Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to KitsuShel. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de KitsuShel, solo nos adjudicamos la traducción.


Rabbit Heart

By: KitsuShel

Traducción: Itzel Lightwood

Beta: Melina Aragón


Capítulo 12: Hands Down

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Hands down, this is the best day I can ever remember
I'll always remember the sound of the stereo

The dim of the soft lights
The scent of your hair
That you twirled in your fingers

And the time on the clock
When we realized it's so late
And this walk that we shared together

..

Hands Down de Dashboard Confessional

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Con el volumen del radio tan alto como era posible y el paisaje de Washington de paso, Bella y Edward manejaron a Seattle en la camioneta de él. Ella cantó al ritmo de Nicki Minaj, una sonrisa en su rostro mientras Edward manejaba, mirándola con diversión por el rabillo del ojo.

..

Shawty, I'ma only tell you this once, you the illest
And for your lovin' I'ma Die Hard like Bruce Willis
You got spark, you-you got spunk
You-you got something all the girls want
You're like a candy store and I'm a toddler
You got me wantin' more and ma-ma-more of
Your love, your love, your love
..

Edward se soltó a reír cuando Bella comenzó a mover los hombros y bailar en su asiento.

—¿Qué es tan divertido, Edward?

—Nada, nada en absoluto. Solamente te ves demasiado linda rapeando. Pensé que lo había visto todo.

Ella lo golpeó ligeramente en el hombro y rio.

—¿Sí? Espera que encuentre la forma de hacer un dueto con Eminem. Entonces lo verás.

Él alzó una ceja.

—¿De verdad? Eminem no parece encajar con el estilo de Izzy Dwyer.

Ella se giró hacia él, sentándose sobre una de sus piernas.

—¿Oh, en serio? ¿Cómo sabes tanto del estilo de Izzy Dwyer?

Un sonrojo se formó en sus mejillas.

—Uh, puede que comprara tu cd.

Ella sonrió ampliamente ante su sonrojo y ante el hecho de que quisiera conectar con ella.

—¿Cuál compraste?

—Todos —contestó, mirándola.

Una calidez se instaló en su pecho. Él realmente era demasiado bueno para ser verdad.

—Esa debe ser una de las cosas más dulces que alguien haya hecho por mí. Gracias —contestó sinceramente.

Él se encogió de hombros, como si no fuera la gran cosa.

—Quería entenderte mejor. Tu último disco es mi favorito, por cierto.

—¿Out Of This Cage? ¿Por qué ese? —preguntó. La mayoría de la gente hubiera escogido su álbum debut.

—No lo sé, se siente como si hubiera más de ti en él. Si eso tiene sentido.

Se mordió el labio y asintió.

—Lo tiene para mí. Escribí tres cuartas partes de las canciones en él. Es lo máximo que me han permitido hacer. Cuando sea la hora de renegociar mi contrato, ser capaz de tener el control total será una de mis peticiones.

—¿Y si dicen que no?

Bella se encogió de hombros.

—No quiero sonar arrogante pero soy Izzy Dwyer, su gallina de los huevos de oro por decirlo de alguna forma. Hay docenas de otras compañías que me tendrían. El dinero no es importante para mí, tener control artístico lo es. Me iría sin problemas con un cheque más pequeño por tenerlo.

—¿Por qué no creas tu propia compañía, como otros artistas lo han hecho?

Frunció los labios, pensativa.

—Realmente nunca he pensado en hacerlo. Sin embargo, sí es algo que tengo que considerar.

Se giró para mirar por la ventana, pensando sobre cómo sería la vida una vez que volviera a L.A. Lo único en que podía pensar era en la palabra "soledad". Después de estar rodeada de amigos y familia durante las últimas semanas, volver al ajetreo de su solitaria vida como Izzy no se le antojaba demasiado.

