CAPÍTULO 12.
Por primera vez en largas semanas, el sol se dejaba ver por encima del castillo de Hogwarts, y ella y Clarke habían decidido aprovecharlo, ya que era fin de semana. La rubia le había hecho llegar una nota diciéndole que se verían en una de las puertas que daban a la parte trasera de la escuela, y allí estaba, esperándola, con el corazón bombeándole con fuerza contra el pecho, como si fuese la primera vez que se veían.
Era la primera vez que en una de sus citas no se quedaban en la sala de los menesteres, pero también tenía muchas ganas de disfrutar del escaso buen tiempo que allí hacía junto a su chica, y poder pasear de su mano mientras contemplaban el paisaje era una oportunidad que no estaba dispuesta a dejar pasar. Sonrió internamente cuando vio que la hierba que había unos metros delante de ella se movía bruscamente, y supo al instante que se trataba de Clarke, que estaba bajo la capa de invisibilidad.
-Sabes que estoy aquí, ¿verdad? -la oyó preguntar con tono divertido.
-Deberías ser más sigilosa, Clarke -pudo decir antes de verse envuelta en la tela y entre los brazos de la chica, que la miraba con un precioso brillo en sus ojos azules.
-Hola, preciosa -la saludó, acercándose a su rostro, y ella no se pudo resistir a atrapar su labio inferior entre los suyos, era superior a sus fuerzas.
-Hola -susurró contra su boca, notando la sonrisa que se formaba en el rostro de ambas, apartándose cuando la oyó quejarse levemente, y se fijó en que tenía el labio inferior algo magullado, con una herida en una de las comisuras-. ¿Qué te ha pasado? -preguntó con preocupación, acariciándolo con su pulgar con mucho cuidado.
-Una pequeña pelea -dijo encogiéndose de hombros, pero con una sonrisa adornando sus labios- No te preocupes, Lex.
-Clarke… -se mordió el labio mientras observaba el suyo magullado- ¿Una pelea? ¿Qué ha pasado?
-Ya sabes cómo son los de mi casa -estiró el brazo para agarrar la mano de la morena y entrelazar sus dedos, acariciando el dorso de su mano suavemente-. Pero estoy bien, te lo aseguro.
-No quiero que te hagan daño -confesó en un susurro antes de pegarse a su cuerpo, abrazándola con fuerza y escondiéndose en su cuello, aspirando aquel olor que tanto le gustaba y que le hacía sentirse segura.
-No me lo harán, puedes estar tranquila -quiso calmarla, al tiempo que acariciaba su espalda suavemente y besaba la cima de su cabeza- ¿Nos vamos ya? -asintió, separándose brevemente de la chica.
-¿Dónde vamos a ir exactamente? -preguntó con curiosidad.
-No sé, ¿no te apetece perderte conmigo? -hizo pucheros, arrancando una pequeña carcajada de la garganta de la morena.
-Sabes que sí -entrelazó los dedos de una de sus manos con los de la chica y la miró con una pequeña sonrisa tímida antes de que comenzasen a caminar hacia una zona boscosa que había a una corta distancia.
Pasado un rato, se deshicieron de la capa de invisibilidad, guardándola, y siguieron caminando en silencio, simplemente disfrutando de la presencia de la otra allí, y para Lexa no hacía falta nada más. Era maravilloso el poder sentirse tan plena con tan solo estar al lado de aquella chica Slytherin que le había demostrado lo increíble que era compartir esos momentos con una persona. Sintió unas pequeñas caricias en el dorso de su mano y giró su cabeza para encontrarla mirándola fijamente. Una calidez inmensamente agradable se instauró en su interior cuando Clarke soltó su mano y rodeó sus hombros con su brazo, apretándola contra ella antes de dejar un suave beso en su sien. Lexa rodeó su cintura con su brazo también, antes de apoyar su cabeza contra el hombro de su chica, cerrando los ojos y disfrutando de la sensación que aquellos gestos le transmitían.
-Normalmente no me gustaba salir a pasear por las afueras del castillo -habló con voz suave la rubia tras un rato paseando entre los grandes árboles que se alzaban varios metros por encima de sus cabezas.
-¿Ahora sí? -irguió la cabeza para observar su rostro mientras conversaban.
-Contigo he descubierto que me gustan muchas cosas, Lex -la oyó suspirar pesadamente y la miró con gesto preocupado.
