Okay, aquí estoy de nuevo con ustedes trayéndoles un nuevo capítulo recién salido del horno… Sé que suelo tardarme mucho en actualizar pero créanme que no es mi culpa, ¡es la escuela! XD

En fin… espero que disfruten el capítulo y… Nos leemos al final


Disclaimer: How To Train Your Dragon no me pertenece, obviamente. Es propiedad de Dreamworks Animation SKG y Cressida Cowell.

Nota: Este fic participa en el reto anual "Vikingos sobre la espalda de dragones" del foro "Academia de dragones". Así mismo es continuación de los shot's escritos por esta servidora: La Ultima Del Clan y El Heredero De Un Reino Caído, así que, si no los han leído, los invito a hacerlo ya que ahí es donde comienza la historia ;)

Palabras: 3, 469


CAPITULO 11

La tormenta había durado dos días, en los cuales el grupo permaneció en encierro total hasta que el clima mejoró tras terminar la tormenta.

Esos dos días habían sido realmente difíciles para todos, por un lado los gemelos no habían dejado de moverse de un lado a otro, gastándole bromas al resto como excusa de su "aburrimiento"; y por el otro, tenemos a Hipo y Astrid, que, junto a Patapez, se preocupaban por el insoportable dolor que sufría el primero a causa del intenso clima.

Por fortuna ya todo había terminado. El sol había comenzado a calentar nuevamente, derritiendo poco a poco la nieve y el hielo que la terrible tormenta había dejado tras su paso; el cielo ya se encontraba despejado, sin un indicio de nubes cerca y el viento frio había dejado de soplar, desapareciendo casi por completo. Sí, definitivamente ya podían respirar con tranquilidad y salir de su encierro.

Y tal y como lo habían acordado, era momento de que Hipo y Patapez partieran para cumplir con su tarea de conseguir el material necesario para crear las nuevas bombas; algo de lo que aun Astrid no estaba muy convencida de permitir. Pudo haber insistido en ir con ellos, pero no lo hizo, no solo por el hecho de que Hipo le explicaría una y mil veces que si lo hacía los gemelos se quedarían solos y ocasionarían problemas, sino también porque era así como demostraría que realmente confiaba en sus capacidades y también en Patapez.

Fue por eso que aceptó, a regañadientes, todas las condiciones de Hipo; aunque claro, ella también aportó algunas, como el ocultar entre sus ropas la Ninjatō que meses atrás ella le había dado y el estar de vuelta para el amanecer del día siguiente o ella personalmente iría a traerlos a rastras de ser necesario; condiciones que él también tuvo que aceptar, por su propia seguridad…

—Prométeme que tendrán cuidado—Pidió con ojos suplicantes.

—Lo prometo—Sonrío él como respuesta antes de subir al lomo del caballo negro y partir junto a su amigo regordete ante la mirada poco tranquila de la rubia y los gemelos.

—Sigo sin entender por qué ellos van y nosotros no—Comentó después de un rato en silencio la gemela.

—Eso es porque ustedes siempre nos atrasan—Respondió Astrid dando media vuelta para comenzar a alejarse de ambos.

—Hermano necesitamos conseguirnos un caballo—Dijo Brutilda con ilusión al entender el porqué de la respuesta de Astrid.

—Si—Murmuró Brutacio de igual forma—. O mejor un dragón—Mencionó con entusiasmo siendo reprendido por su gemela.

— ¡Idiota!—Le regañó después de golpearlo—. Los dragones no existen.

— ¿Quién lo dice? —Respondió él mientras sobaba la zona afectada.

—Lo digo yo—Respondió ella desafiante.

— ¿Y quién eres tú para decirlo?—Continuó él provocando una mirada furiosa en su hermana y obteniendo un nuevo y más fuerte golpe comenzando así una nueva pelea entre ambos.

*O*O*O*

—Me sorprende que nos dejara venir solos—Mencionó el rubio tras un par de minutos en silencio—. Suele preocuparse demasiado, en especial por ti—Comentó esto último para sorpresa del castaño.

—Ah, sí, bueno—Balbuceó—. Fue entrenada para proteger a los demás, se podría decir que es su instinto el ser tan sobreprotectora.

—En especial por ti—Volvió a decir—. Y bueno, no me sorprende, se conocen desde hace más tiempo.

—Solo un par de meses más que tú, Patapez—Se excusó—. Además, los gemelos ya la conocían desde un poco más antes.

