Lazos de Odio
Katekyo Hitman Reborn © Akira Amano
Lazos de Odio© Violet Winspear
Capítulo 12: Seguridad
Haru se levantó con una sensación de bienestar apegada en todas las células de su cuerpo, había amanecido, sus brazos y piernas estaban pesados, no le respondían, y su cuerpo se sentía relajado y satisfecho.
Vagamente se dio cuenta de que todo había cambiado con respecto a otros días. Aquella tensión y miedo que la abrumaba en sus recuerdos se había esfumado. Se desesperezó lentamente, preguntándose qué…
De pronto se detuvo. La almohada en la que se apoyaba no era sino un sólido cuerpo bronceado levemente. Tenía el tobillo entre dos muslos firmes y fuertes cubierto levemente por una sabana y una mano que se apoyaba sobre la curva de su hombro.
Tsunayoshi…estaba tendida prácticamente sobre él…
—Buongiorno, piccolamia. Confío en que nuestra noche de bodas fue muy agradable para ambos, ¿No?
Su voz ronca, suave y tan masculina, le evoco recuerdos placenteros. Con el pulgar, él dibujaba círculos lentos en la espalda, provocándole un escalofrío que la hizo apegarse a el en su fuerte torso.
—Espero te guste…
—Es…maravilloso…—la respiración se le hizo un nudo cuando el acerco su rostro al de ella. Era el mismo hombre de siempre, y ella era igual que antes pero, después de anoche, todo había sido diferente…eso se leía en los ojos llenos de satisfacción y un atisbo de alegría de Tsunayoshi.
—Dormiste como un bebe, ¿No?—la acerco más a él, envolviéndola entre sus brazos apoderándose de sus labios, sin prisas, disfrutando de cada segundo se separó un instante mientras la respiración entrecortada de ella sin aliento mientras acariciaba su cabello negro que caía por su espalda—¿Te encuentras bien, cara?
Aquella sensación de piel a piel, la despertó por completo.
Sabía a lo que se refería y se sonrojo. La sonrisa del castaño se hizo más jovial al contemplar aun el rostro de ella con la yema de sus dedos, toco la sedosa y sonrojada piel.
—Eres un hombre que está lleno de sorpresas, Tsuna.
—Piensa que es el latir carmesí de mi corazón y la fe entremezclada en el pequeño atisbo de luz esperanzador de la felicidad, primavera.
Ella sonrío mientras inclinaba su rostro, soñolienta y entrecerrando sus ojos con una sonrisa de tranquilidad en sus labios.
—Duerme y olvida, cara…
Eso fue lo único que escucho después todo se volvió oscuridad, selevantó con el sol llegando al declive en el cielo, Tsuna ya no se encontraba a su lado. Se encontró con Viper quien yacía a su lado con una bandeja de comida y miraba a Haru con atención; sus ojos se encontraron en el momento en que la chica se desesperezaba.
Apartando su cabello liso de la frente, Haru tomo asiento, un poco sonrojada al encontrarse la mirada de la domestica. Tenía en cuenta la tradición italiana de todos los matrimonios y espero, naturalmente, que no se llevara a cabo…aunque probablemente la madre de Tsunayoshi hubiera solicitado en secreto a la domestica, asegurarse de su virginidad.
—La signora durmió bien—murmuro la domestica, afirmando más que respondiendo.
—Si—Haru miro el reloj sobre la hermosa mesa de noche y no pudo sorprenderse al ver la hora. Eran las tres de la tarde, el sol atenuado por las hermosas persianas de seda de la ventana cerrada y el mini-Split en la pared refrescando la habitación— ¡Dios mío! ¿Es tan tarde?
—Sin duda, alguna signora—comento la sirvienta sin sonreír—. He traído el almuerzo, la hora del desayuno ha pasado bastante tiempo atrás. ¿Comerá en la cama, signora?
—No, voy a bañarme—comento retirando las sabanas olvidando que estaba desnuda, desde hacía varias horas. Un rubor cubrió su rostro al sentir la mirada de los ojos de la doncella.
Paso rápido junto a la domestica y entro en el baño anunciando que comería en el balcón.
Mientras en la ducha, recordó cada momento de la noche anterior. Cada placer, cada uno de sus movimientos algo que jamás considero suyo, se enjuago la perfumada espuma que rozaba su cuerpo después de cada caricia por cada una de sus curvas por los labios de Tsuna.
Sintió un estremecedor placer recorrer la parte baja de su vientre y sus parpados cerrados y una sonrisa dibujada en cada uno de esos pensamientos. No podía negarse a tal energía que emergía de aquellos brazos fuertes y posesivos. Tsunayoshi era todo un hombre y la había llevado a un mundo donde no había barreras entre ellos, nada podía igualarse a tal felicidad…Y se volvería a repetir una y otra vez.
Y ella deseaba su pasión…regocijándose en cada palabra de sus labios, que pronunciaban todo su deseo en italiano; mirando sus ojos abiertos en el espejo, se preguntó si habría abierto los secretos de su corazón.
Algo inesperado…algo que no se atrevía a pensar, hasta aquel íntimo momento en que sus almas se verían una a la otra y solo quedaría la mutua unión de una sola. El amor era un misterio grande, una emoción sin precedentes extraña y avasalladora. Ella había leído que la pasión podía confundirse con amor, que el cuerpo podía dominar a veces la mente.
Ayer se había sentido como una extraña en el altar, rodeada por invitados que desconocía. En el yate, su desesperación la afecto física y psicológicamente, había caído en el mar desde uno de los bordes del yate. Ahora frente al espejo examinando las formas de su cuerpo y observo de nuevo el moretón en su hombro que Tsunayoshi creyó haberle hecho en el agua, cuando se lanzó para salvarla.
Parecía la única forma y, sin embargo, Haru nunca pensó que Tsuna fuese un monstruo, tan solo una fuerza que amenazaba su libertad e independencia. Ella no sería capaz de hacerse daño para escapar de él. Esa clase de tontería no era parte de su naturaleza, pero había algo que desconocía y sin duda todo había sucedido. Ella se estaba ahogando y vio allí un recuerdo de su juventud…estaba asustada tratando de alcanzar la superficie, pero allí vio lo que vio y parecía que cada recuerdo le hacía temer más de la verdad.
