¡YO NO SOY EL DUEÑO DE LOS PERSONAJES DE HOTEL TRANSYLVANIA! A EXCEPCIÓN DE LOS OC'S

Sin más que agregar los dejo con el capítulo.


Agradecimientos.

Byakko Yugure: gracias por tu review. Bueno, esas emociones han estado varias veces, solo que meh, FZ attack :v. Y bueno, como ya te dije, me costó una vida hacer ese lime xD Y los colores se me suben así te extiendas en la rw o no xd. De eso no tengas la menor duda, habrá desmadre, sentimientos, epiquismo y sangre. No lo dudes :v. Gracias por leer

Todd Zootatonix: gracias por tu review. Jajajajajajjaja, no me mandes la cuenta de staff médico; me demandarán :v Y bueno, me alegra que te haya gustado; veremos si este te gusta. Gracias por leer.

TheyTookMyUsername: gracias por tu review. ¿Verguenza? ¿Eso se come? :v Me alegra que te gustara y bueno, ya tienes tu primera muerte, veremos cuantas vienen xD. Gracias por leer.

Slenderman: gracias por tu review. .-. Con el paso de los capítulos lo fui explicando, con "Así seis son" hay una parte y con "Dennis-Drácula Loughran" está la otra parte. ¿Qué no entendiste?. Gracias por leer.

brazilianguy14: gracias por tu review. Gracias, me alegra que te guste. Y no hablo portugués, pero se entendió lo que quisiste decir xD. Gracias por leer.


XII

Luna Sangrienta

La luz del sol entraba por la única ventana de la cabaña, y sus rayos dorados iluminaban poco a poco el lecho donde ambos estaban tumbados, con su cálido brillo que calentaba tanto su pelaje como su corazón. Suspiró y abrió los ojos con lentitud, cegándose momentáneamente por la luz. Se levantó un poco, sin quedar sentada en su totalidad, solo apoyada en sus codos. El sol estaba alto; las tres o cuatro de la tarde, caviló. Se sentó en la cama y su larga cabellera color chocolate le cayó por los hombros, miró a Dennis tumbado a su lado y una sonrisa tironeó de sus labios.

No se sentía avergonzada de ninguna manera.

Lo había hecho con su Zing, y aunque en las reglas de la manada debían estar unidos bajo el Juramento de la Luna, no le importaba. Lo hizo porque lo amaba. ¿Qué más importaba?

Los colmillos de Dennis sobresalían por sobre sus labios unos cuantos milímetros, pero lo suficiente como para que se notaran apenitas. Sonrió y, con cuidado de no despertarlo, le pasó un dedo con cariño por ellos; no se cansaría de hacerlo nunca, después de todo, era un vampiro.

Su vampiro.

Se levantó con cuidado de la cama y se sentó en el borde de la misma, ubicando las prendas esparcidas a lo loco por el lugar. Una ligera sensación de vergüenza la invadió al percatarse de que en el suelo estaba la chaqueta, a varios pasos más su pantalón y en el borde de la improvisada cama, su camiseta. Inspiró profundo para no dejarse llevar por la pena y caminó hasta donde se encontraba su pantalón. El ser licántropa tenía sus ventajas ya se movía con el sigilo de un depredador al acecho.

Se vistió con rapidez y al ya estar lista palpó las fundas de sus pantalones en busca de su cuchillo de hoja negra; allí estaba, lo sacó y lo limpió un poco. Cuando estuvo con el brillo que le gustaba lo volvió a guardar y fue con Dennis. Se agachó a nivel de la cama, recostando su mejilla contra la mullida superficie y jugando con uno de sus muchos risos. Él comenzó a abrir los ojos y luego de un largo bostezo se enfocó en ella; podía verse con claridad en ese azul cielo. Sonrió, y ella notó que estaba más pálido, solo un poco, el tono entre el blanco perla de los vampiros y el tono natural de los humanos.

Le acarició la mejilla con el pulgar, memorizando sus rasgos.

—Buenos días —saludó él.

—Buenos días, mi zing. —Dennis se sentó en el borde de la cama y volvió a bostezar. La única manta que había le cubría hasta la cintura. Winnie notó que la luz del sol que entraba no parecía afectarle en lo más mínimo—. ¿No te molesta? —preguntó, señalando la ventana y sentándose a su lado.

