¡Holaaa! Primero que nada quiero agradecerles por sus reviews, me alegra que les gusten los capítulos y, como siempre digo, me gusta que hagan deducciones :3 Muchas gracias, de verdad, me animan a seguir publicando esta historia que hasta hace poco nunca había pensado subir. Tengo varias historias que nunca terminé y uno que otro one-shot con estos mismos personajes (incluyendo a Astrid en algunos) en situaciones divertidas y embarazosas que no sé si les gustaría leer xD Si a alguien le interesa me lo dice :) igual tengo pensado subirlos alguna vez pero me da inseguridad por el tema de que hay una OC y bla, bla... me hago muchos problemas, ¿no? D:
Sé que hoy es viernes y dije que subiría el domingo, pero terminé el capítulo antes y dije ¿por qué no subirlo hoy? Así que por eso xD Mejor para ustedes :D
En fin, dejando de lado este tremendo mensaje xD Espero que les guste el capítulo :D ¡Nos leemos en el siguiente!
Capítulo 11: Italia.
Llegaron a Italia dos días después de haber salido de Atenas. Fue un viaje bastante aburrido y largo, cosa que se dejó ver con lo hiperactivos que estaban Tenma y Yato. No se habían dejado de mover durante los días que duró el trayecto, yendo de allá para acá buscando algo que hacer para no aburrirse. Astrid pasó la mayor parte del viaje encerrada en su camarote y saliendo en las noches a cubierta, mientras que Shion no había salido sino para comer nada más. Sísifo se mareaba en la cubierta y también se mantuvo en el interior del barco, por lo que Dohko fue el que anduvo más accesible para quitarle el aburrimiento a los dos chicos, sin embargo, cuando querían gastarle una broma o algo, nunca lo lograban y terminaban fastidiados. Para ellos, no fue un viaje muy bueno.
Por eso, en cuanto llegaron al puerto, fueron los primeros en salir del barco. Al salir todos, Shion los transportó hasta las afueras del pueblo en el que se criaron Tenma y Sasha, por lo que se ahorraron más del agotador viaje. Habían llegado de mañana, por lo que decidieron ir al centro del pueblo para buscar una posada en la cual hospedarse. Sin embargo, la única que encontraron solamente abría en las noches, así que tendrían que hacer algo durante el día. Decidieron comenzar de inmediato con la investigación para que la misión no les tomara tanto tiempo, por lo que se dividieron en grupos: Tenma, Astrid y Sísifo irían directamente al antiguo orfanato, mientras que Yato, Shion y Dohko se encargarían de entrevistar a las personas que vivían cerca de la casa para saber qué es lo que pasaba.
Luego de almorzar, cada grupo se fue a hacer lo suyo. Astrid, Sísifo y Tenma no se tardaron mucho en llegar al orfanato, pues Tenma conocía el pueblo y el camino a su antigua casa, por supuesto. El antiguo orfanato era una pequeña casa de un piso, con las ventanas cubiertas por tablones mal clavados y la pintura en las paredes picada por el abandono. No quedaba indicio alguno de que la hayan habitado, como tampoco se podía distinguir que estuviera siendo usada. Astrid se dio cuenta de que la puerta no estaba cubierta por nada, por lo que se acercó al pomo para abrirla, pero mucho antes de que pudiera tocarla, chocó con una especie de pared de goma y esta la empujó varios metros hacia atrás luego de darle una potente descarga eléctrica, haciéndola caer fuertemente contra el piso.
— ¡Astrid! —Sísifo se acercó a ella, alarmado, y la sujetó para que no se cayera—. ¿Qué pasó?
— Quise acercarme a la puerta y no pude —respondió, agitando la mano dañada—. Me pasó algo parecido a esto en Siberia, pero ahora ni siquiera la toqué.
— Cuando Alone era Hades, se encargó de cerrar definitivamente esta puerta para que nadie profanara nuestro antiguo hogar —dijo Tenma, acercándose a ellos—. Ese Ares... ¿cómo se atreve a romper el sello de un dios del calibre de Hades?
— Porque él también es un dios —concluyó Sísifo—. Puede igualar el poder de Hades, ya que pertenece a los Doce Olímpicos. Si fuese un dios menor no lo habría conseguido.
— Debemos buscar otra forma de entrar —sugirió Astrid, tratando de incorporarse sin éxito. Sísifo no la soltó—. Tal vez logremos ver algo a través de las ventanas...