-Clarke -paró la marcha y se puso frente a ella, agarrando sus brazos suavemente- ¿Ocurre algo?
-Nada, tontita -sonrió cálidamente, dando un paso hacia delante para besar la punta de su nariz-. Es solo… Me arrepiento tanto de todos los años que…
-Clarke, ya hemos hablado de esto -le dijo, sabía que su chica pensaba mucho en todas las veces que junto su grupo de Slytherin la había amenazado, pero quería dejarle claro que, para ella, aquellos momentos estaban más que olvidados-. Eso para mí es pasado, ya apenas lo recuerdo. Quiero que tú lo olvides también -le pidió.
-Perdóname, a veces no puedo evitar pensar en todo eso.
Lexa le sonrió antes de inclinarse para besarla suavemente, intentando transmitirle la paz y el perdón que le había otorgado ya mucho tiempo atrás, porque estaba claro que esa Clarke que tenía para ella no tenía nada que ver con la de otros cursos. Aquella chica de Slytherin con la mirada fría como el hielo ya no existía, y ahora solo podía ver a la chica increíble que le hacía sentir cosas que nunca pensó que fueran posibles.
Ambas se perdieron en el beso que la morena había iniciado por unos segundos, disfrutando de la calidez que la boca de la otra desprendía, transmitiendo todo lo que ambas sentían en ese gesto antes de que todo a su alrededor se tornara frío. Lexa sintió un escalofrío por toda la espalda, y se separó de Clarke, sabiendo que no era ella quien se lo había provocado y que, en ese momento, no era uno agradable.
La oscuridad se había apoderado de un momento a otro de aquel día soleado que estaban teniendo y ambas se asustaron, porque todo había ocurrido en cuestión de segundos. Sintió la mano de Clarke agarrar con fuerza su muñeca y se giró para ver su rostro con una expresión de horror que nunca antes había visto en él. Fue entonces cuando siguió la línea de visión de la rubia y lo que allí se encontró la dejó de piedra. De repente, la tristeza la invadió por completo su interior al enfocar a aquella criatura oscura que se encontraba a unos metros de ellas.
-Lex… -dijo la rubia con un hilo de voz- ¿Eso es…?
-Un Dementor -habló, sintiendo que su voz temblaba, sobre todo cuando la criatura comenzó a acercarse a ellas hasta quedar frente a frente.
Sin dudarlo un segundo, sacó su varita, y se quedó brevemente congelada cuando vio que el Dementor se echaba hacia atrás su capucha y se acercaba aún más a Clarke, dispuesto a darle su beso. No podía dejar que aquello pasara, así que intentó concentrarse, recordando la lección que un par de semanas atrás les había dado la profesora de defensa contra las artes oscuras para enfrentarse a los Dementores. Estiró su brazo, sosteniendo su varita firmemente antes de pronunciar el conjuro que tenía en mente.
-¡Expecto Patronum! -Pronunció con toda la claridad que un momento como aquel le permitía, temblando por dentro al ver que parecía estar empezando a devorar todos los recuerdos de Clarke.
Unos destellos de color azul comenzaron a aparecer de la punta de su varita, pero parece que no era lo suficientemente fuerte, debía intentarlo con más ímpetu. Volvió a pronunciar las palabras, esta vez más convencida de lo que hacía, y de repente, los destellos cobraron forma de un animal, en concreto de un mapache, rodeando al Dementor y espantándolo, haciendo que Clarke cayese al suelo inmediatamente.
-¡Clarke! -exclamó al mismo tiempo que guardaba la varita en el interior de su túnica y se acercaba a su chica, que se encontraba un poco aturdida sobre la tierra-. ¿Estás bien?
-Lex… ¿Qué ha sido eso? -preguntó algo confundida, incorporándose con la ayuda de la morena.
-Un Dementor, Clarke -le dijo, pasando una mano por su mejilla.
-No, me refiero, a ese patronus, ¿cómo sabes conjurarlo tan bien? -se levantó del suelo y siguió mirando a Lexa con sorpresa.
-No lo sé, es la primera vez que lo hago -se encogió de hombros, sintiendo sus mejillas algo sonrojadas por el comentario de la chica-. ¿Estás bien? ¿Quieres que vayamos a la enfermería o…?
