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—12—
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Despertó con el estomago vacío y unas tremendas ganas de volver a hacerle el amor. Jonathan dormía como un bendito, la sábana roja cubría sus cuerpos aún desnudos y plenos de sexo. No resistió por demasiado tiempo el impulso de acariciar sus cabellos y ya que estaba en eso, bajar por el bordillo de la sábana y descubrir su sexo.
Los chicos Kent, a parte de fuertes, leales y pacientes, estaban tremendamente bien hechos. Su compañero de alcoba echó en falta la prenda o la cercanía de su piel y lentamente comenzó a despertar. Los vestigios de la noche anterior debieron volver a su memoria ya que un delicado rubor cubrió sus mejillas, estaba recostado de lado así que una vez más, era la representación física y espiritual el erotismo.
—¿Dami...?—Jonathan pronunció su nombre y levantó el torso para encontrarlo pero en lugar de darle los buenos días optó por besarlo. Kent se derritió en su boca como una tierna fresa o un trozo de mantequilla, él lo dominó rápidamente con su presencia, su cuerpo mucho más maduro y experto. Su gatito se dejó hacer, advirtió en la osadía de sus movimientos y la profundidad de su gesto que también quería volverlo a hacer.
Lo recostó de a poco y una vez lo tuvo de espaldas a la cama, se colocó entre sus piernas, tomando con una mano su sexo, Kent jadeó mirándolo como si ese simple contacto bastará para complacerlo, luego comenzó a masturbarlo, sin dejar de seducirlo, provocarlo y devorarlo con la mirada.
Tenerlo a plenitud, saberlo extasiado y totalmente entregado, no hacía más que excitarlo, fue cerrando la distancia entre sus cuerpos a medida que le arrebataba suspiros y jadeos, por instinto Jon separaba las piernas y levantaba la cadera, mostrándole su cuerpo listo para recibirlo.
Era cierto que durante todo este tiempo, se estuvo preparando para tenerlo adentro, ese falo, el dildo que encontró en su cajón volvió su entrada mucho más grande, ya estaba dilatado cuando con la otra mano palpó su carne.
En esta ocasión, no utilizó el lubricante, lo humedeció con su semen pues como dijo, despertó hambriento y deseoso de sexo. Ya estaba duro cuando lo besó y a punto de correrse cuando lo masturbó. Jonathan tembló de impaciencia al sentirlo regarse entre sus glúteos, aún no lo penetraba, tenían tiempo para eso, de momento disfrutaba con su rostro, sus reacciones y fascinaciones, era tan flexible, dócil, tan transparente en sus emociones, que no hacía más que enloquecerlo de deseo su dulce y tierno pequeño.
Besó sus labios con desesperación sin dejar de trabajar su miembro erecto. Jon estaba tan duro ahora, tan necesitado, tan dolorosamente entregado que al siguiente apretón de sus manos también se corrió.
Gritó su nombre, le rogó que lo penetrara, necesitaba sentirlo de nuevo, tenerlo hasta adentro. Le dijo que sí, lo haría suyo de todas las formas y todas las noches a partir de ahora. Su gatito lloró, repitiendo que lo amaba, él le dijo lo mismo y se disculpó por haber sido un idiota y hacerlo esperar tanto.
—No tanto como ahora...—comentó entre jadeos y lágrimas, pujando, apoyando su peso en los brazos para levantar aún más su trasero, él apoyo por fin las manos en sus caderas y lo penetró. Seguía estando igual de cálido y estrecho, tan jodidamente apretado que a los dos excitó y dolió.
Repitieron su danza, encontraron su ritmo, sin dejar de mirarse a los ojos aunque claro está que llegaba un punto en que las emociones se desbordaban y se convertían en instinto, sudor, adrenalina, pasión y semen. Lo masturbó nuevamente mientras lo penetraba, Jonathan lamía, besaba y mordía su cuello, se aferraba a sus hombros, rebotaba sobre el colchón al ritmo que le marcaban embestidas.
Se corrió de nuevo y su gatito lo hizo a la vez, respiraba pausadamente por debajo de él, sus ojos cerrados, las pestañas húmedas al igual que todo él, mordía sus labios, temblaba de arriba a abajo disfrutando del orgasmo, lo mismo que él. Salió de su cuerpo admirando la imagen que ofrecía aquel, Jonathan sonrío una vez se hubiera calmado y cuando se recostó a su lado, encontró lugar en su regazo.
