By Annie-ly-chan

Hola ^^

Como siempre, lamento la laaaarga espera. Me siento muy apenada u_u no tengo más excusa que la de siempre: La escuela.

En fin. MUCHAS MUCHAS GRACIAS por seguir leyendo esto, y por aguantar mis constantes ausencias. Gracias especiales a todos los que leen esto, y uno súper especial a quienes me dejan sus siempre lindos reviews ^u^

Shadow Noir Wing: Pues no me considero experta en Harry Potter pero supongo que así es, después de todo cada Santo tiene habilidades características y demasiado poder en sus cuerpecitos desde pequeños. :) Sobre Saga y Kanon, bueno, son hombres, gemelos y geminianos uno se acostumbra a ellos y sus bipolaridades después de un rato XD En este capítulo veremos mucho de ellos, tal vez te aclare tus dudas ~_^ Ya me he dado una vuelta por tus fics y son bastante interesantes. Ahora que esté fuera de la escuela te dejaré un review decente n_nu

princesa tsunade: Me alegra tanto que te haya encantado. Yo también me divertí mucho haciendo esa parte. ^v^ Este capi es un poquitín más serio, pero que tan serio se puede ser con esos doraditos jejeje

Lily Yavetil: Que bueno que te gusto. ^v^ Yo también amo a ese par, y adoro ver como los pequeños los hacen ponerse nerviosos jejeje.

Intrepid Q: Que feliz me hace que te haya gustado y no te arrepintieras de leerlo todo de corrido. n_n

Muchas Gracias a todos nuevamente y ahora sigamos con la historia ^^

***Nota: Ninguno de estos lindos mini santos o sus encantadoras niñeras me pertenece u_u Aún estoy en la fila de espera para pedirle al Mr. Kurumada que me regale aunque sea uno, pero es una fila muuuuuuuuuuuuuuuy larga. No hago esto con fines de lucro, sólo es la forma en que mantengo a mis musas ocupadas para que no me den lata mientras intento estudiar :P***


Saga salía por fin del baño, sin nada más que una toalla amarrada alrededor de su cintura. Vaya que había sido reconfortante. De haber estado solo, seguro se tomaría más tiempo dentro del agua.

El cuarto había estado completamente silencioso desde hacía unos minutos, lo cual le había dado el perfecto incentivo para apresurarse. Su corazón latió nuevamente con tranquilidad una vez que encontró a los 5 querubines dorados profundamente dormidos. Se veían tan tranquilos así, parecían justo lo que eran, sólo niños.

El gemelo mayor se sentó cerca de la ventana desde donde se podían ver una pequeña villa. Qué lugar tan tranquilo, le recordaba tanto a su antiguo hogar, cuando él y su hermano eran sólo unos chiquillos. Kanon... Tomó un poco de ropa. Sería mejor que aprovechara la oportunidad para encontrarse con él.

.c-o-c-o-c-o.

—Creo que sentí su cosmo por aquí cuando habló conmigo. ¿Ahora, dónde estará? —Suspiró. —"Kanon". —Llamó en su mente.

—A tu lado.

—¡¿Cómo? —Se volteó exaltado.

—No estas ocultando tu cosmo Saga, hasta un aprendiz podría encontrarte.

—Estoy siendo descuidado, ¿cierto?

—¿Tú crees? —El menor suspiró con fastidió.

—Así que sigues molesto, ¿huh? No esperaba menos.

—No seas tan arrogante no se trata de ti. Bueno. No de la manera que piensas.

Saga enarcó una ceja.

—Sabes qué es lo que realmente me molesta. Tú siempre fuiste el responsable, el más dedicado, el perfecto, el más indicado para portar el manto sagrado…

—Kanon…

—No. No quiero oírlo. Tú no tienes idea de lo que es ser tu sombra. Entrenar todos los días arduamente para estar a tu altura. Y todo para ni siquiera ser visto. Ya no recuerdo la última vez que entable conversación con una linda chica sin fingir ser tú. Porque fuera del Santuario, Kanon no existe…

—Fingir ser yo… eso explica muchas cosas…

El menor sonrió cínicamente.

—Oops! —Dijo en tono sarcástico.

—Oye… Lo siento, sabes que si estuviese en mis manos, tú y yo…

—No quiero tu lástima ni tu compasión. —Lo interrumpió tajante. —Si realmente quieres hacer algo por mí deja de ser un tonto y comienza a ser "el perfecto Saga" que todos dicen que eres. "El Santo más perecido a un Dios". No creas que porque tienes la armadura eres invencible. Demuéstrame que me esfuerzo por algo que vale la pena…

Saga bajó la mirada. Un incómodo silencio los inundó por un eterno minuto o algo así. Kanon se puso de pie dándole la espalda a su gemelo.

