-La historia no me pertenece en lo absoluto sino que es una ligera adaptación del dorama coreano "Empress Ki" protagonizado por Ha Ji Won (Emperatriz Ki Nyang), Ji Chang Wook (Emperador Huizong) y Ju Jin Mo como (Rey Wang Yoo). Los personajes pertenecen completamente a Masashi Kishimoto más su distribución y/o utlización es de mi entera responsabilidad para la dramatización de la historia.


Capítulo 11

El parto se había adelantado considerablemente teniendo en cuenta que ni siquiera se habían cumplido los ocho meses. Tumbada sobre la cama, con el kimono medianamente alzado hasta las caderas y gritando a pleno pulmón pese a que, por costumbre debiera morder una toalla entre los dientes para no figurar algún tipo de escándalo, ya lo había hecho pero era tal la frustración que sentía que no había sido capaz de sujetarla entre los dientes, arrojándola al suelo. Apretaba fuertemente con las manos las sabanas bajo su cuerpo mientras Temari e Ino se hacían cargo del parto. Por tradición un médico no podía ingresar, era impropio que algún hombre viera a la Emperatriz…en esas guisas, pero las doctoras mujeres si se ocuparían de asistir a la Emperatriz luego del parto, no antes, quizás fuera una tradición ridícula pero era lo que estipulaba las leyes. Apresuradamente, Ino se arrodillo junto a la cama, exactamente junto a la emperatriz, secándole la frente e intentando infundirle animo lo mejor posible, aunque aparentemente nada parecía ser suficiente. La Yamanaka alzo la mirada hacia Temari únicamente negó tristemente, no importaba cuando esfuerzo hiciera la emperatriz, preocupantemente el bebé no parecía estar dispuesto-de ninguna forma-a abandonar el vientre de su madre, esto era preocupante por dos razones; la primera porque no sabían el motivo pro el que el parto se había adelantado tanto y tan sorpresivamente, y la segunda porque no era conveniente que el bebé pasara demasiado tiempo en el vientre de su madre luego de iniciadas las labores de parto.

-Un poco más- pidió Temari que se abstuvo de decir que el parto no avanzaba en lo absoluto.

-Puje, Majestad- rogó Ino, estrechándole la mano.

De forma abrupta y sin consultarle a nadie es que la puerta que conectaba los aposentos de los escoltas Imperiales a los aposentos de la Emperatriz se hubo abierto, permitiendo el ingreso de lady Konan, la hija del regente y que ingreso cargando en sus brazos una bebé que le entrego a Ino antes de proceder a retirarse como si jamás hubiera aparecido. Era estúpido decir que no comprendían lo que estaba pasando, todos los sirvientes encargados de asistir a la Emperatriz durante el parto e incluida la propia Emperatriz sabían lo necesaria que era un heredera por el bienestar de la continuidad del Imperio, esa bebé que Ino hubo recibido y sostenido en brazos era el sustituto si el bebé que esperaba la Emperatriz no era capaz de sobrevivir. Volviendo a pedirle a la Emperatriz que pujara, Temari hizo una presión por sobre el vientre en espera de que eso facilitara la labor y así fue…Sakura se desplomo infinitamente exhausta sobre la cama, respirando agitadamente pero negándose a dormirse o desmayarse, no sin antes ver a su hija o hijo. Temari e Ino se observaron sutilmente entre si antes de proceder tal y como el regente había querido, su plan se efectuaría sin problemas. En el exterior de la habitación y paseándose nerviosamente cual león enjaulado se encontraba el Emperador Neji y su familia, del futuro de ellos y del Imperio dependía que el bebé que naciera fuera niña y estuviera sano, eso y que la Emperatriz sobreviviera, ella era la representación personal del Imperio, la necesitaba para gobernar sin importar que no quisieran admitirlo.

-Recen porque sea una niña, recen- pidió Neji, incapaz de calmarse ni mucho menos permanecer quieto.

-Todos oramos por ello, hermano- contesto Pein, controlando su nerviosismo personal, justo como su padre y su hermano Nagato.

Hacer que una nueva Emperatriz gobernara era más fácil de lo que pudiera pensarse, pero llegar a manipular a esa persona…bueno, esa definitivamente era otra historia, en este caso el pueblo veneraba a la Emperatriz, le guardaban adoración y respeto pese a que fuera una figura lejana que solo en contables ocasiones aparecía en público, lo importante de ella era que a ojos del Imperio era la elegida de Kami para gobernar y modificar tal imagen era imposible, la necesitaban. En el interior de la habitación, Temari envolvió silenciosamente el cuerpo del pequeño bebé recién nacido con un lienzo inmaculadamente blanco, incapaz de lazar la mira hacia la Emperatriz que tristemente recuperada, limpio las lágrimas que a nada habían deslizado por sus mejillas. Dejando a la pequeña bebé en brazos de Temari, que lo meció cariñosamente, Ino se aproximó hacia la percha junto a la cama de donde tomo una chaqueta de seda mantequilla que ayudo a colocarle a la Emperatriz que peino distraídamente sus largos cabellos rosados con sus manos, estaba tan acostumbrada a lidiar con el dolor que no podía sufrir como tanto le gritaba su corazón, ¿Por qué hacerlo? Estaba sola en ese cruel y sucio mundo…sintió como Ino le acomodaba el cabello con un broche, haciéndolo caer sobre sus hombros, luciendo así lo bastante digna para recibir al Regente y al Emperador una vez que fuera conveniente. No le preocupaba que no se escucharan sus gritos hacia el exterior, las labores de parto tardaban hora e incluso días en algunas ocasiones y nadie podía entrar en esa habitación, no sin su permiso. Alzo la mirada hacia Ino que, arrodillada a su lado y acariciándole las manos, era la única verdadera amiga que podría tener.

-Ino…- hablo Sakura, finalmente, teniendo que aclararse la garganta para que su voz no sonase quebrada. -¿Qué era?-pregunto, tragándose su propio dolor, pero necesitando una respuesta.

-Un niño, Majestad- contesto Ino, con real pesar, más siendo incapaz de mentirle a su reina y Emperatriz. -Nació muerto- añadió finalmente, inclinando la cabeza con tristeza.