Lo estrechó y besó, primero en la frente, después en los párpados y por último en los labios. Cuando parecía que iba a volverse a dormir, encontró ocasión para preguntarle
¿Por qué toda la habitación olía a él?
Kent se ruborizó de nuevo y confesó que impregnaba las sábanas con su aroma, la loción que dejó en su departamento cuando se marchó pues necesitaba sentirlo cerca, recordar su presencia, además de que esa cosa debía estar llena de feromonas ya que se la ponía tan dura como una roca.
—¿El dildo...? —preguntó porque no se lo imaginaba entrando en una sex shop. A sus ojos, Jon era demasiado lindo, tímido y virginal para eso.
—Lo compré por internet con la tarjeta de crédito de Maya, aún me odia por eso. Su padre es quien recibe los estados de cuenta y cuando leyó la descripción del producto se puso como loco.
—¿Maya Ducard te prestó su tarjeta de crédito?—Jon se arrancó los vestigios del sueño, seguía acostado sobre él pero en una posición que les permitía verse a los ojos y charlar. Él acariciaba sus cabellos y Jon lo miraba como si fuera el auténtico y perverso Dios del sexo.
—Fue idea de Colín, según los dos me veía tan deprimido y patético que me darían lo que fuera con tal de quitar esa cara.
—¿Cuál cara?—preguntó aunque por dentro se sentía culpable por ello. Jon sonrió tristemente y le pidió que pensara en un niño que ha perdido a su pez dorado.
—¿Me comparas con un pescado?
—El niño lo quería muchísimo y sin querer, al tratar de hacer algo bueno por él, acabó por perderlo.
—Tú no me perdiste. —aclaró tomando una de sus manos, para besarla de inmediato.
—Dijiste tres meses y tus hermanos venían de visita pero ninguno me hablaba de ti.
—Jon...
—Hay un asesino suelto en la City y sé que soy egoísta por quererte cerca, pero es que tú no sabes...
—¿Lo que es querer a alguien y no poderlo tener? ¿Que por fin diga que te ama e inmediatamente se vaya? —Jon asintió y en lugar de cubrirse el rostro con las manos, lo escondió en su regazo, sintió su aliento cosquilleando sobre su vientre, si seguía con eso, iba a terminar montándolo de nuevo. Se controló y le recordó que él también fue egoísta y quizás hasta cruel.
—Nada de eso, me regalaste una noche. Todo lo que yo quería era una noche.
—Querías que te hiciera el amor y yo sólo, sólo...
—Estoy seguro de que me la chupaste con todo tu amor. Así lo sentí y lo recordé cada vez que yo...—hizo el ademán de ponerse la mano diestra entre los glúteos, él lo detuvo porque imaginarlo con el dildo ya lo estaba volviendo loco. Recapitulando su primera noche, no le pareció que fuera tan romántica.
—Gritabas que te mataba.
—Y...por eso debió desalojarme el casero, los vecinos y todo el edificio lo oyeron.
—¡Dios, Jon...!
—No, estoy seguro de que gritaba, ¡Oh, Dios! ¡Oh, Dios, me muero Damián!
—Vas a conseguir que "te mate" de nuevo
—Moriría feliz, tienes una boca demasiado sexy, Damian Wayne
—Y tú una mente demasiado sucia, Jonathan Kent.
—¿De verdad? Y eso que aún no te sugiero nada, te he dejado hacerme lo que te plazca.
—¡¿Qué...?! Espera, ¿Por eso me golpeó tu hermano?
—Cree que me enamoraste, ilusionaste, desvirgaste y por último te marchaste. Mis padres no quisieron explicaciones y en parte creo que les alivió que me quedara en tu departamento. Dudo que estén listos para lidiar con un hijo homosexual.
—Lo lamento.
—No es tu culpa, yo te pedí el sexo de despedida.
—Y hacerlo habría sido un error.
—No lo creía entonces, pero ahora sé que tienes razón. Habría sentido de más tu ausencia
—Habrías sentido que te traté como a una cualquiera...—lo estrechó de nuevo y Jonathan dijo que no.
—Eres demasiado gentil para eso. No sé si con todas tus parejas seas igual pero conmigo, has sido perfecto.
—Me adulas.
—Lo sé y por eso voy a perdonarte si me llevas a cinco lugares de mi elección.
—Ningún burdel, hotel o casa de placer.
