Capítulo Doce: Parejas de Baile

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Sábado, Primero de Octubre... Harry estaba con los ojos abiertos mirando el techo de su nuevo cuarto en Slytherin, desparramado en su cama. Ni Sirius ni Miranda habían podido conseguir albañiles mágicos que hicieran trabajos muggles a la par. Sus cosas todavía estaban en el vacío estómago del monstruo que aún estaban investigando en los calabozos, los inefables, por lo tanto, no tenía ni sus objetos personales ni su cuarto usual. Le daba miedo el hecho de que estaba considerándose demasiado confortable en Slytherin. Aquel era su elemento y nadie le molestaba por el hecho de que era Harry Potter, además, Malfoy no evitaba que se aburriera, al igual que le ayudaba, quisiera o no en sus momentos de Voldemort; demasiado feliz o molesto.

Ese sábado cumplía dos semanas de haberse mudado a Slytherin y Ron a Hupplepuff y Hermione a Ravenclaw. Aunque, Hupplepuff se había convertido en un refugio Gryffindor. A decir verdad la única persona que se quedaba voluntariamente en Slytherin y era tratado por los Slytherin Reales, como uno más de esa casa, era él. Nadie se había dado cuenta de la diferenciación del trato, pero, él sí lo había hecho.

Su amistad con Ron y Hermione se estaba volviendo semejante a la que tenía con Seamus o con Dean o hasta con Neville. Hablaban cuando podían, se saludaban cuando se encontraban, bromeaban un rato en el desayuno pero, ya no había esa relación estrecha e inseparable de hace cinco años atrás. Mione disfrutaba mucho estar en Ravenclaw, suponía que era por el hecho de no tener que cargar con ellos dos de sol a sol y estar de mandona o ayudándoles en cualquier cosa con Voldemort. Era básicamente increíble lo que hacía estar en diferentes casas. A Ronald no le había hecho demasiado bien separarse de Harry y de Hermione. Ya había fallado el primer examen que habían tenido desde que Gryffindor había sido destruido, pero, el pelirrojo parecía enteramente más feliz. Se había convertido en la 'nueva' cabeza de Gryffindor y todos los Hupplepuff le adoraban, Ronald Weasley era famoso ahora. Bien por él. Sólo le preocupaba un poco la reacción de la señora Weasley cuando llegara el primer corte de notas de ese año.

— Potter —Llamó Malfoy entrando al cuarto.

— ¿Qué? —Respondió, sentándose para verle la cara.

— Vamos a estudiar, párate de allí.

— ¡Pero! —Se quejó.

— ¡AHORA! ¿O prefieres que Pansy venga por ti?

— ¡Corro! —Si algo había aprendido en esos quince días, era que Pansy Parkinson era de temer, casi tanto o igual que Hermione.

— Señor Potter.

— Profesor Snape.

— Tenga —Le concedió el profesor de pociones, dándole su baúl en miniatura. Harry lo miró y Severus vio como la mirada del chico se iluminaba—. No se emocione. Simplemente replicamos su baúl. El director consiguió el permiso del director del Director de los inefables para replicar todas las cosas de los alumnos y los objetos valiosos que el monstruo se tragó de Gryffindor. Ahora simplemente se acabará con la criatura a penas se consiga como hacerlo. Gryffindor sigue siendo una barrera que repele la magia de cualquier tipo así que va a estar estancado por un tiempo aquí...

— Deja el baúl ahí y vamos a estudiar, antes de que Pansy aparezca. ¡Adiós Severus, estamos ocupados! —Le regañó, agarrándole por la oreja y llevándoselo lejos de del mayor.

— ¡Ay! ¡Duele!

— ¡No seas llorica, Potter! —Severus suspiró, trancando la puerta del cuarto de su ahijado que ahora tenía otro nombre tatuado en la puerta justo debajo.

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— H... hola Harry... —Le saludó una mujer interceptándoles en su camino a estudiar a la biblioteca.

— Em, Hola...

— ¡Potter no tenemos tiempo para esto, vámonos!

— ¡Espera! Sólo será un momento. Dime ¿en qué te puedo ayudar? ¿Quién eres?

— Mira, mocosa. Estamos apurados, largo... —Le espetó agarrando de nuevo a su compañero de cuarto por la oreja.

— ¡Malfoy, espérate quieres? ¿Qué pasa? —Preguntó a la mujer que miraba al suelo cohibido.

— ¡Te quiere invitar al baile, cegatón! —La joven se sonrojó aún más.

— Ah... em... bueno.

