Quiero dedicarle este cap Ary Hyuga y Kaze no Akuma, además de enviarle un saludo a Alexa-Angel (espero leer pronto otro review tuyo)
CAPÍTULO 11
Me desperté bajo el agua, literalmente.
Lo último que recordaba era ser engullido por el mar de Long Island, hundirme en las profundidades mientras luchaba inútilmente por librarme y luego todo oscuro… Ahora estaba en una habitación de coral con perlas del tamaño de balones de baloncesto en el techo, la cama de algas entrelazadas crujió como papel burbuja mientras la sabana que me cubría salió flotando.
Como la última vez.
-Otra vez?!- pensé.
Sentía misma sensación de frio e ingravidez de aquella vez, era la tercera vez que visitaba el palacio de mi Padre y todo lucía igual… excepto por el gran candelabro de coral y perlas verdes que colgaba, más bien flotaba sobre mi cabeza, una mesa de roca submarina finamente esculpida reposaba en una esquina con una pequeña lámpara iluminaba por una luz tenue y pequeña, al entonar los ojos me di cuenta de que se trataba de uno de esos graciosos peces con señuelo luminoso de las profundidades… además la habitación era un poco más grande de lo que recordaba.
La primera vez que vine fue antes de la Batalla por el Olimpo justo después de volar en el princesa Andrómeda en miles de pedacitos, luego cuando bajé a buscar un regalo de último momento para mi novia Annabeth (un pequeño trozo de coral brilloso que coloco en su collar de cuentas y que hacia juego con sus ojos grises), ahora estaba de nuevo aquí… pero lo que me pasaba por la cabeza era Por qué.
De pronto la puerta se abrió y apareció un tritón con un traje de mayordomo.
-Buenos días, Señor!- saludó.
-Esto… Hola!- apenas pronuncié tratando de pensar que preguntar primero.
Pero antes de tomar la palabra, el tritón dijo.
-El desayuno se servirá en el gran salón, no debe atrasarse-
Luego se retiró cerrando la puerta con delicadeza, aún seguía confundido.
Despertar en mi habitación en el Palacio de mi Padre era suficiente para hacerme creer que probablemente él tuvo algo que ver con el secuestro, todo se me hacía muy trillado mientras atravesaba el mismo gran pasillo de la última vez, la primera vez que vine estaba siendo asediado y destruido por las fuerzas del Titán Océano luego se lo tuvo que abandonar para apoyar a los dioses en Manhattan lo cual inclino la balanza a nuestro favor, la segunda vez estaba en reconstrucción pero ahora que estaba nuevamente podía lucir impresionado finalmente.
Todo el pasillo hacia el gran salón estaba adornado con arcos de coral con perlas dispuestas en fila y que su brillo verdoso brindaban iluminación a mi camino, el suelo estaba alfombrado con algas rojizas que asimilaban la textura del coral y a la vez de la roca submarina oscura y había columnas de granito a los costados con antorchas de fuego decorándolos, la peligrosa sustancia mágica que ardía incluso bajo el agua, al final de este pasillo no tuve que tocar la gran puerta doble porque esta se abrió justo enfrente mío, me tope entonces con un balcón que ofrecía un lugar de mirador hacia el patio del palacio, jardines de coral y roca submarina, arbustos anemonas y peces de todos los colores nadando desde todas las direcciones ofrecían un espectáculo asombroso.
Pero luego me percaté que había alguien a unos tres metros de mí, sentado… o flotando sobre una silla de perlas tullidas y frente a una mesita de granito.
-Ya despertaste!- me dijo en un tono despectivo. –Toma asiento-
De inmediato comencé a sentirme incomodo, porque la conocía… con su piel verde esmeralda y su largo cabello negro azabache flotando alrededor de su cabeza como un manojo de algas, la última vez que la vi estaba ataviada con una armadura negra, ahora lucía un vestido turquesa con polvo de diamantes que le daba algo de brillo.
