duró varios minutos. Ya habían terminado de comer, y ahora se encontraban sentados en el sofá frente al escritorio sin hacer nada. Finalmente, luego de varios minutos, Hibari se decidió a romper el hielo, comenzando con una pregunta que hace ya tiempo lo estaba picando.

- Cuando ocurrió el incidente con Nogisaka, encontramos a Kusakabe encerrado en un armario. Aunque tratábamos de sacarlo algo nos impedía tocar la puerta – soltó con tono duro.

Karako volteó hacia él con clara sorpresa en los ojos. La verdad no se esperaba esa pregunta, creía que el asunto había quedado en el olvido. Pero Hibari se veía muy serio al respecto, tanto que le dio un escalofrío en la espalda.

- No tengo idea qué fue esa cosa, pero parecía una especie de barrera bastante fuerte, y estoy casi seguro de que tiene que ver contigo, así que o me lo dices por las buenas o lo haces por las malas – amenazó el joven sin ningún reparo.

- No es algo en lo cual debas meterte.

- No lo has negado, o sea si fue cosa tuya.

- No es tu asunto Hibari – subió un poco la voz.

- Dime la verdad, ¿en qué andas metida?

- Basta Hibari.

- No voy a dejar de insistirte hasta que me digas la verdad. . .

Todo fue muy rápido; Hibari ni siquiera supo qué fue lo que paso, pero en un segundo se vio acorralado contra el brazo del asiento y un cuchillo en su cuello, tan apegado que podía sentir el filo a punto de cortarle la piel y a Karako encima suyo, con la cabeza gacha y su flequillo cubriendo sus ojos. ¿De dónde había sacado el cuchillo?, habían estado comiendo con palillos y con manos, nada que requiriese ser cortado, y ni siquiera tenía su bolso ahí, ¿entonces de dónde?

- Te sugiero que te olvides del tema, Hibari Kyoya, o tendré que tomar medidas drásticas, - advirtió con una amenazante voz grave y suave. Karako levantó lentamente la mirada, y Hibari pudo ver sus ojos sin brillo, grandes y dilatados – no me interesa el derramar una o dos gotas de sangre, créeme, no serás ni la primera ni la última persona a la que habré asesinado en mi vida.

El aire se había vuelto tenso, y por primera vez en su vida Hibari se sintió realmente amenazado por una mujer. Nunca ninguna se había atrevido a levantarle la mano, ni siquiera a hablarle fuerte y mucho menos amenazarlo, ni siquiera su madre le había levantado la voz alguna vez, pero esa chica, esa mocosa tenía las agallas suficientes como para amenazarlo de ese modo a él, a Hibari Kyoya, y él por su parte, aunque no lo demostrara por fuera, sentía su alma estremecerse por esa mirada tan llena de odio, de sed de sangre. Esos no eran los ojos de una joven herbívora débil y triste. . .eran los ojos de una carnívora dispuesta a lanzarse a tu cuello y arrancarte cada pedazo de carne que compusiese tu cuerpo.

La puerta fue tocada con suavidad, y una figura conocida se paró detrás de esta.

- Líder, ¿se encuentra ahí?, tengo unos papeles que necesita firmar- habló la voz de Kusakabe al otro lado.

- Entra Kusakabe-san – de un momento al otro tanto la voz de voz como la expresión de Karako se suavizaron, ya no era esa voz gruesa y de comando que pareció poseer por unos momentos.

Al instante entró el hombre portando unos papeles. Le habían contado a Kusakabe del embrollo en que estaban metidos, de hecho él fue el que trajo las herramientas para tratar de soltarse, por lo que no había mayor problema. En cuanto Hibari se recuperó del shock observó a la muchacha detenidamente, ¿cómo era posible que cambiase de personalidad con tanta rapidez?, o tal vez. . . Yukusawa Karako ocultaba más de lo que aparentaba. Sonrió. Definitivamente esa muchacha era muy interesante. Tenía curiosidad de qué era lo que ocultaba, y claro que lo iba a averiguar.

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Fin del capítulo - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


Bien, este es el final del capítulo. Nuevamente pido perdón por la tardanza, pero como ya les dije muchas cosas han ocurrido.

Para aclarar ciertos puntos, lo que ocurría con la voz de Karako es que ella normalmente le habla a Kusakabe, Tsuna y a los demás con una voz muy suave y tranquila, pero en esta ocasión la cambió a una gruesa, casi de comando, pero femenina a la vez (ejemplo Sayaka Ohara, de hecho quisiera que ella fuera su seiyuu para su versión TYL XD). El opening creo que le viene como anillo al dedo en verdad, ¿qué opinan? ^^.

Ahora ya estamos de vacaciones, y para los que aún no, ¡esfuércense, que queda poco!, ya verán que sus esfuerzos dan resultados. ¡Gambatteeeee!

Dejen reviews, amo saber lo que piensan de cada capi, ¡y FELIZ NAVIDAD A TODOOOOOOOOOOOOOOOOOS!