—No estaban en mi lista pero ahora necesito saber el por qué.
—Eres demasiado ingenuo, lindo, tierno. Tendría que golpear a todos los que pusieran sus ojos en ti. —se inclinó para besarlo, Jon acepto sus labios y le dijo que él lo haría también. Golpearlos a todos pero no porque fuera lindo, sino porque él era suyo. Nadie más podía tocarlo, desnudarlo o besarlo.
Salieron de la cama y se turnaron para tomar una ducha. Él se envolvió en las ropas formales de siempre, el pantalón de vestir recto, la camisa de manga larga y los zapatos de punta cuadrada, Jon se enfundó su pantalón desgarrado y ajustado, lo acompañó con una camisa blanca y los zapatos deportivos rojos. Sombra ya estaba ocupado mordiendo y rasgando todo lo que encontraba a su paso, se les pasó la hora de su almuerzo pero aún así ronroneó de gusto y se enredó entre sus piernas al verlos.
El departamento permanecía tan tirado como lo dejaron, no tenían ganas de ordenarlo así que preparó algo de comer con lo poco que encontró en la nevera.
—¿Has estado viviendo de comida enlatada, congelada y china otra vez?—preguntó trajinando por doquier.
—Más o menos. Domingo y Lunes de sushi o comida china, Martes y Miércoles de congelados o enlatados, Jueves y Viernes de pizza o hamburguesas. Los sábados intento comer con mis padres o alguien que sepa usar una estufa.
—Comienzo a creer que me quieres solo porque entro en esa categoría.
—Claro que no, te quiero porque estás malditamente bueno.
—Bobo.
—Es en serio. ¿Hiciste ejercicio en la tonta Suiza?
—Un poco. —admitió con sonrisa socarrona.
—¡Lo sabía!
—Tú también estás bastante bien. No sabía que fueras tan...flexible.
—He estado haciendo que valga, lo que sea que pagues de internet.
—¡Jon!
—¿¡Qué...!? Si me vas a castigar que sea atándome a la cama.
—Te voy a castigar, cortando la luz y cancelando el internet.
—Oh, ¿Entonces no te interesa en bondage? —los platos que acababa de sacar para servir el omelette acabaron el piso, le pidió a Jon que dejara de pensar o hablar de eso. Si seguían por ahí jamás saldrían de la habitación o el apartamento. Morirán de hambre, Sombra incluido.
—Está bien, gruñón.
Al terminar de comer Jon le ayudó a desempacar, lo que era un decir porque únicamente quería ver los obsequios que compró para él. Un par de cabras de peluche, una blanca y otra negra, esas las dejo en el librero frente a sus novelas policiacas, románticas y eróticas, lo demás eran chocolates en diferentes sabores y presentaciones. Una chaqueta azul con rojo que por alguna razón, le hizo pensar en él.
Se la puso al instante.
—¿Qué significa el escudo con la "S"?
—Súper sexy
Por el resto de la tarde consideraron ordenar, ir de compras o llamar a alguien para que tapara los agujeros de bala y reemplazara las ventanas, pero en su defecto terminaron por buscar una mala película en la televisión para besuquearse en el sillón.
Jon tenía un trabajo ahora, lo que quería decir que debía levantarse temprano por la mañana y que él se quedaría como el amo del hogar.
Ni de broma.
Aunque gracias a su emancipación y a Alfred sabía como tener en orden su hogar.
La película acabó en lo que le quitaba sus gafas a Jon y le abría la chaqueta para besarlo y pellizcar sus pezones mejor. Lo siguiente en la TV era un programa de espectáculos.
Con su llegada a la Ciudad, muchos querían saber si ya había superado la separación de Emiko. La apuesta más fuerte era que pasó casi seis meses llorando por los rincones su traición.
—Imbéciles.—masculló separándose de Jon.
—Apaga eso y ven aquí.
—No, quiero escuchar lo que dicen.—Kent suspiró y recuperó sus anteojos además de acomodar su ropa. Él aumentó el sonido del televisor.
Pasaron su entrevista en el aeropuerto, los comentaristas opinaban que sus respuestas fueron secas y en absoluto sinceras. Jonathan se veía incómodo, ¿Cómo no iba a ser? Si esos gusanos decían que en sus ojos aún se veía la añoranza por su amor. La mención a su nombre lo puso tenso, hablar de la relación entre Jackson Hyde y su padre debía ser sin duda, un golpe bajo a su orgullo.
