Capítulo 12: Planes que nunca salen como esperas
El tiempo que estuve secuestrada aprendí unas pequeñas cosas que en su momento me parecieron insignificantes mas que nada porque en esas circunstancias no me interesaba nada mas que acabar con todo, fuese como fuese no quería seguir en esa situación, pero con el tiempo y desde la perspectiva de la libertad me di cuenta de toda esa información la había guardado en mi cabeza sin darme cuenta.
Una de las cosas que primero aprendí fue que la mayoría de los clientes que tenían eran bastante acaudalados, no es exactamente barato poder violar a una chica cuando quieras y hacerle lo que desees sin tener que contenerte. Eso era un punto a mi favor en esos momentos. Las personas con dinero no son excepcionalmente discretos y suelen mostrar su imagen pública con regularidad Por suerte para mí, sabía de una persona que frecuentaba aquel lugar y donde encontrarlo exactamente.
Otra de las cosas que aprendí fue como satisfacer a esa clase de hombres y eso sería lo que abriría mis puertas.
Mientras caminaba por aquella gran ciudad con un gran propósito, mi mente no dejaba de repasar una y otra vez lo que iba a ocurrir en apenas unas horas. No podía dejar cabos sueltos y a pesar de que era todo demasiado peligroso tampoco me podía echar para atrás, no cuando la vida de Quinn dependía exclusivamente de mí.
Me detuve durante unos instantes mientras deslizaba la mochila de mi espalda frente a mí y la abría sacando lo primero que se encontraba en su interior. Abrí aquel periódico y repasé por última vez aquella noticia que me había sido de gran ayuda.
Empresarios reunidos
Hoy en día se celebrara una gran reunión a nivel nacional en el Gran Hotel Villa Real. Dicha reunión servirá como unión entre ciertos sectores y sobretodo para dialogar sobre las posibles soluciones que ayudaran a la economía del país.
Uno de nuestros mayores empresarios se encontrara allí.
Will Schuester, representante del sector musical ha hablado con nosotros con anterioridad informándonos que hará lo posible para que todo mejore.
Al señor Schuester se le conoce principalmente por la cantidad de artistas que ha conseguido que lleguen a la fama gracias a su ayuda y sobretodo por sus múltiples obras benéficas de las que ha sido participe.
Con un hombre así podemos estar tranquilos.
No pude evitar que una sonrisa de amargura apareciese en mi rostro al leer aquello. Frente al público Will Schuester era un hombre atento, amable y solidario pero a puerta cerrada dejaba salir al monstruo que llevaba en su interior, un monstruo que yo había tenido que ver con demasiada regularidad por aquella sucia habitación.
Era de los hombres a los que le gustaban las niñas. Le encantaba la inocencia que transmitían, su pureza y dulzura para después arrebatársela de un plumazo. Era en su mayor parte delicado y no le gustaba la excesiva violencia pero eso no significaba que no fuera un monstruo. Mientras me violaba le gustaba hablar, contarme cada una de las niñas con las que había conseguido meterse dentro de sus bragas. Se aprovechaba de su poder atrayendo a pequeñas niñas que solo querían triunfar, las utilizaba y luego las tiraba en la primera cuneta en la que tenía oportunidad. Ellas evidentemente no se lo contaban a nadie demasiado temerosas de lo que pudiera pasarles y destrozadas por chocar de esa manera tan temprana con la asquerosa realidad y esa era su manera de seguir haciendo aquello sin que nadie pareciese darse cuenta.
Suspiré volviendo a guardar aquel periódico para después seguir mi camino con mas determinación, no era solo Quinn a la que quería ayudar, quizás todo esto podía servir para que ninguno de aquellos horribles hombres volviesen a hacer nada parecido, por lo menos esa era mi esperanza.
No tardé en llegar frente al Gran Hotel y lo miré durante unos segundos evaluándolo. La entrada principal estaba descartada, había demasiada seguridad como para poder pasar sin que me percibiesen así que me deslicé por el callejón buscando la puerta de servicio que debería servirme para adentrarme en el hotel. Caminé por él hasta llegar a una pequeña furgoneta que interrumpía el paso, me escondí en un lateral escuchando a las personas que se encontraban descargando algún tipo de material.
-Voy a matar a Ben –gruñó una mujer.
-Seguro que aparece enseguida –dijo un hombre.