-No -la interrumpió-, estoy bien. Sigamos andando, ¿está bien?
Asintió, y volvieron a ponerse en marcha tras aquel pequeño incidente, aunque Lexa no se podía sacar de la cabeza que no sabría qué habría hecho si a Clarke le hubiera llegado a pasar algo realmente grave. Intentó quitarse esos pensamientos de la cabeza y disfrutar de esa accidentada pero perfecta mañana que estaban teniendo. Finalmente, unos minutos más tarde, se sentaron bajo la copa de un gran roble que había allí, y Clarke la instó a que se recostara sobre su regazo, así que lo hizo, disfrutando de las caricias que la rubia comenzaba a regalarle en su pelo.
-¿En qué piensas? -preguntó Clarke con un tono suave. Había estado con los ojos cerrados durante un buen rato sin decir nada, y tal vez la rubia había pensado que se estaba quedando dormida.
-Pensaba en cuando iba a sitios así con mis padres -susurró, sintiendo cómo aquellos recuerdos llenaban su mente al completo-. Mi madre siempre preparaba unos sándwiches deliciosos, y mi padre se encargaba de que no faltase nunca un buen montón de chocolatinas -dejó salir una pequeña risa.
-Nunca me has hablado de ellos -oyó que decía, y abrió los ojos, encontrándose con los suyos, que la miraban con interés.
-Bueno, son unos padres increíbles -suspiró tras decir esa frase-. Mi padre se preocupa mucho por mí y me suele enviar una carta al día. Si lo conocieras seguro que le caerías genial -sonrió cuando vio que la chica lo hacía, y estiró su brazo para entrelazar sus dedos con los de ella.
-¿Y tu madre? -preguntó entonces, y no pudo evitar que su cuerpo entero se tensase, y Clarke lo notó enseguida- Ey… tranquila, Lex. Si no quieres hablar del tema, podemos hablar de otra cosa.
-No, está bien -dijo, colocándose bien contra el tronco del árbol, pero manteniendo sus manos entrelazadas-. Quiero que lo sepas todo de mí en realidad.
-Y yo quiero saberlo todo de ti -se acercó a ella, dejando un suave beso en su frente-. Cuéntame, pues - asintió antes de coger aire y comenzar a relatarle.
-Cuando estábamos en segundo, los mortífagos iban detrás de mi tía. Como ya te dije, mi tía es bruja, es la primera en la familia, solo somos ella y yo -Clarke asintió y ella prosiguió-. Los mortífagos iban detrás de ella, querían… Bueno, ya sabes, que se uniera a ellos. Mi tía iba huyendo, siempre ha sido una bruja ejemplar, y por supuesto no quería tener nada que ver con ese lado tan oscuro de la magia. La cosa es que un día vinieron a mi casa. Creo que mi padre estaba trabajando, y torturaron a mi madre hasta la saciedad para intentar obtener una información que en realidad no tenía -no pudo evitar que su voz se quebrase con esas últimas palabras-. Nunca se recuperó de ello, no ha vuelto a ser la misma, y está internada en San Mungo.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Era la primera vez que hablaba con alguien que no fuera de su familia de aquel tema, y era algo que le seguía doliendo muchísimo, porque sabía que su madre nunca iba a volver a ser quien una vez fue, pero en cierta forma era liberador y se sentía bien después de haberse abierto de esa forma con Clarke. La miró, y frunció el ceño al verla con la vista fija en un punto cualquiera, percatándose de que su mandíbula estaba tensa.
-¿Clarke? -la llamó, sacándola de cualesquiera que fuesen sus pensamientos.
-Dios, lo siento mucho, Lexa -pasó la mano por debajo de sus ojos, secando las lágrimas que habían caído, y ella negó con la cabeza-. No quiero ni imaginarme por lo que debes haber pasado.
-Es duro pensar que nunca va a volver -confesó-. Pero sé que siempre va a ser mi madre, y yo la sigo queriendo igual, y siempre será así.
-¿Nunca…? ¿Nunca has querido buscar a las personas que se lo hicieron?
-No, no quiero -dijo fríamente-. No quiero porque yo soy una persona pacífica, no quiero desearle la muerte a nadie, y sé que con ellos lo haría -la rabia se hizo presente en su voz, y las lágrimas volvieron a ella, y enseguida se vio envuelta en los brazos de la rubia.
