El juego del canto, algo complicado

El juego del canto, algo de música y baile

El juego del canto, no es solo para divertirse

El juego del canto, deja una consecuencia al jugarlo.

El juego del canto, el juego del compromiso.

¿Te atreves a jugar?

La música y risas se entrelazaban, envolviendo con calidez los sentidos de Kagome. Estaba admirando el festival, degustando los postres recién hechos y riendo con los chistes de algunos animadores del lugar. Los niños reían y corrían por los alrededores, jugando con pequeños muñecos de madera. Las mujeres llevaban puestos sus kimonos mas hermosos y los hombres estaban vestidos de forma muy elegante. ¿Por qué tanta celebración? Estaban celebrando que Bankotsu y ella salvaran a su gente, sin nadie muerto y muy pocos heridos.

No se había visto en ningún espejo, salvo en el de su maquillaje cuando comenzó a adornar su rostro. Fuera de ese detalle ella no sabía como lucía, pero al ver las miradas de los jóvenes solteros fijas en ella no pudo evitar sonrojarse. ¿Es que llamaba tanto la atención? Aunque... Algo faltaba. Buscó con la mirada a su acompañante, esperanzada de ver un traje blanco con armadura azulada... Nada. Bankotsu no estaba allí.

Caminaba tranquila parando de vez en cuando en frente de algunas mujeres que le ofrecían panecillos dulces o algunos caramelos artesanales. Sonreía cuando le sonreían y reía cuando alguien contaba algo muy gracioso, a pesar de no conocerlos dejaba desenvolverse.

¿? - Oye tu, miko. - Una voz femenina le habló alto a sus espaldas.

Kagome se giró y vio a la mujer que a la tarde estaba en la entrada de donde dormía, la joven que le había guiñado el ojo a su acompañante, creo que se llamaba Tahelia. Frunció el ceño, ¿Que quería ahora?

KAGOME - ¿Qué se te ofrece? - Preguntó ella, amablemente.

Tahelia se mordió el labio, mirándola como si fuera desperdicios. Kagome controló la parte que quería tomar a la joven de los cabellos y enterrar su rostro en el suelo, aunque no entendía por que quería hacer eso. La actitud de esa chica le desagradaba completamente.

TAHELIA - ¿Has visto a MI Bank por aquí? - Creo que se refiere a Bankotsu, pensó Kagome. - Me prometió estar conmigo en todo el festival, ya que acepto la oferta de mi padre de quedarse conmigo en el palacio... - Mintió, sonriendo para sus adentros al ver el ceño fruncido de la miko.

KAGOME - No se donde esta, ni me interesa. Tal vez me este buscando... - Volvió a voltearse dándole la espalda a la chiquilla, sintiendo la mirada de odio de esta clavarse en su nuca.

Tahelia apretó los dientes y puños, cruzándose de brazos. ¿Quien se creía esa niña para tratar a la hija del terrateniente de esa manera? Se iba a encaminar a darle una lección a la miko cuando una voz femenina gritó.

VOZ - ¡TODAS LAS CHICAS A JUGAR AL JUEGO DE CANTO! - gritó una mujer con un abanico en mano, Kagome se volteó y una mujer desconocida la tomó de la mano con una sonrisa en su rostro.

Kagome confundida la siguió, preguntándose que será eso del juego del canto. Tahelia sonrió, ella quería cantar para Bankotsu. Siguió a las dos mujeres que estaban en frente de ella.

Mientras tanto, Bankotsu estaba volviendo del río. Estaba completamente molesto de no encontrar a su miko por ningún lado. Esperen, ¿SU miko? suspiró y se tomó el puente de la nariz con sus dedos, debería dejar de pensar en esas cosas tan estúpidas.

Siguió el sonido de mujeres cantar y hombres reírse y aplaudir. Al llegar pudo ver como Tahelia estaba al lado de otras mujeres que tocaban el laúd, la flauta dulce y otros instrumentos suaves. Escuchó su voz como cantaba fuerte y claro, cantaba bien pero no lo suficiente para su agrado. Su voz era demasiado chillona. Todas las personas estaban haciendo un circulo escuchando cantar a todas las jovencillas, y las que les faltaba cantar estaban ocultas en una mampara de bambú. Por lo que se veía solo faltaba una mujer para cantar.

Tahelia lo vio por el rabillo del ojo, sonriendo mientras movía sus labios a cada estrofa de la canción. Bankotsu entendió esa mirada, sonriendo de medio lado. Sus ojos se volvieron a la mampara de bambú, una figura extraña estaba oculta ahí. Tahelia terminó de cantar y se alejó de las mujeres para posicionarse en donde estaban las otras jóvenes, que seguramente habían cantado también. Una mujer madura se puso en el centro del circulo, atrayendo la atención de todos.

