La risa sofocante de Delly llenó los oídos de Peeta, observo a su amiga correr con Tom a su lado hasta dónde al fin se alzaba la vista del lago.

Era la cosa más hermosa que había visto. El agua era de diferentes colores a lo lejos se veía lo cristalizada que era conforme más cerca estaba veía el gran color azul que la rodeaba y si veía hacía bajo un color verde le rodeaba.

—¡Delly puede estar demasiado hondo! —Gritó Madge—. ¡No vayas a saltar!

—¡No lo haré! —respondió—. ¿Quieres que me maté con las rocas que puede haber ahí?

—Vaya Delly —Peeta sonrió—. No hemos muerto y ya llegamos hasta aquí. ¿Porque no hemos muerto? Danos una teoría de porque seguimos vivo.

—¡Cállate Peeta!

—Todas son buenas conjeturas, aunque no nos esforzamos mucho para hacerlas más creíbles —habló Tom, quién ya se estaba quitando las botas—, necesito un buen baño.

—El agua debe estar helada, ¿no han visto como está el aire? ¡Está nublado!

—Oh Peeta —Delly le tomo la mano—, necesitamos un baño, ¿cuándo fue la última vez que nos bañamos? ¡Desde el día en que llegamos! Además ya apestamos, mi cabello está muy feo ya. ¡Oh vamos, entremos! Estamos en pura confianza.

Peeta desvío la mirada en cuanto Delly ya se encontraba retirándose la ropa, pronto Tom y Madge le siguieron y para cuando se acordó ya todos se encontraban dándose un buen baño. Peeta no quería, no le agradaba la idea de que pudiera ver sus cicatrices así que se dejó la ropa suficiente para que no se viera.

Sentir el agua correr de nuevo por su rostro era una sensación demasiado agradable, pronto estaban jugando como niños pequeños lanzándose el agua los unos a los otros.

Para el anochecer iniciaron una pequeña fogata e iniciaron a cenar.

—Ya llegamos, ¿y ahora qué? —preguntó Madge.

—Pues a quedarnos unos días más —contestó Delly con una sonrisa—. Hemos estado cazando durante varias noches, seguramente podremos sobrevivir más.

—Yo creo que ya hemos tomado mucho tiempo —hablo Peeta—, yo creí que sólo nos llevaría de dos a cuatro días de ida y regreso y ya han pasado más de seis días y regresar va a ser mucho más tardado.

—Pero...

—Tienes razón Delly —habló Tom—, ellos al menos tienen que regresar, Peeta trabaja y Madge es hija del alcalde y no creó que hayan pedido tantos días.

—¡Ash! Hubiéramos traído tu camioneta, Tom.

—Ya será a la siguiente —tomó su mano—. Opinó que está noche descansemos muy bien por la mañana nos demos un buen baño e iniciar el camino de regreso a casa y como compensación, los invitó a comer al Quemador.


Peeta se quedó mirando el cielo, ya todos los demás se encontraban dormidos pero él no podía pegar el ojo, ya tenía varios minutos que escuchaba que alguien seguía susurrando su nombre, era la misma voz que había escuchado unas noches atrás.

Cerró los ojos pero sintió que alguien lo sacudió fuertemente. Se levantó y vio como el fuego de la fogata ya se estaba extinguiendo, sus amigos estaban dormidos, sacudió levemente a Madge pero ella simplemente se dio la vuelta.

Peeta.

—¿Mamá? —hablo al vació.

Peeta.

Se levantó despacio, estaba viendo a alguien y pronto se giró para ver al lago, el agua era demasiado brillante de un color claro y si no se equivocaba estaba viendo a personas.

—Estoy cansado —murmuró.

Cerró los ojos pero el gran brillo no desaparecía del agua. Era como lo había contado Delly, ¿era verdad que ahí había muertos cientos de personas?

Sabía por la historia de Panem que durante la rebelión el distrito doce fue bombardeado con el cual miles de los habitantes huyeron para el bosque por esa misma razón el bosque estaba prohibido para visitar por los rastros pasados.

Escuchaba ruidos estando un poco alejado del bosque.

Se alejo de sus amigos, más allá del lago, se adentró a otra fase del bosque, una en la que no debería estando solo, prendió la lámpara que llevaba consigo mismo, los animales salían en la noche probablemente para buscar algo de comida, había luciérnagas por todas partes y daba una maravillosa vista a todo lo que lo rodeaba.

¿Que esperaba encontrar?

¡No había nada! Sólo había seguido a su imaginación sobre haber escuchado la voz de su madre.

¡No Peeta, no! —Escuchó el grito de Annie a lo lejos.

¡La estás matando, Peeta! —Era la voz del traidor.

¡Peeta, suelta a tu madre!

¡Peeta déjalo ir! ¡Deja que se vaya de ti!

Sus rodillas se debilitaron. Tenía que alejarse de todo mundo de todo rastro el bosque sin duda sería un hogar para él, ni siquiera sabía porque estaba libre, había cometido demasiado daño a todas las personas que una vez le hicieron sufrir, ese no era él, sin embargo lo cometió.

Estar recluido en el bosque le iba ayudar demasiado, así si quería herir a alguien se haría daño a si mismo, el distrito doce no merecía a una persona como él.

Sus terapias con el doctor Aurelius no ayudaban en nada.

