DISCLAIMER: Como no tengo el poder de secuestrar personajes ficticios, por muy para comérselos que estén, me veo obligada a declarar que el bombón de Inuyasha y los otros personajes no me pertenecen, sino que son invención exclusiva de Rumiko Takahashi.

CAPÍTULO 12- REANUDANDO UN SUEÑO

Abrazándose a sí misma por culpa del frío, Kagome miraba distraídamente desde la lejanía la discoteca Shikon, cerrada al ser un día laboral y ser más de las doce de la noche. Llevaba casi dos horas allí, y había visto el momento del cierre del local. Para todos esos jóvenes que habían salido entonces con cara de decepción, el Shikon era una discoteca del montón, quizá su favorita, quién sabe, pero para nada podía llegar a tener el mismo valor sentimental que para ella.

Porque fue en esa discoteca donde Inuyasha y ella se besaron por primera vez. Debajo de sus focos, ella huyó de él y de sus sentimientos. Fue en el Shikon donde se dio cuenta de lo perdidamente enamorada que estaba de su hermanastro. Quizá el baño de una discoteca no era el mejor escenario para un primer beso, ni la pasión desesperada que lo había envuelto fuera el ideal de las películas. Pero aquello era la vida real, y ella jamás se arrepentiría de las circunstancias que rodearon ese momento. Simplemente, porque fue imperfectamente perfecto. Por el hecho de que había sido Inuyasha el propietario de aquellos besos.

No sabía muy bien por qué había escapado de él. Había descubierto que todo había sido un engaño, que ambos habían sido víctimas de una encerrona de su ex amiga Kikyo y que él nunca había querido hacerle daño. Al contrario. Inuyasha había estado verdaderamente enamorado de ella. No sabía si aquellos sentimientos se habían debilitado ya, pero los de ella seguían igual de firmes que cuando estaban juntos. Era muy posible que lo de que Inuyasha hubiera renunciado a recuperarla fuera cierto, y que a pesar de haberse dado cuenta de que todo fue una trampa, fuera demasiado tarde. Porque Inuyasha realmente siempre cuidó de ella. Porque Inuyasha nunca le mintió. Y por supuesto, porque él tomó su virginidad por lo mismo que lo hizo ella: por amor, y no para utilizarla, ni por asomo. Ahora le parecía absurdo haber desconfiado de ese modo. Ahora sentía que la culpable era ella, por débil, por ser tan inocente. Quizá era por eso que se sentía incapaz de encararlo. A pesar de que todo estaba dicho, que la sinceridad del amor de él era ahora más que evidente y de que se moría de ganas de volver a empezar ahora que se les brindaba una nueva oportunidad, se avergonzaba de su comportamiento y de ser tan ridículamente crédula y testaruda.

Unas voces a su izquierda le llamaron la atención, sacándola de sus pensamientos. Kagome miró a los propietarios, frunciendo el ceño en cuanto vio las pintas del grupo de chicos que habían aparecido por la esquina y ahora la observaban con descaro. Todos ellos sonreían lascivamente, e intercambiaban miradas cómplices.

-Hey, guapa! Qué haces aquí tan sola?-preguntó uno de ellos, el que parecía el líder. Pelo negro teñido peinado en forma de cresta, chaqueta de cuero y pantalones holgados.

Ella tragó saliva y lo ignoró, volviendo a mirar hacia el frente mientras los oía carcajearse e intercambiar chistes machistas.

-No me has escuchado? Te he hecho una pregunta, encanto.

Sin saber si era mejor enfadarse o asustarse, Kagome siguió sin mirarlos, en silencio. Los oyó volver a reír y acercarse. Con el corazón latiéndole a toda velocidad se separó del muro en el que estaba apoyada y echó a caminar en dirección contraria. Rogó para que no la siguieran, pero maldijo en todos los idiomas que conocía al oír su aparentemente divertida conversación y los pasos detrás de ella. Definitivamente asustada, empezó a caminar más rápido, pero sólo consiguió que sus perseguidores la imitaran. Lágrimas empezaron a acumularse en sus ojos cuando fue agarrada por la chaqueta y obligada a voltearse.

Pero casi ni tuvo tiempo de ver el rostro del acosador cuando se giró, ya que una mano agarró el brazo que la tenía sujeta y lo retorció, obligándolo a soltarla y ahogando las risas en una décima de segundo. El chico en cuestión gritó de dolor y se apartó, desplazándose junto a sus compañeros y frotándose el brazo, mirando con rabia al intruso. Kagome también enfocó su mirada en su salvador y los ojos se le iluminaron.

