Epílogo

-Les presento a los novios y a las novias anunció el padre Alan cuando las dos parejas entraron en el salón del hotel.

-Que se besen, que se besen –coreó la multitud.

Ikuko Tsukino vio cómo su hija, su inteligente y preciosa hija, besaba a su recién estrenado marido. Suspiró levemente. Fue un suspiro callado y educado. Nada que ver con los

sorbidos escandalosos que Luna estaba haciendo mientras Mina y su marido tejano se besaban. Luna la había llamado tres semanas atrás para decirle que Mina se iba a casar. Le

habló y le habló de sus planes de boda... planes que nunca llegaron a realizarse. Una parte de Ikuko se sintió mal cuando se enteró de que Mina y su tejano se habían casado en

secreto. Estuvo a punto de resignarse a perder la apuesta. Pero entonces recordó que una ceremonia civil no contaba. Técnicamente había ganado. Pero por alguna razón, Serena

siempre se había sentido unida a Mina, aunque no se conocían.

Michiru y Mina se habían hecho amigas, y a través de ella, Serena y Mina habían terminado hablando e ideando aquel diabólico plan. Mina y su marido habían compartido la ceremonia,

bendiciendo su unión civil al mismo tiempo que Serena y Darien se casaban. Ikuko volvió a suspirar mientras las parejas se deslizaban por la pista de baile. Vio a Michiru y a Haruka. Y

allí estaba Rei, la maravillosa organizadora de bodas, y Nicholas. Estaban todos. Suspiró de nuevo.

-Hemos hecho un buen trabajo, ¿verdad? -dijo Luna.

-Si, así es -contestó Ikuko pasando el brazo por el hombro de su amiga- parecen muy felices.

-Hablando de felicidad, por lo que respecta a la apuesta. ..

-Sí, ya sé que al celebrarse hoy las dos ceremonias hay un empate -aseguró Ikuko asintiendo con la cabeza- las chicas lo han planeado así adrede.

-Nuestras hijas son más pillas de lo que imaginábamos.

-Han salido a sus madres.

-Supongo que sí -reconoció Ikuko con una sonrisa.

-Pero creo que deberíamos irnos.

-¿Irnos?

-A la montaña. De vacaciones, unos días. Ya he hablado con Setsuna, y también le apetece. Y he pensado que se lo podrías decir también a tu consuegra, Gea Chiba, y así seríamos

cuatro para jugar al pinacle.

-Oh, Luna, eso sería maravilloso -aseguró Ikuko abrazándola-. Lo pasaremos fenomenal. Y nos merecemos unas vacaciones, después de todo lo que nos han hecho trabajar las

niñas.

-Estupendo. Porque dentro de poco ya no podré marcharme.

-¿Por qué? -preguntó Ikuko.

-Porque estoy segura de que mi Mina y Yaten me darán un nieto enseguida.

-La madre de Darien me estaba contando que tiene pensado ser abuela a principios del año que viene, porque al parecer su hijo le debe un nieto, ya que estuvo a punto de matarla

al ía estar muy segura, así que estoy convencida de que seré abuela, antes que tú.

-¿Quieres apostar? -preguntó Luna.

Ikuko miró hacia el salón lleno de gente a la que quería. Ahora que las dos chicas estaban felizmente casadas era el momento de aumentar la familia.

-Por supuesto -respondió con una sonrisa.

Fin