-Tranquila, preciosa… -susurró cálidamente en su oído-. Siento tanto que hayas tenido que pasar por eso…
-No pasa nada, Clarke -se apartó levemente para mirarla-. Tú no tienes la culpa de aquello -la rubia apartó la vista y ella entrelazó sus dedos de nuevo- ¿Qué hay de tus padres?
-Creo que esa conversación mejor la dejamos para otro momento, ¿vale? -Clarke sonrió de forma triste y, aunque se moría saber más de ella y de su familia, asintió, porque no quería forzarla a hablar si no se sentía preparada, ella sabía muy bien lo que era estar en ese lugar.
Se acurrucó contra el cuerpo de su chica, notando al segundo sus brazos a su alrededor y el calor que estos emanaban. Se quedaron allí disfrutando de los rayos del sol y de la compañía de la otra, sabiendo que todo el pasado y todas las cosas horribles quedaban olvidadas cuando estaban juntas, porque junto a Clarke viajaba a un mundo donde estaba segura de que nada ni nadie podía hacerle daño.
X X X
Llegó antes que Clarke al pasillo, algo nerviosa por aquella nueva cita que iban a tener. Tenía todo pensado, esa vez quería ser ella la que eligiera el escenario, y tan solo necesitaba un detalle: una cama. Ese día decidieron ir tras cenar, ambas simplemente tenían ganas de aprovechar el tiempo en los labios de la otra. Y Lexa cada vez se sentía más decidida a dar el último paso con Clarke Griffin, pero el "poco a poco" estaba aún en su mente, así que, esa noche, harían otro "poco".
Sonrió cuando sintió unas manos rodeando su cintura desde atrás tras verse envuelta en la capa de invisibilidad que traía su chica sobre ella.
-Tenía ganas de verte ya -susurró la Slytherin contra su oreja, y ella se giró en su abrazo para ver sus ojos celestes brillantes.
-Y yo de verte a ti -recorrió su rostro con los ojos, percatándose de la herida que aún tenía sobre su labio inferior. Dios… si es que le gustaba hasta la versión más "malota" de Clarke. Y no debería ser así, porque la violencia nunca había sido algo que le gustase ni lo más mínimo… pero en Clarke todo quedaba bien-. Hoy quiero yo elegir la cita -dijo de repente, intentando que no le temblase la voz por los nervios que la invadieron.
-Está bien -sonrió la rubia, acercándose a sus labios para besarla despacio.
Lexa dejó que lo hiciese, separando los suyos cuando sintió que quería profundizar el gesto. Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo al completo cuando Clarke acarició su lengua con la suya con ese sonidito que lograba poner sus vellos de punta. Levantó sus brazos para enredar los dedos en sus cabellos rubios, ladeando sus cabezas al mismo tiempo para tener un mejor ángulo. Jadeó cuando su espalda golpeó la pared que había tras ella, y cuando la Slytherin mostraba esa incapacidad de controlarse, ella se encendía aún más, si cabía.
-Vamos dentro -susurró Lexa contra su boca.
-Lo siento…
-Deja de decirme lo siento cuando haces cosas que me encantan -miró fijamente sus ojos, y la vio mordiéndose el labio. Otro gesto sexy para apuntar de la rubia.
Entraron y tan solo había dentro una cama. Lexa sintió sus mejillas volverse de un tono rojo, pero estaba decidida: ese día le haría sentir a Clarke todo lo bien que pudiese comparado con la última vez que ella la tocó. Desde entonces no habían tenido otro momento tan íntimo, habían puesto unos horarios de estudios y apenas tenían tiempo luego para besarse y sentirse simplemente contra la otra.
-Una cama -dijo Clarke, mirando la habitación tras sellar la puerta-. ¿No vamos a estudiar hoy? -sonrió ampliamente, y Lexa soltó una risita, porque era terriblemente adorable.
-No -contestó, y se miraron frente a frente.
Lexa estiró su brazo y acarició su hombro, disfrutando de la forma pícara en la que Clarke la miraba y deslizó su mano hasta agarrar su corbata y tirar de ella para unir sus labios. La Slytherin jadeó de forma automática antes de colocar ambas manos sobre sus caderas, al mismo tiempo que ella soltaba la prenda para delinear su cuello con los dedos antes de enredarlos en su pelo para profundizar el beso al unísono.
