12. Licántropos insufribles.
Ya estaban a solo una semana de Halloween, fecha en la cual se iba a celebrar un gran baile en el gran comedor, era un baile de disfraces y la asistencia era obligatoria.
Andrew esa mañana se encontraba jugando con su comida, pero no por que no tuviera hambre, si no por que estaba perdido en sus pensamientos, el mes y medio que había pasado no había sido lo que se dice tranquilo.
En Hogwarts las clases iban mas que bien, había ganado 5000 puntos para Slytherin y las serpientes parecían idolatrarlo, Dumbledore por otro lado no dejaba de incordiarlo tratando de que se uniera al bando de la luz, ahora era amigo de Snape y eso había sido por mera casualidad de una vez que coincidieron en pociones y Severus descubrió que Andrew era una persona con la cual se podía mantener una conversación civilizada e inteligente sobre todo tipo de pociones, como si eso no fuera poco el idiota de Lockhart lo había estado incordiando todos los días, insinuándosele. Tanto Joshua como Daniel Labaque hablaban bastante seguido con Andrew, pero estas charlas no pasaban más allá de cosas cotidianas.
Fuera del colegio había tenido que hacer tres estrategias mas de ataques, todas para diferentes puntos estratégicos del continente americano, es decir, los ministerios de magia de los lugares mas influyentes, había tenido que participar en otros dos ataques mas, estos hechos por el mismo Voldemort, claro que el solo se dedicaba a mirar y ayudar solo cuando aparecía Dumbledore.
Todos, tanto del bando de la luz como de la oscuridad, ya se habían dado cuenta de que el vampiro parecía tener un odio especial hacia el anciano mago ya que en todos los ataques peleaba exclusivamente con el, cosa que todo el resto agradecía a todos los dioses existentes ya que si el chico era mas poderoso que Dumbledore no se querían imaginar que pasaría de pelear contra el.
La "relación" con Tom iba… iba como iba, ninguno de los dos era muy amante del romanticismo así que solo procuraban dejarse llevar por los impulsos, Andrew robándole besos a cada que quedaban solos y Tom respondiéndolos e intensificándolos, aunque claro, los dos sabían que ahí había algo mas, pero ninguno quería ser el primero en admitirlo.
Sirius y Nika cada vez estaban peor, el chico parecía que cada vez soportaba menos a su novia y la chica lo único que quería era saber el porque.
Remus estaba más feliz que nunca, ese día cuando Andrew volvió al colegio e hizo el ritual todo salio bien y ahora el licántropo controlaba su transformación, siendo esta indolora. Cada vez que el chico veía al vampiro parecía querer abrazarlo, la amistad entre ellos dos había crecido y se podía decir que el licántropo cada vez le tenía más confianza a Andrew, por más que este fuera de la especie que era.
Liz estaba feliz por su novio, pero al mismo tiempo estaba mas apagada, cada vez se distanciaba más del resto y ya se la había visto varias veces yendo a la biblioteca, aunque nadie sabía por que y tampoco querían espiarla, era su vida después de todo.
De un momento para otro las puertas del gran comedor se abrieron de par en par, haciendo que la mayoría voltease a mirar, para encontrarse con un hombre de unos veinticinco años, el pelo castaño oscuro y los ojos azules, media un metro ochenta aproximadamente y tenia los músculos levemente marcados. El hombre tenía gran cantidad de heridas, su túnica estaba manchada de sangre y la varita en su mano parecía a punto de caerse de lo cansado que estaba.
Andrew, tan metido en sus pensamientos como estaba, no escucho las puertas abrirse, por lo tanto no pudo darse cuenta de que este hombre, era nada mas ni nada menos que Alex.
- Andrew. – llamo Alex casi gritando, sacando al chico abruptamente de sus pensamientos, haciendo que casi volara hasta donde estaba el de lo rápido que fue, claro que cuidando de no correr mas rápido de lo que correría un humano normal para no llamar la atención.
- Que diablos paso!? – pregunto Andrew sacando su varita, pocos habían visto su varita ya que habían estado viendo teoría la mayor parte del tiempo, pero la varita de ese chico era impresionante, parecía estar hecha de mármol gris y en el mango tenia escritas algunas palabras en griego antiguo que significaban gran cantidad de cosas, pero nadie había podido determinar que, además, al principio del mango tenia incrustadas piedras negras intercaladas con algunas piedras blancas. El vampiro se puso a curar todas las heridas que el chico tenia a la vista.
Dumbledore se había levantado de golpe en cuanto entro el chico y ahora se acercaba a paso presuroso hacia la pareja, junto con el resto de los profesores.
- Esos lobos idiotas atacaron y se lo llevaron. – dijo Alex con los ojos cerrados por el cansancio, ya no podía mas, había estado peleando por mas de tres horas hasta que los licántropos consiguieron lo que querían y se fueron.
Andrew en cuanto escucho esa frase dejo de curarle las heridas a su amigo para mirarlo a la cara, pero al verlo tan ensangrentado siguió con su labor.
- Supongo que los profesores no ayudaron. – dijo en un siseo.
- Ni siquiera un lumos. – murmuro Alex poniendo una mueca de dolor cuando sintió la magia de su amigo tratar de cerrar una herida muy profunda.
- Cuantos eran?
Para ese momento Dumbledore y los profesores ya habían llegado y estaban mirando el gran trabajo de curación que estaba haciendo Andrew.
- Veinte… licán…tropos. – dijo Alex entrecortado por el dolor.
- Te dieron algún mensaje.
- Si, que… tenias que ir… vos solo… al laberinto. – dijo Alex jadeando por el esfuerzo que hablar le suponía mientras se apoyaba en su amigo.
- Helena lucho? – pregunto Andrew.
Todo el gran comedor estaba escuchando las preguntas que el vampiro le hacia al hombre ensangrentado que había llegado, pero solo siete comprendían su significado, los amigos de Andrew y Julius.
- Si, debe estar siendo atendida. – mascullo casi sin aire.
Andrew al ver que su amigo ya verdaderamente no podía estar mas tiempo en pie le paso una mano por la cintura y lo ayudo a caminar hacia fuera del gran comedor, rumbo a la enfermería.
- Creo que no me quedara más opción que ir, esos desgraciados siempre consiguen lo que quieren. – mascullo esa ultima parte para si mismo.
- A donde piensa ir, Señor Carson? – pregunto Dumbledore.
- No le interesa, Dumbledore. – espeto Andrew caminando un poco mas rápido y elevando a su amigo unos centímetros del piso para llegar mas rápido a la enfermería, pero nadie lo noto, todos pensaban que el chico estaba siendo casi arrastrado hacia ahí.
