CAPÍTULO DEDICADO A MI QUERIDÍSIMA AMIGA GEISHAPAX

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

CAPÍTULO XII. ACCIDENTE.

Eran las cuatro de la mañana, Leon y Claire ya estaban instalados en la comodidad del avión, en la primera clase, disponían de tres asientos para ellos y Scottie, quien iba acomodado en la jaula que por requerimiento de la aerolínea era obligatorio usar; pero el pequeño cachorro iba plácidamente dormido, como si entendiera que debía permanecer tranquilo mientras estuviera en ese confinado espacio. Necesitaban descansar durante las seis horas que tardarían en llegar hasta Miami, donde harían una escala para abordar el siguiente vuelo que los llevaría a Washington. Para fortuna de Leon, la presencia de su hermosa esposa alejaba a las féminas que, tal y como sucedió en su vuelo de llegada a México, lo coqueteaban descaradamente; y sin lugar a dudas, él mantenía a raya a todos esos imbéciles que parecían querer desnudar a su mujer con la mirada.

-¿Cansada? –susurró él consciente de que Claire aun no dormía, apaciblemente acomodada entre los fuertes brazos de Leon.

-La verdad sí. Pero de ninguna forma me quejo. Nuestra luna de miel fue… genial… más que genial. Pero, ¿te duele?

-¿De qué hablas? –cuestionó sin entender a qué se refería.

Claire señaló delicadamente la zona en el hombro de Leon en la que ella le había mordido la noche anterior.

-Anoche… yo… tú sabes… -dijo con la cara algo compungida. Él sonrió y sus ojos azules mostraron una luz que inundó el corazón de Claire.

-Amor, lo de anoche fue más que perfecto. Fue otra de las muchas formas de amor que hallaremos a lo largo de los años que nos esperan juntos. En cuanto al dolor, no, no me duele. Créeme preciosa, he pasado por cosas peores… hordas de zombies atacándome forman parte de la lista.

-¡Y que lo digas!

-Pero sí lamento algo: Aunque te agradezco profundamente el regalo que me hiciste; Dios, jamás podré olvidar ese atuendo negro de encaje –suspiró- no puedo evitar sentirme en deuda…

-Leon, no… -el aludido colocó gentilmente dos dedos de su mano izquierda sobre los labios de su esposa para silenciarla.

-No ese tipo de deuda. O mejor dicho, no la saldaré con dinero, si eso te preocupa.

-¿Ah no?

-No. Y tan pronto como podamos terminar con nuestros asuntos pendientes en la Casa Blanca, te pagaré con creces –respondió haciendo un gesto con los labios que habló por sí mismo, Claire entendió perfectamente a qué se refería y a la par que se sonrojó, sintió una inquietud muy intensa en cierta zona intima.

-En ese caso, esperaré esa remuneración ansiosa –respondió la pelirroja mientras levantaba una ceja, insinuante.

Leon sonrió de lado, esa sonrisita que Claire adoraba. Se dieron un pequeño beso en los labios. Nada sensual o provocativo. Ambos estaban exhaustos, así que solicitaron a la azafata su antifaz y un par de almohadas para dormir durante el viaje. Abrazados uno al otro, esas seis horas de vuelo los restableció.

Luego de la escala, el siguiente avión sólo estuvo un par de horas en el aire y cuando llegaron al aeropuerto de la capital de los Estados Unidos de Norte América, Leon se hizo cargo de sus efectos personales mientras ella cuidaba del pequeño Scottie, enseguida tomaron un taxi para llegar al departamento de él. Claire nunca hubiera imaginado que su esposo tuviese tan buen gusto. El lugar ciertamente estaba cargado de testosterona con tonos fríos y principalmente grises, la decoración era moderna, pero enteramente masculina; sin embargo, todo era armonioso.

-Me gusta.

-Eso es bueno, será nuestro hogar mientras estemos en Washington –en ese momento Leon vio su reloj de pared y añadió-. Amor, siento apresurarte, pero disponemos de una hora para llegar a la Casa Blanca.

-No te preocupes, sólo déjame tomar un baño y estaré lista. Pero, ¿alguien podrá cuidar a Scottie mientras no estemos?

-Bueno, estoy seguro que podrá cuidarse a sí mismo. No podría ser parte de nuestra familia de no ser así. De todas formas, al volver, lo sacaremos a pasear, ¿verdad, muchachote? –Leon acarició la cabeza del perro, quien lo miró a los ojos y lengüeteó la mano de él al acariciarlo, dio un pequeño ladrido y movió la colita. Pareciera que el perro comprendía.

Claire sonrió, acarició la melena de Scottie y le dio un beso en los labios a Leon antes de tomar su neceser e ingresar a la ducha. Le tomó cinco minutos salir envuelta en una pequeña toalla. Leon se vio forzado a mantener sus hormonas bajo control al ver cómo corrían gotas de agua a través esa piel de porcelana; para ayudarse a recordar su cita con el Presidente, el agua con la que se bañó estaba fría. Él ya tenía preparado su atuendo, así que en menos de veinte minutos estuvo listo.

A los cuarenta minutos del primer aviso, Leon esperaba a su esposa en la sala. Sabía que las mujeres se tomaban su tiempo, pero rezaba para que Claire no demorara más. Justo cuando estaba por tocar la puerta del baño, donde ella se había enclaustrado después de que él saliera, su mujer apareció luciendo un sentador diseño que delineaba cada una de las curvas de la nueva señora Kennedy. Formal, una falda arriba de la rodilla ajustada con saco al juego, en tono gris y una sencilla blusa rosa. Zapatillas de casi diez centímetros y levemente maquillada con su cabello recogido en su usual coleta. No era nada laborioso, pero Leon no le quitaba los ojos de encima.

-Parece que contigo nunca dejaré de sorprenderme.

Claire se sonrojó mientras le daba un beso en la mejilla a su marido.

-Ya somos dos, mi atractivo esposo…

-Ahora vámonos antes de que el Presidente decida no recibirnos.

Claire estaba acostumbrada a tratar con gente de los altos círculos políticos y sociales debido a su trabajo, pero siempre se ponía un poco nerviosa cuando eso sucedía, aunque se esforzaba para que no fuera evidente. No era la primera vez que vería en persona al Presidente Graham, pero dado que sus asuntos a tratar siempre habían sido ajenos a su persona, en aquellos momentos había conseguido manejar su nerviosismo. Ahora no estaba tan segura de lograrlo.

Leon aferraba la mano de Claire con la suya. Ella estaba alterada, mucho. Mordía su labio inferior y sentía la tensión en su pequeña mano izquierda. Él también lo estaba, pero en menor medida. Estaba completamente seguro del paso que daría, suponía que ella también, así que una parte de sí no comprendía el nerviosismo de su mujer.

-¿Estás bien? –le preguntó tan pronto estuvieron sentados en la sala de espera, antes de ver al Presidente.

-Sí… -respondió ella rápidamente, en forma automática, sin mirarlo a los ojos.

-¡Qué mala mentirosa eres, Claire!

La aludida se ruborizó y miró hacia el techo, para enseguida sonreír levemente.

-Empiezo a creer que será una pesadilla vivir el resto de mi vida con alguien que me conoce tan bien… -para desmentir lo dicho, le dio un pequeño y húmedo a beso a Leon, cuidando de no inquietarse a sí misma en el proceso.

-Reitero lo dicho –respondió él aferrando el mentón de su mujer-. Pero dime, ¿qué te sucede?

-¡Veré al Presidente Graham! –musitó aun esquivando esos ojos azules…

-Sí y no es la primera vez… Dime qué sucede Claire –él presionó un poco el agarre, sin que éste llegase a resultar incómodo.

A ella no le quedó de otra más que sumergirse en ese par de ojos azules, fríos como el hielo.

-Le… Le hablaré al Presidente de mi vida personal, no de algo relacionado con la ONU o TerraSave.