—Pero no de la misma forma que tú—Mencionó—. Tú eres quien mejor la conoce—Dijo provocando un sonrojo en su amigo que, por fortuna, fue ocultado por la capucha que ambos portaban desde que salieron de la fortaleza—. A veces pienso que ella aun no confía en mí—Confesó con pesar.

—Claro que confía en ti, Patapez—Consoló recuperando el control de sus pensamientos—; de no ser así jamás te habría permitido conocer la Fortaleza Burglar, y va lo mismo para los gemelos.

— ¿Estás seguro?—Preguntó aun sin creerle.

—Por supuesto—Afirmó—. Ahora vamos, hay que continuar.

Y tras decir esto último ambos hicieron a sus caballos avanzar con más rapidez. El viaje sería largo.

.

.

.

—Luces preocupada—Mencionó de repente asustando a la pelirroja.

—Ah solo eres tú—Dijo con cierta tranquilidad al ver a Edzard llegar hasta ella—. ¿Qué es lo que quieres?

—Solo quería saber qué te ocurre—Se excusó tomando asiento junto a ella bajo el mástil del barco.

—Como si te importara—Murmuró con molestia antes de levantarse del lugar. No quería estar cerca de él, seguía molesta por lo de la última vez, y de eso ya habían pasado varios días.

— ¿Cuánto tiempo más vas a seguir evitándome?—Exclamó cansado levantándose justo a tiempo para sujetarle del brazo y así evitar que esta se marchara.

—El tiempo que sea suficiente—Respondió fríamente liberándose de su agarre.

—Kaira—Suplicó—… Lo siento, de acuerdo, ¡cometí un error!—Exclamó exasperado esperando que ella lo perdonara.

—Solo te lo voy a decir una vez—Siseó con ira y seriedad nunca antes vista en ella—: No soy ninguna mujerzuela a la que puedes tratar como te plazca y fingir que no fue nada. Así que NO me vuelvas a tocar, ¿entendiste?

Un leve asentimiento por parte del varón fue suficiente para terminar con esa conversación permitiéndole así alejarse al fin de él, perdiéndose de su vista al entrar a su camarote.

—Soy un idiota—Susurró tras un agotado suspiro y tenía razón.

*O*O*O*

—Es un idiota—Gruñó dejándose caer en la cama.

Gracias a él ahora estaría de mal humor todo el día. ¿Cómo se suponía que trazaría sus planes si estaba de mal humor?

La carta que envió con Johan ya debía estar en estos momentos en manos de Patapez, y por ende, en las manos de Hipo; el tiempo se les agotaba y si no actuaban rápido perderían su oportunidad de darle un golpe fuerte a Drago. Y siendo ella la que más conocimientos sobre estrategias tenía (además de ser la líder) era su deber trazar los planes de ataque, ¡¿pero cómo si estaba de mal humor?!

Con fastidio se levantó de la cama, dirigiéndose hacia el pequeño escritorio lleno de pergaminos que había en un rincón de la pequeña habitación. Si no lo intentaba jamás tendría el plan de ataque, y debía de tenerlo pronto pues lo necesitarían…

.

.

.

—Ahí está—Exclamó alegre al ver el pequeño barco aun en el muelle.

—Excelente—Celebró Hipo observando lo mismo que su amigo—. Vamos—Indicó bajando de la montura de Chimuelo siendo seguido por Patapez que tomó ambas riendas y las sujetó a un pequeño cerco en la entrada del pueblo pesquero.

Una vez asegurados los caballos comenzaron a avanzar por la calle principal hasta el puerto donde el barco del mercader Johan aún seguía anclado.

—Todos nos observan—Se quejó nervioso el rubio sujetándose de la capucha con la cual cubría su rostro.

—Tal vez sea porque somos los únicos con capuchas—Comentó Hipo sin darle mucha importancia—. Relájate Patapez, no debemos llamar la atención.

—Creo que eso ya lo hicimos—Mencionó nervioso al sentir todas las miradas sobre él.

—Solo son aldeanos, no te harán nada—Tranquilizó el castaño—. Ven, apresúrate, se nos hará tarde—Dijo apresurando el paso hasta llegar al tan ansiado barco.