- Por si no lo recuerda usted es un alumno de esta escuela y yo soy el director, además, no esta permitido a los alumnos salir del colegio. – dijo Dumbledore con total tranquilidad mientras alcanzaban las puertas de la enfermería, las cual Andrew abrió bruscamente, acercándose después a la primera cama que encontró, para recostar a su amigo en ella y seguir curándole las heridas con simples toques de varita.
- Que le paso!? – pregunto escandalizada Madame Pomfrey.
- Nada que yo no pueda remediar. – dijo Andrew fulminando a la mujer con la mirada al ver que ella quería correrlo. – Dumbledore, por si no lo sabe no hay nada que usted pueda hacer para detenerme.
- Y dígame, con exactitud, que le hace pensar que si este joven, que si no me equivoco debe tener mas de veinte años, no pudo usted, que no pasa la adolescencia, si podrá. – pregunto Dumbledore sin desviar sus ojos de la varita del chico.
Andrew rió, al igual que Alex y Julius, para sorpresa de Dumbledore.
- Para mi, Dumbledore, no hay nada imposible, no si yo quiero lo contrario. – dijo Andrew mirando por primera vez a Dumbledore a los ojos.
De repente el anciano mago vio como los ojos del chico tomaban el mismo color que los de el estratega de Voldemort, esos ojos tan llenos de dolor, tristeza, sabiduría, una vejes prematura y un presagio de desgracias, terror y muerte se le gravaron como acero candente en su mente y lo golpearon como si tuvieran algún poder invisible, pero solo fueron unos segundos, una milésima de ellos tal vez, nunca podría asegurar que los vio.
Andrew sonrió divertido, sabiendo que el anciano senil había apreciado el cambio que tuvieron sus ojos en esos leves segundos. Con gran rapidez el vampiro termino de curar las heridas de su amigo.
- Bien, voy a ir a buscar a Helena y veré como conseguir rescatar a Patrick de esos lobos. No quiero que te muevas de esta cama. – le dijo el chico a Alex para después girarse y mirar a Madame Pomfrey. – Quiero que le de una poción revitalizante, otra para dormir sin soñar y una paralizante para cuando despierte si es que no llegue, no quiero que se mueva de esa cama hasta que yo llegue y le de de alta y creame que me voy a enterar si se levanta de esa cama. – le dijo en un tono gélido a la sanadora, la cual asintió asustada y se fue casi corriendo a buscar lo que el chico le había dicho.
El anciano mago sospeso sus opciones rápidamente, por un lado no le convenía que el chico saliera, pero por otro si tenia su confianza tal vez podría usar eso a su favor.
- De acuerdo, puede salir pero lo quiero acá un día antes del baile de Halloween.
- Me parece bien. – asintió Andrew.
El chico sonrió cínicamente a nadie en especial mientras hacia unos movimientos raros con su varita, de un momento para otro toda la ropa de Andrew cambio a ser negra, su túnica fue remplazada por una camiseta negra manga corta, sus pantalones por jeans negros ajustados y sus zapatos por botas militares. Otros movimientos extravagantes con su varita y frente al chico aparecieron tres armas, una daga de plata con mango de oro blanco e incrustaciones de esmeraldas, una espada de doble filo también con mango de oro blanco e incrustaciones de esmeraldas y una pistola completamente blanca cargada con balas de plata.
- Todavía no pierdes el estilo, eh? – pregunto Alex desde la cama al ver las armas que hizo aparecer.
- Son mis armas predilectas, no las cambiaria por nada. – dijo Andrew mientras con rápidos movimientos las tomaba, la pistola la engancho del lado izquierdo del cinturón, en una funda que había aparecido de vete a saber donde, al igual que la daga con su respectiva funda y la espada la puso del lado derecho, en una funda que apareció también de la nada. – Perfecto, nos vemos en cuatro días. – dijo y ante el asombro de todos los profesores presentes, el director y la sanadora, el chico desapareció de ahí con un suave 'plop'.
- Albus, se puede hacer eso? – pregunto McGonagall.
- Andrew es el heredero de no me acuerdo que casa, claro que puede. – mascullo Alex mientras era casi obligado a tomar las pociones, para caer después inconsciente, sin notar la mirada extraña que cruzo por los ojos del anciano senil (N/A Oh, Oh… que estará tramando…no me pregunten, no lo se).
Andrew se apareció en ese mismo lugar, solo que en la otra dimensión (N/A todo es posible en la dimensión desconocida… Jejeje n.nU no me digan que no lo escucharon por ahí?), había hecho algo peligroso, ahora tenia su apariencia verdadera, claro que el hecho de haber cambiado de apariencia mientras se aparecía era algo muy, pero muy peligroso.
- Harry! – dijo una mujer desde una de las camas, haciendo que todos los que estaban en la habitación voltearan a verlo.
Harry (N/A siempre que este en la otra dimensión va a ser solo Harry, aclaro) se encamino hacia la mujer de unos treinta años que estaba recostada en la cama, ignorando a todos los que estaban alrededor.
- Helena. – dijo el hombre abrazando a la mujer.
Helena era una mujer de treinta y cinco años que aparentaba solo treinta, tal vez un poco menos, tenía el pelo castaño normal con algunos destellos más oscuros gracias a la luz y los ojos grises.
En la enfermería estaban Madame Pomfrey, Hermione y Ronald Weasley y Ginny y Draco Malfoy.
- Harry, no pude evitarlo, se lo llevaron al laberinto. – exclamo la mujer angustiada.
- No te preocupes, yo me voy a encargar, solo tengo una pregunta… tenes algo acá que no quieras dejar? – esta pregunta extraño a todo el que estaba en la enfermería.
- Solo a Patrick, al idiota con el que salía lo deje. – dijo la mujer sin entender la pregunta.
- De acuerdo, en ese caso nos vamos. – dijo Harry alzando a la mujer para después desaparecer con un suave 'plop' justo cuando entraba Dumbledore a la enfermería.
Harry se apareció en Grecia después de detectar mediante magia en donde se encontraba el instituto.
