El Malfoy equivocado.

Espero dos horas, cargada de paciencia y recostada contra la fría pared del pasillo, llena de curiosidad y una extraña sospecha, Astoria Malfoy, esperaba ver salir a su esposo del cuarto de invitados, ocupado ahora por la desgraciada Weasley.

Pasaron las dos horas y se cansó, dejó escapar un gruñido frustrado e iracundo, y se dispuso a marcharse cuando otros pasos resonaron en el lado opuesto del pasillo.

Scorpius no parecía muy contento, su mirada, clavada en el suelo, refulgía con indignación, tanto que no se percató del modo en que su madre lo miraba, con una renacida sonrisa maliciosa y una idea difícil de asimilar en su rubia cabeza.

Abandonó su lugar en el recodo y descendió las escaleras con una sonrisa triunfal, para desgracia de su marido, Astoria no era tan estúpida como él creía, podía sumar dos y dos, aunque en aquel caso, el resultado no fuese tan claro.

Se aposentó cómodamente en el salón, segura de que su querido Draco ocultaba algo, algo que implicaba a esa mestiza pelirroja y quizá también a Scorpius.

Con total calma llamó a su elfo, que se presentó frente a ella sin dilación alguna y le pidió una taza de té. Cuando Kossy regresó con lo pedido, Astoria lo retuvo junto a ella y sonrió casi con maldad.

-Sube arriba y vigila la puerta de la chica Weasley-Ordenó, con indiferencia-, avísame cuando el señor salga, ¿Entendido? Procura que él no te vea.

Kossy, diligente, asintió con la cabeza y con un sonoro "crack" se desapareció. Astoria bebió su té con aristocrática elegancia, ansiosa por descubrir que pasaba a su alrededor, verdaderamente molesta por haber quedado al margen y muy decepcionada con Draco si no fue capaz de prever que ella, como siempre, acabaría por descubrir sus secretos.

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El rubio se llevó las manos a la cabeza, desesperado, planteándose el mejor modo para que Rose se fijase en él, la sola idea de que ella le viese como veía a su hermano casi le asqueaba, no más que la conversación absurda que había mantenido con su padre, las palabras de Draco Malfoy se repetían en su dolida consciencia, incapaz de asimilar lo que él había querido decir.

"No te quiere". Draco había sido conciso, había aceptado que era pos su bien, aunque Scorpius trataba de ignorar el hecho de que su padre, en el fondo, y por más que quisiera cambiar o negar lo contrario, seguía teniendo prejuicios, y seguía odiando a la familia de Rose.

El chico se dejó caer sobre la cama, él no había podido escoger a su familia, pero estaba dispuesto a enfrentarse a ella, estaba decidido a tomar la iniciativa, y conseguir a Rose y si su padre nunca le apoyaba, se enfrentaría a él.

De todos modos su padre no podía conocer tan bien los sentimientos de Rose, tal vez se equivocaba o no había sido más que una estratagema para hacerle desistir, pero desde luego él no podía saber lo que Rose sentía.

Scorpius quiso convencerse, pero la voz fría de su padre todavía le amilanaba, siempre le había costado enfrentarse a él, en cierta manera le intimidaba. Scorpius le quería y sabía que su padre, exigente y extremista, también le quería, a pesar de que no mostraba excesivo afecto, se preocupaba por él, más de lo necesario, jamás había puesto en duda sus decisiones, o le había prohibido hacer algo, ni siquiera le había advertido que se alejase de Albus Potter y eso que el rubio le había relatado a su padre sus andanzas junto a su mejor amigo. Draco jamás se había comportado del lapidario y peligroso modo con que abordaba el tema de Rose, decía que era por su bien, pero el chico empezaba a vislumbrar que algo no era normal, algo escondía, algo por lo que no deseaba que él y Rose estuviesen juntos, y Scorpius esperaba que fuese lo que fuese, estuviese más allá de la sangre, de otro modo se sentiría decepcionado con su padre.

Recordó entonces la trágica carta a Lily Luna que Rose debía haber escrito y se puso en pie como una exhalación. La pelirroja había desaparecido en su cuarto y él había perdido la oportunidad de estar junto a ella, todo por una tonta discusión que se tomaba muchas molestias en analizar.