-¿Prefieres que trate este asunto yo solo? –Cuestionó mientras movía su mano para abarcar la mejilla de Claire y acariciarla en el proceso-. Si esto te incomoda, sabes que puedo arreglármelas por mi cuenta…

-¡No! No quiero decir eso…

-¿Entonces?

-Es sólo que… Es un poco extraño estar en la Casa Blanca y no por cuestiones laborales. Pero no quiero dejarte solo… No quiero que me dejes sola.

-Preciosa, no estás obligada a hacerlo. Prefiero que estés a mi lado, es cierto, pero si tú no te sientes…

-No es sólo eso. Leon, ¿estás completamente seguro de lo que harás?

-Sabes que sí…

-¿Leon? –interrogó una femenina voz, interrumpiendo así la charla. El aludido apartó la vista para encontrarse con Ingrid Hunnigan. Al mismo tiempo, lentamente, liberaba el rostro de Claire de su agarre, movimiento que fue perfectamente captado por Hunnigan-. Debo decir que me sorprendió cuando el Presidente me pidió que viniera a recogerte aquí. ¿Qué sucede? ¿Has cambiado de parecer? ¿Seguirás al Servicio del próximo Gobierno?

-Lo siento, pero de hecho he venido a reiterar mi declinación ante el Presidente –respondió el rubio mientras se ponía de pie y caminaba hacia la mujer que le había ayudado a salir vivo muchas de las veces, extendiendo su mano tan pronto estuvo de frente-. Me da gusto ver que estás bien.

Ella respondió el saludo de la misma forma, y en ese momento echó un rápido vistazo hacia Claire, quien seguía sentada en el elegante sillón.

-Ingrid, permíteme presentarte a mi esposa, Claire Kennedy…

La joven mujer con anteojos se sorprendió desencajando levemente la mandíbula. Dio un par de pasos para encontrarse de frente con la pelirroja, quien ya estaba de pie, y a quien por cierto ella conocía, al menos de nombre y por referencias…

-Tu fama y la de tu hermano te preceden, Claire Redfield. Es un verdadero gusto finalmente conocerte en persona, especialmente sabiendo que ahora eres una Kennedy.

-Muchas gracias. A mí también me complace conocerte. Estoy muy agradecida contigo por ayudar a Leon...

-Fue… entretenido trabajar con tu esposo en sus misiones durante este tiempo. Ahora comprendo perfectamente por qué ha decidido no estar más en el equipo de Agentes Especiales…

Para el aún agente fue más que evidente el cambio en la postura de Claire ante el inocente comentario de Ingrid; nuevamente se sentía incómoda. Y él no deseaba entrar en detalles con Hunnigan. Ella se desempeñaba excelentemente en sus funciones, y en buena medida, gracias a ella y sus acciones rápidas y astutas como respaldo, las misiones fueron llevabas a cabo con éxito. Sin embargo, no podía considerarla una amiga.

-Si no te molesta, Hunnigan, creo que el Presidente nos espera.

-Así es; síganme, por favor.

La morena salió de la salita, Claire dio unos cuantos pasos cuando fue detenida por el fuerte y aun así gentil brazo de Leon, sosteniendo el de ella.

-No tienes qué…

-No, pero quiero hacerlo… En la salud y en la enfermedad, ¿recuerdas? Vamos.

Él suspiró y entrelazando su mano con la de Claire se dispusieron a dar el primer paso en lo relacionado a su vida marital.

Al entrar al despacho del Presidente, Leon se permitió explicarle que debido a su recién adquirido estado civil, no deseaba continuar con el tipo de vida que había llevado hasta ese momento. Ahora, sus prioridades habían cambiado y lo más importante en su vida era su esposa. Claire no dejaba de sentirse incómoda, pues el Presidente la miró con una sonrisa, comprendiendo a la perfección por qué Leon estaba tan "involucrado" con ella. Pero para ponerle la cereza al pastel, apareció Ashley Graham, quien aun estando casada no había renunciado a su apellido de soltera. La rubia acosó a Claire con preguntas y comentarios sobre lo maravilloso que era tener un hombre como Leon cuidando de uno.

Ashley era sin lugar a dudas, la vela con menos luz en el candelabro familiar de los Graham. La joven madre era bella, a pesar de sus facciones que mostraban un ligero parecido con los simios, y de vez en cuando tenía interesantes ideas, pero de ahí a que fuese un deleite charlar con ella, había un universo de diferencia.

Leon no dejaba de asombrarse de la diplomacia que Claire poseía. Sabía que estaba nerviosa al inicio de la entrevista con el Presidente, y luego irritada, evidentemente la responsable era Ashley, pero ella no dejaba entrever ni una pizca de su molestia.

El Presidente lamentó una y otra vez la pérdida de semejante agente, pero les deseó toda la felicidad del mundo a los recién casados y le hizo entrega a Leon de un sobre que contenía cartas de recomendación laborales y personales. Toda la familia Graham y sus colaboradores más cercanos habían contribuido con ellas, lo cual aseguraba el futuro laboral de Leon, pues nadie en su sano juicio soslayaría una carta de recomendación del Presidente de los Estados Unidos de Norte América.

Cuando Claire salió de la Casa Blanca sintió como si un enorme peso le fuese quitado de los hombros, aun así, necesitaba escuchar una confirmación…

-Leon, ¿no te arrepentirás de esto en un futuro?

-¿Por qué habría de hacerlo? Claire, de la única cosa que me arrepiento en esta vida es de no haberme casado contigo hace años…

-No lo hagas. Ambos necesitábamos madurar y crecer. Y supongo que iniciarás pronto la búsqueda de tu nuevo empleo.

-¿Quién ha dicho semejante cosa? ¡Pensaba ser amo de casa de ahora en adelante!

-Muy gracioso, Kennedy. Aunque si eso deseas, yo sería la primera en apoyarte. Sé cocinar apenas lo básico para sobrevivir, no soy organizada y tampoco soy una fanática de las compras. Te has metido en un gran lío al casarte conmigo.

-Bueno, preciosa, sucede que siempre me han gustado los retos –respondió él para en seguida darle un par de húmedos besos-. Pero eso de ser amo de casa de tiempo completo, no creo que sea lo mío…

-¿Entonces cuál es el plan?

-Conozco New York como la palma de mi mano. Viví allí muchos años antes de que me asignaran a Raccoon City. La base de la B.S.A.A. está allí, y ya que soy un co-fundador, supongo que podré conseguir algo…

-No lo dudo. Te gustará vivir en New York…

-Me gustará vivir contigo. Sé que no querrías separarte de los pequeños Redfield, y yo no quiero separarme de ti. Si te he pedido dos semanas para que estemos en Washington es porque quiero dejar todo listo. Necesito vender mi departamento, el auto y arreglar la mudanza, pues hay algunas cosas que no podría vender...

-¿Empezarás desde cero… por mí? –preguntó ella rodeando con sus brazos el cuello de su esposo. Él envolvió la pequeña cintura de ella mientras respondía:

-Veamos: Ya crucé un maldito infierno lleno de zombies a tu lado y no una sino cuatro veces: Raccoon City, el laboratorio de Utah, el aeropuerto de Hardvarville y el laboratorio de investigación de WilPharma. Créeme, mudarse no es gran cosa…

Y en realidad no fue difícil hacer la mudanza. Pasaron dos semanas en Washington finalizando pendientes y viviendo su Luna de Miel en la Capitál del país. Aunque Leon intentó ser un buen guía, la realidad es que no conocía mucho de la ciudad a pesar de los años que llevaba allí, pero tampoco hizo falta, pues el matrimonio Kennedy apenas se dedicó al turismo durante los fines de semana, ya que no se quitaban las manos de encima en todo el día y el tiempo se les escapaba con asombrosa facilidad.

Una tarde de domingo se hallaron frente a la puerta de Christopher Redfield y esposa. Habían entrado al departamento de la pelirroja sólo para dejar sus pertenencias y al pequeño Scottie. A pesar de dos semanas de relajante sexo ininterrumpido, en ese momento Claire estaba casi al borde de un colapso nervioso. La hora de la verdad había llegado. Estaba segura de que su hermano los asesinaría. Se preguntó por qué no seguía siendo aquel muchacho de físico normal y en forma que la había rescatado en Rockford Island. El tamaño actual de sus brazos y músculos golpeó su mente con claridad, sabiendo que tenía que proteger a Leon de las garras de su hermano a como diera lugar.