Él convirtió a Emiko Queen en lo que es y lógico sería suponer que quisiera algo más estable que un pseudo músico de rock. En relación a esto último hablaron de la cancelación de sus conciertos y la presunción de que habían robado su música y letras.
—¿Quien comenzó esos rumores?—preguntó pasando de la pantalla para concentrarse en su novio. Jon tenía los ojos ligeramente irritados. ¿¡No podía pensar que lo que decían era cierto, o sí!? Kent tomó el mando y apagó el televisor, rehuyó a su mirada y al hacerlo quedo de frente al florero con los crisantemos rojos.
—Por favor Jon, tú eres el experto, sabes que con calumnias se ganan la vida todos ellos.
—Lo que sé, es lo mucho que la amaste. ¿De donde aprendiste el significado de las flores?
—¿De donde lo aprendiste tú?—rebatió porque no era justo que se pusiera así por un programa de espectáculos.
—Dick me dijo que te pondrías romántico si te compraba algunos crisantemos del color indicado, la dependienta me habló de los significados y los colores, mientras escuchaba, recordé algunas de las flores que le obsequiabas.
—Jon...
—Incluso en nuestra primera cita, decoraste la mesa con flores azules.
—Ya no la amo.
—Lo sé, pero no puedo evitar sentir celos.
—¿Por qué? ¿No he demostrado lo mucho que te quiero?
—Eres el hijo biológico de Bruce Wayne, todos esperan verte con ella o con alguna preciosa chica que eventualmente...—no lo dejó continuar, volvió a cerrar el espacio en torno a sus cuerpos y besarlo. Le recordó que nada de eso le importaba un carajo. Bruce estaba feliz con sus hermanos mayores y fascinado con la pequeña Carrie, cuando naciera su segundo nieto, ni recordaría que tenía un hijo.
Él nunca le importó, bueno si, pero no para esperar algo digno.
—Eres digno.—le aseguró con ese tono y esa mirada que querían decir que en verdad lo sentía en su corazón.
—¿Por qué no se lo preguntamos a los medios?—inquirió regresando al tema de su afrenta.
—¿O a Emiko?
—¿Qué?—Jon se hizo a un lado y volvió a mirarlo como si el tema lo torturara.
—Aún te extraña.
—¿De qué demonios...?
—Convencí a Conner de pedir favores a los cerebritos informáticos del Diario de Gotham. El primer rumor mal intencionado provino de un ordenador en Ciudad Costera, está registrado a nombre de Jackson Hyde.
Por más que te odie, él no caería en eso. Ya te ganó el juego, tiene a la chica y el internet se encargó del resto. Compañeros Universitarios que siempre nos odiaron, las ex novias de Colín, los ex novios de Maya, hasta Kathy comentó en un post que dudaba, de que yo hubiera escrito nuestra mejor canción.
—Tenemos pruebas de eso, tus notas, las grabaciones de sonido, la renta del estudio en cada maldito ensayo, incluso nuestros profesores podrían...—Jon lo interrumpió de nuevo.
—Mamá y papá creen que ese tipo de reporteros compra a la gente. Ya sabes, $200 dólares por decir que me vieron cambiar los últimos tres acordes de una canción de Sonata Arctica para convertirla en nuestra gran entrada. No es del todo ilegal pues son solo rumores, calumnias cuya finalidad es sacar la verdad de manera forzada.
Colín, Maya y yo queríamos acudir a los medios, pedir un espacio al aire para demostrar que sabemos crear nuestra música pero no tenía sentido hacerlo sin ti.
—Ya estoy aquí.
—Lo sé, pero tampoco tendría sentido si no quieres enfrentarte a ella o si ya no tenemos tiempo para seguir haciendo esto.—Jonathan tomó su segundo disco y lo arrojó en la mesa de centro.
—¿Ya no quieres tocar?
—No es lo que estoy diciendo. Yo quería que mi música y mi voz llegaran a la persona indicada y siempre estaré componiendo, escribiendo y cantando para ti. Ese era mi sueño, tú eres lo que más quiero.
—Jon...
—Colín está aplazando una oportunidad para trabajar con un genio escultor Alemán, Maya quiere casarse, convertirse en madre, tu dulce Carrie es la responsable de eso.
—Déjame ver si lo entiendo, nuestros amigos congelan sus vidas, tú estás debutando en el Diario de Gotham y no quieres que una respuesta a la prensa derive en un futuro encuentro entre Emiko y yo, que nos entrevisten a cada momento, que nos citen en algún programa de radio o espectáculos.
