Capítulo once
Callejones de Ikebukuro
10 de agosto, 11:44
Dentro del lujoso pero discreto coche de Shiki, Izaya se pasó más de una vez la mano por el ojo, pues el humo del cigarro que fumaba el primero, no hacía más que irritárselo. Cuando el hombre se percató de ese detalle, se rio secamente.
—No sé con quién te fuiste a meter, pero tendrías que darle las gracias —dijo, dándole otra calada al cigarro.
Izaya miró la manera en que Shiki estaba sentado, dando a entender que nada podía intimidarle. El informante ni siquiera se molestó en imitarlo. Apoyándose en su mano, formuló su pregunta con aire aburrido.
—¿Y cuál sería la razón?
—Piénsalo: un informante tuerto. Seguro que hace mella —ironizó Shiki, decidiéndose a no prologar la incomodidad de su empleado. Así pues, apagó el cigarro y apoyó una pierna sobre la otra.
—Me lo supuse —dijo Izaya sin encontrar divertida la idea.
A Shiki no le importó la excesiva seriedad de Orihara.
—Dáselas de mi parte, las gracias quiero decir. Me imaginó que es por este contratiempo que no te has reportado, ¿me equivoco? —al momento de hablar, Shiki señaló el vistoso parche de Orihara.
—No.
Shiki adoptó una nueva postura, en señal de su recién llegada irritación.
—Me tiene sin cuidado lo que haya pasado, pero te recuerdo que no te estoy pagando por nada.
—Lo sé. Puedes estar tranquilo. Ya he vuelto a las andadas.
—Cómo era de esperar. Escucha, voy a pasar por alto lo que me has costado estos últimos días. Pero quedas advertido: no te daré la otra mitad del pago hasta que me digas lo que quiero saber.
—Agradezco tu nobleza —dijo Izaya con sarcasmo. En parte era cierto, pero ya sabía que Shiki, con todo lo que era y hacía, se regía por un código de honor que de momento le favorecía. Pero, por otro lado, encontraba muy embarazoso el que su ojo lagrimeara sin poder hacer nada él para evitarlo. Quería irse o al menos quería salir del coche pues, en su interior, todo el humo se había acumulado dado que Shiki no tuvo la atención de abrir una ventana.
—Te convendría. No creas que eres el único a quien puedo recurrir. También esta esa persona a quien todos llaman el Motociclista sin Cabeza.
—No te molestes en fingir que no sabes quién es. Entre tú y yo, eso no es secreto.
—¿Quién te mutiló? —preguntó de pronto Shiki.
—¿Eh? ¿Qué más da? No volveré a ser descuidado.
—Quizá deberías presentarlo. Podría serme útil, no cualquiera es capaz de abatir al gran informante Izaya Orihara.
El ejecutivo de la organización Awakusu, encontró curiosa la expresión contrariada del informante. Resopló y le entregó el fajo de billetes prometido.
—Espero tu llamada —despidió a Izaya.
El informante se guardó el dinero, sin siquiera detenerse a contarlo. Cerró la puerta del coche y luego se apresuró a marcharse, al tiempo que tragaba un analgésico y se frotaba el ojo. Todo lo anterior, bajó la mirada escrutadora de Shiki.
Calles de Ikebukuro
10 de agosto, 12:01
No por nada, Izaya era la persona a quien contrataban cuando querían descubrir secretos por muy difícil que fuera sacarlos a relucir. El informante, sabiendo que no había dejado una muy buena impresión, intentó retomar su comportamiento, y tras un rato, terminó por conseguirlo. En un principio le había resultado de lo más complicado andar erguido pues había estado mirando el suelo, no queriendo pasar por alto cualquier cosa que le hiciera tropezar. Ahora, fue capaz de adoptar su gracioso andar característico.
Tan concentrado estaba que, si no hubiera sido por Shizuo, un camión le hubiera arrollado.
—Maldita sea, pulga —le gruñó Shizuo tomándole por el cuello de la camisa. Aconteció todo de manera tan repentina, que Shizuo no pudo evitar arrojar a Izaya al suelo en su intento de ponerlo a salvo.