Corrió por el pasillo y se acercó a la habitación de invitados, Kossy, que ocupaba el lugar donde había estado Astoria, se escondió lo máximo que pudo frente a la pared, con el ceño, muy ancho, fruncido, hasta que el chico aporreó la puerta jadeando por la carrera.

-¡Rose!-Llamó, pidiendo permiso para entrar- ¿Estás ahí?

No obtuvo respuesta y tras pensarlo un instante abrió la puerta con cuidado de no sobresaltar a nadie. Lo que vio, sorprendió al pequeño Scorpius, tanto que se quedó plantado en la puerta, con los ojos como platos y conteniendo una exclamación de asombro.

Rose Weasley dormía, su cabello pelirrojo, rizado caía desparramado sobre la cama, una expresión de absoluta felicidad se reflejaba en su rostro, adornado con una suave y perfecta sonrisa, junto a ella, hecho un ovillo, descansaba aquel adorable hurón que había envidado Lily Luna, también con los ojos cerrados. Scorpius no la había visto nunca antes tan bonita, sus pies avanzaron solos hasta situarse frente a ella, esperando para poder verla mejor, un pergamino enrollado descansaba sobre el escritorio, el chico se sentó en la cama, lentamente para no despertar a su amiga, con una mano temblorosa, atrevida, retiró el pelo que cubría la cara de Rose, lucía una expresión soñadora, casi inocente, podía intuir el modo en que sus ojos brillaban a pesar de estar cerrados.

Scorpius era consciente de que no debería estar allí, ni comportarse como un maniaco mientras observaba a Rose dormir, pero no pudo evitar que su mano acariciase el suave pelo de ella y que sus ojos atesorasen con cuidado la belleza de la imagen, incapaz de apartar la mirada.

Se tumbó en la cama, lentamente, procurando no alterarla con su presencia, ocupó un lugar sobre el colchón, todavía caliente por la presencia de otro Malfoy, demasiado absortó en el delicado cuerpo de Rose como para percatarse del familiar aroma que todavía invadía la estancia.

Rose dormida, todavía seguía en la nube, su cuerpo buscó el calor del que la acompañaba, aquel olor que tenía que ser el de Draco, él modo en que él la abrazó cuando, abstraído de la realidad no pudo evitar rodearla con sus brazos, atrayéndola con suavidad hacia sí, ella lo identificaba con Draco. Rose gimió, su boca graciosamente abierta parecía llamarle, Scorpius, cuyo corazón empezó a latir con fuerza, se sintió atraído casi sin control, hasta ese momento nunca se había parado a pensar cuanto había deseado besarla, y no pudo pensar en qué pasaría si se despertaba entonces y le descubría en aquella situación tan comprometida, si descubría que iba a besarla, se amilanó, pero no se detuvo, sintiendo que la tentación era más fuerte.

Los labios de Scorpius rozaron con suavidad los de Rose, el corazón del chico latía violentamente, fue apenas un segundo, y el chico se sintió mágicamente enardecido, más que nunca dispuesto a conseguir que Rose le amase. Trató de apartarse, en parte arrepentido de haberse propasado de un modo descarado con su amiga, pero Rose, todavía dormida, atrapó los labios del joven, sin abrir los ojos, sin ser consciente de que Draco ya se había marchado, Rose besó al Malfoy equivocado.

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Tras un ligero "crack", el pequeño e intimidado Kossy se apareció frente a su señora, Astoria lo miró asqueada, hasta que recordó lo que le había mandado y lo miró con interrogación en la mirada.

-El amo, Draco se ha retirado ya, señora, Kossy lo ha visto salir con sus propios ojos, antes de ver al señor Scorpius entrar en el cuarto, Kossy no esperó al señor Scorpius y corrió a avisarla a usted-El elfo parecía azorado, y Astoria asintió con la cabeza, satisfecha.

Miró el reloj de la pared, tres horas, Draco había estado tres horas con esa asquerosa traidora a la sangre y después Scorpius había ido de visita, algo olía tremendamente mal y la señora Malfoy estaba dispuesta a averiguar que era, nadie en su casa le ocultaba nada y la estúpida de Weasley saldría de allí antes de que las vacaciones terminasen, con suerte, podría lograr que ni siquiera Scorpius quisiera verla más.

El elfo volvió a salir de allí, se apareció en la concina y con saña, se golpeó con el primer caldero que encontró en la cabeza, una y otra vez, arrepentido.