Él se miró el pecho y los brazos como buscando rastros de quemaduras solares, sin encontrar nada.

—Parece que no —respondió, igual de sorprendido que ella—. Supongo que ha de ser mi parte humana la que me permite estar bajo el sol.

—Ya —asintió ella.

—¿Qué tan tarde es?

—Tres o cuatro, tal vez. —Winnie se encogió de hombros—. Yo no salía mucho de día, yo era del grupo nocturno de cacería. —Sonrió—. ¿Si no por qué crees que te conocí?

Dennis sonrió también, le tomó la pata y la llevó a sus labios.

—Fue hermoso, ¿lo sabes, no? —murmuró contra su dorso y se la besó.

Winnie con su pata libre le acarició la mejilla.

—Eso debería decirlo yo —rió—; pero sí, lo sé.

Él se acercó y rozó sus labios con los suyos.

—Te amo, mi zing —dijo, y la besó.


Wanda estaba en el conjunto de galerías de la montaña junto al bosque norte, hacía poco Wayne había venido con información que uno de sus lobos centinelas en las partes límites de Lunaris con el territorio de Valken le había entregado. Según el reporte, la manada de Valken parecía estar organizándose para una batalla, y dichos reportes los pudo confirmar con otro de los lobos, el cual, en cambio, era el centinela en los límites con Transylvania.

Bufó con suavidad y se frotó el entrecejo mirando un mapa del bosque hecho en una piel de animal. Necesitaba una estrategia, tanto de defensa como de ataque, cualquier escenario era posible. Con sus garras tamborileó la piel y delimitó una zona, no muy grande pero tampoco tan pequeña, en las cercanías de la entrada de las cuevas. Respiró profundo. Mandaría un grupo de unos veinte licántropos al sitio para que sirvieran de defensa y, si la situación se ponía mal, de ataque.

—¿Sucede algo? —preguntó Wina, sentada en el suelo a no más de cuatro pasos de ella.

Wanda se volvió hacia la pequeña y una sonrisa tironeó de sus labios. En el poco tiempo que la lobita llevaba en la manada, no se había separado de ella; tanto porque era la alfa de la manada como porque por ese extraño apodo que tenía con las otras manadas, le tenía una admiración enorme. Ella movías sus pequeñas orejas en todas direcciones, registrando todos los sonidos. La luz del atardecer que entraba por el óculo de la caverna, con tintes amarillos y naranjas, le hacían brillar el pelaje.

Caminó hasta ella y se agachó.

—Nada, Windelina —dijo y le revolvió el cabello.

—No me digas Windelina —replicó esta.

Wanda rió suavecito.

—¿Por qué? Es tu nombre, ¿o no?

—No me gusta. Wina suena mejor.

—A mí me gusta más Windelina —dijo y se levantó.

Soltó un suspiro y empezó a pensar en quienes serían los lobos que irían en el grupo cuando de repente Wayne apareció en la entrada de su especie de habitación. Se veía igual que siempre: algunas cicatrices, la mirada de piedra y la expresión tan seria y sin atisbo de duda de cualquier guerrero, sin embargo, ella muy bien sabía que debajo de todo eso había un licántropo que se preocupaba por cada miembro de la manada.

—¿Sucedió algo? —le preguntó a Wayne.

Este frunció el ceño de tal forma que parecía esas estatuas que los humanos tenían en los templos.

—Un cazador.

—¿Disculpa? —se sorprendió ella, alzando las orejas de golpe—. ¿Aquí? ¿En las cavernas?

—Sí.

—¿Cómo?

Wayne gruñó por lo bajo y con un gesto de la cabeza le indicó que lo siguiera. Ella tomó a Wina de la pata y la llevó consigo, él miró a ambas de reojo y parecía que la máscara de seriedad que tenía se ablandaba un poco. Luego de girar en varios recodos y esquinas llegaron a la salida que daba directo al bosque. Fuera, cercada por Wilbur y Wally, había una humana: una cazadora de piel color trigo, cabello negro ondulado hasta los hombros y ojos color miel; tenía una expresión molesta, que la hacía ver graciosa con ese metro y medio de altura.