Anfitrite, la esposa de mi Padre Poseidón… y mi madrastra divina.
-Eh… esto…-
-Solo tomo asiento- aseveró.
Decidí obedecerla, rápidamente varias criaturas marinas (tiburones, delfines y peces grandes) comenzaron a flotar a nuestro alrededor con bandejas de plata en sus lomos que llevaban el desayuno, pero yo no dejaba de verla… su expresión era tranquila pero desafiante, sus ojos parecían observar cualquier otra cosa menos a mí.
Cuando el último delfín dejo la última pieza de la comida le agradecí.
-Ahora come-
Aunque me hubiera gustado disfrutar de la comida, estaba demasiado incómodo para probar todo lo que estaba servido por lo que solo bajaba un tenedor de bronce para recoger algo de pescado (Que sabía bien por cierto, mis felicitaciones al chef tritón) mientras Anfitrite bebía de su copa dorada cuyo contenido no salía flotando para mi sorpresa.
-Y dónde está mi Pa… digo, el Señor Poseidón-
Casi me lanzo una mirada medio fulminante, pero se mantuvo tranquila y relajada.
-Está atendiendo un asunto muy importante- respondió secamente. –Me pidió que te acompañara hasta que volviera-
Apenas solté un "Oh".
-El pescado esta bueno- recalqué.
Anfitrite solo gimió.
Como mi madrastra divina no parecía ser muy conversadora y como tenía tiempo de sobra me puse a pensar… de hecho lo único que se pasaba por mi cabeza era salir nadando de ahí, volver al campamento mestizo y preguntarle a Quirón que iba todo esto, porque estaba seguro que él sabía algo, pero luego veía de reojo a la tritón quien pasaba la miraba sobre mí cada tantos segundos como si asegurándose de que siguiera sentado aquí, aquella mirada de sus ojos azules marinos era tan aguda que pensé que podría atravesarme con ella si intentaba irme de ahí, aunque supongo que ella tampoco disfrutaba ser custodia de su ahijastro.
-Y… alguna de idea de por qué estoy aquí- preguntó.
Bebió un poco más de su copa antes de responder.
-Es complicado- aseveró. –Tu "padre" te lo explicara mejor-
El tono agudo que usaba al decir "Padre" no hacía sentir más tranquilo.
-Está bien, está bien ya no diré nada…- murmuré volviendo a apartar la mirada.
Pero luego de un segundo ella suspiro profundamente, como si luciera resignada.
-Lo siento, de acuerdo!- repuso.
Levanté una ceja.
-Es que… aunque lo amó es difícil para mí- explico.
Apenas me rasqué la cabeza antes de que volviera a hablar.
-Pelias, Teseo, Orión…- comenzó a balbucear. -…A veces me pregunto por qué aún estoy con él-
Tragué saliva porque su actitud me recordaba a Hera… pero no la culpo.
-Luego recuerdo aquella noche, luego de casarnos…- el enojo comenzó a dejar su voz para ser reemplazo por un tono romántico. -…me llevó a su cuarto, me sedujo y me hizo suya-
Los detalles siguientes hicieron que me ardieran hasta las orejas, pero era peculiar oírle hablar con ese tono de dulzura después de toda esa frialdad y la mirada aguda de hace un minuto, luego cuando el momento paso volvió a actuar de manera indiferente aunque dejándome muy en claro que mi Padre era un conquistador y pensando que tanto de eso haya pasado a mis genes.
-Bueno, supongo que puede ser peor…-
Volví a ser asediado por su mirada aguda.
-Cómo?!-
-Podrías estar casada con Zeus-
Guardo silencio por un segundo como si se lo imaginaria, luego gimió positivamente.
Una trompeta se oyó a lo lejos, pude ver a la distancia como una especie de carruaje de coral blanco y mármol con ruedas reforzadas de bronce tirado por delfines aterrizó por encima del palacio.
-Mi señor llegó- dijo Anfitrite.