Este se mecía levemente con el vaivén de las olas que golpeaban el pequeño muelle. No era un barco muy grande ni lujoso, solo un pequeño galeón lleno de barriles, cestas y cajas de madera con productos y chucherías que los aldeanos gustosos iban a comprar o intercambiar.

—Lo siento amigos, estoy por irme, tendrán que volver la próxima vez—Les dijo un hombre de cabello y barba negra salpicada de blanco con un particular acento desde la cubierta del barco.

—Bueno, ya lo escuchaste Patapez, vámonos—Dijo con fingido desanimo.

—Esperen—Les detuvo de su marcha al reconocer la voz de quien habló—. Ya me retrasé dos días, un par de minutos más no me afectarán—Y con esto los invitó a entrar a su barco.

En silencio lo siguieron hasta la bodega del pequeño galeón, en donde toda (o la mayor parte) de su mercancía era guardada y protegida durante sus viajes.

—Es bueno verlo con vida, señor Hipo—Dijo el hombre una vez se hubo asegurado de que nadie los escucharía.

—Lo mismo digo, Johan—Respondió el castaño deshaciéndose de la capucha que cubría su rostro al igual que Patapez.

—Lamento mucho lo que pasó con su padre—Mencionó con pesar—. Era un gran rey.

—El mejor que Berk había conocido—Recordó con nostalgia Hipo.

—Pero estoy seguro de que usted será igual o mejor que él—Dijo el mercader tratando de animarlo.

—Eso aún no lo sabemos—Suspiró el aludido.

— ¿Y si mejor comenzamos a buscar por lo que venimos?—Mencionó de repente Patapez sintiéndose incomodo por la conversación en la cual no formaba parte.

—Claro—Exclamó Johan con ánimo, con él era muy fácil perderse en una larga (y aburrida) conversación—, ¿qué es lo que buscan exactamente?

—Primero que nada, necesitamos más hojas de pergamino—Comenzó a enumerar el rubio.

— ¿Qué más?—Preguntó tras entregar un rollo de hojas en las manos del rubio.

—Lo más importante—Comenzó Hipo—, ¿tienes fuegos artificiales?

—Lamento decirle, señor Hipo, que ya no los tengo—Se disculpó Johan con pesar—. Los hombres de Drago me los confiscaron todos, una de las condiciones para seguir atracando en el puerto de Berk, y ya no en el principal, es no traer ningún tipo de arma que los aldeanos puedan comprar.

— ¿Y ahora qué vamos a hacer, Hipo?—Cuestionó Patapez con cierta preocupación—. Necesitamos los fuegos artificiales para obtener la pólvora, ¿cómo harás las bombas sin eso?—Decía entrando en su común estado de pánico.

—Si de pólvora se trata—Comenzó a decir con calma Johan—, tengo algo que les servirá…

Y tras decir esto último retiró un par de tablas del suelo de madera, dejando al descubierto un pequeño espacio en el cual un pequeño cofre había permanecido oculto hasta ese momento.

— ¿Qué es eso?—Preguntó un curioso Patapez al ver lo que Johan había sacado del cofre: Un extraño cuerno con curioso grabado en un costado y una correa en un extremo.

—Es una polvorera—Explicó el hombre retirando la tapa del objeto para mostrar su contenido: pólvora—. Lo conseguí con unos hombres fuera del archipiélago, una historia muy curiosa porque…

— ¡Lo llevo!—Dijo Hipo con rapidez para interrumpir su nuevo relato—. ¿Cuánto va a ser?—Preguntó igual de rápido tomando el objeto que el mercader le ofrecía.

—No es nada—Respondió con amabilidad—. El único pago que necesito es el saber que he contribuido a su causa para derrocar a Drago—Explicó.

—Pues, muchas gracias—Sonrió no muy convencido comenzando a guardar todo en una bolsa de cuero—. Será mejor irnos ya, Patapez, se hace tarde.

—Espere, señor Patapez, tengo algo para usted—Le dijo llamando su atención.

—Te esperaré afuera—Indicó Hipo tras entender que necesitarían privacidad, ya le contaría su amigo el porqué.

—Señor Hipo, para usted también tengo algo—Interrumpió su partida sacando un frasco de porcelana de uno de sus baúles—. Tinta de calamar, sé lo mucho que le gusta y esta, en particular, la obtuve cuando…

— ¡Gracias Johan, eres el mejor!—Lo detuvo tomando el frasco, lo que menos quería es escuchar una más de sus historias—. Te esperaré afuera, Patapez—Y con esto último salió rápidamente del lugar.