-Kossy es un mentiroso-Gimoteó-, Kossy ha mentido a su ama-Se golpeaba con fuerza, tanta que temía que el caldero se deformase por el impacto, hasta que unas manos más fuertes lograron arrebatárselo tras un forcegeo.

-¡Estate quieto, maldito elfo!-Bramó Draco, al tiempo que lo sostenía con fuerza para impedir que se lanzase contra otro utensilio para auto flagelarse, Kossy se removía entre los brazos de él, histérico- ¡Para!

El elfo obedeció, quedando estático y todavía sujeto por su amo, inmóvil en una extraña posición para nada natural, Draco lo soltó, y el elfo siguió sin moverse.

-¿Obedeciste mi orden?-Preguntó, con inconfundible tensión en la voz.

Kossy asintió, todavía algo azorado.

-Kossy no le dijo a la señora Astoria lo que vio-Informó, Draco se sintió aliviado, pero siguió mirando al elfo con sorpresa-, Kossy le dijo lo que el señor le pidió, pero Kossy vio a su hijo entrar también en el cuarto de la señita Weasley, Kossy se lo contó a la señora Astoria ¿Kossy merece castigo por no haberse callado, amo Draco?

El rubio palideció y observó estupefacto como el elfo volvía a lanzarse contra la pared y volvía a azotarse con saña, golpeándose la cabeza como si fuese un ariete.

-¡Detente de una vez!-Rogó el hombre cuando al fin pudo reaccionar-Hiciste bien, no puedes contarle a Astoria nada, ni tampoco a Scorpius, ¿Entendido?-Inquirió, pasándose una mano por el pelo, nervioso, Kossy asintió-, y si ves a Scorpius y a la señorita Weasley me lo dirás, ¿Entendido?-El elfo volvió a asentir, y Draco se sentó en la mesa de la cocina, confundido.

Rose se había dormido entre sus brazos y él consideró dejarla descansar y bajar junto a su mujer, antes de que su ausencia pudiese despertar la curiosidad de alguien. Besó la frente de la muchacha una última vez y fue a incorporarse cuando la puerta crujió ligeramente y Draco vio la inconfundible figura de su elfo apostado en la puerta, ambos se miraron con expresión de horror, hasta que Kossy salió corriendo y Draco salió tras él, tratando de evitar que chillara e importunase el tranquilo dormir de Rose.

-Kossy lo siente, Kossy no quería espiar-Sollozaba el elfo hasta que Draco pudo atraparlo-. Kossy sólo hacía lo que la señora le había pedido, nada más.

Draco lo detuvo con una mano, tranquilo, y el elfo, tembloroso obedeció.

-¿Astoria?-Draco se alarmó de repente, reteniendo al elfo para hacerle hablar, no le gustó nada lo que el pequeño elfo insinuaba.

-Sí-Contestó, sus enormes ojos recorrían el desierto pasillo, asustado-, la señora Astoria pidió a Kossy que la avisase cuando el señor Draco saliera del cuarto de la señorita Weasley-Informó, evitando la azorada mirada de Draco-, Kossy estaba preocupado, Kossy no pretendía interrumpir.

Se sentó en el suelo, junto al elfo, abrumado ligeramente, por las palabras del pequeño elfo no tardó en deducir que Astoria sabía que él había estado allí, pero no podía permitir que descubriese que estaba haciendo.

Draco lo vio entonces claro, cristalino, vio lo mal que iban a salir las cosas y lo brutalmente injusto que era tener que mentir a Astoria, herir a Rose por ello, la chica no soportaría ser la otra, quedaba tan asquerosamente mal, tan horriblemente cierto que el buen nombre de los Malfoy era un precio casi inexistente con tal de proteger a Rose de lo que tendría que afrontar si ellos dos seguían adelante como dos inconscientes, ambos perderían a sus familias y sólo ella quedaría verdaderamente perjudicada, a fin de cuentas a él sólo le quedaba Scorpius.

Si de verdad él y Rose podían ser felices y todo tenía un valor, no era allí, no era con sus circunstancias y aunque quería, muy en el fondo, que ella lo supiese, acabar con todo de una vez y que esa mujer desapareciese de su vida como si jamás hubiese estado allí y vivir con la fantasía de que la pequeña Weasley ocuparía su lugar sin más, que todo iría bien, Draco sabía que no podía dejar que Astoria sospechase y en consecuencia actuase.

