Grimmjow estaba casi al límite de su paciencia.

Siempre había considerado a Ichimaru Gin particularmente molesto, pero ahora mismo se daba cuenta de que también era completamente entrometido. No sólo le había impedido ir a ver a Ulquiorra, sino que el shinigami lo seguía allí donde fuera, incluso al puto baño. ¡No había forma de librarse de él! Cada vez que Grimmjow se giraba, Ichimaru estaba allí con esa sonrisa espeluznante.

Cada segundo que perdía por culpa de Ichimaru los acercaba más y más al ataque planeado contra el capitán de la quinta división y sus subordinados. Cada segundo que perdía acercaba más a Grimmjow al que podía ser su último encuentro con Ulquiorra. Cada segundo que perdía… Grimmjow miró a Ichimaru de reojo. Si hubiera sido un arrancar cualquiera en vez de Ichimaru el que lo vigilara, Grimmjow ya le habría partido el cuello. Pero se trataba de Ichimaru, y Grimmjow no era lo bastante estúpido como para hacerse matar ahí mismo. Apretó los dientes, luchando contra el impulso de desenvainar a Pantera.

Si Ichimaru se marchara. Un par de horas bastarían…

En ese preciso momento, dicho shinigami estaba rodando en la cama de Grimmjow, arrancándole molestos chirridos. Y de mientras, Ichimaru iba tarareando nanas.

Grimmjow no podía creer que ese hombre fuera más fuerte que él.

"Grimmy-chan," dijo Ichimaru con voz ñoña, rodando de espaldas. "Tu habitación es muy aburrida. ¿No hay nada que se pueda hacer?"

"No," dijo Grimmjow secamente, sin molestarse en mirar a Gin. Se mantuvo firmemente de espaldas a él.

Ichimaru hizo un puchero. "¡Qué frío eres! ¿No podrías al menos hacer ver que te alegras de verme? Vamos." Se sentó y sonrió. "¡Sonríe!"

"Demonios, no."

Ichimaru abrió los brazos. "Si no quieres sonreír, ¿qué me dices de un abrazo? Los abrazos son bonitos."

"Que te jodan."

Ichimaru se cubrió la boca con una mano. Se hizo el horrorizado. "Oh, Grimmy-chan, qué directo. Haces que me sienta cohibido," Ichimaru soltó una risita, crispando los nervios de Grimmjow. "Sólo te he pedido un abrazo, bobo. No me acostaré contigo hasta la tercera cita. O la segunda, si de veras me gustas, pero apenas te conozco…"

Dios, si existes, dame paciencia para tolerar a este anormal.

Grimmjow ignoró la charla del hombre, sabiendo que Ichimaru sólo lo hacía para conseguir hacerlo reaccionar. Pasaron segundos… Minutos… Una hora… Dos horas. Durante ese rato, Grimmjow se sentó en su escritorio, dando golpecitos en un papel con un bolígrafo, esperando una oportunidad para salir corriendo. Ichimaru, por otro lado, no mostraba intención alguna de querer marcharse. Continuaba hablando como un autómata con un Grimmjow silencioso, sin importarle que Grimmjow no le prestara la más mínima atención. De vez en cuando Gin miraba el reloj sobre la mesita de noche, pero a parte de eso y hablar, no hacía nada más.

Grimmjow empezaba a pensar que tendría que estar con Gin hasta que la misión comenzara.

Ichimaru volvió a mirar el reloj. "Oh, ya es hora de dormir," comentó.

Grimmjow gruñó sin interés.

"Aizen-sama suele dormir a esta hora."

Otro gruñido. Grimmjow no le encontraba el sentido a esa conversación – ya sabía todo eso.

Se oyó un crujido de la cama cuando Ichimaru se movió. Grimmjow lo ignoró de todas formas, creyendo que Ichimaru probablemente iba a ponerse a rodar otra vez sobre la cama. Pero eso cambió cuando oyó unos pasos que se acercaban a él y cuando un par de brazos se enroscaron a su alrededor desde atrás, abrazándolo. Ichimaru Gin apoyó la barbilla sobre el hombro de Grimmjow, haciendo como si abrazar al Sexta fuera la cosa más normal del mundo.

"¿Lo ves? Los abrazos no son tan malos," dijo Ichimaru, achuchándolo.

"Suéltame," gruñó Grimmjow.

"Vamos, vamos." Grimmjow prácticamente podía escuchar el regocijo en la voz de Ichimaru. "No seas tan gruñón. Además, sólo es un abrazo."

