Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Lamento haberme demorado jeje, pero estuve ocupada. Para las que preguntan, actualizo a diario mientras puedo :) Espero sus comentarios para poder mejorar :) Y gracias por los reviews, trato de responderlos todos, pero algunos no puedo porque no me sale la opción de responder :(, pero muchas gracias! :)
PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
GRACIAS POR LEER! :)
Sus palabras me dejaron helado, sentí unas ganas enormes de besarla en ese instante, pero aún no asimilaba toda la historia, así que solo respondí con un "también te sigo amando Bella, pero…" y fui interrumpido por un shh, seguido de un beso. Un beso que duró lo suficiente para darme cuenta que aún la amaba, pero que no podía hacer como si nada hubiese pasado, así que me alejé de sus labios, esos labios rosa que tanto deseaba.
-Edward…lo siento.-Dijo apenada.
-Está bien Bella, no debemos negar lo que sentimos, pero…no ahora, no puedo. Tú escogiste la Universidad por sobre mi hija, por sobre nosotros y eso no lo puedo olvidar de un momento a otro. Tú no sabes cómo me sentí, no sabes cómo me siento ahora…-Proseguí decepcionado, ya que su explicación no me convencía.
Estuvimos un rato mirándonos en silencio, hasta que Bella comenzó a caminar de nuevo y se alejó por los arbustos del parque. Me quedé un buen rato solo ahí, pensando en todo lo que me había dicho. No quería volver a casa y ser interrogado de inmediato. No iba a alejar a Mía de su madre, eso no era justo, pero aún no sabía cómo se lo iba a decir, no era fácil. Tampoco quería abortar mi plan de llevarla al jardín de la empresa. La necesitaba conmigo…Necesitaba pensar tantas cosas y en eso estaba cuando sonó mi celular.
-Edward, hijo ¿Estás bien?.- Sonó la voz angustiada de mi madre al otro lado del teléfono. –Son las 3 de la mañana…¿vas a volver?.- dijo sonando avergonzada.
-Mamá, solo estoy en el parque, necesitaba pensar, pero ya voy de regreso. Mañana cuando vuelva del trabajo les cuento todo. Ahora descansen, que yo también lo haré.
Llegué a la casa y estaba todo oscuro. Subí a mi cuarto y ahí estaba mi bebe, durmiendo como un angelito sin siquiera imaginar todo lo que estaba pasando. Le di un besito en su frente y me acosté a dormir, no sin antes observarla por un largo rato tratando de pensar qué es lo mejor para ella.
Al día siguiente salí temprano al aeropuerto para ir a la oficina. Hubiera faltado, pero tenía una reunión muy importante con un posible nuevo cliente. Era el tercer día de mi bebe en reposo y ya estaba mucho mejor, me había costado un mundo que se quedara tranquila y no anduviera corriendo, es tan inquieta y adorable.
El día transcurrió como todos los demás, reuniones, informes, documentos y más documentos, me consolaba el hecho de que era viernes y me iría a pasar el fin de semana con mi familia como lo hacía desde que me mudé a Los Ángeles. Aún no sabía qué hacer y necesitaba un respiro.
Llegó la hora del almuerzo y fui a comer con Emmett, quien me dijo que iría el fin de semana a San Francisco de paseo con Rosalie y le gustaría que nos juntásemos allá. Asentí con mi cara llena de felicidad, hace tiempo que no pasaba un fin de semana con mi amigo.
-Edward…¿Has pensado que harás ahora?.- musitó avergonzado.
-La verdad, no tengo idea...-
-Yo creo que sabes lo que quieres, pero tienes miedo…Creo que lo mejor que puedes hacer, por tu hija, porque te recuerdo que ya no debes pensar en ti, sino en ella, es dejar que se acerque a Bella, que se sigan viendo, pero no decirle que ella es su madre hasta que tú estés seguro que Bella lo está haciendo bien y que puede cuidar de ella como lo has hecho tú todo este tiempo.-dijo serio.
-Amigo, gracias otra vez, creo que eso es lo correcto, no quiero decirle a Mía que su madre regresó y que se haga ilusiones…Y que luego Bella y yo no estemos bien y sea Mía la que sufra.- murmuré agachando la cabeza.
-Oh Cullen, está todo bien. Disfruta estos tres días con tu familia, yo estaré ahí si me necesitas y ¡aclara tu mente hombre!.- dijo riéndose, lo cual provocó que mi ánimo cambiara un poco.
Pasé el resto de la tarde revisando un informe que debía enviar a mi padre antes de retirarme. Afortunadamente todo iba bien en la empresa, en todos los sentidos.
Llegó la hora de salida y me fui a la casa de mis padres, no sin antes pasar por el jardín de mi hija por si me encontraba con Bella, necesitaba saber que ella estaba bien o más que eso, pero ya era tarde y ella probablemente se habría marchado a casa de sus padres.
