Capítulo 12
Las horas habían pasado y ningunos de los tres se percataba del reloj, ya había anochecido desde hace mucho y ellos disfrutando, platicaban sus relatos, historias o anécdotas, era una buena forma de conocerse mejor.
- ¡Capitán!, no pudo haber hecho eso-
-Lo hice, y le dije que no volviera a mentir, siempre reconozco un buen licor-
-Típico de usted-
- ¡Disculpa!, un marinero mentiroso merece eso y más, jovencita-
Haddock había contado su historia sobre cómo uno de sus hombres había mentido sobre un licor antiguo, fue tanto el engaño que el capitán descubrió una etiqueta falsa, en realidad había estado tomando jugo de uva, enfurecido remató y lo despidió, Tintin creía que su actitud fue algo impulsiva, pero ya conociéndolo no le sorprendía.
Elizabeth observó la hora, ya era tiempo de partir.
-Bueno caballeros, fue una charla muy larga, creo que ahora si es tiempo de despedirme-
- ¿Tan pronto?, si apenas comenzamos- claramente Haddock ya estaba algo tomado.
- ¿Quiere que la acompañe? -
-Pero Haddock…
-No se preocupen yo me encargo del señor Haddock, Tintin, Elizabeth, fue un placer que estuvieran aquí-
-Muchas gracias por todo-
Se despidieron y salieron del castillo, el mayordomo llevaba cargando al capitán, por fortuna aún existía una cama… no tan roía por los animales, estable, un poco polvorienta, pero nada más.
Tintin y Elizabeth ya estaban dentro del auto, el joven omitió el tiempo dentro del castillo, había sido un buen rato en compañía de ambos, estaba contento en cómo finalizaba el día.
- ¿Va a algún lugar en específico? -
-El Hotel Paul Rubbens-
-Enseguida- prendió el auto y la noche los llevó por las calles de Bélgica, la poca luz iluminaba el frío camino, Elizabeth disfrutaba del trayecto, casi al minuto que subían al auto comenzaron a charlar, una tranquila plática entre los dos, fue poco el tiempo que sintieron, el trayecto al destino tuvo fin.
-Bonito hotel-
-Se sorprendería si le digo que lo encontré de último minuto-
-Sólo un poco-
Ambos rieron.
-Bueno, espero tenga una linda noche, Tintin-
-Igualmente- decía de forma cálida.
Milú ladró en forma de respuesta; no pasó mucho cuando ella ya estaba en su habitación, exhaló de forma satisfactoria y se quitó sus zapatos, por fin, hace mucho que no veía una cama y sin dudarlo se tiró sobre ella, cerró sus ojos unos momentos y de nuevo… esa tonta sonrisa la atrapó
Ya era la hora de subir al tren, Elizabeth entregó su boleto, la revisaron e informaron que todo estaba bien, así el encargado avanzó con los demás transeúntes, ella aprovechó en guardar un lugar para ella y sus cosas, era bueno saber que aún contaba con algunos minutos para intercambiar las últimas palabras con sus dos amigos, por lo menos en ese día.
Bajó un momento y divisó sus siluetas, Siguen aquí, Elizabeth llamó su atención y los dos caballeros vieron su mano alzada, Milú corrió deprisa saludándola, ella con sus dos manos acariciaba al animal, enseguida el capitán y Tintin se encontraban frente a ella.
- ¿Enserio se va tan de pronto? - parecía un poco desilusionado Haddock.
-Sí capitán, ya he estado fuera de mi puesto por muchos días, mi jefe se preguntará en dónde estaba, y debo informales sobre el agente Barnaby…- hizo pausa- yo creo… que lo más seguro es que ya sepan-
Haddock y Tintin asintieron, calmaron a la chica y ella agradeció.
-Supongo que tienes mucho por contar-
- ¡Oigan miren una tienda de licores!, veré qué pasa- Haddock de forma extraña se apartó de ellos y de un empujón, junto al joven con ella.
Nervioso, Tintin, no supo qué hacer, Sólo relájate, respiró hondo y se calmó, o eso creyó.
La chica estaba sonriendo y eso le parecía adorable, nunca se había sentido así, fue entonces cuando ella comenzó la charla.
-Yo creo que sí tengo mucho de qué hablar, gracias por…
Fue interrumpida por un ligero y cálido beso en su mejilla, Elizabeth estaba muy sorprendida, se quedó callada un momento; ambos se contemplaban gentilmente, sin dudarlo ninguno de ellos sabía lo que pasaba, excepto Haddock, pensaba que aquellos chicos estaban "trasroscados", no pudo reír para sí.
Haaa… el amor joven
- ¿La volveré a ver? – replicó el reportero.