Se llevó las manos a su rostro calmando las lágrimas que arrasaban fuertemente, él nunca había sido realmente feliz y sin duda su último acto en contra de la vida de Annie... ¡Dios! Debería estar ya en el remoto infierno de Panem.

Esa voz que escucha en las madrugadas era solamente para dañar, tenía una personalidad que le hacía cometer algún daño, sus emociones lo traicionaban y hacían que ese ser dentro suyo se acercará.

Tenía pérdida de memoria como lo menciono Delly por la tarde, sin duda se debía a todos los traumas de su niñez. Tantas reprimendas...

Corrió, corrió demasiado lejos para no ser alcanzado por sus amigos, que no supieran en donde se encontraba y con suerte no dejo rastro alguno. Se cayó y llego a hacerse algunas heridas con los picos de las ramas, se trompezo sintiendo como su tobillo no daba para más con dolor trato de caminar... tenía que seguir alejándose, no podía volver hacer daño.

Se dio cuenta que sólo unos minutos antes de huir había pensado en dañar a Madge.

Madge era una persona buena, agradable, tierna, comunicativa, lo mismo que Annie y no sabía a qué paso iría con ella en el futuro pero sabía que la dañaría, algo le decía que la iba a lastimar y con eso le iba a robar toda su alegría como lo hizo con Annie.

Cayó sobre un gran charco de lodo, no pudo contener un grito.

Levantó la mirada para ver el rostro de Annie marcado por sus golpes, su madre llena de moretones en sus brazos, a Cato con la sangre fluyendo sobre su rostro.

Oh por dios, era un monstruo. Se levantó con dificultad temblando con demasiada fuerza, los ruidos de los animales llenaron a su alrededor.

¿Y si se mataba? ¿Qué podía ocurrirle? Ya nada. Quizás ese era el motivo también por el cuál Delly lo trajo tan lejos, quizás lo iban abandonar y estaban haciendo de esos últimos días los mejores por eso Madge estaba aquí para despistarlo y no descubriera los propósitos por eso tampoco su padre puso peros cuando le dijo que iba a salir con sus amigos, todos lo sabían.

¡Todos los querían muertos!

Pues bien, iba a darles esa satisfacción, ya nadie más volvería a saber de él, todos lo darían por muerto, les haría la tarea fácil y así cuando Delly regresará contaría la trágica muerte de Peeta, que no sabía nadar en el lago y que murió ahogado, era una historia creíble como las que le gustaba contar.

Ya estaría sin duda demasiado lejos de todos.

Desacelero su paso y siguió caminando pero las voces no se iban de su cabeza, seguían torturándolo con todas sus acciones del pasado. La satisfacción de muchas, tenía arrepentimiento por las cosas más suaves pero tenía la gran sensación de felicidad cuando hería a alguien porque bien merecido lo tenían.

Se recordó así mismo parado detrás de Madge mientras ella se encontraba viendo la fogata, se veía tan tranquila y él estaba dispuesto a lastimarla aún sin tener un porque. Y no solo con ella, había tenido pensamientos sobre como mataba a Tom. Su mente jugaba demasiado bien con él. Pero la gran verdad llegó a sus ojos, no hizo todas esas cosas por estar consumido por su otro yo, no, todos los demás culparon a eso pero siempre había sido él.

Había jugado muy bien sus cartas para creer que fue su mente, si bien muchas cosas no recordaba, siempre era consciente a la hora en que iba a hacerle daño a alguien.

Le gustaba hacer daño, le gustaba torturar a todos aquellos que lo humillaron y si por él fuera regresaría para hacerlos sufrir también pero no debía, las personas que eran buenas con él no lo merecían, Delly lo hartaba a tal punto de que imaginaba pasarle las manos por su delgado cuello y ver cuando la vida se iba en sus manos.

Se recargó sobre un árbol y gritó con fuerza, no por sus acciones si no por las heridas que estaban siendo causadas cuando se pudo alejar del árbol vio su sangre sobre los picos que habían sobre él, su mano temblorosa tomo algo de la sangre de su espalda. No podía seguir más, no podía.

Quería entregarse a la oscuridad, cerrar los ojos y no volverlos abrir, acabar con todo. Se recostó sobre la tierra fría que había en el bosque, sollozando por todo lo perdido y no recordando nada bueno.

Posiblemente iba a morir desangrándose, sus energías estaban acabadas.

No iba a dañar a nadie más. Y todos sus conocidos vivirían felices que ya nada los atormentaría.


—¡Está ardiendo en fiebre! —no era la voz de Katniss, vagamente se le hacía familiar— ¡Tienes que hacer algo para salvarlo!

—¿Katniss? —susurró.

Nadie respondió y no supo si alguien lo había escuchado. ¿Dónde estaba ella? Esperaba que se encontrase bien. No tenía que estar sola en el bosque.


N/A: ¡Listo chicas! Y aquí está la razón del porque Peeta se encontraba alejado de su grupo de amigos. ¿Las cosas ya encajaron aún siguen teniendo dudas? ¿O todo esto fue parte de la imaginación de Peeta? ¿Y que onda con Katniss? ¿Ella existe? Oh por dios, aún quedan muchas preguntas y yo todavía sigo haciendo más XD El siguiente capítulo es el último. Así que espero que les guste :)