Con un pequeño suspiro, desterró esos pensamientos y enfocó su mente de vuelta en el hombre sentado junto a ella. Sin importar qué pasara en su futuro, ella podía verse con él, amándolo y llegando a casa, a él, después de un ajetreado día. Pero ella no estaba segura si él siquiera quería ser parte de su vida como Izzy. Era un hombre simple y feliz con su vida en Forks, él mismo lo había dicho. No queriendo arruinar el ambiente de su primera cita oficial, hizo una nota mental para hablar con él de eso después.

—Y, señor Cullen, todo lo que sé de esta cita nuestra es que iremos a Seattle y pasaremos la noche ahí. Hacer que Alice empacara mi maleta para la noche fue bastante malvado, por cierto. ¿Puedo tener al menos algunas pistas?

Él sonrió y sacudió la cabeza.

—Bueno, tengo un día entero planeado para nosotros y estoy seguro que estaremos rendidos para cuando terminemos, así que supuse que podríamos pasar la noche en mi apartamento. Está a unas calles de distancia de mi oficina y hay dos habitaciones, así que no tienes que preocuparte por tu virtud.

Ella se mordió el labio y giró su rostro hacia la ventana para que él no pudiera ver su sonrojo. No era su virtud por la que estaba preocupada. Era la de él.

Tomando su silencio como incomodidad, comenzó a retractarse.

—Pero, si eso no es algo con lo que te sientas cómoda, podemos ir a un hotel al centro de la ciudad. No hay problema.

Ella lo miró sorprendida.

—No, no tengo problema en quedarme contigo, sé que eres un perfecto caballero.

Él le lanzó una sonrisa.

—Creo que estás dándome demasiado crédito.

Se mordió el labio y sonrió.

—Espero que sí.

Él tragó y volvió a mirar el camino, sus mejillas estaban ligeramente rosas. Se preguntó brevemente si siempre se sonrojaría así o si dejaría de hacerlo una vez que se sintieran mucho más cómodos con el otro. Y no tenía ninguna duda, ella definitivamente quería acercarse más a él en todos los aspectos de la palabra.

—De acuerdo, nos quedaremos en tu apartamento por la noche, pero ¿qué pasará entre ahora y eso?

—Eres una persona difícil para las sorpresas, ¿no es así? —preguntó él descaradamente.

Ella rio.

—¿Por qué dices eso?

—Porque no te rindes. Vas a seguir preguntando una y otra vez hasta que ceda, ¿no es así?

Ella lo pensó por un momento, antes de asentir.

—Sí, soy muy molesta en ese sentido, lo siento.

Él sonrió ampliamente, sus ojos aún en el camino.

—No lo sientas. Eso es solamente algo que te hace única.

Ella soltó una risita.

—Eso es algo lindo que decir, gracias.

Unos minutos pasaron en silencio, luego Bella habló de nuevo.

—Nunca contestaste la pregunta.

Él soltó una risa y sacudió la cabeza.

—Bien, cederé. Pasaremos el rato y haremos algo divertido. Luego tengo reservaciones para la cena.

—De acuerdo, pero…

—¿Qué te parece si cambiamos el tema y dejas de pensar en eso? —la interrumpió, antes de que tuviera la oportunidad de preguntar de nuevo.

Ella suspiró dramáticamente.

—Si tenemos que hacerlo. ¿De qué te gustaría hablar?

Él la miró nerviosamente, antes de mirar el camino otra vez.

—Cuéntame acerca de tu vida como Izzy.

Ella gimió ligeramente y recargó su cabeza contra la ventana.

—Bueno, si no quieres contarme…

—No, no es eso —contestó en voz baja—. Es solo que no quiero arruinar el ambiente.

—Bella, te prometo que lo que sea que digas no "arruinará el ambiente" o cambiará la manera en la que me siento por ti.

Ella tragó y asintió.

—Bien. Pero realmente no sé por dónde empezar. ¿Qué quieres saber?

Él sonrió amablemente.