Algo bueno para variar… y a menos que de pronto hubiera querido pasar tiempo de calidad, me gustaría saber porque me trajo a su reino.
Annabeth se sentía totalmente impotente mientras se encontraba sentada en su puesto en la mesa de ping pong esperando que dé comienzo el consejo especial convocado por Quirón.
El resto de los consejeros estaba dispuesto alrededor ocupando sus respectivos asientos, por parte de la cabaña cuatro esta Katie Gardiner con su pelo negro largo recogido en una cola alta y sus ojos marrones acusadores mirando a los gemelos Stoll por causa de su última broma pesada en el techo de césped verde de su cabaña, si los huevos de pascua de chocolate fueron molestos, la imitación de popo marca Hermes Express era sin duda desagradable.
Clarisse La Rue, de la cabaña cinco jugaba a dar pequeñas y rápidas puñaladas entre sus dedos repitiéndolo una y otra vez… por su parte Will Solace de la cabaña siete escribía nuevos versos en una servilleta que estaba junto a la fuente de nachos con queso, Castor era el único que parecía compartir su preocupación… aunque a un nivel menor que el mío, Percy lo había cuidado durante la batalla de manhattan por petición de su padre El señor D. luego de que este perdiera a su hermano y se quedara con toda la cabaña para él.
Habíamos colocado una pequeña mesa del segundo piso para ampliar a la de ping pong y permitir a nuestros amigos romanos ser partícipes de la reunión, Jasón ocupaba el extremo más lejano vestido con su túnica morada de pretor, a sus lados de la mesa Hazel y Frank estaban frente a frente ellos también compartían mi preocupación casi al mismo nivel, ambos también se habían vueltos buenos amigos de Percy luego de su misión para recuperar el águila de la legión, Dakota con su gran altura estaba a la derecha luego de Frank y cerca de Leo al cual no hacía ver como un duende, más este se concentraba en barajar unos cachivaches para crear un pequeño autómata como esos muñecos de cuerda de madera, solo que este era mecanizado y camino por la mesa hasta los bocadillos y volvió con una gaseosa para su creador.
Piper por su lado de rato en rato sacaba y veía su daga Captores con alguna esperanza de ver alguna visión reveladora sobre el paradero de Percy, pero de vez en cuando alzando la vista hacia Jasón quien tamborileaba la mesa con sus dedos debido a la impaciencia, mientras que junto a ella Rachel estaba con las manos estrechadas sobre su regazo jugando con sus dedos.
-Siempre se toman su tiempo- este dijo.
Ninguno de nuestros consejeros quería responder, sintiéndose seguramente algo avergonzados por la lentitud y el desorden en su consejo excepto Clarisse quien fruncía el ceño mientras aumentaba la velocidad de sus estocadas como si quisiera romper el récord de mayor cantidad de puñaladas entre dedos del mundo.
Finalmente por las escaleras apareció Quirón en su asiento mecanizado, flotando detrás de él estaba el Señor D… y rápidamente apareció como globo desinflado volando frenéticamente por la sala, el dios de la risa Momo.
Su esmoquin multicolores podría provocar ataques de epilepsia a ciertas personas si lo vieran, pero su sonrisa de dientes podridos ponía nervioso a cualquiera, rápidamente los tres inmortales se colocaron en sus sitios… aunque ella creía que todo era una pérdida de tiempo, no le faltaban las ganas de salir irse, empacar una mochila y salir en búsqueda de su novio, la misma sensación que experimento el año pasado cuando Percy desapareció ahora volvía, y era tremendamente incómodo.
-Bueno, vamos a comenzar esta sesión especial- dijo Quirón.
Todos de inmediato dejaron lo que hacían y miraron al centauro, Jasón se inclinó sobre la mesa apoyando un codo y su cabeza sobre esta.
-Seguramente se preguntan el significado de lo que ocurrió-
Annabeth quería estallar de la impaciencia, sintiendo que no deberían perder tiempo en lo obvio y pasar al meollo del asunto.