Wanda, Wayne y Wina se detuvieron a pocos pasos de ella, y la loba dio un paso más, con toda la gracia de quien sabía que estaba al mando.

—¿Qué haces aquí? —preguntó—. Responde antes de que te matemos.

La cazadora frunció el ceño aún más y se pasó una mano por la cabellera.

—Estoy buscando a Winnie Werewolf.

Wanda alzó una ceja, incrédula. ¿Qué quería una cazadora con su hija? Suspiró profundo para calmarse. Lo más probable era que el… el… lo que sea que sea ese vampiro o humano, hubiera abierto la boca.

—¿Quién eres y por qué la buscas? —requirió.

—¿Está o no? —repuso ella.

—Responde. —Frunció el ceño—. ¿Qué quiere una cazadora con mi hija? —Levantó la pata y con un gesto le indicó a Wilbur y Wally que la tomaran por los hombros. Ella forcejó un rato, pero al notar que ambos lobos la superaban en fuerza y tamaño, se dio por vencida—. Dime por qué la buscas o morirás —la advirtió—. Ya de por sí eres una cazadora que se adentró sola en los dominios de mi manada como para que vengas con exigencias.

Ella fijó sus ojos en la loba, luego se posaron en Wina, Wanda sintió una extraña sensación de querer protegerla. Qué raro, pensó, no sentía eso desde Nate. La cazadora suspiró con lentitud y respondió:

—¿Ustedes odian a los vampiros? —preguntó.

La mera mención de un vampiro activaba en ella una especie de odio que parecía estar grabado en lo más profundo de su ser; pudo oír a Wina gruñir por lo bajo. Wanda carraspeó para recomponerse.

—¿Sí, y qué tiene que ver eso? —repuso algo más calmada.

La cazadora esbozó una sonrisa entre victoriosa e intimidante.

—Sé donde hay uno —afirmó y luego ladeó la vista—. Pero solo lo diré si Winnie Werewolf está presente…

El viento sopló con fuerza. El sol había terminado de ocultarse y la poca luz natural que había empezó a desaparecer, dando partida a la luna que comenzaba a alzarse, de un color extraño, un rojo parecido a la sangre.

Una Luna Sangrienta.

Una luna de mal augurio y propensa a aumentar la magia.

Nunca traía nada bueno.

No quiso pensar en ello, pero una parte de sí le decía que no era coincidencia el que la Luna Sangrienta, que su hija estuviera con un semi-vampiro en una búsqueda de ítems y que una cazadora se apareciera frente a ellos con información sobre un vampiro.

—No necesitas a Winnie para revelarme quién…

Unas ramas en las cercanías se quebraron, alertando a todos los presentes. No hubo miradas que no se posaran en la dirección del sonido. De entre la maleza y los arboles dos figuras se hicieron visibles, y luego los pudo oler. Una de ellas olía a bosque y a lobo, Winnie, sin embargo, la otra no tenía casi olor, solo un débil y casi imperceptible olor a fresa combinado con el aroma dulzón de la muerte.

Una pálida mano apartó una rama que obstaculizaba la visión y luego apareció Winnie; Wanda sintió un raro cosquilleo en la nuca. Había alguien tras su hija que no le daba buena espina. ¿Dónde estaba el cazador que iba con ella?

—¿No me necesitan para qué? —quiso saber Winnie. Algo que notó Wanda fue que parecía más madura, o sea, no se veía como la misma Winnie que se había marchado. Más adulta.

La cazadora sonrió, esta vez, de alegría.

—¡Winnie! —exclamó—. ¡Menos mal que estás… no hay tiempo!

Wanda, Wayne, Wilbur y Wally miraron de golpe a la cazadora.

—¿Para qué, Tiana? —preguntó.

—¡Van a atacar el bosque! —respondió tratando de soltarse del agarre de Wally y Wilbur—. Ese maldito vampiro está utilizando al Líder para lanzar un ataque a gran escala contra el bosque norte. Algo está buscando, pero no sé qué.

Winnie abrió la boca para decir algo, pero alguien la interrumpió. Su voz sonaba aterciopelada, como si dijera lo que Wanda quería oír. Era el mismo humano que estaba con ella, que había salido con ella, sin embargo, se veía diferente y emitía un aura diferente. Lo más destacable eran los dos finos colmillos que sobresalían apenas de sus labios.

