Día de compras.

-… y dúchate. Llevas semanas así cariño, tienes que estar presentable. Ese chaleco nunca sirvió para nada en mi opinión, pero ahora que irá directo al basurero.

-P-pero mama…-

-¡Sin peros señorita! ¡Vamos a ir al centro comercial, y será perfecto, sin importar que! Ya va siendo hora de que salgamos como familia. Además, solo serán unas horas.-

Para la relación que Loan mantenía con todo fuera de su hogar, tanto daba que fuera un siglo. Habían ´´desayunado´´ sorprendentemente temprano en la mañana (si a los panqueques envasados recientemente añadidos a su reserva se les podía llamar de esa forma) porque ninguno de los dos tenía motivos para salir de la habitación ese sábado, ni llegaron a desvelarse demasiado. Como casi todo lo que ella hacía, dicho plan se desmoronó en poco tiempo. Su madre había aparecido allí, interrumpiendo la serie que veía, para anunciar que los Loud se iban de compras con ellos incluidos, y era difícil contradecirla.

-Yo… y-yo…-

Lori rodo los ojos frente a ella, desestimando el alegato.

-Los quiero en la sala de estar a las 11:30, sin excusas. Deberías apresurarte, o mejor, hubieras tomado el ejemplo de tu hermano, porque pronto la ducha estará muy ocupada.- Se refería a que Leo se duchaba al despertar, o lo que es lo mismo, a primera hora de la madrugada. Habiendo derribado el piso estable en el que se posaba, su madre se fue mirándose en el pequeño espejo que portaba en el bolso.

Sentado en una esquina, el chico procesaba la conversación. Mirándolo atenta, Loan descubrió un pequeño temblor en su parpado izquierdo. Le gustaba la nueva situación tanto como a ella, pero ninguno de los dos se atrevería a hacer algo, por motivos diferentes. Quizás estaba también más acostumbrado.

Suspirando acongojada, Loan se levantó del escritorio en dirección al mueble con su ropa. Todo estaba bien colocado según función y tamaño, gracias a que Leo ordenaba su habitación frecuentemente. Recordaba como tardó semanas, hace ya varios años, en darse cuenta que podía pedirle que no tocara ciertas cosas. Por eso sus figuras, videojuegos y lecturas se mantenían en el colosal desorden que solo su creadora podía comprender… de vez en cuando.

-Este est-tá bien…- murmura para sí, hablando de su actual chaleco. Hace su mejor esfuerzo por doblarlo y esconderlo mientras toma otro, que combina tonos variados de azul y zarcillos negros sin patrón aparente, regalo de su tía Lisa. Después de puesto, saca pantalones holgados, ropa interior y calcetines limpios, y pone rumbo al baño. La fila es sorprendentemente poco numerosa: sus herma-primas deben estar acicalándose, lo que deja tan solo a los chicos y Lacy. Lizy y Lulu todavía son ayudadas por sus madres en el baño de mayores.

-¿Es nuevo? Te… queda bien Loan.-

-¡Acertaste de lleno viejo!- Apoya Lemy a Bobby.

-G-gracias, fue un o-obsequio de t-tía Lisa para mi cumpleaños.-

Con eso, los chicos comienzan a hablar de su vida cotidiana y quejarse de temas diversos (ella apenas puede seguir algunos), pero algo recurrente es la gran cantidad de tiempo que usa Leia en el baño; tiene la costumbre de maquillarse allí, pese a la demora que acarrea a los demás y a tener un espejo gigante propio en su habitación. Según ella, es para cumplir tan solo una pequeña fracción de su ´´tratamiento de belleza´´, pero todos sospechan que el motivo principal consiste en darse importancia, cuando no fastidiarlos.

