XII
–¡Ya no sé qué más hacer! –lloriqueaba Akari sin descanso, salvo para comer la cena que su hermana le había preparado–. No sé me ocurre ninguna forma de hacerme destacar entre la multitud.
Después de la charla tan emotiva con Kyoko, que le dejó más desanimada que inspirada, la joven de cabellos rojos regresó en el tiempo hasta la época en que su hermana vivía sola en casa de sus padres con la esperanza de que ella volviera. Al parecer, su primer intento por evitar su secuestro no había cambiado nada en el flujo temporal, pues Akane recordaba a la perfección la visita de su hermana.
–Y no podemos aceptar lo que dijo Kyoko –dijo la hermana mayor, admirando como Akari comía.
–Ella solo lo dijo en broma… una muy cruel –hizo una pausa la pequeña–. Pero no puedo darme por vencida.
–Bueno, puede que funcione si te escondes por un tiempo. No salir de casa o que yo siempre te acompañe –propuso con un rubor en sus mejillas Akane.
–Pero no quiero que lastimen a onee-chan –replicó Akari con preocupación–. Sugiura-san dice que el ejército está muy interesado y no me dejaran en paz. Y si es cierto eso… me llevaran de cualquier forma –su voz se debilitaba con cada palabra, se sentía muy impotente en ese momento–. ¡No sé qué hacer!
–Tranquila –le dijo su hermana mayor con una sonrisa. Se levantó de su asiento y le revolvió el cabello a la pequeña–. Creo que lo mejor que puedes hacer es subir tus calificaciones. Es lo más sencillo.
–Pero no tengo malas notas en la escuela.
–Eso lo sé –sonrió–. Pero debes hacer más que eso, convertirte en la genio de la clase. Si todos los profesores te eligen para responder las preguntas y tus compañeras te piden ayuda con la tarea, ya no pasarías desapercibida.
Akari lo meditó por unos segundos. Si llevara a cabo ese plan podría regresar a su época y elevar sus calificaciones de manera considerable, incluso podría ser más activa con su vida escolar para darse a notar. El único problema es que no tenían idea de cuánto tiempo llevaba siendo espiada por el ejército japonés. Si le espiaban desde su primer año, tendría que ir al pasado y hacer trampa en sus exámenes. No le agradaba la idea, no le gustaba ser deshonesta en ningún aspecto de su vida.
–Akari –le despertó de su meditación Akane–. Si tienes que hacer trampa, hazla.
–¡Pero onee-chan! –se sorprendió en ese momento–. Siempre me decías que fuera buena, que no hiciera trampa nunca.
–Lo recuerdo bien. Pero creo que cuando está en juego tu propia vida, puedes romper las reglas –le tranquilizó. Era increíble como, hasta en aquel momento tan difícil, Akane no dejaba de hablar con su voz calmada y alegre. Esa era una de las cualidades que Akari más admiraba de su hermana, esa paz que reflejaba en todo momento.
–Onee-chan –dijo aun sorprendida. Tras mirar su sonriente rostro, ese mismo que nunca le ignoró y siempre estuvo a su lado para cuidarle y aconsejarle, le devolvió la sonrisa–. Lo haré, pero solo porque es consejo tuyo –rió con ganas, como no había podido hacerlo desde aquel día en que encontró la máquina del tiempo; a esto se sumó Akane, que también reía a carcajadas. Al recuperar el aliento, se abrazaron como no lo había hecho en años y permanecieron así hasta que el timbre de la puerta principal sonó.
–¿Quién será a estas horas? –se extrañó Akane. No recibía visitas muy a menudo y no esperaba la entrega de ningún paquete–. Espera aquí, ya regreso.
–Ah no, me esconderé en el piso de arriba, recuerda que nadie debe verme.
–Es cierto –dijo con voz tranquila y su acostumbrada sonrisa–. No queremos destruir el universo.
–Recordaste esa película –comentó Akari feliz, corriendo hacia las escaleras.
–¡Por supuesto! Es de nuestras favoritas –respondió Akane caminando tranquila hacia la puerta principal.
La pequeña Akari subió los escalones lo más rápido que pudo, saltándolos de dos en dos para evitar ser vista. Aunque ya era de noche, la hora rondaba cerca de las nueve, cuando mucha gente sigue fuera de sus casas y el servicio de comida rápida a domicilio sigue disponible. Motivada por la curiosidad y temerosa por la seguridad de su hermana, Akari solo subió las escaleras y se acostó en el piso al subir el último peldaño para ver de lejos quien llamaba a la puerta. No le preocupaba en absoluto que la vieran, eso era imposible, podía ser invisible cuando quería y aun cuando no quisiera serlo. Desde el segundo piso pudo ver como Akane abría la puerta, dejando entrar a una mujer que le era muy familiar. Al reconocerla, tuvo que cubrir su boca con ambas manos para ahogar su grito. Se trataba de la Tomoko Yoshikawa, la hermana mayor de Chinatsu.