-Mas le vale, sabía perfectamente que necesitábamos a otra persona para poder cargar con toda la comida al interior y la chica que supuestamente iba a venir no ha aparecido.
-Ten un poco de paciencia –intentó tranquilizarla el hombre.
Sonreí ampliamente, no podía creer la suerte que estaba teniendo, solo esperaba que todo siguiese así.
Avancé hasta la parte delantera y aparecí de repente con la respiración entre cortada fingiendo que había venido corriendo.
-Perdón por la tardanza –dije entre cada bocanada de aire.
La mujer me miró escépticamente alzando una ceja.
-¿Tú eres la chica de Ben? –preguntó.
-Bueno, chica, chica no –dije guiñándole un ojo- pero él me dijo que viniera.
-No eres lo que esperaba –frunció levemente el ceño.
-Si no necesitáis mi ayuda puedo irme si quieres –dije dándome la vuelta encogiéndome de hombros dispuesta a irme, o por lo menos eso quería aparentar.
-¡No! –bramó la mujer haciendo que me detuviese- Coge esa caja y vete llevándola dentro –me dijo y una amplia sonrisa apareció en mi rostro de nuevo.
-Por supuesto –respondí con determinación y cogí la susodicha caja para después adentrarme por la puerta al hotel.
En cuanto tuve oportunidad me escabullí del camino dejando la caja en una esquina y me perdí por el hotel buscando mi destino pero antes necesitaba hacer una última cosa. En los primeros baños que me encontré me introduje y me cambié de ropa con rapidez para después mirarme al espejo. La falda apenas me cubría las nalgas y la pequeña camisa aprisionaba mis pechos haciendo que sobresaliesen por el escote mientras mi obligo quedaba descubierto de aquella fina tela. De repente sentí nauseas al verme así y saber lo que iba a producir en Will, sentir de nuevo esa sensación de objeto que solo servías para ser usado a su antojo. Tuve que cerrar los ojos durante unos segundos dejando que la sonrisa de Quinn iluminase mis pensamientos y cuando estuve totalmente tranquila de nuevo retome mi camino sin volver a mirarme en el espejo.
Por suerte me había informado con exactitud antes de empezar toda esta locura. La reunión no se realizaría hasta esa misma noche y aun me quedaban un par de horas de margen para poder realizar mi plan con exactitud. Mientras tanto todos los empresarios habían sido acomodados en las suits del hotel dándoles tiempo para que se relajasen y disfrutasen de aquella comodidad y esa era exactamente mi oportunidad.
No fue muy difícil descubrir cuales eran las suits mas importantes donde se encontrarían los mayores empresarios entre ellos por supuesto Will así que me deslicé en el ascensor dirigiéndome hacia el lugar para descubrir su habitación pero la suerte seguía de mi lado y después de un par de plantas el ascensor se detuvo y ante mí apareció él.
Se quedó de piedra mirándome, primero mi rostro y después mi cuerpo con lujuria. Me congelé en ese momento, mi plan era atacarlo en su misma habitación pero esto iba a ser mucho mas difícil, sobretodo si me reconocía, pero después de unos segundos en los que se lamió los labios me di cuenta que su mente solo estaba analizando mi cuerpo, ni siquiera recordaba mi rostro o por lo menos no lo recordaba quizás por todo lo que había cambiado, pero de todas maneras era una suerte para mí. No tardó en introducirse en el ascensor pegándose a mí más de lo necesario en aquel espacioso lugar mientras yo disimulaba mirando al suelo y moviendo el pie de manera nerviosa.
-¿Ocurre algo preciosa? –preguntó con tono dulce mientras me miraba.
-Es que… -comencé a hablar mordiéndome el labio.
-Dime preciosa –sonrió para intentar tranquilizarme.
-Mi papá está en una estúpida reunión y no me deja hacer nada, solo quedarme en mi habitación y eso es muy aburrido –exclamé haciendo una especie de rabieta.
Durante un segundo su rostro se iluminó de lujuria pero rápidamente desapareció volviendo a actuar de manera tranquilizadora.
-¿Aburrido? ¿Por qué no ves la tele o jugas al billar o tomas algo? –preguntó.
-En mi habitación no hay nada de eso… y la tele es muy aburrida –murmuré con un mohín.
-¿No? La mía sí. ¿Quieres venirte y así puedes divertirte un poco?
Mi rostro se iluminó de falsa felicidad y le miré sorprendida.