-¿Qué buscas, Woods? -preguntó con cierto aire cómico mientras Lexa caminaba de espaldas, sujetando de nuevo su corbata para que la siguiera, sonriendo a la chica.
-Nada… Solo que aquí -se sentó en la cama, soltándola y tumbándose correctamente sobre la almohada -estaremos más cómodas.
-Mierda… -murmuró entre dientes, arrodillándose a un lado del colchón antes de dejarse caer sobre la mitad de su cuerpo superior, sin estar completamente encima de ella- ¿Qué has hecho con mi Lexa? -empezó a besar su cuello con lentitud.
-Tu Lexa quiere seguir avanzando… -susurró casi sin aliento, cerrando los ojos por lo placentero que podían llegar a ser esos besos húmedos en su cuello y la forma en la que sus pechos presionaban los suyos.
Clarke se apoyó en sus hombros y la miró fijamente, probablemente no sabía a qué se refería, pero para eso estaba ella, ¿no? Apoyó una mano en su nuca, y la bajó para besarla, escuchando rápidamente un murmullo placentero salir de su garganta cuando deslizó ella su lengua entre sus labios. Pasó su mano libre por su espalda, acariciándosela y notando cómo se estremecía con su toque… Le encantaba notar que su cuerpo reaccionara de esa forma con sus caricias o con sus besos.
No quería parecer desesperada, pero quizás le hizo un poco de daño en la nariz cuando se deshizo de su jersey. No le dio tiempo a protestar por la pequeña molestia porque volvió a atraerla a su boca, besándola necesitada, y cambió las posturas de ambas, colocándola de espaldas al colchón. Ambas jadearon al mismo tiempo, porque sus cuerpos se presionaron de una forma más íntima que la anterior, al quedar uno de sus muslos entre los de la otra. Clarke la miró sorprendida y ella sonrió tímida antes de coger aire, sentarse sobre su abdomen y sacarse su propio jersey para dejarlo a un lado del colchón junto al de la rubia.
-Vas a matarme -anunció sin aliento, y Lexa empezó a aflojar su propia corbata antes de sacársela por la cabeza y hacer lo propio con la verde y plateada de Clarke.
-Te necesito muy viva ahora -se volvió a inclinar para besarla suavemente.
Se apoyó en uno de sus antebrazos y pasó la mano que quedaba libre por el costado de la rubia. Se moría por descubrir también partes de su cuerpo, en concreto una que últimamente la tenía un tanto obsesionada, aunque intentaba reprimirlo; pero era imposible. Lexa soltó un gemido cuando Clarke levantó su muslo levemente, presionándolo contra ella, y consiguiendo que la respiración de la rubia se cortase de forma repentina.
-Joder… -repitió el acto, y la morena cerró los ojos, escuchando el gruñido de la chica antes de apoyar las manos en sus hombros cuando la quiso poner de nuevo contra el colchón.
-D-deja que y-yo… -intentó explicarse, algo nerviosa por lo que acababa de pasar. ¿Cómo podía estar así de excitada ya?
-Claro -dijo rápidamente, volviéndose a tumbar y mirándola fijamente.
Se sentó de nuevo, esta vez sobre uno de sus muslos, no tenía intención de alejar el suyo propio de esa zona de Clarke que tanto calor emitía. Puso las manos en su abdomen, percatándose en el proceso que temblaban ligeramente, pero se mantuvo firme, porque necesitaba sentirla. Lo acarició lentamente sobre la camisa, antes de agarrar la tela para sacarla de debajo de su falda, observando que parte de su piel quedaba expuesta por el tirón. Mordió su labio mirando fijamente lo que hacían sus manos, viendo cómo encogía el abdomen mientras respiraba profundamente.
Levantó el rostro para enfocar sus ojos celestes y los vio más oscurecidos que antes, y eso le dio fuerzas para continuar. Se fue inclinando a medida que sus manos seguían subiendo, y no apartó la mirada de su rostro cuando llegó a esos increíbles pechos, apretándolos con sus dedos y jadeando por la sensación que recorría toda su anatomía.
