Actuación sin Libreto
Acto doce.
En busca de tu verdad.
Aoshi tomó aire antes de entrar al recinto lleno de gente. Aún no estaba seguro de cómo se había dejado convencer, pero el caso es que ahora entraba a una discoteca bastante afamada de Kyoto y por un motivo bastante razonable: a Satori le había ido estupendo en los exámenes y no tendrían grabaciones hasta el lunes, así que su joven novia decidió ir a bailar para celebrar su triunfo. Pero no iban solos.
Ken, por su parte, se sentía algo fuera de lugar. Hacía más de trece años que no volvía por estos lados de Kyoto. Además, se sentía algo... viejo... aunque por su apariencia juvenil, nadie se daba cuenta que pronto cumpliría los treinta y uno. Vestía unos jeans azules y una camiseta verde oliva. Se ató el cabello con cuidado y por lo visto, nadie lo reconocía como "Kenshin". Curiosamente se fijaban más en él cuando vestía de rojo con algún pantalón de color claro. Ken miró a Akira junto a él, guiando por la cintura a Misato, quien se acomodaba un mechón de cabello tras la oreja. Ken deseó poder llevar así a Kaori, pero le daba un poco de miedo que ella rechazara ese contacto y se volvió para sonreírle. Kaori entraba junto a él. La jovencita se había tomado el cabello en dos trenzas, y se veía ante Ken, bastante adorable, vestida con jeans azules, una polera blanca ajustada y sobre esta una camisa del mismo color del jean, que llevaba abierta. Satori usaba pantalones a media pierna color rojo y una polera negra, de esas que se sostienen con tirantes en vez de mangas, sobre la que usaba una chaquetita roja como el pantalón. Aoshi, vestido con pantalón de tela negra y camisa negra, la miraba de reojo... ahhh, su pequeña diosa, su Satori. En esta semana de noviazgo se había sentido como nunca. La muchachita besaba bastante bien, (había que reconocerlo), era graciosa... él se reía mucho junto a ella y la gente del equipo de producción estaba bastante sorprendida con el cambio de actitud de Aoshi ante la vida. Ya no parecía un cubo de hielo, como siempre, ahora más bien sonreía bastante y saludaba a todo el mundo al encontrarse con ellos cada día durante las grabaciones, desde el barrendero hasta el ayudante del ayudante del ayudante del camarógrafo.
Otro que se veía más animado, aunque siempre en su estilo calmado, era Ken. Pero es que él siempre era muy amable con todos, así que el cambio era más notorio en Aoshi. Lo que si era cierto, es que Ken sufría repentinos cambios de humor, y esto tenía algo preocupado a Kaneda. Debía reconocer que Kaori no era suficiente para controlarlo... algo sucedía con el pelirrojo... estos días no había estado muy tranquilo, quizá el hecho de estar en Kyoto y encontrar al fantasma de sí mismo en cada esquina lo tenía así. Además, a su padre...
Kaori pidió agua mineral, para hacer causa común con Ken que no podía beber otra cosa. Aoshi y Akira pidieron cerveza, y Misato y Satori un "Margarita" (licor para damas). La conversación era muy animada, ya que se encontraban en un salón apartado al cual no llegaba la fuerte música. Sin embargo tenía una pantalla gigante en la que se podía ver lo que sucedía en la pista de baile. Hablaban sobre la serie, lo lindo que era Kyoto y lo dura que sería la próxima semana, en la que se iniciaban los combates y sus extensos ensayos.
Satori bebía alegremente de su vaso, cuando la voz del Dj llegó hasta ella con una noticia fascinante.
-Amigos, esta noche tan especial, está dedicada a la música de sabor latino. Esta noche, salsa, merengue, cumbia, todo eso y más en este especial que ha preparado "Dj Sandy" especialmente para ustedes. Con temas de "El General", "Juan Luis Guerra", "Gloria Estefan" y muchos otros, comenzamos... –
La música tropical había entrado hacía poco al Japón, causando gran revuelo, porque gustó mucho lo contagioso de sus temas y ritmos, y aunque nadie entendía lo que decían las letras de las canciones, sabían que eran para celebrar, por lo que tuvo una enorme aceptación que aún se mantiene hasta nuestros días.
Satori, por su parte, sabía bailar bastante bien todos esos nuevos bailes, diciendo que lo traía en la sangre por ser de su lugar de origen, y practicaba con Kaori cuando el padre de ella aún vivía. Entonces, el señor Kojiro, sentado en el sofá, sonreía viéndolas dar vueltas y vueltas por la habitación, riendo ambas, tropezándose, enredándose...