"No quiero que me des ningún abrazo."

En vez de hacer lo que le había dicho Grimmjow – pues claro, se trataba de Ichimaru Gin – Ichimaru susurró al oído del Sexta, haciéndole cosquillas en la piel con su aliento, "Oh, ¿acaso quieres algo más? Puedo dártelo fácilmente. Sólo tienes que pedirlo."

Grimmjow entrecerró los ojos ante el tono insinuante que había adquirido la voz de Ichimaru. "Ichimaru…" dijo a modo de advertencia y con el cuerpo inmóvil en el abrazo del otro.

Ichimaru, ignorándolo y riéndose, continuó, "Nah, voy a reservarte para una segunda cita." Jugueteó con su pelo azul, con la barbilla aún apoyada en el hombro de Grimmjow. "Voy a salir un rato. Quiero examinar algunas cosas. Tardaré un par de horas. Cinco, quizás. Me toca hacer guardia en la Sala de Vigilancia. Pero antes de ir allí tengo que echarle un vistazo a Aizen-sama. Eso me llevará unos diez minutos. De todos modos…" dejó que su voz se apagara antes de seguir, "Voy a juguetear con las cámaras un rato. Las que hay de aquí a la entrada estarán apagadas durante cinco minutos."

¿Qué…? Grimmjow apenas podía creer lo que oía. Cerró los dedos alrededor de la tela de su hakama. ¿Qué era esto…?

"Recuerda, Aizen-sama te castigará si te pilla haciendo lo que no debes," murmuró a su oído. "O yendo a donde no debes."

Ichimaru dejó caer los brazos al incorporarse, deshaciendo el abrazo. Grimmjow, aún de espaldas al shinigami, oyó que sus pasos se alejaban de él.

"Te veré de aquí a cinco horas, ¿vale, Grimmy-chan?" dijo Ichimaru. "Y ahora, será mejor que seas un buen gatito o tendrás problemas de los gordos. Oh, y apreciaría que no mencionaras esto a nadie. Se supone que debo quedarme contigo hasta que comience la misión."

Grimmjow se giró justo a tiempo de ver a Ichimaru guiñándole un ojo, salir de la habitación y cerrar la puerta. El Sexta se quedó mirando la puerta con incredulidad y los ojos abiertos de par en par.

¿A qué demonios había venido todo eso?


Ichimaru se alejó por el corredor con las manos metidas en las mangas.

"Que no te pillen, gatito," rió entre dientes mientras se dirigía al dormitorio de Aizen.


"De veras que no es necesario que me acompañes a casa, Hinamori," dijo Ulquiorra.

Hinamori asintió. "Lo sé. Pero no quiero que el capitán Ulquiorra esté solo. El capitán siempre está solo."

Ulquiorra apenas contuvo el suspiro que quería escapar de sus labios. "Anda ya…"

Estaban regresando tras dar su informe al capitán Yamamoto. El hombre los había hecho narrar todo lo ocurrido, sin querer perderse ningún detalle, de modo que habían tardado un rato en explicárselo. Hojas y ramitas crujían bajo sus pies a cada paso que daban por el camino iluminado por la luna que conducía a casa de Ulquiorra. Éste no le dijo nada a su teniente durante el trayecto, puesto que tenía la mente confusa pon los eventos ocurridos. Gracias a Dios, Hinamori conocía a Ulquiorra lo suficiente para saber que no debía hablar estando él así – la chica sabía que si él quería hablar, lo haría bajo sus propios términos.

"Bien, ya hemos llegado," anunció Hinamori cuando llegaron al portal de la casa.

"Sí…"

Ella se giró para mirarlo, nerviosa. "Ah... Bueno, buenas noches pues, capitán Ulquiorra," dijo, sonriendo con recato.

"Buenas noches, Hinamori," dijo Ulquiorra, apoyando una mano sobre su cabeza y haciendo que la muchacha se sonrojara levemente. "Te veré mañana. Descansa un poco."

"¡S-sí, capitán!"

La mano de Ulquiorra vaciló sobre el pomo de la puerta. "Oh, y, ¿Hinamori?"

Ésta se detuvo y lo miró con curiosidad. "¿Sí, capitán?"

"Basta con que me llames 'Ulquiorra'."

Ella parpadeó, aturdida. Entonces sonrió, sonrojándose aún más. "¡De acuerdo, cap... quiero decir, Ulquiorra!"

