Disclaimer:
Rurouni Kenshin no me pertenecen, si no al magnífico Nobuhiro Watsuki.
Esta historia es un Kenshin / Kaoru, y datara en tiempos actuales por lo que personajes tendrán una personalidad diferente. La historia contendrá escenas un poco violentas, algo de lenguaje fuerte y lemon, siendo no recomendable para personas menores de edad o sensibles ha dicho contenido.
*Vuelve amarme… Si no, déjame a mi amarte*
BY PEQUE DE HIMURA
CAP.- 12 Cambios.
Enishi bajo del avión tomando enseguida el celular, dispuesto a realizar la prometida llamada.
—Muy bien Enishi— respondieron apremiándole sin darle siquiera tiempo a formular palabra alguna.
—Estabas impaciente ¿no?, ahora dime que es lo que sigue—
—Toma el carro con la numeración 25638, sus números están en color rojo—
— ¿Y?—
—Solo eso, el resto déjaselo al conductor y date prisa que ya te están esperando, y yo ahora si comienzo a impacientarme— después de eso la comunicación fue cortada. Tenso sus labios en una fina y dura linea mientras guardaba el móvil en el bolsillo delantero de sus jeans, Agarro sus maletas y salio del interior del aeropuerto dispuesto a seguir las indicaciones de aquel sujeto.
Algo se revolvía dentro de él cada vez que Shishio le demandaba algo, a decir verdad ese hombre no formaba parte de su lista de favoritos, el tan solo recordar como había hizo sufrir a los suyos le hacia hervir la sangre. Esta vez estaba dispuesto a tragarse todo tipo de sentimientos podridos con tal de que le explicara que rayos había sucedido con su hermana.
Estaba demasiado confundido por la charla que tuvieron en la cual le había revelado que Tomoe no había muerto como se lo hicieron...corrección, como él se lo hizo creer. No sabia por que se extrañaba tanto si toda la maldita vida de ese desgraciado era una vil mentira.
Recapitulo lo último que había pasado. Recordó la charla con su hermana poco antes de que ella decidiera ir a encontrase con el hombre que él alguna vez considero padre, la llamada en la que le platico con entusiasmo que había encontrado al amor de su vida, después la noticia de que contraería nupcias. Y luego, aquella llamada que contenía la fatal noticia de su muerte a causa de cáncer, y ahora toda esa mierda que le acababan de confesar que no había muerto de enfermedad.
Mientras caminaba sumido en sus cavilaciones, una parte de el iba atento buscando aquel vehículo que le fue asignado por aquel remedo de hombre, y con el que hoy tendría que trabajar para descubrir cómo fue la tragedia que envolvió a su querida y única hermana.
Sus ojos evocaron las características del carro que tenia que abordar. Se acerco y abrió la puerta sentándose a lado de un hombre tremendamente gigante, era un milagro que cupiera en ese pequeño y destartalado auto. Makoto no dejaba de sorprenderlo, no se suponía que estaba rodeado de mucho dinero, que acaso no pudo hacer que su corto viaje para con él, fuera casi igual de cómodo como el anterior?
—Se lo que piensas muchacho, y Makoto no es ninguna rata habladora—
No eran esas las palabras exactas que deambularon en su mente, pero si su sinónimo.
—No cabe duda que Makoto tiene todo tipo de espécimen en su séquito— se burlo de sus dotes adivinos.
—No tientes tu suerte muchacho, que esos especímenes, como tú nos acabas de llamar, te pueden aniquilar en un abrir y cerrar de ojos— dijo con rabia aquel hombre tosco y mal encarado.
Enishi se carcajeo escandalosamente.
—Estoy a acostumbrado a domar animales de circo, tus advertencias me las paso por debajo del arco— dijo sarcásticamente sin dejar sus risotadas burlescas.
El hombre paro el vehículo violentamente y antes de que Enishi pudiera siquiera parpadear, su gran y pesado puño se impacto en el rostro del peliplata.
Un poco aturdido, el joven sacudió la cabeza y se sujeto la mandíbula. Volteo para con el sujeto y soltó una risotada para demostrarle que su golpe no fue más que una caricia de señorita. De un movimiento casi imperceptible se le echo encima y con un brazo le rodeo el cuello y con el otro le tiro del cabello para jalarle la cabeza hacia atrás, tanto era el dolor de aquel hombre que irremediablemente tuvo que tragarse toda la superioridad que desbordaba y por su puesto su estúpida valentía, pues ya no eran fanfarronerías lo que salían de su boca, sino, dolorosas suplicas. Enishi preso de la diversión arremetió más presión a su agarre, no era posible que toda esa masa de músculos no le pudiera detener, aunque la verdad no se podía ocultar, él era mejor.
Finalmente cansado ya por la demostración de fuerza le soltó con brusquedad.
—Sigue manejando, por el momento no se me apetece matarte, porque si lo hago, evidentemente no llegare a tu patético jefe— espeto con desagrado.
El hombre asintió con nerviosismo, ese joven sin duda alguna era muy ágil y fuerte. Quien lo diría, él, la viva imagen de la rudeza, había sido sometido por un enclenque.
Al cabo de unos cuarenta y cinco minutos, llegaron a un lugar sumamente despoblado y desconocido para él, lo único que había en esa zona, era una casucha fea y descuidada. Enishi alzo una ceja y observo incrédulo el lugar, pregunto al hombre que si allí era donde Makoto tenia su fortaleza, por lo que el tipo asintió.
El carro fue aparcado en la pequeña cochera y ambos salieron del el con paso presuroso. El hombre saco una llave y al momento de ingresarla en el cerrojo de la puerta de fierro, se abrió un pequeño compartimento el cual era otro método de seguridad, pero para ella no había ninguna llave, solo bastaba un dedo indice y la lectura del iris de las personas indicadas para que esta pudiera abrirse.
Al ingresar a la casa y verla vacía, Enishi hizo otro de sus comentarios sarcásticos, por lo que el hombre que le acompañaba, le brindo una risa de medio lado en la que claramente le decía cuan idiota era.
El joven alto y de cabellera plata, capto el mensaje y no le quedo más que fulminarlo con la mirada, absolutamente nadie podía robar su característica forma de insinuarle cosas al prójimo.
Una tenue luz fue encendida y al final de un corto pasillo se encontraba una puerta, el grandullón pulso un discreto botón que hizo que esta se abriera. El hombre le invito a Enishi a pasar, y este algo reticente acepto. Al instante que la puerta se cerro, el peliplata sintió un siniestro hueco en el estomago, iban bajando hacia algún lugar en esa cosa que apenas y parecía elevador. Una lucecilla prendió y la puerta se abrió otra vez dándoles una visión diferente. El lugar mejoraba notablemente, no se veía tan tétrico como la primera entrada, caminaron por otro pasillo y al doblar a la derecha se encontraba otra puerta, la diferencia era que en esta no se ingresaba tan fácilmente, ya que era manipulada por alguien interno.
—Oihsihs Otokam— dijo el hombre en un pequeño orificio que se encontraba sobre esa extraña puerta. Al terminar de parafrasear la clave, rápidamente se les dio acceso.
Enishi admiro el lugar, era realmente lujoso y de un estilo contemporáneo, ese bastardo aun conservaba su buen gusto. Al terminar de observar el lugar, sus ojos repararon en un hombre que se encontraba recostado en el sillon.
—Y bien, donde esta Makoto Shishio— espeto fuertemente.
—No hay porque gritar muchacho, Makoto se encuentra frente a ti— le escucho decir al sujeto que reposaba sobre el sillón.
—Tú?—
—Te extraña verme así, pues déjame aclararte que no es precisamente una moda— expuso refiriéndose a sus vendajes
—Lo sé, no soy estúpido. ¿Qué fue lo que te sucedió?—
—Kenshin Himura, líder de una organización secreta de las fuerzas armadas del Japón, y el esposo de tu hermana Tomoe— despotrico con ira.
Enishi no se extraño por el nombre de el esposo de su hermana, lo que si le extraño fue lo de "líder de una organización secreta", en las pocas llamadas que le había realizado Tomoe, jamas había tocado el tema, se pregunto porque demonios nunca se lo dijo, o seria que ella tampoco lo sabia?