MUJER - Ahora conoceremos a la ultima y mas joven de las jóvenes que cantará esta noche. - Dijo, mirando la tela de bambú donde esa mujer parecía arreglarse. - Es una jovencita bastante peculiar... Ya lo verán cuando se presente. - Dijo con una risita, los demás rieron con ella.

Bankotsu siguió con la mira a la figura que avanzaba, alejándose de la mampara de bambú.

A sus ojos, una mujer de cabellos negros y ondulados caminaba con gracia hacia el circulo. Llevaba un vestido ajustado de color rosa pálido, con tiras color rojas ajustando los lados como si fuera un corset desde la axila hasta las caderas. Tenía un escote en forma de corazón y las tiras del vestido cubiertas por diminutas flores colgaban de sus hombros desnudos. La falda parecía una rosa invertida, moviéndose grácil y con elegancia cubriendo hasta mitad de sus muslos. Sus piernas esbeltas resaltaban entre la noche y sus luces, haciéndola del color de las rosas. Volvió los ojos a su rostro, viendo el hermoso de este. Su piel era mas blanca, y sus ojos relucían bajo la luna tapados por largas pestañas. Sus parpados tenían un color morado brillante y sus labios estaban pintados de un carmesí intenso. Su vestimenta era hermosa y desconocida para él, quizá también para el publico presente.

Pareció reconocerla al instante, pero a la vez la desconoció por completo. Una mujer simplemente hermosa y delicada. Era ella, su miko, Kagome.

Kagome quedó a un lado de las mujeres, evitando sonrojarse ante la mirada de tantos jóvenes y de algunos ancianos. Se sentó en uno de los futones al lado de las mujeres y ellas con tranquilidad comenzaron una nueva canción, Kagome la reconoció al instante al recordar las nanas de su madre y las canciones antiguas que enseñaban en su escuela. Miró a su alrededor esperando el turno de cantar, buscándolo.

Lo encontró alejado del circulo, apoyado en un árbol y viéndola a los ojos. Kagome no pudo evitar el sonrojo de su parte, pero no bajó la mirada. Se miraron mutuamente hasta que ella entreabrió sus labios, comenzando a cantar. Se sintió triunfadora al ver como había sorprendido a Bankotsu con su presencia.

El deseo de unir nos alentará...

da por que vivir, yo lo sé yo lo sé

Sin una ilusión no hay anhelos ya y tu corazón pronto así se marchitará...

Mientras cantaba miraba al mercenario a los ojos, este le devolvía la mirada impresionado por la voz de la miko.

Ven junto a mí y podrás sentir mi deseo de crecer...

Algo quiero hacer, mucho hay que reunir...

Al compás de la música, ella alzó la voz.

El ser joven te da la inquietud... y mi impulso es como un alud...

Cada instante valioso será

Nuestra meta aun muy lejos está...

Terminó de cantar, dejando que la melodía de aquellos instrumentos elevaran sus palabras. Cerró sus ojos unos instantes, apreciando la tranquilidad y controlando los nervios. Desde el día que cantó en su festival escolar todos le habían elogiado su voz, así como su valentía para ignorar a Ayumi en pleno concierto. Recordar esos momentos le produjo una gran sonrisa, ¿Qué mejor cosa que recordar momentos felices que pudieran no volver a suceder?

Mientras tanto Tahelia miraba con el ceño fruncido como Bankotsu y la miko se miraban intensamente, viendo las caras que el hacía y como ella le cantaba. Si, ella sabía que le cantaba a el. Los celos invadieron su mente y la rivalidad inundó sus ojos de odio. Se alejó del grupo de jovencitas y se puso al lado del mercenario, susurrándole algo al oído. Bankotsu soltó una sonrisa y asintió con la cabeza, a los ojos de Kagome.

Ella siguió cantando, pero con un tono triste. Las dulces palabras que soltaban sus labios eran hermosas a los oídos de aquellas personas, pero a Kagome no le importaba. Al terminar sonrió con tristeza y fue al montón de jovencillas que habían cantado, elogiándola y algunas dándole palmadas en el hombro. Se quedó allí, esperando en vano a su compañero.

"Ni siquiera se por que hago esto, de todos modos yo no siento nada por el y tampoco por él por mí..." se miró las manos, con el ceño fruncido otra vez. "¿Pero por qué ese hecho me molesta tanto?"