-¿En serio puedo ir?
-Por supuesto –aseguró él justo cuando las puertas del ascensor se abrían- Vamos.
Agarró mi mano con delicadeza y tiró de mi por aquel pasillo en dirección a su habitación mientras yo simplemente me dejé guiar cerrando los ojos intentando contener el dolor, el asco y todos los malos sentimientos que estaba sintiendo en esos momentos.
No tardamos en introducirnos en su habitación y él rápidamente cerró la puerta con el pestillo evitando así cualquier posibilidad de que me arrepienta y pueda huir, mientras tanto yo caminé por la habitación dando vueltas fingiendo emoción por lo grande que era. Nadie podría negarme que era una buena actriz.
-¿Te gusta? –preguntó acercándose a mi por la espalda.
-¡Es genial! –dije con asombro.
-Todavía no has visto lo mejor –aseguró cogiendo mi mano de nuevo guiándome por la habitación.
No fue sorprendente descubrir donde me llevaba, el dormitorio, que predecible. Era algo que me esperaba pero a pesar de eso mi sangre se congeló durante un instante sintiendo como los recuerdos se hacían cada vez mas vivos en mi mente. Aquellos recuerdos que había intentado desterrar al más recóndito lugar de mi cerebro y que había conseguido mínimamente me volvían a asaltar como si siempre hubiesen estado allí.
Las sensaciones que sentía me recordaban cada vez más a aquellos días en los que estaba secuestrada. Cada cosa que pasaba intensificaba mas aquella sensación sintiendo cada vez mas urgencia por echar a correr en esos mismos instantes y simplemente no mirar atrás, pero no era una cosa que me pudiese permitir en esos momentos, mucho menos cuando sentí su cuerpo pegado a mi espalda mientras deslizaba mi mochila hasta el suelo. Sentí su semi erección contra mi trasero presionándola y restregándose sutilmente mientras suspiraba en mi cuello.
-Eres preciosa… -susurró con voz seductora.
-Yo… -fue lo único que fui capaz de decir y supe en ese mismo instante que era exactamente lo que quería.
Le gustaba ver a las niñas nerviosas, expuestas y sobretodo sumisas. No le gustaba pelear contra ellas, prefería que se dejasen hacer, que dejase que se las follase como putas hasta que se cansaba y si ellas por casualidad disfrutaban un poco pues mejor para ellas.
Me empujó con suavidad en la cama cayendo de esa manera boca abajo pero rápidamente me giré mirándolo asustada, tal como le gustaba. Se cernió sobre mi, colocando su cuerpo pegado al mio sin dejarme posibilidad de escapar mientras comenzaba a acariciar mis muslos hasta que rozaba la tela de la falda y me besaba el cuello con ansia.
-Tranquila… -susurraba una y otra vez sin detenerse.
No tardó mucho en llegar a mis labios los cuales comenzó a devorar mientras llevaba su mano hacia mis pechos arrancando ya la pequeña camisa exponiéndolos y yo simplemente me quede allí, bloqueada, como cuando estaba en aquella cama atada y no me podía mover pero en cambio en esos momentos era libre, podía moverme, pero mi cuerpo no parecía funcionar y eso le excitaba aun mas.
Me había metido en la boca del lobo y no sabía muy bien como iba a salir de aquello, por lo menos sin odiarme más a mi misma después de ello. Cerré los ojos sintiendo como se deshacía de mi ropa interior y oí como se abría la bragueta mostrando su ya creciente erección. Cogí aire con fuerza sabiendo lo que iba a ocurrir y sin saber como detenerlo.
Hasta que de repente sentí como si algo se activase en mi cuerpo, abrí los ojos con determinación viendo su excitado rostro frente a mi ya casi al punto de penetrarme. Ni siquiera tuvo oportunidad, de improvisto se vio tirado en el suelo, con mis manos en su garganta y presionando con fuerza. Sus ojos se abrieron asustados sin entender que es lo que estaba pasando, pero aun así intentó quitarme de encima, sin demasiado éxito. No es que no tuviese mas fuerza que yo, porque era así, pero la adrenalina, la determinación y la venganza recorrían mis venas y eso era suficiente motor para que mis fuerzas se multiplicasen milagrosamente.
Sin soltar su garganta con una mano busqué mi mochila a tientas con la otra sabiendo que no se encontraba muy lejos. No tardé en encontrarla abriendo el pequeño bolsillo del exterior y sacando una gran navaja de su interior.