—Quiero saberlo todo, así que comienza por donde te sientas cómoda.

—Mi vida como Izzy es ajetreada. La mayoría de los días me levanto y me ejercito, luego voy al estudio o algún otro lado para una entrevista. A menos que esté de gira, entonces hay ensayos, pruebas de sonido, vestuario, firmas de autógrafos y el concierto. Apenas tengo vida personal y cuando tengo la oportunidad de hacer algo no relacionado a la música, siempre es apresurado para que los paparazzi no se den cuenta. Siempre hay alguien con una cámara para seguirnos e inventar una historia ridícula para vender sus mierdas.

—¿Qué hay de las citas? —preguntó tentativamente.

Bufó.

—Eso es un chiste. No puedo recordar la última cita real que tuve.

Él se aclaró la garganta.

—¿Qué hay de James Tillman?

Arqueó una ceja.

—Alguien ha estado usando Google últimamente, ¿no es así? ¿O fueron las chicas?

Él rio nerviosamente.

—Alice y Rose nunca dijeron nada pero sí te busqué en Google, debo admitir. Uh, muchas personas parecen pensar que… ¿ustedes dos son pareja?

—A eso me refiero con que crean las historias que quieren creer. Ni James ni yo hemos dicho que estamos saliendo. La prensa sugirió eso. Él probablemente es uno de mis únicos amigos "reales" en L.A. —suspiró y pasó una mano por su cabello—. Incluso pasar el rato con él es muy esporádico. Él es actor y nuestras agendas rara vez coinciden y cuando lo hacen solo es por un día. Además, los paparazzi lo siguen más que a mí. Es cansador y agotador. Para nada cerca de lo glamoroso que las películas lo hacen ver.

—Suena bastante solitario.

—Lo es. No tengo idea de cómo seré capaz de lidiar con eso otra vez —murmuró, mirando por la ventana.

Edward estacionó la camioneta a la orilla del camino y apagó el motor. Ella lo miró, los ojos de él contenían muchas emociones.

—No tendrás que pasar por eso otra vez.

Parpadeó en confusión.

—¿Qué quieres decir? No volver no es una opción.

—No, me refiero a la parte de estar sola. Nos tienes a nosotros. Mac, Emmett, Rose, Alice, Jasper y yo. No puedes deshacerte de nosotros ahora.

Sonrió con tristeza y recargó los pies en el asiento, abrazando sus rodillas a su pecho.

—Desearía que fuera así de fácil. Sus vidas están en Forks, la mía en L.A. No puedo decir públicamente quiénes son ustedes, los paparazzi se los comerían vivos. Invadirían el pueblo y el pasado de todos para encontrar siquiera un poco de escándalo, luego lo cambiarían todo hasta que sea algo completamente de locura. Seguro, se aburrirán después de un tiempo, pero mientras tanto acosarán e interferirán con sus vidas. Eso apesta y no sería justo hacer que alguien más pasara por eso.

Él se estiró y gentilmente acarició sus dedos, relajándolos del agarre en sus piernas. Ella giró su cuerpo hacia él y le rogó con sus ojos que entendiera.

—¿Recuerdas lo que hablamos antes? No puedes tomar decisiones por otras personas, Bella. Si lidiar con unos idiotas molestos es el precio que tengo que pagar para estar contigo, lo haré. Me quedaré contigo.

Ella sollozó y se inclinó sobre la consola, arrojando sus brazos alrededor de su cuello en un apretado abrazo.

—No sé lo que hice para merecerte, pero estoy agradecida —susurró.

Lo sintió sonreír contra su sien.

—Créeme, el sentimiento es mutuo.

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Bella miró la gigantesca escultura hecha de guitarras con asombro. Después de una rápida parada para almorzar, Edward la llevó al Museo de la Cultura Pop, suponiendo que ella apreciaría por lo menos el aspecto musical de éste. Pasaron por las exhibiciones, interesándose más por la de Jimi Hendrix. Girándose hacia Edward, ella sonrió.