-Primero debo asegurarles que Percy se encuentra perfectamente-
Aquello fue un alivio para variar, pero aún falta la interrogante principal.
-Entonces debes sabes a dónde fue llevado?!- pregunto Jasón.
Quirón suspiró profundamente.
-Si-
Annabeth hubiera querido gritarle que di una vez lo dijera, pero algo en su expresión le dijo que mejor debía dejar que terminara de hablar.
-Pero antes creo que les gustaría saber el porqué de la presencia de nuestro invitado divino-
-ESE SOY YO!- señalo con gracia el dios.
Todos balbucearon entre sí curiosos, preguntándose porque no lo habían pensado antes.
-Bueno, como saben yo fue desterrado del Olimpo hace eones…- comenzó a narrar en un tono de drama. -…viví deambulando de aquí allá en fiestas y espectáculos intentando llenar el vacío que las parrandas divinas del Olimpo dejaron en mí-
Annabeth fruncía el ceño con disgusto recordando la broma de la rubia tonta que había usado en ella en la mañana.
-…luego Zeus, en su "magnificencia" decidió darme una oportunidad de volver a la gloria del Olimpo- dijo en un tono muy melodramático, pero Annabeth noto el tono entre comillas usado como sarcasmo, y seguramente no era para menos.
-Me dijo que me dejaría volver al Olimpo luego de un par de cientos de años cumpliendo la tarea que me encomendó-
Todos entornaron los ojos sobre él con más curiosidad.
-Qué tarea?!- preguntó Katie.
-Seguramente la pelirroja ya les dio un avance-
Todos miraron a Rachel, luego ella recordó la profecía.
Annabeth quedo estupefacta, hasta hace una hora no sabía que Rachel había soltado una nueva profecía… el grupo de Jasón que estuvo presente en el momento les explico lo sucedido, pero dejo a Rachel el honor de repetirla.
La oráculo suspiró.
-El camino nublado y tenebroso se revela- repitió. -Hacia su destino el elegido volara, más los tres grandes se impondrán…-
Todos lucían asombrados conforme seguía hablando.
-La nube y el rayo caerán, En la ciudad eterna chocaran…- continuó, era incomodo ser el centro de atención… pero Annabeth pensó que seguramente era mejor tener una revelación ahí mismo que en su aula de clase en la Academia.
-Una torre azul el mundo vera, La redención final del mañana.- finalizo.
Hubo silencio.
Annabeth no tuvo que pensar demasiado para saber que "El elegido" era Percy, ya se lo había comentado antes… y no se sentía exactamente bien ni mejor con aquello.
-El camino nublado y tenebroso se revela- balbuceaba Will Solace de Apolo. –Hacia su destino el elegido volara…-
-El elegido es Percy, verdad?!- afirmo Annabeth.
Quirón asintió.
Los consejeros y los centuriones se vieron entre sí, Jasón ni se inmutó.
-Pero hacia donde "volara?!"- dijo Leo en broma.
–No creo que sea a una calurosa isla del Caribe- añadió Frank.
-Es alguna clase de búsqueda?!- preguntó Clarisse.
Antes que Quirón pudiera decir algo, el dios Momo lo interrumpió.
-Un "castigo" mas bien!- aseguró. –JA JA JA!-
Jasón entorno los ojos sobre Quirón quien lucía un poco triste.
-No es la primera vez que esto pasa, verdad?!- preguntó.
Quirón guardo silencio, como si no supiera que responder.
-Creo que debo contarles una historia…!
En el salón principal de Poseidón Percy nadó hasta el mismo pabellón donde su padre libraba su guerra contra Océano, era un enorme patio con un techo de cristal resplandeciente el cual parecía atrapar parte de la luz del sol muy arriba en la superficie y reflejarla al salón, había cuatro grandes columnas apuntando a las cuatro direcciones cardinales adornadas con perlas diminutas como chispitas, en el centro una pequeña plataforma donde Poseidón se encontraba flotando frente al mismo mapa que representaba su Palacio, el minimapa estaba más lleno y menos derruido que la última vez.