Tocó un par de veces la puerta y ésta de inmediato se abrió, revelando la imponente imagen de Chris Redfield. Era unos siete centímetros más alto que Leon y muchos kilos más pesado, todos ganados a través de exhaustivo acondicionamiento físico, esparcidos entre brazos, piernas, espalda y pecho.

-Vaya, esto sí que es sorprendente. ¡Mi hermanita se digna visitarme después de mes y medio de haber desaparecido! Y acompañada nada más y nada menos que por el famoso Leon S. Kennedy.

-Chris, no malgastes tu tiempo con ironías. ¿Necesito recordarte que, para empezar, la idea del viaje a Cancún fue tuya?

-No quiero discutir contigo en el pasillo, entren.

El mayor de los Redfield le cedió el paso a su hermana y cuñado, claro que para ese momento él no sabía que lo de cuñado era un estatus en lugar de un simple sustantivo.

-Bien, tomen asiento mientras me cuentan cómo les fue en su viaje, y de paso, por qué Leon no está en la Casa Blanca, como correspondería.

Un carraspeo a su espalda hizo que Chris se levantara y se dirigiese a toda velocidad hacia su esposa, quien se detuvo en el umbral de la puerta. Claire la miró con una enorme sonrisa. En ese mes y medio Jill había subido unos cuatro o cinco kilos; estaba por llegar al sexto mes de embarazo, y uno pensaría que pariría en cualquier momento, pero indudablemente se veía hermosa.

-Jill… qué gusto me da verte, verlos… -dijo Claire completamente feliz mientras caminaba hacia su cuñada y la abrazaba.

-A nosotros también nos da gusto –respondió mientras la abrazaba con idéntico entusiasmo. Las dos mujeres con las manos entrelazadas avanzaron unos pasos hasta llegar a la sala, donde Jill se sentó para añadir-. Tus sobrinos te han extrañado… ¿Qué tal? Casi podría competir contra una ballena, ¿no es así?

-Sabes que no. ¡Te ves tan bonita!

-Gracias, siempre es grato escuchar un halago cuando una apenas y puede moverse –los ojos de Jill se encontraron con los de Leon, a quien ya conocía, aunque no hubiesen intercambiado más de tres palabras en toda su vida-. Kennedy, es un gusto verte después de tanto tiempo. Espero que hayas cuidado bien de nuestra Claire. Pero he de añadir que desde que la vi, sé que has hecho un buen trabajo.

-Lo dudo –musitó Chris con intención de ser escuchado.

Una vez sentada, su esposo le acomodó unos cuantos cojines para que estuviera más cómoda, lo que provocó que Jill girara los ojos en señal de exasperación y dijera:

-Redfield, te he dicho que no soy ninguna inválida. Puedo hacer las cosas yo misma. Sin embargo, las noticias de Claire y Leon no son sólo para ti.

-Lo sé, lo sé. Lo lamento, pero…

Mientras Chris se enfrascaba en una letanía de disculpas, Jill miró en otra dirección para no asesinar a su amado esposo en ese preciso momento, pero esos bellos ojos azules chocaron con algo que la sorprendió: un par de anillos que nunca antes le había visto ahora adornaban la mano izquierda de su cuñada. De inmediato buscó la mirada de alguno de los aludidos, pero Claire parecía verdaderamente ocupada en observar y calcular cada movimiento de su hermano. Sin embargo, halló la de Leon y con un veloz movimiento ocular le señaló el par de anillos. Él miró en su dirección, y Jill podía jurar que el hombre casi se da una palmada en el rostro por no haber recordado pedirle a Claire que se los quitara. Pero a decir verdad, él también tenía su argolla de bodas puesta. ¡Ay Dios, pensaron Jill y Leon, la cosa se iba poner peligrosa!

-Bien, sólo olvídalo -replicó exasperada Jill, pero maquinando un plan para ayudar a su casi hermana-. Lo que importa es que ella regresó sana y salva. Y por cierto, se ve muy feliz.

-Sí, algo hay de eso… Ahora sí, hablen…

-Chris, ¿dónde están tus modales? Niños, ¿les puedo ofrecer algo de beber? Presiento que una copa de vino tinto les caería de maravilla…

-¡Sí! –respondió al unísono y con cierta desesperación el matrimonio Kennedy.

-Querido, por favor, ve por la botella y las copas, y para mí un vaso de limonada sería excelente.

El castaño comenzó a sospechar algo, pero aquel par no cruzaría esa puerta sino hasta soltar todo, aunque él tuviera que retorcerle el pescuezo a uno, o a los dos. Claro que se encargaría de ello. Obedeció a Jill pues él también necesitaba un trago de vino para procesar lo que vendría, porque sabía que vendría algo. Además, no podía dejar a su mujer con un antojo.

-Bien, vuelvo enseguida –dijo tras dar un par de pasos, pero de inmediato señaló con su índice a sus invitados- ¡Y no se muevan de allí ustedes dos!

Tan pronto como vieron a Chris desaparecer, Jill susurró:

-Así que se casaron a escondidas… ¡Qué romántico!

-¿Qué…? ¡No! ¿Cómo…? ¿Por qué lo…? –Claire suspiró comprendiendo que de nada serviría mentir. Además, Jill no hizo ninguna pregunta, fue una afirmación- ¿Cuándo…? ¿Fue Sherry?

-Mi querida Claire, si se hubieran quitado sus lindas argollas de boda, y tú te hubieses quitado además tu anillo de compromiso, no hubiese podido adivinar nada. Ahora, Chris explotará, de eso no nos cabe la menor duda. Tuvieron suerte de que no se diera cuenta. Así que les recomiendo que se quiten las argollas y llamen a Sherry, Rebecca, Billy y Carlos para intentar contener a Chris cuando se entere, necesitaremos la artillería pesada aquí. ¡Acabo de recordar que Barry está en la ciudad! Él será de enorme ayuda, ¡así que a marcar! Yo me encargo de Carlos y de Barry.

Claire hizo caso a la recomendación de su cuñada. Se quitó el anillo y la argolla y guardó ambos en el bolsillo trasero de su pantalón de mezclilla, Leon hizo lo mismo. Ella llamó a Rebecca a través de su celular, pidiéndole que con urgencia se presentara en el departamento de Chris acompañada de Billy, pues tenían una noticia muy importante que darles, aunque pidió que fueran discretos y no preguntaran nada al llegar.

Leon llamó a Sherry, diciéndole que había llegado la hora de hablar con Chris. La rubia ya estaba saliendo del Campus universitario mientras le aseguraba a Leon que estaría allí en menos de lo que pensaba.

Jill recibió la misma respuesta de sus dos y más cercanos amigos. Ni siquiera un minuto tardaron en hacer la operación "Refuerzos", todo antes de que el mayor de los Redfield regresara a la sala.

Al tomar las copas que Chris les ofrecía, Jill trató de ganar tiempo para que sus amigos arribaran. Habló de su embarazo y de las molestias y alegrías que había tenido hasta ese día. Le pidió a Cris que les mostrara la imagen de su ultrasonido. También les contó de los arreglos que hacían para la llegada de los quintillizos. Ya habían ido a visitar algunas casas para mudarse antes de dar a luz y también tenían un montón de ropita lista para los bebés.

A pesar de su entusiasmo al hablar de sus hijos, Jill comenzaba a sentirse nerviosa porque Chris miraba de forma inescrutable a Leon y a Claire. No podía saber si él estaba feliz o triste, pero lo que tenía claro era que su humor podía cambiar a la brevedad. Jill sabía que Chris era un caballero y sería incapaz de lastimarla a ella o a su preciosa hermana, pero si su ira la descargaba en Leon, lo cual era seguro, las consecuencias serían catastróficas, especialmente para Claire.