—Como podrás ver ese mal nacido a estado tras mis pasos, pero cuando se dio cuenta de la verdad... Asesino a Tomoe—
Enishi sintió que la sangre le bajaba a los talones, tenso la mandíbula y apretó los puños fuertemente, por qué ensañarse con un ser inocente?, ella no tenia la culpa de nada. Ese hijo de perra no tenía ningún derecho.
—Porqué hasta ahora me lo dices?— pregunto dolido.
—Creí que podría encargarme yo mismo, pero el muy bastardo me hizo el moustro bueno para nada que vez, aun no me he podido recuperar y por eso necesito de tu ayuda, mientras gano algo de tiempo lo iremos debilitando poco a poco—
—Cómo esperas que te ayude después de que me mentiste y mantuviste encadenado en Holanda gracias a tus malditas influencias—
—Ya te lo dije, te podrás vengar del hombre que le dio muerte a tu hermana y también por el descaro que tuvo al remplazarla con una golfa a lo dos años de haberla asesinado—
Enishi se volteo hacia la pared y soltó tremendo golpe al muro duro y reforzado, imaginando que frente a él se encontraba ese maldito bastardo.
—Donde lo puedo encontrar— su mirada destello con furia.
—Todo con calma Enishi. Para llegar a él, tienes que acercarte a su novia Kamilla Kaoru. Y ya esta todo arreglado. Primero dañalo emocionalmente y después ambos daremos el golpe. Lo mataremos de dos formas, psicologicamente y después la que le obligue a dejar de respirar y lo mande directamente al infierno—
Kaoru quedo agotada después de aquel baño relajante, y sin poderlo evitar, se quedo profundamente dormida. Kenshin prendió el televisor y se recostó a lado de ella permitiéndose observarla con demasiada ternura. No pudo evitar el llevarla sobre su pecho, necesitaba sentirla muy cerca de él. De pronto en su pecho nació una angustia, quizá derivada por aquella pesadilla. Era cierto que después de la muerte de Tomoe lo atormentaban reviviendole una y otra vez aquel terrible suceso, en cambio, al reencontrase con Kaoru, le dio un panorama distinto a su vida, ya había tenido esas pesadillas que le acompañaban cada noche, sino magníficos sueños en los que se veía formando castillitos de arena con ella, y justamente después de que sus ilusiones se hicieran realidad, llega esto; una alucinación de mierda que le hizo estar en trance por sabe cuantos minutos comportándose como un trastornado mental y asustando a Kaoru de muerte.
Pensó en la posibilidad de que fuera algún tipo de advertencia divina. Si Shishio no estaba muerto, era lógico que al salir de su escondrijo intentara algo siniestro contra él, no seria la primera, y gracias a esa mala experiencia, ya nada lo tomaría por sorpresa.
Siempre estaba dispuesto a todo y esta vez no era la excepción. Vengaría la muerte de su esposa y protegería a su más grande amor, su pequeña y tierna Kaoru.
—Kenshin que hora es?— Kaoru le pregunto adormilada sacándolo de sus pensamientos.
—Aun la indicada para que duermas un poco mas— le respondió acariciando su brazo por encima de su blusa de vestir.
—Siiii, gra... No, dormir no, hoy tengo que llegar mas temprano a la universidad— se levanto como resortera.
—Aún es temprano—
—Para mí no, yo tardo horas arreglándome— se puso frente al espejo para aplicarse un poco de maquillaje.
Kenshin le sonrió mientras la observaba detalladamente. Sus ojos recorrieron todo el cuerpo de la chica, tenía unas ganas de tomarla por la cintura, sentarla sobre sus piernas, desnudarla y hacerla suya nuevamente.
Se levantó de la cama para hacer realidad su fantasía cuando el teléfono timbro cortandole todo el libido obtenido por mirar a su mujer. La chica dejo de peinar su larga cabellera negra para tomarlo del tocador y facilitárselo al pelirrojo.
—Gracias— le dijo tomando el celular para después contestar a quien le llamaba. —Diga— se extraño al ver un numero desconocido.
—Necesito hablar contigo Kenshin, donde nos vemos—
—Aoshi? Que rayos estás haciendo en Tokio— pregunto.
—Eres idiota Himura, o te haces. Katsura nos convoco a todos los lideres—al escuchar la agresión, se giro para salir de la habitación, no quería que Kaoru escuchara la charla un poco agitada entre su cuñado y él.
—El idiota eres tú, por si no recuerdas, no asistí a la reunión que se llevo a cabo en Osaka por tratar otros asuntos, supongo fue alli donde se mencionaron los planes de Katsura— contraataco.
—Punto y final, dime donde te veo, Misao aun no sabe nada, asi que en mi casa no se puede—
—Y piensas seguir teniendo a mi hermana alejada de la verdad, ella tiene que saber que trabajas para la organización—
—Crees que no lo sé?, Todo lo hice para protegerla—
—Si claro, estando lejos de ella?— soltó con sarcasmo.
—Tú tenías cerca a Tomoe y aun así la asesinaron— respondió de la misma manera.
—Hijo de puta lo de Tomoe fue una trampa y lo sabes! Y a diferencia de ti siempre estuve al pendiente de Misao y Kaana, porque déjame decirte gran imbécil, que aunque tú te sacrificaras alejándote, ellas también son mi familia y cualquier nueva venganza contra mi, también las pudieron haber utilizado a ellas— a Kenshin le nacieron unas ganas inmensas de torturar a su cuñado por el golpe bajo que le dio con sus palabras.
Ante esto Aoshi no tuvo argumento, era verdad hasta que grado se elevo su idiotez al pensar que estando lejos la protegería, si el principal objetivo del cartel estaba cerca de ellas, que se lo cargara el diablo por estúpido.
—El punto de reunión— pregunto ignorando lo antes mencionado.
—Supongo que Misao ya te puso al tanto de mi vida, pues bien, a las siete llevare a mi novia a la universidad, a esa hora te estaré esperando a la vuelta, iremos a la casa-cuartel—
—De acuerdo, se puntual que no pienso esperar—
—Lo mismo digo— con esto último término la llamada. Aoshi y él nunca se habían llevado del todo bien, pero si querían que todo marchara excelente, tendrían que llevar acabo una tregua.
Se devolvió a la habitación.
—Kao...— sus palabras pausaron al ver que ella no se encontraba ahí.
—¡Kaoru!— le llamo pero no obtuvo respuesta. Se apresuro a buscarla, su maldita paranoia comenzaba a secarle el cerebro, obligandolo a imaginar que cualquier lugar era peligroso para ella, sobretodo si ese lugar era su casa.
Recorrió la enorme morada y nada, no había señal de Kaoru y eso lo estaba desesperando. Imágenes de él entrando a su casa, para encontrarse con la visión mas aterradora del mundo, golpearon su mente, sus recuerdos de como habían asesinado a Tomoe frente a sus ojos volvían a trastornarle los sentidos, y eso se debía justamente al miedo y la incertidumbre que le dejo aquella espantosa pesadilla.
El subconsciente le seguía realizando malas pasadas. Ahora temía encontrar a Kaoru sometida por algún maldito esbirro de Makoto.
Al ver que no se encontraba en ningún sitio dentro de la casa, salió rápidamente al jardín, el mismo que desde la muerte de su esposa, no volvió a pisar. Y allí estaba ella, al pie del modesto lago junto al árbol de cerezos rojos, aquel que tanto amaba Tomoe.
Por fin pudo respirar con tranquilidad, realmente su paranoia estaba sobre pasando los limites, si seguía así auguraba momentos no agradables y de inevitable discusión con Kaoru, aunque, en realidad se le podía llamar paranoia al estar alerta hasta del mas mínimo detalle? No, definitivamente no era paranoia, era precaución.
Kaoru se puso en cuclillas y llevo sus manos a juguetear con el agua, esa parte desconocida de la casa de Kenshin le tenía más que fascinada. Bien se la podría pasar horas y horas contemplando la naturaleza de esa hermosisima estancia sin cansarse de hacerlo.
El ex militar se acercó al lugar donde Kaoru jugaba sin percatarse de su presencia.
—Kaoru...— le llamo en apenas un susurro muy cerca del oído.
La chica se exaltó al saberse descubierta. —Yo...perdón, no qui...—
—Shhhh— la calló con sutileza. —De haber imaginado que este lugar te gustaría, te lo habría mostrado desde el primer día que entraste— se sentó al pie del lago con una pierna flexionada y la otra completamente estirada llevando a Kaoru a hacer lo mismo entre la separación de sus piernas.