Kaori se secó una pequeña lágrima ante el recuerdo, que Satori notó.
-Hace mucho tiempo, ¿no?.
-Si.
-Vamos a bailar. ¿O tienes miedo de que la gran Satori sea mejor que tú?
Ken notó de inmediato el cambio en Kaori, quien se incorporó, arremangándose la camisa celeste.
-Pues te demostraré de lo que soy capaz.-
-Vamos, Aoshi.-
-Vamos, Ken...-
Los aludidos se miraron entre sí, para responder al unísono.
-¡Es que no sabemos bailar esto!-
-¡Hombres! ¡Nunca están cuando los necesitan.- dijeron las amigas a coro.
Akira se levantó de la mesa y dijo:
-Pues parece que voy a bailar yo también. No soy tan buen bailarín, pero he venido a divertirme. Misato... vamos.-
Misato tomó la mano de Akira y junto a las dos jovencitas, se fueron a la pista de baile. Se escuchaba el tema de Juan Luis Guerra "Ojalá que llueva café", que fue traducido para los asistentes por el Dj.
-Te ves muy contento junto a Satori. Parece una buena niña. –dijo el pelirrojo a Aoshi una vez se quedaron solos.
-Nunca pensé que me sucediera enamorarme de una jovencita de su edad. Pero es que... ella es una combinación increíble de... madurez, vitalidad... a veces es muy niña y pelea por tonterías y otras veces, en cambio, sus respuestas me sorprenden. Pero, y tú, ¿qué pasa contigo? ¿No te interesa nadie? Porque eso no me lo creo.
-Yo... -
-Vamos, estamos en confianza. Nos conocemos hace casi diez años, fuiste a mi primera boda y me acompañaste durante el duelo. Y me llevaste a la casa de niños donde acabé empleando mi tiempo libre. Te conozco, creo yo, bastante bien, y me atrevería a decir que algo te pasa con Hayahama. -
-Kaori... ella... es muy joven.-
-Pero es linda. Vive contigo... Ken, yo ví cómo la abrazaste el día en que ella llegó de Tokio. Saliste disparado del cuarto y cuando te encontraste con ella... te has estabilizado mucho desde que ella llegó.- como Ken se empezó a ruborizar, Aoshi decidió cambiar un poco el tema.- Dime, ¿que dijo hoy tu médico al revisarte?-
-Que estaba muy mejorado. Pero... dice que a pesar de ello, algo no anda bien con mis estados de ánimo-
-Tu padre. Sé que lo has vuelto a ver, ¿verdad? ¿Por qué no lo enfrentas, de una vez? Creo que sería bueno para ti. Así te sacas todo lo que llevas dentro… -
-Lo mismo dijo el psicólogo. Pero no tengo nada que hablar con ese hombre. Para mí, mi único padre es Kaneda y nadie más. -
-Mírate, amigo. Te he hablado de él y te has puesto pálido. Tu voz ha cambiado también, esas no son buenas reacciones. Medítalo… te haría bien.-
-Si me disculpas- dijo Ken fríamente – no quisiera hablar más del tema.-
-Está bien. Escuché que Saigo se reincorporó al equipo, como el hijo de "Shaku Arai". Pensé que después de lo que pasó en año nuevo, no lo veríamos más por aquí. – Aoshi se enteró por los comentarios de pasillo, que nunca faltaban en la productora.
-Kaneda insistió en recontratarlo, dice que así vigilaremos su adicción al alcohol. Yo, no puedo decir nada, porque Kaneda con ese pensamiento logró que yo me rehabilitara cuando joven.-
-En ese caso supongo que está bien...-
-Además, mi padre llegaba mal cuando estaba sin trabajo, se emborrachaba y... ¡Diablos! – Ken se tomó la cabeza con ambas manos al mencionar sin darse cuenta a Kawada. Aoshi no sabía qué decir y la situación era incómoda. De pronto, Aoshi se volvió a mirar la pantalla gigante a su espalda. La pista de baile estaba vacía... no, un momento... algo pasaba ahí. Había una pareja bailando al centro.
Ken reconoció al momento el par de trenzas al aire cuando Kaori dio un repentino giro y torciendo un poco el brazo, pasó girando a un costado de Satori, a gran velocidad, para tomar su mano libre y dar juntas un nuevo giro. Satori, por su parte, no perdía el ritmo, movía las caderas y reía alegremente. Las personas habían formado un círculo alrededor de ellas, y es que la pequeña Satori bailaba realmente bien. Kaori también y eran un buen espectáculo. Misato le reclamaba a Akira el no bailar así de bien y él decía que no quería demostrar su potencial para no aguar el minuto de gloria de esas "novatas".
