Capítulo 6: Planes

Me encontraba sentado en mi estudio dándole vueltas y vueltas a un asunto en particular, hacía ya casi un siglo que conocía a Alice y que ella me había elegido como su compañero, yo estaba listo para el siguiente paso, pero no sabía cómo reaccionaría Alice…

"Edward necesito tu ayuda" Pensé, y en seguida apareció a mi lado.

-¿Qué pasa?- Preguntó

-Seguramente ya sabrás que desde hace unos meses le he dado vueltas a una idea en mi cabeza- Dije en voz alta, pues las chicas se habían ido de caza.

-Sí, lo sé- Asintió Edward pensativo- Y también quieres saber si ella aceptaría- Movi la cabeza

-Precisamente- dije

Edward sonrió- Aun no entiendo porque dudas de ella, créeme cuando te digo que todo en su cabeza gira en torno a ti-

-Entonces necesitare tu ayuda- Dije

Edward asintió

-Sé que hacer, no te angusties, puedo sentirlo- dijo sarcásticamente -¡Carlisle!- Llamó y en seguida cruzó el umbral de la puerta

-¿Qué sucede?- preguntó

-Jasper necesita que lo acompañes a Los Ángeles, te lo explicara en el camino- Carlisle asintió y se fue a empacar de inmediato.

-Empaca, en Los Ángeles encontraran el anillo- dijo entes de salir de mi estudio

Hice caso y empaque todo, unas horas después Carlisle y yo ya estábamos aterrizando en Los Ángeles y Carlisle rentaba un auto.

Recorrimos tiendas por horas hasta que encontré el anillo perfecto de oro amarillo y oro blanco con un hermoso diamante y Carlisle confiado en la respuesta de Alice compro nuestros anillos de bodas; del mismo diseño del de Alice pero sin el diamante, con nuestros nombres grabados; el mío decía "Alice" y el de ella "Jasper".

Al volver Edward me informó que Esme y Rosalie tenían ocupada a Alice desde que volvieron, con el argumento de que querían remodelar la casa, así que eso me concedía tiempo para organizarlo todo, así que en cuanto llegamos a Seattle tome un ferri a Vancouver…

Esa semana Alice y yo no nos vimos mucho y a ella la empezaba a abrumar la preocupación, por mi estado ausente; así que ese viernes puse todo en marcha:

Ya todo estaba en el auto de Edward, con el pretexto de la caza salimos los 4 rumbo a la cascada, el lugar favorito de Alice, adecuamos la cueva, pusimos alfombras, velas, tulipanes, y un sofá cama; mis hermanos y Carlisle me dejaron para cambiarme mientras oía a Edward hablar con Alice por teléfono:

"Alice no te alarmes, pero tienes que venir ahora mismo"

"¿Porqué, qué sucedió?"

"…Jasper"

"Voy en seguida"

Pasaron 2 minutos y escuche a Emmett detener a Alice

"Para tu tren duende"

"Emmett este no es el momento"

"De hecho hermanita" dijo Edward "Esto es una trampa, digamos que Jasper te tiene una sorpresa, así que hazle un favor y no se la arruines"

"¿Una sorpresa?, Pero no estoy arreglada"

"Jasper pensó en eso y me pidió que te diera esto"

Escuche como Edward le daba la caja a Alice…

"Y esta nota, son instrucciones, diviértete"

Y Ambos desaparecieron en la noche; Alice abrió la caja y en seguida se cambió, podía oír la ropa rozando su piel, después la oí bajar a la cueva, así que me oculte

Alice bajó, podía sentir su sorpresa

-¿Jazz?- susurro

Salí desde la esquina de la cueva para, yo vestía un traje negro con una camisa morada y una corbata negra y Alice se veía hermosa en el vestido lila que compre para ella.

-Ese vestido era lindo cuando lo compré, pero en ti es lo que sigue en nivel de perfección- Ella me sonrió

Me aproxime a ella y le di un tulipán.

-¿Qué es todo esto?- Pregunto maravillada.

-Es solo para celebrar nuestro aniversario y para algo más…-dije mientras la dirigía al sofá.