—Es un jardín muy grande y sumamente hermoso— dijo maravillada.
—Tomoe lo bautizo como el jardín mágico. Ella amaba este lugar, era su refugio y parte de su felicidad— le confeso con nostalgia.
—Y tenía toda la razón, este lugar me llena de una paz inmensa— recargo su cabeza sobre el pecho de Kenshin, cerro los ojos y respiro profundamente.
—Cómo fue que llegaste aquí, Kaoru?— pregunto con demasiado interés. La casa era muy grande y no tan fácilmente se llegaba al jardín.
—Me perdí— dijo con un furioso sonrojo coloreando sus mejillas.
—¿¡Te perdiste?!— el pelirrojo repitió en tono de diversión.
—No te burles. Cuando te ocupaste de la llamada y saliste de la habitación, decidí salir a buscar la cocina e ir por un poco de agua y en lugar de encontrarla, di con este lugar— dijo con facinacion.
—No te perdiste, solo tomaste la dirección contraria—
—Dirección contraria, perderse, que mas da, es lo mismo, y todo por no haberme mostrado tu casa desde un inicio, es inmensa, fácil cabrían 8 casas como las de la colonia de mi tio y vaya que no son tan pequeñas—
Kaoru tenia toda la razón las pocas veces que habían terminado en su casa era para llegar a la habitación o a la sala como esta ultima vez, jamas se dio la tarea de mostrarle los alrededores.
—Kenshin...—
—Dime—
—Hace un momento me dijiste que este había sido el lugar favorito de Tomoe... Y me preguntaba.. Que tipo de recuerdos te trae?—
—Kaoru, no solo es el jardín, la casa entera me trae recuerdos, muchos de ellos son buenos, el unico sin sabor fue el de su muerte. No es algo de lo que me guste hablar, lo único que debe importarte es que te amo y la felicidad que le has traído a mi vida—
Kaoru se giro hacia atrás y fijo sus ojos zafiro en los de Kenshin.
—Demuéstrame que eso ya quedo atrás saliendo de esa organización, tu enemigo ya esta muerto, ya vengaste la muerte de tu esposa... Por favor... Demuéstramelo— dijo con voz entrecortada mientras elevaba su mano y le acariciaba lentamente su cicatriz.
—Todavía queda un asunto pendiente, después de eso te prometo que me retirare— se abstuvo en decirle que había un noventa por ciento de que Makoto estuviera vivo , no quería que se enterara, de nada valía mortificarla solo se limitaría a protegerla.
—Un asunto pendiente? ¿Cuál? ¡Si ya acabaste con el hombre que mando a ejecutar a tu esposa!—
—Simplemente es un asunto, no esta en discusión- su voz sonó seria y tajante.
—Tú y tus secretos, pues bien me doy por vencida— se puso de pie dando carpetazo a la conversación.
Kenshin le detuvo sujetando su mano e impidiéndole que caminara.
—No quiero pelear—
—Ni yo, lo único que quiero es irme ya a la universidad— se safó del agarre dejando a Kenshin solo, sentado y frustrado.
Aoshi llego al punto de reunión al igual que Kenshin, por lo que ambos dieron marcha cada quien en sus medios de transporte a la casa-cuartel para seguir con la charla pendiente.
—Ahora sí, cual es la urgencia?— pregunto Kenshin incitando a su cuñado a sentarse.
—Mi gente de la organización de espionaje, descubrió algo que implica a tu esposa con Makoto—
Kenshin se descoloco. —No digas tonterías, qué tiene que ver Tomoe en todo esto?—
—Una cercanía inimaginable...—
Kenshin tenso la mandíbula y cuando pudo destrabarla le interrupio.
—Que intentas decir, que mi esposa era complice de ese mal nacido o peor aun, su amante?— golpeteo con furia la mesa levantándose súbitamente sin esperar a que le fuera revelado a que clase de vinculo se referia Aoshi.
—No estoy insinuando nada!— le vino a la mente los documentos que leyo antes de su viaje a Tokio y recordó la atrocidad que revelaban.
—Entonces lo estas afirmando, que es peor— se acerco rápida y peligrosamente a Aoshi sujetándolo por el cuello. —Retractate de esa mierda, Tomoe no era ninguna cualquiera, mucho menos cómplice de ese maldito— Esa era la estupidez mas grande que había escuchado en toda su maldita vida, Tomoe liada con Makoto era una difamación que no estaba dispuesto a pasar.
—Cálmate y escucha, tal parece que en vez de sesos tienes mierda en la cabeza— Aoshi respondió a la agresión intentando defenderse, y someter al pelirrojo también imitando su acción.
—Eres tú quien tiene mierda en la cabeza y si veniste aquí inventando esa sarta de idioteces solo para jugar al espía eficiente, has escogido a la persona equivocada, la memoria de mi esposa se respeta— se libero del agarre mediocre que Aoshi ejercía en él, y le soltó del cuello con brusquedad pensando en que si algo le pasaba por mano de él, su hermana le odiaría el resto de su vida, agarro fuerza de voluntad sabrá Dios de donde, para controlar la ira que le circulaba por todo el cuerpo.
Aoshi no podía creer el grado de incomprensión de Kenshin, Katsura tenía razón cuando le dijo que seria imposible tratar el tema con ese necio. Por el momento lo mejor era dejarlo así, algún día tendría que enterarse de la verdad, si no era por él, seria por alguien mas. Quizás por boca del mismo Makoto.
Kenshin salió iracundo de aquel lugar, pero antes le aventó las llaves, dando a entender que seria él, quien cerraría la casa-cuartel, ya que sus ganas de romperle el cuello aun no cesaban por completo y lo mas sano era alejarse pronto de la tentación.
Subió a su motocicleta dejando de lado el casco y manejo a toda velocidad descargando así su frustración, necesitaba relajarse un poco, la hora de ir por Kaoru se acercaba y nada bueno le traería verlo así, porqué lo mas seguro seria que entraran en conflicto, y en ese instante lo que menos necesitaba era otra discusión con ella.
Un camino desierto, el manto de la noche iluminada gracias a una luna espectacular y adornada por unas estrellas preciosas, fueron su única compañía en esa travesía.
—Esto es una locura— agarro el libro que tenia mas de doscientas paginas y lo aventó lejos de su vista, Maokoto estaba completamente mal de la cabeza, cómo se le ocurría siquiera pensar en que podría grabarse esa mierda en un día, corrección menos de un día. Se levanto del escritorio y se paro frente aun cuadro que en sus trazos mostraba algo parecido al infierno. Sus dedos comenzaron a recorrer la pintura pensando que el pintor había plasmado su idea tal y como había sido su vida. Un verdadero infierno.
—Admirando mis cuadros en vez de hacer tus deberes—
Enishi se dio la vuelta y miro a Shishio con fastidio.
—Estas demente si crees que memorizare esto de un día para otro—
—No tienes que hacerlo, solo prepara tu discurso, mañana vendrá la persona que te ayudara con eso—
—Con que lo amenazaste?—
—Eso no es de tu incumbencia, solo limítate a obedecer— sin mas, Shishio se retiro de la habitación.
Enishi recogió el libro del suelo y comenzó a ojearlo nuevamente. El plan que este demandaba era verdaderamente una estupidez. Después de meditarlo un momento agarro papel y pluma decidido a realizar las anotaciones que le sacarían de aquel lío.
Guardo el libro y su resumen en un portafolio, ya era suficiente de tanta información aparte que necesitaba salir de ese agujero o se asfixiaría en aquel encierro.
—Necesito dar una vuelta, abre tu tumba de oro y déjame salir— dijo una vez en la sala observando como Yumi cambiaba unos vendajes del maltratado cuerpo de Shisio.
—Mi tumba también es tuya...— dio una seña a Soujiro y este inmediatamente camino a la cabina donde se encontraba el mecanismo de seguridad.
El joven chasqueo la lengua en desacuerdo, y un gesto de asco abordo su rostro cuando una parte de la piel quemada quedaba expuesta.