-Muchachitas locas... – espetó Aoshi, al notar el movimiento sensual de Satori. El pensar que otro podía estar mirando a su chica no le había hecho gracia, así que salió disparado a la pista de baile. Ken lo siguió.
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-¡Apuesto que lo podemos hacer! – Satori sostenía una mano de Kaori entre las suyas. Se refería a una serie de movimientos que habían inventado aquellas tardes de ensayo, bastante complicados. Lo llamaban el "ultra-super-especial-belicoso-y-llamativo-torbellino-Sa-Ka".
-¡Aquí vamos! – Respondió Kaori.
-Les demostraremos a esos hombres de lo que somos capaces – dijo la más bajita al notar que su Aoshi se abría paso entre la multitud.
-Total, ¿Quién los necesita para bailar? – agregó una desafiante Kaori.
La gente seguía con las palmas el ritmo de la música y pronto se quedaron mirando el "ultra-super-especial-belicoso-y-llamativo-torbellino-Sa-Ka". A Ken y Aoshi se les pusieron los ojos de platitos al ver eso. A ambas chicas casi ni se les veían los pies, pronto una pasaba bajo el brazo de la otra para enredarlos y de alguna manera quedar frente a frente con las manos libres para dar el nuevo giro. Entonces Kaori salía disparada hacia atrás para ser atrapada por la hábil Satori quien la atraía hacia sí para esta vez ella girar hasta perder el sentido de la orientación.
-¡Me estoy mareando... JA JA JA JA JA!- Gritaba Satori, inconsciente de que sus movimientos denotaban bastante las curvas de sus cuerpos al ceñirse la ropa a partes estratégicas como las caderas y los senos, lo que le estaba trayendo a Aoshi unas ganas enormes de besarla ahí mismo. Ken miraba embobado a Kaori, sin poderlo remediar.
Finalmente, terminó el tema. Todos los presentes aplaudieron y ocuparon la pista para bailar ellos también, intentando sacar algunos movimientos sin lograrlo del todo, pero se divertían y eso era lo mejor. Akira hacía el loco intentando bailar al son de "Me sube la bilirrubina" y Misato se reía estrepitosamente de él. Pero lo adoraba, era para ella su hombre más especial. Se acercaba a él tentadoramente y Akira de pronto la envolvía en sus brazos para besarla y volver a intentar bailar.
Aoshi sin embargo, se negaba a Satori, quien quería bailar con él, diciendo que él no estaba para esas cosas.
-Bien. Espero que no te molestes si acepto la proposición de un chico que...-
Aoshi tomó la mano de Satori y la llevó a bailar. El condenado era bien celoso, reconoció Satori, y eso le gustaba. Sólo esperaba que no le trajera problemas. Pronto se reían de las complicaciones que conlleva el intentar bailar con alguien tan alto como Aoshi, pero Satori con sabiduría, guiaba sus torpes pasos y ambos reían.
Kaori miraba a Ken sonriendo ante la gente que bailaba. Parecía que no la sacaría a la pista y ella no sabía como pedírselo. La jovencita suspiró y de alguna manera, a pesar del ruido, Ken la escuchó.
-¿Cansada? Si quiere, volvemos al hotel.-
-Oh, no, Satori no me lo perdonaría, además, yo quisiera seguir bailando. ¿Tú no sabes bailar esto realmente?-
-Cuando yo tenía su edad, esto no se escuchaba, y como no voy mucho a fiestas...-
-¿Te enseño? Vamos, será divertido. Somos casi de la misma estatura y eres muy ágil. Aprenderás mejor que Aoshi. – Aoshi se enredaba bajo el brazo de Satori y chocaba contra alguien, para volver a intentarlo.
-Así que ahora será usted mi maestra de baile.?-
-Será una forma de compensarte las clases de kendo.-
Ken aceptó. Kaori tomó su mano y juntos se perdieron entre la gente.
-¡Lo haces muy bien! -. Le gritó Kaori para hacerse escuchar. El pelirrojo se movía bastante bien, tenía ritmo y ella decidió que no era necesario guiarlo más, así que Ken tomó el control de Kaori esta vez y comenzó él a guiar los pasos de la jovencita. Era como cuando ensayaban una coreografía de espadas, sólo que esta vez, le gustaba el hecho de estar junto a ella y a veces, el baile requería que se acercaran mucho, aunque luego tenían que separarse para girar nuevamente.
Entonces la música se tornó más rápida.