Él le recomendó que olvidara y anoche, su mente olvido la tristeza de todo lo que le había ocurrido.
Haru se dio cuenta, sorprendida de que simplemente, la había hecho…feliz. Todavía sentía el calor de su cuerpo, su piel ardía y su cabello brillaba, mientras que, una chispa de alegría se hallaba en lo profundo de sus ojos.
Era como si no hubiera un ayer, como si nada hubiese ocurrido. Agarrándose el cinturón de su bata, regreso a la habitación, donde las persianas estaban abiertas dejando una salida al balcón; con una mesa protegida por una sombrilla, esperando su comida.
Abrió la ventana deslizándola, mientras la temperatura cambiaba llego hasta la baranda del balcón, caliente por el sol. Nunca había sentido un sol tan cálido, que se ocultaba haciendo que el mar soltara un intenso azul de zafiros. Esto era Mistero, lejos de aquello que había sido su vida mucho tiempo antes, cuando no pensó que faltaba aquello esencial, fascinante e increíble.
Contemplando las uvas de color violáceo y dulces melocotones jugosos, junto a un cristal lleno de un singular dulce pero en medio relucía un pequeño cuadrado relleno de caramelo en el exterior pero cuando se lo llevo a la boca sintió algo en el caramelo.
Lo saco entre sus labios extendiéndole sobre un plato de cristal, contuvo el aliento al descubrir un rubí en forma de corazón con una delicada cadena de oro pendiendo de ella, observando relucir en ella los últimos destellos del sol, con un plateado fulgor.
—Espero te guste—murmuro una voz.
Se volvió para ver a Tsuna, de pie en la puerta del balcón, con su piel bronceada, vestido de pantalones de algodón blancos y una playera.
—Maravilloso—comento mientras se le iba la respiración al acercarse él a ella. Peroél era el mismo hombre de siempre y ella la misma pero, después de anoche todo había cambiado; esto se leía solo en sus ojos castaños con un brillo dorado.
— ¿Me has echado de menos?—se inclinó sobre ella y con un movimiento involuntario, Haru levanto los labios para encontrar los de él, y al tiempo que la besaba la puso de pie, apretándola con fuerza mientras asentía ella con su cabeza al separarse—quiero que me lo digas.
Su mano acariciaba su cabello negro brillante y sus ojos llenos de satisfacción. Sabía a lo que se refería y se sonrojo. El brillo dorado de sus ojos se hizo másbrillante al contemplar su hermoso rostro y con sus dedos, toco la sedosa y sonrosada piel.
—Te he echado de menos—comento con una respiración entrecortada.
— ¿Así que te gusta tu collar, cara?
Ella asintió.
—Eres un hombre que está lleno de sorpresas, Tsuna.
—Piensa que es la sangre carmesí de mi corazón—murmuro y, tomando el collar de sus dedos, lo coloco alrededor de su cuello mientras el rubí se posaba, resaltando la hermosa blancura de su piel—Siempre te considere hermosa, cara.
Haru acaricio el rubí y lo miro a los ojos tímidamente, completamente consciente de que nadie más la conocería mejor como Tsuna. Una vez le pregunto a Hana si alguna vez los hombres y mujeres pudieron haberse conocido en otro ía su presencia con cada célula de su piel como si fueran las suyas…era el mismo latir de ambos corazones era uno.
—Ayer estabas atemorizada, ¿No cara?—dijo— ¿Han desaparecido?
—Casi—respondió sinceramente—Siempre lamentare que mi padre ye haya robado sin haberlo evitarlo.
—Ah, es eso—comento mientras la llevaba en sus brazos a su habitacion y sonreía mientras ella miraba fijamente sus ojos llenos de un hermoso sueño y sus labios entreabiertos como una invitación personal murmurando:
— ¡Ah! Que dulce pasión la de tus ojos, cara—rio suavemente—Hemos esperado tanto para estar juntos, primavera.
— ¡Oh!—sus ojos mostraron arrepentimiento mientras lo observaba desnudarse revelando su piel y su cuerpo fuerte— ¿No me perdonaras el primer rechazo, verdad Tsuna?
El ladeo su cabeza, su figura labrada en porcelana con un tono bronceado, fuerte y poderosa y su temperamento confirmaba esa impresión.
—Desperdiciaste bastante tiempo, primavera, hasta que tu padre te obligo a recurrir a mi—se inclino deslizando su manos desde su cuello hasta las caderas—Aun no te perdono las siestas que pudimos haber pasado juntos, como las de ahora.
Un gemido escapo de su garganta. Era como una adicción de la que nunca se cansaría. Como por voluntad propia, sus dedos se entrelazaron en el cabello castaño, empujando su rostro hacia abajo…
Mientras le hacía el amor murmuraba cosas en italiano, sus palabras eran como una caricia mientras ambos llegaban al clímax juntos. Haru apoyo su rostro en su hombro, saciada y contenta.
Debió quedarse dormida después porque, cuando abrió sus ojos, Tsuna estaba tumbado a su lado con un brazo sobre su cintura. Le miraba perezosamente, sus ojos llenos de un deseo satisfecho.
—Eres tan apasisionata, amata mía.
Ella sonrió, mirándolo a los ojos y tendió una mano hacia su rostro.
—Estar aquí, contigo, es como ir al mejor jardín; hay algo en ti que me es muy familiar y cálido, Tsuna, algo del misterio de esta isla, que cautiva mi espíritu. Dime, ¿Cuándo regresamos a Japón?
Un silencio siguió a sus palabras; después, Tsuna se aparto de ella, colocándose de pie, su figura recortada a la luz de la luna. Un extraño dolor arremetió contra el corazón de Haru. Esa sensación de dolor tan familiar…
— ¿Qué pasa Tsuna?—Se sentó tratando de leer la expresión de su rostro, abriendo los ojos, pero su rostro estaba cubierto de sombras por la habitacion— ¿Tsuna?
—Estamos aquí, en Mistero, por nuestra luna de miel—contesto secamente— ¿No puedes olvidarte de ello, ni siquiera por un momento?