-Al próximo que lo intente le parto el brazo.

El tono de voz de Inuyasha era amenazante, y no reflejaba ni un poco de miedo, ni de inseguridad, sino más bien de furia. Nadie era digno de tocarle un solo pelo a su Kagome. Nadie, y mucho menos para hacerle daño. Antes tendría que pasar por encima de su cadáver.

-Te crees muy listo, desgraciado?

El mismo chico al que Inuyasha había estado a punto de luxarle el brazo volvió a separarse de sus colegas, dispuesto a todo. Kagome tembló, pero Inuyasha se interpuso rápidamente, dejándola tras él. El atacante le lanzó un certero puñetazo, pero el otro lo esquivó y le devolvió un golpe en la mandíbula que lo tumbó al suelo, con el labio sangrando.

-Vámonos, tíos.

Ayudaron al herido a levantarse del suelo y se fueron rápidamente, lanzándole miradas centelleantes de odio a Inuyasha pero sin atreverse a volver atrás, demasiado desconfiados de la extrema seguridad que expresaba. Inuyasha y Kagome los vieron alejarse sin decir nada. Cuando giraron la esquina y los perdieron de vista, él se giró y la miró. El contacto visual que se creó entonces fue mágico e inigualable, hermoso. Como si estuviera hipnotizado, Inuyasha se acercó poco a poco a ella y alargó su mano, con la palma extendida hacia arriba. La chica tragó saliva y, siendo incapaz de mirarle a los ojos de nuevo, le dio lentamente la suya con el corazón latiendo a mil por hora. Sus dedos se entrelazaron con suavidad cuando él se giró y empezó a caminar por la calle, alejándose del Shikon y llevándose a la chica con él, quien se dejó hacer sin pronunciar palabra.

Caminaron en silencio uno al lado del otro por varias manzanas, era evidente que Inuyasha estaba buscando alejarse de la civilización, poner distancia respecto a los pitidos del tráfico y de las miles de luces que les iluminaban desde la poderosa capital de Japón. El Shikon se encontraba en las afueras de la urbanización, por lo que no le costó mucho encontrar los límites de ésta y adentrarse poco a poco en el bosque. Inuyasha la guió entre la naturaleza, manteniendo el agarre en su mano con firmeza pero a la vez con ternura. Se detuvo cuando supo que si seguían más adelante, las luces de la ciudad dejarían de alumbrarles. Soltó con delicadeza la mano de la chica y se giró para verla, quedándose hechizado de nuevo por su mirada.

Tenían mucho de qué hablar, muchas cosas que aclarar pero demasiadas pocas ganas de conversar. Al fin, después de varios minutos mirándose sin atreverse a dar el paso, ambos cedieron ante el principal deseo que les torturaba por dentro.

"Al diablo con todo", pensó ella.

"A la mierda", pensó él.

Ambos se lanzaron en brazos del otro y sus labios se encontraron con hambre, queriendo recuperar todo el tiempo perdido. Desfogaron toda la añoranza y el amor reprimidos en un apasionado beso que les devolvió el alma al cuerpo, creándoles una estremecedora explosión de emociones en el pecho. Y de repente, todo lo otro desapareció. Hablar dejó de ser necesario, como también las explicaciones. Ese beso evidenciaba un "Te amo" más poderoso que cualquier trampa, que cualquier estrategia cruel para ahogarlo. Sus labios se acariciaron con cariño, pero también con cierta desesperación. Se habían echado tanto de menos! Cuando separarse sólo décimas de segundo para seguir besándose empezó a ser insuficiente, se separaron con resignación y se quedaron apoyados por la frente, intentando recuperar el aire perdido.

-Te amo-susurró la chica, rendida y aliviada de poder confesárselo al fin, después de tanto tiempo intentando autoconvencerse a sí misma de lo contrario.

-Yo también te amo, pequeña-Kagome lo abrazó con fuerza, al oír uno de los amorosos apodos con los que él la llamaba antes. Aquello lo sentenció todo. Volvían a estar juntos. Se querían. Y nadie los iba a separar esta vez-Nunca más vuelvas a dudar de ello.

