Reality III: World of Dreams
La misión tan importante que Athena encomendó a los caballeros de bronce era encontrar a alguien. Ese alguien era Pallas, la otra mitad de Athena, de quien ella se separó antes de descender a la tierra. La existencia de Pallas era un misterio, pues los diversos mitos conocidos siempre la pintaban de una forma distinta. Sin embargo, Shion había dicho que, según Athena, sus caballeros sabrían reconocer a Pallas en cuanto la vieran. Los dominios de Morfeo eran territorio prohibido para mortales y dioses a menos que estuvieran sumidos en un sueño. Ahora, de alguna forma, Shion había logrado llevarlos ante las puertas doradas que flanqueaban la entrada a Oniros, el palacio de Morfeo.
Cuando los caballeros de bronce finalmente pudieron abrir los ojos – luego de estar sumidos en lo que les parecía un profundo sueño – vieron cómo el cuerpo de Shion comenzaba a desintegrarse hasta que se convirtió en polvo. Asombrados con lo que acababa de pasar, notaron que las puertas se abrían. Ante ellos apareció un hombre de mirada amenazante, cabello grisáceo y vestido con una túnica blanca. El recién llegado los miró por un momento antes de hablar:
—¿Qué hacen los caballeros de Athena en estos dominios sagrados? Nadie puede entrar aquí a menos que ese sea el deseo del señor Morfeo.
—Hemos venido en nombre de Athena —se apresuró a contestar Seiya —Queremos recuperar algo importante que ella dejó aquí hace tiempo. Athena lo necesita para poder proteger la Tierra —el hombre lo miró como si se hubiese vuelto loco.
—Mortal, ¿cómo osas intentar engañar a Ikelos? ¿Es que acaso piensas que voy a creer en tus palabras? ¿Qué más puede querer Athena de estos dominios cuando ya se ha llevado a Pallas consigo?
Los cuatro caballeros se miraron, confundidos. Entonces Hyoga dio un paso al frente, diciendo:
—¿Es que ustedes también están del lado de Zeus? —Ikelos lo miró, ofendido —¿Quieren evitar que encontremos a Pallas?
—Esta broma ha llegado demasiado lejos, mortales —en la espalda de Ikelos se materializaron unas alas negras, al tiempo que los colmillos sobresalieron de sus labios —¿Encontrar a Pallas?, tonterías. No dejaré que se acerquen a donde está el señor Morfeo.
—Parece que tendremos que luchar —comentó Hyoga —Este sujeto no dejará que sigamos nuestro camino. ¡Vamos, ataquémoslo juntos!
Shiryu y Seiya asintieron la cabeza. Entonces la figura de Ikelos se dividió en tres. Lanzando sus ataques más poderosos, los tres caballeros lograron acabar con el Ikelos que estaba enfrente de ellos. Sin embargo, cuando se dieron cuenta, estaban tirados en el suelo, heridos por sus propios ataques. Ikelos los miraba con una sonrisa burlona.
—Maldición, ¿qué fue eso? —preguntó Seiya —Estoy seguro de que nuestros ataques lo alcanzaron. ¿Cómo fue que terminamos heridos nosotros?
—Este es el reino de los sueños, las cosas no serán tan fáciles —dijo Ikki, que había permanecido alejado —Además, hay algo extraño aquí. Ese sujeto no miente —sus compañeros miraron a Ikki, incrédulos —Pallas no se encuentra aquí.
—¿Qué demonios estás diciendo, Ikki? —Hyoga fue el primero en incorporarse y enfrentar a Ikki —Recibimos órdenes de Athena, está claro que quien miente es Ikelos. ¿O es que acaso estás dudando de las palabras de Athena? —Ikki ni siquiera se inmutó con el gesto amenazante que era dirigido hacia él —Tenemos que derrotar a este sujeto si es que queremos seguir adelante —al ver que Ikki no se movía, Hyoga chasqueó la lengua —Muy bien, quédate mirando si es lo que quieres, nosotros nos encargaremos de esto, cobarde.