Acabó acariciando su nariz con la suya, respirando el aliento que Clarke soltaba entre jadeos, antes de atrapar sus labios, profundizando rápidamente el beso, y logrando que gimiese en su boca cuando se encargó de crear un lento masaje en esos pechos tan increíbles que tenía. Lexa jadeó cuando la rubia recorrió su espalda con las manos y llegó hasta sus nalgas para pegarla a ella, haciendo que cayese completamente sobre su cuerpo y volviesen a tocarse plenamente.
Besó sus labios de forma fugaz antes de deslizarse con su boca por su mandíbula hasta su cuello. Se entretuvo ahí con ojos cerrados, disfrutando de los suspiros roncos que Clarke emitía junto a su oreja, y sus manos empezaron a desabrochar la camisa de la chica. Estaba preparada, y al mismo tiempo muy nerviosa, pero necesitaba verla, eso era así. Inspiró con fuerza antes de morder su piel, notando cómo sus dedos se apretaban en su brazo y gemía, y se separó de ella para recorrer su torso desnudo con la mirada.
Volvió a sentarse sobre ella, eso le daba algo de seguridad, y la miró lentamente, perdiéndose en cada parte que dejaba asomar y estirando su brazo para acariciar una pequeña cicatriz que Clarke tenía en el abdomen, según le contó de una pelea; ella en secreto pensaba que también era sexy. Se deslizó por su pierna, y volvió a inclinarse, quedándose cerca de esa marca que tenía en su piel, cerca de su ombligo. Olía muy bien, toda ella, pero se permitió acariciar su vientre con la nariz antes de depositar un beso sobre la marca, notándola temblar bajo sus labios y soltar un suspiro con su nombre.
Apoyó su mano junto a su rostro, para acariciarla al mismo tiempo que besaba la piel de su abdomen con cuidado, antes de sacar su lengua y notar los dedos de Clarke deslizarse por su pelo, cosa que la excitó aún más. Se vio con más confianza de nuevo cuando escuchaba los sonidos que la chica emitía, y fue saboreando su piel hasta que llegó a la altura de su pecho, donde se quedó estancada, perdiendo completamente la respiración.
-Haz lo que quieras, Lex… Lo que necesites -le dio permiso la Slytherin sin aliento.
-Si hago algo que no te gusta… -empezó, pero al escuchar su risa junto a una caricia en sus mechones de pelo, se quedó callada, sonriéndole de vuelta.
-Da igual lo que hagas, me va a gustar.
Lamió sus labios despacio, antes de volver a enfocar sus pechos, rodeando uno de ellos con sus dedos viendo cómo se amoldaban a ellos. Lo apretó, y soltó un suspiro sin poder evitarlo, era casi hipnótico, le encantaban. Estiró el cuello para depositar un beso sobre su esternón y fue bajando hasta allí, pero cuando fue a llegar a su escote, volvió a parar, sintiéndose totalmente cohibida.
-Y-yo… -cogió aire y se sentó de nuevo sobre su abdomen. Qué estúpida era, ¿por qué tenía que ponerse tan nerviosa? Con lo bien que iba…
Clarke se sentó y puso sus manos tras su propia espalda y Lexa aguantó el aliento cuando vio que se desabrochaba el sujetador. Observó que lo bajaba, aún con la camisa puesta, y la miró fijamente. Lexa sintió que se le secaba la boca con la visión de esos pechos tan redondos y con ese tamaño alucinante.
-¿Te gusta lo que ves, Lexa? -preguntó, y salió de su ensimismamiento.
-Más que el eucalipto a los koalas -fue lo primero que supo contestar y sintió que sus mejillas ardían cuando se percató de lo que respondió y vio la sonrisa que Clarke le mostró.
-¿Por qué eres tan mona? -rodeó su cintura rápidamente, y sus labios se volvieron a unir en esa postura en la que se encontraban.
Se estuvo dedicando a ese beso y de repente sintió la mano de Clarke sobre la suya, guiándola a uno de sus pechos desnudos. Rompió el beso por el jadeo que produjo en ambas el sentir esa piel tan suave contra la suya, sobre todo el endurecido pezón que ya tenía.
-Oh, Dios… -suspiró la morena, volviendo a apretar todo su seno con los dedos.
La voz de Lexa mandó un escalofrío por todo su cuerpo, aunque no sabía si era en realidad por cómo masajeaba su pecho con esas manos cálidas y temblorosas que tenía; quizás las dos cosas. Volvió a besarla, intentando que se tranquilizase dentro del beso, podía tocarla como quisiera… Dios, necesitaba mucho también ser tocada, sobre todo después de la última vez que tuvieron algo más íntimo. No quería presionarla, eso lo tenía muy claro, pero no quitaba que sufriese las consecuencias; fue increíble poder tenerla en sus dedos, aunque fuese a través de la ropa interior.