La respuesta la entristeció pero no sorprendió, ya había perdido un hijo, una niña que no había llegado a ser capaz de sostener en sus brazos, la hija que ella e Itachi podrían haber tenido y que sabía Danzo y su familia habían erradicado a libre albedrio, y hora el niño que había llevado en su vientre por casi ocho meses había desaparecido con igual facilidad y extrañamente algo siempre le había dicho que este segundo embarazo se dirigía en esa dirección desde el principio, había sentido malestares excesivos y el modo en que el parto se había adelantado tan abruptamente solo había contribuido a ratificarle eso, más nada hacía menos doloroso comprender que tan dulce y ansiad espera culminase en tragedia. Alzo una de sus manos, secándose nuevamente las mejillas, ya de nada le servía llorar, nada traería su hijo de vuelta, nada cambiaría el presente y la soledad personal de la cual se encontraba presa. Levantando la mirada hacia Temari, frunció el ceño con extrañeza al ver a ese bebé en brazos de Temari, algo le decía que Danzo y su familia estaban detrás de su presencia, pero no pudo enfadarse, estaba tan herida y desolada que solo pudo contemplar con ternura y afecto maternal a ese bebé que Temari meció en sus brazos, por una fracción de segundo la Emperatriz vio a esa inocente criatura tan adorable como su tabla de salvación, como la alegría que Kami había decidido arrebatarle al quitarle a su hijo, pero no sabía si estaba bien desear algo así. Naturalmente Temari comprendió el porqué de la mirada de la Emperatriz hacia la bebé.

-El Regente ha supuesto que esto resultaría un consuelo para usted, en cualquier caso- contesto Temari, bajando la mirada hacia la bebé en sus brazos y que dormía plácidamente.

-Podría negarse, Majestad, nadie la juzgaría- protesto Ino, dispuesta a preservar el honor y la dignidad de la Emperatriz, aun a costa de su vida de ser necesario.

-No- silencio Sakura, negando como respaldo, sorprendiendo tanto a Temari como a Ino con su negativa. -No puedo abandonarla- corrigió, alzando la mirada hacia la bebé, -¿Quiénes son sus padres?- inquirió, suponiendo el por qué para que esa niña estuviera destinada a acabar siendo su hija, fuera en el sentido que fuera.

-Temo decir que quizás no tenga, Majestad- supuso Ino, ya que de ser de otro modo, Danzo y su familia seguramente hubieran hecho desaparecer a esas personas.

Al parecer la familia del Regente Imperial solo conocía ese camino; asesinar y obrar vidas inocentes para llegar a donde tanto ambicionaban llegar, pasando por encima de quien fuera necesario y creyendo que sus ambiciones personales eran mejores o más honorables que las de los demás. Sakura le hizo una señal a Temari que, comprendiendo, se acercó prontamente, tendiéndole la bebé a la Emperatriz que la acomodo cuidadosamente en sus brazos justo cuando la pequeña pelicastaña abría sus iris ónix para observar a la Emperatriz, abrumándose con su belleza, sonriendo con inocencia, provocando que la Emperatriz se prendara de su ingenuidad e inocente perfección, acariciando los diminutos mofletes de la bebé. Tal vez fuera por la resignación sentida por la pérdida de su hijo, pero Sakura sintió por esa bebé todo el afecto que su ser había parecido perder al comprender su perdida personal, pero ahora con esa pequeña…era como si todo se transformara en borrón y cuenta nueva por la sola aparición de esa criatura inocente. Danzo indirectamente le había dado un bálsamo, un bálsamo que Sakura planeaba aceptar, conociendo perfectamente las consecuencias que traería porque esta vez deseaba ser feliz, si solo podía tener a Neji a su lado, quizás fuera correcto intentar que las cosas funcionaran entre ambos y ya que no podría tener hijos con él, quizás esa pequeña bebé pudiera ser la hija que hasta ahora no había podido tener, más no cedería ante Danzo, pero tampoco se resistiría. Le daría tiempo al tiempo para recuperarse de estos hechos y esperaría a que su madre, la Emperatriz Viuda Tsunade, regresara al Palacio antes de volver a librar la guerra contra Danzo, pero el momento no era ahora, no hoy.

-Danzo quiere una farsa, le daremos una farsa- acepto Sakura, sabiendo lo que eso significaba, el peso que sus palabras posiblemente traerían para el futuro del Imperio. -Así como estarás para mí, yo estaría siempre para ti- centro su total atención en la bebé que sonrió tanto como una infante podía hacerlo, despertando su máxima ternura, -a partir de hoy seré tu madre y me comprometo a protegerte con mi vida y a que no te falte absolutamente nada- juró, sonriendo y plantando un afectuoso beso sobre la coronilla de la pequeña.

Era una decisión que no tenía vuelta atrás a partir de ese día y sabiendo esto perfectamente es que Sakura no tuvo el más mínimo reparo en fingir un grito de dolor para los testigos en el exterior y que hubo asustado a la pequeña que rompió en llanto, señal que Ino comprendió de inmediato…


-¡Una niña!

El anuncio de parte de la más leal doncella de la Emperatriz hubo sido lo únicamente necesario que fuera oído para que los guardias y escoltas de la Emperatriz abrieran las puertas de par en par, permitiendo así el ingreso del Regente Imperial junto a sus tres hijos y que hubieron esbozado unas radiantes sonrisas ante el cuadro que significaba la Emperatriz cargando con seguridad a esa pequeña niña en sus brazos y es que pese a las horas que el parto había durado la Emperatriz lucia lozana, radiante y perfectamente semana. Acomodándose sobre la cama Sakura alzo la mirada a Neji, indicándole que se acercara y situara a su lado, cosa que el Emperador no se atrevió a desdeñar siquiera, confundido e hipnotizado por este gesto de la Emperatriz que le dedico una radiante sonrisa. Sakura sabía que Neji desconocía el plan del Regente, así que engañarlo a él, entregándole a la bebé no resulto un problema para Sakura, a partir de ese momento esa pequeña era la Princesa del Imperio e hija de ambos, pero Sakura nunca le permitiría llegar al trono, debía tener más hijas o hijo para que una o uno de ellos heredara el trono Imperial, pero para eso aún había tiempo, para eso y para derrocar a Danzo que parecía dichoso por el triunfo, pero sin saber que este hecho se utilizaría más bien en su contra…después de todo, cada cosa tenía su consecuencia, pero por ahora Sakura no quería pensar en eso, por ahora solo quería estar tranquila y lo estaría en cuanto Danzo dejara de verla como una amenaza y sabía cómo hacerlo.

-Felicidades, Emperatriz- declaro Danzo con incuestionable satisfacción.

-Este es un día glorioso para el Imperio, Regente- acepto Sakura, sonriendo con falsa alegría, -¿Le parece que un banquete sería apropiado?- consulto, fingiéndose dócil.

-Un banquete será- permitió el Regente, desviado la mirada hacia sus hijos que asintieron con dicha e inmediata aprobación.

-Enviaremos un comunicado a todas las provincias para que los gobernadores estén aquí lo antes posible- garantizo Nagato, centrando su mirada ene l cuadro que formaban su hermano, la pequeña Princesa y la Emperatriz.