-Hola Percy- me saludó de la manera más tranquila y natural posible, como si omitiera el hecho de haberme traído a la fuerza a su Palacio.
Vestía sus clásicas bermudas beige sobre su camisa azul hawaiana con estampados de palmeras blancas y sus sandalias cafés, su pelo negro flotaba desordenadamente igual que el mío, sus ojos verdes casi parecía brillar en la media oscuridad del agua, pero podía notar un ligero tono sobreprotector en ellos.
-Hola Papá- Percy le saludó, pero luego se acordó que Anfitrite seguía a su lado por lo que rectifico -…Señor-
De su rostro broto una media sonrisa ante mi disculpa, Anfitrite nado rápidamente alejándose de mí y volviendo a su lado.
-Creo que tienes algunas preguntas que hacerme?!- comenzó a decir. -…Pero descuida, aquí estas a salvo-
"A salvo?!" Pensaba tratando de hallarle significado a sus palabras, sin embargo creo que debía hacer las preguntas primero.
-No es que no me guste visitarte Padre- empecé a decir. –Pero hay alguna razón especial por la que me... "secuestraste"-
No podía ponerlo de otra forma, si hubiera querido hablar conmigo, podía haber enviado a alguien a hablar conmigo… espera, ahora me acuerdo de Tyson! Me pregunto si habrá decidido volver, seguramente le tomaría su tiempo pero no llegó a decirme el porqué de su visita antes del ataque del leviatán y mi posterior abducción.
-Deberías dejar de preocuparte Percy, relájate un poco- intento convencerme al tiempo que dos delfines con bandejas de coral aparecían con vasos de refrescos largos con sombrillitas dándonos uno a mí y otro a mi Padre mientras yo pensaba si esto era alguna clase de broma.
Anfitrite se abrazaba a su hombro mientras mi Padre observaba con atención el minimapa, como si esperara que algo pasara.
-Ocurre algo malo Papá!-
-No es nada grave…- comentó. -…Esperó- balbuceó.
De pronto en una esquina del mapa en un área muy alejada del palacio a escala una pequeña nube oscura comenzaba a formarse para mi sorpresa.
-Qué es eso?!- le pregunté.
-Es solo un pequeño problema- aseguró.
De pronto vi pequeños destellos luminosos semejantes a relámpagos parpadear en la pequeña área oscura, eso no me hacía sentir mejor.
-Volviendo a lo nuestro…- recalqué.
Poseidón me vio, había incomodidad en su mirada como si no estuviera seguro de decirme la verdad, lo cual me molestaba… sin embargo Anfitrite se acercó y poso una de sus manos verdosas en su rostro.
-Ya debes decírselo querido- explico.
La pequeña nube oscura tormentosa en el mapa se agrandó y parecía apuntar hacia el Palacio.
Poseidón bufó y luego me vio.
-Supongo que te han pasado cosas extrañas estos últimos días…- empezó.
No sabía si empezar por la hiena voladora asesina o el sueño de mi muerte o… bueno, ustedes entienden.
-Digamos que sí- aseguré. –Para empezar, por escuchó que me llaman "El elegido"-
La expresión de mi Padre se endureció, como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago.
-Es una vieja historia…- comentó. -…muy, muy vieja!-
-Todo comenzó unos siglos luego de la primera gigantomaquia- comenzó Anfitrite a explicar.
Poseidón se aclaró la garganta.
-Oh! Lo siento mi señor- se disculpó.
Poseidón comenzó a explicar que luego de derrotar a los gigantes, los dioses celebraron su victoria durante los siguientes siglos, haciendo lo que querían desde fiestas y parrandas hasta aventuras de una noche con el consiguiente resultado (como una fiesta de víspera de año nuevo, pero inacabable), y de entre ellos quien se llevaba los laureles era el padre de los dioses.