Y Ken tomó el reto de moverse más rápido. En algún momento la liga que atrapaba su cabello rojo se soltó, volando este en todas direcciones de acuerdo a los pasos que daba, siendo iluminado de modo llamativo por las luces de colores y adquiriendo una tonalidad como el fuego. Kaori miraba embelesada a Ken, quien la veía siempre a los ojos, ignorante de que así se veía muy atractivo y sexi. Kaori no sabía como aún no se desmayaba y se concentró mucho para no perder el paso y seguirlo. Satori se detuvo al ver a su amiga girando con el pelirrojo, se veían bien los dos juntos y se dijo que sería perfecto si tocaban un tema lento y romántico para animar a que así Kaori se confesara de una buena vez. Kaori se había alegrado mucho cuando Satori le contó que era novia de Aoshi y que sus padres estaban al tanto, aunque se rió con el incidente de la naranjada, y suspiró un poquito envidiosa de la suerte de su amiga. Entonces le prometió a Satori reunir el valor para decírselo a Ken.
Una balada comenzó luego del tema rápido. Muchas parejas salieron de la pista. Kaori temió que Ken quisiera irse también, pero sonrió de ese modo tan tierno para ella y la acercó con cuidado a él. Ella le echó los brazos al cuello, apoyando la cara en su hombro y él tomó su cintura con ambas manos. El cabello suelto de Ken le hacía cosquillas en la nariz, pero estaba muy sedoso, lo que llamó la atención de Kaori. Claro, ella siempre lo acariciaba con sus manos, pero nunca lo había sentido en su rostro y se preguntó qué sentiría enredándose en él.
Cada fibra del cuerpo de Ken era consciente de la cercanía y la calidez del cuerpo de Kaori. Sus muslos se rozaban, sus torsos... cuando Kaori tomaba aire, sus senos se aplastaban ligeramente contra el pecho duro de Ken quien sentía aquello como la más deliciosa caricia y aumentaba un poco más su deseo por ella. Se aventuró a subir sus manos completamente abiertas por la espalda de Kaori, provocándole un escalofrío que él notó y que la hizo ruborizar levemente. Entonces, la apretó un poco más contra sí, moviendo sus manos lentamente por la espalda femenina, y aunque se tentó de deslizar las manos bajo la camisa de ella, se conformó con imaginar la textura de su piel.
Kaori sentía el aliento cálido de Ken cerca de su oído y recordó los besos que él le brindó aquella noche en que él fue drogado. Había sido tan hermoso para ella, lástima que luego a él le dieron esas crisis y todo lo que pasó después. Kaori sólo deseaba que él la volviera a besar, pero no para castigarla, como cuando empezó él aquella vez, sino para amarla como ella tanto deseaba.
Kaori alzó su rostro hacia Ken y le dio su mejor sonrisa para luego acercar su mejilla y frotarla suavemente contra la suya. Esto a Ken le sorprendió mucho, pero le gustó. Y cerró los ojos. Lástima que la balada terminara tan pronto. Satori se fue con Aoshi a la mesa a seguir celebrando y Ken y Kaori los siguieron. Misato y Akira seguían besándose en algún rincón oscuro de la discoteca.
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Kaori secó bien su cabello antes de salir del cuarto de baño, vestida con su pijama nuevo, de satín blanco con algunas flores, de tiritas delgadas y que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, junto a una batita a juego. La compró con la secreta esperanza de algún día, seducir a Ken con él. Ken leía un libro que ella había dejado sobre la mesita de noche entre ambas camas, mientras la esperaba para apagar la luz. Eran cerca de las seis de la mañana y ninguno de los dos quiso acostarse oliendo a cigarrillos y toda esa mezcla de olores que se da en una discoteca. Ken también se había bañado y mantenía su cabello suelto sobre la espalda. Kaori entonces salió con un peine, y se acomodó tras de él.
-De veras, no es necesario que lo haga, Kaori, mañana puedo desenredarlo yo mismo.-
-Ni hablar. Mañana dormirás hasta tarde y quizá tengas que salir apurado y no quiero que nadie diga que mi maestro es un desordenado. Además, no tardaré, lo prometo. Y se te secará mejor.-
Imposible discutir con su Kaori cuando se ponía tan... terca. La joven deslizó con cuidado el peine por el cabello rojo de Ken, quien no pudo continuar la lectura debido al aroma a jazmines que lo percibió nuevamente, como siempre estando los dos solos.
Kaori pronto terminó su labor y se sentó frente a Ken, de rodillas sobre la cama, contemplando su obra. El cabello trenzado, del que escapaban los mechones del fleco de "Kenshin" que por cierto, le ocultaban su mirada violeta. Así que ella sin pensarlo, extendió su brazo hacia él, para acomodar los mechones más largos tras sus orejas, sonriéndole.