Entiendo la mirada de su padre, Neji cargo cuidadosamente a la bebé y se la tendió al Regente Imperial, no como un mero gesto de familiaridad, ese simple gesto significaba que Danzo ya tenía autoridad sobre la siguiente generación, más era una autoridad falsa y eso Sakura se los dio a entender a Ino y Temari que asintieron muy imperceptiblemente, sintiéndose mucho más tranquilas. Aprovechando la ocasión, Sakura entrelazo una de sus manos con las de Neji en un gesto sinceramente cariñoso que sorprendió en demasía al Emperador. Se decía que el amor nacía de la convivencia, y lo que Sakura menos deseaba era lidiar con un matrimonio en que cuando mínimo no pudiera contar con su igual, con su esposo ante a ley…necesitaba tener a alguien cerca, aunque fuera Neji, quizás debía ser más tolerante e intentar lidiar con las faltas de su esposo como él quizás había intentado lidiar con las suyas, debía intentarlo. Inicialmente Neji no supo que pensar, Sakura y el ya llevaban casi dos años casados y sin embargo anteriormente no habían sido capaces de tolerarse, pero este actuar de parte de ella le hizo sentir que quizás había una oportunidad para ambos, posibilidad que alegro a Neji que correspondió a su gesto, estrechando su mano entre las suyas, ya tenían una hija, debían intentar ser cercanos porque solo así ambos podrían continuar en sus posiciones como gobernantes de ese Imperio y esa corte, y solo así Neji sabía que podría vivir tranquilo, era la oportunidad de su vida y Neji no pensaba despreciar ese amor. Danzo contemplo extraño—al igual que Pein y Nagato—este intercambio afectivo, ¿Acaso…?

-Majestad, ¿Tiene algún nombre en mente para la Princesa?- indago Danzo, sosteniendo cariñosamente a la bebé.

-Elegí legarle tal honor al Regente- designo Sakura cortésmente.

Estaba fingiendo, desde luego y eso tanto Ino como Temari lo supieron, pero la Emperatriz estaba siendo tan sutil que ni siquiera Danzo fue capaz de darse cuenta, este era el primero de mucho gestos que haría para fingir que estaba del lado de Danzo, fingiría que había entrado en razón y que ahora que era madre algo la había hecho comprender que él tenía la razón…falso, nunca se pondría del lado de Danzo en nada, pero de momento era mejor hacer todo ese teatro para mantener la paz, al menos durante un tiempo, porque la tormenta se avecinaba, una tormenta lenta pero que desarmaría el poder que Danzo tanto creía tener. La respuesta de la Emperatriz hubo desconcertado totalmente a Danzo, más no lo demostró. Desde que el embarazo se había hecho notorio que la joven rebelde había aprendido a ser dócil más no en exceso, había comprendido el rol que la maternidad evocaba en ella y el Shimura no pudo evitar suponer que este cambio en su conducta también fuera una consecuencia de ello, pero de ser así era para mejor porque al parecer ella incluso tenia disposición a reivindicar su relación con Neji, algo que desde todos los puntos de vista favorecía a todos. Quizás esa niña insulsa finalmente hubiera comprendido lo que debía hacer. No era tonta, estaba haciendo lo que Danzo deseaba que hiciera; dejar de ser un estorbo en sus planes y ambiciones, de momento fingiría estar de acuerdo con él, hasta conseguir que su madre regresara, entonces su inacción terminaría y con ayuda de la Emperatriz Viuda todo volvería ser como siempre debería haberlo sido, como su padre-el difunto Emperador Kizashi-hubiera deseado que fuera.

-¿Qué les parece Naori?- planteo el Regente.

-Es perfecto- sonrió Neji.

Sakura sonrió radiantemente como respuesta a Neji, debía reconocer que el nombre Naori le agradaba y mucho, después de todo era un nombre con historia en el Imperio, había existido una Emperatriz consorte con ese nombre y que se recordaba positivamente. Toda esa imagen parecía una postal sencillamente perfecta, ella sonriendo junto a Neji, Danzo cual buen abuelo cargando a su "nieta" y los dos hijos del Regente observándose entre sí con satisfacción, algo ciertamente lejano de la realidad. Naori, a partir de ese día, sería su hija y la protegería con su vida, solo se tenían la una a la otra, estaban solas de no brindarse apoyo ente si, Naori sería su consuelo y ella su madre, eso las uniría y protegería, más bajo ninguna circunstancia permitiría que esa pequeña niña fuera consumida por las intrigas de Danzo ni las intrigas de nadie. Su padre, había sido separada de su madre y ya había perdido a dos hijos, ¿Por qué tener miedo ahora? Ya no tenía porque, los días de princesa idealista, ingenua e inocente llegaban a su fin dejando ante ella un viaje desconocido que era su futuro como la Emperatriz de ese Imperio, no podía dar un paso atrás y renunciar, esa opción no existía, jamás lo había hecho y le agradecía entender todo eso ahora, porque comprendía el peso de su acciones y no se arrepentía de arriesgarlo todo. Esto es por mí y por mi hija, se convenció Sakura, estrechando la mano de Neji entre las suyas.

Así iniciaba la guerra.


Por siglos el Imperio Haruno había vuelto la esclavitud una actividad muy rentable, tan basta a la hora de recaudar finanzas que incluso hombres como Orochimaru la ejercían a libre albedrio. Durante los ultimo días de vida del Emperador Kizashi había ejercito como Gobernadores de Otogakure, una provincia que se había unificado con Amegakure al inicio del periodo de "regencia", y ahora que la Emperatriz Sakura se encontraba en el trono, él bien podía dedicarse a una actividad más placentera, comerciando y vendiendo personas de todo tipo, hombres y mujeres penados ante la ley, criminales comunes y otros pobres inocentes que caían en sus manos. Las subastas que públicamente realizaba ganaban cada vez más adeptos, volviéndolo un hombre más y más rico cada vez que vendía un esclavo. Sentado en su despacho y acompañado por su leal mano derecha, Kabuto Yakushi, Orochimaru volvió a valorizar a los esclavos que tenía y otros nuevos que habían llegado a sus manos, ya que la próxima subasta tendría lugar en un par de semanas quería estar preparado, teniendo la mejor mercancía a la mano. El hombre de pie frente a su escritorio, encadenado y vistiendo humiles andrajos en su día había sido la mano derecha del difunto Emperador Kizashi, se trataba de Sakumo Hatake, un antiguo y leal sirviente del Palacio que huyendo de la capital había recaído en sus manos, claro que Orochimaru sabia su valor y durante años había hecho lo posible por no venderlo, en espera de que alguien con una cuantiosa suma a ofrecer se hiciera presente, más como eso no sucedía hasta la actualidad, Orochimaru consideraba que ya había llegado el momento de encontrarle un mejor destino a ese hombre, vendiéndolo por supuesto.