—Tiene que haber una explicación para la forma en la que Ikki está actuando —dijo Seiya.
—Ahora no tenemos tiempo para pensar en eso, Seiya —dijo Shiryu —Tenemos que derrotar a Ikelos.
—Qué necios son —espetó Ikelos —Muy bien, atáquenme los tres juntos una vez más, entonces les enseñaré lo que es la verdadera desesperación.
Sin pensárselo dos veces, los caballeros dirigieron, una vez más, sus poderosos ataques hacia el enemigo que estaba enfrente de ellos. Entonces Ikelos se elevó sobre ellos, rechazando los ataques con sólo el batir de sus alas. El dios agitó sus manos y sus zarpazos atravesaron el cuerpo de los caballeros, cayendo derrotados una vez más. Pero la tortura de Ikelos no terminó ahí. Utilizando sus poderes, Ikelos hizo que las peores pesadillas de los tres que habían sido heridos poder fueran revividas en sus cabezas, una y otra vez.
—Ahora, ¿debería enviarlos de vuelta a donde pertenecen o encerrarlos en el calabozo? —entonces Ikelos reparó en la presencia de Ikki —Ah, me faltó uno. Eres cruel al no haber ayudado a tus compañeros, me agradas, así que acabaré contigo rápido y sin dolor.
—¿Qué está planeando Athena? —Ikelos detuvo en seco su avance hacia Ikki —¿Por qué nos ordenó buscar a Pallas cuando sus verdaderas intenciones eran recuperarla ella misma? —Ikelos esbozó una sonrisa torcida.
—¿Confías en lo que te digo y no en las palabras de la diosa a la que se supone que debes proteger?
—Desde que este conflicto empezó, no he dejado de tener un mal presentimiento. Primero Athena desaparece sin dejar rastro, luego, no se presenta ante nosotros sino que nos envía sus órdenes con alguien más. Nos dejó fuera de la batalla en el Olimpo sabiendo que nosotros, al poseer las armaduras divinas, éramos quienes tenían mayores posibilidades de entrar al Olimpo y luchar contra los dioses. Sabiendo eso, ¿por qué excluirnos? No puedo evitar pensar que ella realmente no planea proteger la Tierra esta vez.
Ikki se sobresaltó cuando Ikelos se echó a reír tan fuerte que su risa retumbaba en los alrededores, haciendo temblar las puertas de oro que estaban detrás de él. Cuando por fin pudo controlarse, miró a Ikki como si sintiera lástima de él.
—Chico, no, Ikki de Fénix, ¿de dónde sacaste la absurda idea de que Athena desea proteger la Tierra de la amenaza de Zeus? —Ikki no respondió, Ikelos volvió a reír —Es lo más gracioso que he escuchado en mucho tiempo.
—Entonces tú lo sabes, lo que Athena planea —insistió. Ikelos lanzó un suspiro antes de contestar.
—Ella quiere destruirlo todo —los ojos del Fénix se abrieron como platos al escuchar tal declaración —En sus propias palabras, la humanidad ya no tiene salvación y merece ser destruida. Ella está de acuerdo con Zeus en su creación de un "mundo ideal", como a él le gusta llamarlo —al ver que el rostro de Ikki se volvía inexpresivo, añadió —Pareces menos sorprendido de lo que esperaba.
—Tenemos que regresar y advertirle a los demás.
—Si lo que quieres es ver lo que sucede, yo puedo cumplir tu deseo.
Ikki se estremeció al sentir unos brazos rodear su cintura. Volteó lentamente la cabeza para encontrarse con un sujeto mucho más bajo y delgado que Ikelos. Tenía el cabello rubio y largo y su apariencia era femenina. El desconocido lo soltó y colocándose enfrente del Fénix, se presentó como Fantaso. Fantaso hizo aparecer un caldero y le indicó a Ikki que observara con atención. En la superficie del agua el Fénix pudo ver escenas de la batalla que se estaba gestando en el Olimpo, también pudo ver cómo Aioria y Kiki luchaban en la Tierra por mantener a la gente a salvo del poder de Zeus, manifestado en forma de desastres naturales.