—¿Sabías que a pesar de que usó múltiples tipos, su guitarra favorita era una Fender Stratocaster? Ese hombre podía hacer una guitarra cantar como ningún otro.

Edward cruzó los brazos y se recargó contra una pared mientras ella veía los diferentes objetos.

—¿Esa es la que tú tocas?

Lo miró.

—¿Una Fender? No. Bueno, puedo hacerlo. Pero mi bebé es una Gibson Les Paul.

—No quiero sonar ignorante, pero ¿cuál es la diferencia?

Ella pausó por un momento y frunció el ceño, pensativa.

—Hmmm, supongo que eso es como preguntar cuál es la diferencia entre un desarmador phillips y uno chato.

Él arqueó una ceja y señaló para que continuara.

—¿Cómo es eso?

—Bueno, ambos son desarmadores, pero están especializados para trabajar en diferentes tipos de tornillos. Es similar con las guitarras. El tamaño, la forma y la estructura determinan el tipo de sonido que será emitido. Una Les Paul es más pesada, con un cuello definido y un mejor puente. Produce un sonido más cálido y rasposo mientras que la Strat suena más limpia y metálica. También prefiero el cuerpo redondo de la mía.

Él asintió pensativamente.

—Eso tiene sentido. Gracias por la explicación.

—Cuando quieras. —Le guiñó el ojo y continuó mirando alrededor.

Dos horas después, se encontraban del lado opuesto de una mesa de hockey aéreo en el Seattle Waterfront Arcade. Después de vencerlo dos veces seguidas, Bella sonrió mientras Edward comenzaba a hacer muecas.

—¡Oh, vamos, gran bebé! —Rio, guiándolo a través de la gente—. Tú eliges el siguiente juego.

Comenzó a entender por qué había escogido manejar aquí un martes. No había mucha gente durante el día así que había muchas menos posibilidades de ser reconocida.

Merodeando alrededor de un carrusel interior, él la llevó hacia una cabina de fotos por el stand de regalos. Él le dio una sonrisa descarada, entrando y atrayéndola a su regazo. Después de hacer su selección y deslizando su dinero en la ranura, él movió sus cuerpos para que ambos estuvieran frente a la cámara. Justo antes de que la primera fotografía fuera tomada, él rápidamente giró y la besó en la mejilla. Un par de divertidas poses después, su última foto fue de ellos dos mirándose a los ojos. Él sonrió y la besó con dulzura, luego salió de la cabina y se estiró por su mano. Él guardó las fotos y caminaron hacia la salida.

—Bien —dijo él mientras se ponían sus abrigos otra vez—. Necesitamos ir a mi apartamento para cambiarnos e ir a cenar. No te preocupes, tu vestido está en tu maleta con instrucciones de Alice para planchar con rapidez cualquier arruga.

Ella rodó los ojos juguetonamente y se deslizó en el asiento del pasajero cuando él abrió la puerta para ella.

—Bien.

Él rápidamente corrió a su lado del vehículo y prendió el motor para calentar la camioneta.

—¿Te molesta si pasamos por mi oficina? Está a solo unas cuadras de mi apartamento y hay un archivo que necesito tomar.

Ella asintió.

—Seguro, no me molesta.

La oficina de Construcciones Cullen estaba en el último piso de un edificio de cuatro, a las afueras de la ciudad. Él preguntó si le gustaría pasar y ella accedió, la curiosidad era demasiado fuerte. Una mujer de alrededor de cincuenta años se sentaba en el escritorio de la recepción y los saludó entusiastamente.

—Buenas tardes, Edward. No esperaba verte aquí hoy.

Él sonrió y saludó mientras pasaba por su escritorio.

—Hola, Heidi. Solamente paseo por la ciudad con mi chica. Solo me llevará un minuto tomar el archivo de Mallory.