— ¿Eres retardado mental? —Cuestionó al moreno—. Y tú, eres una imbécil, no. Repito, no él no va a ir contigo, hasta donde sé no va a ir al baile, así que, ya que hemos puesto las cosas en claro, nos vamos, no quiero a Pansy, dándonos la tabarra.

— Lo siento —Se disculpó mientras se alejaba—. No voy a ir a baile. ¡Tienes que dejar de ser tan cruel! —Le retó molesto—. Y yo podía responder por mí mismo.

— Y hubieses balbuceado cualquier cosa menos una respuesta... ya te la quité de encima ¿no? ¡Sé agradecido!

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— ¡Rem! —Llamó Sirius llegando.

— Dime Sirius, estoy aquí —Le gritó el lupino.

— ¡Hola! —Exclamó feliz de la vida, lanzándosele encima.

— Hola, Sirius, placer verte, ahora, bájate de encima que pesas.

— ¿Esto es tuyo? —Preguntó curioso, mostrándole a Remus una pulsera de oro blanco con una luna de dije. El de ojos dorados se quedó en blanco. ¿Cómo había llegado eso allí?— No sabía que se gustara este tipo de cosas...

— Sí, bueno ¡no! —El animago alzó una ceja, mirándole confundido—. Sí, dame. ¡Gracias! Pensé que lo había perdido. Je, je...

— ¿Es un regalo? —Investigó suspicaz.

— ¡No! Me lo encontré ayer e iba a dejarlo en los objetos perdidos cuando pensé que lo volví a perder, ¡que tonto soy!

— Ajá... y Miranda y yo nos vamos a casar mañana...

— Bueno, muchísimas felicidades por haber solventado todas sus diferencias. ¿Quieres que le diga a Harry?

—Remus, eres tan pésimo mentiroso como James y Harry. Aunque debo darte algo de crédito... tú no te dejas evidenciar tan rápido.

— Déjalo así —Masculló, guardando la pieza en el bolsillo.

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— No me digas que otra vez te está doliendo la cicatriz... —Pidió el rubio, con voz cansada, sentándose en la cama y encendiendo una de las luces del cuarto. Harry gimoteaba en silencio, presionándose la cabeza. El rubio se levantó y le quitó la mano de la frente, estaba completamente roja—. Levántate Potter. No quiero que los elfos empiecen con la preguntadera por las sábanas manchadas de sangre.

Dejó que el moreno se apoyara en él, Mientras le sostenía la mano la mano llena de sangre, para evitar que siguiera maltratándose la herida. Pronunció el conjuro que encendía la luz del baño, que era como una especie de bombillo pero, la diferencia es que era un cristal mágico que se alimentaba de la magia y brillaba. Le lavó la herida, escuchando como Potter trababa sin poder lograrlo, dejar de llorar. Lo sentó en la cama, luego de salir del baño, sacó uno de los apósitos plásticos que le había robado a Severus hacía unos días y se lo estampó en la frente. Aquellas gasas plásticas absorbían eternamente, evitando manchar cualquiera otra superficie.

— ¿No puedes hacer algo contra eso? —Le preguntó cansando. Harry negó volviendo a llorar sintiendo que otra tanda de sangre se avenía. Draco observó como el apósito volvía a mancharse de rojo, desapareciendo, casi inmediatamente—. No te lo toques... —Le regañó, bajándole la mano.

— Duele... —Gimió tratando de liberarse del agarre.

— Lo sé... una herida no puede sangrar así y no doler —El ojigris se volvió a levantar y buscó algo en su closet, volviendo a la cama—. Sólo por hoy Potter. Es una poción analgésica. Debería dejarte dormir. Es mejor que el Tylenol... —Harry asintió agarrando el vial con manos temblorosas y se lo llevó a la boca, tragándoselo de golpe, le sorprendió que no supiera a nada—. ¿Mejor? —Preguntó luego de quince minutos.

— Malfoy...

— ¿Um?

— Me siento como drogado...

— Uju... trata de dormirte.

— Me da vuelta el mundo —Le específico agarrándole por la manga de su pijama.

— Cierra los ojos, Potter. No puedo creer que no tengas aguante para este tipo de pociones.

— ¿Puedo vomitar?

— ¡NO! ¡Duérmete, joder!

— Veo tres tú...

— Cierra los ojos, ya te lo dije.

— Si me vuelvo a dormir, lo veré... —Le confesó tembloroso, parpadeando—. Estoy harto de la sangre, de las torturas, de los rituales oscuros... Malfoy, Voldemort sacrificó a un niño de menos de un año y a un unicornio que todavía era dorado para recuperar su cuerpo original y su poder... mi estómago no da para más...