—¿Has escuchado los rumores? —Dijo al fin.

—¿Rumores?

—Que podrías ser el sucesor del Gran Maestro.

—Ah eso.

—Sí eso… supongo que es la decisión más natural.

—Y también te favorecería.

El futuro dragón del mar se encogió de hombros como toda respuesta.

—Sin embargo, aún no lo tienes asegurado. No crees que esto sea más que una prueba para los niños.

—También lo he pensado... Hey Kanon.

—Sí, sí. Soy el mejor y más grandioso hermano que hubieses podido tener.

—No era precisamente lo que pensaba decir…

—Sí, sí, dejemos la cursilería y apresurémonos con esto antes de que los pequeños monstruos despierten.

—Muéstrame el lugar entonces.

.c-o-c-o-c-o.

—¡Aaaah, Nooooo!

El pequeño escorpión se levantó de un salto. Estaba sudando y sentía que no podía contener el aire el tiempo suficiente en sus pulmones como para evitar la horrible sensación de que había corrido un maratón. Miró a su alrededor. Todo se trataba sólo de un mal sueño.

Se tranquilizó al fin cuando notó que su amigo Francés se movía a su lado, abriendo sus ojos.

—¿Qué te pasa?

—Creo que fue una pesadilla.

—¿Estás bien?

—¿Dónde está Saga?

El hielito se incorporó y miró a su alrededor.

—Tal vez bajo por algo de comer.

—No siento su cosmo.

—¿Qué sucede Milo? Actúas algo paranoico.

—Tengo una rara sensación… ¡Cuidado, Agáchate!

Milo empujó a Camus bajo la cama, mientras una almohada atravesaba la habitación en dirección a donde se encontraban tan sólo unos segundos atrás.

—Qué ruidosos son. —Bostezó Aioria.

Una nueva almohada se estrelló con el rostro del pequeño león dorado.

—Y el comal le dijo a la olla. —Se rió Mu incorporándose.

Y entonces sí, la verdadera batalla campal comenzó. Almohadas volando por aquí y por allá.

—¡Esperen! —Gritó Aioria. —Algo falta.

Todos voltearon hacia donde se encontraba Alde, completamente dormido y roncando a todo pulmón.

Una sonrisa cruzó por los labios de Milo. El cachorro de león leyó su mente de inmediato.

Tomaron a Camus de los brazos y lo arrojaron contra el torito antes de que el primero pudiera reaccionar. Fue cuando Mu captó también lo que aquel par se tenía entre manos y, antes de lo que canta un gallo, los tres se abalanzaron para hacerle "bolita" al de la segunda casa.

—¡¿Que demo… ¡Chicos!, me asustaron. —El semblante del siempre tranquilo torito se transformó. —¡Y ahora lo pagarán!

Alde se levantó en un solo movimiento logrando que sus compañeros cayeran al suelo antes de que pudieran hacer algo para evitarlo.

—¡Aaay!

—¡Auch!

—¡Jajajaja! Creo que necesitan entrenar más. Ni cuatro de ustedes pueden contra mí. —Se burló.

Aioria se levantó enseguida con una enorme sonrisa de oreja a oreja.

—Eso me sonó a reto. —Se puso en guardia.

—¡¿Qué? No van a pelear aquí, ¿verdad?

—No te preocupes Camusito, sólo están jugando.

—No creo que a Saga le guste que "jueguen" dentro del cuarto.

—Es cierto, ¿dónde está Saga? —Intervino Mu.

Se voltearon a ver unos a otros. Las sonrisas fueron cambiadas por un gesto de preocupación general.

—¡Lo tengo!

Rompió el silencio el cachorro de león, atrayendo las miradas de todos en la habitación. Milo enarcó una ceja exigiendo respuesta.

—Se supone que esta es NUESTRA misión, ¿no?

—Ajá.

—Es decir una prueba para ver si somos dignos de que nos comiencen a tratar como santos y no como bebes, ¿cierto?

—¿A qué quieres llegar gato?

—Creo que Saga y Kanon quieren ver si somos capaces de realizar esta misión con éxito sin su ayuda.

—¿Qué?

—No les parece extraño todo lo que ha pasado, y la forma misteriosa con la que ese par se desapareció. Yo creo que deben de estar vigilándonos por ahí, atentos de cada una de las reacciones que tengamos. Probándonos para saber si realmente podemos con esta misión.