Este era una especie de mansión griega antigua de mármol blanco, tenia un jardín grandísimo y se llegaba a la academia por un camino de piedras, al llegar te encontrabas con unas puertas de unos dos metros, y hacia los lados de esta se extendían grandes e infinitos ventanales, de frente debería tener mas de 100 metros, unos cincuenta de cada lado, todo bordeado por plantas y grandes columnas que sostenían unos balcones que sobresalían del piso superior. Entrando por las puertas se llegaba a una inmensa sala de estar, en una esquina había varios sillones al rededor de una chimenea, en otra parte de la sala había una gran mesa para estudio al lado de una gigantesca estantería rebosante de libros, cerca de allí habían otros tantos sillones pero esta vez al rededor de una pequeña mesita ratona, al parecer dispuestos así para que alguien tomara el te, en frente a esa puerta había otra del mismo tamaño pero en vez de ser de mármol tenia un gran vitral por el cual entraba la luz. En las esquinas de las habitaciones había dos escaleras caracol de dos metros de ancho, ambas de mármol, que daban paso al piso superior. Y por los laterales habían dos pasillos; el ala izquierda llevaba a las habitaciones y se dividía, de un lado estaban las habitaciones para las chicas y del otro la de los chicos. Eran unas quince habitaciones a lo largo, de cada lado, y en cada una dormían cinco personas mas o menos, teniendo espacio suficiente el la habitación como para que entraran siete; y en el ala derecha era un pequeño pasillo de no mas de dos metros de largo que desembocaba en un gigantesco comedor, lo suficientemente grande como para tener a 500 personas ahí, pero solo habían 210 alumnos, 30 por curso aproximadamente, mas los 26 profesores. Las mesas eran de un mármol blanco como todo lo demás y los profesores comían junto a los alumnos, no en mesas separadas. En el piso superior había una gran sala con las paredes revestidas en estanterías llenas a rebosar de libros de todos los tipos y varios cómodos sillones, sillas y mesas para hacer los trabajos. Había otros dos pasillos; el de la izquierda era exactamente igual que el de la planta inferior y del lado derecho estaban las habitaciones para profesores. Las escaleras caracol no solo iban al piso superior, si no que también podías ir al piso inferior el cual se dividía en dos grandes habitaciones, una biblioteca muy bien equipada y un salón de pociones, estas habitaciones tenían ventanas encantadas para que se viera como si estuvieran en el primer piso y tenían muy buena iluminación, nada comparado a las mazmorras de Hogwarts. Si cruzabas el vitral que había en la sala de la planta inferior te dabas cuenta de que en realidad no daba al patio sino que era un pasillo que llevaba a otra ala del edificio donde había más de 30 aulas. En medio del pasillo que comunicaba a esa otra ala había dos puertas que llevaban al patio, una de cada lado del pasillo. De ahí salía un sendero que rodeaba el ala de las aulas por fuera y terminaba del otro lado de ellas, en donde había una gran piscina climatizada y un poco más lejos un estanque. Fuera de eso la mayoría del jardín estaba cubierto de pasto y en ciertos lugares tenia pequeños grupos de plantas bien cuidadas. Por otro lado, mas lejos del estanque había un pequeño bosque en donde había gran variedad de animales y en el centro de este, un claro, donde varias veces al año tomarían la clase de CCCAM (creación, control y cuidado de animales mágicos, clase si mal no recuerdo impartida por Richard, amigo de Andrew/Harry).
El hombre después de darle una mirada al lugar y dejar que los recuerdos lo invadieran por varios minutos, se puso en marcha acercándose rápidamente hacia las puertas de mármol, las cuales se abrieron a su paso, haciendo que todos los jóvenes y maestros que allí había voltearan a mirarlo.
- Harry! – exclamo una mujer morocha de ojos azules de su misma edad reconociéndolo inmediatamente. – Helena que te paso!? – pregunto la mujer acercándose a paso apresurado después de dejarle todas las cosas que cargaba a un chico que debía ir a quinto año.
- Harry? – pregunto un hombre rubio de ojos verde mar, acercándose al igual que la mujer, después de pedirle a un joven que le sostuviera una caja llena de huevos de basilisco.
- Susan, Richard. – saludo Harry con una leve sonrisa adornando sus labios, después miro al resto de los profesores los cuales se notaba que trataban de hacer memoria. – Que? Ya no me reconocen solo por que cambie de color de pelo? – pregunto Harry divertido mientras si pelo pasaba a ser rojo y sus ojos cambiaban a grises, claro, solo por unos segundos.
El resto de los profesores que estaban ahí y que recordaban al chico se acercaron rápidamente a él, sonriendo.
- Harry, no sabes como te extrañamos! – dijo una de las profesoras, ella era pelirroja de ojos café y era la profesora de transformaciones. – El nuevo profesor de Artes Oscuras es un ogro. – dijo la mujer de manera cómplice haciendo reír a Harry.
- Estuve ocupado escapando de los miembros de la orden y los licántropos. – dijo el ojiverde con una fea mueca en sus labios.
- Si, nos enteramos. – dijo otro profesor, este era un hombre de tez negra de unos cuarenta y tantos, era pelado y tenia los ojos negros, además de tener arrugas debajo de los ojos a causa de que se reía todo el tiempo por estar siempre de buen humor, aunque en esos momentos parecía algo preocupado, este era el profesor de los idiomas elfito, griego, y latín.
- Señorita Smith, en donde dejo esto? – pregunto el chico al que le había dado mas de quince carpetas y cuatro libros.
- Espera unos minutos, ya lo agarro yo. – dijo Susan sin siquiera despegar sus ojos de Harry. – Harry… yo no se si vos lo sabrás pero… - su vos se quebró y ya no siguió hablando.
- Augusto… murió. – termino Richard por su amiga.
- Que? – pregunto Harry sin creerlo mientras que su mente era bombardeada por recuerdos de Augusto.
El director de la Magic Force, Augusto Marsh había sido no solo su amigo, si no que había sido como el padre de Harry, y el ojiverde había cumplido perfectamente el papel de un hijo para el hombre, los hijos del hombre tenían sus vidas y casi no veían a su padre, pero a Augusto le había caído bien Harry en cuanto lo vio y al chico le había caído bien el hombre instantáneamente, con su forma de ser despreocupada y bromista. Todos, tanto profesores como alumnos le tenían un cariño especial al hombre, tanto que aun antiguos estudiantes iban a verlos una vez recibidos para saludarlo.
Harry cerro los ojos mientras recordaba al hombre que había querido como si de un padre se tratara, recordando como le había pedido que se quedara, como lo había animado cuando pensaba que no podría hacer nada, como cuando el se desanimaba el hombre se encargaba de animarlo, como lo ayudaba aun cuando casi no tenia tiempo para nada mas. Dos lagrimas salieron de sus ojos si que pudiera ni quisiera evitarlo, dos lagrimas de sangre que trazaron un camino por sus mejillas para después caer en su camisa negra.
- Harry… - dijo Richard.
- Pu-puedes tenerla unos minutos? – pregunto el hombre y sin esperar respuesta paso a Helena a los brazos de Richard, para después darse media vuelta y salir de ahí.
Camino como un autómata mientras mil imágenes de Augusto pasaban por su mente, llego sin saber como en frente de una lapida y cayo de rodillas en frente de ella, apoyando una mano justo donde estaba el nombre de su amigo mientras que mas lagrimas caían de sus ojos.
No supo cuanto tiempo había pasado cuando el ojiverde sintió una mano apoyarse en su hombro.
- El dijo algo… dijo que no quería que te derrumbaras, que salieras adelante como solo vos sabias hacerlo... y que no dejes que nadie cuestione lo que haces. – dijo Susan con la vos entrecortada, al parecer también estaba llorando. – Yo… deberíamos habértelo dicho antes.