—No te equivoques, esta tumba es solo tuya— dijo mientras caminaba a la salida de aquel incomodo lugar que a pesar de los lujos que le rodeaban carecía de muchas cosas. Antes de salir se giro para con el hombre de las vendas. —Ah, y una cosa más..."Padre"— dijo con burla. —yo he venido aquí para encarar al cerdo que asesino a Tomoe, lo que te hicieron a ti, es cosa que no me interesa pero si quieres que te ayude en tus propósitos acondicioname un lugar, necesito llevar una vida normal—
—De acuerdo mañana encárgate de buscar un lugar para vivir, no repares en precios. Shoham activa a mi "hijo"...— parlo también imitando el tono burlesco de Enishi cuando lo llamo padre. —...Para que pueda entrar y salir del núcleo, porque aunque este lejos de aquí, tendrá que venir cuando se le solicite—
El hombre atónito por el parentesco del recién llegado y su jefe, obedeció a la orden y acompaño al peliplata a la salida.
Era la tercer vez que el lápiz caía de las manos de Kaoru, resoplo con fastidio mientras se inclinaba a juntarlo otra vez. Estaba molesta y no solo con el lápiz que parecía rehusarse a cooperar en la redacción que debía entregar al maestro, también con cierto pelirrojo falto de confianza y de pocas palabras. Sopeso la idea en cancelarle a su novio la invitación de ir a cenar saliendo de clases, por lo que en su mente rondo la idea de retirarse antes de que llegara en su motocicleta por ella y con su expresión de "no ha pasado nada entre nosotros".
—Kaoru...saliendo iremos al bar que esta a espaldas de la Uni, quieres venir...— susurro Tae a su espalda con cuidado de no llamar demasiado la atención del profesor y evitar ganarse una reprimenda, pues aun estaban en horas de clases.
—Sí..— respondió sin vacilar imitando la acción de su amiga. Sin duda alguna se iria a una noche de relax con su mejor amiga.
Kaoru se levantó del pupitre guardando con discreción su teléfono en el bolsillo de su chamarra y le pidió permiso al profesor de salir al baño alegando que era urgente. El profesor suspiro con fastidio, con esta ya era la sexta vez que Kaoru iba al wc en su clase. Finalmente le concedió el permiso mas de mala que de buena gana.
La joven salió con rapidez del aula y al ingresar al sanitario saco su móvil para digitar el mensaje con la excusa perfecta.
"Me siento indispuesta, me retirare antes. Te veo mañana" mas tardo en guardarlo nuevamente que el en timbrar, torció los ojos con exasperación, porque simplemente no respondía un esta bien, o dejaba las cosas asi, entendiendo el mensaje de "no quiero verte hoy"
—Bueno— contesto esperando el reclamo.
—Que te sucede? Todo bien? Voy por ti en este momento—
—No es necesario, ya voy de salida. Todo esta bien no te preocupes, solo es un dolor de cabeza—
—No me mientas Kaoru, espera ahí, enseguida voy—
—Dije no!—
—Que sucede? Te noto algo exaltada—
—Kenshin, por primera vez puedes dejar tus reacciones sobre protectoras y dejarme respirar?—
—Dejarte respirar, reacciones sobre protectoras dices? Eres novia de un asesino de delincuentes y tú te lo tomas a la ligera? Sabes cuantos sujetos ambicionan dañarme con lo mas importante para mi? Lo sabes Kaoru?—
—Eso lo hubieras tomado en cuenta tú antes de haberme enamorado y metido en tu mundo de peligro— el enojo del momento no la hizo pensar en que sus palabras contenían un gran filo de verdades que atravesaban el pecho de Kenshin lastimandolo sin contemplaciones. Un prolongado silencio abordo entre ambos.
—Demasiado tarde mi amor, te di la oportunidad de rechazarme y no lo hiciste. Espera ahí que iré por ti y eso no está en discusión—
—Ya te dij...— Kaoru no termino de argumentar pues la llamada se corto abruptamente. Zapateo el piso tirando algunas maldiciones y se apresuro a llegar al salón. Al llegar al aula, ya no vio al profesor pero si a sus compañeros guardando sus pertenencias, Tae le apresuro pues ya era hora de ir al bar a liberar estrés con ayuda de un poco de alcohol. Kaoru guardo sus útiles en su bolso. Ambas chicas caminaron al exterior de la universidad, la azabache aprovecho para contarle con discreción y omitiendo varios detalles a su amiga de las desavenencias que entorpecían la relación y de paso pedirle un consejo. Cuando Tae comenzó con su argumento a favor de Kenshin, Kaoru se encrespo deseando no haber abierto la boca. Su amiga siempre había tenido cierta inclinación hacia el ex militar, defendiendo extrañamente su causa y reprobando los comportamientos de ella. Aunque indudablemente, en algún momento Tae tuvo la razón, pues eso de haber participado como la mosca del pastel y el mal tercio en los primeros encuentros de ella con su novio, la pudieron haber dejado con un problema existencial.
Kaoru tomo aire e interrumpió el dialogo, vomitandole a Tae los comportamientos casi dementes de Kenshin. Retrocedió un poco al pasado y comenzó a relatar lo que sucedió después que el ex militar la cachara en aquella fiesta, a la cual ambos habían sido invitados y que por causa de fuerza "Misao" su pelirrojo no pudo ir con ella. Le explico como fue que ahí presencio la aparición de una contra parte ruda y agresiva de su novio, a la que solo conocía por seudónimo y no por acciones.
Tae escuchaba con atención, y ahora fue ella quien interrumpió el exagerado relato de Kaoru, el cual, poco le faltaba a Kenshin para ser un psicópata. Ella estaba consciente de que él había sido un poco rudo con Kaoru el día de la fiesta, y no era para menos, su amiga le había mentido y por supuesto él lo había descubierto. A pesar de eso ella consideraba que su reacción no había sido tan mala.
Kaoru frunció el ceño, probablemente esa ocasión tenia una justificación valida, pero las demas? Si eso no era suficiente para su amiga, entonces le contaría los detalles omitidos; el maravilloso amanecer con su querido pelirrojo y la charla tan cerrada que tuvo con él al haberle expuesto su mas grande deseo de que abandonara su innecesario trabajo como ejecutor.
Ni con esa información revelada Tae cambio su manera de pensar.
—Tae, eres imposible, acaso estas departe de él?— le cuestiono ofendida.
—Simplemente estoy departe de la razón y él la tiene. Kaoru, Himura te ama, es por eso que actúa de esa manera, recuerda la tragedia que dejo marcado de por vida, es lógico que te sobre proteja—
—Y que hay del rotundo NO que me da cada vez que le digo que el corazón se eleva hasta mi garganta por ese trabajo suyo. Ya no quiero que mate, ya no quiero más enemigos, quiero que viva una vida tranquila, a mi lado—
—Kaoru, así lo conociste, y así lo aceptaste—
—Ay no Tae olvídalo, pareciera que en vez de charlar con mi amiga, lo estoy haciendo con él— resoplo fastidiada ante esas palabras que eran las mismas que le había dicho Kenshin minutos atrás en forma distinta pero cargadas del mismo mensaje.
—Bueno total, Himura sabe que estarás con nosotros?—
—No— dijo retándole importancia.
—Definitivamente tú no aprendes amiga— sonrió levemente. La conclusión se basaba en que su amiga no tenia, ni tendría remedio.
Kenshin estaciono la motocicleta donde solía hacerlo, aseguro la moto y se recargo en ella como siempre, llenando el lugar con su porte de hombre atractivo e imponente a esperar a Kaoru. A lo lejos visualizo a dos jovencitas que caminaban fuera del establecimiento, una de ellas era a quien esperaba. El desconcierto no se hizo esperar al ver que en vez de caminar hacia él, tomaba un rumbo distinto. Esa pequeña mentirosa no entendía que con él no se jugaba. Cruzo la cera con su distinguida velocidad.
Kaoru y Tae platicaban animosamente cuando de pronto la azabache pego un gritito al sentir que una mano le sujetaba con rudeza al rededor de la canilla y detenía secamente su andar. Se volteo con coraje a pelear a quien osaba en detenerle de aquella forma tan poco sutil, para encontrarse con un rostro demasiado familiar que se mostraba desencajado y furioso.
—¡Kenshin!— exclamo con nerviosismo.
—Así que... Te sentías indispuesta cierto?—
—Yo...—
—Hola Himura— interrumpió Tae para aminorar la tensión que se respiraba en ese momento.
—Qué tal Tae— respondió sin quitar su mirada inquisidora de Kaoru.
