Bueno, me disculpo, tardé mucho, pero les dejaré todo de una vez, que lo disfruten ^^
"Esa maldita mañana…"
Catorce de marzo, la nieve se derretía lentamente, o eso se solía decir, que realmente ya ni eso quedaba. El calor de la primavera se sentía cerca, estaban a escasos días de su llegada, sin embargo, para él, todo seguía estacionado en el invierno.
Había llorado, sí él lo había hecho, durante los dos primeros días, en los cálidos brazos de su hermana mayor, sin embargo al tercer día dejó de hacerlo, tenía orgullo, uno muy grande, asique no iba a dejar que ese rechazo lo destruyera. Al cumplirse la semana de ese espantoso día se sentía indudablemente "mejor", lo suficiente como para fingir que todo seguía igual, que nada había cambiado…
Se removió en su cama perezosamente, no quería levantarse y tener que ir a la escuela, no ese día que era el día de St. White, lamentablemente era algo que no se podía evitar, quiso escaparse con un "accidentalmente" hueso roto, pero su padre lo hubiera notado y… No quería más problemas ahora, además de que un hueso roto no era nada divertido…
¿Y porque se veía obligado a asistir al dichoso festival ese día? Simple, y estúpido a la vez… Su querida, y también desquiciada, necia, atolondrada y salvaje, hermana había querido "animarlo" jugando unas "carreritas", que ahora sabía porque su padre las había prohibido, en el pasillo… Del segundo piso… Ella tropezó con un pequeño, y muy estúpido pliegue, que se hizo en la alfombra… Calló al suelo como si fuera en cámara lenta, dando un par de volantines en el proceso, que ninguno de los dos pudo explicarse, y finalmente fue a chocar contra el barandal de la escalera, que suerte que no se había caído en ellas, o su padre los hubiera matado…
Si eso hubiera ocurrido en cualquier otro momento de su vida, se hubiera "muerto" de risa pero su estado de depresión actual no se lo permitió.
Su hermana estuvo pegando de gritos, desde es momento hasta que llegaron a la clínica, de una familia de apellido Kurosaki, que podía adivinar era de la familia de Kurosaki Ichigo… Su sentido "arácnido" funcionaba bien al menos…
El doctor la atendió muy bien, dándole desinflamatorios y otros para el dolor, solo fue una torcedura, nada grave en verdad, estaría como nueva en unos días, sólo debía de cuidarse y no apoyarse mucho en ese pie. Esa hubiera sido la excusa perfecta para faltar al instituto ese día, pero no… Su hermana no quiso renunciar al festival por nada del mundo, y como era la representante de su grupo, argumentó que no podía faltar, y como estaba sin poder caminar bien, el que tendría que llevarla y ver que nada malo le sucediera era él.
Maldita sea su suerte por ser el único hijo varón, por tener una hermana "mocha", por saber manejar aun sin tener licencia oficial, y sobre todo, por haberse enamorado de ese estúpido enano… Sí, todo eso era culpa de ese… Ese… ¡Ese imbécil!
Y ahí estaba de nuevo, pensando en él… No podía pasar más de cinco minutos sin recodarlo ¡Oh Maldición! ¿Qué podía hacer para exorcizarse del "Demonio de Ojos Verdes"? Dejar de pensar en él acaba de ser descartado, ya, como "buen" método. Quizás si se golpeaba la cabeza lo suficientemente fuerte… ¿Qué más podía pasarle? ¿Qué le doliera? No mas de lo que ya le dolía ¿Quedarse amnésico? Eso sería una bendición, pero de nuevo su padre lo mataría… Amor paterno, es encantador ¿No es cierto?
Finalmente se levantó, gruñendo por lo bajo, dejando su cama destendida, como siempre, arrastrando los pies, como si cada uno pesara mil libras, se fue acercando al baño; tenía que tomar una ducha para espabilarse y asearse, salir del baño, arrastrarse de nuevo a su cuarto, buscar que ropa se pondría, lo cual le daba flojera, vestirse, bajar a desayunar, comer rápido bien y sin atragantarse, ir por su hermana, salir de la casa, cargarla hasta el auto y meterla de un empujón, cuidando de no hacerle más daño, tomar el lugar de la guía, encender el coche e ir al plantel… Y solo estaba describiendo una media hora de su vida, ya le daba flojera que, además de eso, al momento de llegar a la escuela tendría que ayudarle a Nel con los preparativos de su salón.