—Esto es… no puede ser real… —Ikki sintió su resolución terminar de resquebrajarse cuando vio a Athena luchar contra Poseidón. Las palabras de la diosa se repetían una y otra vez en su cabeza:
Ya no hay necesidad de proteger esta tierra.
—Lo has visto con tus propios ojos, Fénix. Ninguno de ustedes —Ikelos señaló a los otros tres caballeros, que seguían retorciéndose en el suelo, torturados por las pesadillas de Ikelos —tiene nada que hacer aquí.
—¿Acabarás con ellos, hermano mayor Ikelos? —preguntó Fantaso. El aludido se quedó pensativo durante un momento.
—No me gustaría manchar este lugar sagrado con la sangre de estos pobres diablos —contestó —Te diré algo bueno, Fénix. No voy a matarte, ni a ti, ni a tus compañeros. Los pondré a dormir en el calabozo y los despertaré para que puedan ver el final que la misma Athena desea darle a esta historia. Fantaso, Fénix es un hombre interesante, te encargo que hagas de su sueño uno placentero.
Fantaso sonrió y se acercó a Ikki. El Fénix atacó, pero tal y como había pasado con los ataques de Seiya, Shiryu y Hyoga, el suyo propio fue repelido por el batir de las alas de Fantaso. Ikki sintió las manos de Fantaso sobre su rostro, luego los ojos comenzaron a pesarle, hasta que no pudo mantenerlos abiertos por más tiempo. Lo último que escuchó antes de sucumbir a los poderes de Fantaso fue la voz de Shun. Cuando volvió a abrir los ojos, Esmeralda estaba corriendo hacia él. Ikki no sabía si era real o sólo un cruel sueño del que pronto despertaría, pero eso poco le importaba.
Ikelos y Fantaso trasladaron a los caballeros de bronce al Calabozo de los Héroes, un sitio que desde hacía muchísimo tiempo no se utilizaba. El Calabozo de los Héroes era un gigantesco y hermoso jardín, en medio del cual se erguían unas altas columnas de mármol blanco, de las cuales sobresalían unas cadenas. Los caballeros fueron aprisionados por esas cadenas, antes de que ambos dioses regresaran a Oniros para reportarle a Morfeo la situación.
Morfeo, de rostro sereno y fríos ojos de color oro a juego con su cabellera, dijo lo siguiente a sus guardianes:
—El sufrimiento de esos muchachos no acabará al finalizar esta batalla.
—Señor Morfeo, ¿acaso ha visto algo más en los sueños de Athena? —preguntó Ikelos.
—He visto su muerte a manos de cuatro de sus guardianes. Athena sueña constantemente con eso, pero no parece inquietarle. Es como si estuviera preparada para morir.
—Es difícil comprender la forma en que esa mujer piensa —añadió Fantaso —Por cierto, señor Morfeo, con respecto a lo que le comenté…
—Hades no tardará en llegar, ¿eh?, bueno es lógico, nunca ha sido demasiado paciente. No puedo esperar para tenerlo frente a mí —Morfeo apretó las manos en las reposaderas de su trono hasta que los nudillos se le pusieron blancos —Jamás perdonaré la humillación por la que hizo pasar a mi padre, el gran Hypnos, y a su hermano.
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Morfeo no tuvo que esperar demasiado para recibir a Hades en sus dominios. Las puertas de oro se abrieron de par en par para dejar pasar al Emperador del Inframundo y a su séquito. Ikelos los esperaba en la entrada del palacio de mármol y oro para conducirlos ante Morfeo. Los cuatro jueces se quedaron a un lado, mientras Hades se sentaba en la elegante silla que reposaba enfrente del regente de los sueños. En medio de los dos yacía un tablero de ajedrez.