Bella sintió un cálido sentimiento ante ser mencionada como su novia. Nunca fallaba en hacerla sentir especial. La mujer mayor la miró con una sonrisa.

—Debes ser Bella. Es un placer conocerte. Fuiste todo de lo que habló Edward durante la semana pasada.

—¿Lo hizo? —Sus ojos se ensancharon en sorpresa, lanzándole una mirada de duda. Su sonrojo se extendió por sus mejillas.

Heidi rio y sacudió la cabeza.

—Déjame volver a decir algo. Se estaba quejando acerca de estar en la oficina mientras tú estabas en Forks. Por un minuto pensé que le diría al señor Mallory que se fuera a la mierda.

—Casi lo hice —murmuró él, mientras se deslizaba en su oficina.

Una vez que estuvo lejos de su vista, Heidi rápidamente caminó hacia Bella y le dio un abrazo.

—Nunca antes lo había visto tan feliz y enamorado —susurró—. Él lo merece. —Se separó y miró a Bella, ofreciéndole una sonrisa amable y maternal—. Eres buena para él, puedo verlo. Les deseo a ambos la mejor de las suertes.

—Ahora Heidi, ¿quién es esta linda jovencita y por qué está esperando? —Una voz masculina dijo detrás de Bella.

Ella se giró para ver a un hombre alto y fornido de su edad, caminando hacia ellas. Su cabello castaño estaba despeinado y sus ojos eran amigables.

—Ella es la Bella de Edward.

Bella se sintió mareada ante el título y no pudo evitar soltar una risita ante lo cómico que fue cómo se cayó el rostro del hombre.

—Adelante, ríete —bromeó—. Puedo ver que el sentido del humor de Edward ya se te ha pegado.

—Sé amable, Riley —contestó Edward mientras salía de su oficina y se paraba junto a ella, envolviendo un brazo alrededor de su cintura.

—Bella, él es mi mano derecha, Riley Biers. Como ya lo escuchaste, Ry, ella es mi novia Bella.

Riley se estiró por su mano y besó sus nudillos.

—Es un honor conocerla, señorita. Quien sea que mantenga a este hombre lejos de mí es un amigo mío. —Le guiñó el ojo y se inclinó para abrazar a Edward con un solo brazo—. En cuanto a ti, es lindo verte cuando no estás frunciendo el ceño, Ed.

Edward empujó a su amigo juguetonamente.

—Bien, bien, tenemos que irnos. —Señaló al fólder manila en sus manos—. Revisaré los cambios y te llamaré esta semana.

Riley asintió y sonrió.

—Seguro, jefe. Dick solo está siendo, bueno, un idiota.

Edward sonrió.

—Su nombre le va muy bien, te concedo eso.

Riley rio y palmeó su hombro.

—Diviértete y no hagas nada que yo no haría.

—Eso no me ayuda mucho, Ry.

Riley asintió.

—Eso es cierto. —Se giró hacia Bella y le ofreció una cálida sonrisa—. Realmente es lindo conocerte, Bella.

—También a ti, Riley —contestó suavemente.

Edward tomó su brazo y caminaron hacia los elevadores.

—Fueron agradables —comentó en voz baja.

Él sonrió ampliamente.

—Son los mejores. He conocido a Riley desde la universidad y Heidi es en realidad una amiga de mi mamá.

Bella miró hacia la oficina pensativamente.

—Sí, puedo verla a ella y Esme confabulando a tus espaldas.

Edward gimió.

—Créeme, lo han hecho. Y estoy seguro de que no será la última vez.

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La cena fue todo un espectáculo. Él hizo reservaciones en El Gaucho y hablaron sin parar mientras comían. La comida estaba deliciosa mientras suaves notas de jazz viajaban por el aire desde el piso de arriba en donde un hombre tocaba el piano. Demasiado pronto, se encontraron de vuelta en su apartamento con una sensación de incomodidad asentándose sobre ellos.

