¡Hola, hola!

¡Aquí regreso de la muerte con una actualización muy picante!

Espero que les guste, ¡gracias por leer!


~Capítulo 12: ¿Del amor al odio hay un solo paso?~

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-Lo siento, no quería interrumpirlos.- fueron las frías palabras de la pelirroja, que tan pronto como llegó se fue con un portazo, no sin antes dedicarle una mirada de profundo desprecio a su contraparte, que aún no procesaba todo lo que estaba ocurriendo.

Al segundo siguiente, cuando la realidad le cayó encima como un balde de agua helada, Brick se precipitó torpemente a la puerta. Estaba a punto de salir detrás de ella cuando sintió risa burlona de Princesa detrás de él. Se volteó a verla confundido, se había olvidado que estaba ahí.

-¿De verdad vas a ir tras ella?- era una pregunta retórica. De esas que te hacen cuando te están tomando por estúpido. Y Brick no era ningún estúpido, por lo que la fulminó con la mirada y se volteó nuevamente dispuesto a salir.- Anda, ve. ¿Qué le dirás? ¿"Esto no es lo que parece, cielo"?- dijo haciendo una patética imitación de su voz.- ¿Quieres saber qué te contestará? Te dirá: "No me importa, no es asunto mío." ¿Y sabes qué? Tendrá razón.- satisfecha consigo misma luego de haberlo dejado completamente estupefacto y sin palabras, caminó hasta quedar a su lado.- Pero si aún quieres pasar por el novio en problemas y correr darle explicaciones que no le debes, ve. Yo no voy a impedírtelo.- y abriendo la puerta, salió tranquila y triunfal dejando al RRB clavado al piso, asimilando la información.

Princesa tiene razón, se dijo luego de unos momentos, yo no le debo explicaciones. Apretó los puños y salió disparado por el pasillo que daba directo a la salida trasera del Instituto. Voló a toda velocidad hacia el bosque que pasaba los suburbios de Townsville por encima de las nubes, no quería que nadie lo viera y lo siguiera. El bosque era el único lugar en donde podía destruir y que nadie le dijera nada al respecto. Y la rabia que sentía en ese momento necesitaba salir urgentemente.

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Bubbles Utonium estaba enfadada. No enfadada, estaba furiosa. Llevaba casi hora y cuarto correteando por todo el Instituto y cada vez que daba con Boomer, el muy maldito desaparecía en un abrir y cerrar de ojos.

Las dos primeras veces pensó que era simple casualidad, en serio. Pero ya iban como diez veces que lo hacía, así que ya no le quedaba duda de que el muy necio estaba huyendo de ella. Sabía que él era el más veloz de sus hermanos, porque ella también lo era entre sus hermanas, pero no se explicaba en dónde se metía o cómo salía y entraba sin que nadie lo vea. Preguntó a varias personas si lo habían visto y nada. ¡¿Cómo demonios lo hacía?!

Estaba tan cansada de dar vueltas inútilmente y tan frustrada por no entender qué rayos había pasado, que estuvo a punto de voltearse e irse a su casa a deprimirse con una película romántica y cliché. Pero entonces lo vio.

El muy tonto estaba flotando espaldas a ella, apoyado en la esquina opuesta del pasillo en el que estaba ella. Tenía la cabeza levemente asomada por el borde, obviamente esperando a que ella apareciese para poder darse a la fuga otra vez.

Bubbles sintió una llamarada en su interior. No podía creer que fuera tan infantil para andar jugando al gato y al ratón con ella.

La escuela estaba casi vacía, ya era hora de que todos estuviesen en sus clases de educación física y sus compañeros ensayando la obra. Así que, valiéndose de su súper velocidad, se abalanzó sobre él y antes de darle tiempo a reaccionar, se encerró junto con él en el salón de ciencias.

-¡Ahora sí ya no te escapas! ¿Me quieres decir cuál es tu problema?- dijo una furiosa Bubbles en lo que se postraba frente a la puerta, asegurándose que Boomer no pudiese salir.

El rubio estaba que no se lo podía creer, tenía que admitirlo. Jamás se imaginó que ella tuviese… tanto carácter escondido dentro, que se animaría a hacer algo así. Dio un suspiro, no quería hablar de esto ahora ni tampoco ponerse a discutir.

-Quítate de la puerta, Bubbles…- dijo con voz cansada, pero dio un respingo cuando la vio enojarse aún más. La había cagado el doble. El rostro de la menor de las PPG se deformó en una mezcla de confusión, rabia y tristeza que hicieron que Boomer se odiara por un instante. No sabía qué hacer para no lastimarla.

-Me quitaré y te dejaré en paz cuando me hayas explicado por qué haces esto.- dijo intentando sonar tranquila, pero la voz le temblaba un poco.- ¿Qué he hecho, Boomer? Hace no más de una semana fuiste tú el que prácticamente me secuestró porque estabas celoso de Brad, ¿y ahora me evitas? ¿Qué sucedió?

-No pasó nada, ya déjame salir.- volvió a pedirle de nuevo, muy consciente de que no serviría de nada.