—¿Cual sería el punto, Damian? Si las personas que dijeron amarnos, no hicieron más que repudiarnos. ¿Si es más fuerte la mentira que la verdad?
—Como reportero deberías estar a favor de la verdad.
—Esa la sabemos nosotros.
—¿Y quien querrá darte un mejor puesto si todos en el Diario de Gotham creen que robaste las canciones y música de quien sea? ¿Cómo va a confiar ese escultor Alemán en Colín si cree que tocaba por dinero y no por pasión? ¿Qué va a enseñarle Maya a sus hijos? ¿Que está bien si la gente ensucia tu nombre y habla mal a tus espaldas?
—¿Qué vas a decirle a Emiko si te ofrece terminar los rumores siempre y cuando regreses con ella?
—Ni por todo el oro del mundo lo haría.
—Pues quedamos en lo mismo.
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Jon le dio la espalda y se retiró a su estudio. Encendió la computadora y comenzó a capturar algunos datos. Él lo acompañó en silencio, le gustaba verlo así, entregado a su trabajo, celoso hasta la coronilla porque él era un chico bueno y Emiko una chica mala.
La creía capaz de inventar todo esto con tal de verlo de nuevo, pero no lo haría. Estaba con Jon y sabía lo mucho que le dolería. Aún así no era justo. Él era responsable de la reputación de todos ellos, él los juntó, él creó "The Outsiders" y si iban a acabar luego de cinco años y dos discos lanzados, merecían una gran despedida.
—Pásame eso...—comentó Jon señalando un folder lleno de papeles cerca de él, lo tomó y no tardó en notar que era un archivo judicial.
—¿Qué es todo esto?
—Contrario de lo que piensas, mi trabajo en el Diario de Gotham, está lejos de la palabra "debut" odio los trajes, las corbatas, soy algo así como el esclavo del esclavo, del esclavo y mi misión, si consigo lograrla, es capturar todo lo que no forme parte de su acervo digital. Así es como he leído múltiples casos de asesinos seriales.
—Ya veo.
—Aunque no lo creas, comienzo a hacerme una idea de cómo piensan, confabulan y tropiezan. Algunos son más inestables, otros más despiadados o confiados. Por cierto, ¿Sabías que estamos a diez locos de convertirnos en la Ciudad más peligrosa del mundo?
—Algo de eso escuché...—comentó entregándole el documento. Jon era listo, la semilla de los Kent no se equivocó con él. Amaba la noticia, investigar, deducir. No por nada se tomó el atrevimiento de enfrentarse a Todd.
—Leí las notas de sus camaradas en el caso de Black Mask, tu hermano es un hueso duro de roer y al parecer, se topó con un loco decidido a romperlo.
—Lo sé.
—Sigo pensando en lo que dijiste anoche. ¿Qué tal si eres tú? Black Mask quería asesinar a Jason, pero él no estaba escoltándolo. Lo dejó a su suerte, le restó importancia y te buscó a ti.
Los primeros cuerpos los tiraron junto a tu antiguo departamento y los últimos estaban donde te encontramos.
—¿Qué...?
—Cuatro yonkis de catorce a veintidós años, fueron abatidos a tiros en lo que aparentaba ser una venta que salió mal. Sabemos, que los que se meten ahí no se dedican a vender, solo van a intoxicarse, degradarse, caer.
—Jon...
—Sé por qué fuiste y me hiela la sangre pensar que mataron a esos pobres diablos para enviarte un mensaje. ¿No lo entiendes? Tu corazonada puede ser cierta, te quiere a ti porque tú se lo quitaste a él.
—¿Y aún así, no quisiste ir a la mansión?
—Con tu sobrina y cuñada embarazada, ni de broma. Además, sigo pensando lo mismo, si quiere matarnos ya lo habrá planeado y no importará a donde vayamos.
—¿Todos los Kent tienen ese nulo sentido de la supervivencia?
—Tenemos cerebro y estrategia.
—Dime que eso no involucra saltar frente a mí, si es que hay una lluvia de balas.
—Chaleco antibalas, seguro puedes acceder a uno con todo tu dinero.
—Sería más fácil obtenerlo desde la mansión.