- Y como iban a encontrarme? Desaparecí del mapa, solo Alex sabia donde estaba.
- Eso no es verdad, el estuvo trabajando conmigo el tema del velo, yo sabia que había grandes posibilidades de que lo hubieras cruzado.
- Estabas en lo correcto, pero de todos modos…
- No, Harry. No digas de todos modos, no hay un de todos modos, no te avisamos…
- No te preocupes, no te culpo de nada… por que no vienen conmigo, Richard y vos? Acá no les queda nada. – dijo Harry en un susurro mientras se limpiaba las lagrimas, tratando de que su cara no quedara roja por la sangre que había pasado por sus mejillas.
- No se Harry, irnos y dejar todo? Esta bien que no soportemos al nuevo director, pero irnos… - dijo Susan preocupada.
- Repito, no tienen nada que dejar y allá tal vez encuentren a Augusto y puedan trabajar en la escuela de nuevo. – dijo Harry parándose y limpiándose el pasto y la tierra que le habían quedado pegados en el pantalón.
Susan pareció sospesarlo un poco para después asentir.
- Tenes razón, no nos queda nada, allá por lo menos estas vos. – dijo la mujer con una pequeña sonrisa.
- Sus, tengo que ir a buscar información para encontrar el laberinto para rescatar a Patrick, ustedes vayan haciendo los bolsos, los suyos, los de Trick, Helena y Alex que también se van a quedar allá. Tienen dos días. – dijo Harry seriamente, ya nada quedaba del hombre que había estado llorando, eso lo relegaría y ya después lloraría, ahora lo importante era su ahijado.
Susan asintió, sabiendo que el hombre que tenia en frente aun estaba destrozado, pero no dejaría que su ahijado sufriera si podía evitarlo.
- Veré que podemos hacer, dos días no es mucho y tenemos que conseguir un montón de cosas si nos vamos a ir para allá con un boleto que claramente dice "solo ida". – dijo algo burlona, a lo que Harry le sonrió débilmente. – Cuídate. – dijo y lo abrazo, siendo rápidamente correspondida por su amigo.
- Siempre. – dijo Harry y le dio un beso en la frente para después desaparecer con un suave plop, dejando a su amiga abrazando algo inexistente.
El ojiverde se apareció en una de las tantas calles de Paris, Francia. Ya estaba anocheciendo así que decidió esperar y que los vampiros lo encontraran.
Estuvo caminando cerca de media hora por las calles de Paris hasta que decidió que para distraerse iría a tomar algo, fue a un bar que había a media cuadra y cuando llego pidió una cerveza, la cual tomo dentro del local. Cuando termino la cerveza dejo el bar, esperando tener mas suerte.
No había caminado mas de dos cuadras cuando de repente alguien le paso un brazo por la cintura y lo obligo a pegarse al pecho de ese hombre que lo tenia fuertemente agarrado con el brazo que le estaba pasando sobre el estomago y cada vez lo apretaba mas. No paso mucho tiempo para que la otra mano del hombre estuviera en su cuello, con una de sus uñas amenazando con cortarle el cuello a cualquier movimiento en falso. Para cualquier espectador esa escena no seria muy rara, solo dos hombres homosexuales demostrando su amor en publico, pero era bastante mas de lo que parecía ser, (N/A para quien se mareo esta Harry de espaldas al hombre el cual lo tiene agarrado por la cintura, pasándole el brazo por delante, mientras que la otra mano la tiene en el cuello del ojiverde amenazando con decapitarlo).
- Quien eres y de donde vienes? – pregunto el hombre en perfecto francés (N/A que yo no pienso poner por que no hablo ese bello idioma n.nU).
- Soy Harry Potter y vengo de Grecia. – le contesto el ojiverde también en francés aunque con una entonación que denotaba que no lo hablaba desde hacia mucho.
Harry sintió como lo volteaban y la mano era sacada rápidamente de su cuello, solo para posicionarse en su cintura junto con la otra.
- Harry! Que alegría verte! – exclamo el hombre esta vez en ingles, sabiendo que así le entendería mejor. Tenía el pelo castaño claro casi rubio y ojos color plata, aparentaba un par de años más que el ojiverde, media unos centímetros más y era bastante más fornido que este.
- Antón! – exclamo Harry a su vez, ese hombre había sido uno de sus amigos mientas entrenaban. – Como has estado? – pregunto sonriendo.
- Perfectamente y tu?
- Pues… algunos problemas por acá y por allá, estoy escapando, pero eso ya lo sabes.
- Claro que lo se, todo el mundo lo sabe. – dijo Antón soltando al moreno. – Que estas haciendo por acá? No creo que si estas escapando vayas a venir a Paris precisamente para esconderte. – dijo el hombre burlonamente.
- No, es que esos lobos insoportables secuestraron a Trick y voy a rescatarlo, lo único que necesito es información y esa información solo la tiene Pierre.
- En ese caso, vamos que te llevo al nuevo lugar de reunión. – dijo Antón y juntos empezaron a caminar hacia la parte menos concurrida de ese barrio.
No mucho después estaban llegando a una casa de dos pisos, era bastante grande, lo suficiente como para que ahí vivieran seis personas sin molestarse, pero cuando entrabas te encontrabas con que en los dos pisos superiores habían mas de diez habitaciones y en cada una dormían dos o tres personas, la casa estaba mágicamente agrandada y las habitaciones insonorizadas para que pudieran tener privacidad. Así mismo había otros dos pisos inferiores, en estos estaban los lugares de reuniones, estos si eran como las mazmorras de Hogwarts solo que mucho más limpias y ordenadas y los dos pisos consistían en dos habitaciones gigantescas, cada una con una mesa enorme rodeada de gran e infinita cantidad de sillas. Todo el primer piso era una gran sala con dos escaleras, una escalera caracol que subía a los pisos superiores y otra que descendía a los dos pisos inferiores. La sala estaba adornada de manera informal y tenia gran cantidad de sillones desparramados por ella, mientras que cerca de las paredes habían algunos escritorios con computadoras para quienes las necesitaran.
Apenas los dos hombres traspasaron las puertas una mujer de mas o menos la misma edad que ellos se les acerco, al principio furiosa con Antón después con una gran sonrisa al ver a Harry.
- Harry! – exclamo la mujer y abrazo al moreno. Ella misma era morocha con unos grandes y preciosos ojos color miel que cautivaban a varios hombres y facilitaban su tarea, la mujer tenía un cuerpo envidiable, pero no sobrepasaba el metro sesenta y cinco.
- Eloise! – dijo Harry correspondiendo el fuerte abrazo que su amiga le estaba dando.
- Antón, - empezó la mujer separándose del ojiverde y plantándose en frente del castaño. – la reunión va a empezar en menos de cinco minutos, se puede saber en donde rayos estabas!?