-Sigues valiendo veinte piezas de oro, Sakumo- decidió Orochimaru.

El hombre bajo la cabeza en un falso gesto de sumisión que hubo sido suficiente. Un eco de pasos prácticamente forzosos hizo sucumbir de curiosidad tanto a Orochimaru como a Sakumo, dirigiendo su vista hacia las puertas que—desde el exterior—fueron abiertas de par en par por dos soldados que estaban a cargo de resguardar a todos los prisioneros que Orochimaru tenía a su servicio y que—encadenado—hacían caminar a un muchacho de no más de dieciocho años vestido con los atuendos de un escolta Imperial, cosa que llamo la inmediata atención de Orochimaru así como la intensa mirada de odio en los iris ónix del muchacho, era como contemplar una vida de rencor en una fracción de segundo…no, más que eso, era ver la luz y la oscuridad entrelazadas de igual manera, era alguien que no tenía ni un buen ni mal corazón. Jamás había visto algo así. Sasuke hubiera deseado no encontrarse jamás en una situación tan vergonzosa, haber sido llevado al Palacio imperial desde Konoha, igualmente en calidad de esclavo, le había parecido menos humillante en su día, pero ahora descender a lo más bajo…nunca había padecido humillación semejante ni quería volver a hacerlo. Las puertas por las que había ingresado por obra de los soldados que lo forzaban a caminar le habían permitido oír la conversación sostenida y de la cual el nombre "Sakumo" se hubo grabado a fuego en su mente, ¿Era posible?, ¿Ese hombre en igual calidad de esclavo que él podía ser Sakumo Hatake? De ser así—y esperaba que lo fuera—ese era el hombre que tenía en su poder la carta de sangre.

-Entra, entra ya- ordeno el soldado más ni aun así el arrogante muchacho se atrevió a obedecer ni mucho menos bajar la cabeza. -¡Muévete!- reitero airadamente.

Orochimaru despidió sin demasiado interés a Sakumo que, escoltado por un soldado hizo abandono de la habitación, encontrando su mirada con la del joven escolta muy momentáneamente, pero que tuvo un gran significado para el Uchiha. Pein quería deshacerse de él, quería creer que solo por enviarlo a ese lugar perdido de la existía podría conseguir el triunfo que él había estado impidiéndole lograr desde hace tiempo, más—guiado forzosamente por los soldados, hasta situarse frente al escritorio del noble señor que ahora lo tenía como esclavo—no pensaba rendirse, aun cuando ahora volviera a ser un esclavo cualquiera, Sasuke pensaba aprovechar cualquier oportunidad sobre la mesa para salir de aquel lugar y regresar al Palacio imperial, era lo menos que podía hacer en memoria de sus padres, de Itachi, Izumi, lady Chiyo y su sobrina que solo Kami sabía dónde podía estar. Sentado frente a su escritorio, Orochimaru sonrió satisfactoriamente ante el actuar del muchacho y el orgulloso personal que poseía; tenía la postura y templanza de un Emperador y un aspecto impecable que aludía una sangre noble que quizás otros no pudiera reconocer pero él sí, lo más destacable era su mirada, el modo en que no se permitía baja la vista observando críticamente todo a su alrededor y con una potente chispa de fuego en esos frió y penetrantes iris ónix que mostraban una seguridad avasalladora. El tiempo había hecho sabio a Orochimaru, permitiéndole reconocer algo o a alguien de valor cuando lo tenía delante y ese muchacho…ni todo el oro del mundo parecía suficiente para representar su auténtico valor.

-Puedo ver el bien y el mal en tu mirada- observo Orochimaru con sincera fascinación, -eres un hombre excepcional, lo sé con solo verte- valoro con enorme interés. -Llévenselo, ya sabremos qué hacer con él- ordeno únicamente, si molestarse en ver como se cumplían sus órdenes, más escuchando las protestas de los soldados contra el rebelde muchacho que no se doblegaba ante nadie. -No pondremos un precio para él aun, Kabuto- comunico a su mano derecha en cuanto las puertas se hubieron cerrado, causando que el Yakushi lo observara infinitamente desconcertado, -decidiré su precio cuando llegue el momento oportuno, ese joven vale más que todos mis esclavos juntos- garantizo, sonriendo viperinamente al decir esto último.

Tenía la mayor posesión del mundo en sus manos y no la perdería fácilmente, no sin sacarle el suficiente provecho, beneficiándose por ello.


Resignado, Sasuke se acomodó sobre el suelo cubierto de paja, intentando sentir nimiamente cómodo, y que no podía huir inmediatamente solo le quedaba acostumbrarse a esa situación aunque fuera por un corto lapsus del tiempo. El lugar en que dormía era prácticamente en un establo más eso no le interesaba en lo absoluto, de niño recordaba que él e Itachi solían quedarse a dormir a la intemperie en infinidad de ocasiones en el pasado, forjando en el menor de los Uchiha una resistencia a dormir donde fuera, inclusos obre una cama de clavos si se atrevía a suponer tal posibilidad. Sasuke bufo al volver a cambiar su postura, incapaz de sentir cómodo al dormir y, al sentarse corroboro que no tenía nada que ver con el suelo, tanteo su uniforme, dándose cuenta que tenía algo en el costado del cuello y al extraerlo se dio cuenta de que era una carta, usualmente lady Chiyo le entregaba documentos que decía eran confidenciales y que evidentemente eran simples objetos personales o recuerdos del pasado, pero ahora, aburrido—por decir algo—Sasuke desdoblo el papel encontrándose con una carta que en lugar de estar escrita con tinta, figuraba una caligrafía carmesí y firmada por una flor de cerezo. La carta de sangre…esta es la carta de sangre, supuso el Uchiha de inmediato, recordando haber oído que el símbolo de la flor de cerezo era usado—mientras el Emperador Kizashi había vivido—como medio de comunicación entre el difunto Emperador y la Emperatriz Sakura, cuando había sido una Princesa. Si esa era la auténtica carta de sangre, dedicada a ser entregada a la Emperatriz, Sasuke tenía en ella su pasaje a la libertad, con ello protegería a la Emperatriz y destruiría a Danzo al mismo tiempo. Un par de pasos lejos del Uchiha, Sakumo se removió entre sueños, entreabriendo lo ojos y observando co curiosidad al muchacho que-contrario a todos los demás-se encontraba plenamente despierto.

-Muchacho, ¿acaso no duermes?- cuestiono Sakumo, al verlo poco menos que fresco como una lechuga.

-Mire esto- tendió el Uchiha, decidido a confiar en él y en que fuera quien suponía que era. -Esta es la carta de sangre, ¿verdad?- supuso haciendo que el hombre la aceptase de inmediato.