Pasó sus manos por toda la longitud de su espalda mientras continuaba con el beso que le estaba dando, escuchando cómo la respiración de Lexa iba cambiando a un ritmo bastante rápido. Pellizcó su pezón suavemente con su índice y su pulgar, y no pudo evitar jadear contra su boca, soltando sus labios para observar su mirada verde oscurecida mientras elevaba su otro brazo para alcanzar su otro pecho, manteniendo ambas manos ocupadas masajeando los dos a la vez.
-¿Te gusta? -preguntó en un susurro ronco que hizo que su cuerpo temblase, y asintió mordiendo su propio labio, disfrutando de esos dedos largos regalándole esa atención- Quiero complacerte, Clarke... -el autocontrol que intentaba tener con la Gryffindor se perdía de forma veloz.
-Lo haces -susurró besándola de nuevo, y comenzó a desabrochar la camisa de la morena lentamente antes de deslizar sus manos por su abdomen hasta cubrir también sus pechos sobre la tela del sujetador, gimiendo de forma casi dolorosa cuando mordió su labio inferior.
-Ay, lo siento -se llevó las manos a la boca mirándola preocupada mientras Clarke se pasaba la lengua por la herida.
-No te preocupes -sonrió, su chica era la más mona del mundo-. Estoy bien, solo me duele un poco.
-No me he dado cuenta de que…
-Shhh… -sujetó su cintura y la puso contra el colchón, quedándose ella tumbada de lado junto a su cuerpo- Te gusta morder… -la vio sonreír tímida- Está bien...
La mano de la Gryffindor se apoyó en su nuca y la atrajo de nuevo a su boca, besándola despacio.
-Si te duele, avísame, por favor -susurró contra su boca antes de deslizar su lengua entre sus labios. Joder, Lexa era ya una experta besando, y se ponía mala cada vez que ella llevaba el mando en esas caricias con su lengua.
-Te necesito mucho, Lex… -confesó deslizándose hasta su cuello para lamerlo y soltó un gruñido cuando la morena deslizó una pierna debajo de su cuerpo y tiró de sus brazos para que se colocara sobre ella.
Cogió aire con el contacto pleno de su cuerpo, era la primera vez que sus vientres quedaban unidos y sus pechos estaban tocando su piel, incluso notó que Lexa dejó de respirar. Deslizó su muslo entre sus piernas, y notó cómo ella, de forma algo más cohibida, hacía lo mismo con el suyo. Joder, qué bien estaba ahí…
Empezó a respirar pesadamente, y eso que aún no se estaban moviendo, antes de mirarla fijamente apoyada en sus antebrazos. Lexa mordía su labio inferior, con sus esferas verdes conectadas a las suyas azules. Entonces asintió, y ella movió sus caderas contra su pierna una vez, ocupándose de que su muslo se apretase entre los suyos. Ambas cerraron los ojos por la sensación, y las manos de Lexa fueron de forma automática a su cintura. Se quedó quieta unos segundos antes de volver a moverse, esta vez las dos soltaron un sonido de agrado a la vez.
La besó con ganas, derritiendo sus labios a la vez contra los otros, y sacudió de nuevo sus caderas contra ella, sintiendo un escalofrío cuando los dedos de la morena se hincaron en su piel y soltó un gemido en su boca. Ahora fue su turno de morder el labio de la morena, intentando controlar las ganas de moverse de forma más necesitada contra ella, buscando el alivio propio de tanto tiempo.
Céntrate, Clarke, dedícate a ella.
Se apoyó en sus antebrazos de nuevo, siguiendo con el beso que se estaban dando, y apretando su muslo una y otra vez contra ella, sintiendo que le faltaba las fuerzas con los gemidos que estaba soltando Lexa. Se separó de ella y la miró fijamente, su rostro sintiendo su placer era demasiado para ella, estaba más guapa que nunca así. Vio que abría los ojos, con sus labios separados y sonrió al verla lamérselos tímida; probablemente le estaba dando vergüenza. Se inclinó para besarla otra vez, intentando no incomodarla, y la morena enredó sus dedos entre su pelo, ladeando la cabeza para profundizar mejor el beso.