Dennis, según recordaba que Winnie le había dicho que se llamaba, caminó con el sigilo característico de los vampiros, que ni el polvo de la tierra parecía levantarse con sus pasos, se colocó junto a Winnie y le tomó la pata; entrelazando sus dedos. Se pasó su mano libre alborotó sus rizos.

—Bueno, parece que lo que hablamos rumbo aquí fue acertado, mi zing —dijo, y miró a Winnie con una sonrisa, que ella le devolvió.


Luego de la sorpresa inicial que causó cuando se apareció, Dennis estaba algo más tranquilo con respecto a la reacción de los lobos, que le duró poco porque al saber que las especulaciones que había hablado con Winnie mientras volvían a las cavernas con los ítems, sobre si Abraham atacaría a los licántropos, fueron ciertas.

Al principio nadie había reaccionado, es decir, sí lo hicieron, se sorprendieron cuando había llamado Zing a Winnie, pero fueron las reacciones individuales lo que lo había impresionado. Wanda aún no salía de la impresión; Wayne fruncía el ceño tan fuerte que parecía que las cejas le llegarían a la mandíbula, mientras apretaba los puños; Wilbur y Wally, en cambio, estaban con las garras listas para saltarle encima. Luego Wanda había carraspeado y dado una patada al suelo, lanzándoles a los lobos miradas amenazantes, como advirtiéndolos de que no hicieran nada.

Wanda había dado un paso hacia él y le había pedido detalles de lo sucedido, algo que había notado Dennis era que Wina se veía más… viva. Estaba más recuperada y su pelaje brillaba un poco más. Él le contó todo lo que habían pasado: la lucha contra el gigante, la pelea con los ghouls y lo sucedido en la Corte de las hadas, claro está, se guardó para sí lo que pasó después; si se ponían… tensos, con solo decirle Zing, no quería imaginarse cómo se pondrían al revelarles lo otro.

Luego se adentraron en las galerías; Dennis podía percatarse de que los hermanos y el padre de Winnie los miraban tanto a él como a Tiana, expectantes, como si esperaran que hicieran algo. Al haber llegado a una intersección, Wanda se giró hacia ellos y les indicó que esperaran en otro lugar mientras ella discutía algo con Wayne. Wally y Wilbur se devolvieron en sus pasos y se perdieron por los túneles de las galerías, mientras que Winnie, Wina, Tiana y él, se fueron por otro.

Tan pronto como ambos lobos mayores se perdieron de su vista en las serpenteantes cuevas, Wina caminó dubitativa olfateando el aire hacia él. Dennis sonrió y los colmillos le pincharon el labio inferior, rodó los ojos tratando de no olvidar que ahora los tenía de ese largo, se agachó y le tomó una pata a la lobita.

—Hola, Wina —saludó.

Ella le apretó la mano con fuerza, y olfateó el aire a su alrededor.

—No hueles como antes —dijo ella, frunciendo un poquito el ceño.

Él le revolvió el pelaje con cariño, ciertamente no podía oler como antes, ahora sabía que era en parte vampiro. Aunque no era que supiera con exactitud cómo olía un vampiro. La tomó por los brazos y la cargó contra sí, ella ahogó una expresión cuando la levantó, pero no se quejó cuando la apoyó contra él. Dennis rió para sus adentros.

Tiana miraba la escena de ambos extrañada, como si se preguntara cuándo pasó todo eso, mientras que Winnie sonreía. Ella los guió hasta la que era su habitación y ambos se sentaron en las pieles que hacían de cama.

Por un momento hubo un tenso silencio que Tiana rompió con un carraspeo, suspiró y fijó en él sus ojos miel.

—¿Y bien, Dennis, algo que quieras decirme? —Arqueó una ceja. Él se sorprendió que se estuviera tomando la noticia de que era un vampiro bastante bien.

—Tal vez que…—dijo con vacilación— no sé, soy un vampiro.

—¡No me digas! —ironizó—. En serio que no lo noté.

Dennis tragó grueso, no sabía bien cómo abordar el tema.

—¿No te molesta?

Tiana suspiró con fuerza, le sonó cansado y lastimero. Jugó con uno de los cordones de su chaqueta mientras desviaba la mirada. A Dennis le parecía que luchaba por decir algo, mas no lograba comprender qué.