-Aunque todos conocemos el carácter especial de mi Hermano…- recalcaba. -…En aquel siglo se estaba volviendo insoportable!-
Anfitrite acarició su hombro como si le diera la razón, o le diera fuerzas para continuar hablando por que parecía que su voz se le hacía pesada.
-Todos y cada uno de los dioses estábamos comenzando a fastidiarnos-
Percy comenzó a mostrar una curiosidad enorme.
-Y luego, un cierto día que estaba embriagado de Néctar y se había pasado por el mundo coqueteando con casi todas las doncellas puras habidas…-explicaba. -…finalmente saco a Hera de sus cabales-
Percy no se sorprendió de aquello, cada vez que pensaba en ello no podía evitar sentir algo de pena por la reina del olimpo, después de todo era la diosa del matrimonio y el hogar así que debía soportar estoicamente todos los improperios de su divino marido sin poder vengarse.
-Zeus estaba muy borracho para tolerarla- expuso. –Se armó una buena aquella vez, casi toda Grecia tembló, allá por el 464 a.c… 465- habló dirigiéndose luego hacia su esposa divina para asegurarse, ella no lo recordaba muy bien también.
-Hera estaba TAN furiosa…!- continuó. -...para su fortuna, la mayoría de nosotros estábamos de acuerdo con ella por primera vez-
Percy se sorprendió. El solo hecho de que su propia familia complotara contra él era… solo digo, que había que tenerlos bien puestos para intentar algo así.
-Nos dejamos convencer por ella- dijo. –Tenía un plan para darle una lección-
-¡VAYA!- dije.
-Así es…-
Lo siguiente que escuché fue que Hera, con la ayuda de Afrodita, encanto su vaso de néctar para que al beberlo quedara en un profundo sueño… tan profundo que no se percató que los once olímpicos lo ataron con correas de cuero reforzadas con cien nudos unidos en cuatro cuerdas y atados a cuatro fuertes montañas distantes, cuando se despertó se vio atrapado y solo, los once olímpicos se burlaban de sus amenazas de vaporizarlos con su rayo, pero Atenea fue lista y les dijo a los demás que alejaran el rayo y lo ocultaran lo más lejos posible.
Mi cuerpo se estremeció solo de intentar imaginar aquella escena, pero no tenía que hacerlo porque recordó aquel sueño que tuvo sobre el salón en medio de las nubes, una figura en la cama atada y once sombras a su alrededor.
-Entiendo a qué te refieres- añadí.
-Al principio solo queríamos darle una lección…- continuaba –Pero luego al verlo ahí inmóvil, indefenso sin su rayo, y totalmente impotente…-
-Se les subieron los humos a la cabeza- dije.
Mi padre asintió.
Pronto los dioses comenzaron a pelear sobre quien debía ser el nuevo hombre en jefe del Olimpo a la vez que comenzaban a disputar los territorios de su divino padre, todo parecía indicar que una guerra civil se iba a desatar.
-Entonces, recibimos nuestro merecido- comentó.
Continuo explicando, La nereida Tetis apareció… convenció a unos de los Hecatonquiros para que la ayudara, curiosamente fue a nuestro buen amigo Briares, con su ayuda se escabulló en la sala de tronos y alcanzó el lugar donde Zeus fue encadenado, rápidamente le ordeno a Briares que lo liberara, y así lo hizo.
-No hay que ser un genio para saber lo que sigue- añadí.
El dios del mar se rio ante mi comentario.
-Zeus desato su ira sobre nosotros…- comentó con un temblor en su voz. -…primero castigo a Hera encadenándola en el firmamento con dos yunques dorados colgando de sus pies, luego nos envió a mí y a Apolo a la tierra, más precisamente a Troya… para ayudar al Rey Lameodonte a edificar las murallas de Troya-
Percy recordó una pequeña lección acerca del origen de las murallas de Troya que el Sr. Brunner, digo Quirón, había dado en una de sus clases de Latín… que Poseidón y Apolo las ayudaron a levantar, creo que al final si tenía razón acerca de saber aplicar todo eso a mi vida como mestizo.