No pudo evitar gemir cuando Lexa giró sus cuerpos y cayó pesadamente sobre ella, jadeando y cerrando los ojos. La imagen fue demasiado tentadora, demasiado erótica; sobre todo ver sus labios separados y humedecidos y su pelo moreno cayendo por unos de sus hombros. Echó la cabeza hacia atrás cuando la Gryffindor empezó a moverse sobre ella, otorgándole mucho más placer que antes. Sintió su lengua delineando su garganta antes de llegar hasta su boca y colarse dentro de ella. Entonces fue su turno de agarrar su cadera y ocuparse de que ella también sintiese placer, haciendo que se golpease sobre su muslo, que se ocupó de elevar levemente para que lo sintiese mejor.
No dijeron nada, pero comenzaron a temblar casi a la vez, sin dejar de moverse contra la otra, y no pudieron seguir con el beso, dejando que sus narices se acariciasen y jadeando y gimiendo cerca de los labios de la otra. Abrió los ojos y observó su rostro de cerca, sintiéndose a punto de desvanecerse con el orgasmo que la estaba invadiendo lentamente.
-Lex… Preciosa… -susurró casi sin aliento, y la morena abrió los ojos. Necesitaba perderse en ese verde. Vio que aminoraba sus movimientos, pero ella instó a que siguiese- Sigue, por favor… No dejes de mirarme… -pidió, y se arqueó contra ella, escuchando ese gemido que soltó que era música para sus oídos.
Fue ella la primera en tener su orgasmo, y disfrutó de las últimas sacudidas de Lexa antes de que cayera pesadamente sobre ella, escondiendo su rostro en su cuello mientras las dos respiraban de forma pesada contra la otra. Rodeó su cuerpo con sus brazos, apretándola contra ella y disfrutando de cómo sus corazones golpeaban contra el pecho de la otra. Era increíble la sensación, era increíble tenerla ahí y haber compartido un paso más con ella.
Estaba más que dispuesta en quererla de todas las formas posibles, y esa confianza que las dos tenían en esos momentos era una forma más de afecto. Estaba segura con Lexa, y sabía que aquella chica tan increíble lo estaba también entre sus brazos.
XXX
Hola, Hola. Marinsey al habla.
Hoy vuelvo a ser yo, Marina, al mando de la review, ya que Ginsey ha estado ajetreadilla, y yo también, y por eso hemos decidido cambiar el día de publicación para las próximas semanas. Podéis ir a cualquiera de nuestros twitters para votar qué día de la semana sea el que publiquemos. Dicho esto...
¿Qué os ha parecido el duodécimo capítulo de nuestro fic?
Nuestras chicas han empezado con una pequeña excursión a los alrededores del castillo que prometía mucho, y se ha visto algo oscurecido porque ha aparecido un Dementor * Grita horrorizada *. ¡Y HA INTENTADO DARLE UN BESO A CLARKE! * Vuelve a chillar *. Menos mal que Lexa atiende mucho en clase y ha realizado un patronus perfectamente, y parece que es un mapache. Le pega, ¿verdad?
Parece que los secretos empiezan a salir entre ellas, y para nosotras, y Lexa le ha contado la historia de su madre. Mi pobre bebé... ¿Quién se ofrece voluntaria para darle un gran abrazo? * Levanta la mano *. Al menos ha tenido a Clarke para que le diese todo su apoyo y le de abracitos. Ais, si es que son tan cuquis...
¿Pero qué ha pasado en la sala de los menesteres? ¡Que Lexa se nos revoluciona! Uf... Qué calor hace por aquí. Han avanzado un poquito más y Lexa ha disfrutado mucho besando el cuerpo de Clarke y tocando sus pechos, aunque estuviese un poquito nerviosa. Estas dos están que arden, y aunque se ha desfogado contra el muslo de la otra, todavía necesitan más. ¿Creéis que tardarán mucho más en dar el paso completo y hacer el amor en una camita como Lexa quiere en secreto?
¿Qué pasará a partir de ahora?
Decidnos teorías. Y muchas gracias por los comentarios.
Esperamos que os haya gustado mucho este capítulo.
Nos leemos la próxima semana.
Un abrazo mágico de Marinsey.