— Lo que tú vas a hacer es sentarte y descansar —le ordenó el arquero—. Parece que la descarga te afectó más de lo que piensas.
— Eso no es cierto.
— Ni siquiera puedes ponerte de pie sola. —Sísifo le quitó la caja de Pandora de la espalda y la dejó en el suelo. Sentó a Astrid sobre ella—. Quédate ahí.
— No pienso quedarme sentada viéndolos hacer nada —rebatió, aunque optó por obedecerlo. La verdad es que sí se sentía un poco mareada.
— Tendremos que esperar a que lleguen los demás con información —decidió el arquero. Volteó a ver el orfanato y miró a Tenma, que daba vueltas por alrededor—. ¿Qué estás haciendo, Tenma?
— Sasha escribió nuestros nombres en una de estas paredes —dijo—. Como es la diosa Athena, el lugar debería haber estado protegido por ella, como si fuera un sello. Sin embargo, no lo encuentro por ningún...
Tenma se quedó callado mirando algo y Sísifo se acercó para ver qué pasó. El chico estaba hincado, por lo que se inclinó para estar a su altura y vio que en la base de una de las paredes había algo escrito. «Sasha, Alone y Tenma, juntos para siempre» citaba. Sin embargo, el lugar de la oración tenía la pintura descascarada y casi cayéndose; era por eso que Ares pudo romper ambos sellos con tanta facilidad. El sello de Athena se había gastado con el tiempo y el de Hades se debilitó al morir en la Guerra Santa, así que la fuerza que los rechazaba tenía que ser de Ares.
— Ya veo —murmuró Tenma, levantándose—. Definitivamente es Ares, pero ¿cómo vamos a entrar?
— Creo que no hay gente adentro —dijo Sísifo—. No siento ninguna presencia ajena o peligrosa. Solamente está el campo que no me da buena espina.
— Podrían contarme que está pasando, ¿saben? —exigió Astrid, que no tenía fuerzas para gritar. Sentía que se iría de espaldas en cualquier momento.
— Nada importante, Astrid —le respondió Sísifo—. Es Ares el que rompió el sello de Hades, pero no sabemos si hay gente adentro en este momento ni cómo entrar.
— Si hubiera gente lo sabríamos —supuso ella, agarrándose la cabeza—. Habrían venido a atacarnos desde hace rato.
— Señorita Astrid, ¿se siente bien? —preguntó Tenma.
— ¿No quieres recostarte? —ofreció el arquero. Ella le restó importancia.
— No se preocupen por mí. Mejor ocúpense de ver la forma de entrar a la casa.
Sísifo y Tenma se miraron, pero optaron por no rebatir. La verdad es que Astrid comenzaba a sentirse mal; su cuerpo se tambaleaba para todos lados, y de no ser porque estaba sentada y bien sujeta, se habría caído hace rato. También tenía la vista algo nublada y el cuerpo le temblaba debido a la descarga, pero no quería decirle a nadie. Su salud era un tema aparte.
Unos minutos más tarde aparecieron Shion, Dohko y Yato. Pasaron por el lado de Astrid, preguntándose por qué demonios estaba sentada haciendo nada, pero no dijeron palabra alguna. Se acercaron a Sísifo, Shion quedando un poco rezagado para averiguar qué pasaba con Astrid.
— ¿Qué obtuvieron? —preguntó el mayor del grupo.
— La gente dice que aparecen durante la noche —dijo Dohko—. En el día es como si estuviera deshabitada, pero en las noches se llena de energías horribles que se perciben hasta en el mismo pueblo. También fuimos al orfanato que maneja la diosa Athena en el centro y dijeron lo mismo.
— Eso quiere decir que... —Sísifo se rascó la cabeza—. Tendremos que esperar hasta la noche para obtener algo.
— Así es —suspiró el de Libra—. Vaya enredo, ¿no?
Mientras Sísifo y Dohko conversaban, Shion se acercó sigilosamente a Astrid. No le parecía raro que estuviera sentada, sino el hecho de que no se moviera ni siquiera para mirarlos cuando llegaron. Estaba como congelada, con las manos apoyadas en la caja de Pandora y el cabello cayéndole por los lados como si fueran cortinas.
— ¿Astrid? —susurró en su oído cuando estuvo cerca. Ella no respondió—. Oye, Astrid.
Al ver que no respondía, la sacudió del hombro para que reaccionara. Sin embargo, eso casi la hizo caer de espaldas al piso de no ser porque Shion reaccionó y la sujetó antes. Le despejó la cara y vio que la muchacha estaba inconsciente, con el cuerpo rígido y la respiración entrecortada.