Como lo prometieron, sus amigos llegaron uno a uno al apartamento. La primera fue Sherry. La rubia, al ver a Chris molesto, pero no enfurecido, comprendió que aun no habían dicho nada.

-Oh, pero si es la otra Redfield perdida, quien en dos semanas no se había aparecido por aquí, excusándose en la tarea. ¿No deberías estar en la escuela ahora mismo? –interrogó Chris con sospecha, pero aun así feliz de ver a su pequeña.

-Sí -respondió rápidamente Claire a nombre de su protegida-, pero yo le mandé un mensaje avisándole que ya estaba aquí.

-Así es. Como voy bien en las asignaturas de hoy no tengo ningún problema con faltar a clases.

-Leon también se tomó unos días para venir aquí en lugar de estar trabajando, ¿no te parece eso un tanto extraño, Sherry?

La jovencita no supo muy bien qué responder, así que levantó los hombros y trató de no evidenciar su nerviosismo ante la penetrante mirada de Chris.

El timbre sonó una vez más, y el castaño, ansioso por saber qué rayos estaban escondiendo las mujeres Redfield se levantó de mala gana a abrir la puerta.

-¿Acaso hoy es día de visitas y nadie me lo informó? –se preguntó antes de abrir la puerta.

Ahora quienes aparecieron ante él fueron Becky y su novio Billy. A Chris le caía especialmente bien ese sujeto. De poder elegir, lo habría seleccionado para cuñado. El hombre tenía una formación militar, como la suya y era un tipo bastante ingenioso. En cierta forma lo consideraba como parte de su familia, pues la pequeña Rebecca Chambers era casi una hermana para él. Verlos alivió un poco su mal humor.

-Déjame adivinar Becky, ¿Claire te avisó que llegaría hoy?

-Sí.

-Veo que mi hermana tuvo tiempo de avisarle a media ciudad, menos a mí.

-De hecho sí lo hizo –intervino Jill-, pero me pidió que no te dijera para que fuera una sorpresa.

-No sé por qué temo que las sorpresas aun no terminan –replicó entre dientes-. Y sé que no me agradarán.

No se había alejado ni un par de pasos cuando volvieron a tocar. Al abrir confirmó que esa sorpresa en particular no acababa de gustarle.

-Carlos Oliveira… -musitó como saludo.

-¿Qué hay Redfield? –replicó el hombre más joven con su tono de voz normalmente alegre.

-Carlos pasa. ¡Qué gusto verte! –dijo Jill desde el interior. De inmediato el joven hombre de origen latino ingresó al departamento sorteando la figura de Chris, quien dejó salir un suspiro de exasperación mientras miraba hacia el techo, rogando a los cielos un poco de paciencia. La presencia de sus amigos en la casa junto con la de su hermana y su novio no era buena señal.

Chris cerró la puerta mientras preguntó con un tono bastante irónico.

-¿Esperaremos a alguien más o podemos comenzar la fiesta?

Claire sentía un hueco en el estómago, la hora de la verdad se acercaba, no tenía cómo evadirlo. Podía ver y enfrentarse a zombies, monstruos, seres humanos locos o lo que fuera, pero su hermano le estaba causando un profundo estrés.

-Chris, relájate. Ya que estamos aquí reunidos, iré por más copas y haremos un brindis… Denme un par de minutos.

-No Jill, no te molestes –interrumpió Claire de inmediato-. Yo iré por ellas.

-¿Sabes dónde están?

-Sí, no tardo.

Claire se puso de pie y Leon la siguió con la mirada. Deseó tanto ir con ella y alejarse del escrutinio de los allí presentes.

-¿Y bien Kennedy, qué tal te trata la vida en Washington? –interrogó Billy, intentando aligerar la tensión que era perfectamente perceptible en el ambiente.

-Bien. Desde que la B.S.A.A. ha hecho un excelente trabajo en el desmantelamiento de laboratorios clandestinos que experimentaban con armas biológicas, las cosas han mejorado considerablemente.

-¿Y la hija del Presidente sigue insistiendo contigo? –Preguntó Carlos-. Tengo mis contactos, mi amigo, y supe que desde que salvaste a Ashley Graham en España ella no te ha dejado en paz.

-Pues a tus contactos les falta actualizarse. Ashley se ha casado y de hecho es madre de un pequeño.

-Claro que estoy al tanto de su matrimonio, todo el país lo está. Pero estar casado es una cosa y otra muy diferente que sostengas un coqueteo o algo más con alguien…

La mirada que Chris y Leon le dirigieron a Carlos para nada fue cariñosa.

-Ehm… y ¿qué tal ese mes en la playa? –intervino Rebecca intentando hacer lo mismo que su novio.

-Excelente. Claire y yo realmente disfrutamos de esas vacaciones.

-No lo dudo –murmuró Billy con una sonrisa pícara mientras Becky le daba un codazo-, ¿qué?

-No ayudas, Coen…

-Aquí están las copas y la botella extra –un par de golpes en la puerta interrumpieron a Claire, quien añadió-. Y ahí está nuestro último invitado.

-¿Contrataron un animador de fiestas?

A pesar de lo fastidiado que estaba, Chris se llevó una genuina y agradable sorpresa al ver ante sí a su viejo amigo Barry Burton.

-¡Hermano! –Dijo mientras lo abrazaba.- No sabes el gusto que me da tener a alguien de mi lado.

-¿De qué hablas? –interrogó Burton con el entrecejo fruncido.

-Algo va a suceder aquí, y no será nada bueno, viejo.

-Oh vamos Redfield. No empecemos con paranoias.

-¿Y vas a dejar que salude a mi amigo o qué? –preguntó Jill con los brazos cruzados sobre el pecho esperando que Barry entrase.

-Mi preciosa Jill, qué alegría me da verte y a esa pequeña camada ahí dentro –dijo el robusto ex miembro de los S.T.A.R.S. mientras abrazaba a la mujer. Luego, giró su vista y se topó con Claire, a quien él había tomado un sincero cariño desde que la conociera siendo sólo una chiquilla, sorprendiéndose gratamente al encontrarla aun más bella que la última vez -. Hey, pequeña, luces hermosa. Las niñas me han preguntado mucho por ti. Moira dice que la tienes muy olvidada…

-Lo sé, he sido horrible al desaparecerme tanto tiempo, pero te prometo que pronto las iré a visitar…

-Eso espero… ¿Tú eres Kennedy, cierto? Ha pasado mucho tiempo.

Leon fue a estrechar la mano de Barry.

-Lo sé. Me da mucho gusto verte.

-No sé por qué pero siento que aquí ha pasado algo. Tú estás extrañamente cerca de Claire y hacía años que no veía ese brillo en los ojos de mi pelirroja preferida.

Leon y Claire sonrieron mientras intercambiaban una mirada. La forma en que Claire se ruborizaba le pareció adorable a Leon. Él sabía que las palabras de Barry eran paternales y le enorgulleció saberse el causante de ese brillo en la mirada de su mujer…

-¿Ahora sí podemos empezar? –Interrogó Chris a punto de perder la paciencia-. ¿O también vendrá el señor Presidente con su comitiva?

Claire supo que ya no debía posponer más lo inevitable. Dejó escapar el aire de sus pulmones sin hacerlo muy evidente. Buscó la mirada de Leon y él asintió. Ambos entrelazaron sus manos y sonrieron. Ninguno de esos movimientos escapó de la mirada de Chris. Vio cada simple detalle y desde ese momento ejercitó su respiración para controlarse. Su hermana y Leon habían hecho algo…

-Primero, gracias por venir tan rápido –dijo Claire con la voz temblándole un poco.

-Y perdón por hacer extensa la invitación a última hora, pero no habíamos planeado esto –añadió Leon tranquilo, a comparación de Claire.

-El punto es… -musitó el Redfield mayor mientras contaba hasta cien para no perder la paciencia.

-Bueno, Chris, prométeme que me dejarás terminar de explicarte…

-No prometeré nada. Habla.