Él arrojó su chaqueta sobre el respaldo de una silla y pasó su mano por su cabello, haciendo que varios mechones sobresalieran.

—¿Te gustaría una copa de vino? —preguntó nerviosamente.

—Seguro, suena bien —contestó con una sonrisa, esperando aliviar la tensión.

Mientras desaparecía en la cocina, ella se quitó los tacones que Alice había empacado junto con el vestido negro de tirantes que estaba usando. Tenía demasiada prisa como para revisar antes, pero realmente esperaba que hubiera algo más cómodo para que ella usara mañana de regreso a casa.

Edward volvió después de unos minutos, tendiéndole una copa de vino rojo antes de sentarse junto a ella en el sofá. Ella tomó un sorbo y jugó con el líquido alrededor de su lengua. Se inclinó y la dejó sobre la mesita del café, recargándose en el sofá y cerrando los ojos.

Él se estiró y gentilmente movió el cabello de su nuca, dejando un gentil beso ahí antes de comenzar a masajearla ligeramente. Ella suspiró y se inclinó hacia su toque, la tensión lentamente dejó su cuerpo. Ella gimió suavemente, causando que él riera.

—¿Eso se siente bien? —preguntó él con voz ronca.

—Sí —gimió suavemente mientras sus dedos trabajaban un nudo particularmente terco—. Ha sido un largo día.

—Lo siento —murmuró él.

Ella se separó y giró su cuerpo para verlo, sonriendo.

—No lo decía de una forma negativa. Sí, fue un largo día pero ha sido lo más divertido que he hecho en años. Gracias por llevarme de paseo por Seattle.

Él sonrió tímidamente y acomodó su cabello detrás de su oreja.

—Gracias por dejarme llevarte de paseo por Seattle. Y acceder a quedarte la noche aquí conmigo.

Acunó su mejilla, besándola suavemente. Mientras comenzaba a separarse, ella se estiró por su corbata y lo atrajo de vuelta, rozando sus labios por su mejilla y su nariz con la de él.

—No tan rápido, Cullen. Tomaste todas las decisiones durante el día, es mi turno ahora.

Su corazón comenzó a acelerarse, animada por la manera en la que sus ojos se oscurecieron y su mano se deslizó por su cuello.

—Entonces, ¿qué es lo que quiere, señorita Swan? —susurró—. Lo que sea que quieras, es tuyo.

Ella presionó sus labios suavemente contra los suyos en un rápido beso.

—Solo te quiero a ti —susurró de vuelta.

Sintió sus labios curvarse en una sonrisa.

—Ya me tienes. Haz conmigo lo que quieras.

Sus bocas se movieron juntas, dulce y apasionadamente. Una de sus manos pasó por su costado, rozando su pecho y causando que ella jadeara en su boca. Intentando crear esa reacción de nuevo, pasó su mano de nuevo, esta vez acunando gentilmente su pecho en lugar de solo rozarlo. Sus labios se separaron de los de ella y dejaron pequeños y calientes besos por su mandíbula mientras sus dedos se enredaron en su cabello.

—Edward —suspiró.

Sus ojos la miraron y ella estaba segura de que vio sus propios sentimientos reflejados ahí.

—Bella, yo… —Tragó pesadamente—. Creo que deberíamos detenernos.

La decepción la invadió.

—Oh —murmuró ella—, de acuerdo.

Él se sentó y pasó sus manos por su rostro. Ella lo miró, confundida por un momento y se preguntó por qué él no podía verla a los ojos. Ella se estiró y tomó su copa, rápidamente vaciándola antes de ponerse de pie.

—Bueno, entonces si hemos terminado aquí, iré a cambiarme para dormir —habló, su voz temblando ligeramente. Ella rápidamente fue a la habitación de él, donde su bolsa estaba en medio de la cama y se cambió en su baño, agradecida de que Alice hubiera empacado una camiseta y pantalones de yoga para dormir. Después de cepillarse los dientes y amarrar su cabello en una coleta, ella regresó a su habitación para encontrar a Edward sentado en la cama, esperándola.