Miró al elfo, todavía temblaba, balanceando su diminuto cuerpo con pesadez, mientras sus labios se movían sin emitir sonido alguno, parecía una súplica silenciosa y desesperada.

-¡Kossy!-Lo llamó, pero el elfo sólo aumento la velocidad de su movimiento- ¡Kossy!

Lo llamó hasta que se detuvo, casi en pánico, y lo miró.

-¿A qué esperas para cumplir lo que se te ha pedido?-Inquirió, Draco, muy lentamente- Dile a Astoria que ya no estoy allí.-Ordenó, insidioso-. Espera aquí cinco minutos y después baja a decírselo, pero no se te ocurra mencionar lo que has visto, ¿De acuerdo, Kosssy? Es muy importante.

El elfo asintió, volviendo a su posición tras el muro, diligente como solía ser, Draco supo que no tendría problemas con el elfo, camino por la dirección contraria y se asomó una última vez al cuarto de Rose, que, ajena a todo, sonreía con delicadeza, el hombre la observó con ternura y cerró la puerta con cuidado, al parecer, justo cuando dobló el pasillo, Scorpius aparecía por el otro lado.

No pudo evitar torturarse pensando que quería Scorpius, lo cerca que había estado de ser él quien le descubría y no el elfo, y sintió terror al imaginar el modo en que su hijo lo odiaría cuando se enterase. Evitaba el condicional, Scorpiu se enteraría, tarde o temprano todo terminaría y el aferrarse al presente no era más que otro modo para alargar la tortura, dulce, pero terriblemente dolorosa, por otro lado, seguía sin querer que las cosas cambiasen.

Se preguntó de nuevo que estaría haciendo su hijo, y por sobretodo si tenía fundamento asustarse por la idea de que, como él había pronosticado, fuese capaz de cambiar las cosas.

Ahora el sólo hecho de imaginar a Rose y Scorpius ya no le profería la seguridad de antes, ya no podía esconderse tras esa patraña que su mente había ideado, ahora la sola idea le dejaba sin aliento, le atravesaba el pecho como un puñal y si pasaba, y Draco, inseguro como de costumbre, temía que pudiese pasar, sabía que no había falsas sonrisas que ocultasen su dolor entonces, quizá no era culpa suya, pero lamentaba no poder ser él quien se viese con el derecho de ver a Rose en público, de tomarla de la mano, incluso de besarla si se le antojaba, a los ojos del mundo, incluso de ellos mismos, ningún Malfoy debía hacer eso, mucho menos él.

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-¡Hyperión!-Rose gritó, el hurón se movió junto a su cuerpo y abrió los ojos, aterrada cuando se dio cuenta de que no era a Draco a quien veía, profirió un chillido nervioso, apartando a Scorpius de sí.

Con una bofetada nerviosa, toda la alegría que había invadido el cuerpo del chico se disipó, la incomprensión ocupó su lugar y miró a Rose sin comprender, casi alarmado por el cambio de su amiga.

-Lo… lo siento, Rose-Masculló, consciente de que había cometido un error, pero todavía abrumado por la sensación de los labios de ella tocando los suyos.

-¿Qué haces tú aquí?-Preguntó la chica, pálida.

Trató de serenarse, jadeaba por la sorpresa y sus mejillas habían perdido todo color, su rostro, antes soñador, miraba a Scorpius con horror, igual que si hubiese cometido un error fatal. Se llevó las manos a la boca, aterrada, el corazón le latía tan fuerte que el sonido no la dejaba pensar y la confundida mirada de Scorpius, que trataba de balbucear algo sin sentido, se clavaba en ella acusadoramente.

-¿Por qué me has besado?-Masculló, en un hilo de voz, el chico se pasó la mano por la mejilla, dolorida.

-¿Por qué me has devuelto el beso?-Respondió mordaz, sin ser capaz de encontrar una respuesta mejor, no debió haberlo hecho.

Rose palideció todavía más, sus ojos marrones clavados en la moqueta, estaba dormida, creía… creía que Draco seguía allí, que era él quien acariciaba su pelo, que él seguía abrazándola y que eran sus labios a los que respondía con tanta intensidad. Tomó aire bruscamente y miró al chico con temor, se asustó al ver la sonrisa mordaz en su rostro, el modo extraño y desalentador en que Scorpius había interpretado el silencio de la chica, que volvió a desviar la mirada.