Ella contuvo el aliento. Eso no estaba bien…

-Bueno… pues, veras… estos días extras del viaje los tomamos para ir a Washington, pues necesitábamos arreglar algunas cosas, ya que… bueno, en México, en el último día, Leon y yo decidimos… casarnos.

Un coro diciendo: "¿Qué?" Se dejó oír en sala. Sherry cerró los ojos y empezó a rezar para que Chris se controlara.

-¿Lo hicieron? ¿Se casaron? –interrogó Becky a punto de shock.

-No debieron –replicó Barry con un tono severo, pero no enfadado-. Es decir, el matrimonio no es ningún juego, no debieron tomarlo tan a la ligera.

-Aunque requiere de mucha valentía amarrarse de por vida, ¿no Leon? –preguntó Carlos con una sonrisa en sus atractivas facciones, palmeando el hombro de el ex agente gubernamental.

-No lo creo…

Cuando Chris escuchó esas terribles palabras de labios de Claire, deseó torturar a Leon de la peor forma posible. No supo cómo, pero de pronto se vio a si mismo asiendo al ex agente gubernamental de la camisa y estrellándolo contra la pared. Había tres fuertes hombres allí reunidos y no pudieron detenerlo. Seguramente, de haber tenido un arma en ese momento, le habría disparado. Se había robado a su pequeña hermana. De un modo cuestionable la había convencido de cometer el mayor de los errores. Se habían casado en secreto como si tuvieran prisa u ocultaran algo… Ocultar… ¡Claro, eso era…!

-Maldito seas Kennedy, te atreviste a embarazarla para amarrarla a ti. Pero te advierto que esto…

-¿Qué? ¡No! Chris, no seas tonto, ¿cómo puedes pensar que estoy embarazada?

Leon podría zafarse. Estaba entrenado para cosas peores que ser sujetado por un grandulón. Podía defenderse y sabía que no perdería. Pero quien perdería sería su esposa. Claire no debía ver una pelea entre ellos, porque independientemente del resultado de la batalla, ella, la mujer que amaba, terminaría herida. Además, a pesar de este arranque de ira, Chris era un camarada, quizá su amigo. Cerró sus manos sobre las muñecas de Chris para aminorar el agarre, pero no hizo más.

-¿Qué otro motivo tendrías para casarte así, sin más, sin que yo, tu hermano y único familiar en el mundo, te entregara en el altar como corresponde? ¡Este desgraciado pretendía atarte! ¡Te consideré mi amigo, Kennedy! Ahora veo cuán ciego fui. Pero no te preocupes, hermanita, yo me haré cargo de tu hijo, no tienes por qué quedarte con este…

-Chris, suéltalo. ¡No estoy embarazada! No nos casamos porque tuviéramos qué hacerlo. Quisimos hacerlo –replicó remarcando esas palabras-. Y en verdad lamento que no hubieses estado allí, pero la razón por la que no pudimos esperar es porque lo amo, lo amo con todas las fuerzas de mí ser, y él me ama de la misma forma.

-¿Ah sí? –Interrogó mirando ahora a Leon directamente a los ojos- ¿Él te ama tanto y no dejó que tu familia estuviera presente en su boda? ¿Qué clase de amor es ese?

-La clase de amor que no concibe la vida sin el otro, Chris. Amo a tu hermana y sin importar lo que suceda, no me apartaré de ella.

El agarre se intensificó más y aunque Claire jaló el brazo de su hermano, lo que en realidad movió la balanza fueron sus siguientes palabras.

-Su amor por mí lo hizo renunciar a su empleo en Washington. Él ya no es agente del Gobierno. –Chris apartó la mirada de Leon y aflojó un poco el agarre. Miró a su hermana con sorpresa-. ¡Sí, lo que oyes! Él dejó de trabajar con el Presidente Graham para estar conmigo. Me ama Chris, me ama. Sabes perfectamente las habilidades que Leon posee en combate cuerpo a cuerpo y ni siquiera se está defendiendo a pesar de tu actitud. ¡Ahora suéltalo!

Redfield miró a Leon, luego a Claire y otra vez a Leon. De pronto su ira y sus fuerzas se habían extinguido. Azotó al idiota esposo de su hermana contra la pared antes de soltarlo y alejarse de ese par. Claire de inmediato auxilió a Leon. Pero Chris solo se dejó caer en una silla y sin más comenzó a llorar. No pasó ni un segundo cuando escuchó que Jill, a un metro de él, sentada en uno de los sofás, lloraba también. Se puso de pie de inmediato con la intención de abrazar a su mujer. Ella no podía ni debía llorar, eso les haría daño a los bebés, además, detestaba ver a una mujer con lágrimas en los ojos. Pero la rabia volvió a hervir en su interior cuando vio a Carlos Oliveira de cuclillas frente a ella y consolándola. ¡Eso jamás!

El patriarca de los Redfield no lo pensó dos veces antes de arrojarse con todo sobre Carlos y le propinarle un tremendo golpe en la quijada. En esa ocasión Barry y Billy reaccionaron a tiempo y detuvieron a Chris antes de que continuara con la golpiza. Jill se conmocionó tanto que de pronto las lágrimas fluyeron con más fuerza a través de sus bellos ojos azules y en algún momento, la emoción la sobrepasó, desmayándose sobre el sillón en el que había permanecido sentada.

El lugar se volvió un manicomio en cuestión de segundos. Chris se quitó de encima a sus amigos y corrió a sostener a su mujer. Becky también corrió hacia ella para revisarla. Billy siguió a su novia. Barry ayudó a colocarla cómodamente sobre el sillón, Sherry ayudó a Carlos, Claire seguía con Leon sin saber exactamente qué hacer; Rebecca dijo que ese desmayo no era normal y que había que llevarla de inmediato al hospital, y la comitiva salió a toda prisa con Barry encabezando al grupo abriendo las puertas, Chris llevando en sus brazos a su esposa, Becky a su lado, Billy un poco más atrás. Claire presionaba la mano de Leon mientras Sherry sostenía a Carlos, quien aun sangraba por la boca.

Todos iban en tensión en la camioneta de Billy. Él conducía y Barry iba como copiloto. Chris, Rebecca y la inconsciente Jill ocupaban la segunda fila de asientos, y finalmente Leon, Claire, Sherry y Carlos viajaban atrás.

De inmediato, por mandato de la doctora Chambers, el grupo fue admitido en el hospital entrando por la sección de Urgencias, pero a la zona de chequeo únicamente ingresaron Becky y Jill.

Chris simplemente perdió la noción de todo. Su mujer y sus bebés eran su mundo entero ahora. Era un tanto extraño ver a un fuerte hombre tan desmoralizado, pero en la mente de ex S.T.A.R.S. se repetía una y otra vez esa maldita escena en la que había visto a Jill lanzándose para abrazar a su mortal enemigo y luego atravesar un ventanal y caer cientos de metros. No había podido deshacerse de esos recuerdos, de esas imágenes que lo torturaron durante mucho tiempo. No quería perder nuevamente a la mujer que amaba. No quería perder a sus seres queridos de nuevo.

Claire veía a su hermano y deseaba tanto correr a abrazarlo, pero tenía miedo. Su hermano no la lastimaría físicamente, eso jamás, pero temía a las palabras que él le diría. ¿Y si no quería volver a verla en su vida? ¿Si la culpaba por el desmayo de Jill? No. ¡Chris era lo único que tenía en la vida! La calidez de una mano estrechando con fuerza la suya le recordó que no era así, ya no.

-Ve con él Claire –musitó su esposo en voz baja.

-Quiero… pero… y si…

-Eres una Redfield, preciosa. Los Redfield no se acobardan…

¡Cierto! Había visto monstruosidades desde la primera fila, y por supuesto que podía acercarse a su hermano y hablar con él…

-Yo estaré cerca, amor. Solo ve. Te necesita.