—Entonces—Comenzó a decir el rubio tras un momento en silencio—, ¿qué es lo que me tiene?

—Esto—Respondió el mercader entregándole un pergamino envuelto en una cubierta de cuero para protegerlo de la humedad—. Es una carta de Lady Kaira—Explicó—, al parecer obtuvo información importante, de eso hará ya una semana, pero…

—Al punto, Johan, por favor—Pidió desesperado por la calma de Johan para contar las cosas.

—El punto es que me pidió que te lo entregara y me dijo que lo leyeras una vez que estuvieras en un lugar seguro—Explicó—. Lo que sea que esté escrito ahí debe ser realmente muy importante como para que se tome tantas molestias.

—Gracias Johan, nos has ayudado mucho—Dijo Patapez guardando el pergamino entre sus ropas.

—Es un placer—Se excusó él—. Será mejor que ya se vayan, no queremos llamar la atención.

—Tiene razón—Concordó el chico—. De nuevo gracias.

Dicho esto último, salió del pequeño barco para encontrarse con su amigo en el muelle, partiendo así juntos no sin antes escuchar un "fue un placer hacer negocios con ustedes" proveniente del simpático mercader.

Y durante los siguientes minutos ninguno dijo nada, solo tomaron a sus caballos, los montaron y partieron de la pequeña aldea perdiéndose en la lejanía y sumiéndose en el silencio.

— ¿No me dirás qué fue lo que te dijo?—Preguntó Hipo al fin rompiendo con el silencio.

—Me dio una carta—Contestó con simpleza Patapez.

— ¿De tus amigos?—Quiso saber y el rubio solo asintió—. ¿Y qué decía?

—No lo sé—Se encogió de hombros—, las ordenes eran no leerla hasta que estuviera en un lugar seguro.

—Bueno—Comenzó a decir—, la leerás cuando lleguemos a la fortaleza y, entonces, quizá nos puedas decir de qué se trata. Para tener tales órdenes debe ser algo muy importante.

—Opino lo mismo—Comentó—. Aunque creo que sería mejor si la leemos todos juntos—Dijo nervioso jugando con las riendas de su yegua.

— ¿Seguro?—Cuestionó Hipo curioso.

—Creo que es momento de dejar de ser tan misterioso—Confesó Patapez—, es decir, si quiero que confíen en mí, debo confiar yo en ustedes.

—Me alegra escucharte decir eso—Sonrió Hipo con sinceridad—. Vamos, la noche está por caer y si no volvemos para el amanecer Astrid nos matará—Apremió, pidiéndole a Chimuelo ir más rápido siendo seguido por el rubio y su yegua.

.

.

.

— ¡Preparen todo para partir!—Gritó Kaira saliendo de pronto de su camarote obligando a todos a detener lo que estuvieran haciendo.

— ¿A dónde?—Preguntó Edzard confundido siendo ignorado por ella—. ¿Acaso ya tienes un plan? ¡Respóndeme Kaira!—Exigió cansado de esa situación.

— ¡Sí!—Le respondió ella molesta—. Ya tengo un plan y por eso hay que partir—Explicó con más calma teniendo la atención de toda la tripulación sobre ella—. Drago no nos verá venir…

.

.

.

Tal y como lo habían acordado, cuando el amanecer llegó al pequeño valle en el cual se ocultaba la Fortaleza Burglar, Hipo y Patapez también lo hicieron.

Frente a las grandes puertas de madera que resguardaban el lugar junto con los imponentes muros de roca, se encontraban Astrid y los gemelos esperando por la llegada de sus amigos.

Tras escuchar los leves golpes en la madera se apresuraron a abrirlas permitiéndole así la entrada a quienes se encontraban afuera.

No estaba de más decir que el verlos ahí, sanos y salvos fue una gran alegría y tranquilidad para Astrid, quien durante el día anterior se había mantenido alerta y preocupada en todo momento, discutiendo mentalmente consigo misma si era correcto ir o no tras ellos. Y mentiría si les decía que no estuvo a punto de marcharse para buscarlos en varias ocasiones, siendo detenida por las incesantes burlas de los gemelos que le decían lo sobreprotectora que era para con el castaño y lo mucho que esta lo quería aunque lo negara. También mentiría si les decía que no los golpeo en todas y cada una de las veces que el par de hermanos se burló de ella.