-Todo eso es muy interesante Padre- le dije.
-¡¿Pero que tiene que ver conmigo?!-
Poseidón bajo la vista un poco avergonzado, como si tratara de encontrar fuerzas para seguir narrando.
-Fue lo que ocurrió luego…-
Todos quedaron boquiabiertos luego que Quirón termina de narrar la historia de la rebelión del Olimpo protagonizada por Hera, incluso Annabeth.
Pero lo más triste fue que su madre, la diosa más listas de los doce, se haya prestado para semejante bajeza…
-Madre, cómo pudiste…?!- pensó ella.
Jasón lucía pensativo.
-Es muy interesante!- dijo Frank.
-Y muy aterrador- añadió Hazel.
-En nuestros registros no se menciona esa historia- afirmo Jasón.
-Es porque fue mucho antes de que estos asimilaran nuestra cultura- justifico Quirón.
Pero Annabeth supo que aún faltaba algo que contar. Dio un vistazo rápido alrededor de la reunión, cuando paso su vista por una ventana vio un bulto rubio asomándose por esta, por un segundo pareció notar un par de ojos verde esmerilados echando un vistazo, cuando sus miradas se encontraron esta se retiró.
Pero Annabeth no tenía tiempo de pensar porque la chica nueva espiaba en el consejo.
-Supongo que eso no es todo- murmuró.
-No, fue solo el principio- balbuceó mientras todos se inclinaron sobre la mesa para oír la segunda parte.
Luego de Zeus castigara a Hera, se dio cuenta de algo…
-Robado?!- parlotearon los gemelos Stoll al unísono luego de oírle.
Este asintió. –Le robaron su símbolo de poder-
-Le robaron su rayo…?!- pregunto Butch, el consejero de la cabaña de Iris la diosa del arcoíris, era difícil no ver a un tipo tan fortachón como él sentado ahí con los brazos arrancados de su camiseta naranja mostrando un par de tatuajes de arcoíris en sus bíceps.
-No…- respondió Quirón.
Todos lucían confundidos, Quirón levanto la mano para recuperar su atención.
-Como saben, el símbolo de poder de Zeus es su rayo…- explico. -…esa es una verdad a medias-
-Eh?!- balbuceó Jasón.
-Zeus, como rey de los dioses tiene otro símbolo de poder…- aclaró. -…El cetro dorado!- exclamo mientras Momo el dios de la Risa extendía un mural tipo artístico donde se mostraba a un Zeus imponente vestido con una toga rosácea extendiendo su mano la cual llevaba un cetro de color dorado enseñándolo hacia el cielo y el horizonte con todos los demás dioses debajo del barranco donde estaba yacía de pie arrodillados en reverencia.
No sabía por qué, pero aquel mural le recordó a la escena de Mufasa en la película el Rey Leon, de ahí capto que aquello era una burla y mientras fruncía el ceño todos comenzaron murmuraron entre sí tratando de darle sentido a sus palabras.
-No se supone que los dioses tienen solo un símbolo de poder-
-No es un símbolo propio que lo defina…- explico el centauro. -…Es un símbolo que destaca su poder y autoridad sobre los otros dioses y criaturas divinas-
"Ah" murmuraron todos de forma un poco tonta.
-Déjame adivinar…- comenzó Frank. -…Este cetro dorado se perdió durante la rebelión de Hera-
Quirón no tuvo que responder, su expresión lo decía todo.
-Fue muy lamentable- aclaró. –Estaba furioso, envío a todos sus sirvientes por el mundo a buscarlo…-
-Y… no lo hallaron!- dijo Leo.