-Estaba dormida, Hyperión-Vaciló, a falta de una explicación mejor-. Ni siquiera pensaba que fueras tú.

Rose cerró los ojos, con mucha fuerza, el rubio frunció el ceño al ante sus palabras, acercándose lentamente al borde de la cama.

-¿Ah, no?-Preguntó curioso, con una sonrisa encantadora que ella trataba de evitar- ¿Se puede saber en quién pensabas?

Rose dio un respingo y se levantó de la cama con energía, alejándose lo máximo posible del chico, estaba confusa, todavía no sabía cómo había llegado a aquella situación, por qué Scorpius había entrado en su cuarto y la había besado.

-No es asunto tuyo, Hyperión-Logró decir, antes de que la culpa se le fuese de las manos.

Rose se maldijo a sí misma, rezando para que él chico no quisiera indagar, indignada, sus ojos brillaban peligrosamente, el descaro del chico era casi ofensivo, aunque no podía enfadarse con él si recordaba lo que ella había hecho, en quien pensaba en realidad, el hombre por el cual iba a romperle el corazón a su amigo.

El chico abrió mucho los ojos, mirándola de un modo inquisitivo, de repente muy alarmado, de nuevo las desalentadoras palabras de su padre se repitieron en su cabeza, Scorpius respiró nerviosamente.

-Hay alguien, ¿Verdad?-Preguntó, con inseguridad, con el único deseo de averiguar quién había aprovechado su estupidez para robarle la oportunidad-¿Lo conozco?

Rose tragó saliva, asustada, sus ojos buscaron los de Scorpius, y sus miradas se encontraron, ambas preocupadas, inmersas en su propias y fatídicas cavilaciones, Rose titubeó antes de ser capaz de hablar.

-Sí-Suspiró al fin, casi sin voz, Scorpius cerró los ojos, como si le hubiesen golpeado, se sorprendió y abrió la boca con un gesto de pena-, no estoy segura de que sepas quien es-Mintió al fin, sin apenas convicción.

Scorpius se levantó con parsimonia, sus pasos apenas hacían ruido al andar, falto de energía se dirigió a la puerta, y se detuvo frente a Rose.

-¿Le quieres de verdad?-Preguntó, temiendo la respuesta.

-Sí, Hyperión, le quiero, como nunca he querido a nadie-Contestó, al tiempo que los ojos se le nublaban y las lágrimas amenazaban con salir, sintiendo ella misma el mazazo súbito que había recibido el chico, abatida miró el suelo.

-¿Él te quiere a ti?-Insistió, con un hilo de voz quejumbroso.

La chica asintió, al tiempo que el rubio recibía el golpe de gracia y daba un paso, tambaleante hacia la puerta, no se sentía con fuerza de seguir mirándola, se sentía extrañamente traicionado, y sintió una oleada de odio contra un desconocido que le había quitado a Rose, la pequeña Weasley que siempre le había gustado, y a la que nunca le había confesado lo que sentía, todo por su estúpida e imposible cobardía, se sintió molesto consigo mismo y cruzó la puerta en silencio, con paso errático en busca de su habitación.

Rose se dejó caer al suelo y las lágrimas empezaron a brotar sin control, la chica comprendió que había perdido a su amigo, que por más que ambos quisieran fingir que no había pasado las cosas entre ellos jamás serían iguales, nada podría ser como antes porque ella le había engañado, y sabía que cuando él supiese la verdad jamás se lo perdonaría.

Scorpius recorrió el pasillo, la duda todavía ocupaba su mente, ¿Lo sabría Albus? ¿Su hermana tal vez? Lo pensó hasta que llegó a su habitación y se quedó muy quieto, con el pomo sujeto y sin abrir la puerta.

Giró sobre sus talones, ya le habían advertido, ya le habían dicho que Rose no le quería, y aquel que lo hizo podía saberlo, podía saber quién le había robado a su Rose, volvió por donde había venido, sus pasos apresurados bajaron las escaleras y el chico buscó casi con desesperación a su padre, convencido de que él tenía las respuestas, no sabía por qué, pero Draco lo sabía.

Holaaa a todos!

Un nuevo cap, jajaja, espero que os guste, no seais duros conmigo hoy que estoy convaleciente, ahora no tengo muela del jucio, me volveré loca?'

Bueno besos y hasta pronto, espero que os haya gustado el cap

Nos vemos en los comentarios

Aivlis Malfoy.