Kagome levantó su rostro, viendo la gran luna en el cielo. Una lagrima rodó por su mejilla al recordar a sus amigos, a Miroku, a Sango, a Shippo, a la anciana Kaede, a la pulga Mioga, a Kirara, a Inuyasha.

"Inuyasha..."

Suspiró, en verdad los extrañaba.

*...*

SANGO - Inuyasha, debo de pedirte un favor. - dijo mientras lavaba ropa en el río.

Estaban los dos sentados en las orillas del río, platicando. Miroku había ido a exorcizar una aldea acompañado de Shippo y Kirara. Sango había aprovechado su oportunidad para hablar con su amigo Hanyou.

INUYASHA - De que se trata. - Dijo, dispuesto ayudar a su amiga. Lo mejor que podía hacer era mantenerse concentrado en algo que no fuera en echar de menos a Kagome.

Pasaron mas de siete días, sin ningún rastro de ella. Inuyasha diariamente se enfadaba sin razón y después lo veías en el árbol sagrado, golpeándolo. Sango y Miroku lo espiaban breve mente toda esa semana, sintiendo pena por su amigo. La extrañaba con locura, sintiendo un gran vacío en su pecho. Le faltaba Kagome y eso lo sabía todo el mundo, sabía que sin su compañera no podía estar tranquilo. Tenía que saber donde esta y como se encontraba. La ansiedad era fuerte y dolorosa tanto como las ganas de tomarla en sus brazos y saber que estaba a salvo.

Estas semanas estaba tan ocupado en su preocupación por la miko del futuro que no de detuvo a sentir la esencia de sus amigos, ni siquiera de aquella que había cambiado.

SANGO - verás... Después de nuestra pelea con Naraku he inspeccionado mi Hiraikotsu. - Comenzó, mirando su reflejo en el río. - Esta realmente dañado y necesito llevarlo a la isla Nokaru a que sea arreglado. Pero en mi estado sería muy peligroso ir y Miroku no me dejará moverme de aquí si se entera.

El hanyou movió sus orejas.

INUYASHA - ¿Como es eso de "tu estado"? - pregunto, muy curioso mirando a la Taijiya.

Sango se sonrojó, con la vista fija en el agua. Una sonrisa se asomó en su bello rostro.

SANGO - Estoy esperando un bebé. - Dijo sin mas.

Inuyasha casi se cae de espaldas debido a la sorpresa. Por fin puso atención a sus sentidos y pudo sentir la esencia de otra persona dentro de ella, como si hubieran dos personas allí. Es verdad, estaba embarazada.

INUYASHA - ¿Un bebé? ¿Desde cuando? - Dijo nervioso, pensando en la cara de su amigo monje cuando se entere.

Sango se sonrojó mas con el asunto, pensando en como decirle que había pasado...

SANGO - Fue hace un mes... ni creas que te contare con todo lujo y detalle. - Su mirada se volvió maligna por unos momentos, luego se tranquilizó. - ¿Me harás el favor, Inuyasha?

Mientras Sango seguía con su labor de lavar prendas, Inuyasha se levanta de donde esta y mira a la Taijiya con rostro amigable.

INUYASHA - Dime donde es y iré sin problemas, Sango.

Se sonrieron.

*...*

Estaba sentada en uno de los futones, observando la luna desde la ventana de su habitación. Kagome se encontraba sola, y se sentía sola. Llevaba mas de cinco horas en esa habitación esperando a que su compañero regresara y no aparecía por ningún lado. La preocupación se había ido de ella cuando recordó como se fue con aquella joven de cabellos rubios. Su rostro de tristeza se transformó en una mirada de completo enojo y resoplaba con irritación a cada momento.

Eran las tres de la mañana, y la luna todavía estaba pendiente de su presencia. Tenía puesto su pijama azul para dormir y le habían asignado una habitación especial en el castillo, que tenía todas las comodidades para uno... o dos.

Si, como no. Como si fuera a compartir habitación otra vez con ese mujeriego. Caminó hacia el futon mas grande, suponía que era uno de clase matrimonial. No le importó, quería mucho espacio en su cama esta noche. Mañana a primera hora partirían y no habría peros de parte del mercenario.

"Idiota al pensar que por lo menos fijarías tu atención en mí."

y así, con su enojo liberado, fue a dormir.

KAGOME - Idiota... - Mascullo antes de quedarse dormida.

*...*

TAHELIA - Esa es su habitación, Bankotsu-sama. - Dijo, con total satisfacción mientras se soltaba del brazo del mercenario.