—¿Por qué lo haría? —murmuró.

Él se extrañó; Wina en sus brazos movía las orejas de él hacia Tiana y viceversa.

—Porque soy un vampiro, lógico —dijo, y luego añadió con un tono como si se disculpara—: Por un vampiro murieron tus padres.

—¿Y qué? —repuso ella, con sequedad, de la misma forma que hacía cuando no quería que notaran sus emociones—. Sigues siendo mi hermano, te guste o no. Podrás ser un vampiro, un demonio o un hombre lobo, pero lo seguirás siendo. Deberías agradecer, Dennis —añadió después con un tono bromista—, si hubiera sido Pavel quien lo supiera te estaría cazando.

Dennis rió, ella le siguió; Winnie se mantenía en silencio dándoles su espacio, concentrada en su cuchillo y Wina solo movías las orejas. Sin embargo, él notó la manera en que habló de Pavel, como molesta, no tenía que ser un genio para saber que algo había ocurrido entre ellos. Suspiró. Solo esperaba que no le tocara luchar contra su hermano.

—¿Descubriste algo sobre cómo herirlo? —le preguntó Dennis.

—No, nada —respondió—. ¿Y tú?

Dennis, con su brazo libre, tomó la bolsita de cuero en su cintura que contenía la uña de gigante, el ojo del ghoul y el don de la Reina de la Corte, y lo agitó sonriente. Luego la sonrisa se le borró al recordar lo que había pasado en la Corte. Le contó todo a Tiana, después de todo se lo merecía, aunque temía su reacción cuando le contara que Abraham, quien mató a sus padres, era tío suyo. Ella, sin embargo, no se enojó con él.

—Hay una manera —le hizo saber Dennis, de hecho, ya lo había hablado con Winnie mientras venían a las cavernas. Le había contado sobre las citas bíblicas que usaron para sellar las habilidades de Drácula y, posteriormente, matarlo. Ella había coincidido que era el mejor plan que tenían para matarlo, no obstante, pese a que él podía recitar los versos, no podía decir la última frase—. Recuerdas la cita de la Maldición de Caín.

—Sí.

—Bien, son dos citas: la de Caín y la de la Pared. —Suspiró—. Usadas en el mismo vampiro le sella los poderes y lo debilitan al punto de poder matarlo con facilidad. Así… así murió mi abuelo.

—Ya —asintió Tiana.

—Como te conté tanto mi madre como Abraham, luego de que Drácula muriera, quedaron marcados por estas citas. Él la puede recitar, como vimos en la arena, supongo que es porque la tiene en sí; ahí hay una, ahora la otra la conozco yo, pero no puedo completarla.

—Recítamela —pidió.

Dennis cerró los ojos y dejó salir el aire.

—«Contó Dios tu reino y le ha puesto fin; pesado has sido en la balanza y hallado falto…» —Pese a que las palabras le salían con cierta dificultad, era la frase final la que no podía pronunciar.

—¿Y?

—Hasta ahí, Tiana. —Dejó caer los hombros—. No puedo.

Ella se quedó un rato pensativa, tenía una mano en el mentón y con la otra se enrulaba un mechón de cabello sin cesar; era una de sus manías. Winnie le dio un toquecito en el hombro y le pidió a Wina, este sonrió, asintió y se la pasó. La pequeña no puso objeción.

Al cabo de unos minutos Tiana sacó uno de sus cuchillos en la funda de su pantalón y se lo tendió a Dennis. Sonrió.

—Si no puedes decirlo, escríbelo.

Él lo tomó y en la tierra del suelo trazó las palabras con la punta de la hoja.

«MENE MENE TEKEL UPARSHIN»

Ella se quedó viendo la frase.

—Ya —dijo al fin—. La entiendo. —Miró a Dennis—. Pero cómo…

Antes de que pudiera terminar la frase un grito se oyó a lo lejos, fuera de las galerías, seguidos de muchos otros y cada vez más y más cerca. Los tres se pusieron de pie de golpe, y guiados por Winnie se dirigieron a la salida. En esta, se encontraba Wanda y Wayne, mirando a lo lejos; hacia una bruma color naranja. Antorchas.