Después de que Hinamori se fuera – prácticamente había regresado a su casa caminando con un brío característico y una alegre sonrisa en su rostro – Ulquiorra entró en su casa, se desvistió rápidamente y se duchó. Observó con expresión adusta cómo la sangre y la suciedad que le cubrían la piel se iban por el desagüe. ¿Qué era lo que había dicho la arrancar? ¿Que sus seres queridos iban a morir? Sintió una punzada en el corazón, sabiendo lo ciertas que eran esas palabras. Kurosaki, Hinamori y los demás shinigami… No dudaba que todos ellos sobrevivirían.

¿Pero y él y Grimmjow?

Tal como estaban las cosas, dudaba que fueran a sobrevivir.

Sólo era cuestión de tiempo el que los descubrieran.

Sólo cuestión de tiempo.


Grimmjow no sabía qué demonios pretendía Ichimaru Gin, ni tampoco sabía sus razones. Cuando el shinigami había abandonado su habitación, Grimmjow había seguido mirando la puerta en silencio, aturdido. Asió el borde de la silla en la que estaba sentado, con el corazón a cien, indeciso entre dos opciones. Parte de él quería ir a ver a Ulquiorra. Sin embargo, otra parte de él, aunque más pequeña, fue suficiente para detenerlo y hacerlo pensar. Esa parte de él le decía que podía tratarse de una trampa, que todo eso podía formar parte del plan de ese bastardo de Aizen. Especialmente siendo Gin su más allegado subordinado.

Durante esos minutos en que Grimmjow estuvo contemplando qué hacer, la habitación permaneció en inquietante silencio. Eso no le gustaba. En todo caso, sólo servía para añadir más tensión a la situación.

Si se quedaba… No podría ver a Ulquiorra hasta que se encontraran cara a cara en la batalla.

Si decidía marcharse… Podría ver a Ulquiorra una última vez como Grimmjow Jaegerjaquez antes de la batalla, donde se enfrentaría a Ulquiorra como enemigo. Pero si era una trampa, lo considerarían inmediatamente un traidor.

"Tch…" Grimmjow se frotó la sien. "Maldita sea... Esto se ha complicado demasiado."

Volvió a alzar la vista hacia la puerta y se puso de pie.

Decidió correr el riesgo.

De todos modos, en la batalla descubrirían que era un traidor – de ningún modo iba a atacar a Ulquiorra.

Una vez transcurridos los diez minutos, Grimmjow salió de su cuarto, recorrió el pasillo, comprobó las cámaras – y justo tal como Gin había dicho, éstas estaban apagadas, puesto que no vio la brillante lucecita que emitían para indicar su funcionamiento – salió de Las Noches y se dirigió a una cueva en el desierto, donde abrió una Garganta. Durante todo ese tiempo, no dejó de mirar sobre su hombro y de comprobar la existencia de otros reiatsus para ver si lo seguían. Afortunadamente, no fue así. Incluso cuando hizo una última comprobación antes de introducirse en el portal, no sintió ningún reiatsu familiar ni vio a nadie.

¿Era posible que Gin hubiera sido sincero?

Pero no podía creerlo – Ichimaru Gin seguía siendo un misterio para la mayoría de los arrancar.

Una vez comprobado que no lo seguían, no tardó mucho en hallarse en la habitación de Ulquiorra. Podía oír el sonido de la ducha. Era bastante tarde, y vio el uniforme del otro manchado de sangre en la cesta de la ropa sucia – Ulquiorra debía haber regresado de otra misión. Se dejó caer en la cama con los nervios a flor de piel. Cada ruido, por pequeño que fuera, parecía retumbar en sus oídos. Con la ventana abierta, podía oír los susurros del viento. Podía oír el sonido de la rama de un árbol cercano golpeando el cristal de la ventana cada vez que la brisa la zarandeaba. Podía oír el sonido del agua, cómo cada gota salpicaba el suelo. El tictac del reloj que colgaba de la pared…

Cada segundo que pasaba lo acercaba más a su inminente lucha.

Y quizás incluso a sus muertes.


El espejo del baño estaba empañado por el vapor de la ducha. Nubes blancas flotaron fuera del baño cuando Ulquiorra abrió la puerta, tapado únicamente con una toalla enroscada en sus caderas. Se quedó boquiabierto, casi incrédulo, cuando vio a Grimmjow Jaegerjaquez sentado en su cama. Teniendo la mente inundada por las palabras de la arrancar moribunda, no había esperado encontrarse con el Sexta. Y se sorprendió aún más al ver tan seria expresión en el rostro de Grimmjow y al notar que su aura contenía un matiz de amargura – Grimmjow solía estar de mejor humor cuando se veían. Incluso el aire parecía afectado por su estado de ánimo – estaba tenso, casi al límite, con tensión y ansiedad.