-Obviamente el rey de los dioses le echó la culpa a su familia que conspiró contra él…-
-…Y nadie sabía nada al respecto- aumento Dakota mientras se bebía una lata de Kool-Aid de un solo sorbo.
Alguien debió haberlo robado pero eso no le importaba al Padre del Olimpo, Annabeth se preguntaba quien en la antigüedad habría sido capaz de robarle su símbolo de poder mas importante, la imagen perfecta de la disciplina y el orden de los olímpicos se desmorono para ella.
-Luego de que Poseidón y Apolo cumplieran sus castigos y regresaran Zeus convoco a todos los dioses en el salón- continuaba el centauro.
Annabeth escuchó luego de boca de Quirón que los once olímpicos fueron forzados por Zeus a realizar un juramento.
-Los once que participaron en la revuelta juraron que recuperarían el Cetro Dorado a cualquier costo, pero eso no fue suficiente para él…- explicó. –Zeus decidió darle un escarmiento a su familia, uno que no olvidarían-
Cada siglo, los once olímpicos estaban obligados a enviar a uno de sus hijos en una búsqueda especial para recuperar el cetro dorado… según sus palabras debía ser su sangre más fuerte y preferida la que tenga que realizar tan peligrosa misión, los Olímpicos no pudieron protestar… Durante el siguiente milenio los Olímpicos decidieron "turnarse" para encargar cada uno a su preferida y más fuerte prole en la búsqueda del cetro, y pese a las leyes antiguas, este mestizo debía realizar la búsqueda completamente solo.
-Han pasado 11 siglos desde que el cetro dorado fue robado, once semidioses escogidos por sus padres divinos ya fueron enviados…-
-…Once sacrificios para aplacar a Zeus, Bluegh!- se burló Momo.
–…Y ninguno lo ha logrado- finalizó Quirón luego de reprender con la mirada al dios.
Annabeth sintió nauseas percatándose lo que se avecinaba…
-Ahora es el turno de Poseidón- sentenció.
Percy estaba mudo luego de oír la dura revelación de su padre.
-Esa es toda la verdad-
El mestizo se llevó la mano a la barbilla pensativo.
-Entonces ahora es tu turno de honrar el juramento- comenté.
El dios de mar se dio la vuelta esquivando a su más fuerte y preferido hijo, Percy no sabía que debía sentir exactamente… supongo que ahora podía sentir lo mismo que Annabeth sintió cuando su madre la eligió para realizar la búsqueda de la Athena Partenos.
-Y nadie en 1100 años ha logrado recuperar ese objeto- recalqué.
-Todos aseguran que es una, como dicen los mortales, "Misión Imposible"-
Ahora todo tenía sentido para mí, sobre todo lo del secuestro…
Yo era el siguiente elegido para realizar la búsqueda del objeto mágico más poderoso de la mitología, una misión que ninguno de los otros hijos más fuertes y preferidos de los dioses pudo lograrlo.
-¡No lo aceptó!- exclamo Poseidón con una fuerza en su voz que agitó el agua en el fondo del mar.
–No dejaré que mueras por mis errores del pasado-
De pronto sonidos relampagueantes comenzaron a inundar el techo y destellos rápidos y fugaces iluminaron el techo de cristal que estaba sobre nosotros, me fije en el minimapa y ví que la pequeña tormenta que estaba en la esquina ahora flotaba sobre la figurilla del palacio.
Una concentración de relámpagos apareció a tres metros a nuestro lado, Poseidón y Anfitrite se pusieron en guardia además de los otros tritones que custodiaban las entradas… el brillo que me encegueció por un segundo pronto se disipó y pude ver una figura de pie en la sala… creí que se trataría de Zeus, pero…
-Ya no hay marcha atrás- dijo Hera, La reina del Olimpo…
Poseidón sin soltar el agarre de su tridente la vio frunciendo el ceño.
-Es hora de que honres el juramento-
CONTINUARA…
Un saludo a Nessa11997...
Nos leemos pronto.
PROXIMA SUBIDA: 28/04/12