- Capte la presencia de alguien desconocido rondando cerca y quise investigar. – dijo el hombre con su mejor cara de yo-no-he-roto-un-plato-en-toda-mi-vida.
- Solo por que el que encontraste fue Harry te perdono, por que si no te puedo asegurar que no ibas a poder escuchar la reunión de lo adoloridos que ibas a tener los oídos después de mis gritos. – dijo la mujer después de bufar molesta. – Ojitos verdes, vas a participar de la reunión?
Esta vez fue el turno de Harry de bufar molesto, el odiaba ese sobrenombre (N/A y no lo culpo), aunque odiaba mas al vampiro molestoso que se lo había puesto.
- Claro que si, Eloise. – dijo el ojiverde algo frustrado, si no había conseguido en un año librarse de ese molesto sobrenombre no lo iba a lograr en un día.
Los tres bajaron al segundo subsuelo, en donde había gran cantidad de vampiros ya reunidos dispuestos a comenzar la reunión. En cuanto Harry termino de bajar todos los ojos se posicionaron en él.
- Oh, mi ojitos verdes, a buena hora se te ocurre volver. – dijo un hombre pelirrojo de ojos violetas.
- Germain, cuantas veces tengo que decirte… QUE NO ME DIGAS OJITOS VERDES!? – termino gritando Harry, haciendo que el hombre se encogiera en su silla.
- Harry, que te trae por acá? – pregunto un hombre de tez negra, contextura fornida y unos extraños ojos dorados.
- Pierre, necesito información, si queres puedo esperar a que termine esta reunión.
- Seria lo mejor. – dijo el hombre asintiendo.
Harry asintió a su vez con un movimiento de cabeza y después de mirar a todos y cada uno de los vampiros allí reunidos, se dio media vuelta y subió por las escaleras rápidamente, para después quedarse sentado en la sala.
No supo cuanto tiempo después todos los vampiros salían del subsuelo y comenzaban a subir las escaleras, después de todo, ya todos habían cenado y tenían sueño.
- Harry, - comenzó Pierre sentándose al lado del ojiverde en el cómodo sillón de cuero en el que estaba. – que información necesitas?
- Creo que ya sabes que los lobos secuestraron a Trick, - Pierre asintió. – quiero información de donde esta Adolph (N/A nombre que casualmente significa "lobo").
- Ya veo… él esta al norte de Paris, lo vas a encontrar fácilmente, es el único ser sobrenatural por ahí, pero no te podes aparecer.
Harry asintió, ya sabia por que no se podía aparecer, pero el tenia otros planes.
- En ese caso creo que me voy, necesito hablar con el y conseguir un lugar para pasar la noche. – dijo el ojiverde parándose.
- Espero que logres salvar a Patrick y salir entero. – dijo Pierre parándose al igual que el chico para después estrechar la mano a modo de saludo.
- Yo también. – murmuro Harry sonriendo de lado y después de darle una ultima mirada a su amigo se dio media vuelta y se encamino hacia la puerta.
- Harry… ten cuidado. – murmuro Pierre justo cuando el hombre abría la puerta. El ojiverde asintió sin siquiera voltearse para después salir, cerrando la puerta tras de si.
Una vez fuera Harry miro todo a su alrededor, reconocía ese lugar, el había vivido a dos cuadras de ahí, y si Adolph vivía al norte lo mejor era ponerse en marcha. El hombre, usando al máximo sus poderes vampiros, comenzó a correr esquivando a todos los simples humanos que se cruzaban en su camino, mientras se dirigía al norte.
Poco después estaba caminando por una calle no tan transitada, tratando de captar la esencia del único licántropo que habitaba en esa zona.
No había pasado ni media hora cuando, pasando justo por enfrente de un callejón, sintió como le ponían algo filoso cerca de la garganta, impidiéndole el paso.
- Que hace un vampiro tan solito por estos lados? – pregunto el licántropo en francés. – O debería decir, que hace Harry Potter, el hombre mas buscado de toda Europa tanto por el famoso bando de la luz como por los pocos que quedan del de la oscuridad, caminando tranquilamente por Paris, cuando debería estar escondido. – pregunto el hombre mientras salida del callejón, acercándose mas hacia su presa favorita.
- Necesito información. – dijo Harry sonriendo de lado. – Y la necesito urgente.
- En ese caso… - el hombre guardo su espada en una funda que tenia atada en su espalda. – vamos a mi casa. – dijo para después volver a internarse en el callejón, seguido de Harry. Atravesaron todo el callejón y cruzaron la calle para quedar en frente de una casa de una sola planta de aspecto bastante tétrico, nada acorde al resto. Recién entonces la luz de la luna creciente, la cual ya estaba bien alta en el cielo, ilumino al hombre dejando ver a un hombre de unos cuarenta años, rubio de ojos café y rasgos serios, músculos bien marcados en los lugares indicados, debía medir unos dos metros de altura y su porte firme le daban un aire imponente.
El hombre abrió la puerta y se hizo a un lado, permitiéndole a Harry pasar primero, para después entrar, cerrando la puerta a su paso.
En cuanto entraron se encontraron en una habitación completamente a oscuras, no había ni una mísera gota de luz, pero esto no impedía que Harry viera a Adolph, ni que este lo viera a él.
En menos de dos segundos, y como si lo hubieran ensayado, ambos sacaron sus espadas y trataron de atacar al otro. Las dos espadas al ser de plata, hacia que fuera mas peligroso para ellos mismos el utilizarla, pero esto no parecía importarles a ninguno de los dos, mientras continuaban con una especie de danza que podría acabar con la vida de cualquiera de los dos, ya que si bien Harry era un vampiro, Adolph era un licántropo y podía seguirle perfectamente el juego.
- Entonces, viendo y considerando que sabes mas o menos como comenzar a pagarme la información, de que información estamos hablando? – pregunto Adolph esquivando una estocada y tratando después de cortarle un brazo con un rápido pero firme movimiento de la espada.
- Necesito saber como llegar al laberinto. – dijo Harry consiguiendo parar el golpe pero no lo suficientemente rápido ya que logro hacerle un tajo no muy profundo en su brazo derecho, consiguiendo que la sangre comenzara a salir de la herida, manchando la camisa negra y el piso de madera.
- Interesante… y también muy costoso. – dijo el licántropo agachándose esquivando la espada que podría haberle cortado la cabeza, para después pararse y lanzar una estocada que fue fácilmente repelida.
- Tengo una propuesta que espero pague la información. – dijo Harry, quien después de repeler la estocada había sacado la daga y le había hecho un tajo desde el mentón hasta unos pocos centímetros debajo de su ojo izquierdo después de un nulo intento de cortarle el cuello pero nuevamente su mano fue desviada, haciéndole un corte en la cara del licántropo.