-Es un crimen ocultar tus ojos, Ken. Son muy bonitos. Son del color más hermoso que he visto en mi vida.-
Ken sentía su corazón a punto de desbocarse. Kaori estaba tentadoramente cerca, a escasos centímetros de su boca. Y después de haberla tenido en sus brazos bailando con ella, se moría de ganas ahora, de acercarla más. Así que él también extendió una mano al cabello de ella. Solo que tras acomodar el fleco de la joven, él no pudo retirar su mano. Y sin darse cuenta, perdiéndose en su mirada azul, comenzó a atraerla hacia él. Kaori se acercaba, sin poder creer lo que pasaba. Sus labios fueron tiernamente aplastados por los de Ken, cálidos, dulces... Ken la besaba despacio, acariciando su mejilla sonrojada, y ella entreabría la boca a medida que él con su beso lo pedía, deslizando su mano por el delgado cuello femenino, apartaba el cabello negro de la joven. Kaori suspiraba ante el contacto, Ken seguía lentamente, temblando un poco a causa de los nervios, pero con una valentía fruto del deseo que ella le despertaba.
Su dama, Kaori...
El libro que Ken sostenía se deslizó hasta caer de la cama, atrayendo la atención de ambos. Pero no dijeron nada. Se miraron por unos momentos.
-Buenas noches, señorita Kaori – dijo él, muy formalmente, porque sabía que de seguir, no podría detenerse y era mejor poner freno a eso e imponer ciertas distancias.
-Buenas noches, maestro – respondió la joven algo confundida con la actitud de él, en tanto depositaba sobre sus labios un beso furtivo. Enseguida ella se incorporó pero, no se pudo mover…. ¡No se quería ir a su cama!
Ken tampoco se movía. Y la miraba…
Y la miraba.
Kaori tomó la decisión finalmente de cambiar de lecho cuando le empezaron a temblar las piernas. Sin embargo, Ken ya había cambiado de opinión respecto a ese punto y le tomó la mano para detenerla, sorpresivamente, causando que parte de su bata se deslizara, dejando entrever el precioso pijama.
Incapaz de contenerse, Ken se paró frente a ella, hipnotizándola con su mirada fija. Con ambas manos separó lentamente la bata del cuerpo de la joven, deslizándola por sus brazos para dejarla caer sobre el piso. Ken la encerró en su abrazo, maravillado ante su contacto, besando su frente, su boca deliciosa, sus mejillas... sus párpados.
Kaori lo besaba hambrienta a su vez de Ken, que deslizaba una de las delgadas tiritas del camisón de Kaori para posar su boca sobre el hombro desnudo y poder asi probar el sabor de su cuerpo tibio, ascendiendo pronto por su cuello hacia el rostro para volver a tomar los labios de la mujer, que entreabiertos lo invitaban a seguir con la exploración.
Kaori en algún momento quedó recostada bajo Ken en la cama de éste. Pensó que a él se entregaría, pero… Ken aún no había dicho si la amaba, ella tampoco se lo había dicho... posiblemente se había motivado con la noche de baile y relajo y estos pensamientos provocaron que la joven se tensara... y Ken bajaba lentamente hacia sus senos...
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Kaori caminaba con paso rápido hacia el pequeño edificio que se alzaba frente a ella. Apretaba un poco el bolso de mano contra sí, y es que estaba nerviosa. Finalmente lo vería, vería a Isamu Kawada, el padre de Ken. Eran cerca de las nueve de la mañana y aunque no había dormido nada, Kaori estaba decidida a hablar con él.
Este encuentro estaba planeado desde hacía algunos días, fue casualidad que a Satori se le ocurriera celebrar su triunfo académico hasta tarde, aunque resultó mejor para Kaori, ya que cuando salió de la habitación, Ken dormía profundamente, y no notaría su ausencia si ella regresaba antes de las doce, hora en que había programado el despertador.
Ken...
Kaori sonrió al recordar la noche anterior. Ella pensó que Ken seguiría besando y acariciando. Pero él se incorporó, corrió las mantas de la cama de Kaori y la hizo tenderse en ella, para cubrirla y agradecerle la maravillosa noche, diciendo que nunca se había divertido tanto y que ella le parecía muy hermosa, pero que no debía continuar, porque no era correcto. Que él la apreciaba demasiado como para hacerle daño y mancillar su reputación así que lo mejor era dormir, porque él era tan solo un hombre y no quería aprovecharse de ella. Ken hablaba entrecortado, como si le costara un esfuerzo supremo apartarse y Kaori decidió que no tentaría a la suerte esta noche, buscando un momento más propicio para aclarar con Ken lo que había sucedido.