— Potter, hay un hechizo que se llama "Tranquilo Dulcedo" No te emociones, no lo sé utilizar, es condenadamente peligroso y hay que tener un poder como el Dumbledore para controlarlo, pero, podría ayudarte.

— No... no, no... no le voy a decir esto a Dumbledore, eso también sería igual a que Sirius y Remus se enteraran...

— Estás siendo irracional Potter, esto se salió de tus manos hace mucho tiempo.

9

Padre:

Espero que estés bien de salud. Todo en Hogwarts sigue como siempre, supongo que ya te enteraste que tenemos una invasión de otras casas en Slytherin, pero, del resto, todo va viento en popa. Te escribo esta carta por una curiosidad. Mira, no pienses nada extraño y yo estoy bien pero. ¿Hay algún hechizo parecido al Tranquilo Dulcedo que yo pueda utilizar, sin acabar en catástrofe? Te agradecería que respondieras apenas recibas esta carta.

Atentamente. Draco L. Malfoy.

Draco tenía que arreglar esa situación de alguna manera. No por él, igualmente seguía con su problema de insomnio que parecía mejorar a cada día gracias a lo cansado que era tener que hacerle de enfermera a Potter, así que, cada noche que el moreno podía dormir, Draco también lo hacía de corrido. Pero, tenía la ligera impresión que Potter estaba a punto de morirse, y sin embargo, era sorprendente que al día siguiente consiguiera fuerzas para levantarse, sonreír y ser amable con todos. Había que joderse para tener la personalidad del Golden Boy.

— Hermes —Le habló a su lechuza—. Llévale esto a padre y no te le separes hasta que no lea la estúpida carta ¿Está bien? —La lechuza negra y gris ululó y se fue volando. Draco iba a salir cuando se encontró con los ojos amarillos de una lechuza blanca que se le hacía conocida. La única lechuza albina que había en todo Hogwarts era ¿cómo era que se llamaba la lechuza de Potter? ¿Heidi? ¿Heif? Como fuera... se sostuvieron la mirada hasta que el rubio salió de la lechucería.

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— Blaise... —Saludó coqueta como siempre, Pansy, al ver al italiano, acostado, acaparando todo el mueble de la sala común de Slytherin.

— Pansy.

— ¿Qué haces allí tan circunspecto?

— Estaba pensando... —Le respondió cerrando los ojos.

— ¿Se puede saber en qué?

— En nada, olvídalo —Su amiga de la infancia le miraba con una sonrisa que no auguraba nada bueno—. ¿Qué te parece hasta ahora Harry Potter? —Decidió desviar lo más radicalmente el tema.

— ¿Sorpresivamente? No sé que hace Potter en Gryffindor... —Blaise alzó una ceja—. Es más Slytherin que tú y yo, juntos.

— Me preocupas Pansy. ¡Merlín! ¿Qué dices?

— Lo que oyes. Inclusive los mismos Slytherin lo han reconocido como un miembro más de nuestra casa. Peor aún, hasta Draco parece disfrutar que el Gryffindor de ojos verdes esté aquí y mejoró sustancialmente desde que le endilgamos a Potter. Justo como predijiste. ¿Cómo sabías que algo así podía pasar?

— Ni se te ocurra abrir la boca, pero, a Draco le gusta demasiado como Potter cocina. Ya sabes lo que dicen...

— ¿Potter le cocina a Draco?

— Lo hizo una vez, no sé si ha habido una segunda. Yo fui a pedirle ayuda a Potter, para que hiciera comer a Draco... ¿Recuerdas? Al parecer, le cocinó...

— No puedo creerlo.

— Ya ves... luego pensé de manera jocosa en si Potter me diría que sí también, si le pedía acostarse con nuestro querido príncipe. Y tuve una epifanía —La prefecta de Slytherin se rió con ganas.

— Ya seguro. No me puedo imaginar a Draco y a Potter en la misma oración en esa situación.

— Pues yo me apunto, aunque, estoy seguro que Draco me arrancaría la cabeza si lo propongo.

— ¿Por qué? Draco es bastante abierto con respecto al sexo. Uno más dudo que le importe.

— Créeme, Draco no compartiría a Potter de tenerlo. A decir verdad, yo tampoco lo haría. E insisto, no, no y no voy a terminar en los pantalones de Draco Malfoy, ni por que esté Potter de por medio.

— Tú te lo pierdes. Cuando los Malfoy dicen que no hacen nada mal, pues... ya sabes por dónde voy.