El lobo se volvió hacia ella y le pidió que se resguardara, Wanda se opuso, pero con un simple «la manada eres tú, la alfa eres tú» ella inspiró profundo y se dio la vuelta, tomó a Wina de brazos de Winnie y se adentró en los laberinticos pasillos. Esposo e hija la vieron perderse en las sombras y luego se volvieron hacia la salida.

Tiana tenía en sus manos dos cuchillos y al hombro un arco con un carcaj lleno de flechas. Dennis checó lo que tenía: los dos cuchillos (el de plata y el de hierro), la espada corta templada en sangre de unicornio y las flechas. La de penacho negro parecía que vibrase con ferocidad al tenerla consigo. La sacó y la colocó en el carcaj de Tiana; después de todo, era de su familia al fin y al cabo. Ella no dijo nada ante tal acción.

Winnie tenía en una pata su chuchillo de hoja negra, caminó hasta su lado y sonrió.

—¿Listo, mi zing? —preguntó mirando afuera.

Dennis siguió sus ojos y observó la escena: era un caos total. La manada de Wanda y otra manada de lobos que él nunca había visto estaban enfrentándose entre sí, sumando también a los miembros de Muspel que atacaban a ambas manadas sin darles tregua.

Suspiró.

Todo esto era obra de Abraham.

Alzó la mirada al cielo y vio la Luna Sangrienta: roja y enorme y su brillo del color de la sangre parecía acariciar a cada ser en esa lucha sin cuartel. De repente el recuerdo que era de su madre sobre la muerte de su abuelo le llegó; estaba por hacer lo mismo, mas no lo pensó, Abraham debía morir.

Eso y que necesitaba su sangre para el Sangreal.

Tres ítems más: el alma de un hijo del día, la sangre de un hijo de la noche y el colmillo de un hijo de la luna.

Tres más y Wina volvería a ver.

Wayne gruñó, analizando la situación, y Dennis recordó el recuerdo de su padre, salvando tanto a él como a Wanda. Sonrió y se acercó al lobo.

—Lo siento —murmuró. Este lo miró desconcertado; era la primera vez que Dennis lo veía de esa manera.

—¿Por qué?

—Hace tiempo su manada fue asesinada sin contemplación—dijo—, pero un cazador los dejó ir.

—¿Cómo lo…? —preguntó atónito.

Dennis sonrió.

—Era mi padre.

Y dicho esto se volvió hacia Winnie, le tomó de la mano y llevó su dorso a sus labios, lo besó y luego sonrió.

—Te quiero, mi zing.

Winnie también sonrió y le pasó una pata por la mejilla.

—Yo también, mi zing. —Se acercó y lo besó.

Como siempre ocurría, Dennis se sintió ingrávido con ese beso, como si su cuerpo flotara y se dejara llevar por el aire; era como si ella tuviera la capacidad de relajarlo, hacerlo sentir feliz y llenarlo de esperanza y muchas emociones más, todas a la vez. No podía describirlo con palabras. Era algo mágico. Algo de solo ellos dos.

Era su Zing.

Tiana carraspeó algo incómoda por el momento, Dennis sonrió apenado y se disculpó, miró de soslayo a Wayne quien parecía contrariado, entre enojado por la escena que hizo con su hija y sorprendido con lo que le había dicho. Pero volvió en sí al oír un aullido que se levantó por encima de los demás.

—Valken —musitó, y acto seguido corrió en cuatro patas internándose en la marea viviente de licántropos y humanos.

Dennis suspiró, le apretó la pata a Winnie y con su mano libre tomó la de su hermana. Le sonrió a ambas, las soltó y suspiró sin que se le borrara la sonrisa.

—¿Listas? —preguntó, desenvainando la espada corta.

Winnie sonrió y movió el cuchillo de hoja negra entre sus dedos con agilidad.

—Siempre.

Tiana apretó su arco a su hombro y se estiró como un felino que se desperezara, con ambos cuchillos en sus manos.

—Hasta la muerte.

Una risa alegre escapó de sus labios, jamás hubiera pensado que ambas, tanto su hermana como la loba que amaba, llegarían a trabajar juntas.

Sería la primera vez en que un humano, un licántropo y un vampiro trabajarían juntos.

—Hagamos historia —dijo.

Y los tres se lanzaron a correr hacia la batalla.