Mientras los minutos se suceden, su incomodidad va en aumento. Al fin, Lyle, último en la fila antes que ella, sale del baño con el largo y lacio pelo mojado, dejándole espacio para sufrir la ducha en su totalidad. El agua cae, y Loan trata de ignorar su tacto, muy caliente en su opinión, además de la preocupación sobre salir al mundo exterior. Lo único bueno es que irá toda la familia, así que ella podría mantenerse alejada de todos los demás, si hace las cosas bien. Ese pensamiento resulta gratificante.


-¿Todo listo?- Formada al lado de su madre y hermano, Loan mira sobre su hombro a la gran cantidad de gente en fila. El que pregunta es su padre, que no va con ellos. Las personas de Royal Woods no le tienen mucho… aprecio. No es que le sea imposible salir de la casa, pero ya ha habido altercados en viajes anteriores, con la gente, por lo que a ella le han contado Liena y Lyra. Que se quede es un duro golpe.

-¡Sí!

-¿Bolsas resistentes?-

-¡Aquí Linky!- Muestra tía Leni, agitando los brazos cargados de bolsas reciclables, y pasándoles algunas a cada cual. Tía Lola lleva una cantidad similar, pero para ella sola.

-¿Tenemos que ir?- se queja Lupa, la única de sus herma-primas que no se puso algo diferente para la ocasión.

-Sí. Necesito algunas cosas, y tú también hija.- El vestido de tía Lucy parece… extraño. Sorprendida, Loan se fija en que es más simple que de costumbre, con las mangas ajustadas y el faldón menos extenso.

-Entonces salgamos pronto. Cuanto antes terminemos, mejor.-

-¡Ja! ¡Si tan solo no te hubieras resistido tanto, probablemente ya estaríamos allí!- Lacy le pone una mano amigable en el hombro a la gótica, que hace un gesto enojado.

-Incorrecto. Zi algunaz no tardaran tanto acicalándose como ejemplares de Pavo criztatus, ya podría eztar de vuelta en mi laboratorio.-

Similar fastidio expresa en sus ceceos la tía Lisa, que se quitó la bata de laboratorio obligada por sus otras tías. Ninguna quería a alguna de ellas sola en la casa con su padre. Pensar en eso hizo que a Loan se le subiera lo que parecía la mitad de su sangre a las mejillas, con el ardor correspondiente. -´´!Por favor que nadie se dé cuenta, por favor!´´- Por suerte, nadie lo hizo.

-No otra vez. Acordamos que todos deben salir de vez en cuando hace años Lisa.- Tía Lana esta tan impaciente como tía Lynn, tía Leni, tía Lola su madre, Lacy, Lizy, Lyra, Liena, Lemy, Lyle y Leia.

-Yo voté en contra…- Murmura, con Lulu en los brazos.-

-¿Llaves?- Vuelve a consultar su padre.

A su lado, Lori ya tiene una mano en el pomo y otra levantando ostentosa el llavero del auto familiar.

-Mhmmm… ¿Podría conducir yo esta vez tía Lori? ¿Por favor?-

Lyra se adelanta en la fila, impecablemente vestida con una nueva camisa blanca y almidonada. Su madre, la tía Luna, emite una carcajada estentórea, sin hacer caso de su mirada fulminante. Por lo demás, el resto en la habitación da un respingo violento, sobre todo ella. Hasta Leo abre un poco los ojos, nervioso. Lyra no destaca por su habilidad al volante incluso después de meses de práctica.

-Ehhh, Lyra, querida, no creo que con tantas personas en la van eso sea una buena idea.- Dice el albino.

-Además, esto es una salida familiar formal. Sigo siendo la mayor, así que yo conduzco. Que no se hable más del asunto. Niños, vayan al auto.-

-¡Oye! ¡No se siempre funciona así Lori!-

-Claro que sí Lynn.-

-¿Si quiera alcanzas los pedales, o tendríamos que traer la armadura extensible de Lisa?- Se ríe tía Luan-

Antes de que pase a mayores, Loan escucha algo como un coro…

-¡Lyra conduce, Lyra conduce el camión! ¡Yo por ahí no paso, mejor vamos al paredón!- Y la carcajada que lo sigue. Lemy, Lacy, Lupa y Liby repiten el canto una vez más, para diversión de las mayores.