Y con esas palabras repitiéndolas en su cabeza, Claire caminó con lentitud acercándose hacia su único hermano. Dudó unos segundos sobre poner o no su mano sobre el hombro de él, pero ellos tenían un lazo imposible de romper, siempre lo había creído así y una discusión no lo cambiaría.

-Ellos están bien, Jill es fuerte. Y mis sobrinos sé que son tan osados como tú…

Chris volteó a verla, y a Claire casi se le rompe el corazón ver que su hermano tenía lágrimas acumuladas en sus ojos. Era la segunda vez en la vida que lo veía así, y ambas veces había sucedido por Jill.

Su pequeña mano de pronto se vio envuelta por la tosca y aun así gentil de Chris. Él llevó la mano de su hermana a sus labios y la besó en el dorso.

-Perdóname, Claire. Todo esto es mi culpa…

-No, no, no, Chris. Tú no tienes la culpa –replicó ella mientras se colocaba de cuclillas frente a él-. Y tienes razón, yo no debí ser tan impulsiva. Debí pensar…

-Mi pequeña Claire. Ya no eres más mi pequeña –dijo con la voz cargada de melancolía a la vez que acariciaba los cabellos de su hermana-. Lo sabes, y yo siempre lo he sabido, pero es difícil de aceptar. Eres fuerte, valiente, y a diferencia de mí, siempre has sabido usar tu cerebro. De algún modo, supe que esto sucedería, pero no quería aceptarlo. Me resistí a la idea de saber que alguien más cuidaría de ti. Y Dios sabe que no he hecho un buen trabajo, pues te involucraste con Umbrella aun cuando traté de protegerte… Pero Leon…

-Leon es… mi alma gemela. Lo amo Chris. Lo amo más de lo que puedo explicar. Y lo mejor es que él me ama de la misma manera.

-Eso también lo he sabido desde que lo conocí. Después de todo fue a él a quien le enviaste aquél correo cuando estabas atrapada en Rockford Island.

-Supuse que él ya estaría en contacto contigo. Siempre he confiado en ti, hermano. El correo iba dirigido a Leon pero era para ti. Sabía que tú me rescatarías. Eres mi héroe.

-¡Vaya héroe! Por mi enorme boca y mi maldita impulsividad estamos ahora aquí. Si a Jill o a los bebés les sucede algo yo no podría… No de nuevo, Claire.

-No –ella se lanzó a los brazos de su hermano y lo estrechó con fuerza. Él le respondió de la misma forma-. Nada malo sucederá…

-Gracias pequeña…

Antes de que Claire pudiese añadir algo más, un médico apareció en el pasillo.

-¿Señor Redfield?

Chris se puso de pie de inmediato ayudando a su hermana a hacerlo. Pero buscó la pequeña y cálida mano de ella, sujetándola con fuerza.

-Soy yo. ¿Mi esposa y mis hijos están bien?

-Así es. Aunque no es normal que sucedan desmayos en esta etapa del embarazo, la señora Redfield no muestra signos de anemia o algún otro factor que pudo provocar el desmayo. La monitorearemos un par de horas más, pero dado que no hay ninguna señal de alarma, será dada de alta al cabo de ese tiempo.

La emoción que sintió Chris fue inmensa. No era un hombre fatalista, pero después de todo lo que había vivido, siempre estaba a la expectativa de que algo terrible sucediera. Esperaba a esa oscuridad acechando la inmensa luz que ahora lo rodeaba. Apretó la mano de su hermana y la miró. Ella sonreía, pero lo que le llamó la atención fue que los ojos azules de Claire resplandecían. La luz de la que hablaba ahora también la invadía a ella…

-Si gusta seguirme, lo llevaré a verla, ahora mismo la doctora Chambers está con ella.

-Por favor –respondió Chris.

Abrazó a Claire brevemente antes de seguir al médico. Al pasar frente a Leon se detuvo un par de segundos.

-Haces feliz a mi hermanita, y eso es lo que cuenta. Pero aún no he terminado contigo, Kennedy. Hablaremos en cuanto vea a mi mujer y llegaremos a un entendimiento.

Luego de decir lo anterior extendió su mano. Leon la estrechó mientras respondía.

-Estoy de acuerdo, Chris.

Debía darle el crédito a Leon, sostuvo su mirada sin parpadear y su voz fue segura y clara. Leon amaba a su hermana, de eso no había duda. Al final, eso era lo que contaba. Pero ellos le habían arrebatado un sueño; por suerte, todo podía arreglarse.

-Bienvenido a la familia –musitó con sinceridad antes de cortar el agarre de su cuñado y seguir rápidamente al médico.

Claire observó todo y sus ojos de anegaron una vez más. Al ver a su hermano alejarse, caminó hacia Leon y lo abrazó. Él devolvió el gesto sintiendo cómo su linda esposa volvía sentirse relajada.

-Hermosa, ahora que soy un Redfield, ¿deberé teñirme el cabello rojo o tomar anabólicos?

Claire se rió en los brazos de su amado. Con él jamás se aburriría. Mientras la pelirroja volvía a respirar en paz envuelta en el protector abrazo de su esposo, la voz de Sherry los devolvió a la realidad.

-Bueno, ya que estamos en un hospital, buscaré alguna enfermera para ayudar a Carlos. El salvaje de Chris le ha dejado un buen moretón en la mejilla.

Carlos tenía la misma edad que Leon, pero se veía mucho más joven que cualquiera de los ahí presentes. De hecho, quien lo viera con Sherry pensaría que él sería de su edad o acaso un par de años más grande que la rubia, a pesar de los casi diez años de distancia que había entre ellos.

-Nadie muere por un golpe como ese –musitó Leon.

-Kennedy tiene razón, bonita. Créeme, soy un hombre hecho con buen material… no cabe duda que mis padres me hicieron con amor.

Billy Coen, quien estaba recargado en una de las paredes con los brazos cruzados sobre el pecho, rodó los ojos con cierta exasperación. Ese Oliveira era un Casanova, y lo reconocía, porque en sus tiempos él usaba esas mismas frases para impresionar a las mujeres.

-Ya que no podemos averiguar cómo te hicieron, mejor te llevo con una enfermera. Aun tienes sangre en el labio.

-Insisto en que no hay necesidad, pero la verdad es que no puedo resistir a unos ojitos tan hermosos, así que señorita Redfield, me pongo en sus manos.

Claire conocía a Sherry, y sabía que muchos compañeros de la Universidad andaban tras ella. Pero le pareció adorable que su pequeña se sonrojara con las palabras de Carlos y hasta la voz se atorara en su garganta…

-Sí, bueno, como sea. Camina Oliveira.

-A sus órdenes, mi Señora.

Ambos caminaron por el pasillo en busca de una enfermera, sin sospechar que ese sería el inicio de algo que cambiaría su vida...

Los meses pasaron con prisa mientras los nuevos Kennedy se adaptaban a su vida. Vivir en el apartamento de Claire fue la mejor decisión por su ubicación céntrica, pero tal como lo habían previsto, las cosas al inicio no fueron tan sencillas, pues si bien Chris había "aceptado" a Leon, cada vez que podía, cuando la familia se reunía a cenar o comer los fines de semana, Redfield lamentaba no haber entregado a su única hermana en el altar.

Jill observaba las facciones de Claire y Leon cada que su esposo iniciaba con su drama y solo guardaba silencio, pues sabía que ese era un terreno minado; en un inicio los Kennedy sonreían, pero al paso de los días los gestos pasaron de hartazgo hasta enojo. Y llegó el día en que Claire explotó:

-¡Ya basta Chris! Una cosa es que "tus sentimientos de hermano mayor" se hayan visto heridos y otra es que cada jodida vez que nos reunimos comiences con ese tema. ¿Qué demonios quieres para dejar de fastidiarnos?

-Lo único que he querido desde el principio, ¡que se casen!

Claire levantó la mano y señaló su anillo.

-¡Hola! Las bodas en México son igual de válidas aquí, ¿sabes?