-Nada mis cojones. ¡Explícame qué te pasa! ¿¡Por qué me evitas!?- decía ella agitando los brazos por encima de su cabeza, el RRB tuvo que morderse la lengua para no reír. La verdad es que esa Bubbles infantil, enojada y mal hablada le hacía mucha gracia.

-Te digo que nada, ¿puedes parar ya?- le pidió con una sonrisa débil que no le fue devuelta. Sólo logró enojarla más. Suspiró.- ¿Algo más que decir?

-¡Que eres un imbécil y que si eres gay, dímelo de una vez!- gritó de corrido y sin pensar, para luego taparse la boca. Miró al rubio para ver cualquier rastro de ira, pero nada. Él estaba con la boca abierta como retrasado, cuando reaccionó, se echó a reír con ganas. Lo había tomado completamente por sorpresa. Le había ofendido el comentario, sí, pero lo que no podía creer era que la PPG tuviera… esas ideas.

-No sé de dónde sacas estas cosas, Bubbles…- dijo cuando se calmó; a la joven heroína le había dado un escalofrío cuando él la llamó Bubbles de esa manera.- Pero ya mismo te demuestro lo mucho que me gustan las mujeres, sobre todo las rubias…

Y en un parpadeo, la menor de las PPG tuvo al menor de los RRB besándola con una necesidad y una pasión tan palpables que pensó que no lo resistiría. Boomer había sido algo bruto, pero el fuerte abrazo que tenía en su cintura impidió que se cayera, porque las piernas estaban fallándole. Pasaron unos segundos antes de que ella le respondiera con la misma intensidad, dejándose guiar por él hasta que su espalda dio con la fría madera de la puerta. Se separaron cuando la falta de aire se hizo insostenible, pero sus rostros seguían a unos pocos centímetros. Boomer sintió la profunda mirada de Bubbles sobre él y la miró a los ojos. Por un instante, se sintió completamente indefenso ante su peor enemiga y la única chica que de verdad quería.

Nada sucedió, quiso decirle en cuanto se alejó unos pasos, pero no pudo. Sencillamente no pudo, porque ni siquiera él tenía tan en claro los motivos que lo llevaban a contenerse; y el hecho de que ella se viese endemoniadamente hermosa con el cabello suelto, revuelto y esa mirada enojada, no lo ayudaban para nada. Se revolvió el pelo, exasperado.

-¿Que qué sucedió? ¡La realidad sucedió, Bubbles!- le soltó de sopetón.- ¡Ya sé que fui yo el que empezó toda esta locura, y por eso voy a ser yo el que la termine!- finalizó con una determinación que en realidad no sentía.

La rubia lo miraba sin entender y, para su muy profundo pesar, con una creciente angustia.

-¿La realidad?- repitió, claramente confundida.

Boomer suspiró y cerró los ojos, tratando de calmarse. Ella no tiene la culpa, se repetía, fuiste tú el que la metió en esto.

-¿No lo ves?- le dijo en un susurro, y luego abrió los ojos para verla a la cara.- Nunca funcionaría. Tú y yo somos muy distintos, nuestras vidas, nuestros hermanos… todo es diferente entre nosotros. Yo soy el malo, tú la buena. Jamás nos dejarán en paz. Jamás van a dejarnos ser.- se dio cuenta que mientras más hablaba, más quería callarse.- Seamos honestos, esto no tiene ni pies ni cabeza. Es sólo un error. Será mejor que lo dejemos aquí y hagamos de cuenta que nada pasó. Todo tiene que volver a ser como antes.

Terminó de decirlo y de verdad le hubiese gustado hacerla a un lado de un empujón y salir corriendo por la puerta. Pero de nuevo, no pudo. No podría hacerle eso. Tal vez antes sí, pero ahora que ella sabía… lo que él sentía, no podría hacerlo.

Además, una parte de él moría porque ella le dijese que todo saldría bien, y que ella no lo dejaría ir tan fácil. Quería que lo abrace, que lo bese y que le diga lo mucho que quiere estar con él.

Pero la expresión de profunda decepción en el rostro de Bubbles le dejó en claro que eso no iba a suceder; al contrario, el que saldría más herido de ahí sería él.

-Te equivocas.- dijo ella de repente. Y siguió hablando antes de que él tuviese siquiera una oportunidad de replicarle.- Escúchame bien. Ya sé que somos diferentes, sé que no hubiese sido fácil y que hubiéramos tenido mil obstáculos en el medio, pero sabes tan bien como yo que sí hubiese funcionado. O al menos, lo hubiera hecho si tú tuvieras intenciones de pelear para que funcionara.- esa fue la primera bala.- Me has dejado en claro una cosa, Boomer, y es que no haces esto porque crees que no funcionaría entre nosotros. Haces esto porque tienes miedo de que sí lo haga. Tienes miedo de cambiar, porque sabes perfectamente que estando conmigo las cosas serán diferentes.- le espetó ella con lágrimas que con mucho esfuerzo lograba contener.