-¡Ya deténganse! ¡No lo hago tan mal!-

-Si claro, señorita ´´estuve a punto de dejar la casa sin porche´´.- Se burla su hermano rockero.

Loan debe admitir que es algo gracioso, en especial porque la controlada Lyra nunca admite que tiene problemas al volante.

-¡Cállate enano!-

Después de ahogar la risa, su padre pone fin a la discusión despidiéndose cariñosamente de todos.

-¡Suerte!- Agita la mano desde la entrada. Loan lo saluda, sentada en uno de los puestos del medio con Leo. Por suerte no hay polvo en el ambiente, los sillones fueron limpiados hace poco y el sol no domina el horizonte como correspondería a un día de verano tardío. A través del pasillo en la van están los asientos se ve a tía Luan y Liby conversando sobre lo que parece un guion teatral.

El motor ruge y ella hace lo posible por prepararse para su inminente destino.


Hasta poner un pie en la calzada supone un desafío mayúsculo. Desde el estacionamiento se ve un grupo de edificios acristalados con tamaños diversos, y ella siente las punzantes miradas de una multitud informe sobre ellos. Es todo un acontecimiento que esa familia se atreva a salir de la casa. Loan se siente como si tuviera las piernas hechas de jalea. Comienza a respirar cada vez más rápido, girando la vista en rededor hasta que una mano suave la toma por el codo.

Liena dice algo con las manos, pero ella no capta eso, aunque si la sonrisa tranquilizante. Se calma un poco. Más adelante están organizando los grupos.

-… considerando que el ideal es estar mezclados, lo mejor sería que hiciéramos parejas, y que cada una acompañe a la otra en sus compras. A las dos nos reunimos en el patio de comidas. Recuerda donde estamos esta vez por favor Leni, para dejar las cosas que compren. Los chicos pueden ir por su cuenta, a cargo de alguien responsable. Luan y Lisa, ¿Vienen a la sección de tecnología? Cerca está una de las librerías…-

-Dentro de un rato hermana mayor. Voy a la zección de infantez, y luego a la farmacia. Quizáz haya algo interezante.-

-Un público difícil ¿Ehhh? De todos modos tengo que revisar unos nuevos micrófonos inalámbricos… Estoy dentro. ¿Liby?-

-Yo preferiría irme con las chicas, si no te importa mamá.- Pide a su lado ella. Algo más lejos, Lupa y Lacy les están diciendo lo mismo a sus respectivas madres.

-¡… 12 en punto, tienda de deportes! ¡Entendido entrenadora! ¡Vamos vamos chicas, rápido!- Esa imagen de hace mucho tiempo, la deportista empujando al resto del trio, le es tan familiar que elimina parte de su tensión acumulada. Puede que algún día ella también sea capaz de ir a algún lado sin su madre… o no. Pasó a paso, como dice su psicóloga.

-¡Los chicos pueden ir con nosotras! ¡Hay tanta ropa que les quedaría súper genial! ¡Podemos ir a…!-

-Uhh, lo siento por eso tía Leni. Me tengo que ir. ¡Nos vemos al rato Liena! ¡Y después dicen que yo soy el demoroso!- Esto último lo dijo Lemy a un chico afroamericano en patineta que se les había acercado, sin que Loan lo viera. Dio un respingo, pero ambos ya se habían ido corriendo hacia una tienda de posters alejada, seguidos de la risa grave de tía Luna. Ella y Lyra ya tenían listas de compra en diferentes tiendas instrumentales.

-¿Qué importa Bobby? Nos las arreglaremos sin él. ¿Vamos mamá?- Trata de subirle el ánimo Lyle.

Tía Lola y Leia ya se fueron con tía Lana y Lizy detrás. La tienda de mascotas principal quedaba de camino a uno de los muchos retails, y las gemelas eran inseparables pese a tener personalidades diferentes hasta el hartazgo.