Pero en fin, lo importante ahora es que ambos habían vuelto, aparentemente con todo lo que habían ido a buscar, y sin correr ni un solo peligro; tal y como se lo había prometido el castaño.

— ¿Trajiste lo de las bombas?—Atacaron rápidamente los gemelos ansiosos por saber la respuesta.

—Sí, lo hice—Respondió con tranquilidad Hipo esperando a que los hermanos se apartaran y le dejaran bajarse de Chimuelo—, pero no tendrán nada si no dejan de molestar—Indicó con severidad sonriendo para sus adentros cuando vio a ambos chicos alejarse rápidamente permitiéndole así bajar al fin de la molesta montura.

— ¿Todo fue bien?—Preguntó ahora Astrid ayudándolo a quitar la montura del lomo del caballo para que pudiera irse a descansar.

—Sí, todo bien—Respondió el castaño tomando la bolsa en la cual traían las cosas conseguidas con Johan—. Patapez tiene una carta con información aparentemente muy importante—Explicó.

Las miradas de todos se desviaron al regordete rubio que, hasta ese momento, había permanecido ajeno a la conversación concentrándose únicamente en acariciar a su yegua.

— ¿Y qué dice?—Cuestionó Astrid.

—No lo sabemos—Dijo Patapez—. Las órdenes eran leerla cuando estuviéramos en un lugar seguro.

—Pues este es un lugar seguro—Comentó Astrid con seriedad—. ¿Qué esperas para leerla?

—Tranquila Astrid—Calmó Hipo posando ambas manos en los hombros de la chica—. Eso es justo lo que vamos a hacer, ¿verdad Patapez?

—S-sí—Afirmó nervioso por la mirada de la chica—. ¿Les parece si vamos adentro?—Sugirió, mostrando el rollo que había mantenido oculto entre sus ropas y señalando con este el interior del recinto Burglar.

—Vamos—Invitó Hipo tomando a Astrid de la mano para que lo siguiera pues no parecía querer moverse.

Una vez instalados en el pequeño salón principal del recinto, ubicándose todos en tapetes y cojines que había en el lugar, Patapez procedió a desenrollar el pergamino comenzando a leer en voz alta lo que este contenía.

Y ante las miradas expectantes e incrédulas de sus compañeros, leyó hasta la última palabra, llegando junto a ellos a la misma conclusión: Tenían el camino libre…

.

.

.

Lejos de donde ocurre nuestra historia, en un reino diferente y no tan lejano, un joven pelirrojo se paseaba por el salón del trono que ocupaba lugar en el inmenso castillo. Un salón cuyo suelo de mármol reluciente reflejaba su figura al andar por este; sus paredes recubiertas por estandartes con el emblema del reino: un dragón con púas en la espalda en posición perfilada; y armaduras relucientes acomodadas en toda la extensión del lugar, así como armas de todo tipo.

El lugar era iluminado tan solo por la tenue luz de las velas de un gran candelabro dorado que colgaba del techo.

Se encontraba solo, pensando en todas sus posibilidades al ser ahora el rey, en sus planes a futuro y en lo que haría con la reciente alianza firmada con el "nuevo" reino.

— ¿No deberías de estar en una reunión?—Le interrogó una voz femenina entrando al inmenso salón.

Esta voz pertenecía a una chica de cabellos largos azabaches recogidos en una trenza que había llegado al lugar plantándose frente al joven rey, fijando sus demandantes ojos verdes en él a espera de escuchar su nueva excusa.

—La cancelé—Se encogió de hombros sin darle importancia al asunto—, no tenía ganas de hablar con todos esos ancianos quejumbrosos.

—Es la segunda vez que lo haces, no puedes seguir así—Le regañó—. Nuestro padre…

— ¡Él ya no está aquí!—Le detuvo molesto—. Ahora yo soy el rey, y se hace lo que yo diga—Demandó.

—Claro—Murmuró ella—. ¿Fue por eso que aceptaste la alianza con Drago? ¿Solo por querer imponer tus ordenes ante todos?—Cuestionó en el mismo tono que él.

— ¡Claro que no!—Negó fingiendo estar ofendido—. Lo hice por lo que podemos obtener de él, querida hermana—Una sonrisa sádica apareciendo en su rostro.

— ¿Qué planeas?—Preguntó temerosa por lo que la locura de su hermano podía llegar a ocasionar.