Se fundieron en un abrazo eterno, digno de cualquier película americana. Kagome había vuelto a sucumbir a las lágrimas, pero esta vez eran de felicidad. Se acurrucó más en su pecho y notó como él estrechaba el abrazo con ternura. Inspiró hondo, respirando el olor del chico, impregnándose de su masculina fragancia. Notó un beso de él sobre su frente y ella deseó ese roce de nuevo en su boca. Levantó la mirada y él, que había parecido leerle el pensamiento, la besó en los labios con necesidad, como si fuera la última vez.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Aquel era un momento de intimidad mágica, sagrado casi, caminar el uno al lado del otro, abrazados por la cintura, como antes, como si nada hubiera ocurrido. Apenas habían cruzado palabra desde que salieron del bosque, pero aquello no era un silencio incómodo. Era bonito, al igual que la sensación de tener el brazo de su pareja rodeándoles con amor.

-Por qué un bosque?-preguntó Kagome, rompiendo el silencio. Lo miró y le sonrió.

Inuyasha le devolvió la sonrisa, con complicidad.

-Realmente, no lo sé. Aunque si preferías el baño de una discoteca, podrías habérmelo dicho.

La chica se echó a reír, un poco avergonzada. Aquello le hizo recordar algo.

-Cómo has sabido dónde estaba?

-Bueno…he supuesto que necesitarías pensar. Y qué mejor lugar para reflexionar sobre lo nuestro que donde empezó todo…-comentó, distraídamente.

La joven aprovechó el abrazo para detener el caminar y se puso en puntillas, regalándole un dulce beso, una caricia inocente de labios que él le devolvió con infinita devoción, como si pensara que alguien podría volver a quitársela de un momento a otro.

-Y eso?-preguntó, arrogante.

-Por ser tan listo. Vámonos, que es tarde.

Lo cogió de la mano y lo arrastró tras de sí. Se estremeció cuando se inclinó sobre ella.

-Listo…y tuyo-susurró en su oído.

Kagome sintió que podía derretirse allí mismo, en medio de la calle. Se giró un poco y volvieron a besarse tiernamente.

-Te quiero-susurró, consiguiendo otro beso en respuesta.

El resto del trayecto procedió entre más mimos y chistes empalagosos, como cualquier pareja inmensamente feliz después de una reconciliación. Cuando llegaron a casa y el joven abrió la puerta con su llave, se la encontraron a oscuras, y no se oía movimiento alguno.

-Supongo que estarán durmiendo ya, por lo tarde que es. Me extraña que mi madre no haya perdido los nervios al no encontrarme-añadió, con una divertida sonrisa- Ocurre algo?-preguntó, cuando le vio sonreír con algo de culpabilidad.

-Lo cierto es que sí ha perdido los nervios… Están por ahí, buscándote. No me mires así-protestó, al ver como a ella le cambiaba la expresión por una de sorpresa total-Hemos hecho demasiado ruido cuando te has ido y se han despertado. Qué iba a decirles cuando han preguntado por ti?

Kagome suspiró y posó las manos en sus caderas.

-Supongo que tienes razón, cariño.

Él esbozó una suave sonrisa.

-Qué?-preguntó ella, al verse observada fijamente.

-Te dejaré pasar que hayas dudado de mi criterio universal sólo porque he recuperado mi apodo-simuló conformarse, inclinándose sobre ella y dejando un beso en su nariz.

Kagome comprendió e impidió que se alejara después, rodeándole el cuello con los brazos.

-Entonces… "Cariño" es una especie de contraseña para que hagas todo lo que te ordene?-preguntó, coqueta.

-Pruébalo-la desafió, divertido.

-Cariño, hazme los deberes.

-No cuela, listilla-se mofó, acercándose más a ella y envolviendo su cintura en un amoroso abrazo. Acarició la comisura femenina con los labios, casi imperceptiblemente, pero fue suficiente para notar como ella se ponía nerviosa por el contacto. Adoraba cuando le pasaba eso.

-Jo!...Cariño.

-Mmm?

-Bésame.

-A sus órdenes, princesa.

Ella emitió una risita, pero nada más sus bocas se rozaban, la puerta de entrada se abrió de sopetón, haciéndoles dar un bote a ambos. Asustada, Kagome se acurrucó en el pecho de su novio, quien mantuvo un brazo alrededor de su cintura protectoramente. Se sintieron desfallecer de alivio cuando vieron entrar a sus padres discutiendo.

-Volverá de un momento a otro, Izayoi! No llames a la policía aún, por Kami, sólo lleva fuera dos horas!-Inu trataba de calmar inútilmente a su esposa.