—Eso tiene sentido. Saga y Kanon nunca nos dejarían solos. —Apoyó el alacrán.

—Mmm sí, creo que es posible. Pero en ese caso, debemos tener cuidado y pensar detenidamente cada cosa que hagamos.

Los pequeños se sentaron en el piso formando un círculo. Era hora de dejar de jugar y comenzar a actuar. Su destino en el Santuario dependía de esa misión, ya no podían darse el lujo de tomarse las cosas tan a la ligera.

.c-o-c-o-c-o.

—¿Estas asustado Saga?

—¿Tú no lo estás?

—¿Qué crees que…

—Aún no lo sé.

—Mueres por regresar al Santuario a averiguarlo, ¿cierto?

—Debemos hablar con el Patriarca acerca de esto, lo antes posible.

—Lo sé. Lo haremos al concluir la misión.

—Esto es más urgente que la misión.

—No podemos volver sin el Santo de Virgo.

—Y si desatamos algo peligroso al romper el sello…

—Si así fue, no es seguro dejar a uno de los nuestros sin protección. Estas cosas empezarían a pasar con o sin nuestra ayuda, esa es la razón por la cual el Patriarca empezó a reunir con tanta urgencia a todos los sucesores dorados, ¿no?

—Sí… Y si tú te quedas con ellos y yo… Perdón. Olvídalo.

—Saga…

—No, lo siento. De verdad olvídalo.

—Saga…

—¿Mmm?

—¿Dónde están los niños?

—¿Qué? ¿A qué te refieres?

Los hermanos habían entrado por la ventana de la habitación para evitar llamar mucho la atención. Pero en el cuarto no había ni rastro de los pequeños.

—Pensé que habías dicho que los habías dejado dormidos.

—Y así era… No demoramos tanto, ¿o sí?

—Será mejor ir a buscarlos antes de que se metan en problemas.

.c-o-c-o-c-o.

—Estoy cansado de caminar. —Se quejó Aldebarán. —No podríamos simplemente preguntarle a alguien si ha visto al niño ese. Según el Patriarca es alguien importante aquí, ¿no?

—No. Se supone que no debemos llamar demasiado la atención. —Explicó Mu.

—Además la última aldea la dejamos atrás hace un buen rato. No hay nadie a quién preguntarle. —Apoyó el leoncito.

—¿Y están seguros de que vamos en el camino correcto?

—No te preocupes Camusito. Tú aún no lo entiendes bien, porque no has tenido la oportunidad de entrenar. Pero estamos siguiendo un la esencia de un cosmo muy parecido al nuestro. Así que no puede ser de nadie más que del próximo Santo de Virgo.

—Oigan, se me acaba de ocurrir una súper genial idea. —Dijo de pronto Aioria.

Los pequeños lo voltearon a ver.

—Las usaremos para transportarnos. Así será más rápido y no nos cansaremos. —Señaló hacia un grupo de vacas que pastaban no muy lejos de donde se encontraban.

Antes de que lo dijera por segunda vez, cada doradito ya estaba intentando "montar" una de las enormes criaturas. Por supuesto, esto no hizo muy felices a las vacas. Que de inmediato empezaron a inquietarse. Los movimientos bruscos que empezaron a hacer mantuvieron a los niños inmóviles.

—Se me ocurre que tal vez no fue tan buena idea.

—Propongo huir a todo lo que den nuestros pies. —Dijo Milo al ver como aquellos animales se volvían hacia ellos para iniciar el "contraataque".

—Propuesta aceptada. —Dijo Camus nervioso. —A la cuenta de tres. U-no, dos…

—Treeeeessss.

Los niños pusieron pies en polvorosa, alertando a las vacas para que iniciaran la "corrida". Los aprendices dorados dieron todo de sí hasta que encontraron refugio en las ramas de unos árboles. Parecía que todos lo habían conseguido, todos menos el carnerito.

—Oigan, ¿dónde está Mu? —Alertó Aldebarán.

—Ahí. —Señaló Camus un punto morado de entre el alboroto.

—Debemos ayudarlo. Aioria.

—Sí.

El futuro Santo de Leo concentro su cosmo en sus puños listo para lanzar un ataque y darle tiempo a Milo para que sacara a Mu de ahí.

—Yo no haría eso si fuera tú.

Una voz que ninguno reconoció los alertó. No parecía haber nadie cerca. Y entonces lo vieron.


Próximo Capítulo: "—Sólo será un vistazo. —Dijo Shura en un suspiro, al estar frente a la enorme puerta."

Saludos, nos leemos prontito ^^