—Kaoru se sentía un poco estresada y la invite al bar que esta aquí a espaldas, gustas? vamos— invito la chica con una sonrisa despreocupada.
—Ah, mira— Kenshin respondió con sorna. —Con que se trata de... estrés—
—Si, un poco— respondió la azabache con nerviosismo.
—Pues bien, si ese es el remedio para tu mal, vamos a curarte cariño— dijo con sarcasmo tratando que ocultar su enojo. Si la niña quería jugar... iban a a jugar.
Mientras Misao servía la cena Aoshi jugaba animado con Kaana. Su esposo era impredecible, un momento serio, después autoritario y el siguiente divertido. Se preguntaba si esos cambios eran a causa de su pequeña hija, pero que mas daba, este sin duda alguna era la vida con la que ella tanto soñaba. Tener a su familia completa en casa
—A cenar— demando Misao y Ahosi cargo a Kaana y la deposito en la periquera. Los tres cenaron animosamente. La pequeña comenzó a cerrar sus hojitos pispiretos dando a entender que ya tenía sueño. Misao quien fue la primera en terminar, se levanto llevando consigo a la niña para recostarla en su camita.
Aoshi ayudo a recoger la mesa y cuando vio que su esposa salia de la habitación, camino hacia ella y sin decir nada la abrazo con fuerza. Misao abrió los ojos desconcertada, regularmente por no decir siempre, era ella quien tenia ese tipo de iniciativas. Sin importar nada se dejo llevar.
—Ven conmigo— dijo Ahoshi sujetando la mano de Misao.
Llegaron a la habitación y Misao supuso que su esposo estaría agotado, le brindo una sonrisa y comenzó a retirar las cobijas de la cama. Aoshi sonrió de medio lado y al momento que su esposa se inclinaba para retirar las ultimas sabanas, pego su cuerpo al de ella mostrandole lo que en verdad necesitaba. Miso dejo su labor atónita, definitivamente le habían cambiado a su marido. La mujer sonrió con picardia y dejo que aquellas manos viajaran por todos los rincones de su cuerpo.
Un gemido reprimido se formo en la garganta de Misao cuando Aoshi escarbo debajo de la blusa y sostén, encontrando lo que con desesperación buscaba. Acaricio lentamente los pezones erectos dejando que el placer que invadía a su esposa, le llenara el cuerpo. La giro frente a él y sus labios comenzaron un recorrió sutil sobre su cuello, mandíbula hasta llegar a sus labios carnosos, la mujer correspondió gustosa y se dio a la tarea de acariciar cierta parte inflamada y palpitante.
—Te extrañe tanto Aoshi...— susurro.
—Misao, mí querida Misao— dijo al sentir la delicada mano acariciar el bulto bajo su pantalón. Lentamente fue despojándola de su blusa blanca de seda y el sostén que cubría sus pechos.
Aoshi se quedó contemplándola durante unos minutos, no sabia como había logrado subsistir tanto tiempo sin mirar y tocar aquel cuerpo tan sublime. Sentía volverse loco. Su boca se volvió a unir con la de la chica en un desenfrenado beso. Sin perder un segundo más, obligo a sus piernas a caminar con torpeza llevándola consigo a la cama que les esperaba para dar rienda suelta a su amor.
La ropa pasó a segundo plano y ambos ya completamente desnudos, comenzaron a recorrer sus cuerpos sin mesura. La desesperación se acrecentó cuando la rodilla de Misao, rozo el pene erecto de Ahosi, soltó un gruñido pastoso y ahora su boca se encontraba asaltando los pequeños botones rosados. La chica en estado de excitación relamió sus labios hinchados pidiendo, suplicando que acabara con aquel tormento y la poseyera como solo él sabia hacerlo, necesitaba tenerlo en lo mas profundo de su ser. Exigía que recompensara el tiempo que le dejo sin poder disfrutar de sus caricias. Poso una mano en los cortos y negros cabellos, hundiéndolo a una extensa invitación a mordisquearle con mas frenesí, mientras que la otra bajo hasta los duros y firmes glúteos, enterrando sus uñas en una caricia que descendió hasta su omóplato.
Aoshi levanto el rostro y le propino una mirada seductora, con determinación sujeto la mano de su mujer, guiándola a su hombría necesitado de una caricia mas pronunciada.
—Yo también te necesito Misao— le dijo a modo que ella entendiera que no fuera tímida y le tocara también. Aquella revelación le lleno de felicidad, Aoshi nunca se habia caracterizado por ser un hombre tan abierto en la intimidad, una lagrimilla recorrio su mejilla y Ahosi al darse cuenta se acerco para retirarla con su lengua.
—Aoshi...— susurro mientras sus manos amasaban el miembro henchido, brindándole placer.
El hombre sonrió un poco y siguió con su deliciosa labor. De un giro perfecto quedo sobre ella y sus manos viajaron directo a sus piernas separandolas. Su boca busco la de su mujer y en un movimiento lento y tortuoso comenzó a adentrarse en en ella penetrándola poco a poco. Misao gimió moviendo la cadera, la lentitud con la que era poseída la volvía loca. Apretó los puños arrugando la cubierta de la cama necesitaba soltar la tensión que sentía en el vientre y Aoshi parecía disfrutar el torturarla con estocadas pausadas.
—Tú quieres matarme...— soltó entre gemidos sobre los labios húmedos de él.
—No, lo que quiero es saborearte, sentirte. No hay prisa... Mi amor— esa declaración fue el aliciente para soportar cualquier cosa. Cerró los ojos para permitirse disfrutar. Era verdad que sentía una tremenda ansiedad pero también era cierto que Aoshi la estaba haciendo sentir maravillosamente.
Ahora fue el turno de Aoshi entrar en un estado de gran excitación y si darse cuenta sus estocadas se fueron haciendo más estrictas e intensas. Ambos guiados por la delicia que sentían gimieron al unisono, llegando juntos al éxtasis. Los movimientos de sus caderas fueron más pronunciados esperando el momento de la culminación que no tardo en llegar. Aoshi se dejo caer en el pecho de Misao mientras se derramaba dentro de ella. Se quedaron así por un buen rato, ambos llenos de sudor y jadeantes por el bello encuentro de sus cuerpos.
—Bienvenido a casa, espero que no tengas que volver a marcharte— le dijo acariciando con ternura su húmeda y revuelta cabellera.
—En casa para siempre, te amo Misao— dijo acurrucando su rostro entre los pequeños pero bien formados pechos de Misao.
—Yo también te Amo— respondió con regocijo. Aoshi había regresado con ella y su hija, y eso la hacia infinitamente feliz.
Kenshin tenía cara de pocos amigos, seguía enfadado. Las mentiras de Kaoru se estaban volviendo muy frecuentes y eso era algo que le molestaba tremenda mente, y no solo eso, también le añadía que en ese preciso momento se comportaba como si él no estuviera presente, y para el colmo de males, sentó a su amiga Tae en medio de los dos utilizándola como barrera. Su chiquilla tenía actitudes como tal, de una niña y para variarla, caprichosa. Tenso la mandíbula al ver como un joven de cabellos parados y peinado extravagante se paseaba frente a ellos dirigiendo miradas seductoras a Kaoru. Lo que le faltaba un pedazo de animal asechando a su novia.
Tae miraba incomoda la situación, y advirtió a Kaoru de que estaba actuando mal, y la azabache solo se limito a ignorar las palabras de su amiga. Quizá no había sido clara con Kenshin, pero su negación a que fuera por ella era más que obvia, así que el mal genio se lo pudo haber evitado si tan solo le hubiera hecho caso de no ir a la universidad. Si él tenía secretos para con ella, no tenia porque tenerle consideración alguna y si él no hacía caso a sus peticiones, tampoco estaba obligada a cumplir las de él.
La chica siguió bebiendo gustosa su margarita, moviendo sus pies y manos al ritmo de una canción pegajosa y con mucho ritmo. Al fijar su vista al frente vio a un desconocido que se la comía con los ojos al mismo tiempo que levantaba su copa a manera de brindis, Kaoru levanto una ceja divertida y decidió imitarlo con la suya en mano, inyectaría la ponzoña venenosa de los celos en su obstinado novio.