—Si, sino me pides que lo olvide por completo—se arrodillo apegándose a su manos—. No me pidas que deje mi país de origen a un lado. Yo esperaba que viviéramos allí.
—Ya veremos—se dio la vuelta y se levanto zafándose de sus manos, recogió su ropa y entro en el baño. Al cerrarse la puerta, Haru se puso la bata y se dirigió al balcón descalza mientras el frio viento procedente del océano rezumbaba por el balcón. Arriba, las estrellas decoraban el cielo violáceo y el aire perfumado con el aroma de los arboles cítricos y las flores.
Si Tsuna quería, ella aceptaría vivir parte del tiempo en Sicilia. Su madre vivía aquí y era comprensible que quisiera estar a su lado.
Lo que no podría soportar, era no regresar a Japón, cuya alegría y parte de sus recuerdos la acompañaba. Namimori, su hogar amaba cada rincón, cada cuarto, cada flor del jardín y la hermosa vista de las montañas.
El suelo de madera limpia, la sala con sus muebles modestos y el pequeño estanque en el jardín donde las flores crecían en el agua abriendo sus pétalos al cielo, arboles que resguardaban el patio y la entrada de la casa cuyas flores destacaban y la escalera que conducía al pasillo del segundo piso cuyas ventanas siempre estaban abiertas para recibir el cálido aliento del sol.
¡Qué bien recordaba su precioso hogar, los sillones, la madera, el hermoso olor de las flores junto a los arboles de cerezo que en primavera resaltaban sus hermosas hojas rosadas! ¡Y el calor del invierno en su casa! ¡Cuánto amaba la felicidad que se creó en aquel ambiente extravagante, humilde y romántico!
Haru amaba su hogar en Namimori, y Tsuna amaba Italia; ella entendía que aquella hermosa armonía en sus cuerpos no encontraba lazos en los deseos de sus corazones. Nada cambiaría el hecho de haber crecido parte de su vida en Japón y el parte de allá con una mezcla siciliana, y que ambos eran polos opuestos con sus pasiones.
Siendo criado en Italia y en Japón, era naturalque quisiera ser dominantedel matrimonioy ella no deseaba seguir en esa mentira, deseaba recordar que faltaba en su vida y era aquella parte de su juventud antes de venir a Londres, antes de perder a su madre…
Una brisa fresca jugueteaba con su cabello negro, mientras estaba en el balcón perdida en la inmensidad de sus pensamientos. Algo había en el que le era tan familiar, debía convencerlo y si se mantenía inflexible en vivir en Italia, ella también se mostraría inflexible en su decisión.
Haru sonrío…pudo ver lo divertido y dramático de su matrimonio; no importaba que aquel hombre fuese fuerte y exigente, siempre estaba a merced de su delicada "Fragilidad" como mujer. Era algo que no ignoraba cuando la tenía en sus brazos, la sensibilidad de saber lo delicada y frágil que era ella tanto en sus sentimientos v su cuerpo.
Regreso a la habitacion con una sonrisa, he hizo la cama de nuevo, con cuidado y sacudió las almohadas. Pronto llegaría Viper preparando el baño y sacando un vestido para la cena. Algo en ella le causaba una extraña sensación de desagrado, y ella sabía que le desagradaba a la domestica por supuesto tampoco que supiera sobre su intimidad con Tsuna.
Era como tener un informante, porque estaba convencida que Viper observaba cada uno de sus movimientos, para informar a la signora Sawada. Bueno no podría decir que su hijo no recibía las mejores atenciones, lo que quizás le preocupaba. Después de todo ¿qué madre no quería que su hijo sanara las heridas del pasado que aun dañaban su propio futuro?
Haru recordó las horas de felicidad conteniendo la respiración, recordó cada caricia y cada delirio de felicidad que había sentido en los brazos de su esposo, enloquecida por cada una de sus caricias y besos que la habían transportado a los lugares más recónditos de su placer haciéndole lanzar gemidos y apretarse contra su cuerpo.
Perdida en los recuerdos y tendida sobre la cama se sentía flotar en el aire con el deseo apareciendo lágrimas en sus ojos; aun Tsuna la poseía inclusive lejos de ella. Su imagen llenaba su mente, igual que toda la maestría de su propio placer, de su piel; llorando por la intensa alegría pudo sentir un escalofrió algo estaba cerca…
— ¿Triste la signora?
Haru miro los penetrantes ojos violetas de Viper, mientras algunas lágrimas aun caían por sus mejillas.
— ¡Oh, No!
—La signora, debe sentirse triste si está llorando.
—De ninguna forma—comento mientras se ponía de pie, notando que los ojos de la domestica recorrían la cama.
—No debió molestarse en arreglar la cama, signora—la mirada gélida de la domestica llena de una sorpresa—Es mi trabajo hacerlo.
—No es tu trabajo tomarte tantas libertades—de pronto, la aversión que sentía por ella, hizo que Haru suspirara casi perdiendo el control—. Por favor, prepárame el baño. Dime ¿Te han encargado vigilarme para dar todos mis movimientos?
Aquella mujer tan astuta fingió sin remordimiento inocencia.
—Mi Scusi no entiendo cuando la signora habla rápido.
—Me entiendes perfectamente; prepara el baño, por favor.
—Se, madama.
La mujer se fue al baño y Haru se dirigió al armario para escoger uno de los vestidos para la cena de esa noche. Había pasado poco tiempo y, sin embargo ¿de verdad le temía tanto a Tsuna? Salió del baño recogiéndose el cabello para que no se soltara y se mojara; esperando que Viper saliera del cuarto, cortésmente, pero Haru había notado el resentimiento de la domestica. Si, de verdad estaba espiando para alguien y que podría ser lo más cercano a Tsunayoshi, entonces sería mejor decírselo a su esposo. El, menos que nadie, querría que hablaran mal de su esposa.
Miro el vestido sobre la cama roto, y la furia se apodero de ella. Sosteniendo el vestido, y dándose cuenta que la puerta estaba entreabierta por la que un instante después entro Tsuna.
— ¿Discutiste con la domestica?—pregunto—. Paso a mi lado con lagrimas y mascullando algo sobre tu carácter y un vestido roto que culpabas a ella. Ah, ¿Es ese el vestido del que hablaba?