Bankotsu asintió y con un gesto de su mano ordenó a la joven que se retirase, haciendo que esta saliera con una gran sonrisa dando saltitos. Por fin se había deshecho de esa niña, ya lo tenía fastidiado. Entró en silencio a la habitación, sin despertar a la miko en ningún momento. Sabía que se encontraba allí, ¿Como no saberlo? Ella iría a cualquier lugar solo para molestarlo exclusivamente a el. Suspiró, entrando en la oscuridad de la habitación.

No quiso encender ninguna vela o algo, no quería luz en ese momento. Se sentía realmente fastidiado en ese entonces y dudaba mucho que la vista de una miko dormida plácidamente le ayude mucho. Busco a tientas el futon donde dormiría hasta que lo encontró, se quitó la armadura y parte de arriba de su traje blanco al acostarse. Era cómodo y cálido, perfecto para el.

A los pocos minutos se escuchó una tormenta fuera. ¿Otra vez estaba lloviendo? No podía dormir y aquella tormenta fuera no ayudaba mucho, volvió a suspirar. Pensó que estaba solo en aquel futon tan grande y suave. Gran error.

De pronto, unos brazos tocaron su pecho desnudo. Bankotsu miró entre la oscuridad como la silueta de Kagome entre las sabanas lo abrazaba, como si quisiera protegerse de la lluvia. El mercenario sin pensar atrajo el cuerpo de la miko al suyo con sus brazos, envolviendo el cálido cuerpo de la joven con ellos. Ella estaba temblando, estaba asustada. Bankotsu la miró con preocupación y entre las sombras de la noche divisó un rostro completamente asustado, con los ojos cerrados e intentando despertar de aquella pesadilla que estaba atormentando sus sueños. Su cuerpo comenzó a sacudirse de repente y Bankotsu no supo que hacer en ese momento, fue cuando los ojos de la azabache se abrieron desmesuradamente.

KAGOME - Estas aquí... - susurró, con el rostro como si hubiese visto un fantasma. Las lagrimas se asomaron en sus ojos chocolates.

Inconsciente Bankotsu acaricio el rostro de la joven, rozando con la yema de sus dedos la suave piel de ella. El dolor que vio en el rostro de la miko le dejó un revoltijo en su interior imposible de sacar a la ligera, sabía que era. Quería negarlo pero ya estaba allí.

Sabía que quería, necesitaba y ansiaba protegerla. Quería saber cada pensamiento de ella, cada sensación, cada suspiro... Necesitaba saber todo sobre ella, quería saberlo.

El hecho de que nadie mas podría tocarla al estar siendo protegida por él. Juraría que ni un solo Yokai, humano o hanyou la tocaría. Ni siquiera olerían ningún mechón de su cabello. Inconscientemente prometió eso y más, entregándose a las teorías de la voz en su cabeza que ahora estaba ausente.

En la oscuridad de la noche Kagome recibió el abrazo, sin dejar de mirarlo entre las penumbras. Sus piernas se entrelazaron a la necesidad del calor entre las sabanas. Sus temblorosas manos tocaron el pecho desnudo del mercenario, sintiendo los latidos suaves y rítmicos de su corazón. Nuevamente la sensación de placer y protección apareció en el interior de Kagome, corriendo en sus venas agitadas y rápidas. En la oscuridad la sangre inundó sus mejillas y el brillo de sus ojos volvió a aparecer, ese brillo que había desaparecido cuando fue raptada.

Bankotsu observaba ese brillo en los ojos de la miko, aferrando su cintura, acercando su cuerpo al de ella. Sentía cada respiración, cada parpadear de sus bellos ojos, cada latir de su inocente corazón... El deseo volvió a aparecer al tiempo que besó su frente.

Besaba su frente suavemente, bajando y besando la punta de su nariz, doblando y besando cada una de sus mejillas... No dejo ningún rastro de piel sin besar, fue como si estuviera queriéndola... Eso pensaba en su mente confundida. Buscaba entre la oscuridad sus labios, tomándolos con necesidad al encontrarlos. Kagome correspondió inmediatamente al beso, olvidando su enojo y sus dudas. Su mente volvió a ser la de aquel día, estando entre el árbol y aquel cuerpo que la aprisionaba. Ese calor volvió a su cuerpo cuando recordó aquello, sintiendo de nuevo la sensación extraña apuntando a todo su ser.

En la oscuridad de la habitación, alumbraba la luna presente. Bankotsu la apretó mas a su cuerpo, abrazándola como si necesitara su calor para estar allí. Seguía besando sus labios a un ritmo suave, esperando el momento indicado... ¿Había un momento indicado? No lo sabía, no quería saberlo. Disfrutaba aquel momento como si dependiera de ello.