Y el RRB no encontró argumentos en contra, lo había acribillado. No podía negar nada de lo que había dicho, porque era la pura y simple verdad. Sí tenía miedo, pero ella se había equivocado en una cosa.

-Sí quiero luchar.- dijo en un arranque de vómito verbal. No lo pensó, sólo lo dijo. Sus ojos fueron directamente a los de ella, que si bien se ablandaron un poco, no fue lo suficiente para borrar la desilusión que le había provocado.

-Pero no lo harás.- le respondió, callándolo con la verdad otra vez.

Entonces, la rubia comprendió que no tenía sentido retenerlo más allí. Que por más que le doliese profundamente, tendría que dejarlo ir y esperar a que madurara. Pero, siendo honesta consigo misma, no estaba segura de si estaría dispuesta a esperar a que cambie.

Una pequeña chispa de rabia encendió el fuego en sus ojos, y la punzante mirada que le dirigió a Boomer lo clavó al piso.

-De todas formas, me alegra que me hayas dicho esto.- dijo y abrió la puerta dispuesta a irse, pero antes, le echó una mirada por encima del hombro.- No me gustan los cobardes.

Sin más que decir, cerró de un portazo y se fue a toda velocidad, dando rienda suelta a todas las lágrimas que había contenido. ¿Cómo es que alguien podía, en tan poco tiempo, hacer tanto daño?

...

Dentro de la sala, el RRB estaba hecho un lío. Tenía un remolino de emociones ocurriendo dentro de él. De un momento estaba furioso, después estaba profundamente desolado, luego estaba desesperado y, por un instante, estuvo a punto de salir volando tras ella y rogarle que lo perdone, que había hablado sin pensar y que no quería dejarla. Pero no hizo nada, y no supo tampoco si alegrarse u odiarse por eso.

Después de todo eso era lo que él quería, ¿cierto? Que las cosas vuelvan a ser como antes, ¿verdad? Las cosas no podían ser de otro modo, ¿no?

Dio un golpe a la pared. Mentira. Claro que eso no era lo que él quería, y claro que las cosas sí podrían ser distintas. ¿Por qué no lo eran? Porque Bubbles tenía razón.

Él era un cobarde.

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-Sigo pensando que es muy cursi.- decía Buttercup mientras se daba la vuelta y caminaba hacia el otro extremo de la azotea. Oyó a Brendan soltar una risa y caminar lentamente hacia donde estaba.

-¡Anda! Estoy seguro de que una parte de ti se muere por tener una cita romántica y dulce hasta la diabetes conmigo.- dijo mientras la abrazaba suavemente por detrás.

Buttercup estaba… incómoda. No sabía qué demonios le había pasado a Brendan, pero se estaba comportando muy raro. El chico con el que había salido la otra vez era completamente distinto al que estaba con ella hoy. Uno parecía estar hecho de dinamita y el otro parecía hecho de una lluvia de corazones. Prefería un millón de veces al primero.

Se zafó de sus brazos y lo miró detenidamente. Era exactamente la misma persona. ¿Cómo alguien podía cambiar tanto en sólo unos días?

-¿Te ocurre algo?- preguntó el chico, que no entendía qué diablos Buttercup estaba haciendo.

-¿A mí? No, nada. Es que…- ¿qué te ocurre a ti? Estuvo a punto de soltarle, pero prefirió mejor no hacerlo. Quizá eran ideas suyas, después de todo.

Brendan comenzó a atar cabos en su cabeza. ¿Podría ser que ella se hubiera dado cuenta? No, imposible. Conociendo a Buttercup, se lo escupiría a la cara sin ningún tipo de reparo. Pero aún así, si todavía no se había dado cuenta, no estaba muy lejos. Y eso era justamente lo que tenía que evitar que suceda. No sabía muy bien por qué, pero desde que posó sus ojos en ella, una ola de posesividad se había apoderado de él.

-De acuerdo, está bien. Hagámoslo a tu manera, ¿qué quieres hacer?- para su alivio, la vio relajarse un poco.

-No sé, había pensado en volver al paint ball. Eso fue muy divertido. Aunque también podríamos hacer como la vez pasada y…- el ringtone de la línea de emergencia la interrumpió. Sacó el celular de su bolsillo y atendió enseguida.- ¿Alcalde?

El moreno sintió que lo salvó la campana. No tenía idea de qué habían hecho Butch y Buttercup en su cita, y eso lo hubiera dejado en evidencia. Sabía también que ir con ella a donde sea que hubiese peligro era una mala idea. La PPG no era de las chicas a las que les gustaba ser salvadas, lo mejor sería dejarla hacerse cargo sola. La vio fruncir el ceño y le picó la curiosidad, ¿qué estaría pasando?

-Yo me encargo.- y colgó. Sin siquiera voltearlo a ver, salió volando a toda velocidad. Brendan pensó que quizá sería un monstruo muy grande, o tal vez uno de los de La Banda Gangrena que sabía que le caían muy mal. Le restó importancia y se sentó, iba a esperarla.