Cruzo el dormitorio con grandes zancadas mirándola con sus ojos entrecerrados. Enojada por haber perdido el control, encontró los ojos castaños con un brillo dorado llenos de dudas y una leve chispa de diversión; decidiendo que no perdería esa ocasión.
—Parece que no logro agradarle a la domestica—se forzó a decir con naturalidad—. Deseaba al parecer que usara alguno de esos vestidos, y le molesto el que había seleccionado. Me doy cuenta que los italianos son un poco testarudos.
—Creo que quien me la recomendó le parece que su voluntad es la adecuada—Tsuna tomo el vestido roto y examinándolo— ¡Que perdida! Era muy bonito. Sin embargo, creo que tienes otros y alguien en la isla podrá arreglarlo ¿No crees, cara?
Al parecer esta situación le disgustaba a Tsuna y, decidió, que no era el momento de hablarle de sus sospechas, sobre lo que hacía su domestica y el sentimiento de lejanía y de entrometida.´
Se dirigió a elegir otro vestido, Tsuna se sentó en uno de los sillones; era obvio que sería el público mientras se vestía. Una sonrisa tembló en sus labios al sacar un hermoso vestido verde, sin cuello sobresaliendo su piel clara de bordados suaves y delicados. Desnuda bajo la bata y preguntándose cuanto deseo tendría Tsuna, si pretendía observarla a través de sus ojos, mientras se ponía la ropa interior de encaje y seda.
Sombrío y distinguido, vestido de etiqueta y una camisa blanca, Tsuna observaba absorto y en silencio que Haru se deslizaba por la cabeza, delineando cada curva de su cuerpo; controlando un leve temblor, metió las piernas en las bragas de seda que hacían juego con el vestido.
— ¿Disfrutas del espectáculo?—murmuro, mientras se dirigía al tocador soltando su cabello para peinarlo. Podía verlo en el espejo, su boca se curvaba en una sonrisa.
—Es mi privilegio—dijo con burla y con voz ronca—. Eres mía, de arriba abajo ¿No es así, cara?
— ¡Que hombre posesivo, Tsuna!—sujetándose el cabello en una coleta alta con un pasador de mariposa mientras el resto caía por su espalda. Con mano ágil, maquillo su rostro, pintándose los labios con un leve brillo rosado y rociando un seductor perfume.
Tsuna aun la observaba con aquella expresión relajada cuando ella cubrió sus piernas, largas y torneadas con el vestido entreabierto en los lados de sus muslos y calzándose unos zapatos color plateados. Cuando trato de alcanzar su vestido, el se puso sigilosamente de pie y con agiles y rápidos movimientos, se coloco detrás de ella, asiendo entre sus manos sus caderas encubiertas, mientras sus labios buscaban su cuello. Ella quedo rendida, como siempre, al sentir sus manos.
—Eres mía enteramente—dijo; Haru sintió su aliento rozando la piel—. Si te alejaras de mi muy lejos…aun del otro lado del mundo, serias mía.
— ¿Por qué te abandonaría?—ella sintió el estremecedor placer a las caricias de sus besos—. Soy feliz aquí.
—Ten cuidado con lo que dices, primavera—comento roncamente—.No se puede desafiar al pasado, mientras nos vanagloriamos de nuestra alegría.
—Fatalista—dijo, provocativa—Eres tan duro en ciertas cosas, Tsuna y tan dulce y salvaje en otras.
—Tu despiertas lo salvaje en mi y lo disfrutas haciéndolo, ¿No?
"Si" penso haru desde el fondo. Se deleitaba, de forma increíble, cuando la acariciaba, aunque desde el fondo algo la turbaba no solo el pensar que se desatara su furia, sino algo más elemental entre ellos.
—Por ahora, tengo demasiada hambre—repuso Haru—, así que, retrasare nuestro deleite hasta después de cenar.
El rio, con voz suave y profunda, besando su cuello y apartando sus manos de su cuerpo.
— ¿quieres que tu servito re te ponga tu vestido?
Ella asintió divertida y experimento la ternura que tenía el mientras le ayudaba a colocarse el vestido, que acentuaba su piel. En su cuello quedo colgando en el escote el rubí en forma de corazón, que pendía de una cadena de oro.
—Esos ojos tan bellos—tomo su cara entre las manos—, como la oscura noche y el brillo reluciente de la luna.
—Mi amado, el poeta siciliano—sonrío—. Me pregunto si de verdad eres así siempre.
El negó con la cabeza, sus ojos se entrecerraron, poco a poco, su aspecto se torno fiero y peligroso.
—No siempre fue así, cara. La mezcla de mi sangre es una sombra del amo y guerrero en mis sentimientos por ti y lo sabes ¿No, cara?
—Si—sus latidos se desbocaron entre la felicidad y el temor—. Desde el momento en que te conocí y, al final, aquí estoy, contigo, Tsuna. Has tenido lo que deseabas soy tuya y estamos casados.
—Siempre hay una muestra de valentía en las personas, primavera—sonrío y se alejaron tomados del brazo en dirección del comedor.
Cenaron en la Stanza da pranzo, decorado en colores claros que no alarmaban sino que hacían la estancia cómoda y la comida vino era fuerte y dulce, y le daba más sabor a la comida.
— ¿Te gusta?—Tsuna observaba como comía; las llamas de las velas se reflejaban en sus ojos castaños dándole un cierto aire de felino, mirándola desde el otro lado de la mesa. Las ventanas abiertas para dejar que el aroma de la naturaleza envolviera en un toque de frescura el salón.
—Si… ¡Tengo mucha hambre! debe ser la esplendida vista y el aire fresco del lugar.
—Por supuesto, entre otras cosas—sus ojos brillaban provocativamente; alzando la copa y saboreando el vino— ¿El pescado esta delicioso, no cara?
Asintió sonriente, mientras ella lo miraba ruborizada. Se dijo a si misma que no cometería el error de creer en que podía pasar sin peligro en lo que se refería a Tsuna. Era un hombre fascinante en el fondo, lo que su enigma lo envolvía de cierta forma la atraía.