-No, quiero las cosas bien hechas. Elijan la maldita religión que quieran, pero hagan una ceremonia, donde yo pueda entregarte y Sherry sea la niña de las flores o tu madrina o lo que sea, y Jill lucirá un hermoso vestido antes de que mis hijos nazcan, porque aunque no lo crean, quiero que ustedes sean padrinos de dos de ellos, Barry y Kathy lo serán de dos más y Sherry será la madrina de uno.

Jill sonrió. Chris había usado muy bien su carta a juzgar por la cara de estupefacción que mostraron Leon y Claire. No lo veían venir. Serían los padrinos de dos de esos bebés que crecían a cada minuto en el vientre de su mamá. En lugar de ofenderse con la exigencia de una boda religiosa, se sintieron tan honrados por ser padrinos que sólo pudieron voltearse a ver y sonreír.

-¿Entonces? Pongan la fecha de la boda…

-Chris… Las cosas no son tan fáciles… Una boda no se organiza así…

-Según mis fuentes, el señor "novato, ex agente cool" es bueno organizando esas cosas, ¿no? Así que no hay pretextos. Quiero esa boda lo antes posible y siguiendo la tradición, evidentemente yo costearé todo, ¿entendido?

-No es necesario, Chris –replicó Leon ligeramente ofendido por la insinuación de que no podía pagar un evento de esa envergadura.

-Sí, sí, ya sé que no te hace falta la ayuda, novato. Pero hay tradiciones que deben respetarse. Desde hace un tiempo sé mucho sobre ti, así que ándate con cuidado, porque cualquier cosa que pretendas hacer a espaldas de mi hermana, ten la seguridad de que yo lo sabré. Y créeme, Leon, quieres tenerme como aliado...

-Chris, mi querido esposo, cuando creo que has hecho las cosas maravillosamente, hallas la forma de estropearlo. ¿No podías sólo dejar las amenazas para otro momento? No, tú siempre buscas superarte…

Y para dar muestra de que las hormonas golpeaban terriblemente las emociones de Jill golpeó la mesa con sus puños y se levantó a prisa con lágrimas en los ojos. Chris hizo amago por seguirla, pero de inmediato Claire tocó el hombro de su hermano y fue tras la rubia. Chris suspiró sabiendo que de momento nada podía hacer.

-¿Quieres una cerveza, Leon?

-Por favor –replicó el rubio. A pesar de haber visto embarazadas desfilando por la oficina, debía reconocer que no estaba listo para lidiar con situaciones como esa. No imaginaba cómo sería tener a una Claire totalmente alterada emocionalmente. La escena de Jill llorando había sucedido ya muchas veces y siempre eran Sherry y Claire quienes controlaban las cosas. En el caso de los hombres, parecía que ellos afianzaban lazos en una especie de unión de género.

Los planes iniciaron tan pronto como los protagonistas dieron luz verde. Rebecca, Jill, Sherry, Kathy, la esposa de Barry, y Claire comenzaron con la búsqueda de un lindo jardín con una pequeña capilla donde pudieran recitar sus votos. El vestido de novia fue mandado a hacer en un estilo más conservador y clásico que el que ella había usado en la playa. Nada ostentoso, hombros y brazos descubiertos, ajustado con un corsé hasta la cintura y con un ligero vuelo en la falda. El tono marfil le sentada bastante bien. Leon optó por un frac negro.

Todo estaba planeado para la primera semana de julio, pero debido a que los quintillizos crecían de forma alarmante, decidieron adelantar el parto de Jill un mes para evitar complicaciones. Así que debido a los cuidados posparto la boda fue realizada en septiembre, el clima en New York era cálido y todas lucieron unos espléndidos vestidos.

Claire se reusó a tener damas y esas cosas. Ella quería una ceremonia sencilla rodeada de sus personas amadas. No hubo más de cien invitados, algunos de ellos compañeros de trabajo de ambos a quienes era imposible excluir del evento. Jill, a pesar de haber parido cinco niños hacía tres de meses, se veía sexy con el ajustado vestido azul que usaba; de hecho Chris se sentía todo un pervertido porque le era difícil apartar sus ojos del escote de su esposa. Sherry usó un diseño en tono rosa pastel, largo al piso y con una tela vaporosa. Ella lucía tan dulce y Carlos Oliveira se sintió en la obligación de no apartarse de ella durante toda la noche para evitar que algún patán quisiera propasarse con la inocente Sherry. Becky siempre había sido una dama conservadora, pero el vestido verde que portaba esa noche tenía poco de conservador, pues si bien el escote frontal era pulcro, el hecho de que la línea trasera llegara justo a donde la espalda pierde su nombre hacía que Billy, quien no había tenido ocasión de ver ese sexy detalle, tuviera deseos de secuestrarla tan pronto como la ceremonia religiosa concluyera para deshacerse de esa tela y tener solo para él a su castaña.

Barry acudió con su familia. Moira había sido "la niña de las flores", lo cual era gracioso, pues a sus catorce años, y siendo una adolescente con un carácter complicado, llamó bastante la atención que la joven no usara un vestido formal, sino un diseño modificado por ella misma, cerrando las aberturas que el vestido negro tenía con imperdibles plateados y en lugar de zapatillas, botines con estoperoles. La cabellera la usaba rapada por un lado y muy corta por el otro, con unos mechones violetas. Sus labios combinaban con su cabello.

Claire conocía la historia detrás de la rebeldía de Moira. Ese terrible accidente donde la vida Polly, la pequeña Burton, había pendido de un hilo luego de que Moira disparara accidentalmente la pistola de su padre mientras ellas jugaban, había marcado para siempre su dinámica familiar. La relación padre-hija había cambiado abruptamente cuando Barry, en medio de la angustia, culpó a su primogénita de todo. Claire trató de dar su apoyo vinculándose con esa pequeña jovencita que se sentía desplazada. Moira era hostil con casi todo el mundo, excepto con la pelirroja. La veía como una hermana mayor y su heroína. Enterarse de la boda en las playas de México no le había sentado del todo bien, pues entendía que ahora alguien más monopolizaría el tiempo de la mujer que admiraba, pero al paso del tiempo tuvo que aterrizar esas emociones, con ayuda de su madre. Aceptar formar parte de la ceremonia era una buena forma de sanar heridas.

En esa discreta boda, la crema y nata del frente contra el bioterrorismo se reunió. Aunque las cosas habían estado tranquilas los últimos años, Chris y Leon no dejaban de ser precavidos e implementaron un alto nivel de seguridad. Afortunadamente nada sucedió salvo que hubo que calmar una pelea entre Chris y Leon contra Carlos Oliveira, quien tuvo el "atrevimiento" de ser la pareja de Sherry y además, la sacó a bailar "descaradamente" sin antes tener el consentimiento de los antes mencionados.

Las esposas de ambos tuvieron que intervenir y controlarlos antes de que Carlos decidiera dejar de actuar como un buen chico y se defendiera de ellos. Por fortuna, nada pasó a mayores y la boda terminó en santa paz.

En Estados Unidos se respiraba un ambiente sereno, pues luego de la controversial renuncia del Presidente Graham, rápidamente el Vicepresidente Hudson entró en funciones, sin embargo, al faltar poco tiempo para las elecciones, durante los ocho meses que estuvo en el cargo, no se hicieron grandes cambios.

Cuando el Candidato Demócrata, el Senador Adam Benford arrasó con las votaciones de noviembre, la presencia de Leon fue solicitada por el nuevo Presidente para formar un equipo elite que, bajo la dirección del propio jefe del poder ejecutivo, combatiría el Bioterrorismo.

El Currículum de Leon era intachable, así que el Presidente le pidió como un favor personal estar a cargo de la logística, el reclutamiento y entrenamiento de agentes, y quizá, cubrir alguna misión en solo si llegaba a ser necesario. Leon dijo que justamente se había retirado del peligro porque ahora tenía una familia, pero el Presidente insistió en que era casi imposible que se presentara algún incidente, y que incluso el programa de DSO era en caso de alguna contingencia. Además, tras haber estado en el estrecho círculo del ex Presidente Graham, él había sido testigo del crecimiento de Leon y realmente lo respetaba y admiraba. Ante semejantes argumentos el rubio no pudo negarse, pero esa pequeña cláusula del contrato sobre las misiones omitió mencionársela a su esposa.