"¿Grimmjow?" se descubrió diciendo, rompiendo el silencio.

Grimmjow sonrió secamente. "Eh."

"¿Qué estás haciendo aquí?"

Ulquiorra vio al otro levantarse y acercarse a él con pasos lentos y seguros. Su corazón, que había dado un brinco al ver a Grimmjow, ahora le pesaba. Temeroso, incluso. Se retorcía de preocupación. Algo malo ocurría. Y lo habría expresado con palabras, también, en ese mismo momento, de no ser porque Grimmjow lo tomó de las manos. Y aún así Grimmjow no dijo nada – simplemente le acarició las manos con la yema de los pulgares en círculos. El silencio los envolvió, desafiándolos a romperlo, cosa que Ulquiorra hizo.

"Grimmjow," volvió a decir.

Grimmjow soltó una risita, haciendo que Ulquiorra enarcara una ceja.

"Grimm…"

"Es muy tarde. ¿No tienes que prepararte para la misión de mañana?"

Ulquiorra parpadeó. ¿Cómo sabía…? "Espera, ¿cómo sabes tú eso?"

El corazón de Grimmjow se encogió al oír la respuesta del otro – así que es cierto – pero no dijo nada al respecto, sino que interrumpió a Ulquiorra de nuevo. "Siempre has tenido tus dudas," dijo él, acompañando su voz con una risita, aunque ésta denotaba que hablaba en serio. "Pero nunca me has preguntado. Sobre qué relación teníamos en el pasado."

Ulquiorra se lo quedó mirando.

"¿Qué?"

"¿Estoy en lo cierto, Ulqui?"

"Bueno, sí. Pero, Grimmjow, ¿qué ocurre? Pareces distinto..."

Esa escena parecía ser un eco de la que había tenido lugar antes de que Ulquiorra encontrara su final.

Rió otra vez. "Eso pensaba." Grimmjow le sujetó las manos con más fuerza. "Espera, quizás esto te refresque la memoria."

Y se inclinó.

Sus labios se encontraron con los de Ulquiorra en un beso.

Cuando Grimmjow finalmente lo soltó de su abrazo, Ulquiorra alzó una mano y acunó la mejilla del Sexta. "Me tengo que ir. Esto nunca terminará si no detenemos a los shinigami."

Grimmjow se mordió el labio inferior, conteniendo las lágrimas que intentaban brotar de sus ojos. Sabía que Ulquiorra tenía razón. Como siempre. Pero no quería admitirlo. "Ulquiorra..." Tocó ese rostro de muñeca, trazando sus contornos, tocando esa perfecta piel blanca de porcelana que tanto adoraba. Grimmjow quería grabar la imagen de Ulquiorra en su mente para siempre.

En el pasado, Ulquiorra había tenido que partir hacia la batalla. Y justo antes de que lo hiciera, Grimmjow lo había ido a ver para hablar con él por, quizás, última vez. Después de que Ulquiorra se marchara, Grimmjow también se había dirigido hacia la batalla.

Ahora, Ulquiorra iba a partir hacia la batalla en cuestión de horas. Y antes de que fuera hora de marcharse, Grimmjow había venido a verlo. Después, cuando a Ulquiorra le llegara el momento de irse, Grimmjow también se dirigiría a la batalla.

Era como si la historia se repitiera.

Qué irónico.

¿Cuál era la diferencia?

Que esta vez no iban a luchar contra un enemigo común.

No, iban a luchar el uno contra el otro.


"¡Eh, Starrky-chan!" lo saludó Ichimaru cuando se topó con el Primera en el pasillo. "¿Aún despierto? Creía que te irías a dormir en cuanto acabara la reunión."

Starrk bostezó ampliamente. "De hecho, ahora mismo iba a hacerlo."

"Oh, bien, bien, porque tienes muy mal aspecto. ¿Es eso lo que te pasa cuando no duermes unas cuantas horas?" dijo Ichimaru. No esperaba una respuesta, así que siguió hablando. "Ah, bueno. Vete a dormir. Necesitas estar bien lozano para mañana. Un gran día, sí."

"Sí..." Starrk se quedó callado.

Ichimaru le dirigió una mirada inquisitiva.