¿Y si el fuese rudo con ella? sus latidos se aceleraron y vio la silueta de una mujer a su lado, su hogar, interponiéndose entre ellos. Palideció, ¿Acaso aquello era un recuerdo? pronto…pronto, eso intervendría en su matrimonio, pero no arruinaría la cena con sus recuerdos nebulosos que solo le causaban miedo. ¿Miedo? ¿Porque? acaso arruinaría aquella mágica armonía en esas tardes de amor.
— ¿Qué piensas primavera?—comento con vos seca—Supongo en lo opuestos que somos ¿No es así?
Ella se estremeció y pudo ver el atisbo de burla, dándose cuenta de que podía acaso leer su mente No, no podía ¿O sí?
—Primavera, somos como el fuego y el agua, inevitablemente sucederá ese percance. En algunos asuntos te cederé a tus deseos, porque me atraes, y disfrutare accediendo. Pero entre tú y yo, seré quien de la última palabra.
—No podría dominarte—rio al solo pensarlo al ver su apariencia, descartando alguna esperanza…si, quizás alguna vez tuvo una. Todo su ser emanaba fuerza y resistencia, estar tan cerca de él, no había eliminado el extraño temor que inspiraba.
Saber sobre su fuerte cuerpo no le permitía pensar claramente y aun, veía al extraño que se había apoderado de su vida, y de los últimos vestigios de su hogar.
La cena concluyo con un vino generoso y Haru pensó, que estaría bastante mareada. Al dejar la copa de vino sobre la mesa, vio que Tsuna fruncía el ceño.
— ¿No te gusta? —pregunto.
—No, es suave y…—sonrío— .No bebo mucho y el vino se me sube rápido a la cabeza.
—Si no puedes subir a la habitacion tu sola, yo te llevare en ms brazos. Vamos, bebe tu copa y bebe conmigo.
—Tsuna, ¿Me estas tratando de emborrachar?
—Quiero que estés a gusto. Estamos en nuestra luna de miel y disfrutar cada momento; no debe haber nada que oscurezca nuestros momentos juntos.
—Muy bien—bebió el vino—No puedo negarte nada, y menos cuando recurres a tu talento.
— ¿Eso crees? —Sonrío evasivamente—deberías aprender un poco mas mi idioma, cara. ¿Te gustaría?
—Tsuna—bebió un largo trago de vino, tratando de obtener valor— ¿Qué es lo que esperabas de mi y solo viviremos aquí, en Florencia? ¿Porque no Japón?
—Tengo el Palazzo en Florencia, algunas propiedades en New york por lo que parece natural que sea así—corto con cuidado el trozo de pasta que le habían traído en la segunda parte de la cena— ¿Tienes algún problema con mi plan? Y lo que respecta a ti, cara…Eres hermosa, te elegí por tu sencillez y carisma, por supuesto eres una excelente esposa con la que tendré muchos hijos sanos y una familia ¿Eso es lo que querías saber? Pues ya lo sabes.
Haru jugueteo con la pasta y trago en seco. No tenía hambre. Dejo el tenedor y tomo otra copa de vino…el comía despacio, vio que Haru no probaba bocado.
—Come algo, Morir de hambre no ayudara en nada.
Ni tampoco comer demasiado, era insensible acaso a lo que sentía para poder recordar sus raíces ¿No podría por lo menos hacerlo? Vacilando a su pregunta, Tsuna aun cavilaba en su mente mientras los ojos de ella estaba fijos en el, y el dolor que expresaban atravesaba su alma.
Se puso de pie bruscamente, con la mayor dignidad posible.
—Haru, por favor, siéntate—insistió Tsuna.
Era la primera vez que no la llamaba primavera o cara. Aquello le pareció íntimo y gélido que tomo asiento por inercia.
—Te encanta darme órdenes, ¿No?
—En cuanto terminemos de cenar, tomaremos el café donde discutiremos el asunto, ¿Te parece?
Eso era el indicio de que su decisión era un preludio a la tormenta, se sentía incapaz de enfrentar lo que ocurriría pronto. La actitud de Tsunayoshi era una advertencia a toda aquella armonía que habían disfrutado juntos en ese tiempo y que se convertiría su pasado en la manzana de la discordia. ¿Que diría, si había vendido su patrimonio?
Sirvieron un apetitoso flan de frutas cubierto con crema, Haru no quería comer. Noto que Tsuna la observaba y comió una cucharada del dulce. Terminaron y se dirigieron a la sala, donde les sirvieron café. Tsuna de pie, sosteniendo la taza con un plato en la mano, aparto la taza y paso, con gesto nervioso los dedos entre su cabello que, ocultaban parte de su rostro. Tratando de reunir valor para hablar; buscando palabras para que no discutieran, cuando rompió el silencio.
—He tratado de describirte, primavera, y se me ocurrió que…es como el cielo nocturno bajo el destello de las estrellas.
Se escuchaba a través de las ventanas, la música de la naturaleza como el latido de su corazón y el ruido de algunas cigarras en el bosque. Haru encogió las piernas; allí en el sofá, su vestido parecía flotar, envolviendo su cuerpo esbelto. Sus ojos, muy abiertos, examinaron la extensa habitacion: donde la alfombra, las lámparas en base de hierro antiguo y los muebles de madera, labrados a mano. Su mirada se poso en un cuadro en medio del salón.
Sus nervios se sobresaltaron al escuchar el movimiento de las hojas de un libro y una nube de polvo viejo llego hasta ella, aturdiéndola.
—En que piensas, primavera—ordeno—. Ya hemos bebido café y prometí una respuesta la pregunta sobre Japón y respondí con anterioridad al respecto de ti.
Haru pregunto entre murmullos si podrían vivir en Japón nuevamente.
—Temo que no será posible—comento—además en lo último que quiero es tener un hijo, por supuesto me involucrare con el y contigo.
Su respuesta la dejo estupefacta; era cruel y sin corazón. Sus ojos llenos de una ira singular; la lastimaba y ahora estremecida los rasgos de el; eran como su corazón una roca de diamante duro, se dijo desesperada. Aquello era lo último que había esperado escuchar, sentía la boca seca de repente.