Pero lo que Brendan no sabía, era que cierto RRB moreno estaba armando el lío del mes en el centro de la ciudad. Y lo que de verdad había tomado por sorpresa a Buttercup, era que estaba solo.

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Ya llevaba hora y media embistiendo árboles, quemándolos con su visión láser y golpeándolos hasta reducirlos a astillas. Estaba cansado y hecho un asco, pero la rabia no había disminuido, de hecho, era lo contrario. Brick estaba furioso. Odiaba admitir que Princesa tenía razón. ¿En qué diablos estaba pensando? ¿Cómo se le ocurrió salir corriendo detrás de ella? Lo que empeoraba la situación y aumentaba su ira, era que realmente estaba dispuesto a salir como perro con la cola entre las patas a rogarle que lo escuche y no saque conclusiones.

Cinco árboles cayeron de un solo golpe. ¿Qué mierda le pasaba? Él y Blossom no eran nada. Lo que él hiciera o dejara de hacer era SU y nada más que SU problema. Ella no tenía nada que hacer ahí, y él no tenía nada que ir explicarle. Se odió por unos instantes, al darse cuenta de que por más que su cerebro le dijera que esa era la realidad, el pecho se le estrujara con algo que no sabía qué era. No se atrevía a ponerle nombre.

Otros cinco árboles fueron quemados, seguía furibundo. Pero cuando se descubrió imaginando la cara de su clon en lugar de la rama del árbol cuando la golpeó, se enfureció aún más.

¿Cuándo había pasado esto? ¿Cuándo lo que dijo de estar celoso pasó de ser a una broma con un deje de verdad a ser una verdad inminente? ¿Cuándo se permitió ser tan débil? ¿Cuándo le permitió a Blossom hacerle esto?

Se recargó en uno de los árboles que todavía seguían en pie. Estaba agotado y tenía la respiración entrecortada cuando se dejó caer hasta sentarse en la hierba. Se puso ambas manos en la cabeza y comenzó a respirar pausado, logrando tranquilizarse un poco. Cuando alzó la vista unos minutos después, ya mucho más calmado, se dio cuenta de que él conocía este lugar.

Se puso de pie y supo que efectivamente ya había estado ahí. Caminó un par de pasos al frente y ahí estaba. Fue justo en ese claro donde había encontrado a su peor enemiga dormida y volando de fiebre hacía ya un tiempo. Se acercó lentamente al lugar y se arrodilló frente a la base del árbol de la misma forma en la que lo había hecho aquella vez. La primera vez que sintió lo que la gente llama compasión por en toda su vida.

Recordaba perfectamente la silueta de la joven heroína recostada justo en frente suyo. También recordaba el hormigueo que había sentido en la punta de sus dedos cuando vio aquellos finos y brillantes cabellos siendo iluminados por la tenue luz que dejaba aquel día de tormenta, había tenido que resistir el impulso de pasarle los dedos por los mechones sueltos. Fue, además, la primera vez que vio su expresión de completa paz en lugar de la feroz mirada que tanto estaba acostumbrado a ver; también fue la primera vez que se descubrió a sí mismo contemplarla de verdad.

Rió de la irónica situación en la que estaba ya que inconscientemente, había ido él mismo hacia el lugar que tanto se había esforzado por olvidar.

Se sentó apoyando la espalda en el tronco de aquel dichoso árbol, y no pudo evitar sentir que un peso se le había bajado de los hombros para ser suplantado con uno el doble de pesado. ¿Qué más da? Tenía que admitirlo, ya que parece que era obvio para todo el mundo, menos para él.

Se había enamorado de Blossom. Seguir negándoselo a sí mismo era estúpido, como también fue estúpido de su parte no haberlo previsto y haberse hecho a un lado cuando aún podía evitar seguir involucrándose. Ahora ya era demasiado tarde.

Era gracioso, pero de no haber sido por Princesa y su patético numerito de chica mala, quizá ahora seguiría esforzándose por ser un idiota y continuaría negándose lo evidente. Seguiría confundiéndose a sí mismo aún más. Ahora ya no. Esa misma tarde, cuando la vio parada frente a ellos con aquella expresión de genuino asombro fue que lo entendió.

Cuando sus ojos chocaron, pudo ver en los de ella más que la sorpresa. La vio dolida, decepcionada. Como si la hubiera traicionado. Y si bien en aquel momento sintió una punzada en el pecho, ahora esa mirada le daba una esperanza que no sabía si debía alegrarlo y espantarlo. Porque esa mirada significaba que sí le importaba. Que a Blossom él no le era indiferente y, se atrevería a decir, que ella también sentía algo por él. Pero descartó ese pensamiento en el mismo instante en el que el rostro de su clon se le vino a la mente. Bufó molesto. Aquel maldito era el verdadero obstáculo, porque sabía que la PPG también sentía algo por ese imbécil. Además, cada vez que sentía que se acercaba un paso a Blossom, algo sucedía que lo mandaba cinco atrás. Era realmente frustrante.