— No —murmuró Shion, volviendo a sacudirla—. ¡Vamos, Astrid, despierta!
— ¿Qué ocurre, Shion? —preguntó Dohko al escuchar su grito. Al verlo sostener a Astrid, se acercó—. Por Athena, ¿qué le pasó?
— Esta niña terca... —susurró Sísifo, negando con la cabeza. Shion alzó la vista.
— ¿Sabes lo que le pasó, Sísifo?
— Intentó abrir la puerta del orfanato, pero algo la rechazó y la empujó bien fuerte y lejos. —Suspiró—. Al principio le dije que se sentara, pero después la vi peor y le sugerí que se recostara, a lo cual se negó. ¡Qué terca es!
— No podemos recostarla aquí —dijo Shion, cargándola en sus brazos—. Podemos hacerle una cama improvisada con las cajas de Pandora, pero no aquí.
— ¡Yo conozco un lugar! —exclamó Tenma—. Vengan conmigo.
—o—
Astrid despertó sintiéndose mejor. Lo último que recordaba era haber estado sentada en su caja de Pandora mientras Sísifo y Tenma buscaban una entrada al orfanato, luego unas fuertes punzadas atacaron su cabeza y de ahí era todo oscuridad en su mente. Se incorporó lentamente, ya que estaba acostada sobre algo, y se dio cuenta de que sus fuerzas habían vuelto a ella. Frotó sus ojos y lo primero que vio fue que estaba en un risco, desde el cual se podía ver el pueblo... o lo que quedaba de él. Cuando fueron a buscar hospedaje, Tenma les contó cómo el pueblo se había levantado luego de la Guerra Santa. Hades lo había destruido por completo, pero los pocos sobrevivientes que quedaron fueron los que se dedicaron a limpiar los escombros y levantar las casas al finalizar todo. Más tarde, se les unieron los habitantes de pueblos vecinos y personas que vivían en los alrededores, los cuales también ayudaron. Gracias a ellos el pueblo comenzó a levantarse de nuevo, pero fue gracias a la ayuda de Sasha, Tenma y Alone que lograron tenerlo como está ahora. La diosa incluso instaló un orfanato en el centro, el cual contaba con la protección de soldados rasos y santos de bronce y plata que vivían ahí, más la visita periódica de ella para dejar más niños o simplemente ver cómo andaba todo. Tenma y Yato vivían en el pueblo y eran de los que supervisaban el orfanato, pero cada cierto tiempo iban al Santuario para cumplir con su deber. Alone también vivía con ellos, pero cuando viajaban a Grecia, él se iba a Jamir con el maestro Hakurei a disfrutar de la paz de aquel lugar sagrado. Astrid sonrió al ver el pueblo, pensando en que le gustaría haber vivido ahí si hubiera tenido otra clase de vida.
Estiró los brazos hacia atrás, pero esta acción movió la parte de la "cama" que sostenía su torso y terminó cayendo al suelo. Soltó un chillido, echando de menos la protección que le otorgaba el casco de la armadura, y se frotó la cabeza.
— ¡Astrid! ¿Te encuentras bien?
Eran Shion y Sísifo. Astrid se preguntó de dónde habían salido y por qué no los vio, pero prefirió quedarse callada. De seguro estaban conversando o sacando la vuelta por ahí: la especialidad de los santos dorados.
— Estoy bien. —Bajó las piernas del resto de la "cama" y quitó la sábana que estaba debajo suyo y sobre el mueble improvisado, revelando las cajas—. ¿Me hicieron una cama con las cajas de Pandora?
— Sí, y las tapamos con mi capa —dijo Sísifo sonriente. La muchacha la tomó y vio que, efectivamente, era una capa.
— ¿Te da igual arrancarla de tu armadura?
— Se pone de vuelta, no se rompe —contestó, encogiendo los hombros—. Y la verdad es que me da igual tenerla o no. Mi armadura tiene alas, que es casi lo mismo.
— ¿Cómo te sientes? —le preguntó Shion, acercándose para ayudarla.
— Te lo digo en cuanto me levante. —El ariano tomó su mano y ella se puso de pie. Se tambaleó un poco y sintió un repentino vacío en su interior, pero en general, se encontraba bien—. Estoy mejor.
— ¿Te duele algo?
— Pues un poco la cabeza por el golpe de ahora. —Resopló, frotándose la cabeza—. ¿Cómo llegué aquí?