-Es la una, es que no lo ves? No la hemos encontrado por el barrio, necesito saber cómo está!-Se lanzó sobre el teléfono del vestíbulo, marcando un número de memoria.

-Izayoi-la llamó su hijo político, rascándose la cabeza.

-Ahora no, Inuyasha!

-Pero es que…

Kagome miraba a su madre, incrédula. Tan histérica estaba que ni siquiera se había dado cuenta de que la tenía a apenas dos metros?

-Diga? Policía? Es una emergencia, mi hija…

-Mamá.

-Silencio, Kagome! Cómo os tengo que decir que estoy ocupada!-la miró para echarle bronca mientras destapaba el auricular de nuevo para seguir hablando-Cómo le decía…

La mujer se quedó muda de repente. Volvió a mirar a su hija y abrió los ojos con sorpresa, como si acabara de darse cuenta de que se encontraba allí. Kagome le sonrió con expresión de culpabilidad y la saludó con la mano, tímidamente. Tanto Inuyasha como su padre desviaron la mirada de Izayoi para que no los viera reír.

-Kagome, mi amor!

Izayoi colgó sin molestarse en despachar a su interlocutor y arrancó a su hija de los brazos de Inuyasha, quien alzó una ceja y se quedó con los brazos medio abiertos, sorprendido por la agilidad de la mujer. Kagome intentaba no morir ahogada en el abrazo anaconda de su madre, quien le besaba repetidamente el rostro.

-Mamá, déjame! Estoy bien…

-No vuelvas a hacerme esto nunca, me oyes? Dónde te habías metido?

-Te lo diré si me sueltas! Me estás estrujando!-se quejaba la chica, molesta por las empalagosas y excesivas muestras de afecto.

Inu negó con la cabeza y subió al piso de arriba, dispuesto a dormirse de nuevo, no sin antes pasar una mano por el hombro de su hijo y dedicarle una sonrisa tranquilizadora. Inuyasha se la devolvió, para luego volver a dirigir su mirada hacia las dos mujeres. Lleno de dicha, observó la conversación, pero con la mirada siempre clavada en Kagome y en cómo intentaba inventarse una versión de los hechos para no enterar a su madre de los problemas sentimentales en los que habían estado envueltos. Sonrió más, enamorado.

Kagome Higurashi volvía a ser su chica. Y aquello la convertía de nuevo en suya. En la novia de Inuyasha Taisho.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Suspiró por un momento, cogiendo respiración en el mínimo tiempo posible y sus labios buscaron de nuevo los masculinos con vicio, como llevaban haciendo más de un cuarto de hora. Kagome sonrió entre el beso cuando él soltó un tierno y rápido comentario. Llevaban besándose por tanto rato, en la intimidad de la habitación de la chica que sus labios estaban prácticamente adormecidos, pero la feliz pareja no parecía notarlo.

Inuyasha acarició la rodilla de la joven, cubierta por un pijama largo de dormir de color lila y estrechó a su propietaria contra él, incapaz de separar sus labios de los de ella. No se atrevía a dejarse llevar por el deseo acumulado que le corroía estando sus padres durmiendo en la habitación de al lado, pero nada le impedía besarla hasta el cansancio. Y tampoco se podía decir que Kagome se estuviera resistiendo…Se habían extrañado demasiado! Le mordió el labio inferior y ella le devolvió el gesto lamiéndole el superior, haciéndole cosquillas.

-Traviesa…-susurró.

Ella contuvo una risita y se dejó besar de nuevo, más apasionadamente. Sus lenguas se acariciaron con ternura, reconociéndose después de tanto tiempo. Sin poder resistirse, Inuyasha frunció el ceño y la inclinó sobre la cama. Ésta chirrió, él murmuró una palabrota y ella volvió a besarle para no echarse a reír.

-Estate quieto-lo regañó en voz baja, contra su boca.-Se supone que estás en tu habitación!

-Keh! Qué más quisieran ellos…

Volvieron a unir sus labios, divertidos y felices. Estuvieron así varios minutos más, hasta que él entreabrió los ojos entre un beso y miró de reojo el despertador de la muchacha. Las dos y diez de la madrugada.

-Kagome…-trató de llamar su atención con susurros, deteniendo las muestras de afecto con infinita delicadeza-Amor…

-Mmm?