Al paso de los meses varios temas fueron quedando en segundo plano y uno de esos fue el de Neil Fisher. Debido a que el trabajo de Claire en TerraSave poco tenía que ver con el líder de operaciones, no hubo más contacto entre ellos, lo cual alivió a la joven, quien decidió no interponer ningún recurso legal.

Las festividades de diciembre llegaron y todos celebraban en la casa de los Redfield con los quintillizos, quienes por cierto eran cuatro saludables niños y una hermosa nena. Intercambiaron regalos, brindaron y hasta hubo show de karaoke.

En febrero, Leon viajó a Europa oriental debido a una misión en solo que en teoría era sencilla. Claire no estaba de acuerdo. Y se lo dijo claramente a su esposo, pero él argumentaba que era su deber. Ella no era tan paranoica, pero algo extraño pasaba con esa misión que la dejaba intranquila.

Por primera vez desde que se casaron discutieron fuertemente sobre la naturaleza de esa expedición. Claire no entendía por qué justamente él tenía que ir. Sus sospechas no eran del todo infundadas, pues el nombre de Ada Wong había aparecido en unos cuantos registros que ella encontró en la Mac de su esposo. Sí, se sentía mal por haber husmeado en algo tan privado, pero no podía dejar de pensar que esa maldita aprovecharía cualquier momento para intentar algo con Leon.

Claire no le dijo nada de eso a su esposo, así que cuando él le cuestionó su reticencia, ella solo se quedó callada y dio la media vuelta. Leon no quiso complicar las cosas, pues cada vez que trató de acercarse a su mujer, ella lo evadía. Por propia decisión durmió en la habitación que solía ser de Sherry, y que ahora ella no ocupaba, pues ya estaba rentando su propio espacio.

Esa fue la noche más larga para ambos. Leon salió de su casa a las cinco de la mañana, pues lo esperaban en Washington para viajar. Claire no lo despidió y luego de que se anunciara que el avión en el que viajaba su esposo había sufrido un terrible accidente y no había sobrevivientes, se arrepintió como nunca de su propia estupidez.

Ella conocía perfectamente la ruta que debía recorrer su esposo y los días que debía durar la misión. Sin dudarlo un segundo, con el apoyo del Presidente Benford viajó hasta el sitio donde cayó el avión y una vez allí el panorama fue peor de lo que pudo imaginar.

Continuará…

Chicos y chicas:

23 hojas, mis amigos, 23 hojas completitas, así que no pueden decir que no los amo. La estructura del epílogo que habían leído la vez pasada fue modificada y he seguido la narración lineal. Respecto a este accidente… Ya saben lo que viene, ¿verdad? Ah, por cierto, este capítulo fue relativamente rápido de hacer porque hice mucho copy-paste. Pero el que viene es inédito, así que discúlpenme de antemano por la demora que pueda haber. Trataré de echarle ganitas este fin de semana y reducir el tiempo de espera.

Darkmatter Black: Te soy honesta, cuando escribí el fic no tenía mucha idea de nada en la vida, jajajaja. Pero había leído bastante, así que lo de sexo salvaje fue basándome en un personaje que me gusta muchísimo (se llama Stefan) de una novela poco conocida. El resultado final no fue de mi total agrado, pues me parecía fuera de los personajes, pero por capricho la dejé. Al editar esta historia, y en total posibilidad de hacer los cambios que quisiera, vi ese momento como algo natural en la vida en pareja, y con el desarrollo que esta vez tuvieron, me pareció mejor contextualizada. Por otra parte, lo de Sherry tenía decidido modificarlo desde el principio. Ella tenía todo el derecho de estar en la boda. Este capítulo no tuvo tantas sorpresas, pero a ver qué sale para el próximo. Gracias por seguir aquí echándome porras en cada capítulo. Te mando un mega abrazotototote. Besos.

DESTACADO117: ¡Ya vamos por la última parte! Muchísimas gracias por continuar aquí. Sherry se merecía estar presente. No había de otra. Ella es la cómplice de ese par y estar en una video llamada me pareció algo injusto. Además, lo que siempre quise mostrar de ellos es que son una familia y creo que la boda lo dejó bien establecido. Con la noche de bodas improvisada no hice cambios, espero que hayan compartido la complicidad que traté de reflejar entre ellos. Y nada, veamos qué tal nos va con este cierre y el capítulo inédito que viene. Te mando un fuerte abrazo y te aseguro que estoy metiéndole velocidad a esto. Besos.

Kill Jill: Muchísimas gracias por tu fe y paciencia. Te juro que leerás el final muy pronto. Concuerdo contigo, Ashley Graham es el peor personaje habido y por haber. Es taaaaaaaan… rubia, jajajajajajajaja. No, Sherry es rubia y es una monada. Pero en serio, Ashley fue diseñada como la clásica niña mimada inútil y que se creen lo máximo. Si la incluía como tal en el fic no la iba a dejar bien parada, así que esto fue todo lo que pude hacer para no hacerla ver aún más tonta de lo que ya es. Espero que este capítulo te guste y nos vemos muy pronto.

Dartz seta: Amigo querido, no sé qué tiene Fanfiction o su servicio de mensajería, pero no me llegan los correos de algunos reviews o de mensajes privados, me entero de ellos hasta que entro directamente a la página con mi cuenta o con la app para cel. Por favor, si necesitas algo dímelo y yo te responderé lo antes posible. Please, no me dejes con la curiosidad, tu fic debe conocer la luz del sol y yo personalmente ansío poder leerlo. Estoy a tus órdenes para lo que necesites y seguimos en contacto. Besos.

Mrs. Kennedy: Muchísimas gracias por tus bellas palabras. Seguiré hasta el final de este fic. Nos leemos pronto.

Lexugim Greyrat: Exactamente eso fue lo que quería, todo más familiar, más íntimo. Quería que Sherry se sintiera vinculada a ellos para que se justificara la unión que plasmo en la secuela de este fic. La verdad es que en la edición me duele quitar cosas, porque hasta ahora he añadido más de lo que he quitado, pero creo que ha ido quedando todo con cierta lógica. Pues espero tu crítica para el cierre del fic. Te mando un beso. ¡Bye!

GeishaPax: Amiga de mi corazón, desde la vez que me pusiste el fragmento de My way tatareo la canción cada que te leo, jajajajaja. Oye, hay gente bien rara en este mundo y creo que esta chica necesitada de atención es una de ellas. Ya antes me habían dejado un review similar, supongo que es esta adolescente desquiciada. Pero como no me quita el sueño ni el hambre (ojalá me quitara el hambre, de hecho), pues pasamos a este asunto del fic. ¿QUIERES MÁS AMOR? Este capítulo es para ti un poquito antes de tu cumple. De verdad amiga escritora, muchas gracias por seguir por aquí leyendo estas locuras que pasan por mi cabeza. Como dije la vez pasada, no creo seguir mucho más por estos rumbos, pero deseo concluir unos fics que dejé pendientes (especialmente un par de fandom de CCS). Espero leerte pronto con alguna de las dos actualizaciones que me hacen encerrarme un rato en el consultorio para leer. Te mando besos y abrazos y mis felicitaciones por tus quince años van por FB.

Guest: Muchas gracias por leer la historia, pero aquí estoy un poco confundida, hay un lector que se llama Gamer y ha dejado varios reviews, es solo que algunos tienen firma y otros no, así que pregunto: ¿eres tú? De cualquier forma, gracias por leer este fic y me alegra que te haya gustado. Llegaste en la recta final y creo que debo avisarte que demoraré un poquito con los siguientes capítulos, pero es porque quiero plantear bien la situación que viene. Te agradezco nuevamente por interesarte en la historia y dejarme saber tus comentarios. Tus críticas siempre serán bien recibidas. Saludos.

Chicos, nos leemos en unas semanitas. Besos a todos.

Pily~chan.