Según tenía entendido el nombre Sakumo no era nada común, era un nombre que el Emperador Kizashi le había otorgado única y exclusivamente a su mano derecha para haberlo reconocido dentro del Palacio imperial, además del hecho de que ese hombre encajaba a la perfección con todas las características físicas que se tenían en referencia de él para reconocerlo si se tenía la fortuna de encontrarlo alguna vez además del hecho de que no todos sabían de la existencia de la carta de sangre, era una documentación que solo podía ser reconocida por la persona que la hubiera recibido de manos del mismísimo y difunto Emperador. Sakumo sintió que se le helaba completamente la sangre al leer cada frase, cada silaba de esa carta, contemplando anonadado el símbolo de la flor de cerezo al final de la carta, el sello personal del difunto Emperador. Inmediatamente la misma noche que el Emperador Kizashi había muerto, Sakumo recordaba le modo en que había huido, despavorido para salvar su vida, dejando la carta de sangre entre las pertenencias de la dama de la corte del fallecido, lady Chiyo, que en su abrupta locura jamás daría indicios de significar un peligro, por largos años Sakumo se había sentido tentado a internarse secretamente en el Palacio, tomar la carta de las pertenencias de lady Chiyo y hacérsela llegar a la Emperatriz, pero era un riesgo demasiado grande, un riesgo que no quería correr, pero ahora, leyendo ese contenido por primera vez en ya casi dos años…Kami, ¿Cómo es que ese muchacho, un escolta de Palacio, tenía en sus manos tal cosa? Al parecer o eran tan insignificante como parecía, más eso no era lo verdaderamente importante, la carta era lo importante.

-Así es- reconoció Sakumo, abrumado a más no poder, -esta es la carta que dejo el Emperador Kizashi- reitero alzando la mirada hacia el muchacho que vio en ello su carta de salvación.

No le perdonaría jamás a Danzo lo que había hecho y no estaría tranquilo hasta salir de ese lugar y poder hacerle pagar de mil y un maneras al Regente y toda su familia lo que le habían hecho; esta vez obtendría su venganza.


Lo hermoso de la maternidad era el privilegio de poder tener a ese ser especial en brazos, poder mimarlo y llenarlo de amor con libertad y Sakura agradecía poder hacerlo durante al menos una contable cantidad de días, tiempo en que debería permanecer en cama para recuperarse del parto y que nunca había pesado en aprovechar hasta que esa tierna bebita había recaído en su brazos, estaba físicamente en perfectas condiciones para criar a esa bebé y, cerrándose el kimono, habiendo terminado de amamantar a la pequeña Naori, Sakura fue capaz de comprobarlo. Habían transcurrido apenas dos días desde que Naori había llegado a su vida y en una primera instancia le había pedido a Ino que consiguiera una nodriza, ya que no había tenido un parto exitoso, Sakura había creído que la posibilidad de actuar como una madre normal le estaba prácticamente vedada, ni siquiera se había molestado e intentarlo por mero temor, pero cuando Naori había rechazado nodriza tras nodriza, Sakura se había sentido acorralada, había tenido que intentar ver si su hipótesis era totalmente negativa y afortunadamente no había sido así porque ahora ella y Naori eran madre e hija en así todo el sentido de la frase. Lamentaba profundamente que esa pequeña niña hubiera tenido que perder a sus padres para llegar a la situación de ser su hija, pero Sakura consideraba poco menos que estúpido llorar sobre la leche derramada, después de todo; el pasado no podía cambiarse, la muerte de su padre se lo había enseñado, pero si podía cambiarse el futuro mediante el presente y eso tenía pensado hacer. Naori siempre seria su hija, en el fondo siempre sería—si llegaba a tener más hijos, lo que dudaba que sucediera—con quien había aprendido a ser madre, pero nunca sería realmente una princesa o por lo menos no la heredera y futura Emperatriz, el futuro del Imperio requería tal sacrificio.

-Eres feliz, ¿verdad?- pregunto Sakura con diversión, arrullando a la pequeña en sus brazos y acariciándole los mofletes. -Todos te adoran, debes de serlo, que al menos una de las dos sea feliz es suficiente- menciono con devoción hacia la pequeña que sonreía infantilmente. -Todos querían una Princesa, pero aun cuando realmente no lo seas, eres mía- deslizo cariñosamente su dedo sobre la nariz de la pequeña, haciéndola removerse en busca de más afecto. -¿Qué quieres decir, Ino?- indago, lazando la vista hacia su amiga que se sorprendió por su atención. -Te conozco- aclaro con satisfacción personal.

Ino y ella se habían hecho amigas cuando la actual Emperatriz había sido una sencilla Princesa y la Yamanaka desde el Principio se había dedicado en corazón y alma a ser su amiga y no por poder ni ningún bien material sino porque veía en la Emperatriz a un alma noble y caritativa que podría ayudar y hacer feliz al pueblo cuando tuviera el poder suficiente para cambiar las cosas, cosa que Kami mediante sucedería más pronto que tarde. Temari, de pie junto al puerta, cual guardiana, bajo la mirada, sabiendo de antemano que es lo que Ino temía decir, que motivos tenia para estar triste y sufrir en interino silencio en nombre de la Emperatriz que parecía estar tristemente destinada a soportar golpe tras golpe. Contemplando el rostro de la Emperatriz, Ino se dijo a si misma que su deber—no como sirvienta y doncella, sino más bien como amiga—la empujaba a ser honesta con aquella noble mujer, por encima de todo lo que pudiera acontecer. El amor era algo realmente extraño, en ocasiones algo maravilloso y por lo que se estaba dispuesto incluso arriesgar la vida de ser necesario, pero en otras ocasiones era una condena al sufrimiento, como un sueño que se transformaba en pesadilla porque cuanto más se amaba a una persona, más dolorosa era al traición que pudiera ser infringida, provocando que una persona sintiera que había actuado con estupidez y que eso la había llevado a ese desenlace…pero por más dolorosa que fuera al verdad en este caso, Ino sabía que lo mejor era decirla, seria mil veces pero ocultar los hechos por más tiempo, eso solo contribuiría a masificar el dolor.

-Llegaron noticias de Konoha, Majestad- anuncio Ino finalmente, llamando la inmediata atención de la Emperatriz que esbozo una ligera sonrisa, -el rey de Konoha ha contraído matrimonio con lady Yukina, la sobrina del Regente- declaro, bajando la mirada para no ver el triste modo en que la sonrisa abandonaba el cándido rostro de la Emperatriz.

-Déjenme sola- ordeno Sakura, aunque más que una orden, su voz resonó cual susurro pero que fue más que suficiente.