-Mañana no podremos levantarnos de la cama…

Kagome se separó un poco de él y también miró la hora. Simuló un berrinche y lo abrazó, ocultando la cabeza bajo el mentón del chico. Inuyasha sonrió con dulzura y le devolvió el abrazo, acariciándole el pelo.

-Será mejor que me vaya-susurró, odiándose a sí mismo por ello. Pero era lo correcto, al día siguiente tenían que ir a clase.

-No-protestó ella, agarrándose a la camiseta gris deportiva sin mangas que él usaba para dormir.-Quédate…

-Pero…

-Duerme conmigo….

La sonrisa de Inuyasha cambió a una burlona.

-No dormiremos, cariño. Y lo sabes.

-Si te vas aún dormiré menos.

-Me estás haciendo chantaje?

-Algo así.

Él rodó los ojos, aunque en el fondo estaba encantado por la propuesta de su chica.

-Está bien, deshaz la cama, mocosa.

Kagome levantó la mirada, con una sonrisa triunfal y le dio un beso. Una vez estuvieron los dos acomodados bajo el edredón, la joven buscó la calidez del pecho masculino y se acurrucaron en un tierno abrazo. Inuyasha inspiró hondo sobre la coronilla negro azulada, saturando su olfato del perfume de ella. Ambos suspiraron para sí mismos. Se estaba tan bien así…Dejaron las heridas de sus corazones sanar en brazos del otro, y el dolor de lo sucedido desaparecer ante la inigualable paz que les producía el contacto de la persona amada.

Pero nada en este mundo es perfecto, por mucho que se desee.

-Inuyasha-susurró ella, sin abrir los ojos. Se sentía más cansada que nunca, como si su cuerpo al fin hubiera liberado las ganas de descansar después de tanto sufrimiento.

-Dime-la besó en la frente y la estrechó con cariño. Ya podría haber sido Kagome un ángel que reposaba entre sus brazos…

La chica tardó un poco en pronunciar aquello que aún le carcomía la conciencia, pero si no se deshacía de ese enorme interrogante que bailaba por su cabeza, jamás conciliaría el sueño.

-Por qué no me lo contaste?-dejó que las palabras fluyeran solas. No tuvo que concretarle a su novio de qué estaba hablando, ya que éste tragó saliva y entreabrió los ojos, meditando la respuesta.

-Yo…-murmuró apenas. No tenía para nada claro cómo contestarle a la pregunta, ni tampoco cómo reaccionaría ella. Al ver que tardaba un poco en contestar, ella sonrió y acarició con suavidad ese pecho que le hacía de almohada.

-No temas…Ya está todo aclarado, sólo quiero saberlo.

-Pues…Lo cierto es que sí quería contártelo, pero cada vez que lo intentaba o bien nos interrumpían, o estábamos demasiado bien como para querer estropearlo. Lo que sucedió en el monte Fuji pareció romper algo de tensión entre nosotros, y me pareció un crimen contártelo entonces. Y la semana pasada, cuando quise hablar contigo en el WacDonald…

-Ibas a contármelo?-susurró, sintiéndose culpable.

- Sí, pero…Por lo visto se me adelantaron.

La joven notó como el cuerpo de él se tensaba y detectó el tono de voz de Inuyasha, entristecido ahora. Lo abrazó un poco más fuerte y levantó un poco la cabeza, besándole la mejilla.

-No pienses más en eso…Creo que fue esa chica que estaba hoy con Kikyo en el instituto la que me hizo llegar las fotos.

-Tsubaki? Cómo lo sabes?-logró enfocar su mirada en la de ella, quien seguía un poco incorporada, mirándole y acariciándole ahora el flequillo. Bajo la luz de la luna, Kagome no tenía nada que envidiarle a un espejismo.

-Cuando subí al autobús para reunirme contigo, ella estaba detrás de mí para pagar. Podría ser que me las metiera en el bolso ella? Porque cuando me senté ya estaban dentro…

-Sí, es posible. Son buenas amigas-ironizó, con una mueca de asco.

Ella sonrió, mirándolo como si fuera un tesoro.

-Y el día en que…Ya sabes, cuando…

-Cuando te dejé cruelmente por otra?-intentó romper la tensión con la que ella intentaba formular otra pregunta, pero se arrepintió nada más pronunciar la broma y verla entristecerse.-Lo siento…Esto ha estado fuera de lugar…

-No, no, sólo que…Perdóname tú. No debí pegarte, ni decirte todo lo que te dije, me precipité…

-Y quién no lo hubiera hecho en tus circunstancias? La culpa fue mía por ser tan cobarde y no contártelo antes-puso ambas manos en los lados del rostro de la chica y la obligó a mirarlo.-Creí conocerte lo suficiente como para obviar que nunca perdonarías una infidelidad…me agarré a esa certeza, y me asusté. No podía contártelo.