Lo peor de todo era que Nel y Ulquiorra eran compañeros del club de ajedrez, rivales por lo que había oído, asique… ¿Cómo podría estar seguro de que no se toparía con él? Odiaba reconocerlo, pero era cierto, tenía cierto temor de toparse con esos bellos ojos esmeraldas, y es que al malparido enano de santa no le había bastado con ilusionarlo, además de rechazarlo vil y cruelmente, si no que lo peor fue que cuando menos quería pensar en él más se lo encontraba. Era una maldita ironía, todos esos meses tratando de topárselo por "casualidad", para presentarse de una manera que no fuera tan forzada para decirle lo que sentía por él, sin hallar ninguna oportunidad real, y justo después de que lo rechazara lo veía "Hasta en la sopa"…
Maldición de maldiciones, finalmente pudo llegar al baño, entrando más lento que un caracol, tratando de ignorar esa horrible punzada de dolor en el pecho, pero era como pedir que florecieran rosas en medio del desierto. Entró a la ducha, dejando que el agua tibia cayera libremente sobre su piel morena. Esa semana sus entrenamientos habían aumentado, teniendo partidos de práctica, entre ellos, a diario, además de su entrenamiento fijo, debido a que pronto habría un mini torneo inter-escolar y su entrenador quería la copa… Y no hacía falta que nadie le dijera que estaba jugando pésimo, lo sabía perfectamente, él no estaba de humor como para rendir al cien, mucho menos en el deporte, y lo que lo dejaba para no querer salir de nuevo era que Ulquiorra había ido algunas veces al gimnasio. De hecho, la entrada no estaba prohibida para nadie, mientras que no armaran escándalo y no buscaran pleito, cualquiera podía entrar a presenciar las prácticas… Pero tener que verlo hasta ahí le parecía el colmo de la mala suerte.
Ulquiorra no solía ir jamás por ahí, entonces ¿Porqué demonios había estado yendo toda la maldita semana? Eso lo hacía sentir mas mal, y cuando quería acercarse al de cabellos oscuros, con intenciones nada sanas, éste desaparecía de su vista, y del lugar, como si adivinara sus pensamientos.
No, no, no, no, eso no podía seguir así, no. Tenía que sacárselo del pensamiento, sea como sea… Sólo esperaba no encontrárselo ese día, porque todas las ganas que tenía de asesinarlo se le estaban juntando, y St White no era la mejor fecha para estallar ni para reclamarle, mucho menos para mandar a ese enano al hospital por múltiples fracturas en el cuerpo…
Respiró profundamente, habiendo terminado de bañarse, se puso la toalla en la cintura y salió de la tina, se puso mousse, fijador extremo, en el cabello húmedo, haciéndose ese peinado salvaje de todos los días, aun cuando había mucha gente que creía que su cabello era naturalmente así, se necesitaba de un fijador de alta resistencia para mantener "Su" estilo.
Se encaminó a su habitación, su peinado estaba listo, ahora solo tenía que buscarse una muda de ropa, entró a su pieza y lo primero que vio fue a su hermana, sentada en su cama, con el pie derecho vendado al aire, y poniendo una de sus sonrisas mas sinceras, y junto a ella había un traje blanco, con una corbata tan azul como sus propios ojos, no era difícil adivinar que seguía…
-"¡GRIMM CHAN! ¡Te preparé el traje para el festival de St White! ¡Te va a encantar!"-
Ella le habló con gran entusiasmo y felicidad, mientras que él la miraba con un reproche único, en total desacuerdo con ella…
-"¡Sal de mi pieza Neliel!"-
-"Pero no tienes que ponerte así, Grimm chan, si yo te conozco hasta el lunar que tienes en e…"-
-"¡Cállate! ¡Eres mujer! ¡Sal de mi cuarto!"-
Bramó él, señalando hacia la puerta, ligeramente avergonzado, por que ella en verdad le conocía hasta la mas recóndita parte de su piel; Nel simplemente sonrió, levantándose para salir de a "saltitos" del cuarto de su hermanito, pero se detuvo justo al llegar a su lado, mirándolo analíticamente, con aquella maldita sonrisa pícara…
-"Uy… Había olvidado las nalgotas que te mandas…"-
Ella lo dijo para hacerlo irritar, y después se apresuró a salir de ahí, mientras que él apretaba los puños con mucha fuerza y el rechinar de sus dientes cruzaba en medio del silencio, cuando ella había salido él azotó la puerta, asique Nel solo se desplazó hasta la cocina.
Ella tenía la mirada un poco decaída, si hacía enojar a su hermanito era con el propósito de alejar su mente de cierto pálido estudiante, ella le guardaba rencor a Ulquiorra, por hacer llorar a su "bebé" y pretendía hacerle la vida de "cuadritos" al precio que fuese.
En esa semana había derrotado a ese paliducho, en ajedrez, más de diez veces, haciéndole trampa desde luego; le había pedido a varios de los chicos "malos", en el más absoluto secreto, que lo fastidiaran en el almuerzo, y en cada rato que se pudiera; lo único que no pudo evitar fue que ese maldito asistiera a los entrenamientos de Grimmjow, cosa que sabía deprimía mas a su "pequeño" y la muestra mas clara de ello era su pobre desempeño en la duela… Oh pero eso no se iba a quedar así, no, no sabía por quien arrastraba las cobijas ese pequeñajo, había notado que andaba en las nubes de a ratos y eso era de enamorados, pero lo averiguaría ese mismo día para vengarse, y para enseñarle que a la gente no se le podía tratar como si fuese basura, o su nombre dejaría de ser Neliel Tu Oderschvank.
Grimmjow bajó a desayunar, perfectamente arreglado, el traje blanco le sentaba magníficamente a su físico, y la corbata hacía lucir sus intensos ojos de forma única, comieron en silencio, sin que su padre estuviera, que tenía una junta de trabajo muy temprano…
Ella sonreía dulcemente, mirándolo, mientras él la ignoraba, pensando en que su hermanito era muy, muy, atractivo, mas que eso, muy guapo, indudablemente un rompecorazones, era una pena que, justamente, el corazón de su "bebito" estuviera hecho pedazos…