Starrk, que estaba ante la puerta de su habitación, le daba la espalda a Gin. El pelo le enmarcaba el rostro, que ahora lucía una expresión ilegible, con la vista clavada en el suelo, y tenía una mano metida en el bolsillo de su hakama, mientras la otra colgaba a su lado. Al cabo de poco, alzó la vista al techo.

"¿Cree que todo esto es realmente necesario?" preguntó.

"¿Hm?"

"Este plan que Aizen-sama ha trazado para comprobar la lealtad de Grimmjow," se explicó Starrk.

"Ah, eso," Ichimaru rió suavemente. "Nop. No es necesario."

Starrk lo miró. "Entonces, ¿por qué?"

Ichimaru se encogió de hombros. "Ya conoces a Aizen-sama. Le gusta jugar. Bien podría divertirse un poco cuando comience la guerra. Y Grimmy-chan y Ulqui-chan son perfectos para ello. Incluso hizo que Alvara hablase con Ulqui-chan sobre lo desesperada que es su situación, para jugar un poco con su mente y para poner la Sociedad de Almas en alerta cuando Ulqui-chan informe al capitán Yamamoto de sus palabras."

"¿Alvara?"

"Esa arrancar que Aizen-sama envió a Karakura hace un par de horas. La loca."

"Ah," dijo Starrk finalmente cayó en la cuenta. "Ésa. ¿Qué le ha pasado?"

"Muerta," respondió Gin simplemente. Ahora fue el shinigami el que bostezó. Se puso una mano ante la boca mientras bostezaba ampliamente. "Maldita sea, tengo más sueño del que creía. No puedo andar soñoliento mañana. Gran día, gran día. La cosa más importante en siglos." Agarró el hombro de un Starrk ahora apagado. "Vete a dormir, Starrky-chan. No quiero que te quedes dormido de repente cuando te necesitemos."

Starrk asintió. "Claro."


El beso. Fue tierno.

"Grimmjow." Ulquiorra apartó un mechón de pelo azul de los ojos del arrancar. "Pase lo que pase, siempre estaremos juntos. Tú eres parte de mí y yo soy parte de ti. Aunque algo ocurriera, nunca estaríamos realmente separados."

Y le pareció algo tan normal.

Pero…

Ulquiorra puso las manos en el pecho de Grimmjow y lo apartó suavemente.

"Grimmjow," susurró. "Háblame. ¿Qué va mal?"

Para sorpresa de Ulquiorra, Grimmjow rió suavemente. El shinigami captó el sonido amargo de su risa. "¿Qué es lo que no va mal, hoy en día?" dijo Grimmjow. Entonces su expresión se suavizó. Parecía casi triste… Melancólica. Y cariñosa. Hizo que Ulquiorra se preocupara. "Ulquiorra..." Le acarició la mejilla.

Pero Ulquiorra no se doblegó. "Dímelo."

El Sexta sonrió levemente. "Siempre has sido así…" Soltó una risita y entonces besó a Ulquiorra debajo del lóbulo de la oreja. "Tan malditamente curioso…"

"Dime qué pasa. ¿Ha ocurrido alg…?" Pero Ulquiorra se detuvo cuando Grimmjow le susurró algo al oído.

Algo que hizo que sus ojos se abrieran ligeramente.

Así que cuando Grimmjow volvió a besarlo, Ulquiorra no ofreció resistencia alguna, ni tampoco se resistió cuando Grimmjow los condujo lentamente hacia la cama.

Ulquiorra se mordió el labio inferior. Lo cierto era que no sabía si iban a conseguir salir de ésta con vida. Grimmjow podía verlo. Sabía que lo estaba diciendo por él más que por otra cosa. Y Grimmjow se sentía agradecido por ello. "Te amo, Grimmjow. Siempre te amaré."

Toda idea de detenerse que podría habérsele ocurrido mientras el aire se calentaba entre ellos fue apartado inmediatamente cuando sus labios volvieron a encontrarse, conectándolos.

Ulquiorra lo besó suavemente en los labios, cerrando los ojos ante la calidez del momento.

"Te amo."

NdA: Cometí un error en la trama, así que he tenido que reemplazar una de las escenas de este capítulo sin cambiar toda la historia. El flashback de este capítulo es una sola escena partida en trozos, que lo sepáis.

NdT: Este es el último capítulo escrito, queridos lectores, así que pasará un tiempo hasta que vuelva a actualizar esta maravillosa historia. De mientras… estaré ocupada con una traducción que me han encargado en dA. Yay, primer trabajo! :D

Ah, se me olvidaba! Que tengáis una feliz Navidad y un maravilloso año nuevo ^^