— ¿Por qué te molesta regresar a Japón? ¿Solo estas empeñado en que tengamos un hijo? Me duele el corazón solo de pensar que mi padre no podía conservar la casa, entonces… ¡¿Por qué no la vendiste de inmediato sino la usarías?!¿Era acaso tu as bajo la manga para casarme contigo?!¡¿Eso es lo que significó para ti?!
El siguió su mirada fija en el libro durante unos momentos, se volvió para ver el rostro lleno de angustia, y contraído. Entonces, saco un sobre del libro llegando en un instante al sofá, deteniéndose lo entrego en sus manos.
—Es mejor que leas esto.
Las manos temblorosas de Haru se tranquilizaron cuando tomo el sobre y miro la carta. Parecía un fax y lo abrió. Escrito en italiano pero reconoció un par de palabras…Namimori, Japón.
—¿Qué dice el mensaje, Tsuna?
—Antes de hablarte, te sugiero una copa—con el libro entre manos, se fue a una mesa lateral lo único que pudo oír Haru fue las copas al chocar, cuando servía el licor; ese era el único indicio de nerviosismo que pudo ver en el.
Haru tomo la copa con la izquierda, apretando el mensaje con la derecha.
—Dímelo—dijo con ansiedad. Había algunas sombras en sus mejillas y la palidez resaltaba el temor en ella.
Tsuna poso sus ojos para mirarla y no hizo ademan alguno para arrebatarle el mensaje.
—Fue devastada, aquella casa en Namimori y solo quedan escombros…
Oyó las palabras, sufrió al escucharlas, pero se perdían en el sentido racional. Había sido parte de la existencia de su vida, que podría solucionar aquella fracción de su juventud en tinieblas y que la estremecía al tratar de recordar…y ahora perdía la única pista de ello.
—No—se negó a sí misma escuchar tales palabras, que fueran verdad—¿Cómo?
—Tomo asiento a su lado, dejando el libro a un lado.
—Vamos, toma la copa, primavera, te sentara bien.
Apuro la copa y se volvió a verlo fijamente mientras el apuro su bebida.
—¿Cómo ocurrió y cuando?
Explico que durante la adaptación de la casa el incendio se origino por un error de alguien y encendiéndose por algunas paredes de aceite y el material se incendio rápidamente.
—La compañía de seguros sabrá cuales fueron las causas—sus dedos sujetaban fuertemente la copa.
—¿Cuándo recibiste…eso?¿Fue el día que trajo el barco tu correspondencia?
Dudo un momento.
—En el hotel, el día de nuestra boda.
Haru escucho sus palabras, entonces sintió como las piernas flaqueaban, aquello era lo último que esperaba, sentía como la ira crecía rápidamente.
Estaba llena de ira y su indignación había quedado en el anonimato al saber que el era el dueño de ella; y no había sido capaz de decirle con suficiente confianza el día de su boda. Estaban en el altar y aun tan cerca tenía el mensaje en su bolsillo.
—¿Te haces una idea de cómo me siento ahora? —Le pregunto—¿Por qué no me lo dijiste? Tenía derecho a saberlo ¿Te preocupaba algo?¿Creíste que me rehusaría a casarme?
—Existía esa posibilidad—confeso—. Soy consciente que esa era una de las razones de nuestro matrimonio.
—Me alegra saber que lo has tenido presente—comento gélidamente—Si, ya no habría ninguna razón para nuestro matrimonio. Mi padre, estaba lejos de ti y sabias que al mostrarme el fax, no me hubiese seguramente casado. Cambiaria tus planes ¿No? Tu madre y amigos no entenderías el porque del dolor de tu prometida por aquella casa.
—Ya basta, Haru—trato de tocarla pero, retiro su mano violentamente.
—Lo que te importa es tu fiereza ¡tu estúpido orgullo! Tu dignidad, mantener la cabeza en alto, eso es lo que te importa ¿No, es así?
—Sí, así es—acordó—, pero no veía que se ganaría con echar a perder el día a todos. Sabía muy bien lo que significaba para ti, pero al final debemos crecer, Haru, y era tiempo de que te convirtieras en mi esposa, que vivieras tu vida conmigo y, aunque es terrible que desapareciera devorado por las llamas, también vi de forma clara, que estaba destinado así.
—¡Vaya!¿Cómo te has dado cuenta? ¡Espero que no lo hayan quemado a propósito! —exclamo furiosa.
El contuvo la respiración y sus nudillos palidecieron apretando el cristal con fuerza tanto que destrozaron la copa y su mano sangraba.
—¿Cómo te atreves a decirme eso?
Por un momento el miedo la recorrió, pero reuniéndose del valor que la ira le había proporcionado se enfrentó a él.
—¿Me puedes culpar por pensarlo, acaso? —Pregunto aun con sarcasmo— Era la mejor forma de obligarme a estar en Italia.
—No fue deliberado—comento mientras su rostro se tenso con la ira—la re decoración era para disfrutarla en vacaciones. Sabes muy bien que mis negocios la mayor parte están en Italia, aunque no fuese permanente, pero sería una parte del año allí.
Suspiro profundamente, de perfil como tratando de no mostrar algún cambio en su semblante sereno.
—Cuando recibí la noticia, sentí que tenía que ignorarlo. Era demasiado peligroso para hablar de el y espere hasta considerar que no había peligro.
—¿Quieres decir cuando estuviera aquí, y después de acostarte conmigo?
—Oh, Haru, no hables así de esto. Estas retorciéndolo de forma que parezca algo malo.
—¿De nuestro nido de amor? —Pregunto con sarcasmo—. No, creo que se te haya pasado por la mente ningún mal esa noche. Había tenido lo que querías ¿No? Que pudiste vengarte de todo el mal de tu infancia, que saliste vencedor y que al hacerlo, tienes por esposa a la hija de un hombre que arruinaste.
—¡Demonios, eso es mentira! —la tiro de un brazo con ira visible, estaba a punto o ya de perder el control de sus emociones—Tu padre era un jugador estúpido e insaciable, dispuesto a suicidarse, no solo irse solo sino también a los que debió proteger a pesar de sus vicios. Tenía más deudas acumuladas y cuando le negué el crédito, se fue a otro sitio hasta que todas las propiedades suyas y de tu madre se perdiesen en el juego. Yo obtuve las escrituras de otro que las tenía y el día que nos conocimos, posiblemente fue el día fatal.