- Estoy escuchando. – dijo el licántropo sacando una daga también y mientras con una mano continuaba la lucha con su espada, con la otra trataba de hacerle la mayor cantidad de cortes posibles al cuerpo del vampiro que tenia en frente.
Cada vez que se hacían cortes un intenso olor a quemado llenaba la habitación, a la vez que un hilo de humo salía de sus heridas ya que al ser las espadas y dagas de plata, les quemaba la piel además de cortarla.
- Te propongo… - paro para agacharse esquivando un certero golpe que lo habría decapitado. – no tengo pensado volver, así que, si te quedas acá no podremos volver a pelear, cosa que según se adoras hacer…
- Deja de dar vueltas. – exclamo el hombre y con un rápido movimiento de su daga le hizo un corte en la pierna justo cuando el vampiro le hacia uno en su brazo.
Las espadas estaban en el piso y ahora se concentraban en hacerse cortes y golpearse, como si no estuvieran lo suficientemente magullados.
- Y por lo tanto pensaba ofrecerte un pase de ida a la dimensión en la que me voy a quedar. – termino de decir Harry ignorando completamente al hombre. – Ahí podemos pelear cada tanto.
- Cada mes y acepto. – dijo el licántropo dejando de luchar al igual que Harry, ya habían terminado de hablar, no necesitaban seguir peleando si lo importante ya lo sabían.
Ellos se habían conocido mientras Harry entrenaba con los vampiros y el licántropo se había encargado de entrenarlo a él solo y a escondidas de los otros vampiros, en el bello arte de la lucha con espadas con diferentes técnicas. En realidad, se habían conocido cuando Harry tenia 16 años y fue capturado, el hombre también lo había torturado y le había dicho después de eso, que si no fuera por que estaban en diferentes bandos lo entrenaría, no siempre se conocía a alguien con tanta resistencia como para no gritar mientras te aplicaban el crucio y te daban latigazos al mismo tiempo (N/A me despertaron la vena sádica, lo siento por el chico). Dos años después Voldemort dijo que sus servicios eran completamente inútiles y el licántropo enfurecido se fue, no sin antes matar un par de mortifagos como recuerdo, mortifagos que dicho sea de paso, eran del circulo interno. Pero esta parte de la historia ambos preferían ignorarla por la extraña amistad que mantenían.
Después de que Harry terminara su entrenamiento ambos se seguían reuniendo cada tanto y mantenían un combate, en donde no paraban hasta que uno de los dos se rendía, o hasta que caían inconscientes por las horas sin comer, dormir y dejar de luchar.
- Me parece bien. – dijo Harry asintiendo mientras guardaba su daga, después se agacho y levanto las dos espadas, quedándose con la suya y pasándole la otra al licántropo. – Por cierto, sabes de algún lugar en donde pueda pasar la noche? – pregunto siguiendo a Adolph a una puerta que casi no se notaba en la oscuridad que reinaba en la habitación.
- Puedes quedarte acá. – sugirió abriendo la puerta y pasando, sabiendo que Harry lo seguiría.
La habitación a la que habían pasado era una sala comedor en la cual había otras dos puertas, una daba a la cocina y la otra a un pasillo en donde había tres puertas mas, dos habitaciones, la de Adolph y una para huéspedes y un baño.
- De acuerdo. – dijo Harry encogiéndose de hombros. Como si estuviera en su casa fue hacia la cocina, al tiempo que oía a su amigo dejarse caer en el sillón, sin importarle si lo manchaba con sangre que salía de varias heridas. Fue a una de las estanterías y tomo un frasquito, después fue a la heladera y tomo un plato de arroz frió con algo de queso y otro frasquito de sangre que estaba herméticamente cerrado para que no se pusiera fea. Dejo todas las cosas en la ensimera, tomo un vaso y vertió ahí toda la sangre, después tomo el plato de arroz, el vaso y los puso en el microondas, el cual programo para que se calentaran ambas comidas. Tomo el frasquito que contenía una poción especial para licántropos para curar rápidamente las heridas provocadas con plata y volvió a la sala-comedor, en donde fue hasta Adolph y le paso el frasquito, el cual el hombre bebió sin siquiera preguntar, después de dirigirle una mirada agradecida a Harry.
El ojiverde tomo el frasco vació que Adolph le tendía y volvió a la cocina en donde tiro el frasco a la basura y saco las comidas del microondas, para después volver a la sala-comedor y se sentó en la mesa, al lado de Adolph, a quien le paso el plato de arroz con queso ahora derretido, mientras que el se llevaba el vaso a la boca y tomaba un poco de sangre que para su sorpresa era del mismo Pierre, la reconoció instantáneamente, su amigo se la daba cuando tenia heridas para que estas cerraran rápidamente y vaya si lo hicieron, después del primer trago solo le quedaban pequeñas cicatrices y mucha sangre manchando su camisa y su pantalón antes negros, era increíble lo que un poco de sangre de un vampiro poderoso podía hacer.
La cena transcurrió en silencio y recién después, antes de irse a dormir, acordaron que el día siguiente se levantarían apenas amaneciera, para ir a buscar la entrada del laberinto, en donde Adolph iba a dejar a Harry a su suerte y después se iba a ir a guardar todas sus cosas (que eran mayormente armas) y se iba a tomar un traslador que lo llevaría directamente a la Magic Force, en donde esperaría al morocho junto con Helena, Susan y Richard.
A la mañana siguiente, cerca de las ocho, Harry y Adolph se encontraban en alguna parte desconocida de Asia, sobre unos árboles, escondidos entre las ramas, viendo la entrada de una cueva en donde había dos licántropos vigilando, uno de cada lado, la entrada.
- Ya sabes lo que tenes que hacer, ahora me voy, tenes que seguir solo, si detectan mi aroma por acá podrían saber que te ayude, y entonces, si regreso, no voy a poder sobrevivir mas de dos días. – susurro Adolph sin siquiera mirar a Harry, sus ojos fijos en los dos guardianes, los cuales siquiera lo notaban.
- Hoy a la tarde los encuentro en la Magic Force. – le susurro Harry a su vez de modo que solo Adolph pudiera escucharlo.
El licántropo después de asentir desapareció con un inaudible 'plop', dejando a Harry solo maquinando un plan en su astuta y rápida mente.
Minutos después, teniendo un plan lo suficientemente bueno, el ojiverde salto desde aquel árbol en el que se encontraba, cayo justo entre los dos hombres y antes de que estos siquiera pudieran pensar en como atacarlo le había cortado el cuello a uno con su daga y al otro con la espada, volviendo a guardar las dos armas con sencillos pero rápidos movimientos.
Miro a los dos hombres con una sonrisa horrorosamente sádica, digna de cualquier vampiro, dejando los colmillos a la vista. Su coleta baja se había soltado con el salto y ahora todo el pelo caía desordenado, algunos mechones tapándole la vista (N/A esperen que consiga un tachito para la baba :P), pero a el no le importo, solo se adentro en la cueva sin siquiera sentir lastima por los dos licántropos.