—Y también habría sido más fácil que nos escucharan haciendo el amor. —Jon giró en su silla para dedicarle otra mirada de esas, oscura, pecaminosa y siniestra. Él creyó que sus prioridades estaban un poco erradas, aunque no diría que no disfrutó con todas las veces que se hicieron el amor.
—No nos habrían escuchado, no gritaste tanto.
—Estaba ocupado tratando de no sufrir un infarto.
—Creo que lo confundes con tratar de sentir un orgasmo. —Jon intentó golpearlo, él tiro de su brazo y lo levantó de su asiento para besarlo. No le gustaba discutir con él, al menos no, en lo referente a Emiko.
Ella lo hacía sentir menos, cómo si no valiera o no lo merecía, tenía que encontrar la forma de cambiar ese pensamiento, el de todos porque Colín y Maya puede que lo sintieran también.
No quisieron enfrentarse a Queen para no perjudicarlo. No tomaban el siguiente paso en sus vidas para no dejarlo.
¿Temían que volviera a caer? ¿Que volviera a las drogas y en esta ocasión no lo pudieran detener? Estaban equivocados.
Tiraron al piso todos los documentos en el escritorio de Jon, lo plantó ahí y volvió a meterse entre sus piernas mientras el chico tiraba de sus cabellos y lo besaba cómo si con ello se le fuera la vida.
Aún si su padre y hermanos no llegaban a escucharlos tenían suficiente evidencia de su actividad sexual, chupetones, oscuros y enormes a la altura del cuello en el caso de él y por su parte, Jon tenía las marcas de sus dedos en las caderas. Sintió despertar su sexo de súbito, Kent lo envolvió con sus piernas y él lo enterraba en el escritorio como si no pesara nada, el sexo de Jon era bastante visible con lo apretado de su pantalón, extrañaría eso, aunque verlo con el traje de dos piezas debía ser igual de exquisito.
Su novio era más apuesto de lo que él mismo creía y ahora que había descubierto los placeres de hacer el amor, tendría que cuidarlo como nunca.
—Es...pera...—jadeó contra su oído. —Tengo que acabar eso, porque no lo terminé el viernes y juré que estaría listo el lunes a las 7:00 de la mañana.
—¿Te preparó un café?
—También podrías desnudarte y posar para mí, ya sabes, para mantenerme despierto.
—Mejor te dicto, todo lo que estás escribiendo.
—Oh, es muy interesante, se trata del caso de la Corte de los Búhos, tus abuelos estuvieron involucrados, toda la alta élite de Gotham entró en el caso.
—¿De qué se les acusó?
—Primogénitos, la Corte de los Búhos exigía al hijo primero de cada familia. Al parecer los instruían y formaban para convertirse en los líderes del mañana, pero tus abuelos se negaron. No quisieron entregar a tu padre y en consecuencia intentaron matarlos.
—Recibieron dos tiros en el callejón del crimen. Todos lo cuentan de una manera distinta, mi padre juraba que se habían muerto, Thomas se arrastró hasta Martha con sus últimas fuerzas mientras él gritaba y lloraba, sus perlas salieron rodando, la sangre corría por todos lados, el asesino no contó con que esa misma noche, en el momento menos indicado Harvey Bullock se obstinó en conseguir una rosquilla de las que venden detrás del teatro.
Estaba cerca del callejón y escuchó los disparos, no alcanzó a detener al asesino pero sí consiguió llevar ayuda inmediata. El detective Gordon fue quien atrapó al tirador, le dio persecución por casi tres manzanas y en compensación por su dedicación y honor Thomas y Martha hablaron con el alcalde para ascenderlo a Capitán, a Bullock lo condecoraron y le consiguieron su propia franquicia de rosquillas aunque actualmente, la transformó en un Bar.
—Es una fascinante historia, pero debo capturar exactamente lo que dice el reporte.
—¿Sombra sabrá preparar el café?
—Apenas le enseñé a usar su cajón de arena, no pidas milagros. —como si el felino hubiera sido invocando, entró en el estudio y se hizo bola sobre los documentos de Jon.
—¡Ahh! No, levántalo de ahí, si se queda dormido estaré perdido.
—¿Dices que no te atreverías a despertar a un gatito dormido?
—¡Es demasiado adorable cuando está dormido!
—Apuesto a que no más que tú. —levantó a Sombra con una mano y los documentos con la otra, Jon reunió algunos otros, tendrían una larga noche y ya mañana hablaría con sus hermanos o padre para conseguir el chaleco antibalas.
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Continuará...