Kenshin apretó el tabique de su nariz exasperado. Esa chiquilla ejecutaba la segunda parte de su juego. Pensó en alguna revancha que a la vez le hacia sentir estúpido al imaginarse que con ello tendría que rebajarse al nivel niñato de Kaoru, pero no importaba si eso le ayudaría a calmar la furia que le recorría el cuerpo. Chasqueo la lengua vigilando al entrometido hijo de perra que coqueteaba deliberadamente con Kaoru y si se atrevía siquiera a acercarse un poco lo molería a palos.
—Te divierte lo que estas haciendo, Kaoru?— le pregunto con tono asido esquivando el cuerpo de Tae por detrás.
—Si un poco ¿y tú?— respondió jocosamente.
—Bien, disfrútalo— soltó iracundo parándose del sillón del área vip para ir a la barra, necesitaba alejarse un poco o de lo contrario la sacaría a rastras de aquel lugar.
Una chica morena de ojos oscuros miro a cierto pelirrojo sentado solo en la penumbra luminosa de la barra de bebidas.
—Hola— la mujer voluptuosa de vestido azul rey corto y ajustado a su cuerpo le saludo para llamar su atención. —Vienes solo?— pregunto ondeando su cabello castaño.
Kenshin giro su rostro para con aquella mujer. No le causaba entusiasmo su descaro, pero había que reconocer que era una mujer demasiado hermosa y sensual. Sus facciones eran distintas, y su acento diferente. Frente a él tenia a una mujer extranjera y ademas bella, eso si, no mas bella que su Kaoru.
—No— fue la fría respuesta de él.
—Si no es así, que haces solo en esta barra?—
—Intento buscar algo de privacidad— dijo restando importancia al impacto visual, devolviendo la vista a su bebida.
—Te molesta que me haya acercado a ti?—
—Mujer te he dicho que no vengo solo y que busco algo de privacidad—
—Es extraño que busques privacidad en un lugar tan concurrido— dijo apuntando a la muchedumbre a su alrededor.
Kenshin dio otro sorbo a su whisky y giro el rostro cerca al de la mujer apretando sus sensuales labios en una fina y dura linea. La mujer quedo sin habla, ese hombre era fuego puro y no precisamente por lo rojo de su cabellera, su rostro tan sexy, varonil y su frialdad le daba un toque de misterio. Lo barrió con deseo desde la punta de los pies a la cabeza. Disfrutando cada uno de sus músculos. Seria fantástico tenerlo en la cama.
—Con privacidad no me refiero al lugar o la gente que me rodea, privacidad es que no me molesten, cómo lo estas haciendo tú— sus ojos dorados destellaron con enfado. Desde que ese sujeto levanto su copa a dirección de Kaoru y esta le correspondió, Battosai había despertado y tomado el control, esperando un paso en falso de cualquier imbécil que quisiera propasarse con lo que le pertenecía.
Kaoru parecía ajena a lo que sucedía con Kenshin y cierta mujer que le asediaba, pero no para Tae, que al salir del wc vio desde un punto ciego para Kenshin, lo que ocurría con este. Camino rápido a su mesa y se debatió entre decirle o no a su amiga lo que ocurría. Lo medito unos segundos y decidió que lo mejor era informarle.
—Mientras tú estás con tu infantilismo una tipa esta charlando con Himura— una sacudida y poca dosis de celos no le vendrian mal a Kaoru, necesitaba aprender que la paciencia de Kenshin podía terminar y con ella su relación.
Kaoru se levanto como re sortera y los celos malditos se posesionaron de ella, de cuando acá Kenshin era tan potencialmente social?
—Esa tipeja me va a oír. Donde están?— pregunto molesta.
—En la barra— dijo Tae.
La azabache camino con determinación, el ruido de sus tacones replicaban con fuerza a pesar de la estruendosa música que sonaba.
El hombre que había estado mirándole durante su estadía en el bar camino a dirección de ella pensando que por fin la chica se había animado a dar indicio a un acercamiento mas intimo.
—Hola guapa— saludo cuando la joven estuvo a escasos pasos de él.
—No me interesa gracias, vengo con mi novio— espeto con fastidio, una cosa era hacer travesuras inocentes para hacer enojar a Kenshin y otra que ella fuera una cualquiera calienta braguetas.
El hombre se quedo con la mano estirada viendo como pasaba de largo sin tomarle importancia. Alzo los hombros y decidió seguir al acecho de alguna jovencita que no fuera tan amargada y mojigata como la que recién le rechazo.
Ante sus ojos se revelo una escena nada agradable. Kaoru empuño sus manos y dio grandes zancadas. Esa mujerzuela se le resbalaba a Kenshin como mantequilla derretida y eso no se lo permitiría.
—Con permiso…...— dijo Kaoru arrastrando la voz pasando por en medio de ambos alejando a la mujer de su novio.
Kenshin frunció el ceño y parpadeo confundido. —Ya terminaste con tus labores— el tono con el que lo dijo era de dolor y decepción.
— Hey mocosa apártate— despotrico la mujer ante la interrupción de su coqueteo. Evidentemente no había escuchado el reclamo que hizo el pelirrojo, si no, hubiera comprendido la actitud de la joven hacia el objeto de su interés y finalmente acabaría por entender que ambos venían juntos.
—La que se debe apartar eres tú buscona, que no ves en la frente de este hombre la 'H O'— soltó furiosa ante la estupidez que había dicho, apartarse de su pelirrojo? Que disparate el de esa mujerzuela.
Los ojos de Kenshin se abrieron como platos llenándolo de confusión a él también con lo de la "H O". Contuvo una risa que amenazaba con salir, Kaoru peleando por él, eso si que era digno de disfrutar. Había planeado hacer algo rebajándose a su nivel infantil y jugar un poco como lo hacia ella, pero nunca imagino que esa oportunidad llegara asi de rápido dejándolo exento de buscar la revancha convirtiéndolo en un puberto.
—La 'H O' que clase de estupidez es esa?— se mofo la mujer al escuchar a esa mocosa que no pasaba de los veintiún años.
—Hombre Ocupado, golfa— levanto la mano para soltarle una bofetada. La exuberante mujer cerro los ojos ciscada, pero el golpe nunca llego ya que Kenshin lo impidió sujetando a Kaoru fuerte de la cintura y suspendiendo su mano en el aire antes de que se estampara en el rostro de la extranjera.
—Ya basta Kaoru— le advirtió con diversión.
—Acaso te agrada que te este asediando?— pregunto dolida.
—A ti te agrado el imbécil que te coqueteaba?— respondió con otra pregunta.
—No—
—Acabas de responderte a ti misma—
La extranjera miraba ofendida la escena, ese buenazo la había rechazado, sentía estúpida. —Vaya, vaya. Lastima, que desperdicio de hombre, más que novio le sirves de niñero a esta mocoseta infantil huele a pañal miado— dio media vuelta y Kaoru al escuchar como la había catalogado se enfureció nuevamente queriendo dejarsele ir a los golpes. Kenshin se lo volvió a impedir.
—Ya basta Kaoru, suficiente.
—Qué no oíste lo que me dijo? Que olía a pañal miado!— chillo indignada.
—No hueles a pañal, hueles delicioso. Pero si es verdad que te comportas como una niña. Kaoru, denotas mucho la diferencia de edad, haces que me vean como un pervertido asalta cunas y a ti una asalta asilo de ancianos
Kaoru hizo un mohin de desagrado, cuando entendería su pelirrojo que diez años no eran demasiados. —Esa golfa te acaba de meter esa idea. Debiste dejar que le partiera la cara.
—Ya no le tomes importancia a las palabras de esa mujer. Olvídalo ya.
—Pero yo quería golpearle, tirarla dejarla ensangrentada y...— la chica fue interrumpida.
—No Kaoru, el asesino despiadado y sin escrúpulos soy yo, tú eres mi inocente chiquilla que me mantiene cuerdo— le dijo atrayendola a su cuerpo.
—Déjame que aún estoy molesta contigo— volteo hacia la barra y sin deshacer el agarre a su cintura, sujeto la bebida de Kenshin dando un trago grade. El liquido le quemo la garganta y arrugo la boca haciendo movimientos exagerados con las manos.