— Pansy, mi amistad con Draco, es algo que valoro para joderlo con el sexo. Además, terminaríamos peleados tratando de saber quien va arriba.

— Obviamente Draco. Él siempre va arriba.

— Pues, yo tampoco voy nunca abajo. ¿Ves? Simplemente catastrófico. Sin contar con que yo tuve sarampión con Draco. Así no hay quién pueda...

— ¿Potter iría abajo así de fácil? —Preguntó morbosa Parkinson.

— Buena pregunta... ¿Apostamos?

— Si llegan a algo, entonces se valida la apuesta. Yo digo que no... —Esa hacía sido Pansy.

— Yo digo que el pequeño león, no es más que un gatito en las fauces de la serpiente.

— ¿Qué hacen? —Los dos saltaron, ante la idea de que Draco los hubiese cachado. Luego volvieron a respirar, al ver que era Theodore.

— Apostamos...

— ¿Otra vez? —Los dos, asintieron—. ¿Qué apuestan esta vez?

— Si Potter y Draco llegan a tener sexo alguna vez, yo digo que Potter va a abajo... —Le explicó Blaise.

— Oh vamos. Potter es Potter, no se va a dejar así tan fácil... ¿Y tú que dices? ¿Quieres entrarle?

— Potter no iría arriba ni en un millón de años... especialmente si es con alguien como Draco.

— ¿Qué te hace pensar eso? —Inquirió la mujer, cruzándose de brazos.

— Sólo miren la relación de esos dos en su punto actual. Draco se la pasa jalando a Potter. Si Potter va a hacer algo que necesita ser consultado, va y le pregunta a Draco. Estoy seguro que si Potter hace pucheros y le ruega al principito cualquier cosa, Draco correrá a hacerlo...

— Tiene coherencia. Pero, estamos hablando de sexo. ¡Todo el mundo cambia en la cama! —Siguió testaruda.

— Pansy —Le dijo sabihondo Blaise—. Potter es la persona más tímida de este universo. Aunque Draco le permitiera ir arriba, seguro que no sabría por donde comenzar.

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— ¿Draco, estás allí? —Preguntó Blaise, tocando la puerta—. Voy a entrar, necesito que me devuelvas mi libro... —El de ojos amusgados, se rascó la cabeza y pronunció la contraseña—. Dra... —Encontró a Potter en la cama, con la mano en la cabeza y una gran mancha roja en la sábana.

— Malfoy me va a matar —Escuchó que gemía el moreno cuando miró la sangre en la sábana blanca—. ¿Zabini? —Soltó asustado.

— Potter. ¿Estás bien? —Se fue directo a hacer lo mismo que siempre hacía Draco. Quitarle la mano de la herida y observarla. Cuando trató de buscar el epicentro del sangrado, se encontró con que no existía. Solo estaba la cicatriz en forma de rayo. Vio que Potter parecía perder los tiempos, blanquear hasta quedar del color de la sábana limpia y parpadear desubicado. Lo sostuvo por la muñeca y aguantó con la mano derecha en el pecho—. ¿Potter? Potter... —Llamó, evitando que el cuerpo cayera al piso, utilizando su cuerpo como sostenedor. La cabeza de Potter había quedado en su hombro. Casi no le da un paro cardíaco al apretar la muñeca del Gryffindor y no sentir pulso y ahora que venía, tampoco ponía sentir el corazón en la cercanía—. ¡PANSY! ¡PANSY! ¡CORRE!

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— Bienvenido al mundo de los vivos otra vez, Potter —Harry miró a Malfoy. La claridad de las luces del cuarto le molestaban gravemente.

— Malfoy —Habló con voz pastosa—. No recuerdo qué sucedió... ni tengo mucha idea de hasta dónde tengo mis recuerdos...

— Potter, esta es la última que te solapo. La próxima vez, te llevaré a la enfermería. Lo tuyo tiene que ser tratado por un medimago... estuviste a punto de hacer que Blaise entrara en crisis.

— Ah sí... recuerdo a Zabini buscándote... creo...

— Escúchame Potter. Pansy le mandó un mensaje a su tío que es sanador y te hicimos un examen para saber tu nivel de sangre en el cuerpo. Necesitas una transfusión urgente, un sangrado más como este último y necesitarás un trasplante de médula. O eso fue lo que nos dijo el tío de Pansy luego de mandarnos traducidos los resultados. Nadie sabe que son tus exámenes, sólo mandamos lo que no entendíamos.

— ¿Llevo dormido tanto tiempo?