-… y así es como se forma la nieve Lizy. Ahora, ve más rápido, que nos quedamos atrás.-

-Geniaaal…-

Tía Lucy y tía Lynn se van cada una por su lado, a buscar quien sabe que extravagancia. Claro, Loan es la menos indicada para decir algo así, tomando en cuenta sus baúles llenos de cosas raras cuya utilidad su madre ponía en duda constantemente. Solo quedaban ellos cerca de la van.

-Listo. ¡En marcha chicos! ¡No te apegues tanto Loan! ¡Luan, deja eso!- Su tía dejo de dibujar con el dedo en el empolvado auto de algún desconocido. Pillada in fraganti, esbozó su sonrisa típica. Cuando era más pequeña, Loan solía creerle sus declaraciones de inocencia, hasta que tuvo la mala suerte de pasar su primer día de los inocentes en la casa.

-S-si mamá…-

Las mayores abren la marcha, conversando de sus asuntos. No es que Loan nunca haya visto este tipo de cosas en televisión, sobre todo en las noticias previas a Navidad, con todas esas personas empujándose desesperadas por entrar a alguna tienda, ignorando incluso los saturados elevadores magnéticos y tomando las tradicionales escaleras. Sin embargo, los abundantes carteles, extraños transeúntes y música indeterminada se sienten diferentes desde más cerca. Demasiado cerca, a juzgar por el exagerado respingo que no puede evitar cuando un desconocido la pasa a llevar.

Ya en el elevador colocan las bolsas en el compartimiento, y en pocos segundos se encuentran en cuarto piso. Siguen a su madre hasta que Loan se da cuenta de la dirección: una tienda de ropa.

´´No no no no no, no por favor´´

Tiene que hacer algo, y rápido. Justo en la periferia de su visión, milagrosamente, hay una pequeña tienda que le llama la atención. Anaqueles llenos de portadas, un CD antiguo en el logo. Sin perder otro instante, Loan toma el codo de Leo, que mira desinteresado la cámara en una esquina, y habla:

-M-mamá, pod-demos, ya sabes, ehhh... ¡Ir a l-la tienda de comics! ¡S-si!- Le costó tanto que piensa que en cualquier momento su corazón estallará.

-Pero cariño, tenía pensado un hermoso vestido para ti…- Objeta sorprendida dándose vuelta.

-Déjala Lori, tenemos tiempo de sobra. ¿Cuándo fue la última vez que Loan quiso hacer algo por si misma fuera de la casa?-

-Cierto. Bien, si quieren ir a ver sus cosas raras, adelante. Pero no se demoren mucho.-

-Espera, ¿Te llevas a Leo? ¿Y quién va a cargar nuestras cosas?-

-Esto no es nada Luan, yo tengo que llevar el portafolio lleno todos los días y no me quejo. Vámonos, esto estará lleno en un rato.-

-¡Rayos! ¡Que les vaya bien chicos!-

Libre al fin, Loan se acerca dubitativa a mirar el escaparate. Comprueba que Leo siga a su lado, y luego constata con agrado que hay algunas figuras en la parte inferior, ninguna persona dentro de la tienda y muy pocas fuera, salvo el vendedor. Es joven, quizás 26 años, pelo castaño oscuro, lentes, ropa casual y un libro en la mano. Toda la presión soltada reaparece con fuerza. La imagen que da debe ser horrible, piensa. A punto de escapar de allí, vuelve a mirar a su hermano.