Con la mirada baja, tanto Ino como Temari no se atrevieron a emitir protesta alguna, comprendiendo el dolor que la Emperatriz estaba sintiendo y que no sería capaz de continuar camuflando por más tiempo estando acompañada, negándose exteriorizar su comportamiento en presencia de testigos. Aun cuando las puertas se hubieron cerrado sonoramente tras la partida de sus doncellas y amigas, Sakura se sintió incapaz de llorar, inclinando sus labios y besando la frente de la pequeña princesa en sus brazos y que con su calor maternal no hubo dudado en comenzar a dormirse. Nadie, lo prometo, jamás me casare con nadie que no seas tú. Apretó los dientes, intentando contenerse a si misma mientras sentía como la promesa de Naruto resonaba en su mente, ¿Cómo era posible que todo hubiera terminado en nada?, ¿Por qué?, ¿Por qué tanta crueldad?, ¿Por qué Naruto se había burlado de ella de esa forma? No creía ser una persona tan mala como para merecer algo así, n compendia porque ella precisamente debía soportar todo ese dolor. Kami, extiende tu mano y consuela, dame paciencia para enfrentar ese enorme sufrimiento, hazme comprender que es lo que debo hacer, imploro en personales y silenciosos ruegos, dedicándose únicamente a acariciar los cortos cabellos castaños de Naori, mordiendo e labio inferior para acallar los sollozos que de todo corazón deseaba emitir, sintiendo las lágrimas deslizarse por sus mejillas sin importar cuanto se esforzara por mantener impávida, pero no podía, el sufrimiento era demasiado grande. Naruto la había abandonado y Sasuke estaba por su cuenta, odiándola por hacer hecho algo sin siquiera haberse dado cuenta cómo y cuándo lo había herido...

Estaba sola, esa era la verdad.


-Bien, empiecen a comer- permitió Orochimaru.

Al ser esclavos bajo las ordenes de un hombre o noble poderoso que era uno de los mejores aliados del Regente Danzo Shimura, normalmente los hombres, mujeres e incluso niños que conformaba la –por así decirlo—caravana recibían una ración escasa de pan y agua conque sobrevivir, porque al fin y al cabo los esclavos estaba en el escalafón más bajo de la sociedad y jerarquía Imperante en los territorios del Imperio, ambiente que había chocado tremendamente con la rutina diaria que Sasuke había vivido en el Palacio imperial donde si bien solo se tenían tres ocasiones durante el día en que se desayunaba, almorzaba y cena en una contable cantidad de tiempo, se comía prácticamente en abundancia el comparación al nuevo estilo de vida que el Uchiha llevaba días soportando sin quejarse pues esto de nada servía. Llevar casi una semana acostumbrándose únicamente al consumo pan y agua una o dos veces al día era algo a lo que Sasuke había tenido que acostumbrarse, más el banquete disponible de comida esta vez, servido en mesas grupales, hubo desconcertado a algunos de los presentes quienes únicamente—como la mayoría haría en esa situación—se reservaron a disfrutar en silencio de la incomparable oportunidad que se les ofrecía de disfrutar con libertad sin pensar en nada. Sentándose sobre el suelo, ante la mesa, al igual que Sakumo, Sasuke se comportó con impoluta moderación, alzando con desconfianza la mirada hacia Orochimaru antes de decidirse a tomar algo del plato.

-Nos alimentan y engordan como animales para vendernos a mayor precio- dedujo Sakumo por su experiencia.

-No es que la situación me agrade, pero si no comemos nos arriesgamos a algo peor que ser vendidos- señalo Sasuke que si bien no se acostumbraría jamás a esa vida, estaba dispuesto a hacer lo que fuera para salir de allí y volver al Palacio imperial, lo que fuera. -No pienso quedarme aquí- determino volviendo su atención a la comida como hacían todos los demás.

-Aspiras a demasiado, muchacho- opinó Sakumo únicamente, admirando en silencio semejante determinación en alguien tan joven.

-Si no tengo nada, no tengo porque temer perder- obvio el Uchiha. -Tengo que escapar- aclaro, no guardando temor alguno en manifestar sus verdaderas intenciones.

Escuchando la certera y airada declaración de ese joven muchacho, Sakumo se reservó cualquier tipo de opción para sí mismo, nunca antes había conocido a alguien así, alguien con tanto fuego y coraje en su interior, alguien con tanto valor y determinación unificados en una coraza exterior cual tempano infranqueable, ese muchacho era diferente a alguien persona que Sakumo hubiera conocido, hombre o Emperador, pero eso o era ni malo, ni bueno…


El Palacio imperial había visto con satisfacción al llegada de la Princesa que tanto se había esperado y siguiendo con lo acordado pro el Regente y la Emperatriz se había orquestado un magnifico banquete para celebrar el magno acontecimiento de que había una heredera para el Imperio, como tanto se había necesitado, motivo suficiente para invitar a los gobernadores de las provincias más importantes del Imperio Sobre el torno Imperial y luciendo impecablemente hermosa se encontraba la Emperatriz Sakura enfundada en un bellísimo kimono de seda blanca y bordado en hilo de plata para replicar sobre la tela flores de cerezo y rosas, con un ajustado fajín plateado claro que ceñía la tela a su cuerpo, rebelando el kimono inferior de color marfil cuya falda holgada bajo el busto estaba bordada en hilo de plata para recrear figuras de mariposas y sin más joya que un par de diminutos pendientes de diamante en forma de lagrima y un peine de oro en forma de mariposa—decorado por diamantes multicolor—sobre su largo cabello rosado recogido en un moño alto, resaltando el largo de su cuello. En brazos cargaba a la pequeña princesa envuelta en un abrigo de armiño y seda granate—dorada a juego con el atuendo del Emperador Neji que, sentado junto a la Emperatriz lucia más soberbio que nunca con el emblema del dragón dorado estampado en sus elegantísimos usares, a la par con las de su padre y hermanos que se encontraban ocupando lugares adyacentes en los escalafones adyacentes de la escalinata bajo el trono. Al magno acontecimiento habían asistido Yamato el gobernador de Sunagakure, Chōjūrō el gobernador de Kirigakure, Hanzō el gobernador de Amegakure, Darui el gobernador de Kumogakure y Ōnoki el gobernador de Iwagakure, y que disfrutaban del banquete y de la ocasión que significaba volver a ver a la Emperatriz.

-Todos disfruten para partir con goce a sus provincias por su leal servicio a este Imperio- ofreció Danzo, alzando su copa de sake en un gesto de buen voluntad para el Imperio y la pareja Imperial, así como por la princesa, su nieta.