Tsuna hizo una pausa, y metiendo los dedos en su cabello una y otra vez, hasta desordenarlo aun mas.
—Sí, cuando te vi otra vez, primavera. Estabas en el apartamento y con un delantal que se ceñía a tu figura, sonriente cocinabas para tu padre y luego en aquel salón sobre la mesa te dedicaste a crear modelos de ropa mientras sujetabas en un gancho algunos ya terminados. No me viste aquel día, porque estabas concentrada en lo que hacías, entre en tu casa para devolver las escrituras pero tu padre estaba borracho y me di cuenta que volverías a perder todo, me encargue de todo y no por burla.
La miro con tenacidad y ella se envolvía en una penumbra de confusiones.
—Despreciaba su falta de carácter, viendo su deterioro decidí que tu vida no se arruinaría por su culpa.
—No, si al final resulta que eres más sensible de lo que pareces.
Se miraron…y solo pude ver que el era el dueño de todo, y la tristeza la envolvió…nada era suyo…ahora reconocía, lo que siempre fue, la esposa comprada.
El desaliento suele terminar en lágrimas o puede crear una necesidad de expresarse violentamente. Y Haru opto por la segunda…
No había compasión, su expresión más impenetrable e inconmovible que nunca, sus músculos tensos. En un segundo golpeo su atractivo rostro una vez y se aparto de el.
— ¡Crees poder comprar a la gente con tu dinero y compensar las pérdidas! ¡Consideras que solo fue alguna casucha y no mi hogar, mis recuerdos, mi vida!
— ¿Tu hogar? —repitió—. En Londres, me dijiste que no era parte de tu vida.
El silencio reino, y se mordió el labio con tanta fuerza que sangro, apretando los nudillos fuertemente.
—Al casarte conmigo la casa se volvió nuevamente de tu interés ¿No? —Comento con sarcasmo—Eres tan infantil, ¿aun no has aprendido nada en estas últimas horas?
—Sí, que soy una mercancía y las pérdidas son para enojarse ¿No es así, Tsuna? Debes estar molesto—comento y dándose cuenta del rostro del hombre, se dio cuenta de la magnitud de sus palabras, después de todo se lo merecía—Quizá, si no tuvieses problemas en tus recuerdos me comprenderías mejor—dijo secamente—, pero solo creciste con tu madre en un ambiente malo y, eso es muy diferente
Yendo hacia la puerta, se dio cuenta que el silencio era aterrador…decidió salir de allí.
Mientras se recogía parte de su vestido, huyo por el pasillo y paso por la entrada subiendo las escaleras, corriendo al mismo ritmo de su corazón y al llegar a su habitacion se hundió en la cama, sacudida por los sollozos.
Sintiendo como las lágrimas la quemaban, el dolor de la derrota y, cuando al fin pudo colocarse de pie, estaba totalmente agotada.
Tsunayoshi se había ido de viaje a Florencia esa misma noche, había escuchado el helicóptero aterrizar y sobrevolar en poco tiempo la isla alejándose.
Hizo un tremendo esfuerzo por quitarse el vestido, pues estaba cansada, pero se libero de aquella envoltura y se dirigió al baño lavándose la cara con los rastros de lágrimas en sus mejillas.
Parecía que hubiera llorado por todas las tristezas de su vida, como si hubieran sido guardadas en su interior, esperando liberarse. Libre de las ataduras de Namimori. Las deudas habían sido consumidas por el fuego y sabía que haría al amanecer.
Cuando regreso a la habitación había una bandeja con te, una taza con su plato, crema, azúcar y unas galletas.
Tomo él te, sirviéndose en la taza y lo bebió sin azúcar. El calor de la bebida la ayudo a desvanecer por poco el dolor. Tomo asiento en un sillón en la ventana, sus ojos irritados por las lágrimas. Se alejo del sillón donde horas antes su esposo se reclino, disfrutando de verla y saber que era suya. Era lo que significaba para el, hijos y que era su posesión, para su deleite.
Esta vez, aunque las lagrimas asomaban las reprimió nuevamente tomando un trago amargo de té. Había sido suficiente de haber llorado y ahora debía irse.
Era inútil pedirle a Tsuna, civilizadamente su libertad. Eso lo avisaría de lo que planeaba y la lealtad de sus empleados estaba de su lado, imposibilitando su huida, en especial si la única forma era por bote o aire.
Pero tenía un as bajo la manga, el resentimiento de la domestica por ella y se alegro de no haberlo dicho siquiera. Y Haru le daría el material para que hablara con gusto. Después de terminar, guardo algunas cosas y prendas para partir. Doblo solo una muda de ropa interior, una blusa en un maletín de mano. Se aseguro del dinero en el bolso ocultándolo en el opero y después salió sin ruido alguno de la habitacion.
Ella comenzaría de cero, de nuevo lejos de Tsunayoshi.
No encontró a nadie en el pasillo. Por instinto, sabía que Tsuna se había ido la noche anterior dejándola sola para llorar y desahogarse. Se dirigió al cuarto de la domestica, en el piso de arriba.
Llamo a la puerta, suavemente. Después de unos instantes se escucho los pasos y el chirrido de la puerta al abrirse, la domestica abrió ciñéndose el cinturón a su bata. Su cabello violeta suelto y un flequillo ocultaba sus ojos; todo su ser emanaba un aspecto dulce y amable.
Pero sabía que solo era una fachada, la verdadera domestica se mostro durante la tarde y si quería escapar debía recurrir a ella.
— ¿Desea algo, signora?
—Sí, ¿Puedo pasar? No quiero que me vean—los ojos de la domestica se afilaron; abrió mas la puerta y al ingresar Haru se cerró reclinándose en ella. Su mirada oculta pero factible se fijaron en ella—Quiero ir a tierra por la mañana—fue directo al grano— ¿Conoces a alguien que me lleve? Puedo pagar el viaje.