Izaya se quejó cuando cayó sobre la acera. Algunos transeúntes le miraron, haciendo que el informante se levantara lo más rápido que pudo e ignorando el crujir de su cuerpo. Alcanzó a divisar el camión que estuvo a punto de llevarlo consigo. Omitió sobremanera su descuido.
¿Qué hacía Shizuo ahí? ¿Habría estado siguiéndolo?
Intentó irse, pero el guardaespaldas lo mantuvo en su sitio al poner su pesada mano sobre el escuálido hombro del informante.
—Shinra trató de advertirte de que no debías andar por tu cuenta —le riñó Shizuo.
—Así que ahora es mi culpa. Muy hábil de tu parte, Shizu-chan —replicó Izaya no intentando soltarse pues sabía que, de hacerlo, sólo conseguiría ponerse aún más en ridículo.
—Ni siquiera lo intentes. No pienso sentirme culpable. Quien anda jugándose la vida eres tú.
—Si eso es cierto, no tienes razones por las cuales intervenir. Es mi decisión —Izaya aprovechó el que Shizuo aflojara su agarre, pero, aunque hizo el ademán de sacar sus navajas, Shizuo no se movió. No quiso empezar una nueva pelea. Por el contrario, tras colocarse los lentes que llevaba sujetos al chaleco, empezó a caminar por la calle con las manos dentro de los bolsos de su pantalón. De ese modo se prohibió sacar un cigarro.
—¿Ibas a tu departamento? —preguntó sin detenerse.
Izaya pensó que había escuchado mal. Pero cuando Shizuo le repitió la pregunta, no pudo hacer más que asentir.
—Tengo un trabajo cerca. Ven —le dijo no admitiendo replicas. Izaya lo alcanzó pues le había dado curiosidad la actitud de Shizuo. De un modo u otro, si estaba con él, estaba seguro de que llegaría a su edificio sin que le atropellaran o hicieran algo peor. Tenía que reconocerlo.
Shizuo pensaba que iba a tener que usar la fuerza para obligar a Izaya a seguirlo, pero viendo que no fue de ese modo, soltó media sonrisa. Volvió a colocar su mano en el hombro de Izaya, ahorrándole al informante el tener que buscar obstáculos que esquivar.
Sin mediar palabras, los dos buscaron un camino en el cual no estuviera congregada demasiada gente; ese detalle lo pactaron en silencio y por motivos bastante diferentes y no tanto:
Shizuo pensaba que estaba obligado a ver por Izaya, dado que, por su culpa, le había dejado indefenso. Además, si la pulga le temía, entonces era porque él, Shizuo Heiwajima se había convertido en algo más terrible que un monstruo y eso no podía permitírselo de ningún modo. No encontró más que miedo cuando, estando el hospital, tomó por el brazo a Izaya; lo había visto, pese a que fingió no hacerlo. Debía mantener el juramento que le hizo a Kasuka. Era lo menos que podía hacer. Si la pulga obtenía algún beneficio de por medio, le daba lo mismo; no quería ver miedo en el rostro de nadie, aunque fuese en el rostro del informante. No a causa de él.
Por su parte, Izaya estaba desesperado por no poder entender a Shizuo. Eso le molestaba demasiado. Si no podía entenderlo, entonces ¿cómo podía defenderse? ¿Qué le quedaba? Le quedaba fingir que no le importaba estar en compañía de quien le había dejado sin ver la mitad de su mundo. Si acaso Shizuo le preguntara el porqué podía estar todavía a su lado, le respondería que, dada su limitada visión, ahora encontraba de mayor interés todo… que había ganado una nueva perspectiva. Mentiría, pero ¿qué importancia tenía eso? Durante los últimos tres días no había dicho la verdad en ningún momento, ni a los demás ni a él mismo, lo supiera o no.
En lo que coincidían ambos, era en que no podían cambiar su relación. El que Shizuo e Izaya fueran monstruos o humanos (puede que las dos cosas), no les permitiría llevarse bien, de eso estaban seguros. Era imposible y tampoco lo querían.
Sin embargo, Izaya fue el primero en darse cuenta y aceptar que, en ciertas ocasiones, las cosas ocurren sin importar cuales fueran sus deseos iniciales…
N. del A. berenice uchiha: yo pienso lo mismo cada vez que veo que han dejado reviews :)
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¡Disfruten el fin de semana!