-P-podrías… Yo n-no…-

El asiente rápido, y entra primero dándole tiempo para seguirlo. El empleado los saluda con una sonrisa abierta:

-¡Buenos días! ¡Siéntanse libres de revisar lo que deseen!-

Ella enrojece violentamente, atinando apenas a pronunciar palabras incompletas, mientras que su hermano levanta la mano en contestación formal. Cuando está segura de que el hombre volvió a su libro se adentra en las estanterías, seguida de Leo. Hay material muy selecto allí, y diverso además. No tanto como en sus páginas de compra, pero nota el esfuerzo. No es un espacio muy grande, pero cabe gran cantidad de cosas geniales. Distraída, la oscuridad queda relegada el tiempo necesario para pasearse minuciosamente por el lugar. Cuando ya tiene una buena pila recuerda que no tiene dinero en lo absoluto. Su asignación mayormente va a distintas tarjetas, porque sus gastos son abrumadoramente virtuales. Cerca, Leo tiene bajo el brazo una caja cuya tapa retrata un barco artillado y la mira de nuevo. Loan sabe que el recibe mucho menos dinero, así que comienza a devolver las cosas a sus estanterías, compungida.

El levanta mínimamente una ceja, su forma de decir ´´estoy confundido´´.

-S-se me olv-vidó, no tengo di-dinero. Es una pena, pero p-por lo menos no fuim-mos con mamá a la t-tienda.-

Sorprendido, saca algo de su bolsillo en la camisa. Una billetera que abre, mostrando un fajo nada despreciable de dinero.

-L-leo, n-no… tran-tranquilo, no necesito eso, p-podemos volver ot-tro día, no quiero que gastes t-tu asignación por mi…-

Al fin verbaliza una respuesta, girando suavemente la cabeza hacia los lados:

-No lo necesito. No lo uso desde hace cuatro meses y 14 días.-

-P-pero…-

Su hermanito no espera mucho. Toma lo que estaba dejando, se va a la caja registradora y comienza a pagar.

-Supongo que estos son de la señorita. Tiene buen gusto, a decir verdad. Lo primero que me sorprendió de esta ciudad al llegar es la gran oferta literaria.-

El quiebre. Es sencillamente demasiado, siente que la taladran en el alma con esa mirada tan directa… Loan solo puede retroceder un paso, encogerse y ponerse tras Leo, que a su vez se envara, alerta. El pobre tipo de la caja tarda unos segundos en entender, y su jovialidad se troca en preocupación mientras le pasa el cambio al menor.

-Ehhh, ¿lo siento? No sabía, bueno… Que tengan un buen día, supongo.-

Sin soltarlo, se van rápidamente, pero no lo suficiente para evitar escuchar un susurro al aire:

-…ielos, hace mucho que no veía uno de ellos….-

No otra vez. Arrastra a Leo con toda la prisa que le permiten sus piernas y miedos, casi logrando que se tropiece y bote la pequeña pila sobre sus manos. Sin saber cómo, llegan a la gran tienda de ropa, donde Leo procesa lo sucedido y se adelanta para su gratitud. ´´No sabría cómo encontrar a mamá en este lugar tan, tan… enorme´´.

-¡M-mamá….!-

-¡Al fin! ¡Son las 1:36! ¡Se suponía que tenías que traerla a tiempo Leo!-

El rostro de Leo, pálido por lo general, pierde el poco color que tiene violentamente. ´´Lo siento, no volverá a suceder´´, articula con un susurro ahogado. Loan se siente peor.

-N-no fue s-su culpa, había al-alguien y yo…- La expresión de Lori se suaviza, y se lleva una mano al rostro.

-Cariño, ya deberías dejar eso, sé que puedes hacerlo, y no hay ningún motivo real. Te dije que este lugar es seguro, y para algo estaba Leo contigo. Por ahora, que pase, pero queda aún un tiempo. Mira, debe alcanzar para probarte este, y este, y aquel otro tan bonito que Luan dejó…-

Sin forma de negarse, Loan es conducida al probador, donde trata de demorarse la mayor cantidad de tiempo posible. No es que sus manos temblorosas den muchas opciones.

-¿Sobrina? ¿Sigues viva?- ´´Por favor que tía Luan no tenga una cámara´´

-¡Sal de ahí Loan, no tenemos tiempo!