Me miró aun mas asustado mientras dirigí la navaja hacia su entrepierna y aflojé un poco su agarre.
-Vamos a hacer una cosa –susurré- Tú me dices lo que quiero saber y no perderás tus pequeñas joyas.
Su rostro era rojo, no se muy bien si por la ira, el miedo o la falta de aire a su cerebro pero aun así no tardó en asentir.
-Buen chico –murmuré con una sonrisa malvada en mi rostro- Sé a ciencia cierta que frecuentas cierto lugar en el que… digamos disfrutas de ciertas chicas que no podrías en otros sitios, no sin que te detuvieran o te mataran al menos.
Ante la mención del lugar su rostro cambió a uno de asombro, no porque lo mencionase aunque podría ser por eso, pero cuando se fijó en mis ojos y no los desvió supe en ese mismo instante que acababa de reconocerme.
-Quiero que me des su dirección –añadí presionando mas la navaja contra su entrepierna.
Aflojé un poco mas la mano en su garganta permitiéndole de esa manera que pudiese hablar y no me decepcionó.
-Están en una pequeña casa cerca de la antigua fábrica, a las afueras –dijo rápidamente.
-Buen chico –repetí presionando de nuevo su garganta, no quería que sintiera como me relajaba al saberlo porque podría aprovecharlo y yo no me podía permitir eso- Una última cosa –la sonrisa malvada aumentó en mi rostro e hizo que él se encogiera aun mas- nunca mas volverás a aprovecharte de una chica, ¿entendido?
Asintió totalmente asustado.
-Vamos a asegurarnos de eso entonces –sin previo aviso la navaja se deslizó rápidamente por su garganta justo en el momento en el que retire la mano degollándole el pescuezo.
Abrió los ojos totalmente sorprendido y con el horror en su rostro, intentó hablar, gritar pero de su boca solo comenzó a salir sangre mientras aun mas sangre se deslizaba por su cuello. Pronto un gran charco apareció a su alrededor y no tardó en cerrar los ojos poniendo fin a su vida.
Lo miré durante unos segundos más y después cerré los ojos intentando borrar esas imágenes de mi cabeza. Acababa de matar a una persona, una persona horrible y que había echo aun más cosas horribles, pero aun así acababa de quitarle la vida. No era algo de lo que me sentía orgullosa, pero era algo que había que hacer. Era demasiado peligroso irme de allí y dejarlo tan tranquilo, no solo por el echo de que alertaría rápidamente al novio de mi madre, sino que además era una persona con demasiado poder y demasiado peligroso. No dudaría en darme caza aunque fuese lo último que hiciera y eso sería volver de nuevo al círculo al que me había visto envuelta desde que me encontré de nuevo con mi madre. Si conseguía librarme de ese problema no quería tener que estar mirando de nuevo sobre mi hombro asegurándome que no me persiguiesen otra vez.
Sabía que acababa de matar parte de mi alma con él, un alma ya destrozada por todo lo que había sufrido y era algo que cargaría conmigo el resto de mi vida, pero mejor cargar con eso, que con el miedo y la incertidumbre.
Cogiendo aire con fuerza me levanté del suelo y en silencio y lentamente cogí mi mochila cambiándome de nuevo sin ni siquiera mirarlo, como si no estuviese allí. Cuando estuve en mi ropa normal de nuevo caminé hacia la puerta y salí no sin antes poner el cartel de ocupado asegurándome que tardarían mínimo un par de horas en encontrar el cuerpo.
Miré a mí alrededor asegurándome que el pasillo estaba vacío y después, con tranquilidad me dirigí hacia el ascensor. No podía echar a correr sin mas aunque mi cuerpo me lo pidiese a gritos, tendría que aparentar una actitud normal por si alguien me veía no llamase la atención.
Cuando por fin me introduje en el ascensor deje escapar el aire que había estado manteniendo sin darme cuenta, pero quizás lo hice demasiado rápido porque antes de que las puertas se cerrasen oí una voz que no esperaba escuchar en esos momentos.
-¿Rach? –alcé la cabeza lentamente y me encontré a aquel hombre saliendo de una de las habitaciones mirándome entre asustado y sorprendido, no se lo terminaba de creer.
-¿Papá? –susurré justo antes de que las puertas se cerrasen.
Ya me podéis odiar un poco mas.