Viper no se movió ni un milímetro de sorpresa por sus palabras y, no parecía triste. Sus ojos ocultos tras el flequillo la recorrieron con insolencia.
— ¿Por qué se quiere ir, signora? —un brillo se avisto entre la melena violácea, como si supiera de lo ocurrido en la sala— ¿Su matrimonio no le gusta?
—Eso no es de tu incumbencia—respondió Haru, secamente, controlando la repulsión que le causaba al recurrir a su ayuda—. Ninguno de ustedes, quiere mi permanencia y no hay ningún peligro para ti.
—Su matrimonio le causa más disgusto—viper saco de su bata un encendedor y un cigarrillo. Fijándose en Haru, luego colocando la llama en la punta lanzo una bocanada de humo—. Discutió con el, ¿verdad?
Haru rehusó contestar, y una sonrisa sutil recorrió los labios de la domestica. De pronto no pudo tolerarlo más, y estaba a punto de irse, cuando la mujer se adelanto amenazadoramente.
—Discute estúpidamente con el signore, queriendo salirse con la suya. Tiene suerte que sea paciente y no le enseñe la educación de una esposa.
—Para lo único que sirves, es para escuchar tras las puertas y espiar—espeto Haru—me voy de aquí.
—Puedo arreglar que un amigo la saque la isla—comendo aspirando el humo—Mañana ¿No es así?
— ¿Temprano? —Pregunto Haru— ¿Sin noticias a mi esposo?
—Cumplirá todas mis órdenes ¿No lo vio en el yate, signora?
— ¿Era uno de los tripulantes?
—Se, signora.
Sin proponérselo retrocedió al darse cuenta del odio que le propagaba aquella mujer en su contra, y su risa solo le hizo estremecer de miedo; una mano se había posado en el yate en su hombro mientras estaba mareada, ahora todo estaba claro, debía salir de allí.
Cuando trato del alcanzar el picaporte, la domestica salto y la halo del cabello hasta hacerla gritar de dolor.
—No vuelva a gritar—comento mientras acercaba la punta del cigarrillo a su mejilla—. Me gustaría arruinar su delicada piel, pero habría sospechas cuando la encuentren entre las rocas. Si, signora, la ayudare a escapar del signore…y para siempre. Habrá un funeral y todos lamentaran porque se hubiese caído por un acantilado.
Sonrió nuevamente y tiro nuevamente de su cabello.
—Como vera, todos recordaran lo del yate, ni siquiera el signore sospechara, por suerte la nueva signora me ascenderá.
— ¿Qué ganas con esto? —estaba segura que estaba loca, pero dejarla hablar era mejor. Esta clase de gente siempre se desganaba por sí mismas.
—El signore será un viudo y al estar solo, necesitara consuelo y el poder de sus compañías pasara a manos de un asesor, por suerte allí esta Daemon para su ayuda y yo por supuesto seré considerada por la nueva signora—se llevo a los labios otra vez el cigarrillo—Es un hombre rico, además seria lo bastante aceptable otra mujer para el.
—Claro, inclusive tu serias indicada—acordó Haru cautelosamente—eras astuta al fingir poco inglés, e inclusive pasiva. La verdad, hablas excelente.
—Lo sé—sonrió y recorrió el rostro tenso de Haru— ¿Verdad que me entiende muy bien?
—Si tu amigo me lleva a tierra firme, no sabrán más de mí.
—No, el signore la seguiría hasta el fin—nerviosa, tiro el filtro del cigarrillo; trato de meter la mano en su bata otra vez, tratando de sacar la cigarrera. Haru no dudo; la presión del cabello disminuyo, salto hacia atrás y golpeo su rostro.
Soltando un grito, algo que saboreo Haru mientras salía de esa habitacion. Anhelando, que Tsuna hubiese regresado, grito llamándolo por la casa.
Sobresaltada de alegría cuando lo vio subir con agiles piernas las escaleras, para buscarla. Se entrego en sus brazos como lo más precioso en el mundo.
Todos salieron y los guardias junto a los sirvientes los rodearon y mientras relataba incoherentemente, su experiencia con la domestica. Severo, Tsuna entrego a Reborn su jefe de seguridad, a la domestica y luego el arresto de Daemon Spade por tal osadía a la Familia.
Tsuna recorría la habitacion disgustado, preguntándose porque se había ido de su lado, porque lo pensó.
—No pensé que lo hicieras—espeto.
— ¿Por qué no? —comento en el borde de la cama, mientras ella aun lo amaba y el brillo se notaba en sus pupilas y sus sonrojadas mejillas.
—Porque sabes tanto como yo—contesto con fiereza—, que las tontas peleas no nos separaran jamás. Cuando corrías a mis brazos, venias a tu otra mitad y así es.
—Así que puedes llegar a ser así de sensible, Tsuna—comento sonriente y el la estrecho en sus brazos—No suelo ver muchas cosas…Supongo que a tu madre no le agrado, pero entiendo que ella no tuvo nada que ver, es una mujer agradable.
El asintió y en sus ojos pudo ver un brillo singular. Que la hizo estremecer, la beso apasionadamente y se levanto. Haru apoyo la cabeza en su hombro. Estaba un poco cansada, pero sabía que él la amaba y aun tenían la tarde y la noche por delante.
El sonido del móvil los saco de su mágico momento.
—Bueno nos han invitado a una cena memorial, bien quiero que conozcas a mis amigos, Haru.
— ¿De verdad? —pregunto levantando un poco la voz y sus parpados se cerraban
—Iremos a una cena en Sicilia, para socializar nuestro compromiso. Además no puedo darme lujos de demorar tiempo fuera, un emporio no se maneja solo.
El soltó una carcajada mientras ella lo miraba borroso, luego la recostó en la cama.
—Descansa, amore mío—susurro—dos semanas de luna de miel, te han agotado, te despertaran luego, espero estés lista…ciao, cara.
Y todo se volvió tinieblas para Haru; lo único que sabía era que Tsunayoshi era su hogar, seguro y permanente…
Oh espero os guste todo hasta donde ira...sorpresa muy pronto los secretos más ocultos son revelados. y por supuesto espero les agrade y garcias a todos por su lectura Ciao Dio te benedica