—Solo veo hacia el futuro—Se excusó—, ¿tiene algo de malo acaso?

—Viniendo de ti, sí.

—Qué poca confianza me tienes—Dijo ofendido recibiendo una mirada de reproche por parte de la menor—. Está bien—Se rindió—, te contaré mi plan, ¡pero si dices algo de esto a alguien estarás en problemas!

— ¿A quién podría decírselo, Dagur? Sabes que solo te tengo a ti—Se defendió con una sonrisa sincera.

—La familia es primero—Recitó con solemnidad paseándose alrededor de su hermana con tranquilidad, para después continuar con su explicación—. Aliarnos con Drago nos traerá beneficios; no era buena idea tenerlos como enemigos, no si son el reino más fuerte del momento.

— ¿Del momento?—Repitió ella confundida.

—Sí, porque cuando terminemos con ellos el único que será conocido como el reino más fuerte será Berserk, ¡Y NADA NOS DETENDRÁ!—Exclamó con entusiasmo alzándola en un fuerte abrazo zarandeándola conforme decía tales palabras.


Dato histórico:

Los fuegos artificiales: se originaron en China hace 2,000 años. Algunas fuentes dicen que el descubrimiento ocurrió hace 2,000 años y otros en el siglo IX (nueve) durante la dinastía Son (960-1279) aunque esto puede ser la confusión que ocurre entre el descubrimiento de la pólvora y la invención de los fuegos artificiales.

Polvorera: existen muchos tipos pero esta, en particular, está hecha de un cuerno de vaca grabado, este estilo de polvorera es el Escocés (siglo XVIII) *En mi página dejaré una imagen para que sepan como es*


Y eso es todo…

La verdad lo he sentido muy ligero, pero no sé, ustedes júzguenlo. De lo que si pueden estar seguros es de que el siguiente será mejor que este, MUCHO MEJOR…

Y, pues no puedo dejar pasar la oportunidad así que, me atreveré a preguntarles: ¿Qué creen que harán Hipo y los demás después de leer la carta? ¿Cuál será el plan de Kaira? Y ¿Qué planea exactamente Dagur?

Todo esto y más lo sabremos muy pronto XD pero por ahora, responderé a sus Reviews…

Sebas GG: Kaira es buena, aunque no lo demuestra mucho, así que no la odies…tanto :P me alegra que te siga gustando la historia :D

Naviitho: Kaira lo ha puesto en su lugar jeje, y ten por seguro que no será la última vez… El suspenso, emm… irá siendo mayor poco a poco ;) me alegra que la historia te siga gustando, gracias por leer :D

KatnissSakura: No revelaré nada de Patán, no me vas a convencer jeje, mejor te dejo con la duda. Ya pronto sabrás que pasará con ese patán XD El Hiccstrid irá avanzando poco a poco, estos dos son material muy jugoso XD y Thorey, uff… lo he dicho antes y lo seguiré diciendo, ella aun estando muerta tiene mucho que dar. Gracias por leer, me alegra que la historia te siga gustando.

Jaguar Negro: Primero que nada y como siempre, me alegra que te haya gustado, y, en segundo lugar… La conversación de siempre: Thorey. Es cierto que al principio del shot como que se mostró muy comprensiva, pero fue en el momento, recuerda que pasaron muchas cosas. Hasta Thorey sabe cuándo debe ser amable y cuando no. Además, hay que tomar en cuenta que lo dicho por Astrid fue exactamente eso, fue su perspectiva de como sentía ella en un principio la actitud de Thorey para con ella… Y aunque al principio se vio muy amable y "cariñosa", recuerda que aún hay cosas que no se han dicho… Y no diré nada más porque sería darte alas para crear teorías sobre el spin-off. Pasando al Hiccstrid, es inevitable enternecerse por esos dos, como dije arriba son un gran material que no puedo evitar explotar XD poco a poco irán avanzando… Y Kaira, ¡rayos! Igual lo he dicho antes, ella también tiene mucho que dar… Pero ¿qué esconde? Ya lo iremos descubriendo. Me alegra que te gustara el capítulo, espero que este también te haya gustado y no envíes a tus dragones a comerme.

Ana-Gami: Me alegra que te haya gustado el capítulo y que los avances se entendieran. Espero que este capítulo igual haya sido de tu agrado.

A todos los que leyeron hoy… GRACIAS