—Bienvenido, Emperador Hades —dijo Morfeo —Tengo que decir que el recipiente que has escogido esta vez te sienta bastante bien —Hades esbozó una sonrisa e hizo su primer movimiento.
—Era un buen chico y tiene un cuerpo resistente. Aunque al principio encontraba su actitud bastante contradictoria; un caballero que no quiere lastimar a los demás. ¿No te parece que se parece un poco a mí? Tengo unos poderes inmensos, pero no me gusta usar la violencia para obtener lo que quiero.
—¿Es por eso que encerraste nuevamente a Hypnos y a Thanatos?
—Puede que no me creas, pero esa fue su idea —contestó Hades, esperando pacientemente a que Morfeo hiciera su movida —Hypnos personalmente pensaba que accederías si lo enviaba contigo, después de todo ha pasado mucho tiempo desde la última vez que ustedes dos se encontraron —Morfeo apretó la pieza con tanta fuerza que esta se destrozó.
—Todavía no logro comprender cómo seres tan poderosos como los dioses gemelos aceptaron volverse lacayos de alguien como tú, Hades. No hay forma de que tú pudieras derrotarlos sin utilizar algún truco sucio —el emperador sonrió tenuemente —Jamás voy a aceptar que tú derrotaras a los dioses gemelos.
—Quizás algún día pueda contarte la historia de cómo los derroté. Es cierto que ambos son fuertes, de otra forma no serían parte de mi ejército, derrotarlos no fue simple, pero puedo asegurarte de que fue una batalla justa. Fue la victoria del más fuerte, Morfeo, así de simple.
—Eres un arrogante —Morfeo, quien siempre se había caracterizado por mantener la calma, se puso de pie súbitamente, apartando el tablero de un manotazo —Pensé que te había dejado claro que no pienso ser parte de tus estúpidos juegos. Mi silencio debió haber sido suficiente respuesta para ti. Ikelos, Fantaso, escóltenlos fuera de mi palacio.
—Me parece que no entiendes cuál es tu posición, Morfeo —dijo Hades, sin moverse de su lugar y sin perder la calma —Intenté obtener tu ayuda por las buenas, incluso vine en persona para presentarte mis respetos y pedir amablemente tu colaboración, pero tú no has hecho más que insultarme. Así que esto ya no se trata de lo que tú quieras, sino de lo que yo necesito de ti. Que te quede claro que no tienes opción más que ayudarme.
Ikelos y Fantaso se colocaron enfrente de su señor para servirle de escudo. Ambos encendieron sus cosmos, preparados para pelear. Hades lanzó un suspiro cansado antes de chasquear sus dedos.
—Destrúyanlo todo.
Cuando Morfeo quiso darse cuenta, Ikelos y Fantaso estaban muertos a sus pies. El palacio comenzó a sucumbir ante el abrumador poder de los Jueces, ese palacio legado de Hypnos del que Morfeo estaba tan orgulloso, se caía a pedazos ante sus ojos sin que él pudiera hacer nada. Claro que Morfeo intentó luchar, era un dios después de todo, pero su poder como dios no era suficiente para derrotar a Radamanthys de Wyvern, el espectro más fuerte. Morfeo perdió la consciencia justo cuando Kagaho le entregaba a Hades el cofre donde yacían las almas de los dioses gemelos.
—Regresemos a Giudecca —dijo Hades.
—Señor Hades, hay unos prisioneros en el calabozo —dijo Lune —Son los caballeros de bronce que se infiltraron en los Elíseos durante la anterior batalla. ¿Deberíamos acabar con ellos?
Hades pidió a Lune que lo guiara al calabozo y sorteando los trozos de mármol, llegaron al jardín que Morfeo utilizaba para encerrar a los pocos prisioneros que permanecían en el mundo de los sueños. Un sentimiento extraño se instauró en su mente cuando los ojos de Hades se posaron en el caballero del Fénix. ¿Qué le estaba pasando? La consciencia de Andrómeda tendría que haber sido consumida por su poder desde hacía tiempo.