—Wuacala! Esto esta muy fuerte—
—No más que esto— le llevo una mano directo a su pecho en la zona del corazón. Atrapo sus labios profundizando un beso ardiente. Sumergió su lengua en la boca de Kaoru probando hasta el ultimo rincón saboreando el dulce sabor revuelto con el alcohol que acaba de tragar. Ella le correspondió olvidando todo enojo que se había generado en ella tras la acalorada discusión que se dio en casa de Kenshin. Amaba con todas sus fuerzas a ese hombre, decidió no meterse mas en sus asuntos, dejaría por la paz todo y solo se limitaría a disfrutar los momentos que Dios le permitiera pasar a su lado. Confiaba plenamente en en el juicio de su novio y esperaría pacientemente a que él tomara la decisión de retirarse de su labor como ejecutor, solo rogaba a Dios una cosa, que siempre lo protegiera y se lo regresara con bien después de enfrentar los combates que se le presentaran.
—Creo que ya es hora de irnos?— Sus ojos ámbar ya habían dejado salir a flote el violeta original.
Una pequeña parte de una cicatriz se asomo por la abertura que precisaban dos botones desabrochados de la camisa verde militar del pelirrojo. Kaoru llevo su mano al pecho de Kenshin y con el dedo medio trazo con ternura la rugosa marca en forma diagonal, que se iniciaba en el centro de su pecho hasta la mitad de su pectoral derecho.
Kenshin cerro los ojos. De pronto tuvo un dejavu, ellos dos en el festejo de sus treinta años, ella acariciando su cicatriz y el permitiendo el asalto a su intimidad, solo que esta vez el trato poco sutil nunca llegaría, al contrario, lo que le provocaba era llevarla a su cama, sentarla sobre él y obligarla a que le diera la misma atención a cada una de sus cicatrices.
—Te amo Kenshin, y también a cada una de estas— dijo llevando la otra mano a su lado izquierdo del rostro, delineando la x de su mejilla.
—Me alegra saberlo y no se si ya lo observaste bien, pero mi cuerpo está lleno de ellas—
—No guapo, hemos estado tan ocupados que no me has dado tiempo de admirarlas todas. Pero la siguiente vez me dedicare recorrer y besar cada una de tus marcas— mordisqueo su labio con sensualidad, logrando que su respuesta sonara más bien a una picara propuesta.
El cuerpo de Kenshin se tenso con excitación, la próxima vez que estuvieran sus cuerpos expuestos le recordaría su promesa. Una corriente eléctrica le invadió el cuerpo entero de tan solo imaginarlo.
—De acuerdo chiquilla. En marcha que ya es muy tarde— entrelazo sus dedos y comenzó a caminar llevando a Kaoru consigo a buscar a Tae.
El fin de semana llego a su fin trayendo consigo un lunes lleno de actividades agobiantes. Kaoru se sentía agotada y desganada, ese día no le apetecía ir a la universidad. Como siempre sus tíos salieron por la mañana al hospital y ella simplemente se quedo en cama todo el día debatiéndose entre el salir de la cama o no. Miro su reloj de buro y pego el brinco de la cama, ya eran las cinco y media de la tarde. Se apresuro a ducharse y cambiarse, seco su cabellera con la secadora y lo amarro en una coleta pasando por alto su flequillo. Con desgana se coloco unos pantalones a la cadera de manta color beige que se ajustaban a la mitad de sus muslos y caían holgados en el resto de sus piernas.
Se miró al espejo para percatarse que no se transparentara su piel por debajo de la tela y cuando por fin quedo satisfecha busco una blusa de color caqui de tirantes, el calor era insoportable y necesitaba tener expuesta parte de sus carnes para soportarlo, nuevamente regreso su mirada al espejo decidida a aplicarse un poco de maquillaje, pero tanta era su pereza que decidió omitirlo también, al fin y al cabo su piel no estaba tan estropeada como para depender de los cosméticos. Busco sus sandalias de piso y se las coloco con cuidado para no estropear las aplicaciones de pedrería. Volvió a verificar la hora y con susto vio que pasaban de las seis y media, si tan solo pudiera volar llegaría justo a tiempo a la universidad. Deseo poder contar con su pelirrojo, pero por desgracia su maldita organización le requirió justamente en la hora que el pasaba por ella para llevarla a sus clases.
Se tiro de espaldas a la cama, pensando en hacerse de un justificante para llevarlo el martes y sus faltas fueran eliminadas de su lista de asistencia. Recordó a sus padres y la emoción que sintieron cuando ella les hablo con determinación de su decisión de tomar una carrera universitaria y el temor de fallarles hizo mella en ella. No podía faltar mas, solo una vez lo hizo y eso fue porque deseaba estar con Kenshin y fue realmente maravilloso ya que esa ocasión había dado paso a su debut y primera vez con Kenshin, y después de ello se había jurado no faltar mas, amenos que fuera por causa de fuerza mayor.
Su teléfono celular replico con una estrofa de canción y ella corrió a contestar. El identificador le indicaba que posiblemente le salvarían el pellejo.
—Hola—
—Hola, ya vas camino a la universidad?—
—No, se me hizo tarde y aun no he salido de mi casa— dijo haciendo puchero y emocionada de escuchar la voz de su Kenshin.
—Estoy a una cuadra de tu casa, prepara tus cosas—
—Vas manejando y te atreviste a llamarme?— cuestiono molesta por la negligencia de ir con una sola mano manipulando la motocicleta.
—Kaoru, traigo el manos libres y aproveche un alto para marcar—
—Ok, pero y tu reunión?—
—Se pospuso para más tarde. Ya estoy a fuera tu casa, date prisa amor si no llegaras tarde—
—Si— colgó la llamada, agarro su bolso con útiles y salió rápidamente.
Llegaron a tiempo, Kenshin bajo su pie para sostener el peso de su motocicleta y Kaoru bajo con rapidez. Le dio un beso a su novio y este le respondió gustoso. Antes de marcharse le aviso que si la junta se excedía y no podía llegar a la salida, mandaría a uno de sus hombres por ella.
Kaoru asintió sin rebatir y se apresuro a entrar a la universidad.
Ya era tiempo de comenzar con la clase y las dos primeras horas le correspondía al profesor Teramoto, encargado de impartir la materia "Sociología Jurídica". Al transcurrir mas de quince minutos, los alumnos presentes comenzaron a murmurar extrañados por la ausencia del profesor, pues este era muy responsable y demasiado estricto con la puntualidad. A falta de la figura de autoridad, varios comenzaron a tirar relajo y otros a realizar las tareas que no hicieron durante el fin de semana. Kaouru se levanto de su butaca con intenciones de salir del salón de clase y tomar un poco de aire, pero su acción quedo solo en eso "intenciones"
Su cabello negro se zarandeo de un lado a otro cuando freno su andar evitando así chocar con una figura masculina que venia entrando por la puerta. El hombre también se detuvo, alzo una ceja y miro a la jovencita de arriba abajo. Una fantasmal sonrisa apareció en sus labios.
—Aprovechando la situación para hacer desorden?—
Kaoru abrió los ojos como platos, ese sujeto que se creía para reprenderla así, nunca de los nuncas lo había visto por la universidad y claramente no se trataba de ningún profesor ni prefecto de la universidad, por lo que dedujo que quizá se trataba de algún estudiante de intercambio.
—Mira quien lo dice, un nuevo estudiante y que ademas se atreve a llegar tarde— respondió con sarcasmo.
—Haz el favor de entrar y tomar asiento— reprendió con dureza.
La azabache iba a responder con una grosería que tuvo que atorar en su garganta cuando vio que se acercaba el director. Sin más se dio media vuelta y tomo asiento tragando su enojo.
—Jóvenes— dijo el director con rectitud. —Les presento a su nuevo profesor Enishi, es familiar de su antiguo docente quien por causas de salud presento su renuncia temporal esta mañana, promoviendo a su hermano como suplente. Como podrán ver, por las premuras de dichos sucesos se accedió a la petición del profesor Teramoto basándonos en su gran desempeño y honestidad que brindo a lo largo de diez años en el plantel. Sin más de mi parte, me retiro. Todos suyos Profesor Enishi y bienvenido— el director reverencio y acto seguido se retiro del salón.
Kaoru quedo de piedra, agradecía que el director hubiese llegado a tiempo, porque de no haber sido a si, hubiera llegado a su casa con una preciosa amonestación por dirigirse a su nuevo maestro con palabras altisonantes.