De todas formas, ya no había nada más que hacer. Ella lo encontró con Princesa en una situación para nada inocente y lo más seguro es que luego haya corrido a los brazos de su maldito clon a que la consuelen. Las cosas no podrían estar peor. Además, no es como si las cosas entre ellos pudieran funcionar, así que ¿qué más da?

Entonces, nuevamente fue golpeado por la realidad. Se levantó de golpe y comenzó a caminar en círculos. ¿Cómo no lo pensó antes?

Si Blossom de verdad estaba tan metida en su relación con su clon, ¿qué rayos estaba haciendo en el cuarto de limpieza esa tarde? Porque estaba más que seguro de que lo estaba buscando a él. Lo sabía. Lo vio. No tenía muy en claro cómo lo sabía, pero no tenía dudas de que la pelirroja lo estaba buscando a él.

Ahora, la pregunta era ¿por qué?

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-¿Y a ti qué mierda te pasa?- preguntó Buttercup en lo que esquivaba uno de los potentes puños de Butch.

Se alejó un par de metros de él en el aire, y vio que él hizo lo mismo. Se tomó un tiempo para analizarlo bien. Aquel día Butch estaba distinto. En el lugar de la sonrisa sádica y emocionada había un ceño fruncido y una mirada colérica, eso sólo podía significar una cosa: Butch estaba de muy mal humor. Y cuando Butch estaba de mal humor, era mucho más peligroso.

-¿Y bien? ¿Hoy no vendrá mi clon a salvarte?

-No necesito que nadie me salve, imbécil. Así que confórmate conmigo y pelea.- le espetó, sintiéndose ofendida. Por un segundo creyó verlo sonreír. Pero cuando se lanzó sobre ella con la misma mirada asesina, se dijo que probablemente fue su imaginación.

No entendía qué demonios le había pasado. No sabía qué es lo que lo habría mandado a montar semejante numerito solo en pleno centro de la ciudad. Los RowdyRuff Boys nunca actuaban por separado, ¿qué rayos se traía entre manos?

-Qué raro verte a ti sola, ¿y tus hermanas qué? ¿Hay toque de queda en el convento?- preguntó, como si le hubiera leído la mente. Buttercup por poco y no esquiva su visión láser.

-Lo mismo puedo decir yo de ti, ¿tus hermanos también vendrán o a ti solito te echaron a patadas del manicomio?- dijo, propinándole una buena patada en el estómago. Butch salió disparado hacia el pavimento y dejó un importante cráter en el medio de la avenida. La PPG decidió que ya habían hecho suficiente desastre, así que lo mejor sería llevar la pelea a otro lugar.

Cuando el moreno salió el hoyo fue directo hacia ella, y por la mirada que traía, estaba dispuesto a matar. Buttercup emprendió vuelo hacia el sur de la ciudad, donde los barrios estaban llenos de edificios abandonados y terrenos baldíos. Mientras, se hacía a la idea de que probablemente, y si Butch seguía así, hoy saldría lastimada. Pero no más que él.

Por su parte, Butch estaba hecho un lío. Sabía que no tenía que descargar su ira en Buttercup. No estaba haciendo más que empeorar la situación y empujarla todavía más hacia el maldito de Brendan. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Pelear era lo único que servía para calmar sus nervios y la PPG siempre había sido la única en su talla de pelea. Así que decidió pelear hoy y arrepentirse mañana.

Siguieron volando por unos minutos, en los que Butch lanzaba rayos a diestra y siniestra intentando derribarla sin suerte. No fue hasta que una bandada de pájaros pasó entre ellos que el RRB logró llegar hasta ella. La tomó el tobillo y se dejó caer, arrastrándola con él.

Atravesaron el frágil techo de una fábrica abandonada y rodaron por el piso, levantando polvo a su paso. Cuando se detuvieron, Buttercup estaba tendida boca arriba con Butch encima de ella, sosteniéndole las muñecas con ambas manos.

El RRB tenía algo de polvo en los ojos, por lo tanto, tenía la vista nublada y no veía muy bien. Para cuando recobró la nitidez al segundo siguiente, no vio la mirada furiosa de la PPG, la vio con los ojos abiertos como platos totalmente asombrada.

Butch no entendía por qué ella parecía tan sorprendida, cuando también él lo recordó.

Flashback

Estaban en la playa. Llevaban juntos más de dos horas, ¿o habían sido tres? La verdad es que ninguno de los dos se había dado cuenta. Se lo estaban pasando en grande. Habían hecho todo tipo de cosas, Butch le había enseñado a saltar de los acantilados más altos y esquivar las fuertes olas, que si llegaban a arrastrarte, podría ser fatal. Buttercup le había enseñado a usar los tornados para formar olas altísimas, volar entre ellas y salir justo antes de que te devoren y te azoten contra las piedras.

La verdad es que jamás lo imaginó (o tal vez sí), pero Buttercup era todo lo que él quería en una chica. Era divertida, fuerte y tenía un culo de fábula. Además, con ella no tenía que andar constantemente teniendo cuidado de no lastimarla, ella no era una frágil humana que al mínimo descuido tenía un brazo roto. Ella era como él y al mismo tiempo no. No sabía cómo explicarlo, pero le encantaba.