-Busco al señor Kawada – dijo Kaori a una joven de su edad, que hacía de recepcionista. Luego de anunciar a Kaori, la señorita la hizo pasar a una oficina, cerrando la puerta tras ella. Asi fue como Kaori se encontró frente a frente con el padre de Ken.
Kawada era más alto que Ken, al menos en 10 centímetros. Su cabello rojizo ya estaba grisáceo y vestía formalmente. Era delgado y se adelantó a Kaori para inclinarse levemente a modo de saludo y estrechar su mano. La guió a un cómodo asiento y le ofreció algo de beber. Kaori pidió café. Al principio trataron temas cotidianos, como qué haces, que tantos años tienes y esas cosas. Kawada sonrió al reconocerla como Kaoru Kamiya, la amiga de Kenshin en la serie de televisión.
-¿Hace cuanto conoce a mi hijo?-
-Lo conocí en noviembre del año pasado. Acompañé a una amiga a un casting y quedé seleccionada. Me pasaron con Ken para aprender algo de kendo y completar el personaje que debía interpretar. Después comenzamos a trabajar juntos y por esas cosas acabamos viviendo en la misma casa. Él ha cuidado de mí todo este tiempo y yo lo aprecio mucho.-
-Cuénteme... ¿cómo es Isamu?-
-Es un hombre muy trabajador y esforzado, es paciente, tierno, comprensivo... es para mí la mejor persona que he conocido, es mi mejor amigo. En la productora es muy querido y respetado y su personaje ha llamado mucho la atención. Una vez se enfermó y le llegaron muchas cartas de fanáticos de "Kenshin" pidiendo que se recuperara pronto. Además, trabaja en un centro de niños en riesgo social, enseñándoles gimnasia y kendo.-
Para Kawada no pasó inadvertido el modo en que brillaban los ojos de Kaori al hablar de su hijo. Ella parecía una buena chica, estaría bien...
-Parece que es una buena persona. Me alegro mucho de escucharlo. Supongo que siendo tan amiga de él, conocerá la clase de padre que fui, ¿verdad? –
-Pero ahora usted se ve diferente a como me lo describía Ken, perdón, Isamu. -
-Yo busqué a mi hijo durante mucho tiempo, para pedirle perdón y presentarle a su nueva familia. Pero ignoraba que se había cambiado el nombre y llegué a pensar que estaba muerto. Me sorprendí mucho al encontrármelo días atrás en alguna calle. Después vi casualmente un episodio de Kenshin y lo reconocí enseguida. -
-¿Hace cuanto se volvió a casar usted?-
-Hace ya doce años. Tengo un chico de once años y el pequeño que conociste el otro día, de ocho. Me casé cuando me rehabilité completamente de mi adicción al alcohol y entonces decidí fundar este centro, apoyado por mi nueva esposa que ha sido como un ángel para mí. Pero, a pesar del éxito de esta empresa que tengo ahora y del centro de rehabilitación, una parte de mí sufre porque siento que no he podido salvar a Isamu, mi primer hijo y que ya perdí mi oportunidad de hacerlo.-
-Señor Kawada, pienso que todos merecemos una segunda oportunidad y usted no es la excepción. Siento que Isamu lo necesita, de alguna manera y he venido a hablar con usted para escuchar todo lo que tenga que decirme y de esa manera tener una base para acercarlo a Isamu. Si me lo permite, yo quisiera conocer un poco más... de ambos.-
Kawada vio en Kaori un camino de acercamiento. Quizá no estaba todo perdido... tomó las manos de la joven entre las suyas y comenzó a hablar.
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Ken abrió un ojo cuando el ruido del despertador lo sacó de su dulce sueño. Tendría que aclarar con Kaori lo sucedido en la madrugada y de paso, decirle de una vez lo que sentía por ella. Ya sentía que no podía ocultárselo más, su autocontrol se le escapaba de las manos y no quería cometer alguna locura. Si ella no le correspondía, él se alejaría de ella en cuanto terminara la serie...
Kaori dormía en la cama contigua. Parecía que el despertador no la afectaba... había bailado tanto la noche anterior, debía estar muy cansada, por eso no podía despertar. Ken dudó entre despertarla y dejarla dormir, se inclinó por la segunda opción y apagó el despertador. Se sentó en su cama y la observó por unos momentos, después de salir del baño y pedir el desayuno a la habitación. Kaori descansaba, tenía el cabello en desorden sobre la almohada, en el que destacaba un peine con forma de jazmín, muy bonito...
Un momento.