-N-no quiero… Tengo m-miedo.-

-¡Entonces abre la puerta!-

Con una mueca, quita el seguro del pequeño probador. El conjunto que su madre eligió para ella es… raro. Una pieza completa, gris, de algo similar a su chaleco, pero que se extiende hacia abajo para formar una falda muy corta para su gusto. Acompañando la extraña prenda, una chaqueta marrón común, zapatos con tacón pequeño y medias. Por lo menos los colores no son llamativos, como ella prefiere.

-¡Te ves preciosa mi niña! ¿Cierto Luan?-

-Wow, vaya que es cierto Loan. ¿No has pensado en cambiar todo tu look?

-L-la verdad me gust-taba más antes…-

Como si no hubiera escuchado, su madre continúa.

-… lo llevaremos, será un bonito traje cuando salgas conmigo a la oficina, y quizás hasta termines trabajando ahí, eso sería literalmente lo mejor para ti… -Su voz firme sufre una inflexión extraña- Ay, perdón, es la emoción del momento…-

Ante eso, Loan atina a forzar una sonrisa y volver a cerrar para cambiarse. Botando aire contenido y apoyándose en la pared, piensa en lo mucho que le gustaría eso. Si tan solo… ¿O no? Por lo que le ha contado Leo, en la oficina su madre lo deja solo revisando archivos contables. Ella no es excelente en matemáticas, pero tampoco mala. Salir a ese ambiente protegido, quizás sea el primer paso, el que nunca se atrevió a dar por sí misma. Profundo es su mente resuena el deseo de conocer gente, hacer amigos, ser normal. Aunque viendo como salió la breve conversación con el empleado de hace un rato… Tampoco quiere decepcionar a Lori teniendo un ataque en su compañía. Todo es confuso otra vez.

Saliendo con su anterior ropaje y entregándole la bolsa a su madre se encuentra a los otros. En la caja pagan todas sus cosas, incluida la ropa recién adquirida para ella. En este punto, tía Luan tiene varios paquetes en las manos, y la pila que antes cargaba Leo se ha cuadruplicado, escondiendo su cabeza. Su tía mira en esa dirección, frunciendo el ceño.

-Dijiste que cargaríamos nuestras propias cosas Lori. Rompiste tu propio acuerdo.-

-¡Ja! Bueno hermana, la verdad eso era para el momento de comprar. No dije nada de volver. Es una pena que Liby no esté aquí para ayudarte ¿Eh?-

-¿T-te ayudo?-

-Estoy bien. Gracias, hermana.- Desde siempre, Leo lleva sus cosas, pero esta tan cargado que Loan siente algo de culpa. Casi todo es suyo o de su madre, pero el parece apañárselas.

Llevan un buen trecho, y los primeros que encuentran son tía Leni y su grupo. Todos llevan algo, generalmente con logos de marca (Incluyendo la de su tía modista). Tía Lola viene con alguien detrás, cargando el carro que lleva sus cosas. Al final llega Lemy, solo, y deciden ir a un local gourmet bastante espacioso del tercer piso. Ocupan la mesa más grande, e incluso deben sacar un par de sillas de las aledañas. El pedido en sí dura como mínimo media hora, en tanto es muy variado. Comida vegana, de dieta, abundantes filetes (para tía Lynn y Lacy), etc.

-¿Tomamos las papas fritas aderezadas para tres?- Dándose vuelta indecisa, encara a Lupa. Son los únicos que quedan sin ordenar, y los miran todos en la mesa, incomodándola.

-Ehhh, por m-mi bien. ¿Leo?-

El asiente serio.

-¿Venimos al lugar más delicioso del centro comercial, y ustedes piden papas fritas? ¿Es en serio?- Pregunta tía Lana. Su madre solo hace un sonido exasperado.

-Oye Lori, hablando de comida, ¿No que tu conduces por todo eso de ser la mayor? ¿Qué haces pidiendo champaña tan refinada?- Interviene tía Luna, riendo.