No entendía muy bien qué había pasado, pero ahora estaban jugando a las atrapadas. Buttercup estaba a varios metros en el aire huyendo de él mientras reía como loca y él la perseguía intentando atraparla sin suerte.

-¡No sabía que eras tan lento!

-¡No sabía que eras una tramposa!

Así estuvieron varios minutos, hasta que Butch consiguió tomarla del tobillo y la arrastró a la arena con él.

Rodaron un par de veces hasta que se detuvieron, ambos destornillados de la risa. Butch, que había quedado encima de Buttercup, dejó de reír un poco y levantó la cabeza para verla mejor.

La morena tenía el cabello revuelto, lleno de arena y aun reía como desquiciada. Le devolvió la mirada, unos ojos color esmeralda brillantes y tan llenos de fuego que a Butch se le estrujó el pecho. ¿Siempre había sido tan hermosa?

La expresión de asombro del chico la debe haber desconcertado, porque paró de reír y lo miró confusa. Estuvo a punto de preguntarle qué le pasaba, pero un par de labios chocaron contra los de ella de forma tan brusca que le quitó el aire.

La estaba besando como si no hubiera un mañana. No supo de dónde le nació hacerlo, pero lo hizo. Y maldita sea, no iba a arrepentirse nunca. Había besado a muchas chicas antes que a Buttercup, pero nunca en su vida había encontrado a alguien que le devolviera la misma intensidad que él. Pelear con su lengua era lo mismo que pelear con ella, divertido, apasionante y (para qué negarlo) adictivo. No se enteró cómo ella había logrado empujarlo, tenderlo en el suelo y subírsele encima, pero no se quejaba. Las manos de ella le revolvían el cabello mientras que las de él corrían desesperadas por todo lo que pudiese tocar.

Aun con aire en los pulmones, se sentó con ella a horcajadas y siguieron besándose con ese desenfreno tan típico de ellos por unos instantes más.

Entonces, el celular de ella sonó y los interrumpió. Butch maldijo por lo bajo y ella se rió divertida. Se separó de él y se sentó a un lado, viendo que el mensaje era del Profesor, que le pedía que volviera a la casa, porque en un par de minutos estaría lista la cena. Un minuto, ¿cena?

-¿Es de noche?- soltó sorprendida, mientras miraba el cielo estrellado. Butch la imitó y no se lo pudo creer ¿en qué momento había anochecido?

Se miraron entre ellos y comenzaron a reír de nuevo. Buttercup se puso de pie él la imitó.

-Tengo que irme.- el RRB se mordió la lengua, estuvo a punto de pedirle que no se fuera.- Nos vemos luego, Brendan.- y luego de dirigirle una sonrisa malévola que le produjo un sacudón hormonal, se fue.

Fin del flashback

Oh, por Dios. Oh, maldita sea.

Se separó de ella como si le quemara y Buttercup lo imitó. Se miraron por varios segundos, ambos completamente espantados con la situación.

Butch estaba dándose bofetadas mentales. ¿Por qué el tobillo? ¿Por qué mierda no pudo haberla tomado de la rodilla? ¿Por qué siempre la cagaba? Y lo que era aún más importante ¿se habrá dado cuenta?

Pero la expresión de Buttercup no ayudaba. No sabía si se había dado cuenta y estaba en shock o si simplemente estaba espantada de haberlo tenido tan cerca (admitía que eso le había dolido un poco). Pero antes de que siquiera pudiese moverse, ella salió disparada por el mismo agujero que dejaron al estrellarse, dejándolo ahí en el piso, con más dudas que nunca.

Porque el día de la playa, luego de que ella lo haya llamado Brendan cuando se despidió, Butch se quedó un par de minutos ahí. Se había dado cuenta de que ese día no le pertenecía. Que lo que había pasado con Buttercup y la conexión que sintió tampoco le pertenecían. Todo era de su clon, porque él había sido lo suficientemente tonto para hacerse pasar por él.

Ahora ya no había vuelta atrás. Había comprobado lo que tanto venía presintiendo hace ya unos meses. Buttercup le gustaba, pero él a ella no. Y si seguía involucrándose, el único que saldría lastimado era él. También sabía que esa herida sería profunda, y no se iría tan rápido como las de sus batallas.

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-¡No, no, no y no! ¡La idea es que parezcas triste, Mitch! ¡Ahora parece como si hubieras comido pescado podrido y tuvieras indigestión! ¡Así no nos sirve!- gritaba el profesor de teatro agitando el libreto en su mano. La clase entera comenzó a reírse carcajadas.

-¡Les dije desde un principio que era un asco para esto! ¿Por qué diablos hacemos un musical? ¿No podemos hacer una obra común y corriente?- se quejaba el otro bajándose del columpio de utilería.