— Te desmayaste estando sentada en tu caja —respondió Sísifo—. Shion te fue a hablar y no le contestaste, así que probó moviéndote, pero terminaste cayendo de espaldas. No podíamos hacerte descansar afuera del orfanato, por lo que Tenma nos trajo aquí. No estamos muy lejos, si es que te lo preguntas.
— ¡El orfanato! —exclamó, recordando por qué estaban en ese lugar—. ¿Averiguaron algo?
— Nada sobre cómo entrar, pero Dohko dijo que había mayor actividad en la noche, según la gente. Quedamos en esperar hasta que anochezca para ir a investigar.
— Bien. —Miró a su alrededor, dándose cuenta de algo—. ¿Dónde están Dohko y los chicos?
— Fueron a conseguir algo para comer. Deben estar por llegar —respondió Shion. Astrid asintió y se cruzó de brazos.
— Entonces, ¿luego de comer vamos al orfanato? —preguntó, mirando el cielo detrás suyo—. Ya está atardeciendo. ¿Cuál va a ser el plan?
— Nada de planes para ti —dijo Sísifo, severo—. Tú no irás.
— ¡¿Qué?! —reclamó—. ¿Por qué?
— Porque te electrocutaste con el campo y estás débil. Si vas, no solamente tendremos que estar pendientes de nuestros enemigos, sino también de ti.
— Así que voy a estorbar. —Esbozó una sonrisa irónica—. ¿Ya te olvidaste de lo que dijo Athena, Sísifo? Fui enviada aquí con ustedes por una razón, que es averiguar los planes de Ares. Soy imprescindible, y lo sabes.
— ¡No quiero que arriesgues tu vida! —exclamó, sorprendiendo a ambos—. Sé que Athena te pidió eso, pero también nos encargó tu cuidado. No soportaría decepcionarla... y tampoco verte morir.
— No voy a morir —aseguró ella—. Ya les conté lo que me pasa cuando estoy al borde de la muerte, y aunque no me gusta convertirme en eso, me vuelvo un depredador mortal. Ares no se atrevió a pelear conmigo la última vez.
— Si te salva la vida, ¿por qué Deuteros se esmeró en sellarlo? —preguntó Shion. Ella lo miró.
— Porque no es algo bueno. —Astrid se sentó en una de las cajas. Antes de hablar, soltó un suspiro; no le gustaba mucho hablar de eso.
»La primera vez que me convertí fue un tiempo antes de la muerte de Aspros. Unos soldados rasos del Santuario me encontraron rondando por ahí y me creyeron una espía, por lo que intentaron matarme. Yo estaba llena de miedo, pero no me atreví a gritarle a mis hermanos, y de un momento a otro... me convertí. Los maté a todos sin darme cuenta, y cuando reaccioné y vi mis manos ensangrentadas, supe que no quería hacer uso de mi habilidad para el mal. Esa vez, me convertí al ser dominada por el miedo.
»La segunda vez fue cuando me enteré de la muerte de Aspros. No le dije a Deuteros sobre mi transformación anterior porque creía poder controlarla yo misma, pero ese día se salió de mis manos. Fue el mismo Deuteros quien me contó que, indirectamente, había matado a Aspros luego de haberlo manipulado para intentar asesinar al Patriarca, rompiendo el hechizo del Satán Imperial y bla, bla, bla. Yo sabía de antemano que Aspros se estaba volviendo loco, pero era mi hermano y seguía amándolo, así que no tomé muy bien la noticia. Me enojé mucho y me dejé llevar por la ira; me cegué con la idea de que Deuteros había matado a nuestro hermano, y no entendía por qué era lo mejor para el Santuario. Recuerdo que odié mucho al Patriarca, a la diosa Athena, a Deuteros y a Asmita, y al juntar toda esa ira... me convertí de nuevo. Destruí muchas cosas del templo de Géminis e intenté atacar a mi hermano, pero me detuve a tiempo antes de cometer una locura. Ahí fue cuando tuve que contarle a Deuteros que algo andaba mal conmigo y que ya me había pasado antes. Esa vez, me convertí al ser dominada por la ira.