La miko entreabrió sus labios, invitando al mercenario a entrar en ellos. Bankotsu aceptó gustoso mientras con su lengua tocaba la suya, entrelazándolas y separandolas a la vez. El beso comenzó a ser mas demandante, pidiendo mas cercanía a pesar de ser imposible. Sus cuerpos estaban mas que unidos en ese momento, sus piernas estaban entrelazadas debajo de las sabanas y sus brazos abrazaban el cuerpo del otro con ardiente deseo.

La mano de Bankotsu de deslizó por el pecho de Kagome, bajando hasta su vientre y acariciándolo con movimientos suaves. El cuerpo de la miko sintió el tacto, con la agradable sensación en su interior. Siguió besando al mercenario mientras este masajeaba su vientre, subiendo y tocando los botones de su pijama azul. introdujo un dedo en una de las aberturas de su pijama, desabotonandolo de un solo tirón. De un momento al otro la ropa extraña de la miko había sido abierta, mostrando su torso y sus pechos ahora cubiertos por una prenda bastante extraña de color rojo sangre. Volvió su rostro al de la miko, viendo en la oscuridad el rubor en sus mejillas. Deslizo esa prenda por sus brazos, desvistiendola y tirandola a un lado de la habitación. Siguió acariciando su pecho, bajando hasta su vientre y volviendo a su cintura.

La mano se deslizó por la cintura de la miko, acariciándola mientras bajaba hasta sus muslos. Kagome tembló al sentir como esa mano la acariciaba muy cerca de su intimidad, haciendo leves círculos en su piel. Bankotsu la apretó con el otro brazo, haciéndole saber que no haría maño. El mercenario tocaba arriba de la tela sus muslos con tranquilidad, intentando no asustarla con sus movimientos. Sabía que aquella joven era la inocencia personificada, no quería que se asuste, tampoco aunque no lo fuera. Quería hacerla sentir segura. ¿Por qué? No lo sabía.

Subió su mano, tomando el comienzo de su pantalón y bajándolo. Kagome abrió los ojos de sopetón, sintiendo como el mercenario bajaba sus ropas. Su cuerpo comenzó a temblar mientras instintivamente intentaba alejarse del cuerpo. Bankotsu dejo de besar sus labios, acercando los suyos al oído de la miko.

BANKOTSU - No te voy a hacer nada... - susurró, bajó la fina tela hasta las rodillas de la miko. se separó despacio de su rostro y la miró a los ojos. - ¿Confías en mí?

Kagome lo miró a sus ojos azules, sintiendo su corazón latir con rapidez.

KAGOME - Si... - No pudo terminar, Bankotsu había sellado sus labios con los suyos.

Siguió con una mano en su cintura y la otra bajando su pantalón, haciéndolo llegar a los tobillos de la miko. Su mano acarició las piernas de Kagome al subir de nuevo a sus caderas, arqueó una ceja al sentir otra tela cubriendo su piel, pero esta era mas corta.. la tomó entre sus dedos, bajándola también.

Una mano detuvo sus movimientos. Abrió los ojos y vio los ojos chocolates de Kagome, mirándolo con preocupación.

KAGOME - Antes... tienes prometerme una cosa... - su susurro se perdió entre los besos del mercenario..

BANKOTSU - ¿Que cosa? - le preguntó entre besos... bajó sus labios hasta besar su cuello.

Sus oídos escucharon un suave gemido provenir de los labios de la miko, que ahora estaba retorciéndose en sus brazos. sonrió complacido, besando y lamiendo su cuello.

KAGOME - Prométeme... prométeme... - decía entre gemidos, acariciando la espalda del mercenario. - Prométeme que estarás aquí... cuando despierte... que no te irás...

sus gemidos eran música para Bankotsu, se alejó de su cuello y la miró a los ojos. Estaba sonriendo.

BANKOTSU - No volveré a irme... - susurró.

En la oscuridad, Kagome fue que la comenzó el beso esta vez.

Sabía lo que estaba haciendo, que estaba por suceder y que estaba entregando. Entregándose a aquel guerrero que hace tiempo fue su enemigo, fue un asesino y tal vez lo siga siendo, estaba entregándose a aquel que alguna vez quiso acabar con su vida.

Estaba entregándose a un asesino desalmado, sin pena por nadie, que solo se preocupa por si mismo.

Sin embargo, no le importaba.

El calor inundó aquella habitación, envolviendo a los jóvenes amantes en una atmósfera de pura pasión y calor... Aquellas mentes que estaban confundidas, sin entender los sentimientos que surgían en su interior al estar juntos, ahora estaban demostrándose sin saber un amor bastante complicado pero... puro.

Una persona impura y una persona pura, comenzando algo que no tendría final.