-¡En primera, cuida el lenguaje! ¡En segunda, lo mejor sería que comiences a intentar que salga bien, al menos que quieras que volvamos a interpretar Romeo y Julieta!- amenazó el profesor. Robin, que se negaba rotundamente a hacer esa obra de nuevo, golpeó a su compañero con el dorso de su libreto.

-¡Deja de quejarte y sigue la pista, que al menos a ti no te hacen cantar!- lo regañó mientras lo tomaba de un brazo y lo arrastraba al otro extremo del escenario, donde comenzaba el número. Mitch sonrió de lado y le desacomodó la peluca, soltando una risa nasal cuando ella lo miró feo y le dio un ligero golpe en el hombro.

-¡Desde arriba!- y se pusieron a ensayar de nuevo. Otra vez, salió mal.- No lo puedo creer… ¡El resto, tómense cinco minutos! ¡Mitch, Robin, vengan aquí!

La clase se dispersó por la sala de teatro y se pusieron a conversar entre ellos. Ese día estaban todos. Desde los RRB, hasta las PPG.

Ya había pasado una semana desde que se había desatado el caos. Y por supuesto, nadie se había dirigido la palabra. Blossom ignoraba a Brick como si este no existiese, no lo miraba, no le hablaba, no nada. Brick, por su parte, le echaba una mirada discreta de vez en cuando, esperando encontrársela observándolo pero no. Jamás pasó. Necesitaba hablar con ella, pero su orgullo le impedía ser el primero en ceder. Los rojos no estaban en una buena situación.

Los azules no estaban mejor. Bubbles tampoco le dirigía la palabra a Boomer, pero de vez en cuando le dirigía una mirada feroz que este ignoraba, mirando hacia otro lado. Esto no hacía más que enfurecer aun más a la más pequeña de las PPG, que cada vez se convencía más de que él jamás se la jugaría por ella. Y esto, además de enfadarla, la lastimaba todos los días un poco más.

Los verdes estaban en una situación rara. No es que estaban furiosos el uno con el otro, más bien parecían asustados. Se evitaban, y si sus miradas chocaban, apartaban los ojos como si hubieran visto un fantasma. Desde aquel día, tampoco habían vuelto a hablar o a pelear. Nada. Lo cual extrañó a todos, ya que esos dos no podían pasar más de tres días sin soltarse aunque sea uno que otro insulto.

Las tres PPG estaban sentadas al otro extremo de donde estaban ellos, en realidad. Hablando de cualquier trivialidad que no los involucre. Esa intuición fraternal les decía que ese era un tema delicado por el momento, y lo mejor era no mencionarlo.

Por suerte, ya al fin de la clase, llegó su castaña amiga a disipar tensiones.

-No puedo creer que el profesor me haga esto.

-¿Qué pasa?- preguntó Bubbles al verla tan indignada.

-Dice que si Mitch no mejora de aquí al viernes próximo, la obra será sí o sí Romeo y Julieta. Y lo que es peor, ¡seguiremos siendo los protagonistas porque "tenemos química"!- hizo ademanes con los dedos mientras seguía quejándose- ¿Pueden creerlo? ¿Mitch y yo? ¿Química? ¡Por favor! ¡Encima el muy desgraciado se rió! ¡Es tan descarado!

Las otras tres se echaron a reír de buena gana. Siempre podían contar con Robin para olvidar los problemas y divertirse un rato.

-Admite que tiene razón. Entre Mitch y tú saltan chispas. ¡Son perfectos para los papeles!- exclamó la rubia mientras aplaudía emocionada. Robin rodó los ojos. Las otras dos asintieron.

-Además, si prometes enseñarle tu sostén negro si la obra sale bien, estoy segura de que Mitch hasta será nominado a los Oscar.- dijo Buttercup moviendo las cejas, sus dos hermanas volvieron a estallar en risas.

-Acabas de espantarme hasta el tuétano. ¿Tú te escuchas cuando hablas?- inquirió Robin completamente crispada, llevándose una mano al pecho.

-No está mal, debes reconocer que es una buena idea. Con un chantaje así, la obra será un éxito.- dijo Blossom echándole una mirada cómplice a su hermana morena, quien asentía a lo que ella decía, Bubbles sonrió con intención y le sacudió el brazo a la castaña.

-Jamás creí que te oiría decir algo semejante, Blossom.- dijo Robin.

-¡Sigues sin negarte! Te gusta el chico, acéptalo.- decía Bubbles mientras le picaba el hombro.

-¡¿Qué tienen todas ustedes hoy contra mí?!

Las tres volvieron a reír pero se detuvieron en seco, cuando oyeron la voz de Butch quejándose de la música y una risa disimulada de varios alumnos. Las tres miradas de las PPG se posaron en los RRB por un breve instante, la apartaron enseguida y volvió ese ambiente pesado y tenso entre ellas. Robin giró la cabeza entre ellos y ellas un par de veces, antes de mirar a sus amigas.

-Vaya, vaya, vaya… Si las miradas matasen, ¿verdad?- dijo, llamando la atención de las tres chicas, que parecían alarmadas.- Bueno, ¿qué sucede? ¿Problemas en el paraíso de los chicos malos?