— Siete horas... utilizamos un pergamino de comunicación.

— He estado peor y no me he muerto.

— Ya esto no depende ti, Potter. Si te vuelves a desmayar, y te encuentran Pansy o Blaise o Theodore y te llevaremos a la enfermería y yo soltaré la lengua en todo lo que sé. Moléstate y patalea todo lo que quieras, no voy a tener tu muerte en mi consciencia, única y exclusivamente porque tú crees que el pulgoso de Black y el licántropo no pueden manejar tu situación.

Harry no dijo nada, simplemente se dejó arrastrar de nuevo a la inconsciencia aprovechando que Voldemort no hacía nada en particular para esos momentos.

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Dragón:

Estoy bien, gracias por tu preocupación. Sí, oí que los inefables están tratando de acabar con lo que sea que destruyó la torre de Gryffindor. ¿No tengo que recordarte lo peligroso que es el Tranquilo Dulcedo, verdad? Pero, sea como fuere... existe un conjuro que te permite controlar el cuerpo de la manera que lo hace el Tranquilo... aunque, tú estabilidad mental al momento de lanzarlo, es vital. Este hechizo te conecta a la persona, permitiéndole manipular lo que necesites, en este caso, aislarlo de todo dolor y toda pena. No te voy a decir el maldito nombre del conjuro al menos que me digas que pasó y para que busques una solución tan radical...

Atentamente, Lucius A. Malfoy.

Draco suspiró, olvidándose de conseguir la ayuda por parte de su padre. ¿Qué iba a decirle? Padre, es que Harry Potter ¿Sabes también que es mi compañero de cuarto? Sufre de pesadillas que son capaces de desangrarle hasta la última gota y bueno... tenemos varios días sin dormir a causa del señor oscuro y Potter no puede tomar pociones para dormir al menos que sea de vida o muerte... ¿No le podrías sugerir al Lord que se vaya de vacaciones unos meses hasta que arreglen la torre de Gryffindor? Ya sí, claro... corriendo iba...

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Quince de octubre y en la casa de Slytherin se desarrollaba una situación por demás curiosa.

— ¡Pansy! ¡Tienes que ir conmigo al puto baile! —Le pidió mandón, luego de estar unos cuantos buenos minutos peleando.

— No te voy a acompañar al maldito baile, sólo porque no quieres que nadie más te de lata invitándote. Además, ya tengo pareja para ir al baile.

— ¿Quién? ¿Blaise? —Se burló con ironía.

— Pues no. No es Blaise.

— Oh vamos, Pansy, es un ridículo baile de colegio... ¡Ni que fueras al Primal Danse en el Château d'or en Lyon!

Harry había llegado a su habitación y Blaise había hecho lo mismo, buscando al rubio Dragón de Slytherin. Se miraron y Zabini observó la mirada de confusión que tenía el ex Gryffindor.

— ¡Es mi último baile en Hogwarts antes de graduarme y si tú, que eres un insensible, no ves lo importante que es para la mayoría de nosotros, cuando menos, no nos lo arruines! ¡No voy a ir, ni con Blaise ni contigo ni con ningún otro Slytherin! ¡Voy a ir con un maldito Ravenclaw que me va a dar la mejor noche de mi vida y si sigues, voy a invitar a Potter al baile! ¡Así que me largo! —Blaise y Harry miraron a la prefecta salir de allí echando humo.

— No me cansaré de repetirte que un poquito de sensibilidad no te hará daño —Le hizo saber el Gryffindor, colocándole resignado una mano en el hombro. Draco miró a su mejor amigo en busca de apoyo.

— Malaya este día porque tuve que decir esto, pero... Potter tiene razón.

— ¿Y tú con quién vas a ir?

— Definitivamente, prefiero no ir al baile que llevarte conmigo, Dragón. Mis más sinceras condolencias... invita a un Slytherin de primero, seguro que mueren por ir contigo. Yo te venía a decir algo importante, en estos momentos no recuerdo que era, así que me voy...

Harry rodeó sorpresivamente con los brazos, desde la espalda, el cuello de Draco, el rubio lo miró sin saber que cara colocar. No podía negar que aquello lo había descolocado ¿Qué creía que hacía el insolente Gryffindor?

— No te preocupes, aún podemos quedarnos hablando toda la noche, yo tampoco tengo pensado ir —Le hizo saber con una risita maligna, haciendo que el rubio se lo quitara de encima con un gesto brusco y saliera de allí. El ojiverde se rió y se fue a buscar su escoba, ese día tenían su primera práctica de Quidditch del año.