Ya en casa y después de la cena, fui a hacer dormir a Mía, quien había estado todo el día inquieta según mi madre. Había estado preguntando si Bella iba a venir a jugar hoy, lo cual hizo que mi pecho se apretara, de verdad mi hija se estaba encariñando o mejor que eso, estaban teniendo esa conexión madre e hija, que solo había visto entre Alice y mi madre. No podía negárselo.
Bajé y ahí estaban todos expectantes a que les contara que es lo que estaba pasando. Incluso Jasper estaba en el salón, situación muy recurrente en el último tiempo. Me agradaba ese chico.
-Y bien hijo, ¿Qué ha pasado? ¿Cuándo y dónde la encontraste?.- preguntó mi padre.
-Bella es estudiante en práctica y tía del jardín donde asiste Mía. Lo descubrí hace unos días, ella se había estado escondiendo para que no la viera…
-Pero ¿Por qué se fue?.- dijo Alice sin tapujos.
-A Bella le había costado mucho que sus padres la dejaran estudiar lo que ella quería. Por eso mismo la mandaron lejos y ella no quería decepcionarlos y cuando se enteró de que estaba embarazada…pensó que sus padres no le seguirían pagando la carrera y ella solo quería terminar lo que había comenzado. Por eso me dejó a Mía…
-¿Por qué simplemente no te lo dijo?, si te amaba, ella sabría que tú podías solucionarlo.- volvió a decir Alice.
-Lo sé y es lo que estoy tratando de entender. Ella dijo que no quería que yo me hiciera cargo de sus estudios, que eso no me correspondía, por eso no volvió a aparecer. Según ella esa sería mi reacción, pero ella no sabe cómo yo habría reaccionado, yo la habría entendido si me lo hubiese dicho desde el principio, ¿cómo no pensó eso?.- dije lleno de rabia.
-Cálmate hijo, eso ya pasó. Ahora ya no deben pensar en el pasado, deben pensar en Mía, su hija, ver lo qué es mejor para ella. ¿Ya han pensado cómo se lo van a decir?.- dijo mi madre toda sobreprotectora.
-Mamá, sé que ahora todo debe girar en tono a Mía, pero tampoco me debo descuidar a mí y lo que siento. Si lo ignoro, temó hacerle daño a mi hija sin querer…Aún no he decidido nada concreto, solo que dejaré que Bella pase tiempo con ella, pero la cambiaré de jardín igualmente, no quiero que esto interfiera en su práctica.-
-Ay Edward, cariño, siento que todo esto esté pasando así, pero ya verás que en un tiempo todo se arreglará y serán una maravillosa familia. No creas que por lo que hizo Bella no la aceptaremos, la adoramos por darnos un angelito hermoso como Mía.- chilló mi madre emocionada, lo que hizo que varias lágrimas corrieran por mis mejillas.
-Te amo mamá…eso espero.- dije abrazándola muy fuerte y viendo como todos en el salón nos observaban.
-Bueno, ahora que las cosas ya están un poco más claras, hay que ir a dormir, mañana tengo un gran plan para pasar el día.- dijo mi padre con una gran sonrisa, que me dio escalofríos ¿Qué estaba planeando?.
Subí y saqué a Mía de su cuna para acostarla junto a mí, aún tenía el parchecito en su cabeza, pero el lunes se lo iban a quitar. Le acaricié la cabecita y se retorció un poco, pero siguió durmiendo a mi lado y me abrazó con sus manitos, lo cual me llenó de ternura. No podía negarle esto a Bella, aún cuando su decisión no me haya convencido del todo.
Estábamos durmiendo de lo mejor con Mía cuando unos golpes no suaves resonaron en la puerta, era Alice. Mi bebe se asustó y se agarró a mí a punto de llorar, pero su cara cambió cuando la vio aparecer por la puerta.
-Tía, me sustaste (Tía, me asustaste).- dijo Mía poniendo cara de enojada para luego echarse a reír.
-Bebe, lo siento, pero ya deben levantarse dormilones, estamos todos listos, solo faltan ustedes dos..Ya ¡arriba el par!.- chilló Alice mientras nos sacabas las tapas.
Bañé a Mía con cuidado, la vestí hermosa con un vestido que le habían comprado Emmett y Rose y la deje viendo una película mientras se tomaba el biberón que le había subido Alice y me fui a duchar rápido. Ya listos, bajamos con un poco de temor de qué habían planeado y me llevé una gran sorpresa al ver que Emmett y Rosalie también estaban en la sala junto con mis padres, Alice y Jasper.
-¿Qué está pasando acá?.- Dije sorprendido al entrar en el salón.
-¡Tía Rose!.- gritó Mía emocionada mientras trataba de liberarse de mis brazos y salir corriendo hacia ella.