Antes de que alguna pudiese responder, Mary (una compañera de clase casi desde jardín de niños) se subió al escenario y les llamó la atención a todos.

-¡No sé si lo saben, pero este fin de semana es mi cumpleaños número 17!- anunció feliz.

-¡A nadie le importa, barril de grasa!- gritó Princesa desde atrás y su séquito de estúpidas rieron ante el chiste. El resto de la clase, que en su mayoría se llevaban bien con Mary y no tenían a la niña rica en muy alta estima, la fulminó con la mirada. La propia Buttercup se puso de pie lista para defender el honor de la chica, pero Blossom y Bubbles la sentaron de un tirón. No era el momento.

-Bueno… ¡La cosa es que haré una fiesta en mi casa es sábado por la noche, y espero que todos estén allí!- terminó intentando ignorar el cruel comentario sobre su cuerpo.

-¿"Todos"?- preguntó Buttercup lo suficientemente alto para que todos la oyeran mientras miraba fijamente a Princesa y a sus amigas. El resto quedó en total silencio, esperando la respuesta de la cumpleañera.

-Eh… Sí. Todos. ¡Creo que ya es hora de que empecemos a llevarnos bien!- dijo volviendo a sonreír con ganas.- ¿Vendrán, entonces?

-Ay Mary, a veces tú y tu alma samaritana me sacan de mis casillas.- se quejó Robin, dándole la espalda a todo el escándalo y dirigiéndose sólo a sus tres amigas, que estaban de completamente de acuerdo.

Princesa seguía detestando el hecho de que cada vez que ella hacía o decía algo, tenía a las Súper Poderosas en frente robándole la atención y la gloria. Se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia donde estaba centrada toda la clase.

-¡Por supuesto que sí!- exclamó con fingido entusiasmo y una sonrisa que a las PPG y Robin se les antojó malévola.- Y tienes razón, creo que es hora de que todos nos llevemos bien.

-Esto me huele mal.- susurró Blossom a las otras tres, que asintieron. Sea lo que sea que la pecosa estuviese planeando sólo era una cosa clara: no sería nada bueno.

-Entonces supongo que ellos también pueden venir, ¿no?- dijo colgándose del cuello de Brick y sonriéndole inocentemente a Mary, que parecía algo sorprendida. Toda la clase volvió a quedar en silencio luego de que la niña rica arrojara la bomba. El mayor de los RRB estaba visiblemente incómodo, pero para sorpresa de todos simplemente se quedó quieto, sus hermanos igual.

-¡Desde luego!- replicó Mary, nunca le cayeron mal los RRB. No le importaba que fueran villanos.- Cuando dije todos, quise decir todos.

-¡Genial!- volvió a exclamar Princesa mientras se soltaba del cuello de Brick y se volteaba directamente al trío de súper heroínas y su amiga, aunque su mirada estaba puesta principalmente en Blossom.- A ustedes no les molesta ¿verdad, chicas?

Un silencio sepulcral invadió el salón de teatro. Todos los alumnos sudaban frío, esperando a que en cualquier momento el duelo de miradas entre las 5 chicas se transformara en una pelea de verdad (sobre todo, conociendo a Buttercup). Los RowdyRuff Boys estaban también atentos a la escena, aunque lo que más les interesaba era la respuesta que vendría de sus contrapartes. ¿Gritarían que jamás en la vida irían a la misma fiesta que ellos? ¿Los acusarían de criminales y que no podían ir? ¿Qué harían?

Robin, que no quería darle a Princesa el gusto de salirse con la suya, intervino antes de que la cosa pasara a mayores.

-Como ya ves, no. Aunque personalmente, quisiera que la que no vaya seas tú.- y con toda la elegancia que poseía, se volteó e invitó a las demás a que la siguieran. Bubbles y Blossom tomaron cada una a Buttercup (que estaba a punto de hacer que la niña rica tuviera que pagar otra reconstrucción de rostro) de un brazo y la arrastraron fuera del salón.

Princesa, que aún disfrutaba haber sacado a Blossom de su posición altiva, se volteó de nuevo para encarar a sus compañeros que la miraban sin creérselo. Sonrió encantada de tener toda la atención en ella.

-¡Pues bien, que comience la fiesta!- anunció feliz.

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Continuará

Detesto a Princesa. Sencillamente la odio. ¿Saben qué es lo peor? ¡Yo manejo su personaje!

Bueno, esta vez no tardé tanto como suelo hacerlo (aunque aún así tardé muchísimo). ¡Y hasta ahora, y creo que ya lo he dicho varias veces, este es el capítulo que más me gusta! Ya se comienzan a aclarar las cosas y ¿lo mejor? ¡La próxima hay fiesta!

Y por si no lo saben, cuando uno tiene 17 años, ¡ya hay alcohol! ¿Se imaginan a las PPG alcoholizadas? ¡Yo sí, y ustedes ya lo harán también!

En fin, ¡espero que les haya gustado!

¡Nos vemos la próxima!

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¿Review?

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