Elizabeth sonrió con calidez, estaba alegre que él preguntara eso, estaba segura que sus caminos se encontrarían de nuevo, en su mirada lo veía, sólo que desconocían cuándo esos caminos los mantendrían juntos.
-Lo más seguro es que nos volvamos a ver-
- ¿Cuándo? -
-No estoy segura-
El tren estaba a punto de salir, muchas de las personas se acomodaban en sus asientos, Elizabeth sabía que tenía poco tiempo de estar con él, sin darse cuenta sus propios impulsos, la llevaron a rodear sus hombros, quedando juntos en un abrazo.
-Aún no sabemos, pero tenga seguro que será muy pronto- Elizabeth abrazaba con fuerza al joven, y él correspondía el abrazo. No muy lejos el capitán los observaba y tampoco pudo evitar unírseles, ahora los tres se despedían de verdad. El silbato del tren les informaba que fueran despegándose, Elizabeth no pudo evitar sentirse triste, era cierto que era una persona sentimental, pero… muchas veces nos encariñamos con las personas correctas en pocos días, y sin saberlo ella lo había sentido de esa forma. Una pequeña lágrima salió y los dos hombres movían sus manos despidiéndose, ella respondió igual.
¡No!
Esa voz otra vez aparecía de la nada, Elizabeth la había escuchado en su mente los últimos días al final de esta gran aventura, por fin algo se le revelaba, estaba segura de no irse, no quería, necesitaba estar más días en aquel lugar, era un no sé qué que la empujaba a hacer lo que en verdad deseaba. Así decidida tomó sus cosas, la presión del corazón le dictaba cómo hacer las cosas y así lo fue haciendo, primero alzó la voz a la persona encargada de comunicar la llegada o final del trayecto, le llamó su atención.
-Señorita estamos a punto de partir, por favor vuelva a su asiento-
¡No!
-Necesito bajar pronto- su voz reflejaba la adrenalina en sus venas, recorriendo cada rincón de ella. El mismo guardia le insistió con la frase reproducida, testaruda no tomó en cuenta lo que decía y llegó nuevamente a la puerta de abordaje, sintió un tirón de la máquina moviéndose; era ahora o nunca, y saltó.
Tuvo suerte que aquel tren fuera despacio o hubiera caído. Ya con los pies bien puestos, comenzó a correr frenéticamente, había perdido de vista a sus dos amigos, por lo tanto, debía actuar con rapidez, pero el poco flujo de gente pasando le impedía observar adecuadamente, empujando y desesperada se abrió paso.
Tintin y Haddock ya estaban saliendo de la estación, ambos estaban un poco desanimados, era cierto que cuando un amigo se tiene que ir esa sensación de añoranza se queda en el interior, más aún cuando sabemos que esa persona sorpresivamente te toca el corazón en tan pocos días.
Elizabeth con apuros y dificultad, pronto, divisó a sus dos caballeros y de inmediato empujaba y apartaba a un lado a las personas cruzadas en su camino, sin notar su propia velocidad, tocó el hombro del muchacho.
Tintin sintió una pequeña mano en su hombro, y sin saberlo, se giró a esa persona…
- ¡Elizabeth!, ¿qué haces aquí?, tu tren…
-Ya, creo que me quedaré unos días más, necesitaré un buen descanso, espero que sean mis guías en esta enorme ciudad-
- ¡Pero claro que sí!, niña si el joven se atonta yo te guio por todo el barrio- Guiñó el ojo el Capitán, a lo que Elizabeth se sonrojó y soltó unas risitas.
- ¡Capitán! - sonrojado exclamó.
-Ya, ya, lo haremos los dos, Eli-
- ¿Por qué regresaste? -
-Tintin, Haddock, algo me decía que me quedara, por lo menos unos días más, espero haber hecho una buena elección y no una tontería-
- ¿Y tu trabajo?, no crees que te digan algo…
-Hablaré con mi jefe, seguro comprenderá, no se me haría raro si ya se enterara pronto por la baja…
-Comprendemos-
-Ya, bueno, el chico y yo estamos felices de verte de nuevo, más él, pero ya sabes-
El chico reclamó la "acusación" de Haddock, de inmediato comenzaron a charlar, Elizabeth volvió hacia atrás, y observó alejarse aquel tren, estaba segura que había hecho lo correcto, por lo menos en esos instantes, de nuevo puso su mirada en sus dos nuevos amigos, sonrió y se alegró mucho de poder estar más un rato con ellos…
Ahora más que nunca, daba gracias a sus impulsos
La habían guiado a una gran aventura y al conocer a este joven aventurero con su perro
Y aquel alcohólico capitán
Suspiró…
Y tan pronto como exhaló, los tres aventureros salieron de la estación, aún era un misterio saber a dónde iban, pero, ¿qué importaba?, pronto el destino los guiaría a su destino.
A un destino de aventuras.
Fin