-Bueno Edward, ¡nos vamos de día de campo!.- chilló Alice emocionada y a punto de dar saltitos.- Me he tomado la libertad de invitar a tuis amigos, espero que no te moleste.-
-Por supuesto que no y ahora vámonos que ya quiero ver dónde iremos.-dije emocionado como un niño pequeño.
-¡Vamos, vamos!.- gritaba mi bebe emocionada.
Llegamos a la antigua hacienda que tenían mis abuelos a las afueras de la ciudad. No iba ahí desde que era un niño y estaba tal como la recordaba, verde por todos lados y Niebla aún seguía ahí. Mi caballo, aquel que no pude llevarme a casa y tuvo que quedarse acá al cuidado de unos tíos.
-Papi, ¿un caballo?.- dijo Mía levándose las manos a la boca apenas nos bajamos del auto.
-Si bebe, es de tu papi.- dije orgulloso.
-¿Muede? (¿Muerde?).- preguntó mi pequeña mirándome con ganas de querer bajarse y correr a tocarlo.
-No mi amor. ¿Quieres subirte?.- le pregunté mirando sus ojitos verdes llenos de ilusión.
-Siiii, vamos, vamos, vamos.- comenzó a gritar emocionada.
La llevé para que conociera a Niebla, mientras los demás bajaban las cosas del auto. Mía estaba encantada, lo tocaba despacito y se reía porque le hacía cosquillas. Le prometí que después de cenar la llevaría a montar y desde ahí comenzó a preguntar a qué hora almorzaríamos cada 5 minutos.
Llegó la hora de almorzar y lo hicimos todos juntos en el pasto como un verdadero picnic, con mantel y todo. Mi bebe disfrutaba sacar la comida con su mano y yo no la detenía, amaba verla así y Alice le había empacado la suficiente ropa para que se ensuciara todo lo que quisiera. Terminamos de almorzar y luego de charlar con Emmett y Jasper mientras Alice y Rosalie se conocían y jugaban con mi hija, decidí que era hora de montar a Niebla.
Arreglé todo y fui en busca de Mía, a quien Alice le había puesto un pantalón para que se subiera conmigo al caballo. Nos subimos y montamos largo rato por la hacienda, ella miraba todo maravillada con esos grandes ojos verdes. No lo podía creer, lo miraba todo expectante.
-Papi, ¿pueo tene un caballo? (Papi, ¿puedo tener un caballo?.- dijo cuando nos bajamos y fuimos a ver qué estaban haciendo los demás.
-Podemos compartir a Niebla si quieres bebe.- dije besando su cabecita, aún con el parche.
-Siiii.- gritó emocionada.
Fuimos adentro y ahí estaban todos sentados mirando mis videos de niño acá en la hacienda. Siempre me caía tratando de perseguir a Alice, que era más pequeña y ágil.
Así estuvimos toda la tarde recordando buenos momentos. Decidimos pasar la noche ahí, ya que mis tíos habían salido y la casa tenía las habitaciones suficientes para todos. Fue un buen día en medio de todo lo que estaba pasando y lo mejor es que Mía estaba feliz.
Al otro día nos fuimos temprano a casa ya que Rose y Emmett debían regresar a Los Ángeles y Mía y yo también. Los fui a dejar al aeropuerto durante la tarde y les agradecí por haber sido parte de este fin de semana maravilloso y nos abrazamos fuerte por un rato. Volví a casa y agradecía mis padres, luego pesqué mi auto y partí con Mía a casa.
Al otro día y antes de irnos a la oficina, recordé que Mía tenía doctor en la tarde y le quitarían por fin su parchecito. Nos fuimos y la dejé en la guardería de la empresa. Durante la mañana y mientras revisaba documentos de rutina, Irina tocó a la puerta.
-Edward, lamento decirte que la reunión se ha movido para esta tarde.- dijo apenada apenas abrió la puerta.
-¿Qué?, debo llevar a Mía al doctor.- dije frustrado.
-Lo siento, pero no hay otro día.-
-Ok, ya veré como resuelvo eso.- dije enojado.
Me quedé un largo rato pensando en quién la podría llevar y no tenía nadie acá en Los Ángeles. Podría haberle dicho a mi madre que viniera con nosotros, pero no sabía que moverían la reunión. Decidí llamar a Rose.
-Aló, lamento interrumpir, está Bella por ahí.- dije algo nervioso.
-Claro, descuida Edward, puedes llamar cuando quieras, ¿cómo está Mía?.-
-Bien, hoy le sacaran su parche.- dije aún nervioso.
-¡Qué bien!. Oh acá está Bella, adiós Edward.-
-Hola, ¿Qué ha pasado?, ¿Mía está bien?.- murmuró preocupada.
-Si, si, pero…necesito pedirte algo…-dije incomodo.
-Dime.- respondió.
-¿Puedes llevar a Mía al doctor hoy?...