-Inuyasha…

-Cuando te dejé respondí que sí a lo primero que me preguntaste, y luego me arrepentí. Tenía que contártelo, pero ya era tarde. Fui egoísta y decidí por ambos, cuando tendría que haberte dado la oportunidad de escoger entre perdonarme o romper. La elección tendría que haber sido tuya, no mía.

-Pero ahora ya…

-Sólo quiero oírte decir que me perdonas por mi idiotez-suplicó casi.

La aludida se inclinó y le acarició los labios, repasando su contorno con la yema del dedo.

-Me perdonas tú por ser tan terca?

-Así de terca te ganaste mi corazón, Kagome Higurashi-declaró, sonriéndole con ternura. Ella le devolvió el gesto y le dio un beso en la comisura.-No tengo nada que perdonarte.

-Pues entonces yo tampoco. No, no me repliques-posó un dedo sobre los labios de él cuando éste fue a protestar-Si no estás dispuesto a aceptar una disculpa de mi parte, yo tampoco pienso hacerlo.

Él sonrió más, mirándola casi con embobamiento, para luego hundir el rostro en su cuello y empezar a besárselo con mimo.

-Definitivamente, estoy enamorado de una terca.

-Y yo lo estoy de un idiota-cerró los ojos y suspiró, dejándose hacer.

-Bueno, al menos admites que lo soy…

-No hables como si nunca te hubiera llamado idiota, hermanito metomentodo.

Ambos sonrieron, divertidos, al recordar las numerosas peleas estúpidas y lo mal que se llevaban antes de salir juntos por primera vez.

-Será cierto eso de que del odio al amor sólo hay un paso-susurró él, sin cesar de su tarea.

-Y viceversa, así que te recomiendo que dejes de intentar hacerme un chupetón o dormirás en el suelo-amenazó. No era tan idiota como para no darse cuenta de que no sólo eran los labios de Inuyasha los que trabajaban sobre la piel de su cuello, sino también sus dientes.

Él rió silenciosamente, al verse descubierto. Dejó un último beso en el cuello femenino, y volvió a recostar su cabeza en la almohada, llevándose a la chica entre el abrazo y dejando que se acunara otra vez en su pecho.

-Creía que te gustaban los chupetones, cariño-bromeó, acariciándole el pelo suavemente.

-Me gustan si puedo taparlos. Pero ya llevé una vez un chupetón tuyo en el cuello y de nada me sirvió tratar de esconderlo, sabes?

-Vamos, no te quejes tanto! Si me dejas concentrarme, te lo puedo dejar del color que quieras.

-Estás loco…

-Si consigo dejártelo granatoso, mañana te hará conjunto con el uniforme e irás de guay por el instituto…

-Cállate, bobo-ordenó, riéndose junto a él por la absurdidad de la conversación.

Rieron con cuidado de no subir la voz hasta que se quedaron relajados, con una sonrisa imborrable en los labios.

-Te quiero, Kagome. No lo olvides nunca-susurró Inuyasha, antes de perderse en un dichoso y profundo sueño.

-Yo también te quiero, Inuyasha. Siempre…-respondió ella, antes de dormirse también y caer, literalmente, en los brazos de su Morfeo.

FIN DEL CAP 12!

Qué bonito! Buaaaaah TT Y la respuesta correcta era…la discoteca Shikon, por supuesto! Quién lo adivinó? :) como bien ha dicho Kagome, no hay nada más sentimental para ella e Inuyasha, no creéis? Nada más ni nada menos que el escenario de su primer beso!(L)

Se me hace raro verles cariñosos y bien otra vez después de tanto drama XD pero bueno, ya les tocaba, pobrecillos…

El próximo capítulo será el penúltimo, al final no he podido incluir en este todo lo que quería y me ha salido otro de la nada jiji

Cuidaos^^y gracias x leer!

Bss,

Dubbhe

PD: Me sorprendió un review en el que alguien mostraba su interés por saber qué había en las fotos…Detallé explícitamente su contenido en el primer capítulo del fic. Espero haber resuelto la duda! :D