-Mhmmm, pensaba en lo mucho que Lyra quería conducir, como es obvio.-

-Sí, claaro, muy creíble y todo…- Se oye un murmullo contenido.

-¡Genial! ¡Prometo por Dios que no te arrepentirás tía Lori!-

-¡Nooooooooooo…!- Todos los menores, y algunas de las mayores, se quejan con fuerza.

-Vamos a morir.- Tía Lucy augura en voz alta.

-¡Eso seguro tía! ¡Prefiero ir al parque de riesgo mal mantenido!- Contesta Lemy

-Bueno, por lo menos Bobby vino preparado.- Señala tía Luan al casco que el chico moreno lleva bajo el brazo, cohibiéndolo un poco.

-Bien hecho hermano puedes ir a dejarnos flores.- Le felicita con una sonrisa Lyle.

Todos terminan su comida (la fuente de papas entre los tres aún tiene unas pocas, que Lacy saca ansiosa, ganándose el ceño fruncido de su madre), recogen sus cosas y se van a la van mientras sus madres pagan.

Al edificio entran cada vez más personas. Cuando salen y de tanta prisa por llegar, Loan por accidente tira mucho a su hermano, derribando por fin la considerable masa que trae.

-¡P-perdón! ¡Lo sient-t-o, yo no q-quería…! ¡Te a-ayudo…!- Las lágrimas se forman y hasta ella nota el estrangulamiento de su voz.

Ambos comienzan a recoger las bolsas desparramadas. Cerca, una mano toma la bolsa que contiene su ropa nueva, y vislumbra más gente. Sorprendida, levanta la cabeza y ve a todos sus herma-primos ayudando a dejar la carga en el automóvil.

-Les agradezco.- Sin creerlo todavía, oye a Leo dirigirse a los demás, en su tono normal, acomodando su manga en la parte trasera del maletero.

-¡No hay por qué ser tan formal! ¡Para eso es la familia!- Lacy termina de dejar una de las cajas de su madre.

Su hermanito asiente, y ella podría jurar que lo cree, aunque sea en una mínima parte. Sentados en su anterior puesto, ve como todos se agarran a los suyos mientras Lyra prende la van. Esta es la ventana por la que su yo menor rogaba en silencio, la posibilidad de mejorar, para ella y para Leo. No están perdidos del todo.


-¿Cómo les fue?-

-¡Excelente Lincoln! ¡Deberías haber visto a Loan con su nuevo traje! No te preocupes, Luan tiene algunas de su cámara oculta. ¿Por cierto, donde están los chicos?-

El hombre señala las escaleras, sonriente:

-Loan se veía muy feliz, parece que le gustaron sus cosas nuevas. Subieron a su habitación. ¿Por cierto, como se sabe que Leo está feliz? Al menos el chico se veía mas calmado.


Saludos. Muchos días sin publicar y un capitulo algo largo, como se suponía, centrado en un desarrollo leve de los personajes en el día a día. Sé que puedo ser un poco lento para esas cosas. Pensando en lo que escribí (el cuerpo original de la historia) me di cuenta de algo, y quería aclararlo: Aunque el final es bastante abierto a interpretación en ese sentido, prefiero seguir con el diseño de travelerofthemultiverse, o sea que en el presente de la historia Loan y Leo no tienen tendencias incestuosas: simplemente son hermanos muy cercanos, hasta el punto de la codependencia, y se quieren a su manera protectora y extraña, en contraste a Lyra y Lemy (no se llevan bien, pero en el fondo se aprecian) o Liena y Lyle (son como segunda madre e hijo).

Trickgl01: Si, es algo así como un final hipotético. Pensaba escribir los diferentes futuros posibles, pero me di cuenta de que no tiene mucho sentido establecer algo así de manera tajante, por no hablar de que sería anticlimático. No estoy seguro, pero creo que fue la mejor opción, y espero que ustedes también.