—¿Sucede algo, señor Hades? —preguntó Lune al ver que Hades parecía estar sufriendo.
—No es nada, vámonos —contestó el dios, abandonando el lugar aprisa —Y no te preocupes por ellos, mientras Morfeo siga con vida no podrán liberarse de la prisión de los sueños.
Hades y sus jueces regresaron al Inframundo. A Morfeo lo confinaron a una habitación en los Campos Elíseos, sin otro acceso más que una puerta que era resguardad por Kagaho. Los ojos del dios de los sueños se abrieron al tiempo que Hades atravesaba la puerta y se sentaba en la silla que estaba al lado de su cama.
—Confío en que hayas podido descansar —Morfeo lanzó un bufido.
—¿Por qué no me matas?, creí haberte dicho que no iba a ayudarte.
—¿Por qué eres tan terco? ¿Es que no quieres ver cómo sería un mundo sin Zeus? Sé que en el pasado le hiciste favores a otros dioses, incluido el mismo Zeus, entonces, ¿por qué conmigo es diferente? ¿Es porque Hypnos me sirve? ¿No fue conveniente para ti que Hypnos renunciara a su posición como regente supremo de los sueños?
—Hay una forma —Morfeo cerró los ojos —Una forma en la que podría acceder a ayudarte.
—Oh. ¿De qué se trata?
—Si me entregas eso que es lo más importante para ti, entonces haré lo que me pidas —Hades sorprendido, meditó las palabras de Morfeo durante un momento. Luego respondió:
—No tengo algo como eso.
—Claro que sí, deja que te lo muestre.
Morfeo solamente rozó la mano de Hades con la punta de sus dedos, pero ese simple contacto hizo que el emperador cayera víctima de los poderes del dios de los sueños. Dentro de la cabeza de Hades empiezan a pasar escenas de la vida de Shun, su infancia junto a su hermano y sus amigos, su entrenamiento en la Isla Andrómeda, su reencuentro con Ikki. Todos aquellos momentos felices que Shun pasó junto a su querido hermano y sus amigos, eso era lo más importante para él, aunque quisiera negarlo.
—¡No, no! —gritó Hades, llevándose las manos a la cabeza —¡Has que se detenga! ¡Detén esto!
Morfeo así lo hizo y Hades se apoyó en la cama donde reposaba el otro dios, tratando de calmar su agitada respiración. Miró a Morfeo con ojos desorbitados, pero no se atrevió a atacarlo.
—Es posible que como "Hades" no tengas algo importante que puedas darme, pero "Shun" tu recipiente, sí que tiene mucho que ofrecer. Y lo más importante para ese chico es el recuerdo de su hermano. El recuerdo de ese caballero que permanece cautivo en el Calabozo de los Sueños.
—¿Eso es todo lo que quieres? —espetó Hades, con tono arrogante —Entonces tómalo, puedes quedarte con los insignificantes recuerdos de ese muchacho, yo no los necesito.
—¿Estás seguro? —Hades no respondió de inmediato, sacudió la cabeza antes de decirle que podía hacer lo que quisiera con esos recuerdos —Muy bien, entonces —Morfeo se sentó en la cama y tocó con su mano la cabeza de Hades.
Hades, sumido en un sueño profundo, se ve a sí mismo, esta vez como Shun, acabando con la vida de su hermano y sus amigos. Luego la escena cambió, mostrando a los caballeros de bronce vivir sus vidas felizmente, sin que ninguno de ellos recuerde que alguna vez existió un quinto compañero llamado Shun de Andrómeda.
—Ahora esos recuerdos me pertenecen —dijo Morfeo, observando el rostro durmiente del emperador del Inframundo —Yo me encargaré de cumplir tu deseo, Hades. Acabaré con Zeus, pero no esperes despertar algún día.