-Representando a todos los gobernadores, me gustaría hacerle una petición, Regente Imperial- inicio Darui, tomando la palabra y obviamente obteniendo el consentimiento del Shimura. -Además del Emperador, la Emperatriz debería tener por deber cuatro consortes, nueve escoltas y veintisiete sirvientes- enumero respetuosamente el gobernador, percatándose de la inmediata hostilidad en el rostro del Emperador y en los otros dos hijos del Regente Imperia. -Mi intención no es faltarte al respeto, Regente, pero es la ley, así se cumplió durante la vida del Emperador Kizashi, y así debería hacerse en la actualidad- equilibro, teniendo el cuidado de medir correctamente sus palabras como la Emperatriz Viuda le había indicado hacer para ayudar a la Emperatriz. -Hay tantos puestos vacíos en el Palacio, ¿No es correcto que elijamos algún consorte?- planteo, realizando esta pregunta al Regente Imperial.

-¿Consorte?- repitió Danzo, confundido.

-Su Majestad apenas ha comenzado a recuperarse del parto- protesto Neji inmediatamente, desviando la mirada hacia la Emperatriz que no dijo absolutamente nada ni en contrariedad ni defensa. -¿Cómo podría tener un consorte?- cuestiono, ofendido en su orgullo como hombre por tal posibilidad.

La situación, en el absurdo planteamiento e competidores para acercarse al corazón de la Emperatriz resultaron ser un veneno en la mente del Emperador que ahora y tras tantos obstáculos finalmente que veía la ocasión perfecta de disfrutar el matrimonio que los unía, si otro hombre—como lo había sido Itachi o ese molesto escolta—se interponía en su camino seria como volver al inicio y eso era algo que Neji no podía permitirse, no ahora que tenía una hija, la heredera del imperio. Guardando silencio y cargando a su hija en sus brazos, Sakura escucho satisfactoriamente como la idea le era planteada a Danzo, todo eso había sido cuidadosamente planeado por su madre, la Emperatriz Viuda y no solo para permitir su regreso sino también por la labor de importancia que significaba darle al Imperio una heredera autentica, nacida de la Emperatriz. Sakura, en su temor luego de ya dos desastrosos embarazos, le había consultado a una de las doctoras el por qué podría suceder lo que a ella le había ocurrido—obviamente de forma hipotética—; ser plenamente capaz de engendrar hijos y con normalidad pero sin que esos embarazos llegaran a buen término y según la doctora la responsabilidad no recaía en la mujer sino en el hombre, si podía quedar embarazada el problema no recaía en ella sino más bien en alguien más y por lo tanto ya que Neji era prácticamente estéril, encontrar un Consorte apropiado era una labor de estado cuando menos sin importar que a Neji, Danzo o quien fuera, le pareciera correcto o no, pero era necesario.

-La cantidad de consortes es igual que el poder de la Emperatriz- comparo Hanzō centrando su atención en la gobernante del Imperio y que hubo asentido de forma prácticamente imperceptible para el regente y su familia. -Es el momento adecuado para iniciar una selección, Emperador- reitero con igual seguridad.

-Ahora mismo es…- intento discutir Neji, incapaz de aceptar ese hecho.

-Emperador- protesto Pein en un gesto de empatía hacia su hermano menor, -demuestre su dignidad, por favor- imploro haciendo que su hermano menor accediese, volviendo a sentarse sobre el trono.

-Continúe- permitió Danzo calmadamente para así evitar un conflicto innecesario.

-Los gobernadores lo hemos discutido y sugerimos que cada provincia presente un candidato- planteo Darui, manteniendo un equilibrio entre respeto y una clara petición. -El candidato más apropiado debería ser seleccionado y elegido Consorte Imperial.

-Ya que la Emperatriz y el Emperador tienen una heredera, ahora es el momento más adecuado- respaldo Ōnoki en su sabiduría.

Desde su lugar y en completo silencio, fingiendo tonta, Sakura espero con personal impaciencia la respuesta que Danzo fuera a dar, después de todo dependía completamente de su aprobación en ese momento, era necesario e indispensable que él no prestara objeción a esas demandas camufladas de peticiones, mientras Danzo viviera y fuera el regente del Imperio en falsa representación del difunto Emperador Kizashi, su padre, ella nada podría hacer para tomar decisiones, no mientras continuase teniendo vedado aprender a leer o escribir siquiera. No le quedaba otra opción más que presionar a Danzo mediante la influencia de los embajadores en espera de que él accediera y permitiera cambios o decisiones secretamente orquestadas por ella, eso y esperar a que Danzo muriera, ya era un hombre viejo, pero intentar asesinarlo era algo que Saura aun no tenía el coraje de hacer, ¿Algún día, tal vez? Puede que sí, pero eso solo el tiempo lo diría, nada más. Sentado junto a sus dos hijos mayores, Danzo observo por el rabillo del ojo el sincero desconocimiento de la Emperatriz con respecto a estas peticiones, si ella no tenía nada que ver bien podía denegarlas fácilmente, más como Regente y hombre de política sabía que no era sabio desairar a los gobernadores que eran sus aliados…después de todo la idea de tener a hijos, sobrinos o familiares de los gobernadores bajo el mismo techo que él no era una idea nada absurda, así podría controlar mejor las cosas, si, después de todo la idea de tener consortes en ese Palacio no era algo tan descabellado como podía parecerlo.

-Lo haremos, entonces- acepto Danzo amenamente.

-¡Padre!- Neji se quedó sin aliento ante esta ofensa de parte de su padre.

-Padre…-Pein fue incapaz de comprender el por qué para permitir tal cosa.

-¿Tienen alguna otra petición?- consulto el Regente sin perder su tranquilidad, fingiendo apoyo a los gobernadores, por sus propios intereses, claro.

-Según la tradición, la Emperatriz Viuda siempre es la encargada de seleccionar a los consortes- aludió Darui protocolariamente. -Pero ya que la Emperatriz Viuda ha ido destronada, ¿Quién se hará cargo de esta tarea?- indago, obviamente señalando lo necesario que era que la Emperatriz Viuda volviera al Palacio imperial.

-De eso me ocupare yo- decidió Neji, haciendo valor su opinión en voz alta.

-¿Usted, Emperador?- repitió Ōnoki, incrédulo ante esa falta al protocolo de la corte que el propio Emperador tenía la labor de dirigir. -No puede ser- protesto de forma inmediata.

-Tal vez ya sea tiempo de que la Emperatriz Viuda regrese, ¿No le parece, Regente?- planteo Chōjūrō, siguiendo los pasos que el gobernador Darui había establecido antes que él. -Después de todo, no hay evidencia concreta que inculpe a la Emperatriz Viuda en la rebelión que casi tuvo lugar, ante la ley y el Imperio ella es inocente- esclareció, leyendo los pensamientos que la Emperatriz que sonrió sutilmente.

-Es necesario reinstalar a la Emperatriz Viuda en el Palacio, solo entonces la selección se realizara apropiadamente- aprobó Hanzō.

-¡Por favor, acepte nuestra petición, Regente!- rogaron todos los gobernadores, al unísono.