-¿Alguna vez te he dicho lo que sentí aquel día que te conocí?- ella negó con la cabeza- Aquel día yo esperaba masacrar a aquella gente de la cafetería, lo único que quería era que los Volturis me encontraran y me mataran, pero ahí estabas tú, con esta bella sonrisa que te caracteriza, cruzaste tu mirada con la mía y el mundo dejo de tener importancia, sabía que había encontrado a alguien especial y cuando me atreví a besarte por primera vez, fue como si me dieras un motivo por el cual vivir y hasta el día de hoy sigues siendo el motivo por el que valió la pena el castigo que sufrí con María…- Me agache a su altura y tome su mano- Alice eres la fuerza que le da orbita a mi mundo; siempre estuviste ahí para mí, aunque fallara y te decepcionara siempre me sonreías y me haces ver las cosas bellas de la vida; eres como mi sueño de verano; contigo soy libre…-Comencé a poner una rodilla en el piso…- Así que hoy en esta hermosa noche…-Alice comenzó revolver sus emociones y comenzó a temblarle el labio como si quisiera llorar…- Hoy cumplimos 50 años de conocernos…- Sin soltar su mano saque el anillo de mi bolsillo- así que: Alice Cullen, quiero que sepas que eres el amor de mi existencia, durante este tiempo me has hecho el hombre más feliz del planeta, y que sin ti el mundo sería un error, así que en esta bella noche quiero preguntarte…- Nos miramos a los ojos, ambos sabíamos la respuesta, pero quería oírla de sus labios; abrí la caja del anillo, Alice se llevó una mano a la boca…- Alice Cullen…¿Me concederías el enorme privilegio de ser tu esposo?- en ese momento descubrí el anillo.

-Jazz…yo…- Me miro reflejando el más profundo amor que pudo evocar- pero claro que si- dijo sin desviar la mirada de mis ojos, ni yo de los de ella, coloqué el anillo en su mano, ambos bajamos la vista para admirar el anillo; tome su mano y bese el anillo; ella tiro de mi mano atrayéndome hacia ella y comenzó a besarme con pasión.

Alice comenzó por quitarme el saco y la corbata al tiempo en que me abría paso en el sofá, la tomé por la cintura para desplegar el sofá y convertirlo en cama y depositar a Alice con delicadeza sobre ésta mientras le quitaba el vestido de forma delicada y ella se deshacía de mi camisa. Alice se miraba tan delicada, que a veces creía que con un movimiento en falso podría matarla…

Alice y yo decidimos ausentarnos de la casa ese fin de semana, a veces solo nos mirábamos a los ojos por largas horas; otras decidíamos sumergirnos en las aguas de aquella cascada, con la enorme ventaja de no tener que salir a respirar, ambos sosteníamos sesiones largas y placenteras de besos y caricias bajo el agua.

El lunes por la tarde decidimos regresar, Alice se mostraba radiante, no dejaba de mirarme y lanzarme tiernas miradas que me veía obligado a corresponder debido a la naturaleza misma de la mirada.

Nos encontrábamos a un kilómetro de la casa y no se escuchaba ningún sonido dentro.

Nos aproximamos y entramos cautelosos, entonces…

-¡Sorpresa!- Gritaron todos al unísono. Alice y yo sonreímos ampliamente, recorrí el salón con la vista y divise dos figuras conocidas: Peter y Charlotte, que de inmediato nos abrazaron a Alice y a mi, felicitándonos por nuestro compromiso.

Alice no tardo en ponerse a organizar todo lo que tenia que ver con la boda.

En los últimos meses Alice había estado tan ocupada y me mantenía tan ocupado que a veces era muy difícil, si quiera verla, a demás de que no me permitía ver su vestido, ni mi traje, eso no me era tan angustiante, lo que me angustiaba era que desde que nos comprometimos, no nos habíamos, ni siquiera besado.

-¿Te mata la abstinencia sexual?- Me dijo Emmett de manera burlona, ya que él y Rose, estaban teniendo un repentino arranque de pasión, lo que provocaba no solo sensaciones que no podía evitar sentir, sino que también era un tormento escuchar los anormales ruidos que salían de su habitación.

-La verdad si- dije indignado. Emmett me dio unas palmadas en la espalda y me contesto de manera burlona

-Eso es lo que te sacas por no haberte casado antes de- Lo ignore, dirigiéndome escaleras arriba, hacia mi estudio; cerré la puerta, tome mi violín, unas partituras y me concentre en mi música. Después de un rato me harte, me senté en mi escritorio y suspire. Prendí mi ordenador y me concentre en lo único que Alice me dejó organizar: La luna de miel; quería llevar a Alice a Mónaco, la capital de la moda, eso seria un sueño para ella, así que me puse a investigar algunas casas; y cuando encontré la ideal, tomé el teléfono y la aparte; horas después me encontraba en un avión rumbo a Mónaco para cerrar el contrato de la casa, amueblarla, etc. No conforme con eso también rente una casa de playa en Francia y una pequeña cabaña en Londres; si Alice y yo nos íbamos de luna de miel, tenía que valer la pena.