No había caminado ni diez metros cuando ya se encontró con la primera bifurcación. Sonrió aun más mientras extendía su magia, buscando rastros de la magia de su ahijado y estos se iban por… la izquierda, se abstuvo de ampliar un poco más la sonrisa al tiempo que comenzaba a caminar tomando el camino de la izquierda.
Por este camino unos treinta minutos hasta que llego a una parte en que el camino se dividía, pero no en dos, sino en tres. Volvió a extender su magia, pero esta vez los licántropos fueron más astutos y dejaron dos rastros diferentes. Casi se rió mientras, esta vez, comenzaba a olfatear el aire, buscando el clásico olor de Patrick, un olor que conocía bastante bien y que le indicaba que fuera por la derecha.
Siguió por este camino tranquilamente, como si estuviera paseando y no yendo a rescatar a su ahijado, pero tampoco podía apurarse, si lo hacia podía alertar a los licántropos de su presencia en el laberinto. El camino doblaba para la izquierda y el estuvo por doblar pero un fuerte aroma tan conocido por el lo alerto a sacar su espada. Al doblar casi choca de frente con tres licántropos, los cuales al verse sorprendidos no pudieron reaccionar lo suficientemente rápido y pocos minutos después estaban muertos.
Harry guardo su espada y siguió con su camino, rogando que ese asqueroso laberinto terminara pronto para poder llegar a su ahijado, mas nervioso de lo que estaba antes al notar en el aroma de su ahijado olor a sangre.
Cerca de tres horas después Harry ya quería tirarse del precipicio mas alto, ese laberinto no parecía tener fin, ya había matado por el camino a mas de siete licántropos y cada vez se cruzaba con más. Estaba a punto de comenzar a demoler las paredes cuando tropezó con algo y cayó al piso, sin tener tiempo a reaccionar por haber estado tan metido en sus pensamientos.
- Que demonios…? – murmuro parándose y mirando con lo que se había tropezado, lo cual era nada mas ni nada menos que la cerradura de una trampilla la cual estaba, dicho sea de paso, abierta y de ahí abajo salía un fuerte olor que claramente era de su ahijado.
Preocupado al percibir un aroma mucho mas potente que antes de sangre, que indicaba que Patrick tenia gran cantidad de heridas, abrió la puerta de la trampilla y se encontró con unas escaleras las cuales bajo rápidamente, solo para encontrarse con una sala de torturas.
Paso su verde mirada por el lugar hasta detenerla en una pequeña figura que estaba atada a la pared con grilletes. Se acerco con tal velocidad que en menos de dos segundos estaba al lado de la figura, quien, dicho sea de paso, era su ahijado. El pobre chico tenía profundas heridas por todo el cuerpo, en todo su abdomen y se notaba parte de la espalda, le habían dado latigazos, piernas y brazos tenían cortes por todas partes y debía tener algún que otro hueso quebrado.
Harry se apuro en romper los grilletes que lo sostenían y lo alzo antes de que cayera al piso, sosteniéndolo como si de un bebe se tratara, cuidando de no causarle mas daño. Lo único que necesitaban era salir de ese lugar y cuanto más rápido posible.
Después de asegurarse que Patrick tenia el pulso estable y no corría riesgo de muerte, Harry salio de esa asquerosa sala de torturas y comenzó a correr en busca de la salida. Dado que había pasado antes por ahí, solo tenia que seguir su propio aroma y conseguiría escapar.
Cuando ya le faltaba poco para llegar a la primera bifurcación se encontró con que habían cerca de unos diez licántropos cortantote el paso, maldiciendo su mala suerte dejo a Patrick en el piso, sobre una manta que había hecho aparecer para que no le entrara tierra en las heridas y saco su espada y su pistola, poniéndose de modo que nadie pudiera tocar a su ahijado.
El aire que se respiraba era tenso, nadie parecía querer hacer el primer movimiento y Harry ya comenzaba a desesperarse al escuchar los latidos del corazón de Patrick mucho más lentos de lo normal. Así que tomando la iniciativa levanto su pistola y antes de lo que puedes decir ¡Merlin!, el ojiverde había matado a seis licántropos usando una bala por cada uno, balas de plata que fueron directo a su corazón.
Pero para su pésima suerte el ruido de los disparos alerto a los licántropos que estaban cerca y en poco tiempo tenia a doce licántropos dispuestos a cualquier cosa para matarlo.
La batalla que se llevo a cabo en ese estrecho pasillo fue impresionante, Harry nunca había peleado tan rápido ni tan bien en toda su vida, parecía que era un video acelerado, pocos vieron los movimientos que el hombre realizo, y los que lo vieron aunque trataron de hacer algo lo máximo que conseguían era hacerle algunos cortes, la mayoría de ellos bastante profundos y de los que comenzaba a salir abundante sangre.
Harry no sabía cuanto había pasado desde que había descargado el cargador de su pistola en esos asquerosos lobos, pero realmente no le importaba. En cuanto termino con el ultimo que impedía su salida tomo a Patrick en sus brazos y corrió mas rápido que una flecha (N/A mas rápido que los mails que cualquiera manda) saliendo del asqueroso laberinto y adentrándose en el bosque.
Sin dejar de correr desapareció con un suave y casi inaudible 'plop' para aparecerse justo en frente de la famosa Magic Force, siguió corriendo y entro como un huracán en la sala, sobresaltando a todos cuando freno de golpe en plena sala.
- Oh, por Merlin! Patrick! – exclamo Helena, quien había estado sentada en uno de los sillones, mientras se paraba y corría a donde estaba su hijo.
- Tranquila Helena, por ahora esta estable, lo que tiene son muchas lastimaduras y una gran perdida de sangre. – le explico Harry dejando a su ahijado en el sillón mas cercano que encontró para mirarse sus propias heridas y torcer la boca en una fea mueca, por mas que nunca lo admitiría esos licántropos fueron difíciles de vencer. – Por ahora ve a buscar a Susan, Richard y Adolph con sus cosas para que nos vayamos de una vez por todas de este lugar. – dijo Harry, que después de mirar sus heridas se había acercado a Patrick de nuevo y había comenzado a curar las heridas mas profundas del pequeño.
- De acuerdo. –asintió la mujer y corrió a subir las escaleras que llevaban a las habitaciones de los profesores.
Para cuando bajaron sus amigos, a Harry solo le faltaba curar los latigazos de la espalda de Patrick y las heridas que tenia en brazos y piernas, es decir, casi todo, pero realmente costaba curar heridas cuando uno mismo estaba lleno de ellas y dolía cada mísero movimiento que realizaba.