Era una tradición dentro del Imperio hacer una petición audiblemente mediante la colaboración, en cada nación, reino o Imperio se hacía de forma similar, pero eso no ablando en lo absoluto el corazón de tempano de Danzo, voluntariamente y sin tener intereses en juego jamás permitiría la presencia de consortes—una humillación para su hijo menor—que pudieran acceder al corazón de la Emperatriz si no e viera beneficiado en alguna medida por ello como lo sería tener la opción de controlar a los gobernadores mediante miembros de su familia que obviamente serian postulados como candidatos. No quería que la Emperatriz Viuda Tsunade regresara al Palacio Imperial, pero sabía que—cual voto de confianza—necesitaba una señal conque sosegar a los gobernadores haciéndoles ver, falsamente, que podían considerarlo como a un ser benevolente, sabía que hacer regresar a la Emperatriz Viuda sería un error, pero era un mal necesario a pesar de todo. Sakura apretó disimuladamente su brazos alrededor de su hija que se removió, devolviéndola a la realidad, estaba impaciente por la conclusión que Danzo fuera a dar, de ello dependía su futuro, de ello dependía contar nuevamente con personales leales a su servicio, porque sinceramente no sabía cuánto tiempo más podría aguantar sin su madre a su lado, ayudándola y tomando las decisiones pertinentes. Analizo con su mirada esmeralda a los gobernadores, sabiéndolos leales al imperio, pero preguntándose, mentalmente, ¿Cuánto estaban depuestos a hacer por ella? Aún era algo apresurado realizar tan conjetura.

-¿Cómo puedo rehusarme ante la preocupación y la lealtad de la familia Imperial?- cuestiono Danzo en voz alta, haciendo evidente pero necesaria su respuesta. -La Emperatriz Viuda será reinstalada y realizará la selección de concubinas- acepto pese a su propio disgusto.

-Padre…- Nagato escucho boquiabierto esa decisión

-Ya que he aceptado su petición, ahora podemos beber- dispuso el Shimura, alzando su copa.

-Regente, le deseo una larga vida- brindo Darui, satisfecho por la aprobación del Regente.

-¡Larga vida, Regente!- oraron todos los gobernadores al unísono.

A ojos del público en general, Danzo sabía que no había hecho más que aprobar un a petición, volcando su benevolencia a las jóvenes del Imperio, los gobernadores que representaban a las provincias de mayor importancia había y por haber, por ahora esto sería suficiente, permitiría que a Emperatriz Viuda regresara para así tener en su poder a miembros de las familias de quienes gobernaban las fracciones del Imperio. Pero y si quien quizás la mayoría de los gobernadores había participado en el plan que regresaría a la Emperatriz Viuda al Palacio imperial, Yamato—el ahora gobernador de Sunagakure y Baghatur—no lo había hecho porque sabía que de hacerlo se rebelaría el plan y las intenciones tras él, pero lo que si había conseguido sorprenderlo era el modo en que los gobernadores habían planeado sus ambiciones personales por crear vínculos con la familia Imperial mediante sus hijos, sobrinos o familiares jóvenes que pudieran ser consortes elegibles, pero tristemente todo terminaría en una especie de debacle porque el Regente Imperial y sus hijos—obviamente citando al Emperador—se dedicarían a hacerles la vidas imposibles a los gobernadores teniendo a estos familiares como rehenes, acorralando a los gobernadores y forzándolos a acceder a lo que fuera que desearan por este motivo es que Yamato—que deseaba o anhelaba que su sobrino fuera Emperador, algún día—no hubo llegado a considerar siquiera en postular a su sobrino como candidato, no quería arriesgar a su sobrino como ya arriesgaba diariamente a Sai, esa no era una opción.

-Los gobernadores de las provincias quieren tener lazos con la familia Imperial- evidencio Yamato, nada convencido del gesto de popularidad del regente o la lealtad de los gobernadores en general. -La estrategia de la Emperatriz Viuda salió a pedir de boca- agradeció cuando menos, ya que el centro de todo había sido eso y no un engrandecimiento personal.

-Pero el Regente cedió muy rápido- disyunto Sai que tenía una perspectiva menos positiva que su tío. -¿Mi primo será el candidato de Sunagakure, tío?- curioseo, después de todo era absurdo no asumir que su primo guardaba ambiciones de ser Emperador algún día, se estaba preparando para ello.

-Aun no lo sé- suspiro el Baghatur, pensando en el futuro que podría aguardarle a su sobrino en ese Palacio, -necesita prepararse más y no quiero que sea víctima del Emperador Neji- no buscaba un futuro como consorte para su sobrino, lo que buscaba era la oportunidad de que fuera Emperador. -Demos tiempo al tiempo, Sai- decidió finalmente.

Tenían que ser extremadamente cautos porque de ahora en más sus propias vidas estaban en riesgo.


PD: Mis queridos amigos y lectores, les tenia prometido actualizar este fin semana y lo cumplo :3 dedico la actualización DULCECITO311 (Tsunade lograra poder a tiempo y Sasuke también regresara al Palacio, pero aun falta un poco de tiempo para que eso pase :3) a cinlayj2 (solo pudiendo decirle que Sasuke volverá al Palacio y esta vez permanentemente, eso y que esta vez Sasuke le corresponderá con todas las de la ley), a Gab(Sasuke y Sakura terminaran juntos, pero Naruto con Hinata...no se, en el dorama todo es mas trágico, pero eso lo veré sobre la marcha gracias a tus palabras) por supuesto que a Adrit126 (diciéndole que lo prometido es ley, esperando haber satisfecho sus posibles expectativas, prometiendole que Danzo y sus hijos morirán, pero más adelante, por lo que solo puedo rogar su paciencia) y a todos aquellos que sigan mis historias en todas sus formas :3 esta semana iniciare el fic "Lady Haruno: Flor de Cerezo" (basado en el manga y anime Lady Oscar o Versailles no Bara y que retratara la revolución francesa), durante el fin de semana actualizare el fic "El Conjuro-Naruto Style", la proxima semana actualizare el fic "El Sentir de un Uchiha" y el próximo fin de semana "Titanic-Naruto Style" :3 también me doy el tiempo para comunicarles que todos los fic iniciados o actualizados volverán a actualizarse siguiendo el orden en que inicie este mes para luego dedicarme a algunos en particular cuando retome mis clases en marzo :3 pido su paciencia porque tengo unos problemas con un par de documentos que son los "bosquejos" de cada capitulo a iniciar, prometo remediar este temporal inconveniente lo más pronto posible (a más tardar dentro de dos semanas)para finalizar el fic "El Siglo Magnifico: La Sultana Sakura" que deseo continuar y bien pronto, únicamente pudiendo pedir su paciencia y comprensión mis queridos amigos :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3