»Después de esas dos ocasiones, perdí la cuenta de las veces en que me convertí. Sin embargo, sé que todas fueron producto del dolor durante mi entrenamiento, tanto por el físico debido a las fuertes pruebas a las cuales me sometí y el psicológico por que me costó mucho superar la muerte de Aspros. Como saben, me preparé en la isla Kanon y pasé mucho tiempo en la lava, entre gases venenosos y muchas otras cosas, pero aprender a tolerar todo eso no fue fácil. La mayoría de las veces me convertí para combatir el dolor de las quemaduras, pero hubo un día en el cual me convertí de la nada y casi maté a mi hermano. Fue ahí cuando me di cuenta de que lo mío no era una habilidad, sino una maldición. Deuteros buscó por mucho tiempo una solución, y la encontró un año antes de venir al Santuario. Luego de sellarlo, completé mi entrenamiento de forma normal y usando mis propias habilidades, sin preocuparme por mi demonio interior... hasta ahora.
»La ira, el dolor —tanto físico como psicológico— y el miedo son los elementos que lo despiertan. Deuteros usó los tres para sellarlo, pero me advirtió que era temporal. Antes de irme, él prometió seguir buscando una solución definitiva, pero creo que no pensó que el sello duraría tan poco. Como ven, mi demonio puede salvarme en ciertas situaciones... pero es sumamente peligroso.
Shion y Sísifo se miraron y compartieron un semblante de sorpresa. No se imaginaban una revelación así. Astrid permaneció sentada, tan seria como una estatua.
— ¿Qué hizo tu hermano para sellar a tu demonio? —preguntó el arquero. Ella se encogió de hombros.
— Fue hace tanto tiempo que ya no sé qué hizo —contestó—. Solamente recuerdo haber sentido intensamente aquellas tres cosas.
— Intenta recordar —le dijo Shion—. Tal vez... tal vez podamos recrearlo en el Santuario.
— Sería inútil, ya que deberían participar y no quiero arriesgarlos. —Soltó un suspiro y se levantó—. La única solución es que vaya a la isla.
— ¿Ir a la isla? —repitió el ariano—. Pero...
— ¡Al fin despertaste, Astrid!
El grito de Dohko los sacó de aquella conversación. Astrid de inmediato esbozó una sonrisa para borrar su semblante triste, el cual no fue notado por los recién llegados, al parecer. Tenma y Yato cargaban unas bolsas de papel que se veían pesadas, mientras que Dohko iba adelante con las manos vacías.
— ¡Cómo te aprovechas de los menores, Dohko! —exclamó Astrid. Él se rió.
— Pues algo tienen que hacer. —Le guiñó un ojo—. Anda, ayúdame a hacer una mesa con las cajas.
Ella lo ayudó y, minutos después, se encontraban comiendo. Comenzaba a anochecer y las suaves luces de las casas del pueblo aparecían junto a las estrellas, dándoles una bella vista. Astrid estaba tan embelesada viéndola y perdiéndose en sus recuerdos que no se percató del momento en el cual la "mesa" se quedó en silencio para mirarla.
— Um... ¿qué pasa? —preguntó tímida. Dohko, a su lado, se rió.
— Si tuvieras que portar una armadura de menor rango, ¿cuál sería? —repitió la pregunta. Ella se llevó una mano a la barbilla, recordando una que Deuteros le había mencionado y que nunca había sido portada por nadie.
— La armadura del Fénix —contestó. Todos abrieron los ojos con sorpresa, sobre todo Tenma y Yato—. ¿No la conocen? Es de bronce.
— Esa armadura nunca antes ha sido portada —dijo Sísifo—. Debe estar perdida o algo.
— Tal parece que te gusta el fuego —bromeó Shion. Astrid se rió.
— Pues del fuego nací, justo como el Fénix.
Todos rieron, pero Shion apenas la escuchó. Desde hace rato que estaba pensando en todo lo que le estaba ocurriendo últimamente. Astrid era una mujer muy complicada; no tenía un pasado muy bonito, guardaba un demonio en su interior y vivía acomplejada por ello. El ariano sabía que sentir lo que sentía por ella le traería muchos problemas, no solamente por lo que Astrid era, sino que a él mismo. También sabía que le traería problemas con su raza, unos muy graves. Sin embargo, aun sabiendo todo eso... su corazón le decía otra cosa. Y el que fuera, en cierta forma, algo "prohibido", le daba un toque mucho más interesante.
Hubo un momento en el que cruzaron sus miradas. Astrid le sonrió tímidamente y alzó su vaso con sake en su dirección, para luego beber sin dejar de mirarlo. Shion sintió su cara arder ante aquella mirada, e imitó su gesto para taparlo. Durante toda la cena se mantuvo pensando, evaluando los pros y contras...
Hasta que tomó una decisión.