¿En qué momento Kaori se puso ese peine? Ken no recordaba haberlo visto. Tampoco estaba la ropa de la fiesta sobre la silla en que Kaori la dejó. Ahora había un pantalón de tela beige y una polera negra...
¿Acaso ella... había salido?
¿Con quién?
Kaori generalmente no tenía problemas en despertar, pero ahora no abría ni un ojo. Ken comenzó a molestarse. Ella había salido por la mañana sin avisarle.
La joven despertó también. Se tapó la boca para bostezar y se restregó los ojos. Había llegado hacía casi una hora, pero valió la pena el esfuerzo. Esperaba convencer a Ken de conversar con su padre.
-Buenos días, Ken...-
-Buenos días.-
Algo raro había en la voz de Ken. Kaori no hizo caso y trató de incorporarse, pero Ken la detuvo.
-He pedido el desayuno, así que si lo desea puede seguir durmiendo, a menos que sienta que ha descansado lo suficiente, aunque dudo que durmiendo tan poco reponga su energía. – Ken se acercó a Kaori y quitándole el peine de jazmín, lo dejó sobre la mesita de noche.
Enseguida Kaori supo que tendría que dar explicaciones.
– ¿Por qué no me avisó que saldría?- exigió saber el pelirrojo.
-Estee... tenía cosas que hacer en la mañana, por lo que no creí necesario importunarte.-
-Kaori, Kyoto es peligroso para quien no conoce la ciudad, prométame que la próxima vez que salga me avisará para acompañarla. –
-Pero no es necesario, Ken, con un taxi puedo...-
-Recuerde que no es bueno confiar en los desconocidos.-
-Pero yo confié en ti y no me has fallado, Ken, y vivimos juntos... -
Ken no supo que decir. Quizá ya era hora de decirle que él la...
El celular de Ken rompió el silencio. Era Kaneda. Una de las cintas de grabación estaba deteriorada y necesitarían re grabar una escena entre Kenshin, Sanosuke y Saito rumbo al combate con el Rengoku. Quizá estarían hasta tarde. Entonces entró al cuarto un joven con el desayuno de Ken y Kaori.
Ken tomó un pastelito que se llevó a la boca y salió apresurado a encontrarse con Kaneda.
-En cuanto regrese hablaremos, Kaori. No se mueva del hotel.-
-Está bien, maestro.- respondió la joven resignada. Otra vez se comportaba como el sobreprotector Kenshin.
Kaori mordisqueaba su pastelito cuando sonó su celular también. Era Kaneda, nuevamente.
Tenía que pedirle algo especial.
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Saigo entraba al centro de rehabilitación de alcohólicos con Kaori, para ver a Isamu Kawada, el director. Su novia había terminado con él por ser incapaz de controlarse estando bebido y eso motivó a Saigo a intentar recuperarse y reconocer que estaba enfermo.
Kawada se sorprendió al ver nuevamente a Kaori, y ella le comentó que Kaneda, el que fuera tutor y como el padre de Ken, sabía de sus planes de conocerlo y su visita de esa mañana. Cuando supo lo de Saigo, contactó con Kaori para que ella lo llevara a la institución a inscribirse en el programa de rehabilitación.
-Debemos mantener esto en reserva, señor Kawada. Así me lo ha pedido el señor Kaneda.
Ni siquiera Ken sabe de este asunto.
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Milagrosamente para Ken, la grabación terminó temprano, ya que las actuaciones salieron en las primeras tomas y revisando mejor la cinta estropeada, había mucho del trabajo grabado que se podía recuperar sin problemas. Kenshin se despojaba de su gi fucsia y una peluquera le quitaba las extensiones del cabello. Y después, con cuidado, su cicatriz en forma de cruz.
-Hey, Ken, cuéntale a tu amigo Akira, como te fue anoche con la chiquilla.-
Kaneda y Ryosuke (Saito) se acercaron curiosos al escuchar la pregunta de Akira. Estaban interesados.
-Anoche los ví bailar juntos toda la noche, Ken. Vamos, algo sucedió, ¿no?-
Ken titubeó, recordando los besos que ella le brindó antes de acostarse.
-No me extrañaría que ya la hayas besado, Ken – agregó Ryosuke. – No entiendo por qué no te dejas de tantos rodeos y le dices de una buena vez lo que sientes y nos quitas este suspenso que nos tiene locos.-
-Yo... la besé.- confesó en voz baja.
Ken fue observado por tres sorprendidos pares de ojos, abiertos de par en par.
-Y ella... ¿te correspondió?- preguntó Akira interesado.