- Ya están listos? – les pregunto enarcando una ceja al ver que bajaban los cuatro con solo un bolsito de mano.
- Claro que si, tenemos todo lo necesario encogido en estos bolsitos. – dijo Susan moviendo el bolsito de un lado a otro.
- Si ustedes lo dicen… - dijo Harry con algo de incredulidad.
Adolph sonrió de lado ante el tono del moreno.
Rápidamente los cuatro llegaron al lado del hombre, el cual mientras los esperaba había tomado la apariencia de Andrew, es decir el adolescente de 17, con el pelo negro hasta lo hombros atado en una coleta baja y los ojos azules violáceos.
- Por que estas con esa apariencia? – pregunto Susan confundida.
- Por que allá me conocen así. Soy Andrew Carson, el adolescente de 17 años que va a Hogwarts al 7° año en Slytherin. – dijo Harry todo de corrido sin darle mucha importancia mientras tomaba un libro y lo transformaba en un traslador que llevaría a sus cuatro amigos a la otra dimensión (N/A dios, que de película suena eso!). – Como estoy herido no voy a poder llevarlos a todos, así que ustedes cuatro van a ir con el traslador y yo voy a llevar a Patrick. – dijo Harry sin siquiera verlos mientras le tiraba hechizo tras hechizo al traslador, necesitaba asegurarse que no los iba a dejar en otra dimensión y que iban a llegar enteros. Al terminar de hacer el traslador se lo paso a Susan, que era quien estaba mas cerca suyo y alzo a Patrick como si de un bebe se tratase. – Se va a activan en treinta segundos. – dijo para después desaparecer con un suave 'plop'.
- Todavía no entiendo como puede ser que casi no haga ruido cuando desaparece. – comento Susan.
- Es un vampiro, los vampiros que aun conservan su magia no hacen ruido al desaparecer. – explico Adolph como si Susan fuera una nena chiquita.
Justo cuando la mujer estaba por contestarle al licántropo el traslador se activo y los cuatro desaparecieron de ahí sin dejar rastro.
En la otra dimensión, en Hogwarts, Alex no sabía como que hacer para que Madame Pomfrey le diera la poción que permitiría que se moviera. La sanadora se había asustado tanto de Andrew que había seguido sus indicaciones al pie de la letra, pero Alex ya estaba completamente recuperado y no necesitaba seguir acostado.
Albus Dumbledore había tratado de hablar con Alex pero lo máximo que este le había dicho había sido su nombre y que también había estudiado en la Magic Force, además de haber trabajado como profesor de DCAO durante años en dicha escuela (cosa que no era verdad).
Julius por su parte había comenzado a hablar con Alex en busca de más datos acerca de lo que había hecho Andrew en los años que había trabajado en la Magic Force y ahora sabía varias anécdotas divertidas acerca de esos años.
El resto de los profesores se mantenía cerca de la enfermería vigilando a Alex constantemente, a pedido del director quien alego que no confiaba en ese hombre.
Devil había aparecido con una carpeta, la cual al no ver a su dueño había ido a parar a manos de James, por razones que nadie comprendía y el merodeador, siguiendo los consejos de Lily, le había dado al fénix una carta para Tom en donde explicaba que Andrew se había ido y que volvería antes de Halloween, claro que esta carta la escribió maldiciendo a su amigo en todos los idiomas que conocía por ponerlo en esa posición tan incomoda de tener que explicarle algo al señor oscuro.
Todo eso había pasado durante los escasos dos días en los que Andrew había desaparecido y en esos mismos instantes la mayoría de los profesores estaba en la enfermería junto con Dumbledore tratando de sacarle información a Alex de manera sutil y pacifica (no por nada eran el "bando de la luz").
- Ya le dije Dumbledore, que no le voy a decir ni mi fecha de nacimiento. – dijo Alex que lo único que podía mover de su cuerpo era la cabeza.
Dumbledore estaba por volver a tratar de averiguar al menos el apellido cuando un suave 'plop' llamo su atención y la de todo el que estaba en la enfermería, haciendo que voltearan hacia una esquina, en donde había aparecido Andrew cargando a un adolescente que debía tener dos años menos que el. Ambos estaban llenos de heridas pero vivos y enteros, no les faltaba ni un solo pelo.
El vampiro camino tranquilamente hacia la camilla que estaba al lado de la de Alex y dejo ahí a Patrick, después volteo y apuntando con su varita a Alex murmuro un hechizo que hizo que el hombre recobrara el movimiento.
- Gracias, ya no sentía mis piernas. – dijo Alex de muy mal modo tratando de levantarse de la cama. Cuando lo logro se acerco a Andrew y le arrebato la varita para comenzar a curarle las profundas heridas que tenia por todo el cuerpo. – Que te paso?
- Nada importante, sigo entero. – dijo algo divertido pero al ver la mirada de preocupación en los ojos de su amigo suspiro cansado, sabiendo que no podría ocultarle nada. – Ni me fije cuantos eran pero te puedo asegurar que esos lobos no van a molestar mas.
- Supongo que eso significa que los mataste. – dijo desinteresadamente obligándolo a darse vuelta para curarle las heridas que tenia en la espada y la parte de atrás de los brazos y las piernas.
- Claro que si, después de lo que le hicieron a Patrick no pensaba dejarlos con vida.
Tanto el director como los profesores escuchaban con gran atención la charla, si n saber si intervenir o no, pero justo cuando Dumbledore iba a preguntar algo se escucho otro 'plop' y todos voltearon a mirar nuevamente hacia la esquina de la enfermería, en donde se habían aparecido cuatro personas usando un traslador.
Al parecer, usando un traslador también había efectos alternos ya que los cuatro parecían cinco años mas jóvenes, Adolph parecía tener 35, se le habían ido algunas arrugas y las pocas canas que tenia, Richard que antes tenia 37 años ahora parecía tener 32 y tal y como le había pasado a Adolph, las pocas canas que le habían salido ya no estaban, Susan ahora se veía como una joven de veinte años, tal vez un poco mas y no se le notaban grandes cambios en su físico, mientras que Helena, la cual aparentaba 30, ahora aparentaba 25, es decir, diez años menos de los que en realidad tenia.
- ANDREW! – grito Susan en cuanto pudo apreciar el cambio que sufrió su cuerpo. – Me parece que tenemos mucho de que hablar. – dijo en un tono suave y peligroso, que era confirmado con las miradas que le mandaron Richard, Adolph y Helena.
- Creo que te metiste en muchos problemas, Andrew. – dijo Alex sonriendo burlón, tal parecía iba a disfrutar enormemente el estar en esa dimensión.
-
Sorry, lamento mucho haber tardado TANTO! Pero es que mi inspiración me jugó una mala pasada durante la semana pasada y no podía escribir U.Ú… espero sepan perdonarme… y después de que me perdonen me dejan reviews ;) jajajaj