–Entonces –tartamudeo aterrada–. Esta noche es cuando… regreso a casa.
No hacía falta espiarlas para saber que ocurría en ese momento; ya había leído eso en el manga de Kyoko. Tomoko se presentó en la casa de Akane para hablar sobre el asesinato de Chinatsu, aunque ya hubiesen pasado más de dos meses, y es que con la desaparición de Akari y este último hecho, las dos chicas sentían que estaban solas en el mundo y que solo se tenían a ellas. Pero esto no era lo que preocupaba a la pequeña Akari; no era un problema que Akane recibiera a Tomoko con una sonrisa contrario a lo que debía pasar, o que los últimos días fueran más alegres para la mayor de las Akaza. El enredar el flujo temporal no era importante; lo que en verdad le preocupaba era que en cualquier momento Akane se daría cuenta de que alguien entraba a la habitación prohibida: la antigua habitación de la viajera del tiempo. Tenía que evitar ese encuentro, sabía que las consecuencias de este serian desastrosas para Akane; terminarían lastimándola porque, perdida en su amor fraternal, le ayudaría en los homicidios; o eso era lo que pensaba. En un incidente curioso, faltaba un tomo del manga "Akarin", justo el volumen que relataba el encuentro de las hermanas Akaza.
Tenía que evitar ese encuentro a como diera lugar; si Akane subía hacia la habitación prohibida ya no podría ayudarle y se convertiría también en una asesina; pero si las dos Akari se encontraban, las consecuencias podrían ser terribles para todo el espacio-tiempo, o bien, no ocurrir nada relevante y solo quedar en un momentáneo shock.
Tomoko comenzó a llorar desconsolada, esa era la señal de que su tiempo se acababa. En cualquier momento Akarin, como se haría llamar en esa época, entraría en la habitación. Las opciones eran pocas, no podía bajar las escaleras para llamar la atención; tampoco podía hacerse frente a si misma, menos huir en la máquina del tiempo que estaba al otro extremo de la casa. En su apuro, tomó un retrato que estaba colgado en la pared lo arrojó al suelo; tenía que llamar la atención de Akane. Por un momento su plan dio resultado, de inmediato escuchó a Akane disculparse con Tomoko y subió a buscar la fuente de aquel ruido tan fuerte.
–¿Estas bien? –preguntó Akane al ver a su hermanita frente a un montón de vidrios rotos.
–Sí onee-chan.
–¿Qué paso con el retrato?
–Yo lo tiré. Es que tengo que decirte algo muy importante –tomó la palabra Akari antes de que Akane le formulara más preguntas–. Esta noche voy a volver a casa, en cualquier momento entrare en mi habitación.
–Espera, ¿de que estas hablando? –preguntó sumamente confundida.
–Onee-chan, la persona en la que me convertiré está aquí. Tenemos que irnos ahora mismo –dijo la pequeña sumamente preocupada.
–Calma, puedes esconderte en mi habitación. Yo me hare cargo de tu versión malvada –le dijo con toda calma. Estaba por regresar a la sala, pero Akari se arrojó a ella y le detuvo.
–Por favor, no lo hagas –dijo al borde de las lágrimas–. No sabes lo que va a pasar.
–Akari, tranquila –masculló Akane recuperando el equilibrio–. Quizá eso debe pasar.
–¡No! –gritó de pronto la pequeña, silenciándose de golpe. Acababa de cometer un error.
–¿Akane? –preguntó Tomoko desde el piso de abajo–. ¿Qué fue eso?
–No es nada –mintió la pelirroja–. Se cayó un retrato y me corté el dedo, pero no te preocupes.
–¿Segura que estás bien? –la voz de Tomoko se escuchó más cerca.
–Sí, todo bien. Ya bajo –le tranquilizó. Luego, cargando a su hermana, se dirigió a su habitación para esconderla ahí mientras le susurraba–. Solo quédate dentro; si las cosas se salen de control huye en la máquina.
–Pero onee-chan –insistía Akari.
Sus palabras no eran escuchadas, pues Akane le ignoraba. Se quedó parada, mirando hacia la habitación de Akari; su expresión pasó de la calma al enojo, aunque era visible también el miedo. Aquello solo podía significar una cosa.
Sin decir nada, dejó a su hermana menor en el suelo y corría hacia la habitación prohibida. Ya era el momento que temía la pequeña Akari; el encuentro de su hermana con Akarin parecía inevitable, pero no iba a rendirse. No importaba que tan difícil fuera, tenía que evitarlo a toda costa. Siguió los pasos de Akane, pero ya era tarde, la puerta estaba abierta. La mayor de las Akaza estaba sorprendida de lo que veía; una chica pelirroja de su misma estatura, atlética, vestida con unas botas y pantalón militar, una blusa negra al igual que sus guantes, un cuchillo colgado a su cintura y una mirada vacía.
–Nee-san –dijo la invasora.