-Sí... ¿Oro?-
Akira, Kaneda y Ryosuke se abrazaban entre ellos y saltaban de la alegría, vitoreando a su amigo que los miraba sin comprender.
-Y le dijiste que la amabas, ¿verdad? –preguntó Kaneda.
-No. No pude. Quería decírselo hoy. Anoche no me atreví a tocarla más, porque yo... no quería lastimarla. – dijo Ken algo avergonzado, sintiéndose un bicho raro ante esos tres hombres.
-¿y por qué no se lo has dicho, Ken?- preguntaron a coro.
-Porque yo... y... y si ella me dice que no le intereso... yo no lo soportaría...- confesó Ken bajando la mirada.
Kaneda, Akira y Ryosuke lo contemplaron en silencio. Entonces, los sentimientos de Ken hacia Kaori eran más fuertes de lo que ellos suponían.
Ryosuke preguntó.
-Entonces... ¿la amas?-
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Fin acto 12.
Noviembre 30, 2005.
Holaaaaaa…
Gracias, gracias por nominar esta obra. Son ustedes muy amables.
No tengo mucho que contar, salvo que trabajo bastante, que mi inspiración está regresando y que estoy… enamorada… siiiiiii! Y la mejor parte consiste en que él también me ama.
Bien dicen que cuando la vida cierra una puerta, abre una ventana.
Kaori ha decidido ayudar un poco a Ken en esto de relacionarse con su padre y quizá, asi superar las cosas que le están pasando. Yo creo que alguien que ama de verdad hace eso y a la vez, habla bien de Kaori.
En fin… contesto sus reviews.
Kanke-Chan: En realidad una joven me mandó un mail preguntando sobre la suerte que correrían mis fics. En verdad que no me molestó que lo hiciera y por el contrario, me hizo reflexionar en el destino de ellos, asi que decidi continuarlos en cuanto me sintiera mejor. Y en eso estoy. Muchas gracias por tus palabras. Un beso.
Yumiki-sama: Hum, sin duda ese reencuentro es maravilloso, a mi me gusta mucho, aunque en verdad me inspiré viendo el final del Seisohen que ahora tengo en dvd… guaus… sobre tu pregunta en torno al padre de Ken, aca algo de eso se explica. Sin duda que él pudo rehacer su vida. Un abrazo enorme y que estés bien.
Gabyhyatt: sep, el reencuentro fue muy bonito… pero creo que también el primer beso "legal" entre Ken y Kaori lo han sido en este episodio.
DaniHimura: Gracias por tus recomendaciones… algún día lo intentaré, sin lugar a dudas, de publicar algo. Es que a veces pienso que si lo hago podría dejar de ser entretenido porque tendría la presión de gustar lo suficiente para que se generen recursos y ese tipo de cosas… pero seguro que un día lo hago. Un beso. Por lo demás… amo esa historia!
Cisne Negro: Jejeje… como vez ya respondí las preguntas para los FF RK SPANISH AWARDS 2005. Es una genial idea de parte tuya y de Arcasdrea. Aunque recién en este día pude volver a acercarme a mi computador… he estado muy alejada del mundo fanfiction últimamente. Gracias por las felicitaciones y que te vaya bien.
Minue: No creas que tus palabras no me llegan. Es curioso como algo que te apasiona como escribir fan fics, de pronto pierde el sentido para ti. Cuando eso pasa conmigo, prefiero dejar de escribir un tiempo hasta tener sentimientos que entregar mediante este medio, porque son los que me impulsan e inspiran. Ahora que todo empieza a marchar mejor en mi vida después de algunos esfuerzos que he debido realizar, empiezo a sentirme satisfecha y con ganas de proseguir las actividades que me hacen feliz. Y con ánimos para seguir luchando contra esta depresión. Un besote enorme.
Monika- dono: Lo siento, lo siento… pero… ¡es que me gusta mucho el suspenso! Gracias por tu abrazo de oso. Y si, me puse morada, azul… y también me salieron pintas rojas. Un beso afectuoso.
Arcasdrea: Bueno, realmente no basé al papá de Teruo en Italo Pasalacqua porque él no tiene mucha pinta de papá amoroso. Pero creo que si asusta bastante con sus comentarios. Ahora, de pronto me imagino a Teruo un poco como Larry Moe, ese tipo de las Ultimas Noticias que de pronto escribe unas cosas tan graciosas y generalmente da en el clavo… bueno, no sé… creo que en verdad Teruo es mucho más respetable que Pasalaqcua, nunca se mete en polémicas y es un tipo bastante instruido en los temas que maneja. Jajajaja, bueno, niña, que estés bien y que todo te salga bueno. Un beso.