Él sonrió a forma de disculpa y abrió los brazos, a los que ella caminó sin dudarlo.

—Lo siento —dijo en voz baja—. No es que no te quiera. Créeme, lo hago. Es solo… quiero ir despacio contigo. Hacer las cosas bien.

Sus ojos miraron los de él, tratando de encontrar algo que la hiciera sentir que estaba mintiendo, pero no encontró nada.

—No soy virgen para nada, pero solo he estado con otras dos mujeres. Para mí, el sexo es un paso serio. No puedo… no creo poder cruzar esa línea contigo hasta que sepa en mi corazón que no vas a desaparecer de mi vida.

Su corazón dolió ante su vulnerabilidad, pero podía ver su punto de vista.

—Lo entiendo completamente. No te culpo por ser cuidadoso conmigo. —Miró hacia abajo y sus dedos instantáneamente se fueron a su barbilla, alzándola para mirarla.

—No estoy diciendo que nunca, Bella. Solo estoy pidiendo un poco de tiempo.

Ella sonrió tristemente.

—No sé cuánto más de eso tenemos.

Él suspiró y bajó las manos.

—Eso es exactamente a lo que me refiero. Te he dicho una y otra vez que quiero estar contigo, con el estilo de vida caótico y todo eso. Que vuelvas a L.A. no cambiará eso. Aún te querré, esto no tiene que terminar. Los parámetros solo tendrán que cambiar.

Ella cerró los ojos y tensó los puños, no estando segura de qué podía decir para hacerlo sentir mejor.

—Edward. Yo…

—Ssh, no hablemos de eso ahora. Estoy cansado y estoy seguro que tú también. Podemos hablar de eso mañana.

Ella asintió solemnemente y se giró a la puerta. No había dado más de dos pasos, cuando él tomó su brazo, atrayéndola de vuelta y dejando un gentil beso en sus labios.

—Quizá esto sea muy atrevido de mi parte pero me gustaría que te quedaras. Aquí conmigo esta noche. Prometo ser un caballero; solo quiero tenerte en mis brazos.

Ella miró a sus ojos esperanzados y asintió. Ella no quería otra cosa más que esa.

—De acuerdo, dejaré que te cambies y te acomodes.

Él caminó a su cajonera y sacó un par de pantalones de pijama, antes de caminar hacia el baño.

—Um, ¿en qué lado de la cama duermes? —preguntó ella.

—Usualmente duermo en el medio, así que realmente no me importa —contestó él.

Se subió a la suave cama de tamaño king-size y se deslizó bajo las sábanas. Un par de minutos después, Edward apagó la luz y sintió la cama hundirse junto a ella mientras él se acomodaba. Sus brazos se estiraron por ella y ella se acurrucó contra él, dejando un beso en su pecho.

—Buenas noches, Edward —susurró.

—Buenas noches, princesa —contestó, besando el tope de su cabeza.

El sueño la encontró con rapidez, mientras era arrullada por el confortante latido del corazón de Edward.


¡Hola!

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Muchas gracias por los comentarios en el capítulo anterior: Marie Sellory, Katie D. B, Pili, Liz Vidal, krisr0405, Pam Malfoy Black, Lady Grigori, Tata XOXO, cavendano13, vanina Iliana, Keniie Masen, somas, nydiac10, patymdn, Adriu, saraipineda44, lunaweasleycullen14, Yoliki, Shikara65, tulgarita, Lizdayanna, freedom2604, jupy, sandy56, Esal, Tecupi, Kriss21, rjnavajas, bbluelilas, Maryluna, Nadiia16, sheep0294 y hadabelle cullenswanmasen.

¡Hasta el próximo capítulo!