Enishi se sentó frente al grupo observando a cada mujer. Dentro de sus papeles saco con discreción una fotografía cuya imagen mostraba una mujer de largos cabellos negros, piel clara, rostro ovalado y facciones finas con unos ojos preciosos de color zafiro. Su vista reparo en la joven que se topo a la entrada del aula. Al inicio no había detectado el parecido con la de la foto pero ahora que la miraba con mas detenimiento, no cabía duda que esa chica era su objetivo "la linda Kaoru."
Después de algunos minutos resguardo la fotografía y comenzó poniéndose de pie, pidiendo a cada uno de los alumnos exponer sus nombres y convicciones, el típico acercamiento entre alumno y maestro para conocer un poco mas sobre ellos, con la pequeña diferencia de que él no era profesor certificado y solo le interesaba conocer de alguien en especifico.
—Su turno señorita— señalo a Kaoru instalando a ponerse de pie.
—Mi nombre es Kaoru Kamilla y mi pretensión es convertirme en una de las mejores abogadas de Tokio— finalizo su presentación.
—Muy bien jovencita, gracias— Enishi recargo airoso la espalda en el respaldo de la silla, observando con cautela a Kaoru. Rasco su mentón ideando que rayos decir. —Alguien de ustedes podría decirme hasta que unidad vieron con su antiguo profesor—
Tae levanto la mano y Enishi le dio la palabra.
—Estamos por finalizar la unidad 5— dijo con un furioso sonrojo. No cabía duda que el cambio de docente le vino de maravilla, ese hombre estaba como para comérselo de un bocado. Kaoru la miro por el rabillo del ojo y le sonrió picaramente. Su amiga no podía disimular el interés que acababa de surgir en ella por el profesor Enishi.
Las horas transcurrieron dando final a las clases. Kaoru fue la primera en salir del salón seguida por Tae, ambas caminaban animosamente platicando sobre el cambio de profesor y la peculiaridad de este. Ya fuera de la universidad Tae se despidió y Kaoru simplemente espero a quien sea que fuera a ir por ella.
—Kaoru— una voz masculina llamo a su espalda, la joven volteo y con asombro vio que se trataba de su profesor.
—Sí?— se limitó a responder.
—Mañana comenzare una dinámica relacionado con los bloques que han visto, es como un repaso general y necesito de tu ayuda—
—Soy toda oídos profe— recordó lo poco cordial que fue en un inicio cuando él llego al salón de clases y sintió algo de pena, su fuerte carácter siempre la mantenía a la defensiva, tenia que trabajar en el pues ya estaba mas que comprobado que no le traía buenos resultados.
—Organizare un comité con algunos de ustedes y quiero saber si estas dispuesta a ser uno de los jueces, también debo decirte que sera un poco tedioso ya que los miembros se encargaran de realizar las preguntas escritas y exponerlas en las siguientes clases a los demás alumnos. Las preguntas y respuestas serán orales y su duracion sera de cuatro semanas— sonrió mostrando unos dientes impecables.
—Tengo opción?— los nervios la estaban obligando a desistir, la verdad nunca fue muy buena para sobresaltar como la estudiante estrella o la cerebrito y no estaba segura de controlar los nervios como para formar parte de aquel comité y menos si tenía que participar mediando como oradora.
—No, pero te salvaras de estudiar todos los temas y de ser tú quien tenga que responder y ser calificada— determino
Kaoru frunció los labios pensativa, si el hecho de escribir como loca, mas bien formular preguntas escritas con ayuda de sus libros y no tener que memorizar todo para ser evaluada la salvaría, sin duda alguna era una propuesta tentadora que no dejaría pasar.
—Hecho— sonrió alzando la mano a Enishi y cerrar lo pactado.
—Hecho..— Enishi sujeto la mano de la azabache estrechándola fuertemente.
El cabello plateado de su profesor se revoloteo un poco a causa del fuerte viento, Kaoru levanto una ceja sin darse cuenta y pensó si ese hombre tenia la costumbre de teñirse el cabello, pues era raro que una persona de su edad tuviera problemas de pigmentación en el pelo como los ancianos de 80 años. Él y su pelirrojo tenían algo en particular una cabellera con colores muy llamativos.
Unos ojos ámbar miraban con apatía la escena tan amable entre su novia y aquel sujeto, tenso la mandíbula, frunció el ceño y comenzó a caminar peligrosamente hacia con ellos. Los músculos de sus brazos se contraían cada vez que abría y cerraba los puños como si quisiera deshacerse de algún calambre en los dedos.
—Buenas noches— tomo a Kaoru de la mano, el agarre que ejerció fue algo rudo. Su coraje era tan grande que no se percato de que la azabache respingo incomoda, pues comenzaba a lastimarla.
—Kenshin... Te presento a mi nuevo profesor, me estaba explicando la nueva dinámica que se llevara en clase— Kaoru trato de salarse sin armar alboroto para no advertir al profesor de lo que sucedía. Al ver que su novio no cedía, le propino una mirada de angustia y comenzó a mover la mano y darle a entender que la estaba apretujando sin consideración. Kenshin reacciono y soltó su mano. No era a ella a quién quería castigar, al menos no de esa manera.
Aquel nombre revoloteo en los oídos de Enishi provocando que se le revolvieran las entrañas, frente a él tenia al maldito que había asesinado a su amada hermana. Tenia ganas de matarlo en ese preciso momento. Se obligo a recobrar el juicio, no podía echar a perder el plan.
—Buenas noches— ofreció una mano para saludar cordialmente. —Mi nombre es Enishi.. Teramoto—
Kenshin correspondió el saludo. —Lo que tenga que tratar con mi novia referente a su materia, hágalo en salón de clase, no fuera.— asevero con voz dura y determinante, dando un apretón poco amigable, quería destrozarle el dorso al engreído ese, el cuento de los asuntos escolares no se lo tragaba, ese sujeto tenia otras intenciones lo veía en sus oscuros ojos.
—Kenshin...— susurro la joven apenada por la actitud del pelirrojo para con su maestro.
—No se preocupe, tomare en cuenta su sugerencia. Con permiso y buenas noches— hizo una pequeña reverencia y se retiro con paso calmoso. Esa chica era mucho más que el punto débil de Battosai. El plan de Makoto iba a ser sin duda alguna muy divertido.
—Me puedes decir que rayos te pasa? Por qué te comportaste de esa manera?—
—Vamonos— sujeto la mano de Kaoru sin responder preguntas.
Kaoru desasió el garre, bruscamente. —Respondeme!— exigió con ojos interrogantes.
Kensin paro su andar abruptamente.—No me cuestiones— dijo sin voltear a verla, segundos después retomo el paso al lugar donde se encontraba su moto.
La azabache pataleo el piso poniendo los ojos en blanco a manera de fastidio. Tenía ganas de no montarse en la moto, le provocaba tomar un taxi e irse sola. Los problemas con Kenshin eran cada vez mas frecuentes.
Los ojos de Kenshin aun no volvían a la normalidad, seguían con aquel furioso ámbar que infundía temor a quien se atreviera a sostenerle la mirada.
—Sube ya— su voz resonó con tono autoritario.
—Y si no quiero hacerlo?— reto la chica.
—Sabes que te obligare—
—No te atreverías a...— Kenshin alzo una ceja adivinando lo demás que venia por boca de Kaoru. Más tardo ella en retar que él en ir por ella. La rodeo por la cintura y la elevo unos centímetros del suelo, caminando literalmente cargándola. La sentó en la parte trasera de la motocicleta. Las protestas de Kaoru fueron ignoradas. El solo se limito a acomodarla en silencio. Después subió a su moto y arranco sin decir una sola palabra.
Continuara...
Notas de autora.
Pido disculpas por la larga ausencia, ya estamos devuelta y primero Dios no volveré a ausentarme como esta vez. Mi inspiración no esta muy bien que digamos así que también pido disculpas si la historia les llega a parecer enfadosa al grado de perderle el interés.
Quiero agradecer a un anónimo que me estuvo alentando con su petición de continuar con la historia y referente a su petición de el lemon entre Kaoru y Kenshin con el vestido que ella uso en el segundo cap. en la fiesta del pelirrojo, viene para el siguiente.
Hubo también una petición de un poco mas de romance entre Aoshi y Misao, mismo que incluí en este capitulo, espero que lo hayas disfrutado Lica ;
Hasta la proxima...
